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Ezequiel 37, 12 b. 14


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Esto dice el Señor: Yo voy a abrir vuestros sepulcros, os, voy a sacar de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os voy a llevar a la tierra de Israel (...) Infundiré mi espíritu en vosotros para “que reviváis, os estableceré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago-oráculo del Señor-”.

(Ezequiel 37, 12 b. 14)


30 de mayo de 2004
Queridos jóvenes:
En el ecuador de este Año Santo es mi deseo dirigirme personalmente a todos y cada uno de vosotros para deciros unas palabras llenas de ilusión y esperanza. Este sentimiento no se basa en estudios sociológicos ni en datos estadísticos sobre la juventud actual y la vivencia cristiana de la fe. Es verdad que no nos faltan motivos objetivos de preocupación por las dificultades que encontramos al transmitir la fe a los niños, adolescentes y jóvenes. También se constata a veces un distanciamiento grande entre algunos jóvenes y la Iglesia.
Muchos de vosotros habéis intentado buscar y recorrer caminos que prometían llevaros a metas de felicidad y plenitud. Sin embargo, no ha sido así, terminando la búsqueda y el recorrido en experiencias llenas de dolor y vacío. En algunos jóvenes se descubre tristeza en su vida. Otros están manteniendo una lucha interior que les hace sufrir. Hay quien se siente débil y esclavo de pecados que le impiden ser libre y feliz. Conozco chicos y chicas que viven la experiencia de sentirse como “huesos secos” que nada ni nadie pueden hacer revivir. Ante esta realidad que late en tantos corazones jóvenes me hago eco de las palabras del profeta Ezequiel que se proclaman en la Vigilia de Pentecostés: “Infundiré mi espíritu en vosotros para que reviváis”. En este sentido es también cierto que hay otros muchos que dan testimonio de cómo su existencia ha sido renovada, han descubierto una tierra prometida y se han levantado y puesto en marcha no por su fuerza de voluntad ni por tener cualidades extraordinarias sino por abrirse a la misericordia de Dios y a la fuerza del Espíritu. Necesitáis a Dios que os quiere felices y cuenta con vosotros.
¡Queridos jóvenes! No se puede seguir caminando a oscuras cuando Dios está siendo tan generoso con vosotros: el Padre os espera con los brazos abiertos, el Espíritu hace arder vuestros corazones como a los discípulos de Emaús y Jesucristo sale a vuestro encuentro una y mil veces para que tengáis la experiencia de su amor. También el profeta os sigue diciendo a vosotros: “Infundiré mi espíritu en vosotros para que reviváis, os estableceré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago.”

En este Año Santo quiero que os pongáis en marcha como peregrinos y centinelas de la esperanza. Muchos vais a participar este verano en las actividades de vuestras parroquias y colegios, en el CAMINO DESDE FISTERRA HASTA SANTIAGO en el mes de julio y en la PEREGRINACIÓN EUROPEA DE JOVENES (PEJ’04) en agosto. Pero sobre todo os animo a que iniciéis una auténtica peregrinación espiritual. Que cada uno piense en sí mismo... mire su vida y en qué está utilizando su tiempo y su juventud... no tenga miedo a pararse a pensar aunque descubra en él cosas que no le agraden... Mire a su alrededor: sus amigos, su familia, la sociedad y el mundo. ¿Podemos seguir lamentándonos y estar con los brazos cruzados? El Señor os llama y cuenta con vosotros para anunciar la Buena Noticia a los pobres, la libertad a los cautivos y devolver la sonrisa a los tristes.


Pero este itinerario personal no podemos ni debemos hacerlo en solitario. En el grupo pequeño compartiréis fe y experiencias personales acompañados por vuestros sacerdotes, religiosos-as, catequistas y animadores de Pastoral Juvenil. Abriros también a otras realidades eclesiales distintas a la vuestra. Buscad lugares de encuentro para la oración y el compromiso en favor de los más necesitados. Seguid programando convivencias y actividades interparroquiales que potencien la pastoral juvenil en las diferentes zonas pastorales de la Diócesis.
Es importante que ninguna parroquia, colegio religioso o movimiento se aísle cayendo en la tentación de la autosuficiencia. Respetando los distintos carismas, estilos y espiritualidades debemos encontrarnos en el común denominador de lo diocesano. En esta perspectiva es mi deseo que además de las actividades de este verano preparemos con entusiasmo ya desde ahora la celebración de la JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD como expresión y signo de una sincera y profunda eclesiología de comunión, que como sabéis tendrá lugar el próximo año.
Somos peregrinos por gracia. ¡Mirad hacia arriba y caminad hacia adelante! Nos vemos en Compostela junto al sepulcro del amigo del Señor!

+ Julián Barrio Barrio,



Arzobispo de Santiago de Compostela


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