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Eterno esplendor de una mente sin recuerdos


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La película de la semana:

ETERNO ESPLENDOR DE UNA MENTE SIN RECUERDOS


“La felicidad son sólo momentos vivamos el ahora”

(atribuido a J. L. Borges)


Es imposible concebir la vida sin sufrimiento, menos aún el amor siempre expuesto a la desilusión y la pérdida. Por eso es que queremos borrar desesperadamente esos recuerdos que aún me unen a lo que amé. Pero también hay una variante nada inocente como la del Dr. Mierswriak que “lava al cerebro” destructor de memoria de los demás para dominarlos.

¿Será por eso que reprimimos tanto lo bueno como lo malo de nuestras experiencias? ¿Será por eso que buscamos volver al origen en un intento de recuperar nuestra identidad amenazado por el olvido?

Joel y Clementina son una pareja que primero buscan borrar el recuerdo para no sufrir la pérdida del amor que los unía. Ambos creían que la felicidad eran estados y no sólo momentos del correr de la vida. Momentos que queremos fijar en libros, notas, fotos, muñecos, fantasías, recortes, objetos y todo aquello que traiga recuerdos. Todo se mezcla en el cerebro inconsciente, interactúa y fluye en una compleja red que tratamos de ordenar en un presente. Pero lo intolerable es unir lo que nos hizo sentir bien con lo desagradable y doloroso. ¿Cómo solucionar esto? En “Más allá del bien y del mal”, Nietzche nos da una pista cuando recomienda asumir los errores, no borrarlos. En este fascinante viaje en el interior del cerebro humano luchamos por el rescate de nuestra identidad. El tiempo y el espacio dejan de medir, “todo tiene que ver con todo”, las circunstancias cambian como el color del pelo de Clementina según sean las emociones que la acompañen y las interpretaciones que realizamos.

Tanta confusión tiene un lado positivo y si hay coraje, es posible volver a interpretar sabiendo que vuelvo a ser yo mismo. La memoria no es una “basura” como pretende el Dr. Mierswriak, con ella construimos historia propia con los demás. Por eso luchan Clementina y Joel y al final cuando se vuelven a encontrar en “el tren” que los conduce al origen (la playa donde se conocieron) dándose otra oportunidad y dándonos también a nosotros (coprotagonistas de esta película), la clave para conservar el amor a nuestro destino: Corriendo entre los libros del recuerdo buscan el lugar más “humillante” donde cada uno esconde su “ser”. Está claro, pues es allí cuando nos asumimos plenamente transformando nuestra vergüenza en la grandeza de “poder” ser.

Si Joseph Campbell hubiera vista esta película, hubiera dicho lo mismo que en sus libros de mitología. En uno de ellos relata esta escena: luego de un congreso en Oriente se despide de un monje Tibetano con quien había compartido el cuarto y le dice: los chinos le robaron sus tierras, quemaron sus viviendas, violaron sus mujeres, despreciaron su fe, mataron sin compasión y yo no le he oído ningún comentario en estos días sobre tanto dolor. El monje guarda silencio y con una sonrisa le responde: me costó mucho guardar estos recuerdos y hoy hasta he llegado a amarlos. Campbell comenta: “esto es amar el destino”.

Nuestra película (pues ahora la interpreto también yo) es un canto de amor al destino y a la pareja. Al final Clementina escucha de él lo que más la humilla; su actitud posesiva sexual de amar. Joel oye de ella su forma aburrida y callada de ser. Ella sale corriendo por el corredor y él le grita “espera”. Esa es la clave, esperemos que el dolor se asimile y que el resplandor del amor aparezca como el sol. Ambos se miran y sonriendo se dan el okay, sabiendo que no es seguro que funcione pero mientras duremos en él disfrutemos. Carpe diem.



O.F.M.

Julio 2004


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