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Estudios fantásticos gm josé A. Copié La historia bajo la lupa


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Nuestro Círculo

Año 14 Nº 665 Semanario de Ajedrez 23 de mayo de 2015


ESTUDIOS FANTÁSTICOS

GM José A. Copié




La historia bajo la lupa:
Recuerdo que cuando muy joven en algunos clubes de ajedrez, e incluso en libros de antaño, se escuchaba – o leía – respecto a una posición dada en el tablero de la que había que prevenirse y, por supuesto, poseer conocimiento de la misma ya que ese tema se repetía como un eco, con diferentes matices por cierto, en muchas alternativas de la partida viva. ¡Cuidado que recibís el mate de Philidor! te decían con voz queda los veteranos ajedrecistas de entonces en sus enseñanzas a los diletantes. Con el tiempo la curiosidad hizo presa en mí cuando leí en el ya famoso Tratado General de Ajedrez de Roberto Grau (1900-1944), que a tal variante se la nombraba de otra manera. Decía Grau refiriéndose al mismo: “Mate Greco-Philidor”. Es claro Grau escribió su importante e histórico tratado en 1930* y al parecer en tales épocas en estas tierras latinoamericanas se repetía lo que indicaban los historiadores allende los mares. En su tomo Iº del Tratado General de Ajedrez (obra consultada: edición de 1960, Editorial Sopena Argentina), inserta un diagrama con el mate ahogado dándolo, obviamente, con el caballo blanco en “f7” y en epígrafe dice sencillamente Mate Filidor (sic). Es claro que al ser un ejemplo a modo didáctico no debiéramos descontextualizar, como está de moda en estos tiempos, ya que Grau además de ser un notable jugador de la primer mitad del siglo XX, seis veces campeón argentino, editor de la revista El ajedrez americano; probablemente la de mayor prestigio en la región en esos tiempos, autor del mencionado Tratado en cuatro tomos y un dirigente

muy importante y respetado del ajedrez nacional, a tal punto que fue el pilar funda


mental para que se realice en la Argentina el Torneo de Las Naciones de 1939; es decir que Grau no fue un historiador del ajedrez, pero si lo hubiera sido la pregunta que surge de inmediato es elemental: en la década del 30 prácticamente la bibliografía existente en el país era muy escasa. Sólo unos pocos, apenas contados con los dedos de una mano… – y sobran dedos –, eran poseedores de bibliotecas de la especialidad de cierta importancia. Es claro que la honestidad intelectual de ese grande del ajedrez argentino, que propendió a la democratización del ajedrez en todos sus actos dirigenciales y culturales, no puede ponerse en duda. A tal punto que él en su Tomo Segundo del Tratado General de Ajedrez al tocar el tema del Mate de Lucena (Mate ahogado, o Mate de la Coz, para algunos), nos dice en un llamativo título: EL MAL LLAMADO MATE FILIDOR, en donde se inserta una partida jugada en 1619 existente en el libro del ajedrecista italiano Greco, mencionando que: “… En los tiempos del Greco ya se conocía, como lo demuestra la siguiente partida que en 1619 jugó el entonces campeón del mundo:”

Grau pone en el Tratado esa legendaria partida que es la siguiente miniatura:


Greco, 1619

1.e4 e5 2.Cf3 Cc6 3.Ac4 Ac5 4.0–0 Cf6 5.Te1 0–0 6.c3 De7 7.d4 exd4 8.e5 Cg4 9.cxd4? Cxd4! 10.Cxd4 Dh4 11.Cf3 Dxf2+ 12.Rh1 Dg1+ 13.Txg1 [13.Cxg1 Cf2#] 13...Cf2#

Esta partida se encuentra en el Libro I, Primera Sección del Tratado de Greco (la que he verificado del libro que el director de L´Échiquier, Journal des Échecs, Monsieur C. Sanson, hace en una de las tantas reproducciones del Analyse du Jeu des Échecs, de François-André Danican Philidor (1726-1795), en obra editada por Garnier Frères, Libraires-Èditeurs, París, 1871**)


Pero se puede observar que los equívocos históricos son de fuste… y por supuesto mucho tiempo después de que Roberto Grau escribiera su Tratado. En efecto, vemos que en un libro editado en Barcelona en 1999, por la Editorial Larousse, denominado el Larousse del Ajedrez (de autores varios y con un prefacio de Joël Lautier), se dice sorprendentemente (en la pág. 188) que el mate por asfixia, así lo llaman, está en un manuscrito Abu´n na´am (c. 840) atribuido a Al Adli. En tal libro se observa el siguiente diagrama:

Al Adli

c. 840 (?)

+ 4 #2
1.Dg8+ Txg8 2.Cf7#
Pero sucede que en el siglo IX, y aún en posteriores, el movimiento del farzín persa, o del firzan arabe y aún del alferza castellano era extremadamente limitado. Así nos los describe Alfonso X El Sabio en su Libro de los juegos: Acedrex, dados e tablas, acabado en Sevilla en 1321 de la era hispánica, lo que corresponde al 1283 del nacimiento de Jesús Cristo: “El alforza anda una casa en sosquino. La primera vez puede saltar a tercera casa en derecho o en sosquino. No puede prender, pero si saltar sobre otra pieza” ***. Pues es claro: la dama en el siglo XIII de nuestra era simplemente no existía; alferza era el nombre del lugarteniente del rey (el símil de rey cristiano, en Persia era el sah y farzín – la dama actual – significaba hombre letrado, sabio, erudito). Al no existir la dama ente problema no podría ser real en tal año ni aún en la época de Alfonso X El Sabio, e incluso en años posteriores a ella.

La dama es la pieza del renacimiento, la pieza que Lucena, al igual que el alfil y el peón, da a conocer al mundo, o al menos es el primer divulgador de tal trascendente fenómeno histórico. Lucena en su obra magna y fundamental (Repetición de amores e Arte de Axedres con CL juegos de partido, editada en Salamanca en 1497), entre otras cosas de trascendencia ajedrecística para esa época – y de fundamentos históricos que a mi juicio no han sido lo suficientemente valorados como merecen por algunos escribas del pasado y contemporáneos – nos muestra por vez primera el mate cuya autoría le pertenece (ver diagrama en Nuestro Círculo, Nº 637, 8 de noviembre de 2014): Blancas: Rd5 –Dc6 – Ce5; Negras: Rg8 – Ta8 – Tb8 – Da3 – g7 y h7. Las blancas dan mate en 5 movimientos. Se a querido descubrir en este problema de Lucena un dual en el movimiento tercero del blanco mediante 3.Cd8, pero hemos descontextualizado, pues el enunciado – me refiero al problema Nº 103 del Incunable – reza: “El blanco tiene la mano y dice al negro que le dará jaque y mate en cinco lances o en menos y todos los negros son asegurados”. Lo cual significa que la dama negra, al igual que las demás piezas de ese color, no se pueden capturar. Es decir que no existe ningún dual en la obra de Lucena… ¡formidable bofetada a los actuales demoledores y a los del futuro!


Joaquín Pérez de Arriaga en su obra El incunable de Lucena, Primer Arte de Ajedrez Moderno, Ediciones Polifemo, Madrid, en 1997 (ver tercer llamada), nos dice refiriéndose al Estudio de Lucena: “… En el siglo XIX, perdida la conexión con la literatura antigua, conoció una gloria renovada debido a la atribución que se hizo de su autoría a Philidor por una serie de mal entendidos…”. Luego de mencionar a varios autores que maltrataron la génesis histórica de esa obra continúa de Arriaga: “…Para encontrar el juego de partido de Lucena correctamente referenciado bajo su nombre habría que esperar hasta el año 1874, cuando A. van der Linde […] lo publica en su Geschichte und Literatur des Schachspiels, y a partir de ahí se inicia una recuperación histórica que en nuestros días parece lograda…”. Hace bien de Arriaga al decir que Philidor no necesita de logros ajenos para cimentar su inmensa figura.
Empero recurriendo a polvorientos ejemplares encuentro que   en un viejo libro que pude consultar está una suerte de mate de Lucena pero representado como una de sus vastas alternativas o familias a la que los franceses denominan Mat Étouffé, ese libro es el Traité Élémentaire du Jeu des Échecs, Paris, 1863, cuyo autor es Le Cte. de Basterot ****. Pero sugestivamente el conde Barthélemy de Basterot (Dublin, 1800-1887, París), en su página 139, no dice a quien pertenece ese problema, copia sin duda de la idea de Lucena:
Traité Élémentaire de Jeu des Échecs

1863

5 + 7 #3
1.Te8+ Txe8 Es obvio que la interclusión del caballo permite el mate de inmediato. 2.Db8+ Txb8 3.Cc7#


Henri Delaire (1860-1941), en el Tomo II de Le Échecs Modernes, editado por Libraire de “La Stratégie”, París, 1914; muestra el Mate de Lucena aunque no consigna en el enunciado que no se pueden capturar las figuras negras: “todos los negros son asegurados” como su autor sí lo indicaba y por ello señala el supuesto dual que existiría de no haber tal impedimento. El autor francés también incluye un remedo del Mate de Lucena *****, el que también inserta H. J. Murray (ver más adelante) en su libro. Está en la obra del primer tratado de jerarquía ajedrecística publicado en Italia y pertenece su autoría al boticario de la ciudad de Odemira en Portugal, Damiano, cuya obra impresa en Roma en 1512 recibió el extenso título: Questo libro e da impare giocare a scachi et dele partite. El tratado a lo largo de los años y las sucesivas ediciones fue sufriendo cambios tanto en la portada como en su título.
Es problema en cuestión es el siguiente pero como se observa no tiene nada que ver con la obra de arte de Lucena, aunque a este problema bien se le puede indicar como el mate de la Coz:

Damiano; Questo Libro e da Imparare Giocare a Scachi, 1512

Blancas: Rg2 – Dh4 – Cg5 (3); Negras: Rh8 – Cg8 – Td8 – Dg3 – g7 y h7 (6), mate en 2..

Solución:1.Dxh7+ Dxh7 2.Cf7#
Ni Murray ni Delaire incluyen en el diagrama el rey blanco, pero sí lo hace el autor y ajedrecista de la ciudad de Módena, Giambattista Lolli (1698-1769), que pone el rey blanco en “g2” como hemos podido observar. Esta práctica no era extraña en el ajedrez medieval ya que si el monarca no influía en la resolución del problema era factible de ser eliminado. Igual acontecía cuando se trataba de un problema de apostar.
En el Dictionnaire des Échecs, de François le Lionnais et Ernst Maget, Presses Universitaires de France, París, 1967; en Lucena (Mat de); Se indica brevemente: Nom parfois donné au Mat étouffé de Philidor (Nombre dado a veces al Meta ahogado de Philidor).

Algunos historiadores ingleses se refieren escuetamente al mate de Lucena: consulté varios diccionarios y enciclopedias e incluso el A History of Chess de Harold James Ruthven Murray (1868-1955), Oxford, 1913. Si bien este habla de la obra de Lucena, del referido famoso mate poco dice, pero sí incluye en la página 797 de su libro un diagrama con la conocida posición y enunciado indicando que el problema pertenece a Lucena…. Pero al final de la solución pone la leyenda: The so-called Philidor´s legacy! (el llamado legado de Philidor!); sin duda una elegante manera de sembrar dudas. Lucena siglos XV y XVI, Philidor siglo XVIII… una inexactitud notable del historiador inglés.


Los más modernos como el The Oxford Companion to Chess, de David Hooper y Kenneth Whyld, Oxford University Press, 1987, si bien hablan sobre Lucena e incluso incluyen un diagrama con la posición del famoso estudio del tratadista español sobre la lucha de torre y peón (en la columna “g”) contra torre, no lo hacen con el mate de la coz de Lucena. Harry Golombek en la Enciclopedia del Ajedrez, del Instituto Parramón Ediciones (edición en castellano, Barcelona, 1980), no hace referencia al tema, aunque se refiere a Luis Ramírez de Lucena; igual criterio con el nombre y el mate en cuestión adopta Nathan Divinsky en The Batsford Chess Encyclopedia, B. T. Batsford Ltd., Londres, 1990.
No es ocioso reiterar lo que expresáramos en esta misma publicación (Nº 637) respecto a que la Biblioteca Nacional de España, había aceptado la propuesta del historiador Joaquín Pérez de Arriaga de que el nombre del autor del renombrado incunable debe ser Lucena a secas; así lo ha hecho en su Catálogo Bibliográfico de la Colección de Incunables, bajo la denominación L-84.
Los autores italianos son parcos igualmente: el famoso Dizionario Enciclopedico degli Scacchi de Adriano Chicco y Giorgio Porreca, U. Mursia & C. Milan, 1971; ni una palabra dice respecto al problema, pero sí lo hace en cuanto reivindicar a Lucena como el primer teórico del ajedrez moderno. En Storia degli Scacchi in Italia de Adriano Chicco y Antonio Rosino, Marsilio Editori, Venecia, 1990; hay un breve y algo difuso comentario (en la página, 148 leemos: [Pure il partito IV (Bonus Socius n. 155) ha numerosi precedenti, e risale certamente ad epoca anteriore al secolo XIII, essendo una variante della famosa carica di cavallería, cosi apprezzata dai problemisti arabi. Il partito V ("che spesso succede giuocando a scacchi") ripresenta il notissimo matto affogato di Cavallo, giá reperibile in Damiano (n. 40) e ancor prima in Lucena (n. 103)]. En el apéndice de dicha obra (pág. 587) se inserta la partida de G. Greco que incluimos en esta nota.
Sin embargo español Julio Ganzo en su  Historia General del Ajedrez, Ricardo Aguilera, Madrid, 1966, hace el honor merecido a Lucena poniendo en ella el diagrama y la solución; también Zoilo Caputto en el Tomo 1º de El arte del ESTUDIO de ajedrez, Buenos Aires, 1990 y Ediciones ESEUVE, Madrid, 1992, en su página 103 también reivindica a Lucena en el tema que nos desvela. Aunque no hace mucho un historiador famoso, me refiero al GM Yuri Averbaj, escribía en la Revista Internacional de Ajedrez, en su número del mes de febrero de 1993 que: “La muy conocida combinación […] fue inicialmente atribuida al francés Philidor, luego al italiano Greco y por fin al portugués Damiano. A mediados del siglo pasado, los historiadores descubrieron que este mate se hallaba en el libro de Lucena. Sin embargo, y puesto que verosímilmente se encuentra entre los 96 problemas de Vincent, parece justicia restablecer la verdad y llamarlo, con toda propiedad, mate de Vicent”.

Es claro que en la misma revista la teoría de Averbaj no sólo se refería al Mate de Lucena, sino a toda la obra del teórico autor salamanquino a la que suponía anticipada por Francesch Vicent, en un incunable perdido que fue lanzado a la fama bibliográfica porque nadie ha visto (o como bien argumentaba Pin y Soler al referirse a Vicent: “Un autor famoso por haber escrito un libro que nadie conocía”); teoría esta que fue refutada, paso por paso, tema por tema, en la misma publicación española por Joaquín Pérez de Arriaga en tres extensas notas que se fueron sucediendo y apasionando a los lectores de todo el orbe a lo largo de casi medio año de eruditos cambios de opiniones que a juicio de quien esto escribe el historiador hispano salio indemne y con ello sentó bases fundamentales en torno al ríspido problema, reivindicando al – hasta ese entonces vapuleado por la historiografía – ajedrecista salamanquino Lucena; fundamentalmente luego de dar a conocer, en 1997, al mundo su obra de la que ya hemos hecho referencia: El incunable de Lucena, Primer Arte de Ajedrez Moderno (ver: El Incunable Fantasma, en esta misma publicación: Nº 637 del 8 de noviembre de 2014).


Incluso hasta han existido dudas sobre las obras de Lucena en cuanto a su autoría de diversos manuscritos de importancia como son los: Manuscrito de Gotinga (c. 1505), claro continuador del Incunable de 1497, por su contenido, solo dedicado al ajedrez de la Dama, con una selección de sus juegos de partido, posiblemente los compuestos por él, y de las aperturas con nuevas variantes mejorando las anteriores. Es este un manuscrito en pergamino que se encuentra en la Universidad de Gotinga, bajo la signatura “Philos. 85”.
El Manuscrito de París/Place (c. 1515), que contiene la que pudiera ser la firma diciendo Lucena. Si la firma la hubiese añadido algún lector posterior, de todas formas nos confirmaría su autoría, ya que como en el caso anterior, es una recopilación del tratado de Salamanca. De acuerdo a la información que nos brinda de Arriaga en su obra, este manuscrito, escrito en francés, se encuentra en poder de un coleccionista particular pues ha sido subastado en 1991.
Y también el Manuscrito de París f. allem. 107 (c. 1530), cuyas aperturas encabezadas como Lucenes art i, etcétera, garantizan la autoría. Los juegos de partido fueron copiados del Damiano y por lo tanto son del Lucena. Está en la Biblioteca Nacional de París.

Todo lo cual ha sido puesto bajo la rigurosa lupa del investigador español J. de Arriaga en su monumental obra sobre el incunable de Lucena, de ese extenso trabajo se deducen claramente no ya sólo que el autor salamanquino no debiera ser puesto en duda de tales autorías, sino que también los aportes a la teoría de las aperturas – me refiero, obviamente, a la génesis de tal teoría – fueron significativos. Y son sin duda un jalón en la historia del ajedrez que constituyen las bases en donde se asienta la moderna proposición de la estrategia de las primeras jugadas en la partida del noble arte ajedrecístico.

A tal punto que él menciona y analiza aperturas que después de más de 500 años se continúan usando: la Escandinava, la Defensa Francesa, la Defensa Philidor, el Giuoco piano, la Apertura Holandesa, la Inglesa, el Gambito de Dama Aceptado, la Defensa Petrof y, entre otras, la denominada Apertura Ruy López, en sus variantes Cozio y Defensa Clásica. Cabe preguntarse también; el porque Apertura Ruy López y no por ejemplo Apertura Española, como algunos con lógica la denominan, ya que Lucena, siendo él español la puso a la consideración pública por medio de su tratado de 1497, casi 65 años antes de que el ajedrecista de Zafra la considerara en su Libro de la invención liberal y arte del juego de ajedrez en 1561. Se pueden argumentar ad libitum consideraciones a favor y en contra de esto que aquí se expone… la dialéctica de las opiniones es inconmensurable. Y es bueno que así sea. Pero detengámonos unos instantes en el caso específico de Lucena y preguntémonos sobre las reiteradas y esquivas situaciones en que se lo ha negado historiográficamente. En una palabra pongámonos en contexto. No existen oleadas de opiniones, salvo honrosas excepciones, que hagan justicia al tratadista en cuestión. Por supuesto no se está negando para nada la real valía de Ruy López, en cuanto se trate de sus análisis y mejoras introducidas, luego de más de seis décadas de rodaje teórico, respecto a Lucena. No existe duda de la importancia histórica del trabajo teórico de Ruy López, del que, Dios mediante, ya nos referiremos oportunamente. También podríase argumentar que si fue Lucena quien primero se ocupó del caso, bien cabría que se la denominase Apertura Lucena. Pero los modismos van de la mano de circunstancias aleatorias. Distintas formas de plantear el desarrollo en ajedrez (aperturas y defensas) que otrora fueron investigadas e incluso creadas por determinados ejecutantes, en la actualidad, por misteriosos motivos poseen el nombre de quienes las han disputado y adoptado en algún torneo de importancia sin más merecimiento que ese hecho.

Sin embargo, y a pesar de que nos legó cuatro tratados de ajedrez, el sino histórico de Lucena pareciera no concluir (hasta su nombre ha sido, y es, desfigurado e interpretado al arbitrio de quien lo escriba ******); se asemeja a una lucha plagada de obstáculos en la que tantos esfuerzos en el intento de buscar una verdad esquiva fueran en vano, ya que con las turbulencias de los tiempos se hace aún más compleja, difuminándose lenta y progresivamente como cediendo paso a otras realidades en las que, por supuesto, el teórico hispano del siglo XV no soñaba ni pretendía.


Con las debidas licencias.
*

En su reciente e interesante libro “Martínez Estrada, ajedrez e ideas”, Editorial Dunken, Buenos Aires, 2015, Juan S. Morgado indica (pág. 149) que: “…En abril de 1930, Roberto Grau edita su primer libro a través de la Editorial Grabo, Tratado General de ajedrez, que unos diez años más tarde se convertiría en el primero de su magna obra en cuatro tomos”.



**

En ese libro C. Sanson además del Analyse de Philidor incluye en la parte última el Tratado de Greco, análisis de partidas incluidas en el Tratado de Stamma y al final del libro las del Tratado de Ruy López. Con la previa y necesaria aclaración que justifica tal inclusión: “Rien n'est fécond, pour le progrès d'une science, comme la comparaison de son état actuel avec ce qu´elle était dans la passé. Aussi avons-nous cru, en publiant le Traité de Graco, les Débuts de Stamma et de Ruy-López, servir utilement la cause des Échecs et nous rendre agréable à un grand nombre d´amateurs qui ne connaissent ces ouvrages que par ouïdire et ont témoigné en tout temps et en tout pays un vif désir de les posséder…”.



***

Esto (los movimientos de las piezas en el medioevo y demás circunstancias que hacen a la transición del antigua ajedrez denominado por Lucena “del viejo” al “de la dama”) lo explica admirablemente bien, con lujos de detalles poco conocidos – e incluso ignorados por algunos historiadores – en la obra a la cual la historiografía moderna le debe raudales de luz sobre los acontecimientos que fueran hitos fundamentales en la historia del ajedrez. Me refiero a El incunable de Lucena, Primer Arte de Ajedrez Moderno, cuyo autor es el lúcido investigador e historiador español Joaquín Pérez de Arriaga; inmenso libro de 600 páginas que editara en Madrid, en 1997 Ediciones Polifemo, junto a la edición facsimilar (tomada de la mejor conservada de las que quedan en el mundo), el Repetición de amores e Arte de Axedres con CL juegos de partido, editado en Salamanca en 1497 por los impresores Leonardo Hutz y Lope Sanz. En la obra de Arriaga se analiza minuciosa y científicamente el Incunable de Lucena, aventando los fantasmas de libros desaparecidos y de caprichosos e insólitos nombres, entre otras cosas, que se han tejido en torno al autor y ajedrecista español del siglo XV.


****

Ese libro se vendía en el Café de la Régence y en las mejores librerías de París; así rezaba en su colofón.


*****

Delaire exhibe un diagrama de A. Clerc, atribuible a una final de partida contra un tal M. M. disputada en 1872; en donde igualmente se recrea una versión de la familia de los variados mates producto de la primigenia idea de Lucena.



******

Vemos escrito: Juan de Lucena, L. Hain (1831); Luis de Lucena, B. Gallardo (1888); Ramírez de Lucena, British Museum, Londres, R. Próctor (1898); Luis Ramírez, Real Academia de la Historia, Madrid, catalogo de incunables (1921); Juan Ramírez de Lucena, M. Polain (1932), etc., etc. Los que son consignados en detalle en la referida obra de Joaquín Pérez de Arriaga. Tratadistas modernos no se quedan atrás, se ha visto como algunos historiadores y autores ingleses actúan con singular desaprensión a la hora de nombrar al prestigioso autor y teórico hispano.


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