Página principal

Estudio de miguel hernández y su obra poética. Miguel Hernández. Antología


Descargar 261.23 Kb.
Página1/5
Fecha de conversión23.09.2016
Tamaño261.23 Kb.
  1   2   3   4   5
ESTUDIO DE MIGUEL HERNÁNDEZ Y SU OBRA POÉTICA.
Miguel Hernández. Antología.



  1. Miguel Hernández en su contexto literario.

Se ha de situar la figura de este poeta en la tradición de la generación del 27 y su evolución posterior. Asimismo se ha de destacar su singularidad y hacer un breve repaso de su obra.




  1. La temática de la poesía de Miguel Hernández.

Se trata de incidir con, los ejemplos que se elijan de la Antología, en temas como la naturaleza, vida/muerte, amor, lo social y humano.




  1. Aspectos de estilo de la poesía hernandiana.

Se trata de destacar algunos de sus símbolos poéticos y principales procedimientos estilísticos en las distintas etapas de su evolución, así como de comentar ejemplos de las figuras retóricas más conocidas.


 

Miguel Hernández




  • Tradición y vanguardia en la poesía de Miguel Hernández

  • Trayectoria poética de Miguel Hernández: la evolución de su poesía

  • El compromiso social y político en la poesía de Miguel Hernández

  • El lenguaje poético de Miguel Hernández: símbolos y figuras retóricas más destacadas

  • Temas poéticos de Miguel Hernández

  • La vida y la muerte en la poesía de MH



1. PANORAMA ESPAÑOL: MARCO HISTÓRICO –SOCIAL-LITERARIO

Antes de abordar el estudio del grupo de poetas del 27, recuerda el momento histórico y las circunstancias político-sociales en las que se desarrollará su actividad literaria.





1900 1923 1931 1936-39 1950 1960 1975
CRISIS Dictadura Franco Transición - Constitución

DE FIN DE SIGLO de Primo de Rivera


(Desastre del 98) (H. 1929 (Krack)
DEMOCRACIA

MONÁRQUICA
Sistema político: 2ª República GUERRA Liberización Desfase - Terrorismo

CIVIL política y - CEE

Modernización país - PSOE
- Oligarquía de grandes enfrentamiento Desarrollo Ingreso

terratenientes comunistas y fascistas Turismo OTAN
-pequeña burguesía

-clase obrera

Cambios de partidos:

Semana trágica de B.

Huelga general de 1917

Guerra del 14__partidismo, la situación se agrava en España.

1. La generación del 14. Madrid ciudad cosmopolita.

En coincidencia con el estallido de la Gran Guerra hará su aparición una nueva generación de autores, que seguirán la senda de la renovación estética iniciada por sus predecesores, figuras ya consagradas aunque todavía en la plenitud creadora de su obra, avanzando por los caminos de la vanguardia.

En el campo del pensamiento descolla la figura de José Ortega y Gasset. [Es el intelectual por excelencia, su pluma es puesta al servicio de su ideal renovador del espíritu y la vida política y social del país, para ello no desdeña ningún medio: el periódico, el libro, la cátedra, la conferencia, el ensayo... Hijo de Ortega y Munilla, director de los Lunes del Imparcial, recibió una educación esmerada, completada en Alemania, en Marburg -bastión del neokantismo-, Leipzig y Berlín -sede del neopositivismo alemán-, donde entró en contacto con la fenomenología de Husserl y con Heidegger. Catedrático de Metafísica en la Universidad de Madrid a los veintisiete años, en 1914 publicó su primer libro, Meditaciones del Quijote. A través de las páginas de El Espectador, iniciadas en 1916 y continuadas hasta 1934, recorrerá todas los temas, preocupaciones y aspiraciones de su generación, transformándose en su alma mater, papel que afianzaría con la fundación del periódico El Sol y las revistas España (1915-24) y Revista de Occidente (1923).

En 1923 publicó El tema de nuestro tiempo, donde, ya alejado de su inicial neokantismo, desarrolla las bases de su lebenphilosophie (filosofía de la vida), en plena concordancia con los aires que recorrían a Europa en esos años de crisis civilizatoria, representados por el éxito avasallador de Spengler y su Decadencia de Occidente y el impacto que, desde la expedición de Eddington y Crommelin en 1919, tuvo la teoría de la relatividad de Einstein, convertido a partir de entonces en un auténtico mito, que atravesaba fronteras geográficas y culturales. Ortega afianzado ya en su concepción filosófica, se adentrará en una larga reflexión sobre el papel de la historia en la génesis de la conciencia vital del hombre, en sus obras: En torno a Galileo (1933), Historia como sistema (1941) y Apuntes sobre el pensamiento (1943). Los vastos intereses de Ortega le llevaron a ocuparse de problemas relacionados con la estética, la política o el análisis social, en Ideas sobre la novela (1914), La deshumanización del arte (1925), Vieja y nueva política (1914), España invertebrada (1921), Rectificación de la República (1933)...

En 1930 publicó La rebelión de las masas, en la que Ortega expone su visión -cargada de nostalgia por la pérdida del gobierno de los notables característica del sistema político del liberalismo moderado posterior al cuarentayocho- sobre la irrupción de las masas al primer plano de la actuación política, en una Europa rasgada por la confrontación de las ideologías, movilizadas en torno a los pujantes fascismos y el nacionalsocialismo y el avance del movimiento comunista, alentado por la consolidación de la revolución de Octubre en la Unión Soviética.

La influencia de Ortega en la cultura española del siglo XX encuentra pocos parangones. En el plano literario, tres nombres destacan, además del propio Francisco Ayala, por encima del resto: Ramón Pérez de Ayala, Gabriel Miró y Ramón Gómez de la Serna. A ellos habría que añadir en el campo del ensayo literario, la prosa científica y el compromiso político a Gregorio Marañon, Américo Castro, Salvador de Madariaga, Manuel Azaña y Luis Araquistáin.

Es también la obra y figura de Ramón Gómez de la Serna la que ejerció una mayor capacidad de atracción y fascinación, abanderado de las vanguardias artísticas del período de entreguerras, con claros paralelismos con el papel desempeñado por Apollinaire en el París de las vanguardias, cautivó a los jóvenes de la que sería conocida como generación del 27. Su escritura fragmentada, pletórica en imágenes y juegos metafóricos, encuentra en la greguería la forma que acaba imponiéndose en toda su obra, bordeando la literatura del absurdo recorrida por Jarry en el París de finales de siglo, introductor del futurismo a través de su revista Prometeo apadrinó todos los movimientos vanguardistas de la época. Es, sin embargo, su figura, en calidad de inspirador y artífice de la tertulia del café del Pombo, la que adquirió tintes de leyenda como espejo y reflejo de una época, de la que ya sólo cabe la mirada nostálgica.

[Con el estallido de la Gran Guerra asistimos al fin de todo un mundo, el de la Europa nacida con la Ilustración, el malestar de la cultura respecto de los valores de la Razón universalizadora, cristalizada en el positivismo como ideología, se expresa en el nacimiento de las vanguardias del París de la Belle Epoque, que precipita en la decadencia de la Viena fin de siglo para terminar eclosionando en la crisis civilizatoria de la Europa de la posguerra. Es el momento del ocaso del café de Levante, en el que se habían dado cita Azorín, Baroja, Valle-Inclán, los Machado, Rubén Darío, Penagos, Picasso, Romero de Torres, Gutiérrez Solana, Santiago Rusiñol, Zuloaga, Ciro Bayo, Corpus Barga, Bargiela, Silverio Lanza, Amado Nervo, Mateo Inurria... La guerra divide y apasiona a la opinión pública y a los intelectuales entre germanófilos y aliadófilos. Madrid se puebla de refugiados, espías y desertores del más variopinto pelaje, la capital adquiere así un repentino carácter cosmopolita, que impregna con su presencia a las tertulias de los cafés de los alrededores de la Puerta del Sol. Son los días del Palace, en los que Sánchez Carrillo escribe sus crónicas mientras se rumorea su affaire con Mata-Hari.] Se sigue la prensa con fruición, se dan pábulo a los rumores más variopintos alentados más por los deseos de los refugiados que por las realidades de los acontecimientos bélicos. Quién más quién menos se considera general de estado mayor o alto diplomático conocedor de los entresijos ocultos de los movimientos de las cancillerías. La guerra se enseñorea de las conversaciones y las tertulias, desplazando otras cuestiones ahora consideradas menores. Son los años en los que el café del Pombo comienza a brillar con luz propia.

 

En el Antiguo Café y Botilleria de Pombo, situado en la calle Carretas, Ramón Gómez de la Serna estableció su tertulia en 1912, los sábados por la noche, como punto de encuentro de todos los jóvenes creadores atraídos por los afanes de la renovación estética de las vanguardias, de la que quedaba excluida la política como tema de conversación, por expreso deseo de su mentor.



Los años que siguen al estallido de la Gran Guerra son los del esplendor de los cafés y tertulias. Cerca del café de la Nueva Montaña, en la calle de Alcalá, se encuentran el Colonial y el Universal; al otro lado de la Puerta del Sol, en Arenal abre sus puertas el Flor, mientras en el inicio de Preciados, enfrente del Ministerio de la Gobernación -hoy sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid-, se situaba el Oriental, rebasando el simbólico edificio, cercano a Carretas estaba el café de Puerto Rico -antes conocido como de las Columnas-, vecino del Antiguo Café de Levante, que marcaban el camino hacia el Pombo.

Es el momento en el que nuevos personajes llenan los cafés, incorporándose o fundando nuevas tertulias, en las que conviven los nombres consagrados del noventayocho y los jóvenes del catorce que se abren paso en los círculos literarios y artísticos de la capital. Mientras en la Granja del Henar se dejaba caer Valle-Inclán, en sus estancias en Madrid, donde Ortega y Gasset mantenía su tertulia antes de ir a la redacción de la Revista de Occidente, radicada por entonces en la sede de la librería Calpe (actual Casa del Libro), en la recién abierta Gran Vía; jóvenes como César González-Ruano, Carlos Fernández Cuenca, Miguel Pérez Ferrero o Manuel Gargallo se daban cita en el café Europeo, en torno a Enrique Jardiel Poncela, quien ya empezaba a despuntar en el mundo literario, por allí paraba ocasionalmente Antonio Machado cuando visitaba a su hermano Manuel, amén del café Metropolitano, en Cuatro Caminos, donde se encontraba con Guiomar. Del Europeo pasaran al café Comercial para terminar recalando en el Gijón, que en esos momentos comenzaría a cimentar su fama.

2. Las vanguardias y la generación del 27.

La conmemoración del tercer centenario de la muerte de Góngora, organizado por el Ateneo de Sevilla en diciembre de 1927, dará lugar al encuentro de una serie de jóvenes poetas como Federico García Lorca, Jorge Guillén, Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Pedro Salinas, Luis Cernuda, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, José Bergamín, Manuel Altolaguirre y Emilio Prados, más tarde conocidos como generación del 27, que encontraran en el ambiente de la Residencia de Estudiantes el lugar donde afianzar y proyectar su personalidad literaria. Si problemática resulta la denominación de generación del 98 para definir a los escritores que dominan el panorama literario del cambio de siglo, otro tanto ocurre con los poetas de la llamada generación del 27, dada la variedad de los planteamientos estilísticos, temáticos y literarios presentes entre los mismos, que parecen quedar encubiertos bajo el manto uniformizador de generación del 27, por lo que Jorge Guillén prefería optar por el más ambiguo apelativo de generación de los años veinte, menos comprometedor en términos literario-culturales que la anterior para referirse a sus compañeros de letras.

Ello no es óbice para que puedan ser señalados algunos rasgos comunes, consecuencia de su pertenencia a una misma edad generacional, de la existencia de marcos de sociabilidad comunes e influencias y problemáticas culturales similares, aunque las respuestas corrieran por caminos paralelos y a veces no coincidentes. La figura de Juan Ramón Jiménez ejerció sobre los nuevos jóvenes poetas una fuerte influencia. Las vanguardias artísticas, representadas paradigmáticamente por Valle-Inclán y Ramón Gómez de la Serna, con su permanente búsqueda de nuevos caminos a recorrer, sentando el precedente inmediatamente anterior del modernismo y el simbolismo, es consustancial al ámbito de preocupaciones de los jóvenes poetas. Ortega y Gasset les abrió las páginas de Revista de Occidente, a la vez que sus ensayos, particularmente La deshumanización del arte (1925), les ponía en contacto con la problemática cultural europea de la posguerra, atravesada por la conciencia de crisis civilizatoria. Las actividades de la Residencia de Estudiantes con sus ciclos de conferencias y visitantes extranjeros, en cuya amplia nómina se encontraban las figuras más insignes de la cultura europea del momento, desde la ciencia a las letras, de la filosofía y las artes, les permitió entrar en relación directa con las nuevas tendencias y movimientos que en Europa se estaban gestando y de los que fueron a la vez partícipes, como en el caso del surrealismo con García Lorca, Buñuel y Dalí. Sus viajes al extranjero, que les posibilitaron conocer directamente otros focos de irradiación cultural, con París, Alemania e Italia como lugares de atracción preferente, pero también de los Estados Unidos que emergía como sociedad joven en plena ebullición y expansión, con la ciudad de Nueva York a la cabeza, nueva metrópolis que irradiaba el espíritu de los nuevos tiempos.

La vanguardia plástica de la escuela de Vallecas al surrealismo.

En 1915 Ramón Gómez de la Serna organiza en el Salón de Arte Moderno la exposición pintores íntegros, en la que María Blanchard aparece como la figura más relevante. Ramón, impulsor de las vanguardias, apadrinaba así la ruptura con la pintura tradicional. En las artes plásticas esta ruptura se confirma con la Exposición Artistas Ibéricos, celebrada en la primavera de 1925 en el Palacio de Exposiciones del Retiro. El manifiesto firmado entre otros por Manuel Abril, José y Rafael Bergamín, Emiliano Bassal, Paco Durrio, Juan de Echevarría, Oscar Esplá, Manuel de Falla, García Lorca, Victorio Macho, García Maroto, Joaquín Sunyer, Guillermo de Torre y Daniel Vázquez Díaz se pronunciaba por la apertura a las corrientes vanguardistas. La exposición albergó alrededor de quinientas obras, entre las que destacaban las de Dalí, Echevarría, Valentín Dueñas, Victorio Macho, García Maroto, Moreno Villa, Pelegrín, Gutiérrez Solana, Saenz de Tejada, Ucelay, Urrutia y Pablo Zelaya, en la que se entremezclaban las primeras aproximaciones al surrealismo, con un incipiente cubismo, el informalismo y el realismo. En ella se conocieron el escultor Alberto Sánchez y Benjamín Palencia, que en 1927 crearon la Escuela de Vallecas que pervivió hasta 1936. El programa de la escuela perseguía en palabras de Alberto Sánchez "poner en pie el nuevo arte nacional que compita con el de París". En 1930 se celebró la Primera Exposición de Independientes, título que rememoraba el Salón de los Independientes parisino donde nació el impresionismo y las vanguardias artísticas. En 1931 se creaba la Agrupación Gremial de Artistas Plásticos. Las nuevas tendencias pictóricas encontraron expresión en la Exposición de Arte revolucionario organizada por el Ateneo en 1933. En esas fechas nace el grupo surrealista de Madrid, integrado por Maruja Mallo, José Caballero, Alfonso Ponce de León y Juan Antonio Morales. De esta forma las vanguardias encontraban también traducción en el campo de las artes plásticas.

la Residencia de Estudiantes, cuya política de becas y ayudas permitió entrar en contacto a los jóvenes investigadores españoles con los centros más avanzados de la Europa del momento, facilitando así su proceso de formación y el establecimiento de relaciones científicas de nuestro país con el extranjero.

En este contexto surge la Junta para la Ampliación de Estudios (JAE). Sus orígenes se remontan al ambiente regeneracionista propiciado por los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza. El 28 de abril de 1900 se creaba el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, como consecuencia de la división del antiguo ministerio de Fomento. El nuevo ministerio se enfrentaba a la labor de proceder a una reforma del sistema educativo que fuera más allá de los diversos ensayos reformistas del siglo XIX, que habían olvidado por completo la dimensión experimental e investigadora de la Universidad.

Las Misiones Pedagógicas intentaron llevar este ideal a la práctica mediante una actividad múltiple que comprendía desde las bibliotecas circulantes hasta sesiones de cine, pasando por la organización de lecturas, conferencias y una aproximación a la música a través de las audiciones discográficas, además de acercar el mundo del arte a la población por medio del Museo itinerante con copias de las obras del Museo del Prado. Estaban dirigidas por un patronato encabezado por Cossio y en el que se encontraban entre otros Antonio Machado, Pedro Salinas, Esplá y Barnes.

El Coro y el Teatro del pueblo, constituido por estudiantes, recorrían en verano los diversos pueblos de la provincia representando obras de los clásicos españoles. Estaba dirigido por Alejandro Casona y Eduardo M. Torner, mientras que el museo circulante estaba a cargo de Luis Cernuda, Rafael Dieste y Sánchez Barbudo, entre otros. El maestro en los pueblos era el introductor de las Misiones.

La Barraca, dirigida por Federico García Lorca, cumplió un papel de primer orden. En ella participaron estudiantes voluntarios de la Federación Universitaria Escolar (F.U.E.). Su primera gira se realizó en julio de 1931, funcionando hasta 1937.

En otras palabras, la creciente polarización política de los años treinta en Europa terminó afectando a la cultura republicana, que se vio atravesada por estas nuevas corrientes que respondían a unos parámetros radicalmente diferentes y que encontraban sus inmediatas señas de identidad en la crisis civilizatoria que se desarrolló en los primeros años de la postguerra tras la hecatombe de 1918. En este contexto los católicos sociales de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, impulsada por Herrera Oria, encontró en las páginas de El Debate el medio de expresión para los tradicionalistas,

Sin embargo esta confrontación no agotaba la complejidad de las corrientes culturales que se desenvolvieron en la España republicana y que tuvieron en Madrid su mayor resonancia. Así, por ejemplo, desde el campo católico la respuesta no fue exclusivamente el tradicionalismo. Un catolicismo de carácter humanista, desde luego minoritario, se proyecto en la revista Cruz y Raya, fundada por José Bergamín en abril de 1933.

Esta creciente polarización provocó el paulatino distanciamiento y desengaño de alguno de los padres de la República como Ortega y Gasset. Otros, los denominados La tercera España siguieron la misma senda.

3. España en guerra. El fin de la Edad de Plata.

En Madrid, el estallido de la guerra había significado el desplazamiento de los republicanos y la hegemonía de las organizaciones obreras al menos hasta finales de 1937. Del Ateneo como lugar central del debate político e intelectual se pasó a las casas del pueblo y los ateneos libertarios como focos de expansión de la cultura obrera. Los intelectuales republicanos puestos en la tesitura de la guerra civil acentuaron su compromiso político, a través de la pluma o la acción directa. Ambos polos quedan representados respectivamente en las figuras de Antonio Machado y de Miguel Hernández como miliciano de la cultura o Rafael Alberti, impulsor junto a María Teresa León de la revista Octubre, fundada en junio de 1933 y mentores de Milicia Popular, diario del Quinto Regimiento cuyo primer número vio la luz el 26 de julio de 1936. En el publicaron trabajos entre otros Luis de Tapia, Ramón J. Sénder, José Bergamín, Rafael Alberti, José Herrera Peteré, Miguel Hernández y Antonio Machado. Escribieron poemas para la antología Poetas de la España leal, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, Vicente Aleixandre, José Moreno Villa, León Felipe, Miguel Hernández y Rafael Alberti. En su inmensa mayoría formaban parte de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, constituida en julio de 1936, que publicó la revista El mono azul desde el 27 de agosto de 1936 hasta julio de 1938.

El 24 de noviembre de 1936 la crema y nata de la intelectualidad republicana abandonó la ciudad sitiada y maltratada por los bombardeos. El destino fue Valencia, nueva capital republicana. La nómina de viajeros comprendía un abigarrado y selecto conjunto de figuras de las ciencias, las artes y las letras que había protagonizado el despertar de la cultura española durante el primer tercio del siglo XX y que había encontrado en Madrid su epicentro. En Valencia publicaron la revista Hora de España, de enero de 1937 a noviembre de 1938. En ella participaron León Felipe, Bergamín, Antonio Machado, Rodolfo Halfter, Luis Lacasa, Dámaso Alonso, José Gaos, José Fernández Montesinos, Alberti, Moreno Villa, Sánchez Barbudo, Rafael Dieste, Juan Gil Albert, Arturo Serrano Plaja, Manuel Altolaguirre, Ramón Gaya, Angel Gaos, María Zambrano, Rosa Chacel, Vicente Huidobro, Vicente Aleixandre, Emilio Prados, Luis Cernuda, Miguel Hernández..... Las bombas habían puesto fin a la edad de plata de la cultura española.


2. LITERATURA DEL GRUPO O GENERACIÓN DEL 27

Según la edición de Vicente Gaos de la Antología del grupo poético del 27 de la editorial Cátedra , este grupo de autores recibió varios nombres, “nietos del 98”, “grupo del 27”, Cernuda les denominó “Generación del 25” basándose en las fechas como término medio de publicación de alguno de los miembros pertenecientes a dicha generación, sin embargo, prevalece la de “Grupo de 1927” eligiendo la fecha del tricentenario de Góngora, autor al que dichos escritores rindieron homenaje.

Su mentor es Juan Ramón Jiménez que pertenece a la llamada “generación novecentista” aunque uno de los grandes inspiradores fuera Ortega y Gasset también novecentista y Ramón Gómez de la Serna.
La nómina del grupo la formó Gerardo Diego en su Antología de 1932. Los poetas de esta generación constituyen un plantel por el que la crítica ha hablado de “un nuevo siglo de oro” (Lorca, Gerardo Diego, Alberti, Salinas, Guillén, Aleixandre, Altolaguirre, Prados, ¿Miguel Hernández?).

  1   2   3   4   5


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje