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Estudio de los cachorros significación del título y GÉnesis de la obra


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ESTUDIO DE LOS CACHORROS
SIGNIFICACIÓN DEL TÍTULO y GÉNESIS DE LA OBRA

Los cachorros es una expresión que designa al grupo en la novela, un grupo homogéneo de adolescentes en el cual Cuéllar busca integrarse desde el principio, aunque no lo conseguirá.

La palabra “cachorro” tiene connotaciones especiales: un cachorro no es un perro todavía, es inmaduro y desvalido, se deja llevar por los otros miembros de la manada, del grupo. En la novela el cachorro no ha crecido, alude al adolescente que sólo puede jugar a ser mayor.

El estudioso Fernández Ariza explica que el término “cachorro” es un americanismo que está usado despectivamente para expresar la mala educación. De esta forma deriva “cachorrear”, que es un peruanismo que significa ‘dormitar’. Si combinamos ambos significados, podemos explicar el título como grupo colectivo inmaduro, sin ideales, con una vida vacía y que se deja arrastrar por las normas impuestas de la sociedad en la que se hallan.

Vargas Llosa se basó en un hecho real para escribir Los cachorros. Un día leyó en un periódico la noticia de que un bebé había sido castrado por un perro en la sierra peruana. A partir de aquí comenzará su creación literaria:



“Me rondaba la cabeza desde que leí en un diario que un perro había emasculado a un recién nacido, en un pueblecito de los Andes. Desde entonces, soñaba con un relato sobre esa curiosa herida que, a diferencia de las otras, el tiempo iría abriendo en vez de cerrar. A la vez, le daba vueltas a una novela corta sobre un “barrio”: su personalidad, sus mitos, su liturgia”

(Mario Vargas Llosa en el prólogo de Los jefes. Los cachorros, Barcelona, Seix Barral, 1980.)

La novela está dedicada a la memoria del escritor peruano Sebastián Salazar Bondy, quien dirigió una severa crítica hacia la burguesía de Lima. En su libro Lima, la horrible carga contra Lima, su ciudad natal. Critica la vida cotidiana, las modas y los modos de la sociedad limeña. Describe problemas, como la discriminación racial, económica, las ínfulas de grandeza de la burguesía, la actitud hipócrita ante la sexualidad; en definitiva, los problemas socioculturales de Lima.

Fue un escritor que influyó en toda una generación de escritores peruanos. Vargas Llosa lo admiraba y se puede detectar fácilmente la influencia que su novela Lima, la horrible tuvo en la obra de Vargas Llosa. Hay una conexión entre los dos escritores: la actitud de crítica y rechazo frente a la burguesía peruana. La dedicatoria puede ser interpretada como muestra de afecto y elogio al autor.
LÍNEA ARGUMENTAL

a) SINOPSIS

La novela comienza con la llegada de Cuéllar al colegio Champagnat, situado en el barrio de Miraflores, Lima. Cuéllar es un niño de unos ocho años que destaca sobre el resto por ser estudioso, el mejor de la clase. Además, está muy protegido por su familia. Conoce a Choto, Chingolo, Mañuco y Lalo, compañeros de clase con los que entablará una amistad y entrará a formar parte del grupo viviendo con ellos las experiencias de la juventud y de la adolescencia.

Entra en el equipo de fútbol del colegio y sufre un accidente en las duchas de los vestuarios. Judas, el perro danés de la escuela, un animal muy agresivo, le ataca llegándole a emascular. En se-guida los hermanos le llevan al hospital. Una vez recuperado, Cuéllar vuelve al colegio y se incorpora de nuevo a las actividades deportivas, aunque demuestra menos interés por los estudios que antes.

Judas, después de que el padre de Cuéllar amenazara al colegio por el accidente, es sustituido por cuatro conejitos blancos. Los compañeros le ponen el apodo de Pichulita y, aunque al principio le molesta, después se resigna y termina por aceptarlo. Sigue formando parte del grupo de amigos, aunque la castración le marca como diferente.

En sexto curso sus amigos empiezan a interesarse por las chicas y a cambiar el deporte por otras actividades: salir a bailar, fumar... Cuando sus amigos empiezan a salir con chicas, Cuéllar muestra un interés casi morboso por saber lo que hacen con ellas; sin embargo, él no se interesa por ninguna. Empieza a desvincularse del grupo, vuelve a marcar la diferencia con los demás e intentará llamar la atención emborrachándose y haciendo locuras con el coche de su padre, con la escopeta de perdigones, etc.

Sus padres acaban regalándole un coche. Entonces, vuelve a acercarse al grupo, queda con sus amigos y con sus novias, pero ya no se sentirá integrado, así que opta por hacer locuras mayores. Las novias de éstos preguntan por qué él no se busca a una chica y captan comentarios irónicos de sus amigos; así que comienzan a sospechar la causa por la que Cuéllar no se busca novia.

Un día aparece Teresita Arrate y Cuéllar cambia su forma de ser. Deja de hacer locuras y vuelve a integrarse en el grupo. Esa chica le gusta y mantiene la esperanza de que un día puedan operarle y solucionar su problema, pero cuando su padre le dice que eso no va a ser posible, que no tiene solución, se abate y su sufrimiento aumenta porque no se atreve a decirle a Teresita que está enamorado de ella.

Llega un nuevo chico, Cachito Arnilla, y Teresita empieza a salir con él. Este hecho hunde a Cuéllar y vuelve a las andadas. Sus locuras van cada vez a más, y las chicas se muestran crueles con él y lo llaman “maricón”. Sus padres le regalan otro coche, aunque la madre piensa que cualquier día se va a matar. Cuéllar está ya totalmente separado del grupo.

El tiempo pasa y todos se hacen mayores. Los amigos de Cuellar se van casando. Él intenta evadirse y frecuenta locales de alterne homosexuales. Acaba matándose en la carretera. Sus amigos siguen su rutina dentro de la misma sociedad burguesa en la que han sido educados: tienen hijos que ya estudian en el colegio Champagnat o en colegios parecidos y la vida sigue para todos.
b) RESUMEN POR CAPÍTULOS

Capítulo 1. Cuéllar se incorpora al grupo de amigos. Accidente con el perro Judas y castración del protagonista.

Cuéllar entra en el colegio Champagnat en tercero. Es el más pequeño del grupo. Es estudioso: recita sin respirar los catorce Incas, los Mandamientos, etc. Todos le admiran por su memoria y el hermano Leoncio siempre lo pone como ejemplo al resto del grupo. Es buen compañero, incluso les deja copiar en los exámenes y los invita en los recreos. Siempre lleva más dinero que los demás. Era un niño muy mimado y además, por sacar buenas notas, sus padres lo premian y le dan caprichos.

La rutina diaria era ir a entrenar al fútbol a la salida del colegio. Lo hacían de cuatro a cinco. Mientras, el perro Judas les ladraba desde su jaula. Cuando terminaban recogían todo y se iban a la calle. Jugaban, paseaban, compraban barquillos e invitaban a Cuéllar a jugar al fútbol hasta las seis al Terrazas. El deporte era algo muy importante para el grupo. Pero los padres de Cuéllar no lo dejaban ir porque lo primero era el estudio. Sus amigos se marchaban sin él, entendiendo que la culpa no era de Cuéllar, sino de sus padres.

Pero cuando llegó el verano Cuéllar se entrenó con ayuda de su primo, ya que le hacía mucha ilusión entrar en el equipo. Lo consiguió y el hermano Agustín lo ponía de ejemplo, ya que llegaba a todo: era buen estudiante y buen deportista.

Para el campeonato Interaños, los hermanos les dan permiso para entrenar dos veces por semana, a la hora de Dibujo y Música. Cuando acababa el entrenamiento se vestían para ir a sus casas y Cuéllar siempre se duchaba antes de irse. Un día Judas se escapó de la jaula y entró en los vestuarios. Lalo y Cuéllar se estaban duchando. Choto, Mañuco y Chingolo salieron corriendo por las ventanas. Entonces Judas atacó a Cuéllar. Lalo lo presenció todo y, después, se lo contó a sus amigos con todo lujo de detalles.

Los hermanos acudieron en seguida, lo cogieron envuelto en toallas y se lo llevaron al hospital. Mientras tanto, el hermano Leoncio encerró al perro y lo azotó sin piedad. Durante los días siguientes no hubo otra conversación en el colegio.

Sus amigos fueron a visitarlo a la Clínica Americana y se dieron cuenta de que no tenía rasguños en la cara ni en ninguna otra parte visible del cuerpo. Le cuentan que en los recreos le tiran piedras a Judas y planean una venganza para acabar con el perro cuando Cuéllar salga del hospital.

Después de un rato, por fin le preguntan dónde le ha mordido y Cuéllar les contesta con vergüenza y ruborizándose.



Capítulo 2. El apodo. Fama del protagonista.

Cuéllar volvió al colegio después de Fiestas Patrias. Empezó a bajar el nivel en sus estudios, se relajó y se dedicó más al deporte. En parte, tuvo que ver en este cambio la compasión que todo el mundo le tenía.

El padre había ido al colegio muy furioso con lo ocurrido y había amenazado a los curas. Cuéllar lo contaba a sus amigos para que le tuvieran envidia.

Se había convertido en un muchacho todavía más mimado que antes. Ahora sus padres no po-nían ningún inconveniente para que fuera con sus amigos a la salida del colegio a jugar al Terrazas. In-cluso, le preguntaban si había metido algún gol.

El apodo Pichulita se lo pusieron en el colegio y en seguida corrió por todo el barrio de Mira-flores. Al principio se enfadaba, se ruborizaba al oírlo, pero luego se resignó porque veía que a otros con defectos también los llamaban con apodos. En sexto ya no lloraba, y hasta bromeaba. Incluso, cuando estaba en primero de Media hasta se llegaba a extrañar si lo llamaban Cuéllar.

Pronto, los muchachos empezaron a interesarse por las chicas, todos menos Cuéllar. Sus cos-tumbres cambiaron y a la salida del colegio ya no iban a jugar al fútbol como antes, sino a esperarlas a la salida de sus colegios.

Cuando celebraban fiestas de cumpleaños mixtas, ellos se quedaban en los jardines mientras los mayores bailaban en los salones, pero pronto decidieron aprender a bailar. Entonces se pasaban los fines de semana bailando entre los mayores en las casas de cualquiera de ellos, incluso en la de Cuéllar.

Escuchaban discos de Pérez Prado, fueron a verlo actuar una vez y Cuéllar obtuvo un autógrafo suyo. Los chicos se empezaban a hacer mayores.



Capítulo 3. Primera crisis. Inadaptación, timidez, fracaso.

En tercer grado de Media, Lalo fue el primero en tener novia. Se llamaba Chabuca. Todos que-rían saber cómo se le había declarado, pero Cuéllar le interrogaba obsesivamente porque quería conocer todos los detalles.

Una noche se emborrachó y sus amigos tuvieron que llevarlo en muy malas condiciones a casa. Cuando se le pasó la borrachera les pidió perdón. Pero algo había cambiado ya y Cuéllar comenzó a hacer locuras para llamar la atención.

Poco a poco todos fueron teniendo novia y Cuéllar se distanciaba cada vez más del grupo. Solo quedaban Chingolo y él. Los dos se iban por ahí para matar el tiempo mientras esperaban a que los demás dejaran a sus novias en casa para reunirse con ellos después en el parque Salazar. Entonces Cuéllar les hacía preguntas muy comprometidas sobre lo que hacían con ellas.

En quinto de Media Chingolo comenzó a salir con China Saldívar. Ahora sólo quedaba Cuéllar. Se hizo solitario y sólo lo veían por las noches un rato.

Cuando llegó el verano volvió a salir con ellos, aunque le molestaba que se metieran con él por no tener novia.

Iban todos a la playa y, mientras las parejas estaban juntas tomando el sol, él se dedicaba a “correr olas”. Las chicas preguntaban por qué no tenía novia y los chicos siempre les contestaban con evasivas.

Poco a poco volvió a cambiar, se hizo más huraño y sus locuras aumentaron. Sus amigos le re-gañaban. Parecía que se arrepentía, pero poco duraba el arrepentimiento.



Capítulo 4. Crisis definitiva: Cuéllar se enamora. Frustración y nuevo fracaso.

Había pasado otro año y un día apareció en Miraflores Teresita Arrarte. Cuéllar se enamoró de ella y dejó de hacer locuras. Iba a fiestas, bailaba, quería llamar la atención de Teresita, hablaba de te-mas interesantes y presumía de los estudios que iba a realizar.

Empezó a esperanzarse con la idea de que lo podían operar, quizá en Nueva York, Alemania, París y, entones, se solucionaría su problema; pero pronto su padre le confirma que no había solución.

Cuéllar seguía sin atreverse a declararle su amor y sus amigos intentan mediar: hablar primero con ella y después con él para animarle a tomar la decisión. Pero los días van pasando y él no se decide.

Cuando terminó el invierno, apareció Cachito Arnilla y en seguida éste comenzó a salir con Teresita Arrarte. Las chicas acaban defendiéndola, porque pensaban que Cuéllar había tenido tiempo más que suficiente para salir con ella y nunca se atrevió a hacerlo. Por lo tanto, la culpa era de él. Una de ellas llegó a llamarlo “maricón”.

Capítulo 5. Inseguridad del protagonista. Exhibición de machismo.

Volvió a “correr olas” para exhibirse ante Tere. Se paseaba en ropa de baño, impecable, con gafas de sol y toalla al cuello. Todo eran manifestaciones de hombría.

Después de Fiestas Patrias comenzó a trabajar con su padre. Todos pensaban que entonces se moderaría, pero no ocurrió así. Cuando salía del trabajo acudía a bares nocturnos y se emborrachaba.

Los fines de semana salía con sus amigos. Un día lo encuentran llorando y sus amigos intentaron consolarlo y distraerle para que se olvidara de todo.



Capítulo 6. Más locuras. Separación definitiva del grupo. Muerte de Cuéllar.

Mientras que algunos de sus amigos ya se habían casado y otros ya se habían graduado, Cuéllar continuaba llevando una vida desordenada. Pasaba las noches bebiendo y frecuentando locales de ambiente homosexual. Siempre lo veían acompañado de muchachos adolescentes a los que llevaba en su coche, invitaba a almorzar, etc.

Ahora había cambiado de “correr las olas” por “correr coches”. Participaba en carreras y tuvo varios accidentes graves. En uno de ellos estaba con sus amigos, que se enfadaron con él porque no quiso parar el coche, se saltó un semáforo y chocó contra un taxi. Se pelearon y, aunque después se reconciliaron, ya nada volvió a ser como antes.

Cuéllar se iba de vez en cuando a la montaña, a sembrar café y, cuando volvía a Lima y encontraba a sus amigos, casi no se saludaban.

Un día se mató en la carretera y en el entierro se reunieron sus amigos, que ya eran hombres casados y con hijos que estudiaban en colegios como el Champagnat. La vida continuaba para ellos. Habían pasado veinticinco años.

1. LOS TEMAS

a) La castración

Oyó los ladridos de Judas, el llanto de Cuéllar, sus gritos, y oyó sus aullidos, saltos, choques, resbalones y después solo ladridos” (pág. 65). Esta castración física de Cuéllar marca el principio de la frustración psicológica del protagonista. Es en el colegio donde se inicia el proceso de castración colectiva a que es sometido el protagonista.

El nombre del perro es Judas y el colegio donde tiene lugar el accidente es un colegio religioso. Esta castración física es determinante en la castración individual, social y existencial de Cuéllar, personaje que va a ser representativo de la castración psicológica del grupo.

El problema esencial de Cuéllar no es su accidente en sí, sino la imposibilidad de compaginar su situación de castrado con su deseo de ser uno más del grupo. José Mª Oviedo dice: “Para cultivar el machismo, el castrado tiene que asumir una ficción de segundo grado: fingir que no es castrado”. Por lo tanto, en todo momento tiene que aparentar. Cuéllar está incompleto, carece de aquello que es el emblema del grupo al que quiere pertenecer. Le falta lo que todos admiran. Cuéllar ha perdido una parte de su cuerpo, pero el mismo efecto de castración lo sufre por parte del grupo. Lo destruye la presión de los demás. Los otros también lo castran simbólicamente al exigirle cosas que le son difíciles de realizar: primero, el fútbol, obstáculo que supera, y luego las chicas, obstáculo mayor que nunca podrá salvar hasta caer en una homosexualidad velada.

El castrado se define por lo que no posee, pero los demás, el grupo, también lo están en sentido figurado: mientras ellos sienten que su vida transcurre con normalidad y se dejan llevar, Cuéllar ocasiona problemas. Su conducta, contraria a las normas sociales, hace que se desenmascare. Denuncia los vicios ajenos a través de los propios y les causa rechazo, les hace sentirse en mala compañía, pero a la vez no dejan de perder contacto con él porque les divierte, se entretienen con sus locuras.

Cuestiona también el orden social mediante su degradación personal: por eso, cuando fracasa con Teresita, se hunde y reniega de sus orígenes burgueses juntándose con los grupos sociales más bajos: drogadictos, delincuentes, etc. A pesar de esto, el grupo sigue en contacto con él y mantienen una complicidad hipócrita.

La vida sigue siendo excelente para el grupo, pero la condición de castrado de Cuéllar le ha permitido ser consciente de sus carencias y de la propia castración simbólica del grupo de amigos. El grupo de amigos está castrado porque está sujeto a los valores de su clase social, que le impone la rutina, la monotonía, hacer lo mismo que hicieron sus padres y que harán después sus hijos: “Eran hombres hechos y derechos ya y tenían todos mujer, carro, hijos que estudiaban en el Champagnat…” Aquí vemos, pues, la castración colectiva que la castración física de Cuéllar saca a la luz.

La condición de castrado de Cuéllar le lleva a recorrer otros ambientes, otros barrios: “… en cabarets de mala muerte (el “Nacional”, el “Pingüino”, el “Olímpico”, el “Turbillón”) o, si andaba muca, acabándose de emborrachar en antros de lo peor, […] cantinas del Surquillo o del Porvenir”.

Ve así la otra cara del mundo, la que no conocen sus amigos miraflorinos. La castración colectiva condiciona la mirada sobre la realidad y la relación del individuo con su medio que lo dirige hacia hábitos ya preestablecidos y consolidados.

J. Ortega ha interpretado simbólicamente la castración como una parábola de la integración social, del tránsito de la adolescencia a la madurez. J. M. Oviedo apunta que toda la etapa formativa del hombre es una castración y entiende la obra como una metáfora tragicómica de la sociedad peruana y la interpreta como una crítica de la vida burguesa. Matilla Rivas interpreta en la emasculación de Cuéllar la castración mental o espiritual de la clase burguesa peruana. La castración de Cuéllar cumple una función de engranaje literario: para que el resto del grupo pueda adaptarse a la sociedad burguesa, es necesario sacrificar la parte de ellos mismos representada por Cuéllar. La muerte física de Cuéllar es la muerte espiritual de los demás.



b) El machismo y el sexo

La sociedad miraflorina es una sociedad machista. El machismo de los personajes de la nove-la se manifiesta en comentarios como éstos: “Ella será la vaca y yo seré el toro” (pág. 76). “Se metían en la bodega del chino, golpeando el mostrador con el puño: ¡Cinco capitanes! Seco y volteado, decía Pichulita, así glu, glu, como hombres, como yo” (pág. 78).

En un mundo machista el miedo y la timidez están muy mal vistos. Recordemos que quizá fue el miedo la causa por la que Judas mordió a Cuéllar. Su tartamudeo también lo delatará más adelante. Cuando intenta relacionarse con Teresita, tartamudea porque es tímido y no está seguro de sí mismo, atributos incompatibles con la virilidad y el machismo.

Para estos “cachorros” las mujeres sólo sirven para ostentar su hombría. El comportamiento de Teresita y el “macho” Cuéllar puede servir como ejemplo de la relación hombre/mujer que se da en algunos sectores de la clase media y alta de Hispanoamérica.

Se manifiesta en la novela el arquetipo de “macho”, hombre brutal que a través de sus acciones, muchas de ellas tragicómicas, exhibe todos los atributos que demuestran hombría y virilidad, todos excepto el más importante, que es del que carece. Hace carreras de coches, se arriesga, tiene accidentes, “corre olas” cuando el mar está peligroso, habla de temas trascendentes, se emborracha, etc. Hace todo lo que hacen los hombres y que está establecido que hagan en una sociedad machista. Pero fracasa, en el fondo es inseguro, está hundido, es tímido, teme la marginación, el aislamiento y su única salida es la muerte. Él nunca podrá pertenecer a esta sociedad machista, carece de su emblema, de lo más valioso: el órgano sexual.

El comportamiento de Teresa ejemplifica la conducta de un tipo de mujer latinoamericana que se sabe atractiva. Es coqueta y emplea sus atributos y sus usos sociales burgueses para conseguir lo que quiere con los hombres. Le gusta sentirse débil y frágil con los hombres, ingenua, superficial, ya que estas cualidades son las que valen en una sociedad machista y las que acentúan la conducta machista de los hombres, que prefieren una mujer que sepa estar, que sea bella y que les sirva, puesto que la mujer es considerada como una posesión, un “objeto” con dueño.

Dentro del tema del machismo se debe incluir el fútbol, deporte que en la obra constituye casi un mito. Cuando Cuéllar llega al colegio, para ser aceptado e integrado en el grupo tiene que aprender a jugar al fútbol, deporte absolutamente masculino y que era símbolo de hombría. La práctica de este deporte conlleva a la vez la práctica de un lenguaje específico: la jerga deportiva, y también una serie de acciones (gestos, ademanes, comportamientos, etc.), que conforman todo un entramado mítico pura-mente machista.

El conjunto de estos elementos conforma un ritual y, de esta forma, el fútbol se convierte en un mito para los jóvenes y para la sociedad miraflorina. Cuéllar supera la prueba y entra a formar parte del grupo. Será la primera y la única prueba superada con éxito.

En una sociedad machista el atributo de más prestigio es el sexo. Hablar de sexo da hombría y poder. Entre los muchachos, la actitud que adoptan ante el sexo es una forma de definirse, de demostrar su virilidad y de considerarse dignos de sí mismos. La hazaña sexual sirve para aumentar la autoes-tima, para ser más respetados por los demás y respetarse más uno mismo.

En la novela, la emasculación de Cuéllar, su minusvalía sexual, lo convierte en un ser digno de lástima a los ojos del grupo y que es impulsado a convertirse en un intruso, en un marginado.




c) La hipocresía y la marginación

Cuéllar llega a Miraflores para empezar una nueva vida. Entra en el colegio Champagnat, colegio religioso, y conoce a un grupo de jóvenes con los que entabla una relación. Allí es atacado y emasculado por el perro del colegio y, además, es condenado por el grupo de amigos a disimular para siempre dicha castración con el apodo que le imponen: “Pichula Cuéllar”. Se le da el nombre popular del pene, es decir, de lo que ha perdido, y debe crecer disimulando su carencia para que ésta no sea una vergüenza para el grupo.

Cuéllar intenta suplir esta carencia exhibiendo su fuerza corporal. Esto crea falsas expectativas en el entorno femenino y todavía acentúa más su defecto, lo que le arrastrará a cometer locuras que lo llevarán hasta la muerte. Pichula Cuéllar es un apodo cruel que subraya una ausencia irrecuperable.

Después de la castración de Cuéllar, la vida del muchacho ya no será la misma y deberá enfrentarse a la gran hipocresía social del mundo en el que está viviendo. Los hermanos del colegio Champagnat le siguen poniendo buenas notas aunque ya no se las merece. Sus padres le conceden todos los caprichos. No se habla de lo sucedido y Cuéllar sigue su vida como si nada hubiese ocurrido, aunque le faltaba lo que esta sociedad en la que estaba inmerso más valoraba: la virilidad.

Cuéllar sólo se ocupa de disimular su cambio, mientras que el grupo de amigos continúan su vida adaptados al medio social y sin mayores dificultades. Siguen su rutina: el colegio, la Universidad, el trabajo, las chicas, el matrimonio. Sólo Cuéllar es el “diferente”, el que rompe esta normalidad en la que el grupo está asentado.

Cuando, los jóvenes empiezan a salir con chicas, lo conducen por un camino vedado para él, lo incitan a entrar en el mundo del sexo y del erotismo, y le hacen caer en una moral hipócrita para salvar las apariencias y que entre en el juego de las relaciones amorosas. Ellos, que conocen perfectamente la carencia de Cuéllar, se divierten y lo provocan inconscientemente. Esto discrimina a Cuéllar y es em-pujado a recorrer su condición de marginado adoptando una actitud de ataque contra el grupo.

La hipocresía del grupo precipita la caída de Cuéllar dentro de la sociedad miraflorina. Ellos saben por qué nunca tendrá novia, pero prefieren dejar paso a la ambigüedad aparentando no ser conscientes de ello. La sociedad le hizo ver a Cuéllar que tenía que ser hipócrita por el resto de su vida. De otra manera, sería marginado y expulsado de su entorno por aquellos que antes habían sido sus amigos.

El grupo le incita a “tirar plan” con Teresita sin pararse a pensar lo que ocurrirá después porque, según Lalo, es “absurdo” pensarlo. Cuando Cuéllar les decía que las chicas son sólo objetos del deseo, ellos -con Lalo a la cabeza- se enfadaban con él y acababan discutiendo. Son unos hipócritas. Primero, le intentan convencer para que se declare a Teresita recurriendo al mismo argumento del que antes habían renegado, ya que le decían que ella sólo sería un “plancito” de un rato y después la dejaría.

El grupo vive en la mentira. Cuéllar cuestiona su mundo de falsas apariencias. Cuando no de-clara su amor a Teresita, en realidad está defendiéndolo porque no quiere “plancito”. Su silencio dice mucho de sus principios. Este comportamiento de Cuéllar revela la falsedad y la hipocresía del grupo, la pobreza en valores del mismo. Para ellos, el silencio de Cuéllar con Teresita era otro obstáculo, otra muestra de alejamiento y de marginación. Esta circunstancia provoca una reacción de ira llegando a llamarle “maricón”.
d) El fracaso, la frustración y la muerte

En Los cachorros el fracaso está reflejado en la figura de Pichula Cuéllar y en el grupo. A medida que avanzamos en la lectura de la obra, podemos apreciar cómo el fracaso se va apoderando de la vida de Cuéllar.

Fracasa socialmente porque no acaba de ser aceptado en el grupo y porque su condición de castrado lo aleja de una sociedad machista. Al perder sus órganos sexuales, su virilidad, su “hombría”, perdió también toda oportunidad de vivir en ese entorno. Fracasa personalmente al tratar de tener una relación con Teresita. Fracasa en los intentos por conseguir una solución para su problema. No hay operación posible o así se la hace ver a su padre.

Fracasa como hombre y vuelve a ser un marginado. Es un exiliado social porque la sociedad en la que se crió estaba basada en las apariencias. De ahí que viviera una mentira. La muerte es el resultado de su fracaso. Cuéllar no puede superar el umbral social de la integración en el grupo ni tampoco el psicológico, porque no acepta el rechazo de Teresita. Entonces se va frustrando poco a poco hasta acabar con su vida. La muerte física del protagonista está precedida por su muerte simbólica.

La muerte física del protagonista simboliza la frustración del grupo porque ya no será más una unidad de cohesión social. La novela termina con el inicio de un nuevo ciclo de frustración y degradación física: “Comenzábamos a engordar, a tener canas, barriguitas, cuerpos blandos, a usar anteojos para leer, a sentir malestares después de comer y de beber y aparecían ya en sus pieles algunas pequitas, ciertas arruguitas” (pág. 121).
e) La sociedad burguesa

Los personajes de Los cachorros se incorporan por inercia a la sociedad burguesa miraflorina. Su ideología de clase se manifiesta tanto en la ficción como en la realidad por la necesidad de poseer objetos, de crear unidades familiares cerradas a las relaciones con otras clases sociales: “Eran hombres hechos y derechos ya y tenían todos mujer, carro, hijos que estudiaban en el Champagnat…” (pág. 121). Prestemos atención a la enumeración: “Mujer, carro, hijos”. Los coches se equiparan a los hijos y a la mujer. Los personajes están sujetos a unas normas, a una monotonía, a una rutina, y viven en un mundo cerrado e hipócrita, donde la falsa moral y las apariencias son sus emblemas.



Los cachorros se convierten en apacibles tigres. Los cachorros es una metáfora de la realidad porque ilustra el paso de la infancia a la madurez, la incorporación al grupo y la frustración que experimenta el adolescente burgués al no poderse integrar en su sociedad.
f) La violencia

La violencia que aparece en la obra no es sólo de índole física: el ataque del perro, la pelea de Cuéllar con Lalo, la ira del padre de Cuéllar hacia los hermanos del colegio y la que inculca a su hijo para que se defienda de los insultos de sus compañeros.

El rechazo también es violencia: los insultos (“maricón”), el apodo (Pichulita designa el órgano sexual, lo que falta precisamente), la marginación que sufre por parte de todo el grupo, el deseo insatisfecho (al no atreverse a declarar su amor a Teresita), la frivolidad de Teresita al dejarlo de lado cuando conoce a Cachito Arnilla. Todo es violencia de distinta índole.

La necesidad de estar dentro del grupo, de sentirse parte de él, no poder encontrarse ni encontrar un sitio en esa comunidad también arrastra una fuerte carga de violencia gratuita. Está presente de principio a fin en la novela.


2. LA ESTRUCTURA
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