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Estimado Señor Vicepresidente Cheney


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Estimado Señor Vicepresidente Cheney:

Le escribo con referencia a su reunión mañana con Hu Jintao, Vicepresidente de China. Esperamos que planteará el tema del Tibet en su reunión con el Vicepresidente Hu; la sola mención del tema tendría un tremendo impacto.


Entre 1988 y 1992, como secretario del partido para el Tibet, Hu fue el máximo responsable de una serie de medidas represivas que se tomaron contra la disidencia, después de imponer la ley marcial en 1989. Bajo el mando de Hu, miles de tibetanos fueron arrestados y torturados por delitos políticos. Las imágenes de video sacadas del país por turistas extranjeros y donde se puede ver como apalean a monjes en el templo más sagrado del Tibet, todavía obsesionan a aquellos que padecieron esas medidas.
En el Tíbet, el asalto frontal contra la cultura tibetana continúa. Esta semana, las autoridades en Lhasa han comenzado a derribar un complejo arquitectónico protegido por la UNESCO en el casco antiguo tibetano cerca del templo Jokhang, el centro histórico de la ciudad. Las dos terceras partes de los antiguos edificios ya han sido destruidas, llegando los derribos a su punto álgido a mediados de la década de los ‘90.
El ataque deliberado contra la herencia cultural de una minoría suele indicar que un gobierno es capaz de cometer unos actos verdaderamente obscenos. La destrucción por los Taliban de las antiguas estatuas de Buda en Bamiyan debió haber servido como aviso al mundo, ya que el gobierno que destruye valiosas reliquias rara vez se detiene ahí. En la lucha continuada de los Estados Unidos contra los últimos resquicios de resistencia Taliban en Afganistán, debemos tener cuidado de no apoyar a gobiernos que muestren las mismas tendencias peligrosas.
Esperamos que usted hará mención de los derribos en Lhasa en su reunión con el Vicepresidente Hu. El gobierno chino ha demostrado en repetidas ocasiones que le afecta la presión internacional sobre temas como estos, y pensamos que su mención del tema podría detener la destrucción de unos edificios históricos irremplazables.
Otra manera muy simple de lograr algo a favor de los derechos humanos en el Tibet sería la de mencionar las catorce monjas detenidas en Drapchi, la cárcel de peor fama en Lhasa. Estas monjas están detenidas por manifestarse pacíficamente contra el dominio chino del Tibet. Por lo menos una de las monjas, Ngawang Sangdrol, sigue en la cárcel después de las duras medidas ordenadas por Hu a finales de los años 80.
Las monjas fueron encarceladas simplemente porque, al igual que sus compatriotas tibetanas, nunca han aceptado el dominio chino del Tibet como algo legítimo. En la guerra que mantenemos contra el terror, es esencial que sigamos una estrategia que evite conflictos en áreas inestables, como por ejemplo el Tíbet. En el caso del Tíbet, esto significa impulsar al gobierno chino a entrar de buena fe en unas negociaciones con el Dalai Lama y su gobierno tibetano en el exilio sobre el estatus futuro de los territorios ocupados.
Para acabar con el terrorismo, debemos demostrar que los métodos no violentos son la manera más eficaz de llamar la atención del mundo. Esto significa dar todo nuestro apoyo a los movimientos no violentos con objetivos legítimos, y después de soportar 50 años de brutal ocupación, ningún pueblo merece el apoyo de los Estados Unidos más que el tibetano.
Usted tiene una magnífica oportunidad de lograr algo para el pueblo tibetano, al poder plantear estos temas con el Vicepresidente Hu. Esperamos que no dejará que se le escape la oportunidad.
Atentamente,
CC: George Bush, Presidente

Colin Powell, Secretario de Estado

Dennis Hastert, Presidente de la Cámara de los Representantes

Tom Daschle, Líder de la Mayoría


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