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Ese Claro Objeto del Deseo o de Cómo Descubrió Europa el Arcano del Oro Blanco y


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Ese Claro Objeto del Deseo

O De Cómo Descubrió Europa el Arcano del Oro Blanco y

qué Pasó Luego con la Real Manufactura de Porcelana de Meissen

Marcelo Giménez



Tiempos modernos


Entre fines del siglo XVII y principios del siglo XVIII, los modernos estados europeos terminan de delinearse como unidades territoriales, económicas y culturales gracias al ejercicio del absolutismo, que marca el fin de las formas feudales medievales. Estos nuevos estados buscan la expansión territorial y el aumento de su potencia económica para convertirse en organismos cerrados, independientes del extranjero y autoproductivos. El Occidente cristiano ha quedado confesionalmente dividido, lo que influirá en las relaciones políticas entre esas naciones, que además buscan la unidad religiosa para que las diversas confesiones no se conviertan en estados dentro del Estado. En esta política de alianzas, las matrimoniales jugarán un papel especial. Y la cultura será vista como atributo de una corte principesca que eleva la autoridad y atractivo del Estado, encaminándose a la Ilustración en sus ansias de conocimiento y su afán de poseer la verdad.

No todo lo que reluce es oro


Ya Leibnitz decía que "Alemania es el campo de batalla en el cual se pelea por el dominio de Europa". En esa Europa y rodeado de pujantes naciones, el Imperio Alemán, por el contrario, se había convertido en un conjunto político de carácter federativo, un conglomerado de pequeños estados formalmente independientes que, puestos sus ojos en el horizonte, funcionaban, por mímesis, como monarquías absolutas en miniatura. Jan de Witt escribe, en 1664, que "el Imperio no es más que una quimera y un esqueleto cuyas partes no están relacionadas entre sí por nervios sino por alambres y sin el menor movimiento natural", mientras Samuel Puffendorf dice, tres años después, que "es una formación política irregular y semejante a un monstruo". Los príncipes electores nombran como emperador al primus inter pares, cuya riqueza es el principal factor de elección. Esos pequeños estados son, como señalaba Leibnitz, juguetes en manos de un capitalismo naciente que impulsa las ideas económicas de la burguesía para su desarrollo político; las grandes monarquías absolutas y los intereses individuales de los pequeños príncipes germanos mantienen a Alemania desmembrada política, económica y culturalmente. Los príncipes se alían con el extranjero en busca de fondos para mantener suntuosas cortes a imitación de aquellas que los rodean. Así, en Alemania se produce un desarrollo inverso al del resto de Europa, donde el poder político y económico generó una cultura cortesana: aquí, la cultura, a través de la creación de academias y universidades, del desarrollo arquitectónico, del afán coleccionista, etc., será el caldo de cultivo para el ascenso político y económico que tiene lugar en el siglo XVIII.

Es, más que amor, frenesí


Desde 1694 Sajonia tiene como príncipe elector a Federico Augusto I. Él es uno más entre los que han caído presa del magnético hechizo que ejerce sobre Europa un misterioso producto: la porcelana oriental. Las narraciones de Marco Polo han alimentado la creencia en sus cualidades mágicas como talismán contra la enfermedad y protección contra los venenos; como todos los mitos, éste tiene un cierto valor de realidad simbólica, pues la porcelana permitía un grado de limpieza mayor que el de un recipiente de madera o de metal. Durante los siglos XIV y XV, se habían comenzado a registrar las piezas de porcelana en los inventarios de grandes y nobles familias, tal vez más por su rareza y costo que por la intención de formar una colección. Los portugueses habían comenzado a importar la porcelana china en grandes cantidades. Hacia 1700, para saciar esa avidez,, Europa sólo había conseguido dos cosas. Por un lado, una pasta cerámica sin las cualidades de la porcelana china: la porcelana llamada "de pasta blanda" que, ya hacía aproximadamente un siglo, el duque Franceso di Medici producía en una manufactura de Florencia; por el otro, un cristal blanco lechoso creado por Junckel, el inventor del cristal color rubí.

El conde Ehrenfried Walter von Tschirnhauser estaba a la búsqueda de la fórmula para obtener una porcelana "de pasta dura" como la china. Sucede que el conde era matemático y físico de la Universidad de Leyden especializado en óptica, y miembro de la Academia de Ciencias de París por los trabajos que realiza en su estadía en Lyon en 1675 con espejos ustorios. Estos eran gigantescos espejos cóncavos, diseñados para obtener la máxima concentración de calor solar a fin de fundir minerales y tierras. Aún estaba convencido de que la fórmula de la porcelana se basaba en una fusión de componentes vítreos. En cambio, muchos otros, como el príncipe elector, pensaban que la composición de la porcelana china era un asunto alquímico.



Mi secreto me condena


Paralelamente, Johann Friedrich Böttger, un aprendiz de boticario de Berlín interesado en la alquimia, se encuentra tras la famosa "tintura roja" capaz de convertir en oro ciertos minerales. En poco tiempo, Böttger, quien decía haber obtenido la fórmula del rojo tinte de un misterioso monje griego llamado Lascaris, adquiere tal reputación que mucha gente, incluido el rey Federico I de Prusia, cree que está a punto de descubrir una fórmula para fabricar oro. Sospechando acertadamente que este empobrecido rey planea encerrarlo hasta que lograra tener éxito, Böttger huye a Sajonia, donde es apresado con el mismo propósito por el príncipe elector, quien lo mantiene vigilado, forzándolo a continuar con sus experimentos hasta 1703, primero bajo vigilancia y luego bajo arresto.

Tschirnhauser, por su lado, continúa con sus investigaciones, convencido de que es esencial descubrir el secreto de la porcelana para detener la fuga de oro y plata de Sajonia con la que se pagan los productos de porcelana importados de Oriente. Alemania había perdido su carácter de lugar de tráfico comercial europeo por dos motivos: los nuevos puntos de interés económico en las Indias Occidentales y las nuevas rutas comerciales marítimas a las Indias Orientales. Si bien ahora los productos de porcelana oriental son más numerosos gracias a estas nuevas rutas marítimas, no por ello son más baratos. En 1697, Haudiquer de Blancourt publica De l'art de la verrerie, donde afirma que la porcelana "es una tierra preparada que se esmalta con esmalte blanco". Para entonces, Tschirnhauser, se afirma en la idea de que la porcelana puede hacerse combinando diferentes tierras y busca la forma de crear una industria basada en la tierra de su ciudad natal. Aparentemente, pues no tenemos pruebas de ello, habría llegado a producir un nuevo tipo de porcelana de pasta blanda a la que denominó Waschporzellan ("porcelana cerúlea").

Mientras tanto, ese mismo año, Federico Augusto I abjura del protestantismo para ser elegido rey de Polonia como Augusto II "el Fuerte". El flamante rey comienza a imaginar las posibilidades de una manufactura sajona propia, la que enriquecería su colección y aumentaría las arcas del estado. Así, la porcelana comienza a ser vista como un "oro blanco". Es extraño que, en 1701, no muestre interés por el proyecto que le presenta Tschirnhauser para instalar una manufactura de Wachsporzellan por 3.000 táleros, alegando que las investigaciones de Böttger ya le habían costado más de 40.000. Probablemente, como coleccionista, tuvo el ojo suficientemente adiestrado para observar las diferencias de resultado entre los productos de esta pasta blanda y los de la pasta dura china.

Ceremonia secreta


Sin embargo, en 1704, Augusto encarga a Tschirnhauser la supervisión de las tareas de Böttger en la búsqueda de la fórmula para obtener oro. Y Böttger, a su vez, ayuda a Tschirnhauser en la investigación de la fórmula para obtener porcelana. Finalmente, es aceptada la sugerencia de Tschirnhauser de dedicarse en primera instancia a iniciar una industria de la porcelana de la que se podían obtener prontas ganancias.

Para ese entonces, se había desencadenado la Guerra del Norte, en la que Augusto, en alianza con Pedro I de Rusia y Federico IV de Dinamarca, se enfrenta a la naciente potencia sueca liderada por su enemigo personal, Carlos XII. Böttger, ahora principal responsable de obtener el otro oro, el "oro blanco", se convierte en una especie de "gallina de los huevos de oro" a la que hay que proteger de los suecos a toda costa, y comienza a ser trasladado y escondido, con sus seis ayudantes, por toda Sajonia.



El secreto de mi éxito


En 1706 es instalado en el castillo de Albrechtburg, en Meissen, donde logra los primeros avances en un gran laboratorio que disponía de veinticuatro hornos. Tschirnhauser y Böttger arriban, entonces, a la pregunta clave: ¿cuáles eran los materiales naturales correctos que, fusionados, producían esa sustancia blanca vitrificada cuya translucidez no dependía de la presencia de vidrio en la pasta? Hoy sabemos que esos ingredientes eran el caolín (una arcilla no fusible obtenida de la degradación de las rocas graníticas de Kao-ling, la "alta colina") y el petuntsé (un material fusible menos degradado, variedad de la misma roca, que tiene por naturaleza las propiedades ligantes que se obtienen artificialmente con una frita vítrea, el cual llegaba a las factorías chinas en forma de petuntsé, "ladrillos blancos"). El cuerpo cerámico obtenido de la fusión del caolín con el petuntsé es cubierto luego por un vidriado compuesto de la misma roca feldespática, la que obtiene mayor propiedad fusible por el agregado de un fundente.

En 1707, Böttger y su grupo son enviados a Dresde, donde se había instalado un laboratorio escondido en las casamatas de la Jungfernbastei, bóvedas para artillería que formaban parte de los muros que protegían a la ciudad por el este. Allí, a pesar de trabajar en condiciones desfavorables, obtienen los primeros resultados exitosos: producen lo que se llamará Jaspisporzellan, un gres rojo porcelanoso, por la fusión de arcilla ferrosa de Nüremberg con una ligera arcilla fusible de Plauenscher Grund. La intensidad de su color era directamente proporcional a los grados de cocción. Pero era precisamente este color lo que había que eliminar De diferentes lugares se trae creta, alabastro, mármol y otros minerales silíceos, mientras que en Kolditz se encuentra una arcilla similar al caolín.



La flor de mi secreto


Así, finalmente, el 15 de enero de 1708, logran realizar la primer pequeña escudilla de una porcelana blanca parecida a la china por su brillo, dureza y transparencia. Se la obtuvo luego de doce horas de hornear a 1300/1400ºC una pasta formada por un componente no fusible que con la cocción se volvió blanco (el caolín de Kolditz) y otro fusible (alabastro calcinado de Northausen), ambos de naturaleza feldespática. Desgraciadamente, el 11 de octubre muere Tschirnhauser, con lo que, el 28 de marzo de 1709, sólo Böttger anuncia oficialmente su descubrimiento y solicita a Augusto la designación de un comité que reporte la importancia práctica del mismo.

El 23 de enero de 1710, una patente real en cuatro idiomas permite la fundación de una manufactura de porcelana en Dresde. El 6 de junio la manufactura es transferida al castillo de Albrechtburg en Meissen y se funda la Königliche Porzellan Manufaktur (Real Manufactura de Porcelana). Un año después, para beneficio de los experimentos con la nueva pasta blanca, Johann Schnorr descubre un yacimiento de caolín en Sajonia misma, la Schnorrsche Erde o arcilla blanca de Aue

De todas formas, hasta 1713, sólo se produce Jaspisporzellan. Ante la inexistencia de modeladores, molderos o conocedores del arte cerámico, es traído un modelador de Berlín, Peter Eggebrecht, y se emplea un orfebre, Johan Jakob Irminger. Toda esta primer producción tiene la impronta de aquellos acostumbrados a trabajar metales. Böttger, seducido por esa extremadamente dura pasta roja que permitía ser tallada, perfecciona obsesivamente sus técnicas decorativas, tomando algunas del vidrio, como el grabado, y otras de la orfebrería, como el pulido, el esmaltado y el engarzado con metales preciosos y piedras semipreciosas. La manufactura ya emplea veintitrés trabajadores que, si bien no son artistas sino prisioneros, son muy buenos artesanos. Estos, más los aprendices, son entrenados por Irminger.

Recién en 1713 las piezas de pasta blanca entran al mercado a través de la feria pascual de Leipzig. Aún no se trata de una porcelana feldespática: es de sulfato de calcio, un poco amarillenta y opaca, sometida a un horneado azaroso. Sus formas difieren mucho de las conseguidas con la Jaspisporzellan. Para la decoración pintada, Böttger experimenta con lacas que no adhieren bien y sólo colorean los decorados en relieve, así como con colores sobre vidriado y oro y plata calcinados: aún está muy lejos del tan deseado azul bajo vidriado de la porcelana china tan caro al príncipe elector, aunque ya cuenta con un stock de barnices de colores.


Cría cuervos...

Al año siguiente, Böttger es designado administrador de la manufactura, lo que le concede formalmente su libertad. Sin embargo, se autoconfina en Dresde o exagera la orden de Augusto de permanecer en el laboratorio de las casamatas, y sólo visita la factoría cinco veces en nueve años. El cargo de administrador implicaba encargarse del buen desarrollo de la fabricación, la elección del personal, la explotación comercial y, por encima de todo, la protección del arcano. Por prudencia, el secreto de la fórmula se divide entre dos hombres de confianza: el Dr. Jacob Bartholomäi conoce la composición de la pasta, y el Dr. Hienrich Nehmitz la del vidriado; además, como cualquiera de los obreros de la manufactura puede descubrir el secreto, el trabajo es rigurosamente dividido. Böttger es el único, durante mucho tiempo, que conoce el proceso por entero. Sin embargo, en 1715 aparecen en la feria de Leipzig los resultados del primer intento de traición: piezas de gres rojo similares a las de Meissen, cuyo secreto se había llevado el maestro de hornos Samuel Kempe, y que, para afrenta de Böttger, eran vendidas a un precio superior a las suyas. Y en 1717, el secreto de la fórmula es finalmente develado y difundido por toda Europa. Un orfebre, Christoph Conrad Hunger, la obtiene de un Böttger en estado de ebriedad y, con la complicidad del maestro de hornos Samuel Stöltzel, la venden a un agente de guerra de la corte de Viena, Claudius Innocentius du Paquier. El medio hermano de Böttger, Tiemann, se reúne con ellos en Viena aportando los planos para un horno proyectado por el amigo y colaborador de Böttger, J.G. Mehlhorn. Du Paquier, apoyándose en las cartas patentes del emperador Carlos VI promoviendo el comercio, e inspirado por el suceso de Meissen, busca dos socios para fundar una nueva manufactura y solicita el privilegio de producción y venta de porcelana sobre todos los territorios de la Corona, privilegio que le es otorgado el 27 de mayo de 1718, y para el mes de abril siguiente, sus hornos ya están produciendo.



El auge de la porcelana europea es total. En 1714, Meissen ya posee un salón de exhibición de sus productos. Tres años más y Augusto necesitará construir el Hollandisches Palais para albergar su vasta acumulación de porcelanas; dos años después habrá que agrandarlo con la construcción del Palacio Japonés, el más grandioso de los cabinets de porcelaine jamás proyectados. Tal punto alcanza su delirio que llegó a canjear a Federico Guillermo de Prusia 600 soldados 127 piezas de porcelana china. Y como corolario, en 1718 se presenta al príncipe elector el primer ejemplar de la tan apreciada decoración azul bajo vidriado o Blaumalerei. Así, tres años más tarde, el tamaño y la diversidad de la colección real requerirá la confección de un inventario que diferencie la porcelana blanca de Sajonia del blanc de Chine, la Jaspisporzellan de la porcelana japonesa, etc.

El contrato del pintor


Böttger muere prematuramente en 1719, y la manufactura dará un amplio giro a los intereses de su producción. Deja de usarse alabastro como fundente, con lo que la calidad de la porcelana se va perfeccionando, al igual que la Blaumalerei, gracias a las investigaciones del jefe de taller David Kölher. En 1720, regresa a Meissen el maestro de hornos Stöltzel, alegando haber boicoteado la producción de Viena a través de la destrucción de sus moldes, y trayendo consigo a Johann Gregor Höroldt, un pintor de porcelana. Höroldt presenta su trabajo a la dirección de la manufactura y obtiene un beneficioso contrato por el cual se le permite trabajar sus propios diseños, se le paga por número de piezas y por su complejidad; y, además, se le permite realizar su trabajo fuera de la manufactura abriendo un taller en la ciudad. La Comisión Real de Dresde lo encuentra técnicamente mejor equipado de lo que estuvo Böttger, con lo que obtiene la dirección de la manufactura. Esto le permite abocarse en sus investigaciones como químico colorista, dominar el control de la temperatura de horneado de los colores y preparar una paleta de esmaltes petit-feu con la que se pudo copiar la decoración de las porcelanas orientales y competir con ella hasta eclipsarla. Al igual que Böttger, también estuvo rodeado de intrigas: Hunger lo acusa de haberle robado el secreto de sus colores con ayuda de Stöltzel al dejar Viena, mientras éste último decía que Höroldt nada sabía de pintura hasta que él le transmitió todo su saber. En 1724, como reconocimiento de su talento, es nombrado pintor de la corte, llegando a una posición en Meissen que ningún otro artista había alcanzado. Todo esto es aún más paradójico si tenemos en cuenta que en el momento en que se busca perfeccionar la decoración azul bajo vidriado para satisfacer los deseos del príncipe, el director tiene puesto todo su interés en promover una paleta espectacular que encarece la pieza al requerir varias etapas de horneado. La posición de Höroldt se ve favorecida cuando, en 1725, habiéndose logrado una pasta perfectamente blanca, Köhler muere sin haber revelado a nadie el secreto de la Blaumalerei, con lo que toda la investigación vuelve a su punto de partida. Meissen, con cuarenta y un trabajadores (incluyendo pintores, vendedores y aprendices) comienza a vender las primeras piezas esmaltadas con diversos colores en la feria de Leipzig. La variedad decorativa es sorprendente: chinoiseries doradas, excelentes paisajes en reservas hechas al color del fondo, flores al estilo oriental (Indianische Blumen) y tomadas de grabados europeos (Deutsche Blumen), decoraciones según el estilo Kakiemon japonés, etc.
La estocada crucial

En 1722, el previsor inspector Steinbrück propone marcar la porcelana de la manufactura, para protegerla de la competencia de la naciente factoría de Viena, y de la de los pintores hogareños independientes (hausmalerei), que compraban y almacenaban piezas en blanco para decorarlas y venderlas por su cuenta. Aparecen diversas marcas: las pseudochinas, el caduceo de Mercurio (quizás como homenaje a la profesión de boticario-alquimista de Böttger), y diversas siglas (MPM por Meissener Porzellan Manufaktur, KPM por Königliche Porzellan Manufaktur y KPF por Königliche Porzellan Fabrik), mientras las piezas realizadas especialmente para el príncipe se marcan con la sigla AR, por Augustus Rex. Steinbrück propone utilizar parte del blasón del príncipe elector, las espadas cruzadas, en azul bajo vidriado. Esta es la que se convertirá, con ínfimas variaciones temporales, en la marca definitiva de la porcelana de Meissen. Extrañamente se esperó dos años para utilizar la marca; y luego no fue regularmente usada, ya que en 1731 se recuerda expresamente esta obligación a los trabajadores. Parece que las otras manufacturas tomaron de Meissen la idea de marcar sus piezas, lo cual no tiene nada de extraño, pues todas trataban de copiar a su admirado modelo. De aquí también la multitud de marcas que, en diferentes lugares y épocas, imitan más o menos bien a las espadas cruzadas de Sajonia.



Modelando el futuro


La manufactura ya tiene un estilo propio, y el gusto por lo europeo deviene más popular que los diseños orientales. En 1730, Augusto hace un insólito encargo a la manufactura: 910 figuras de animales en tamaño natural para su nuevo palacio, lo que convoca a modelistas de reputación deseosos de lograr el desafío. Johann Joachim Kändler, un joven aprendiz de escultor, realiza, en su primer semana de trabajo, tres pájaros de tamaño mayor que el natural. Nombrado modelador de la manufactura y luego escultor de la corte, estudia los animales que el príncipe coleccionaba vivos, y se pone manos a la obra. Si bien el encargo no llega a término, pues Augusto muere en 1733, la llegada de Kändler marca un nuevo rumbo dentro de la manufactura: termina la era pictórica de Höroldt, y las búsquedas escultóricas de Kändler extenderán el alcance de los productos de Meissen. Las series de figuras modeladas por Kändler (personajes de la Commedia dell'Arte, Arlequines, Pregoneros de París y de Londres, cortesanos, campesinos en trajes típicos, personajes mitológicos, personajes del Lejano y del Medio Oriente, series satíricas como la Orquesta de Monos) se popularizan como parte del adorno de la mesa, mientras la manufactura crea sus primeros servicios de lujo para especialísimos comitentes.

Muerto Augusto II, le sucede su hijo Federico Augusto II de Sajonia, a quien Austria y Rusia logran imponer como Augusto III de Polonia. El nuevo Augusto deja la manufactura en manos de su primer ministro, el conde Heinrich von Brühl, otro "porcelanómano" que obtiene, como favor real, el permiso para ordenar pedidos de monto ilimitado. Así, entre 1737 y 1741, la manufactura realiza para el conde el extraordinario Schwanenservice o Servicio del Cisne, compuesto por 2.200 piezas plagadas de animales acuáticos y personajes de la mitología griega relacionados con el mundo marino que acompañan al leit motiv de los cisnes que sostienen los escudos de armas del conde y su esposa.

Meissen ya posee negociantes en todas las ciudades europeas de cierta importancia. Consciente de que su fuerte es la novedad, pronto comienzan a notar o temer las reiteraciones y se envían agentes al extranjero en busca de fuentes de inspiración, generalmente grabados, y de encargos. La producción es de un nivel tal que en 1749 se encarga a Kändler establecer un repertorio de modelos: entre 1731 y 1749 se enumeran aproximadamente dos mil modelos de figuras diferentes. Los 210 trabajadores de 1740 ascienden a aproximadamente 600; éstos y sus familias aumentan la población de Meissen a más de 1.800 habitantes, conformando una especie de subgrupo social que debe enfrentar las envidias de los habitantes del lugar.

En busca de la excelencia perdida


En 1756 se inicia la Guerra de los Siete Años en la que Prusia y Austria se disputan la hegemonía alemana y la factoría es tomada por las tropas prusianas. Esto provoca un desastre en cadena: Federico de Prusia es uno de los principales clientes de la manufactura; ésta no puede hacerse cargo, en esas condiciones, de los enormes pedidos que le llueven de todas partes; el número de manufacturas en Europa va creciendo y, si bien muchas no son competencia, sobre Meissen se cierne una negra sombra: la Real Manufactura de Sèvres. Bajo la protección del rey Luis, quien dicta leyes suntuarias que prohíben el uso de determinados materiales (como el oro) a cualquier manufactura que no sea la real, y con las condiciones que atraviesa Sajonia, Sèvres pasa a reemplazar a Meissen como líder de la moda. Terminada la guerra, Meissen no produce nada verdaderamente original por años. Trata de ponerse a tiro con el gusto francés neoclásico, etapa que se conoce con el nombre de "período académico". En 1774 es designado director el conde Camilo Marcolini quien, a través del más severo neoclasicismo, intenta devolver a la manufactura su esplendor inicial. Volviendo a la calidad perfecta de los productos de años atrás, se esfuerza por igualar a Sèvres en el plano artístico. Aunque bajo Marcolini se producen excelentísimas piezas, es tal la cantidad de anteriores productos de segunda de los que debe deshacerse que su gestión sólo tiene como fin el más terrible fracaso. Y es despedido.
Tanto va el cántaro a la fuente...

A partir de allí, la manufactura transita el siglo XIX con los ojos vendados, produciendo revivals decimonónicos de menor calidad de aquellos productos del siglo XVIII que le dieron renombre. Sucede que la manufactura de antaño se está convirtiendo en una empresa moderna cuyo principal objetivo es un balance comercial positivo. Sintomáticamente, en 1860, la manufactura abandona el castillo de Albrechtburg para instalarse en un edificio construido con fines comerciales en el valle Triebisch, el cual sigue ocupando hasta el presente.



Para ese entonces, la conciencia de esa excelencia de otros tiempos es muy fuerte. Lo muestran tres hechos. En 1836, por un intercambio comercial, una serie de piezas tempranas de Böttger pasan a formar parte de la colección del Museo Nacional de Cerámica de Sèvres. En 1858, Christie's remata la mercadería de un gran anticuario y, entre los lotes subastados, misteriosamente, aparecen varios artículos catalogados como "provenientes del Palacio Japonés de Dresde". Y en 1879, la dirección de la manufactura hace todo lo posible para evitar que sus colaboradores comparezcan en un proceso en el que se descubre que, por razones de orden económico, la dirección había permitido un uso indiscriminado del exclusivo monograma AR del rey por el hecho de que muchos comerciantes influyentes lo habían reclamado como generador de ventas más fáciles y mejor pagas.

De aquí a la eternidad


La manufactura refresca el recuerdo de los viejos éxitos con el Premio Medalla que obtiene en la Primer Gran Exposición Universal de Londres (1851) "por exhibir la porcelana dura para propósitos químicos, por su considerable variedad ornamental, por la pureza del blanco de la arcilla utilizada y por sus esmaltados y vidriados. Y a principios de este siglo, será partícipe de uno de los movimientos artísticos de mayor onda expansiva ya que, en 1901, el gran duque de Sajonia y Weimar trae a Weimar al decorador belga Henri van de Velde para encargarle la renovación de las artes industriales. Este funda el "Seminario para las Artes Aplicadas" que en 1918 deviene en la célebre Bauhaus y el mismo van de Velde hornea algunos modelos en la manufactura de Meissen.

Algo para recordar


Así comienza un renacimiento de Meissen y su "oro blanco". Probablemente la fuerza que tuvo esta imagen en la mentalidad alemana convierta en algo no casual una de las más insólitas producciones afrontadas por la manufactura: entre 1920 y 1921, época de grave inflación en Alemania, Meissen hubo de acuñar monedas de Jaspisporzellan y de biscuit blanco. Muchos años antes, Böttger había puesto un cartel sobre la puerta de su laboratorio que rezaba " Dios nuestro creador hizo un alfarero de un hacedor de oro". Si Él así lo quiso, por algo habrá sido.

Bibliografía


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CUSHION, John P. Pottery & Porcelain Tablewares. New York: William Morrow & Co., 1976.

DIVIS, Jan, ERNOULD-GANDOULET, Marielle. L'Art de la Porcelaine en Europe. Paris: Gründ, 1984 ("Beaux objets d'autrefois").

GAVAZZA, Ezia. "Cerámica", en MALTESE, Corrado (coord.). Las Técnicas Artísticas. Madrid: Cátedra, 1981 ("Manuales Arte Cátedra").

GRAESSE, Dr., JAENNICKE, E. Les Marques des Porcelaines, Faïences et Poteries. Europe, Extreme-Orient. Paris: Les editions de l'Amateur, 1987.

GODDEN, Geoffrey. Godden's Guide to European Porcelain. New York: Cross River Press, 1994.

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Ilustraciones

1 y 1 bis.- Manufactura de Meissen. Servicio de té y café. Decoración dorada y pintada en camaïeu púrpura (purpurmalerei), probablemente por Johann Jakob Wagner (1710/1797), con varios medallones con escenas tomadas de Philip Wauwerman, rodeados con guirnaldas florales doradas, y salpicada con ramilletes de flores. Marcado con las espadas cruzadas en azul bajo vidriado encerrando un punto, lo que indica que pertenece al conocido como "período académico"; algunos objetos firmados W o ilegiblemente Wa...?, muy probablemente por Johann Jakob Wagner, especialista en pintura histórica (fl. 1763/1777). Es interesante el detalle de la escena pintada en la escudilla (brothbowl) circular: una pareja galante a caballo junto a una pirámide, marcada con una W y la palabra Ruinenlandschaft ("paisaje con ruinas"). La escudilla mide 16,5 cms. de altura.

2.- Manufactura de Meissen. Raro grupo de dos loros, c.1744, modelados por Johann Joachim Kaendler. Débil marca de espadas cruzadas en azul bajo vidriado. 36,1 cms. de altura.

3.- Manufactura de Meissen. "Los Cuatro Continentes", c. 1745/55. Modeladas por Johann Joachim Kaendler, Johann Friedrich Eberlein y Peter Reinicke. Cada continente está representado como una mujer con sus atributos. Marcadas con las espadas cruzadas en azul bajo vidriado (excepto Europa). Alturas: 25,4 cms a 36,5 cms. Los archivos de Meissen del período 1740/48 registran gran actividad sobre los varios modelos de "Los Cuatro Continentes", pero los modelos grandes aparecen principalmente en las notas de Kaendler, Eberlein y Reinicke durante los años 1745/47. Las fuentes para los modelos habrían sido grabados y dibujos: "América" de un dibujo de Gottfried Bernhard Goetz (1708/71), y "Asia" en el estilo de A. Collaert según Martin de Vos.



4.- Manufactura de Meissen. Sopera del Schwanenservice producida en el siglo XIX según la diseñada para el conde Heinrich von Brühl c.1737/41.

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GIMÉNEZ, Marcelo. “Ese Claro Objeto del Deseo o De Cómo Descubrió Europa el Arcano del Oro Blanco y Que Pasó Luego con la Real Manufactura de Porcelana de Meissen”. Cerámica y Cristal (Buenos Aires). Nº 119, febrero de 1997.





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