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Escatología personal introducción


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“Escatología Bíblica”

SEBAN/2002

Pastor Alex Donnelly


ESCATOLOGÍA PERSONAL


Introducción

La muerte es una realidad ineludible (Sal 89:48; Cant 8:6); es nuestro destino, a no ser que Cristo vuelva antes1. La Biblia tiene varias expresiones para referirse a la muerte (ver Apéndice 1).


A través de los siglos, la mayoría de las religiones mundiales han reconocido que la muerte no es el fin de la existencia humana. Durante los siglos 19 y 20, la filosofía materialista intentó negar esto; sin embargo, la Nueva Era lo ha vuelto a afirmar, aunque con un fuerte énfasis sobre la re-encarnación. La pregunta que nos interesa contestar es, ¿qué dice la Biblia al respecto?

1. LA ENSEÑANZA DEL ANTIGUO TESTAMENTO


Aunque tradicionalmente, los teólogos han afirmado que el A. T. Tiene poco que decir acerca de la supervivencia de la persona después de la muerte (dada la revelación progresiva), esto no es del todo cierto. Varios textos claves tratan este tema: Job 19:25-26; 1 Sam 28:11-19; Sal 16:9-11; 17:15; 49:15; 73:24; Is 26:19; Ecle 12:72; Dan 12:2-3, 13.
Tres preguntas importantes surgen.



    1. ¿Qué es lo que Sobrevive la Muerte?

En respuesta diríamos el alma (o el alma y el espíritu); es decir, el hombre interior, que radica dentro de la persona exterior, hecha de carne y hueso. Al hacer dicha afirmación, sin embargo, debemos poner a un lado el platonismo, que dice que la parte interior es la parte superior del hombre. Tal dicotomía es absolutamente falsa; la Biblia nunca niega el valor del cuerpo humano. Sin embargo, por ser hecho de carne y hueso, es limitado, y sujeto a la muerte.





    1. ¿Dónde Viven las Personas que Mueren?

Para entender la enseñanza del A.T. debemos notar el término importante, ‘sheol’. Resumiendo la enseñanza del A.T., Lacueva afirma ciertas verdades acerca del sheol:

[1] Es el lugar donde van las almas de los difuntos, tanto de los justos (Gén 37:35; 42:38) como de los impíos (Prov 9:18).
[2] Es un lugar infeliz. Por ejemplo, es un “lugar de silencio” (Sal 31:17; 115;17), donde no se alaba a Dios (Sal 6:5; Is 38:18); es un lugar de pena (2 Sam 22:6; Sal 18:5; 116:3) y de inactividad (Ecl 9:10). Es un lugar descrito como, “la región de las tinieblas y de sombra de muerte” (Job 10:21-22). Lacueva comenta:
“El Antiguo Testamento describe el sheol como lugar tenebroso y caótico, donde la misma luz es

tenebrosa y donde el vocablo ‘polvo’ indica, por una parte, algo así como los desperdicios que

quedan tras la vida terena; y por otra parte, la soledad desierta de un lugar estéril, carente de

fertilidad; en una palabra, todo lo contrario a ‘la tierra de los vivientes’ (v. Job 7:21; 10:22; 17:16;

Sal 88:10; 143:3; Is 26:19). El habitante del sheol es el hombre mismo (hebr. Néphesh = alma,

como sinónimo de ‘persona’), en una condición miserable, pues está separado de la comunión con

Dios y del culto que se tributa a YHWH...”3.

Hablando acerca de la ausencia de comunión con Dios en el sheol, Salmond observa:


“La peor de todas las miserias del sheol, el más oscuro de todos los temores a la vista del sheol, es

la pérdida de la comunión con Dios. Su omnipotencia llega hasta ese terrible reino de los

muertos; Sus ojos lo escrutan. El sheol y el Abadón están en Su presencia; el sheol está desnudo

delante de Él, y el Abadón no tiene con qué cubrirse. Si alguien hace su lecho en el sheol (v. Sal

139:8), allí está Dios. Pero en el sheol no hay revelación de Su gracia, no hay acceso a Él, no hay

continuación de Sus visitaciones; mucho menos ninguna elevación de esa experiencia de Su

presencia que produce el gozo de la vida de Sus siervos en la tierra. Estar en el sheol equivale a

no tener ninguna muestra de Sus maravillas, no conocer nada de Sus misericordias, de Su

fidelidad ni de Su justicia. Entrar por las puertas del sheol es ‘no ver más a ningún hombre con

los habitantes del mundo’. Pero, el más amargo de todos los pensamientos es no ver a YHWH”4.

[3] Es más un estado, o una condición, que un lugar. Aquí es importante notar la distinción entre ‘qeber’ (= ‘tumba’ o ‘sepulcro’) y ‘sheol’. Según José Grau, la palabra qeber aparece 66 veces en el A.T., y denota un lugar físico; 51 veces es traducida, ‘sepulcro’, y 15 veces, ‘sepultura’5.
La palabra sheol significa, más que un lugar, un reino o estado; es decir, el reino de la muerte (Sal 18:5; 2 Sam 22:5,6). La RV halla dificultades en traducir esta palabra; según Grau, por “la dificultad de los occidentales en captar la mentalidad hebrea y su dinamismo idiomático”6. Su análisis de la manera en que la RV traduce esta palabra arroja los siguientes resultados7:
31 veces ‘sepulcro’

12 veces ‘sepultura’

11 veces ‘Infierno’

4 veces ‘profundo’

3 veces ‘abismo’

2 veces ‘fosa’

2 veces ‘osario’
Grau observa que mientras la palabra qeber frecuentemente (27 veces) se usa en forma plural, esto no es cierto del sheol; siempre se usa en forma singular8. Además, aunque a veces qeber lleva un pronombre personal (por ejemplo, ‘mi sepulcro’); esto no es cierto de sheol. Aunque 43 veces en la RV, los traductores han traducido, erróneamente, sheol por ‘sepulcro’, en estos casos el término nunca lleva un pronombre personal9.

1.3 ¿Qué Distinción Hay Entre los Justos y los Injustos?


A primera vista, el Antiguo Testamento no distingue entre la muerte del justo y del injusto – todos van a parar en el sheol. Sin embargo, algunos versos del Antiguo Testamento hablan de un fin positivo luego de la muerte (Sal 16:10; 17:15; 49:15; etc).
Según la Iglesia Católica, el sheol se dividía en dos compartimientos, uno para los justos y el otro para los injustos. La Iglesia Católica denomina el lugar de los justos, ‘limbus patrum10. “El limbo de los padres, limbus patrum...sirvió como la habitación temporal de los santos del AT hasta que ‘Cristo descendió al hades’, en cuya oportunidad fueron trasladados al cielo”11.
Algunos comentaristas evangélicos toman esta idea, pero denominan el limbus patrum como ‘paraíso’. Harold Willmington observa, “La Biblia de Scofield sugiere que durante el período de su muerte y resurrección, nuestro Señor descendió al Hades, despobló al paraíso, y encabezó una entrada triunfal espiritual en los cielos con todos los que habían sido salvos hasta ese momento”12. Esta idea se basa en Efe 4:8-9. Comentando sobre este pasaje, Donald Barnhouse afirma, “Cuanmdo ascendió a lo alto vació el Hades del paraíso y lo llevó directamente a la presencia de Dios. La cautividad fue llevada cautiva...De ahí en adelante no habría ninguna separación para los que creen en Cristo. Las puertas del Hades nunca más prevalecerían en contra de ningún creyente”13.
Esta idea de una división bipartita en el sheol proviene de la literatura judía tardía (es decir, entre los dos testamentos); por ejemplo, en Enoc 22:1-14. Algunos Padres de la Iglesia adoptaron esta creencia, aunque no fue hasta el siglo V que la frase, “descendió al infierno” fue introducida al credo cristiano. Tomás Aquino, en el siglo XIII, estableció lo que posteriormente iba a ser la doctrina Católica14.

Tanto la Iglesia Católica como algunos evangélicos, procuran establecer esta doctrina sobre la base de Efe 4:8-915. Sin embargo, la mayoría de comentaristas evangélicos afirman que Efe 4:8-9 no describe el descenso de Cristo al hades para liberar las almas de los justos del limbus patrum, sino que describe simplemente el descenso de Cristo a la tierra (ver Fil 2:6-8), con miras a liberar a los pecadores del cautiverio a Satanás16. La victoria de Cristo sobre Satanás se dio en la cruz (Col 2:14-15); por ende, no era necesario que Él descendiera al hades para liberar a las almas de los justos.

¿Cómo explicamos, entonces, el hecho que el Antiguo Testamento hable de los justos en el sheol? La explicación es que el énfasis, en el Antiguo Testamento, está puesto sobre la muerte como algo que afectaba a todos por igual, sean justos o injustos. En la cosmovisión hebrea, vivir como espíritu separado del cuerpo, no era equivalente a vivir. Por ende, para los santos del Antiguo Testamento, su esperanza estaba puesta en lo que pasaría luego del juicio de Dios, cuando el cuerpo sería resucitado (aunque para la gran mayoría de judíos el concepto de la resurrección del cuerpo era algo poco pensado y analizado).
Durante la época intertestamentaria, los judíos dedicaron mucho tiempo a meditar sobre estos temas. Por ende, para el tiempo de Cristo la perspectiva de los judíos ya había cambiado. Sin embargo, hay que recalcar que aunque estas enseñanzas se hallan en el Nuevo Testamento, su base se remonta a la época del Antiguo Testamento. En otras palabras, esta enseñanza no es tanto la del Nuevo Testamento, sino es el resultado de una honda reflexión sobre los datos del Antiguo Testamento.
Cristo habló, por ejemplo, del ‘seno de Abraham’, como el lugar donde iban las almas de los justos (Lucas 16:22). Acerca del origen de esta expresión Lacueva comenta lo siguiente:
“De acuerdo con la interpretación rabínica, la frase admitía dos sentidos; quizá ambos están

implicados en la parábola de Lc 16:19 ss.: A) Yacer (o estar sentado) en el seno de Abraham

puede ser una figura para expresar la amorosa comunión que existe entre Abraham y sus

descendientes creyentes, por analogía con la ternura paternal de un padre hacia su hijo (comp. Jn

1:18); B) también puede expresar la idea del banquete celestial, teniendo en cuenta que, en aquella

época, se comía reclinándose en divanes, con lo que la cabeza de un comensal quedaba recostada

sobre el pecho del comensal que estaba a su izquierda17.
Cristo también habló de estar ‘en el paraíso’ (Lucas 23:43). Estas palabras no han de ser entendidas como una nueva revelación acerca del destino de las almas de los justos, sino que expresan la fe de los judíos en el tiempo de Cristo, que se basaba en la revelación del Antiguo Testamento. El paraíso es equivalente al cielo, por lo que leemos en 2 Cor 12:2,4.

2. LA ENSEÑANZA DEL NUEVO TESTAMENTO

2.1 El Hades
En la LXX, ‘sheol’ es traducido ‘hades’. Hablando acerca del origen de este término, Lacueva comenta: “Para los griegos, hades era uno de los nombres que se le daban a Plutón, el dios de las regiones subterráneas, pero fue transferido también para designar la región de los muertos...”18. El hades es el lugar donde van las almas de los injustos, cuando su cuerpo muere (Lucas 16:23). Es un lugar de tormento, aunque no es todavía el infierno.
Antes del Juicio Final, el hades entregará todos los muertos (Apo 20;13), y luego del Juicio Final no habrá más necesidad de él, sino que será echado al lago de fuego (Apo 20:14).

2.2 El Estado de los Justos


La enseñanza del Nuevo Testamento es que al momento de morir, el alma del creyente pasa a la presencia del Señor (2 Cor 5:8; Fil 1:23). El lugar donde se encuentra es llamado ‘Paraíso’ (Lucas 23:43), que es nada menos que sinónimo del cielo (2 Cor 12:2,4). Otro término neotestamentario es ‘la diestra de la Majestad’ (Heb 1:3) o ‘la diestra de Dios’ (Heb 10:12).
Algunos evangélicos afirman que cuando el creyente muere, entra a un estado de sueño, en el cual el alma duerme hasta el Día Final. Es cierto que los autores del Nuevo Testamento hablan de la muerte como un ‘dormir’; sin embargo, como comenta Lacueva, “esa dormición no se refiere al alma, sino al cuerpo”19. Luego añade,
“Los pasajes del Antiguo Testamento que podrían dar a entender un estado inconsciente de las

almas de los difuntos (por ej., Sal 6:5; 30:9; 115:17; 146:4; Ecl 9:10; Is 38:18,19), sólo expresan

el desconocimiento, por parte de los difuntos, de lo que sucede en este mundo. De esto sí que

podemos deducir que los difuntos – aun nuestros familiares más próximos – no saben lo que

hacemos, a menos que Dios tenga a bien revelarles algo...”20.

2.3 La Resurrección del Cuerpo


A la luz de la revelación del Antiguo Testamento, los Fariseos y Saduceos discrepaban acerca de si habría o no habría la resurrección del cuerpo. Cristo se pronunció a favor de la postura de los Fariseos, usando Ex 3:6 (ver también Lucas 14:14). Evidentemente, muchos judíos creían que la resurrección ocurriría en el Día del Juicio (Juan 11:23s). La resurrección de Cristo es la base para la confianza acerca de la resurrección de los justos (ver 1 Cor 15:20ss; Fil 3:20s).

2.4 ¿Habrá una Segunda Oportunidad de Salvación?


A lo largo de los siglos, ciertos cristianos han sostenido que después de la muerte, algunas personas tendrán una [¿segunda?] oportunidad de escuchar el mensaje de salvación, y ser salvas. El argumento de dichos cristianos es que Dios no será tan injusto como para condenar a aquellas personas que nunca han tenido la oportunidad de escuchar (o escuchar bien) el mensaje de salvación durante su vida terrenal.
Entre los textos que se usan en el intento de ofrecer una base bíblica para esta enseñanza, podríamos mencionar Mat 12:31-32; Col 1:19-20; 1 Pedro 3:19; 4:6. En contra de estos textos, podemos citar varios pasajes que excluyen la idea de una segunda oportunidad de salvarse, luego de la muerte (Lucas 16:19-31; Mat 25:35-46; Heb 9:27). Lacueva parece afirmar, erróneamente, que Dios se encarga de dar a todos, en esta vida, a lo menos una oportunidad de aceptar la salvación que Dios nos ofrece en Cristo.
Dios es soberano en su iniciativa salvífica, es cierto, y el hombre caído en pecado no puede

hacer nada para cambiar su miserable situación, pero el santo amor de Dios a la humanidad

perdida le ha hecho comprometer Su palabra (que no puede volverse atrás) de proveer para esa

misma humanidad los medios necesarios y suficientes para que todos tengan acceso a la salvación provista en el calvario”21.


La experiencia de la vida no parece corroborar esta idea. Más acertada es la postura de Luis Berkhof, quien observa que el hombre es condenado no porque rehúsa aceptar la salvación ofrecida por Dios en Cristo, sino porque ya es pecador.
“El principio fundamental de esta teoría, de que sólo un rechazamiento consciente de Cristo y de

su Evangelio, hace que los hombres perezcan, no es bíblico. El hombre está perdido por

naturaleza, y hasta el pecado original tanto como los pecados actuales lo convierten en sujeto

digno de condenación. El rechazamiento de Cristo, indudablemente, es un gran pecado, pero

nunca se explica como el único que conduce a la destrucción”22.

Pero, ¿qué de los niños? Por lo general, los evangélicos afirman que los niños serán salvos por la gracia de Dios, sobre la base de la muerte de Cristo. Pero, ¿cómo se aplica la muerte de Cristo a su favor? Lacueva primera afirma: “...los niños, que sin culpa personal quedaron perdidos en el Primer Adán, han de salvarse también, sin conversión personal, en el Postrer Adán (1 Cor 15:22,49), mediante la aplicación automática de la redención obtenida en el Calvario ( 2 Cor 5:14, 19)”23. Debemos observar, sin embargo, que la frase, “sin conversión personal” refiere a la experiencia de los niños en esta vida. La salvación requiere haber recibido una nueva naturaleza; por lo tanto, Lacueva luego añade: “Sólo resta, pues, que el Espíritu Santo les aplique la obra de Redención y realice en ellos la obra de la regeneración espiritual en el mismo momento de su muerte”24.


Quizá ante todo esto, la mejor postura es la de afirmar que Dios es justo, y tratará a los niños justamente. Ir más allá, y tratar de especular acerca de lo que cosas que Dios no ha visto a bien revelarnos, es imprudente y peligroso.


1 Solo dos personas han escapado la muerte física: Enoc y Elías. Sobre ellos, Lacueva hace el siguiente comentario: “Es cierto, como ya dijimos, que Enoc y Elías parecen haber sido sustraídos a esta ley universal, pero es probable l opinión de que, en los últimos días, hayan de morir bajo el poder del Anticristo, como testigos de la verdad que predicaron ya con su conducta de comunión íntima con Dios, sea cual sea la interpretación de Ap 11:3ss”. Lacueva añade, en un pié de página la siguiente aclaración: “El contexto apunta a Moisés y Elías (v.6), pero bien podrían ser dos israelitas con el espíritu de Moisés y de Elías, en representación de la Ley y de los Profetas. ¿Volverá también Enoc, para ser testigo a los gentiles de la Gran Tribulación, y morir en aras de su testimonio?” (Lacueva, op. cit., p. 46; énfasis mío).

2 Debemos notar que muchos comentaristas niegan que este verso enseñe la supervivencia del alma luego de la muerte humana. Lacueva, por ejemplo, comenta: “En realidad, Ecl 12:7 nos refiere a Gn 2:7, más aún que a 3:19. Lo que nos hace pensar que, ver en estas palabras la inmortalidad del alma es un poco arriesgado, cuando el sentido obvio parece ser que el principio vital del ser humano vuelve al pecho de Dios de donde salió. Robert Laurin lo expresa concisamente, diciendo: ‘...y el espíritu, esto es, el aliento e vida, vuelve a su fuente (cf. Gn 2:7; Job 34:14,15; Sal 104:29). El hombre cesa de existir como tal’. No podemos poner en el texto sagrado más de lo que dice. Es cierto que el Señor apeló a las escrituras para convencer a los saduceos de la realidad de la resurrección (v. Mt 22:29; Mr 12:24), pero es preciso tener en cuenta que, para entonces, el progreso de la revelación era ya lo suficientemente claro (v.Dan 12:2,13) como para ignorarlo” (Lacueva, op. cit., p. 56).

3 Lacueva, op. cit., 74-75.

4 Salmond, Christian Doctrina of Inmortality; citado en Lacueva, op. cit., p. 75.

5 José Grau, Escatología: Final de los Tiempos (Terrassa: CLIE, 1987), p. 408.

6 Grau, op. cit., p. 408.

7 Grau, op. cit., p. 408.

8 Grau, op. cit., p. 409.

9 Grau, op. cit., p. 410.

10 Lacueva lo llama, ‘Limbo de los Justos’ (Lacueva, op. cit., p. 99).

11 Donald G. Davis, ‘Limbo’, en Diccionario de Teología, E. F. Harrison, G. W. Bromiley and C. F. H. Henry (eds), Grand Rapids: T.E.L.L., 1985, p. 318.

12 Harold Willmington, Auxiliar Bíblico Portavoz (Grand Rapids: Portavoz, 1995), p. 686.

13 Donald Barnhouse, Revelation (citado por H. Willmington, op. cit., p. 686).

14 Lacueva, op. cit., p. 101.

15 Calvino también comenta que algunos católicos usan pasajes tales como Sal 107:16 y Zac 9:11 para confirmar lo que él llama, “esta fantasía”; pero, como Calvino observa, “...el salmo relata el modo cómo fueron libertados los que estaban aherrojados en tierras extrañas y lejanas; y Zacarías compara el destierro que el pueblo de Israel padecía en Babilonia a un pozo profundo y seco...” Concluye, “No comprendo, pues, cómo posteriormente se llegó a pensar en la existencia de un cierto lugar subterráneo, al cual llamaron Limbo” (Institución de la Religión Cristiana, II, XVI, 9).

16 Ver J. Stott, W. Hendriksen, Eadie, etc.

17 Lacueva, op. cit., p. 102.

18 Lacueva, op. cit., p. 76.

19 Lacueva, op. cit., p. 81-82.

20 Lacueva, op. cit., p. 82.

21 F. Lacueva, La Persona y Obra de Jesucristo (Terrassa: CLIE), p.343-344.

22 Luis Berkhof, Teología Sistemática, p. 830.

23 Francisco Lacueva, El Hombre: Su Grandeza y Su Miseria (Terrassa: CLIE), p. 219.

24 Lacueva, op. cit., p. 220.





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