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Es necesario que cada uno recupere cada vez más la propia identidad personal como ciudadano, pero orientado hacia el bien común


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Marco Gallo* - El ser ciudadano en el pensamiento de Bergoglio – Papa Francisco.

“Es necesario que cada uno recupere cada vez más la propia identidad personal como ciudadano, pero orientado hacia el bien común.”1 Ya en estas palabras pronunciadas por el cardenal Bergoglio en la XIII Jornada de Pastoral Social, organizada por la Comisión de Pastoral Social de la Arquidiócesis de Buenos Aires, que se realizó en el octubre de 2010, se puede notar de qué modo la construcción de ciudadanía, es para el futuro Papa Francisco un desafío por un lado y por el otro un objetivo fundamental a fin de transformar una masa acrítica de individuos en protagonistas de la acción tanto pública, como social, económica o política. Bergoglio, recordando la etimología de la palabra ciudadano que proviene del latino citatoriun, es decir citados, quiere dar fuerza y dignidad a lo que podríamos decir es una verdadera responsabilidad social de cada uno. “El ciudadano es el citado, citado al bien común, citado para asociarse hacia el bien común.” Se trata de construir de alguna manera un orden social. Anota Bergoglio: “el ciudadano entra en un ordenamiento armónico, a veces desarmónico por las crisis y los conflictos, pero ordenamiento al fin, que tiende hacia el bien común.”2 El bien común es el objetivo final – según Bergoglio - de la construcción de ciudadanía. Esta conciencia ciudadana se afirma cuando se tiene presente la propia inserción en la sociedad y de allí en un pueblo. Sin pertenencia a un pueblo no se puede ser ciudadano. De esta manera explica el cardenal porteño: “Para ser ciudadano pleno no basta la pertenencia a la sociedad, para tener la total identidad de ciudadano no basta... pero la persona social adquiere su más cabal identidad como ciudadano en la pertenencia a un pueblo... no hay identidad sin pertenencia.”3 Así clarifica el cardenal entre masa y ciudadano: “el ciudadano no es el montón, no es el rejunte. Existe una diferencia sustancial y cualitativa entre masa y pueblo. Pueblo es la ciudadanía comprometida, reflexiva, consciente y unida tras un objetivo o proyecto común”.

La pertenencia a un pueblo es una constante en el pensamiento de Jorge Mario Bergoglio; habla del alma de nuestro pueblo en el Te Deum del 2004: “Para su conciencia colectiva – ésa que brota del alma profunda de nuestro pueblo – estas cosas son solo “piedrazos”. Nuestro pueblo sabe, tiene alma, y porque podemos hablar del alma de un pueblo, podemos hablar de una hermenéutica, de una manera de ver la realidad, de una conciencia. Advierto en nuestro pueblo argentino una fuerte conciencia de su dignidad. Es una conciencia histórica que se ha ido moldeando en hitos significativos. Nuestro pueblo sabe que la única salida es el camino silencioso, pero constante y firme de proyectos claros, previsibles, que exijan continuidad y compromiso de todos los actores de la sociedad y con todos los argentinos.”4 La pertenencia a un pueblo crece en la memoria histórica y en la conciencia que los mismos eventos históricos moldean la identidad plural de un pueblo: “Nuestro pueblo – anota Bergoglio – sabe y quiere porque ama la creación del Padre y lo comunitario, como lo hicieron y lo hacen nuestros aborígenes; porque se arroja y compromete con sus ideales, como nos lo legaron los españoles que poblaron nuestro suelo; porque es humilde, piadoso y festivo como nuestros criollos; porque es laborioso e incansable como nuestros mayores inmigrantes”.

En su intervención durante el Congreso de pastoral urbana en 2011, Bergoglio pone en relación el ser ciudadano con los derechos sociales que cada uno debe poseer para poder integrar esta denominación: “Ser ciudadano de una gran ciudad es algo muy complejo hoy en día, ya que los vínculos de raza, historia y cultura no son homogéneos y los derechos civiles tampoco son plenamente compartidos por todos los habitantes. En la ciudad hay muchísimos “no-ciudadanos”, “ciudadanos a medias” y “sobrantes”: o porque no tienen plenos derechos –los excluidos, los extranjeros, las personas indocumentadas, los chicos no escolarizados, los ancianos y enfermos sin cobertura social-; o porque no cumplen con sus deberes. En este sentido la mirada trascendente de la fe que lleva al respeto y al amor al prójimo ayuda a “elegir” ser ciudadano de una ciudad concreta y a poner en práctica actitudes y comportamientos que crean ciudadanía.” 5

¿Cuáles son, según el futuro pontífice argentino las actitudes y los comportamientos que ayudan a construir ciudadanía? Ser ciudadano para Bergoglio es vivir en la ciudad desde la perspectiva de la fe. No se trata simplemente de habitar en la ciudad, sino ejercer actitudes y gestos concretos de proximidad, donde existe una participación realmente activa en los eventos de la vida de la ciudad. De esta manera sintetiza el cardenal: “Teniendo en cuenta estas reflexiones, y para concluir, podemos decir que la mirada del creyente sobre la ciudad, se resuelve en tres actitudes concretas: “El salir de sí al encuentro del otro se resuelve en cercanía, en actitudes de projimidad. Nuestra mirada siempre tiene que ser salidora y cercana. No autorreferencial sino trascendente. El fermento y la semilla de la fe se resuelve en el testimonio (si sabiendo estas cosas las ponen en práctica, serán felices). Dimensión martirial de la fe. Y el acompañamiento se resuelve en la paciencia, en la hypomoné, que acompaña procesos sin maltratar los límites. Por este lado me parece va el servicio que, como hombres y mujeres creyentes, podemos brindar a nuestra ciudad”. 6

En septiembre 2011 Bergoglio participó en el Foro Nacional “De habitantes a ciudadanos” realizado por la Comisión Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Argentina. En este contexto Bergoglio vuelve a priorizar el tema de la memoria histórica y de la pertenencia a un pueblo: “Estamos asistiendo a un desandamiaje cultural, se está desmontando una cultura y se está montando otra. Esto me preocupa, qué cultura estamos fabricando. Nos estamos haciendo constructivistas de esta nueva cultura olvidando nuestras raíces. El Foro no tiene que perder de vista tres pilares que hacen a la patria: las raíces recibidas (cualquier propuesta tiene que tener una conexión con ellas, no para conservarlas intactas pero sí recibirlas) adaptarnos al desafío del presente (en diálogo con la cultura actual) y proyectarlas en una visión programática hacia el futuro, una visión utópica en el buen sentido.”7 No se puede ser ciudadano desarraigado de la historia, sin dialogar con la cultura presente y fijando un proyecto futuro (la visión utópica). Bergoglio en reiteradas oportunidades ha hablado de una cultura “cortoplacista”, que no sabe medir los tiempos y estudiar las oportunidades que se presentan; ser ciudadano en la concepción bergogliana significa también tener una visión que sepa planificar a largo plazo; en esta perspectiva Bergoglio alienta todas aquellas iniciativas que promuevan “políticas de Estado” que no sean contingentes o con la mirada puesta en éxitos contingentes. Ser ciudadano a título pleno significa para el prelado argentino desembocar en la acción política. La vocación política forma parte de la construcción ciudadana. Reflexiona Bergoglio en esta perspectiva :8 “la reflexión sobre el ciudadano, la reflexión existencial y ética, culmina siempre en vocación política, en la vocación de construir con otros un pueblo – nación, una experiencia de vida en común en torno a valores y principios, historia, costumbres, idioma, fe, causas, sueños compartidos... Entonces, si el ciudadano es alguien que está citado y obligado a dar para el bien común, ya está haciendo política, que es una forma alta de caridad, según los documentos pontificios”.

El ciudadano se inserta en el entramado social y se dedica en la acción de realizar vínculos sociales; fundar “la amistad social”, según la definición bergogliana: “el desafío de ser ciudadano. Además de ser un hecho antropológico, se encuadra en el marco de lo político. Porque se trata del llamado y del dinamismo de la bondad, que se despliega hacia la amistad social”. Siempre en la misma reflexión Bergoglio desarrolla las que considera tres pautas fundamentales en la construcción del ser ciudadano: la verdad, la bondad y la belleza. En esta unión armoniosa se puede construir un verdadero perfil ciudadano que se encaja en la pertenencia a un pueblo. Continua Bergoglio: “lo que tiene que desarrollarse en el ciudadano es esa dinámica de la verdad, con la bondad y la belleza. Si falta alguno, el ser se fractura, se idealiza, pasa a la idea, no es real. Tienen que ir juntos, no desgajarse.”9 La fractura, la división de perspectivas trae efectos nefastos que ponen obstáculos para la construcción de metas y de objetivos comunes: “En este desgajamiento metafísico – sigue observando Bergoglio - se enraíza toda deformación en la concepción del ser ciudadano; se da el reduccionismo del bien común al bien particular, se busca una bondad que, al no tener al lado la verdad y la belleza, va a terminar por convertirse en un bien propio, para mí en particular, o para mi sector. Pero no el bien universal, el bien común, el bien como ciudadano debo buscar.” La búsqueda de unidad es la clave para descubrirse ciudadano y en cuanto ciudadano pertenecer a un pueblo: “Entonces - finaliza el futuro pontífice argentino - un desafío de ciudadano es juntar esta bondad, esta verdad, esta belleza, que da unidad, sin desgajarse, en pos de una experiencia de pueblo, de un nosotros como pueblo”. Y agrega: “Recuperar la vigencia de la actitud ciudadana, del ciudadano como persona con identidad y pertenencia, entraña recuperar el horizonte de síntesis y de unidad de una comunidad”10.

La construcción de ciudadana se une en el pensamiento de Bergoglio a la necesidad de profundizar los vínculos de amistad social. En su reciente visita a la provincia italiana de Molise en el mes de julio pasado, hablando a la población, Papa Francisco ha afirmado en qué modo la fraternidad cristiana fortalece la identidad del ciudadano; asimismo quiso refrescar y valorizar aquellos lugares de la ciudad, como por ejemplo las plazas, que constituyen puntos concretos de memoria histórica, donde se han vivido etapas significativas para la construcción de un pueblo de ciudadanos: “la plaza es el sitio donde nos encontramos como ciudadanos, y la catedral es el lugar donde nos encontramos con Dios, escuchamos su Palabra, para vivir como hermanos, ciudadanos y hermanos. En el cristianismo no existe contraposición entre sacro y profano, en este sentido: ciudadanos y hermanos.” 11



En sus escritos que están resumidos en “la Nación por construir. Utopía, pensamiento y compromiso” en ocasión de la VIII jornada de Pastoral Social de la Arquidiócesis de Buenos Aires, vuelve a insistir que es prioritario reconstruir el vinculo social; hay necesidad de salir de la anomia y de intereses particulares o corporativos. La vocación ciudadana podríamos decir es una vocación hacia la recomposición social y política y sobre todo es una vocación común a todos. Bergoglio comenta: “la sociedad política solamente perdura si se plantea como una vocación a satisfacer las necesidades humanas en común. Es el lugar del ciudadano. Ser ciudadano es sentirse citado, convocado a un bien, a una finalidad con sentido…y acudir a la cita. Si apostamos a una Argentina donde no estén todos sentados a la mesa, donde solamente unos pocos se benefician y el tejido social se destruye, donde las brechas se agrandan siendo que el sacrificio es de todos, entonces terminaremos siendo una sociedad camino al enfrentamiento”.12

El esfuerzo del prelado porteño es el de cambiar una cultura ciudadana fuertemente competitiva e individualista en una cultura de la participación y de la fraternidad. Ha sido una tarea que puntualmente quiso llevar adelante en sus encuentros anuales con las comunidades educativas de la ciudad de Buenos Aires. Justamente hablando a los educadores el arzobispo porteño en el 2004 recuerda la antigua enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia acerca de la función social de la propiedad o del destino universal de los bienes y hace hincapié sobre la urgencia que las instituciones educativas transmitan a las nuevas generaciones una educación a la solidaridad. Aquí especifica que quiere decir solidaridad: “Educar para la solidaridad supone no solo enseñar a ser buenos y generosos, hacer colectas, participar en obras de bien público, apoyar fundaciones y ong’s. Es preciso crear una nueva mentalidad, que piense en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos y cada uno por sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos”. 13

La que quiere promover es una mentalidad comunitaria, anclada en el bien común, preocupada por la desintegración del tejido social: “Esta mentalidad debe hacerse carne y pensamiento en nuestras instituciones, debe dejar de ser letra muerta para plasmarse en realidades que vayan configurando otra cultura y otra sociedad”. Bergoglio habla de una excelencia de la solidaridad; una solidaridad entendida como instrumento para un cambio efectivo de la mentalidad competitiva y utilitarista. “Nuestro objetivo – afirma Bergoglio – no es formar islas de paz en medio de una sociedad desintegrada sino educar personas con capacidad de transformar esa sociedad”.

En el Mensaje a las comunidades educativas en el 2006 Bergoglio delinea el sentido y el significado de pueblo, más allá de las idealizaciones políticas de las que ha sido rehén durante muchas estaciones históricas: “Si pudiéramos – afirma – abstraer la apelación de “pueblo” de los diversos y muchas veces antagónicos, contextos en que fue esgrimida y logró movilizar voluntades en nuestra historia nacional, creo que lograríamos recoger un sentido fundamental: solo se puede nombrar al “pueblo” desde el compromiso, desde la participación… Más que una palabra es una llamada, una con-vocación a salir del encierro individualista, del interés propio y acotado, de la lagunita personal, para volcarse en el ancho cauce de un río que avanza y avanza reuniendo en sí la vida y la historia del amplio territorio que atraviesa y vivifica”.14 Esta visión casi poética de pueblo es una nueva confirmación que, para formar parte del mismo y también, como hemos visto, para ser ciudadano, hay una vocación, un llamado que se debe escuchar y hacer propio. De alguna manera Bergoglio quiere, en reiteradas oportunidades, lanzar un llamado a la responsabilidad personal y comunitaria, una responsabilidad ciudadana de quien se hace cargo, siguiendo el modelo “del buen samaritano”. En todo esto debe estar presente la conciencia de un destino común. Construir proximidad para salir del “rejunte” y de la masificación anónima; por esto es necesario explicitar las virtudes cristianas: “implica una apertura humilde y contemplativa al misterio del otro, que se torna respeto, aceptación plena a partir no de una mera “indiferencia tolerante” sino de la práctica comprometida del amor que afirma y promueve la libertad de cada ser humano y posibilita construir juntos un vinculo perdurable y vivo.”

Prologando el libro del rabino Sergio Bergman “Argentina ciudadana”, Bergoglio alaba el intento del rabino de permear de una sensibilidad bíblica al proprio accionar cívico. Esta invitación según el arzobispo puede ser movilizadora de reflexiones “con miras al cotidiano trabajo para transformarnos de habitantes en ciudadanos”. En la práctica Bergoglio quiere afirmar en que modo una espiritualidad puede forjar un espíritu cívico: “El espíritu cívico no configura una teoría, un sentimiento o simplemente un plan de acción. Posee todas las dimensiones y las trasciende en una tensión mutua que las determina y armoniza, pues el espíritu cívico termina expresándose en el triple lenguaje mancomunado de la mente, del corazón y de las manos. “Se trata – concluye Bergoglio – de pensar lo que se siente y se hace, de sentir lo que se piensa y se hace, de hacer lo que se piensa y se siente. La palabra, el sentimiento y la acción resultan una misma cosa, real e indivisa y, a la vez, una actitud que no abandona ni el ejercicio de la libertad ni la responsabilidad del orden social”.15 De alguna manera el arzobispo quiere alentar todas aquellas iniciativas culturales y políticas, entendidas en el sentido más amplio, que se orientan a formar una conciencia ciudadana de participación y que puedan quebrar la mentalidad individualista imperante. La idea que nace de la predicación evangélica es que no existen ciudadanos de primer nivel y ciudadanos de segundo nivel; construir una sociedad inclusiva donde no existen “descartes”; la alusión se refiere a los niños y los ancianos. En la construcción de un pueblo, en la construcción de una ciudadanía armoniosa los ancianos representan la memoria de un pueblo y los niños el futuro. El 19 de Abril de 2010 Bergoglio, en las vísperas del Bicentenario afirmaba: “hoy, al recordar el don recibido, que hemos de hacer crecer en el presente y proyectarlo al futuro, vemos con dolor que niños y ancianos no son suficientemente cuidados, respetados; son dejados de lado… porque nos tienta el funcionalismo y la eficacia de un presente sin pasado ni futuro. Hoy, al rezar por la Patria, pedimos la gracia de saber cuidar a nuestros ancianos y a nuestros niños para que el eficientismo, el consumismo, el hedonismo no los trasforme en material de experimento y de descarte de un presente egoísta. Que la Patria se sienta más Patria reconociéndoles dignidad y fomentando sus derechos.” 16

Ser ciudadano significa poder gozar de iguales derechos y Bergoglio lucha incansablemente por una sociedad de iguales, donde los derechos humanos por una vida digna, por un trabajo digno no sean aplastados o sean declarados solo en altisonantes enunciados. En una sociedad donde crecen las divisiones y la fracturas sociales; donde los egoísmos corporativos profundizan las brechas entre pobres y ricos, el cardenal con espíritu profético pronuncia en el Te Deum del 2000 estas palabras que son como un llamado urgente para la construcción de vínculos sociales, premisa de una ciudadanía responsable y solidaria: “…un vínculo que acerque la dolorosa brecha entre los que tienen más y los que tienen menos. Que acerque a los jóvenes que no encuentran su propio proyecto social. Un vínculo que nos reavive el amor a una niñez con frecuencia despreciada y empobrecida. Que nos alarme frente a cada persona que pierde su trabajo. Que nos haga solidarios e integradores para con los inmigrantes desposeídos y de buena voluntad. Que llegan y deben seguir llegando. Un vinculo que nos haga especialmente cuidadosos de los ancianos que han desgastado su vida por nosotros y hoy merecen celebrar y recuperar sus puestos de sabios y maestros transmitiéndonos esperanza”.17

Es esta una visión inclusiva donde todos están llamados a poner los propios talentos en la construcción común. Palabras semejantes serán pronunciadas por Papa Francisco en Río de Janeiro en julio de 2013 frente a la clase dirigente brasileña: “la hermandad entre los hombres y la colaboración para construir una sociedad más justa no son un sueño fantasioso sino el resultado de un esfuerzo concertado de todos hacia el bien común. Los aliento en este su compromiso por el bien común, que requiere por parte de todos sabiduría, prudencia y generosidad”.18

El ser ciudadano para Papa Francisco es una construcción paciente donde la vocación de servicio, permeada de espíritu cristiano, es fuertemente inspirada por una ética de la proximidad que involucra en estos procesos unitivos creyentes y también a no creyentes; es una perspectiva donde el humanismo cristiano pueda aportar aquellos valores de servicio y de gratuidad que fortalecen la construcción de ciudadanía comprometida y con proyección a futuro.



  • Director de la Cátedra Pontificia (Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco), Pontificia Universidad Católica Argentina – Buenos Aires



1 Bergoglio J.M.,Nosotros como ciudadanos,nosotros como pueblo.Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad 2010 –2016, Claretiana Ed.Buenos Aires,p. 37

2 Ibidem., op.cit. p.37

3 Ibidem.,op.cit.p.38

4 Ibidem, op.cit. p.85

5 Bergoglio J.M., Dios vive en la ciudad, Palabras iniciales pronunciadas en el Primer congreso Regional de pastoral urbana, Buenos Aires 25 de agosto de 2011 www.arzbuenosaires.org.ar

6 cfr, Bergoglio, Dios vive en la ciudad, op.cit.

7 crf.Bergoglio J.M.La Nación por construir. Utopia, pensamiento y compromiso, Editorial Claretiana Buenos Aires 2013,p.30

8 cfr.Bergoglio,Nosotros como ciudadanos, op.cit,p.40

9 cfr. Bergoglio, Nosotros como ciudadanos...op.cit.p. 42

10 Ibidem,p. 42

11 Papa Francisco, Encuentro con la población y convocación del año jubilar celestiniano, Isernia 5 de Julio de 2014 en www.vatican.va

12 Bergoglio J.M., La Nación por construir..op.cit.p.41

13 Bergoglio J.M., Mensaje a las comunidades educativas.Con audacia, entre todos, un pais educativo, 21 de Abril de 2004, en www,arzbuenosaires.org.ar

14 Begoglio J.M., Mensaje a las comunidades educativas, Marzo de 2006 en www.arzbuenosaires.org.ar

15 Cfr. Prologo de J.M. Bergoglio en Bergman S. Argentina ciudadana con textos bíblicos, Ediciones B Buenos Aires 2007, pp.5 -7

16 Bergoglio J.M., Palabras pronunciadas en la Misa de inicio del Asamblea Plenaria del Episcopado, 19 de Abril de 2010, en www.arzbuenosaires.org.ar


17 Bergoglio J.M, La patria es un don, la Nación una tarea. Refundar con esperanza nuestros vinculos sociales, Edición Claretiana, Buenos Aires 2013, p 39

18 Papa Francisco, Discurso en el encuentro con la clase dirigente de Brasil, Rio de Janeiro, 27 de Julio de 2013 en www.vatican.va



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