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Equipo de Investigación Fernández, José Luis (Coordinador)


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Horario de Protección al Menor:

la institución televisiva y la ley

Equipo de Investigación

Fernández, José Luis (Coordinador)

Cereseto, Natalia

García Posse, Sebastián

Gutiérrez, Graciela

Páez, Gustavo

Ramos, Sergio




Noviembre de 1998

1. Introducción

1.1. Legislación vigente

Ley de Radiodifusión 22.285

Protección al menor

Art.17. -En ningún caso podrán emitirse programas calificados por autoridad competente como prohibidos para menores de dieciocho años. En el horario de protección al menor que fije la reglamentación de esta Ley, las emisiones deberán ser aptas para todo público. Fuera de ese horario los contenidos mantendrán a salvo los principios básicos de esta Ley. Los programas destinados especialmente a niños y jóvenes deberán adecuarse a los requerimientos de su formación.
Decreto 286/81 reglamentario de la Ley de Radiodifusión

Art. 7 -Establécese que el horario de protección al menor será el comprendido entre las 08:00 y las 22.00 hs. Sin perjuicio de ello, el Comité Federal de Radiodifusión podrá ampliar o reducir en una hora el límite nocturno preestablecido, según las diferentes épocas del año y en atención a la ubicación geográfica de las estaciones de radiodifusión.
1.2. Interés del objeto

Los separadores del Horario de Protección al Menor (HPM) son textos “raros”: a pesar de su presencia cotidiana en la pantalla, no generan, en apariencia, interés. Por el contrario, pasan relativamente inadvertidos en el conjunto de la programación de un canal, aun cuando sea verosímil que en muchos hogares actúen como hito ordenador de la conflictiva escena de recepción familiar.

Sea como fuere, sería ingenuo darle a estos textos un exclusivo carácter de "soporte de norma". Como ocurre con otros textos breves y relativamente sencillos de los medios, al ser focalizados por el análisis, cobran una riqueza impensable previamente.

Es decir: los separadores son textos en los que se manifiesta, en apariencia, un "exceso de discursividad". Si indagáramos en las razones de ese esfuerzo textual, aparecería, por parte de las instituciones emisoras, en primer lugar, el aprovechamiento de un tiempo de contacto con el espectador para el desarrollo de la "imagen" de cada canal.

No hay dudas de que esto es así, pero creemos que en ese espacio de contacto se juegan otros conflictos que pueden no ocupar el centro de la conciencia en el momento de la planificación y el diseño. Quisiéramos señalar algunos aspectos que deben influir en la conformación de los separadores.

Los separadores del HPM están entre esos textos que exhiben los límites entre lo "televisivo" y lo "no televisivo". Esto ocurre en, al menos, los siguientes niveles:



  • La programación, típicamente discontinua pero soñada como continua, se corta -como en la pauta, por ejemplo- pero por algo que viene "de afuera" de la institución: la ley. En este sentido, se parece al flash informativo (un acontecimiento externo justifica un corte de la programación), pero con un agregado de previsibilidad y extensión a todos los canales que parecería mostrar la existencia de una autoridad externa que se impone a la de la propia emisora1.

  • Por otra parte, en ese movimiento el canal segmenta su audiencia lo que, inevitablemente, genera exclusiones (al menos, "a partir de ahora la programación es más adecuada para los adultos"). La problemática de la segmentación es siempre conflictiva para los canales abiertos, que sueñan con captar al conjunto del encendido.

  • Por último, la aparición del separador pone a prueba la capacidad persuasiva del medio frente a la población (la batería textual que pone en pantalla, ¿hace que los chicos dejen de ver TV y se vayan a la cama?) y la sintonía emisor-receptor (¿es costumbre de todas las familias que los chicos se acuesten a las diez de la noche?).

1.3. Corpus de trabajo y modo de abordaje

En este trabajo se abordaron separadores televisivos de HPM emitidos por los canales abiertos durante el período 1995-1998.

Para ello, se realizó un análisis comparativo, considerando como ejes principales de trabajo la presencia o ausencia de la norma en el texto, las maneras en que se hace presente la institución emisora, los elementos tipográficos y el diseño de planta (la composición de la pantalla), la presencia de representaciones de la ida a dormir, y la remisión a lenguajes, géneros o tipos discursivos.

Estas herramientas de análisis fueron desplegadas a partir de un doble objetivo: describir las regularidades enunciativas que presentan los textos seleccionados, en tanto pertenecientes a un género televisivo específico y, complementariamente, establecer los modos en que los textos construyen escenas enunciativas diferenciales, detectando las operaciones de producción de sentido puestas en juego, a fin de determinar las diferencias estilísticas entre ellos.

A continuación se presentan las primeras conclusiones.

2. El posicionamiento frente a la norma

Detectamos tres modalidades diferentes de relación entre la institución emisora y la norma. Ellas son: transmisión, apropiación y ocultamiento. A partir de estas modalidades se puede diferenciar a los textos analizados. Veamos cada una en detalle.



2.1. La transmisión

Encontramos esta modalidad en los separadores de ATC de los años 1995, 1996, y 1997. En estos casos, la relación que establece la institución emisora con la norma es la de mero transmisor de su existencia.

Esta relación se construye mediante la remisión a la norma a lo largo de todo el separador. Por un lado, en el plano del sonido, la voz en off del locutor dice: "Aquí finaliza el Horario de Protección al Menor, la permanencia de los niños frente al televisor queda bajo la exclusiva responsabilidad de los señores padres"; y, por otro lado, en el plano de la imagen, un símbolo de prohibido -importado del lenguaje de la señalética vial- se imprime sobre las figuras esquemáticas de un nene y una nena, lo que implicaría una especie de "Prohibido los chicos".

Esta presencia dominante de la norma en la pantalla se despliega paralelamente a la ausencia del canal: su logotipo, su nombre o cualquier otra modalidad de "autorrepresentación" han quedado excluidos de la pantalla. El separador, en consecuencia, podría aparecer en cualquier otro canal, gracias a esta operación de borramiento de las marcas de identidad de la emisora.



2.2. La apropiación

En esta modalidad se inscribe la mayoría de los separadores analizados: canal 13 ´95/´96 y ´97; todos los de América; ATC ´98 y canal 9 del mismo año. En estos separadores, la remisión a la norma es acompañada por la presencia fuerte de la institución emisora que ahora “firma” el texto y asume la indicación del cambio de responsabilidades. Por esto hablamos de “apropiación”: el canal no sólo sirve de soporte o sostén de la ley, sino que va más allá, haciéndose cargo de la comunicación de la finalización del HPM.

La presencia de la institución emisora en estos separadores se realiza mediante una serie de procedimientos de distinto orden: la voz de un locutor “institucional” que identifica el canal (en todos los textos), la presencia gráfica dominante del logotipo de la emisora en separadores que remiten a las "placas televisivas"2 (canal 13 ´95´/´96 y ´97; ATC ´98), la puesta en escena de colores estrechamente asociados a la identidad de la emisora (América), la utilización y reiteración de juegos de animación constitutivos de otros separadores institucionales del canal (canal 13 ´95/´96 y ´97) o la aparición del logotipo al final del separador (canal 9 ´98 y América ´96/´97).

Detengámonos, por ejemplo, en el separador de ATC ´98. En relación con los separadores descriptos más arriba, se produce un notable cambio por la presencia dominante de la institución emisora, dada por la aparición en pantalla -durante todo el separador y con un peso importante- de su logotipo. ATC ya no es un mero transmisor que "se borra" del texto, sino que ahora asume la enunciación de un texto que señala que "de aquí en adelante" la protección de los niños es exclusiva responsabilidad de los padres.



2.3. El ocultamiento

Ubicamos en esta modalidad a los separadores de TELEFE, al de canal 9 ´97 y al de canal 13 ´98. En estos casos, los textos eluden cualquier referencia a la norma, eliminando con ese movimiento la clasificación de los contenidos de la programación televisiva y la de sus posibles receptores. Y en ellos, aunque las operaciones de producción de sentido puestas en juego sean en uno y otro caso de naturaleza diferente, domina la representación del dormir y -aquí está el aspecto principal- no se hace mención gráfica, ni oral, de la finalización del HPM.

Ahora bien, para representar la escena de ir a dormir, estos textos recurren a distintos procedimientos de semiotización: así, hay operaciones de figuración, personificaciones, desarrollos de orden metafórico (TELEFE ´95 y ´96) y de orden metonímico (canal 13 ´98), remisión a verosímiles de género (TELEFE ´97 y ´98, canal 9 ´97), e inclusión de personajes “exteriores” a esos textos (los de la serie Chiquititas y la Flaca Escopeta).

El caso de TELEFE es el más ilustrativo. En este canal encontramos, de manera invariante en el tiempo, el mayor ocultamiento de la norma. Sus textos optan por señalar el momento de ir a dormir "intentando -por decirlo así- olvidar lo que funda su emplazamiento como textos”; esto es, la existencia de la norma. En ninguno de los casos hay mención de ésta. Tanto es así que la más cercana referencia al HPM está dada por la aparición, en el separador del '98, de un reloj que marca las diez de la noche. Lo que, por otra parte, podría interpretarse como indicación de un momento adecuado o “natural” para irse a dormir, lo que anularía cualquier remisión a la norma.



2.4. El “caso” del separador de canal 9 de 1995 y 1996

Este es el único separador que no puede ser incluido en ninguna de las tres modalidades mencionadas anteriormente.

En este texto, es la niña que lo protagoniza quien alude a la norma. Así, después de ser interrumpida en su oración nocturna por su madre (que le ordena que se duerma), la niña introduce la norma en el separador, al pedirle a Dios que "por favor, extienda el Horario de Protección al Menor".

Aquí, el canal remite a la norma, pero para distanciarse de ella a través del cuestionamiento. Por un lado, este cuestionamiento se hace explícito en la protesta de la niña ante la injusticia y arbitrariedad de la norma, y en su ruego a Dios, instancia sobrenatural de decisión. Sin embargo, por otro lado, podemos preguntarnos, lícitamente, si esto no representa una puesta en cuestión de la ley -sutil, por cierto- por parte del propio canal (que prefiere que sean los niños quienes manifiesten públicamente su desacuerdo).



3. La escena enunciativa

3.1. ¿A quién se le habla?: la oscilación entre padres y chicos.

Los separadores como género no pueden definirse por tener un único destinatario, pero sí por oscilar entre dos, y sólo dos, tipos de enunciatario3: por un lado, los padres o mayores; por el otro, los chicos o menores. En el conjunto de textos analizado no se construye ninguna figura de receptor que desborde estos pares oposicionales.

Por el sólo hecho de aparecer en la pantalla, los separadores se ven obligados a decir una segmentación, a clasificar, a separar a su público. Y, al decir esta diferencia, no harán más que poner en juego lo común a uno y otro universo. Esto -decir lo que se supone “obvio” en relación con el mundo de los padres y el de los chicos, en general- se realiza de modo diferente.

Por un lado, los separadores no figurativos4 (América: '95/'98, ATC: '95/'96/'97/'98, canal 13: '95/'96/'97) utilizan un lenguaje neutro, un léxico común, y remiten a géneros de amplia circulación (el saludo, por ejemplo) con fórmulas también de extendida existencia social: "Felices sueños" y "Buenas noches". En síntesis, no exigirán, de manera evidente, saberes específicos para entender lo que se ve o dice en el texto. Con sólo ser un sujeto social alcanza.

Por otro lado, en los figurativos (América '96/'97, canal 13 '98, todos los de canal 9 y de TELEFE) se observan dos tipos de procesos:


  • Las representaciones de la escena de ir a dormir conforman un espacio discursivo fuertemente convencionalizado. Estas convenciones tienen múltiples orígenes y se caracterizan por una larga insistencia temporal y una extendida circulación: los saberes que exigen son, por lo tanto, comunes, no segmentan. La composición de las familias, los espacios, los movimientos, los gestos, la vestimenta, los objetos y el léxico son fácilmente reconocibles, inscribiéndose en series textuales de larga data: cuentos y películas para niños, fábulas, telecomedias de tipo familiar, etc. El gorro con pompón, la vela, los grillos, la luna, las estrellas, las ovejas, parecen, por ejemplo, signos "universales" del dormir.

  • En las representaciones del irse a dormir se hacen presentes mecanismos de supresión y sustitución que "borran" todo rasgo diferencial posible de los chicos presentados en estos textos (casi se podría decir que existe, por parte de los canales, un temor a decir o representar a la familia -mejor dicho, a las familias- en sus detalles). De acuerdo con ello, entonces, lo común es construido eludiendo los "detalles", las especificidades.

Así, cuando los chicos son representados, esta representación se hace desde verosímiles de género, lo que implica que los separadores son francos en su “ser productos televisivos”. Es decir, no se pretenden verosímiles sociales. Es como si dijeran, permanentemente, “somos sólo textos”. Claros ejemplos de esto son el separador de canal 9 de 1995/96, que actualiza el género telecomedia familiar, y los de TELEFE de 1997 y 1998, que remiten a las “historias de orfanatos” y a los “relatos con ángeles de la guarda”. En ellos se observa con nitidez la actualización de reglas de producción de sentido acotadas a un espacio de intercambio específico y conocidas por todos (o casi todos), convocando, de esta manera, un mundo común de intercambios y consumos textuales.

En el separador de América de 1996/97 aparece otra escena con chicos y padres. Y en este caso la supresión es clara. Se elige el lenguaje de los dibujos animados en una versión esquemática para representar rostros casi sin detalles, sin particularidades, dibujados a trazo grueso y vestidos de manera previsible, en un espacio carente de singularidades, lo que nos impide asociarlos a clases de chicos “específicos”. Estamos ante chicos “genéricos”, por decirlo de algún modo, no ante chicos de esta o aquélla extracción social, con tales o cuales características diferenciadoras.

En el separador de TELEFE de 1996/97 los chicos están sustituidos por otros “cuerpos”. No son chicos, en el sentido estricto, sino que están allí a través de las Pelotas del canal o de determinados animales. Su ida a dormir es construida metafóricamente, pero la metáfora es fácilmente aprehensible: las Pelotas tienen una larga historia textual como personificaciones y los animales son también fácilmente reconocibles como tales (además, se los puede suponer no ajenos al mundo infantil) y en tanto personificaciones (en las fábulas, al menos, los animales hablan).

En el separador de canal 9 ´96, el irse a dormir de los chicos es sustituido por el irse a dormir de la Flaca Escopeta. Los chicos son sus interlocutores, pero están ausentes en el espacio representado. La cotidianeidad de la ida a dormir es representada por un personaje y, como en el primer caso, nuevamente se liga a una cotidianeidad de consumos textuales (la Flaca Escopeta es un personaje de la vida televisiva y no de la vida “real”).

En el separador de canal 9 de 1998, los cuerpos de los chicos vuelven a ser suprimidos: su irse a dormir es representado metonímicamente por el conjunto de elementos que están en su habitación: la cama, la mesita de luz, sus juguetes. Conjunto que, por otra operación de supresión, es representado de manera esquemática.

Por último, también en el separador de canal 13 de 1998 el irse a dormir de los chicos no aparece representado más que por una lejana remisión metonímica: las ovejas, que están, obviamente, en el lugar del sueño de los chicos.

El separador de ATC de los años '95, '96 y '97 representa a los chicos aunque no en su ida a dormir. Sin embargo, aquí también aparecen los dos tipos de operaciones mencionados: no exigencia de saberes específicos y operaciones de supresión y sustitución en la representación de los chicos (de las que resultan símbolos esquemáticos y fácilmente reconocibles).

3.2. Padres y/o chicos

Los separadores que calificamos como no figurativos son los que le hablan, de manera dominante, a los padres/mayores. Este enunciatario se construye, principalmente, a partir de estos mecanismos: la composición racional de la pantalla -racional porque el cuadro se presenta centrado, ordenado, generando un efecto de pantalla armoniosa y limpia-, que remite a las placas televisivas; el tono neutro y formal de los locutores; y la indicación verbal, y a veces gráfica, del cambio de responsabilidades.

Paralelamente, los separadores figurativos son los que le hablan, de manera dominante, a los chicos. Esta figura de receptor es convocada por diversos procedimientos: la remisión a géneros, lenguajes, objetos y personajes relacionados con el universo infantil; la apelación directa (del tipo: “chicos, ya es hora de ir a domir” o “A dormir, chicos”); y el uso de tonos de voz y de trazos gráficos "alegres".

La introducción de la modalización "de manera dominante" en los dos párrafos anteriores no es casual. Si lo decimos de ese modo es porque los textos analizados vacilan entre estos dos enunciatarios y son muy escasos los separadores que le hablan plenamente a un enunciatario exclusivo.

El único texto con enunciatario “padre” es el separador de ATC de los tres primeros años. Los textos “puros” con enunciatario “chicos” son los separadores de TELEFE y el separador del año 1997 de canal 9.

En el caso de TELEFE, el enunciatario construido es siempre y exclusivamente "chicos". Todos los separadores están dirigidos a ellos y esta imagen textual del receptor es construida mediante marcas deícticas: apelaciones directas en las frases del tipo "Chicos, ya es hora de ir a dormir" y el "Todos los chicos nos vamos a dormir" entonado por los pingüinos (en los separadores de ´95/´96), o en el léxico utilizado en la canción de los separadores de ´97 y ´98. También estos textos construyen un espectador infantil a través de lo que allí se da a ver, al remitir y poner en juego de conjuntos textuales usualmente consumidos por los chicos: fábulas con animales, cuentos de hadas, etc.

En el separador de canal 9 del año 1997, el enunciatario "chicos" se construye, fundamentalmente, por el personaje que protagoniza el separador: la Flaca Escopeta y, en segundo lugar, por la utilización del lenguaje de los dibujos animados. Finalmente, y de manera más evidente, tenemos la apelación directa con la frase "Que duerman bien, chicos. Nos vemos en los sueños."

3.3. La relación enunciador/enunciatario: del discurso informativo a decir la pérdida del contacto.

Recordemos que al aparecer en pantalla los separadores no sólo deben decir una segmentación, una clasificación ("contenidos que todos pueden ver" vs "contenidos que no todos pueden ver"), sino también una separación, una exclusión ("la programación ya no es apta para una parte de la población").

Ahora bien, cuando los separadores le hablan, de manera dominante, a los padres, esta exclusión es sólo la información de la finalización del HPM y, consecuentemente, de un traspaso de responsabilidades. La exclusión se dice, aquí, desde el discurso informativo “serio”:


  • la instancia de la enunciación "se borra" y el texto se inserta en el discurso informativo-institucional (ATC: 1995, 1996 y 1997)

  • el enunciador se coloca en el lugar de "firmante" (permaneciendo ausentes las marcas deícticas del enunciatario, no se los llama “padres”), y

  • se excluye cualquier utilización de recursos narrativo-ficcionales

Ahora, cuando los separadores le hablan a los chicos, tienen necesariamente que hablarles de su exclusión, de que tienen que dejar de ver TV. Le tienen que decir, entonces, lo que la institución televisiva más sufre: la pérdida del contacto.

Los separadores que más le hablan a los chicos (TELEFE, Canal 13 1998, Canal 9 1997) ponen en juego ese contacto previo -que el separador viene a cortar- construyendo una relación de cercanía cómplice entre el canal y los chicos. Y lo hacen mediante tres operaciones: la cita de textos del universo infantil (Chiquititas en TELEFE ´97, la Flaca Escopeta en canal 9 de ese año), la utilización del nosotros inclusivo ("Todos los chicos nos vamos a dormir" en TELEFE ´96/´97, "Nos vemos en los sueños" en Canal 9: '97) y la incorporación de voces infantiles en el separador (canal 13 ´98).

Finalmente, señalemos algo que podría parecer natural, pero que no lo es: la pérdida del contacto es puesta en escena por el canal del modo más común, cotidiano y "universal", esto es, mediante el saludo: "Buenas noches", "Hasta Mañana", "Chau", "Felices sueños".

En los separadores de TELEFE de los años 1997 y 1998, el saludo aparece en la canción que se escucha a lo largo del separador. Con lo cual la pérdida del contacto es dicha de otra manera: con la canción, que remite al género canción de cuna y que, por ello, ayuda a la construcción de una relación estrecha entre enunciador y enunciatario, dado que evoca un género que se despliega en el espacio privado del momento previo al sueño (mientras el saludo, como género social, también se despliega en el ámbito de lo público). Todo lo cual nos permite ver que en estos textos, la pérdida del contacto es dicha más "cálidamente": pérdida que, por su parte, se supone parcial, ya que se promete la protección de los niños a pesar de la ausencia5.



4. Conclusiones

Algunas breves consideraciones a la manera de cierre de este trabajo.

En los separadores que denominamos no figurativos, es decir, en aquellos en los que no se representa la escena de la ida a dormir, el enunciatario principal construido es el de adultos/padres. Y este hablarle a los padres es viabilizado a través de la inscripción del separador en el campo del discurso informativo y del discurso institucional “serio”, recurso que permite la instauración de una relación distante, lejana, entre quien habla y quien escucha. La relación enunciador/enunciatario es llevada a la máxima distancia, y el nivel de contacto es reducido (relativamente) a un mínimo.

En cambio, en los separadores figurativos -aquellos en los que aparecen situaciones, personajes, ámbitos, cosas, etc., que remiten a la escena de la ida a dormir- el enunciatario dominante está dado por los chicos/niños. Y se nos presenta un amplio despliegue de remisiones intertextuales, las cuales permiten la emergencia de una relación próxima y cómplice entre la institución emisora y los destinatarios de su mensaje. Diríamos, comparando con la otra modalidad que asumen los separadores, que aquí se privilegia una relación de cercanía, de distancia mínima entre una y otros.

Antes de terminar, debemos señalar que el conjunto de las observaciones surgidas de este análisis no son más que conclusiones preliminares que servirán de hipótesis de base para el trabajo futuro. Estas conclusiones, entonces, tienen un carácter provisorio y serán puestas a prueba en etapas posteriores de este estudio, el cual seguirá con la puesta en diacronía de los separadores seleccionados (para dar forma a una “historia” de los separadores de HPM) o, tal vez, con el cruce entre este tipo de textos y otros discursos de naturaleza institucional (sean mediáticos o no).

Finalmente, esperamos que este trabajo haya contribuido a echar luz sobre aspectos fundamentales de un tipo de textos que, aun a pesar de su aparente falta de interés y a que nada obliga a su aparición, continúa insistiendo en la pantalla y patentizando -unas veces más, otras menos- ese “exceso de discursividad” del que habláramos al comienzo.



1 Utilizamos aquí el término en condicional -“parecería”- debido a que no existe ninguna imposición efectiva que obligue a los canales a poner al aire este tipo de textos para anunciar la finalización del HPM.

2 Nos referimos aquí a la aparición en pantalla de esos cuadros fijos que datan desde el nacimiento mismo de la televisión y que operan como “afiches televisivos”.

3 Utilizamos esta noción tal como la define Oscar Steimberg, en Semiótica de los medios masivos. Editorial Atuel, Bs. As., 1991.

4 Entendemos aquí por figurativos a aquellos separadores que representan, de alguna manera, existentes reales: situaciones, personajes, cosas, etc. Básicamente, la oposición figurativo vs. no figurativo nos resulta útil para diferenciar a aquellos separadores que representan la escena de la ida a dormir de los que no lo hacen.

5 Es el caso del separador de TELEFE ´97/´98. Allí, en la canción de cuna se escucha “con su amor siempre te cuidará”, frase que remite al cuidado del Ángel de la Guarda que, significativamente, arroja hacia el final del separador las Pelotas identificatorias de la emisora, que pasan a “firmar” el texto. ¿No será, en realidad, TELEFE (y no sólo el Ángel) quien se encarga de la protección de los niños?


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