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Entrevista con Jesús Beltrán, autor de Head up. Historia de periquitos La camaradería


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Entrevista con Jesús Beltrán, autor de Head up. Historia de periquitos
La camaradería

Cuando murió el portero Pere Gibert (“el maestro de [el divino Ricardo] Zamora”), nació Jesús Beltrán (Barcelona, 1966). El día que murió Ricardo Zamora, el viernes 8 de septiembre de 1978, La Vanguardia Española le dedicó la página número 2, entera, con este titular: “Cuando Ricardo Zamora es historia”. Cuando Jesús Beltrán se enteró, le hizo la vida imposible a su padre hasta que le llevó al acto de homenaje, en el antiguo Estadi de Sarrià, y hoy jardines, del Real Club Deportivo Espanyol. Beltrán se acuerda de que asistió la actriz Mary Santpere (Algunas lecciones de amor). Este reportero se acuerda del entierro de Mary Santpere, en 1992: la rambla de Barcelona la arropó en su adiós. Sobre el Espanyol, y sobre la Reina del Paral·lel, Zamora y Gibert, divaga, en Head up. Historia de periquitos (Ediciones Carena, 2015), el abogado laboralista Jesús Beltrán, aficionado innato del segundo club de fútbol de Barcelona. O el primero.

“Un periodista me había pedido una colaboración para una revista digital. Querían un escrito, que no entregué. Me salió este libro”, parlotea Beltrán, un Paracelso de las causas perdidas, espigado, justicialista, con tantos amigos que sus recepciones parecen un besamanos, por las colas para saludarle. “Sigo teniendo los mismos colegas de cuando hacía la EGB. Y sigo yendo con ellos al campo, ahora en Cornellà [RCDE Stadium, “la deuda del nuevo estadio ha sido un lastre para la economía del club”]. Creamos una peña, y siempre quedamos después de los partidos para tomarnos unas copas.”

Su grupo de wazap de los domingos (y de los días de entresemana) se llama Doctor Gert, por el doctor que le dijo al jugador Raúl Tamudo que jamás se recuperaría de su lesión de rodilla (http://doctorgert.blogspot.com.es).



Head up (con la cabeza alta) no es un libro de fútbol, una memoria estadística de aciertos y ofrecimientos al estilo de Olé, olé, olé. Cholo Simeone.

Head up es un canto a la infancia. A la camaradería de la infancia, a los años en los que se compinchaban los niños, a escondidas de los padres, para romper algún jarrón jugando a la pelota; las redes sociales aún no controlaban los movimientos de los chavales, que sabían guardar un secreto.

El quinto de ocho hermanos, Jesús Beltrán nació en una casa en la que el fútbol estaba presente más que como competición (para todos, la Champions quedaba muy lejos), y más que como entretenimiento (el espectáculo no se medía por cuotas de pantalla), como formación vital. Ir al fútbol con el padre marcaba el paso a la adolescencia. Si uno tenía edad para afeitarse, también la tenía para escuchar cómo se puede insultar a un árbitro sin ser excesivamente maleducado (existe un punto intermedio, elegante, entre la apasionada hinchada y la grosería más soez).

En este diario íntimo, desordenado, se narran los periodos imprescindibles del autor y de su familia, y la heroica rebeldía de ser diferente en un acuario con peces del mismo color. Escribe: “Mi afición perica es el fruto de la educación en un credo minoritario. El afecto perico no se transmite sin evangelización, no cuadra con un mero legado hereditario, porque Barcelona es un hábitat inadecuado y, en ocasiones, hostil para el desarrollo y la supervivencia de las crías de periquito”.

Lector del ensayo Imitació de l’home, del crítico Ferran Toutain (El que es diu i el que passa), abandera con nobleza la resistencia interna en una ciudad blaugrana: “El entorno te empuja a ser del Barça. El bioclima es el Barça. Ir contracorriente es un acto de valentía, y yo me había preparado para ser del Espanyol. Desde los seis años que voy al campo, y llevo más de veinte años de socio”, apostilla.

La que fuera Sociedad Española de Football, fundada en 1900, tiene hoy poco más de veinticinco mil socios.

Como buen aficionado, le exige mucho a la directiva y a los titulares, hoy en Primera División, bajo la presidencia del magnate chino Chen Yansheng, sobre el que opina lo justo, para no herir sus propios sentimientos: “Una cosa es la dirección y otra el fútbol, que tiene sus propios códigos de funcionamiento. Ya veremos lo que pasa”.

Si Jesús Beltrán recogiera el testigo del entrenador del primer equipo, Constantin Galca (en la cuerda floja por las “abultadas” derrotas: “nunca hemos perdido contra el Barça por tanta diferencia de goles. Este entrenador no tiene capacidad de liderazgo”), ficharía centrocampistas, los que mueven el balón en el terreno de juego: recuperaría al brasileño Coutinho, de la quinta de Neymar, que estuvo cedido al Espanyol en la temporada 2011/2012, y con el que anotó 16 tantos. Claro que también ficharía al albaceteño Andrés Iniesta, que llevó a la Selección española a lo más alto del fútbol internacional al batir a Maarten Stekelenburg en el minuto 116 de la final del Mundial de Fútbol de Suráfrica, en el 2010 (“es el único jugador del Barça que llevamos en el corazón”). Y si tuviese la oportunidad de ponerle un cheque en blanco a algún técnico de prestigio, se lo pondría delante de las narices de José Antonio Camacho (“tiene el empuje para sacarnos adelante durante una temporada, pero no vale para proyectos a largo plazo”). Precisamente, Camacho lideró el Espanyol durante cuatro temporadas.

Si tuviera que irse a otro conjunto, porque el vínculo que le tiene atado a su pasado se hubiera roto de manera irreversible, se iría al Club Deportivo Castellón, hoy en el grupo 6 de Tercera División (“no me suelen gustar los que ganan siempre”).

Razones por las que el alma de Jesús Beltrán, autor de Head up. Historia de periquitos, no levanta trofeos: no hay dinero para atraer talento y no hay dinero para evitar la fuga de cerebros. Dicho llanamente: “No tenemos un duro para retener jugadores, estos duran menos en el club porque se identifican menos con la casa, algo común en el fútbol de hoy”.

Soluciones: además de practicar el yoga y las técnicas de relajación (“el nuestro es el club con más derrotas en Primera, y, a pesar de todo, sigue ahí”) y respirar hondo y buscar una pareja como la suya que haya “visto la luz” (ergo, anime a Enzo Roco y compañía), hacer meditación con una idea fija y clara en la mollera: el Real Club Deportivo Espanyol no desaparecerá nunca.

Nunca es nunca.

Es así.


Jesús Martínez


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