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Encuentro: jesucristo, el hijo de dios, uno de los nuestros encuentro 3º (Enero)


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  1. ENCUENTRO: JESUCRISTO, EL HIJO DE DIOS, UNO DE LOS NUESTROS Encuentro 3º (Enero)

“Nunca creeré en un Dios que no se hubiera hecho hombre,



con todo lo que esto supone” (J. Arias)


  1. INTRODUCCIÓN

  • En este encuentro con los padres tenemos presentes los núcleos catequéticos III (“Jesús viene a salvarnos”) y IV (“Jesús, el Hijo de Dios, vivió entre nosotros”) del Catecismo Jesús es el Señor (pág. 30 a 59). Se corresponde con los temas 8 al 18 de Jesús nos quiere (pág. 40-88) de Creo en Jesús (pág. 47-112) y Queremos ver a Jesús (pág.46-109).




  1. OBJETIVOS

  • Hacer ver a los padres que los cristianos tenemos un Dios muy cercano: Jesucristo, que ha compartido y comparte todo lo humano: amistad, alegría, fracaso, miedos, muerte...

  • Que los padres (junto con sus hijos) cuenten cada vez más con Jesucristo en su vida cotidiana.




  1. DESARROLLO DEL ENCUENTRO

  1. Acogida cordial y revisión del compromiso del encuentro anterior.

  • Hay que seguir cuidando este momento inicial procurando crear un buen ambiente entre los asistentes. Siempre que venga algún padre nuevo se le invita a presentarse y a que los demás también se presenten brevemente.

  • El guía les recuerda a los padres cuál fue el compromiso que se propuso en el encuentro anterior (ayudarle a su hijo a aprender la oración del Padrenuestro de manera que sea una forma sencilla de dirigirse y hablar con Dios) y en la última celebración (tener más presente a Dios en su hogar por ejemplo: rezando el Padrenuestro todos los días en familia: al levantarse, al comer o antes de dormir; mirando cada día un dibujo y esforzándose por vivirlo especialmente ese día). Después les pregunta cómo les ha ido con esos pequeños compromisos, qué dificultades han encontrado, qué dudas les han surgido.

El guía resaltará los aspectos positivos que hayan surgido de la realización de los compromisos y les animará a cuidar esta labor en el hogar pues puede resultar enriquecedora de la vida familiar y de la catequesis.


  1. Introducción al tema

  • El guía sitúa el tema con estas palabras: Todos veis en la calle, en la tele, que hay muchas religiones. Hace 30-40 años sólo se veía en nuestras calles manifestaciones externas de la religión católica, pues prácticamente era la única en nuestro país, si bien había ya personas que se decían ateas o sin religión. De un tiempo acá, y no sólo por la llegada de inmigrantes, se han manifestado muchas religiones: islam, budismo, etc. Numéricamente también son importantes los ortodoxos y las confesiones o comunidades de tipo protestante: evangélicos, adventistas, etc. Estos son cristianos como nosotros porque creen que Dios es Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y que Cristo es Dios y el Salvador. La pregunta que quiero plantearos puede que sea un poco difícil, pero me gustaría que la reflexionaseis: ¿cuál es la mayor diferencia entre la religión cristiana y las otras religiones?

Después de dejar que los que los padres respondan, el guía subrayará que en todas las demás religiones, hay un esfuerzo por parte del hombre de alcanzar lo divino o divinidad y la salvación, es el hombre el que quiere acceder a lo divino o trascendente, en cambio en Jesús, Dios se ha acercado al hombre. Además es exclusivo de los cristianos afirmar que Dios no solo nos ha amado y ama desde lejos, desde su cielo, sino que –sin dejar de ser Dios- se ha hecho uno de nosotros. En Jesucristo, Dios se ha hecho hombre.


  1. Exposición testimonial.

  • El guía intentará exponer el tema con “garra”, sencillez, claridad y con cercanía afectiva a los padres y a sus inquietudes. A continuación se ofrecen algunos de los elementos que pueden utilizarse para esta exposición.

  1. Dios en Jesús se hizo uno de los nuestros

Los cristianos creemos que Dios se ha acercado tanto a los hombres que se ha hecho uno de nosotros, se ha metido en nuestra historia y ha vivido como cualquiera de nosotros de tal manera que nada de lo que es humano le es extraño. Jesús, el Dios con nosotros, es el gran regalo de Dios a los hombres.

Pero el Dios omnipotente, creador, el de las grandes hazañas en favor de su pueblo Israel, no se hizo presente en nuestra historia por la fuerza. Para hacerse hombre, pidió permiso a una mujer: María. Con el “sí” de María, Dios se hizo hombre en Jesús, sin ningún privilegio, haciéndose semejante en todo a los hombres menos en el pecado (cf. Heb 4,15).

En cuanto hombre experimentó como nosotros la alegría y el dolor, la fortaleza y la debilidad. Tuvo hambre y sed, se cansó, compartió con los amigos, vivió en una familia, participó de la fiesta, sufrió traición, soledad, muerte. Vivió como “uno de tantos,… actuando como un hombre cualquiera” (Flp 2,7). De hecho, sus paisanos, al oírle hablar y verle hacer milagros se decían: “¿No es este Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre conocemos?” (Jn 6,42), “¿no es el hijo del carpintero?” (Mt 13,55).

Como la mayoría, tuvo unos padres que cuidaron de él, y creció y desarrolló la mayor parte de su vida (parece ser que treinta de sus treinta y tres años) en un ambiente familiar. En ese contexto, aprendió lo que es la vida, compartió con los suyos las fiestas de su pueblo, trabajó, vivió la muerte de José, se acercó a las familias de sus parientes, también a las de sus amigos, compartiendo con ellos las pequeñas cosas de la existencia. Conoció a la gente del pueblo, a los niños, al pobre que no lograba que se le hiciese justicia, a los padres que ven cómo se les escapan sus hijos, a los ladrones que penetran en las casas… Fue testigo de peleas entre vecinos, de sus críticas, de sus faltas de perdón y fraternidad, de la vaciedad en muchos momentos del culto religioso. Percibió, también, la inquietud política y la resistencia contra el poder romano…

Impresiona percibir cómo vivió Jesús la monotonía de cada día (para mucha gente durante treinta años no hizo nada importante) sin privilegios de ninguna clase, en un pequeño pueblo donde todos se conocían y conocían a sus parientes, donde no había ninguna expectativa de promoción. Sin embargo, después de todos estos años, el Padre se hallaba tan complacido que declaró: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco” (Mc 1,11).

Después, durante su vida pública, hizo suya la preocupación de los padres por sus hijos, como sucedió con la mujer cananea (Mc 7,25-30), con el funcionario real (Jn 4,46-53) o con la viuda de Naín (Lc 7,11-15) y compartió la tristeza y el dolor de Marta y María al morir su hermano Lázaro (Jn 11). Además compartió los problemas de su tiempo: la situación de los enfermos, mendigos, ladrones, viudas empobrecidas, huérfanos, de quienes no tienen trabajo…

¿Por qué y para qué Jesús se hizo uno de los nuestros? [No se trata de una pregunta para que conteste el grupo sino para introducir el siguiente apartado].


  1. Para comprendernos y ofrecernos su mano amiga y salvadora

Se atrevió a tomar nuestro cuerpo mortal para vivir como nosotros y de esta forma Dios pudiera comprendernos mejor y nosotros a Él mostrándonos su amor en nuestro lenguaje: lavando los pies a todos sus discípulos, prefiriendo la compañía de los pobres y de los pequeños, perdonando a la adúltera y a Pedro cuando se arrepintieron, y no desdeñando sentarse a la mesa con los publicanos y los pecadores. Al final de su vida, se humilló hasta el punto de someterse a la muerte en una cruz para que el mundo se salve por Él (Jn 3,17). De esta forma nos mostró el amor (revestido de humildad, sencillez y ternura) que el Padre nos tiene e hizo posible que los hombres pudiéramos llegar a formar parte de la familia de Dios. “Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, para que nosotros recibiéramos la condición de hijos” (Ga 4,4).

Además se aprovechó de los acontecimientos de la vida familiar y de cada día para hablarnos de Dios y hacernos descubrir cómo está presente y activo en el mundo: los campos, las viñas, las semillas sembradas, la lluvia, el sol, la fiesta de bodas, las mujeres embarazadas, los dolores de parto, el padre que perdona al hijo que se va de casa, los hijos que reaccionan de forma distinta al mandato del padre, la moneda perdida, el grano de mostaza…



c. Ahora sigue compartiendo su vida con nosotros

Jesucristo asumió la humanidad para hacerse más cercano a cada uno de nosotros, incluso en el presente. Cada momento de la vida Jesucristo nos brinda la oportunidad de conocer mejor a Dios, de amarlo más, de asumir sus actitudes, de imitar sus acciones y de sentirnos motivados para seguirle de cerca.

Resucitado, vive en la Iglesia y nos acompaña con su humanidad glorificada en el día a día –si le dejamos- principalmente a través de los sacramentos.

En estos tiempos en los que desde distintos ámbitos se nos invita a vivir una vida “a todo tren”, que se haga notar, con “experiencias fuertes” y nos cuesta valorar el trabajo, las pequeñas tareas de cada día, la vida de familia…, Jesucristo sigue invitándonos a valorar ese estilo que Él vivió y en el que creció como hombre. ¿Será que así, cada uno de nosotros estamos llamados a realizar el plan de Dios convirtiéndonos –como Él- en “siervos por amor” (2 Cor 4,5) en nuestra vida ordinaria y sencilla?




  1. Textos bíblicos significativos

  • Conviene utilizar uno de los dos, aquel que se vea más adecuado para el concreto grupo de padres con el que se está reflexionando. [Es importante que el texto se lea directamente de una Biblia o Nuevo Testamento para que los participantes se habitúen a ver utilizar la Biblia.]

  1. Filipenses 2,6-11

“Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el ‘Nombre-sobre-todo-nombre’; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre”.



Pistas para la explicación del tema:

  • La primera parte del himno (versículos 6-8) subraya que Jesús, aun siendo Dios, se hizo hombre y renunció voluntariamente al esplendor de la divinidad, presentándose como uno de nosotros, con todos los límites de la debilidad humana -excepto la del pecado-, hasta el punto de no ser reconocido en su verdadera identidad divina. Más aún, con su vida escondida y sencilla vivió la condición de “siervo”, haciendo suyo el proyecto del Padre hasta morir y dar la vida por amor a los hombres.

  • La segunda parte del cántico (versículos 9-11) pone de manifiesto que esa humillación no fue una derrota, sino el comienzo de una vida nueva, con la que Jesús ha expresado el nuevo amor del hombre a Dios y ha hecho que también el Padre manifestara a los hombres un nuevo amor: la proclamación de Jesús como Señor sobre todas las cosas y la entrada de su humanidad en el cielo.

  1. Marcos 1,29-39: Un día normal en la vida de Jesús

“Entraron en Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: ‘¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios’.

Pero Jesús lo increpó, diciendo: ‘Cállate y sal de este hombre’. El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre. Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: ‘¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!’ Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.

Cuando salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. Él se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.

Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él.

Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: ‘Todos te andan buscando’. Él les respondió: ‘Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido’. Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios”.



Pistas para la explicación del texto:

- Jesús a lo largo del día mantiene, por una parte, una relación muy estrecha con su Padre (Abba) a través de la oración y, por otra, se esfuerza por hacer realidad el reino de Dios acogiendo y mostrando compasión por todos pero de manera especial por los marginados, pecadores, pobres, débiles… transformando la muerte en vida. Por eso, ora al Padre, va los sábados a la sinagoga, cura a la suegra de Pedro, devuelve la salud a algunos enfermos, libera a los que están sometidos al espíritu del mal, comparte la mesa con los discípulos, predica.

- Jesús escuchaba mucho a la gente. Nosotros, ¿escuchamos con atención y sin prisas a los demás? ¿Y a nuestros hijos?

- Jesús no se conforma con hacer el bien con buenas palabras, necesita actuar venciendo al mal con la fuerza del bien. Nosotros, ¿qué hacemos para acompañar a nuestros hijos en su proceso de crecimiento como discípulos de Jesús?

- Es muy expresivo el proceso curativo que Jesús llevó a cabo con la suegra de Pedro: se acercó a ella, se inclinó y la tomó de la mano, la levantó. Nosotros, ¿tenemos la suficiente paciencia para ir dando estos pasos cuando queremos hacer bien a las personas?
MATERIALES COMPLEMENTARIOS (para entregar a los padres en una hoja que pueden llevarse para leer y profundizar en casa)


  • Explicación testimonial (o una síntesis de la misma)

  • El texto bíblico utilizado (o los dos)

Textos para seguir profundizando:

  • Aunque mil veces Cristo naciese en Belén, si no ha nacido en ti, por siempre estás perdido.

  • “Ser héroe durante un momento, durante una hora, es mucho más fácil que llevar a cabo el heroísmo de la vida de todos los días. Aceptar la vida como es, gris y monótona, llevar a cabo esa actividad por la que nadie te va a alabar, ese heroísmo que nadie advierte, que no llama la atención. Que soporta el desafío incoloro de la vida y persevera, ¡ese es un héroe!” (F. Dostoievski).

  • La experiencia humana de Jesús se ha hecho portadora de la experiencia divina y, al participar de la experiencia de Jesús, cualquier creyente puede conocer y vivir la experiencia de Dios.

  • Su vivir cotidiano tenía un sentido: su relación con Dios como Padre daba sentido a todo lo que sentía, pensaba y hacía. En su trabajo, en la relación con sus familiares y amigos, cuando su tarea tenía éxito o cuando fracasaba siempre buscaba el rostro de Dios, cumplir su voluntad y servir a su Reino.

  • Fue un hombre sencillo, en su vida y en su acogida de todos. Por eso la gente se sentía a gusto con Él. Sencillez en sus palabras, en sus comparaciones, en la exposición de su doctrina, en toda su vida.

Tenía también una sensibilidad extraordinaria ante el hombre con problemas. Lloró cuando le dijeron que su amigo Lázaro había muerto; curó a enfermos; se sintió solidario con los hombres en cualquier dificultad.

Fue un gran hombre, con un gran corazón y con una fina sensibilidad para acoger y comprender. Acogió a los niños; a los pecadores no sólo los acogía sino que los defendía.

Junto con la comprensión brillaba en Él, con una intensidad especial, la misericordia. Le vemos retratado en aquellos ejemplos del pastor que busca la oveja perdida o del padre que espera la vuelta del hijo.

Hay en toda su vida una referencia a Alguien a quien sirve tratando en todo momento de agradarle: el Padre. “Mi alimento es hacer la voluntad de Aquel que me envió” decía. Tenía una confianza plena y total en el Padre que le cuida en todo momento. Su vinculación con el Padre la expresaba en un diálogo constante con Él por medio de la oración. Por eso sus últimas palabras antes de morir en la cruz pudieron ser: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Fruto de esa confianza fue su pobreza. Nació, vivió y murió pobre.

Se ofreció a todos como amigo. Incluso a Judas le llamó amigo en el momento que le entregó con un beso. Fue el amigo que se solidarizó con todos, que dio su vida por ellos y que consideraba como hecho a Él mismo el bien o el mal que se hacía a cualquiera.



  • Fue un hombre para los demás, portador de una misión de fraternidad universal. Y como Él se dio sin reservas a esta fraternidad universal, no anduvo con contemplaciones a la hora de pedir que se correspondiera a su amistad. Se antepuso a todos y todo: padres, hijos, familiares, dinero, poder, prestigio… Pidió a quienes quisieran ser sus amigos que estuviesen dispuestos a dar por Él hasta la propia vida (cf. J. Gea Escolano, Confirmados y comprometidos, PPC, Madrid 1990, 13-14.17).

  • “Todo lo que Cristo vivió, hace que podamos vivirlo en Él y que Él lo viva en nosotros” (Catecismo, n.521).




  1. Minutos para la reflexión personal

  • Después de entregarles a los padres una hoja con el material complementario, se les hace la siguiente pregunta: ¿Piensas que la vida de Jesús en su sencillez puede aportar algo a tu vida cotidiana?

  • A continuación se les invita a estar en silencio (puede poner un poco de música que ayude) unos 5 minutos reflexionando sobre las preguntas y lo tratado en el encuentro.

  • Una vez acabada la reflexión personal, se puede invitar a los padres que digan en voz alta algo que les haya llamado la atención o ayudado en este encuentro.




  1. Compromiso para vivir en casa

- El guía -según vea al grupo de padres- plantea un compromiso u otro, o las dos:

  • Ver juntos (padres e hijo) un video o película sobre la vida de Jesús.

  • Invitar al comienzo del día a Jesús para que le acompañe a lo largo de toda la jornada. En algún momento del día repetir esa invitación. Dedicar unos momentos por la tarde-noche para revivir ese día, percibir en él la presencia de Jesús y preguntarse qué le ha parecido a Jesús.




  1. Oración final

  • Elegir una de las siguientes oraciones y leerla todos a la vez. Después se pueden hacer espontáneamente ecos (repitiendo alguna frase que le resulte significativa, luminosa).

  1. ¡Gracias, Señor! Tú, al hacerte hombre te has unido a nosotros y conoces todo lo nuestro. Tú sabes lo que es crecer, vivir en familia y hacerse mayor.

Gracias, Señor, por todos los que nos ayudan a crecer y a parecernos cada vez más a Ti. Queremos vivir unidos a Ti y a todos los hombres, nuestros hermanos.

  1. ¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?/ ¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,/ que a mi puerta, cubierto de rocío,/ pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,/ pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,/ si de mi ingratitud el hielo frío/ secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel decía:/ “Alma, asómate ahora a la ventana,/ verás con cuánto amor llamar porfía!



¡Y cuantas, hermosura soberana:/ “Mañana le abriremos”, respondía,/ para lo mismo responder mañana (Lope de Vega).

  1. Querido Jesús, ayúdame a difundir tu fragancia por dondequiera que vaya. Inunda mi alma con tu espíritu y vida. Penetra y posee todo mi ser con tal plenitud que toda mi vida sea como un reflejo de la tuya. Resplandece a través de mí y permanece en mí, de manera que todos los que me encuentren sientan tu presencia en mi alma. Quédate conmigo y entonces comenzaré a brillar y ser luz para los demás. La luz, oh Jesús, será toda tuya y no mía; serás Tú quien ilumina a los demás a través de mí. Que te alabe como a ti más te gusta: iluminando a los que estén en torno a mí.

  2. Día a día, mi Señor, te voy a pedir tres cosas: conocerte más claramente, amarte más tiernamente y seguirte más fielmente. “Cuando el mundo dormía en tinieblas en tu amor quisiste ayudarlo y trajiste, viniendo a la tierra, esa vida que puede salvarlo” (himno de vísperas).

  • Si se ve oportuno puede acabarse rezando –puestos en pie y formando un círculo- el Padrenuestro o un Avemaría.







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