Página principal

En el proceso de la lucha entre la nación oprimida y el imperialismo, le corresponde al gobierno del Gral. Juan José Torres G. el punto más alto


Descargar 19.41 Kb.
Fecha de conversión23.09.2016
Tamaño19.41 Kb.
PRESENTACIÓN
En el proceso de la lucha entre la nación oprimida y el imperialismo, le corresponde al gobierno del Gral. Juan José Torres G. el punto más alto. En ese momento histórico, el pueblo conoció el poder y la libertad, la nación se sintió soberana y representada; todo ello en su mayor expresión. Pretender desconocer esa realidad que se encuentra grabada en la memoria popular equivale a ignorar la historia de Bolivia.
El proceso de liberación liderizado por Torres quedó inscrito entre los movimientos populares latinoamericanos más importantes, ya que rescató para Bolivia y América Latina una gama de valores que la reacción interna y el imperialismo intentaron desarraigar, subastar o, simplemente, hacer desaparecer.
La Trascendencia de su gobierno en la historia continental reside en la recuperación revolucionaria de la dignidad humana de los bolivianos, en el ejercicio soberano del Estado sobre los recursos naturales y en la creación de un espacio propicio para la práctica de una democracia popular.
No obstante la corta duración de su gestión presidencial – desde el 7 de octubre de 1970 hasta el 21 de agosto de 1971 – fue un lapso que resultó suficiente para detener el ritmo de regresión política al impuesto proceso de liberación por sucesivos gobiernos civiles y militares desde las décadas anteriores.
Juan José Torres propugnó en su proyecto político militar un nuevo Estado, administrado por las Fuerzas Armadas pero cuyo poder real descasara en el pueblo, en las clases humildes como la expresión real del cambio social de la revolución. En ese sentido, apuntaba “que los militares, por la apertura producida en el campo civil, han venido interviniendo con mayor solvencia en la política de los diferentes países, a tal extremo que prominentes escritores marxistas han admitido que en aquellos pueblos donde su clase trabajadora no está sólidamente constituida en el motor de la revolución, pudiera ocurrir una sustitución temporal por las fuerzas armadas revolucionarias en el rol de vanguardizar el proceso de liberación”.
En este pensamiento fue expuesto en el foro universitario “Los Caminos de la Revolución” en su calidad de Comandante en Feje de las FF.AA., en aquella oportunidad – única en las relaciones entre militares y universitarios. Torres, ante la recomendación de evitar la intervención y el debate en dicho foro, propuesta por algunos militares temerosos del desenlace de dicho acto, expresó: “si mi participación no es acertada, será un fracaso netamente personal; empero, si ella resulta exitosa, será un triunfo más de nuestras FF.AA.”. Posteriormente el Gral. Torres abandonaba, en aquel entonces, el recinto universitario de la UMSS en medio de vítores y aplausos; allí se empezaba a gestar la alianza de universitarios y militares revolucionarios.
Además de su posición revolucionaria, Torres se caracterizó por su valentía, que, en muchos casos –como en el de su intervención ante la Junta Interamericana de Defensa reunida en La Paz-, consolidó su prestigio a nivel internacional aunque al mismo tiempo le ocasionó represalias. En dicha reunión, el entonces Comandante en Jefe, manifestaba su rechazó a una fuerza militar continental en la forma de una policía interamericana concebida por mentes totalitarias, por constituirse en “un instrumento hecho a la medida de la represión de las actividades subversivas de la extrema izquierda” que se enfrenta “ante el efecto del fenómeno y no ante la verdadera causalidad del mismo”, que es “la geografía del hambre, desocupación y pobreza como producto de cierta perturbación continental”.
En su concepto “las Fuerzas Armadas no tienen porque ser tipificadas como puestas exclusivamente para reprimir el fenómeno político del comunismo internacional, sino fundamentalmente como cooperadoras y agentes eficientes de la batalla contra la manifestación del subdesarrollo económico del que demandan los elementos que luego van a integrar el esquema político que ha instrumentado la lucha subversiva en el continente”.
Si bien Torres asignaba un papel trascendental a las FF.AA. en el proceso nacional revolucionario, en ningún momento sostuvo la exclusividad de las mismas en dicho proceso. En ese sentido, el primer día de su mandato, el día en que juró ante su pueblo añadía “Hemos triunfado una vez más...” y añadía “Para que nunca más ocurra una traición, para que nunca más la felonía se encarame en ninguna institución de la patria propiciaremos la alianza de las Fuerzas Armadas con el boliviano, constituiremos la nación sobre cuatro pilares: los trabajadores, los intelectuales, los campesinos y los militares... No dividiremos al pueblo de su brazo armando”.
El carácter revolucionario del pensamiento del Gral. Torres se hace presente también en cada una de sus actuaciones, no aceptó dogmas ni convencionalismos infundados, que en un momento dado pudiesen influir negativamente en el proceso de liberación; acorde a esa actitud, decía a los cadetes del Colegio Militar Gualberto Villarroel que en el pasado era “mejor no hablar de política, manteniendo a las FF.AA. ajenas a toda influencia, casi ciegas ante la problemática nacional, excluidas del escenario donde trágicamente se jugaba con la suerte del pueblo, se comerciaba con nuestra riqueza y se entregaba maniatado al país; aun cuando esa exclusión, esa ceguera, ese alejamiento, pudiesen provocar la destrucción del Ejército”.
Convencido que aquella norma servía únicamente a determinados intereses, agregaba: “Observando las realidades que nos ha tocado vivir, intensamente preocupado con la coyuntura en la que nos cabe actuar, angustiado y golpeado con la situación de la patria, pero lleno de esperanzas, he venido a hablar de política con ustedes”.
Con la franqueza que lo caracterizó, reflexionaba los cadetes en los siguientes términos: “A nosotros, los soldados, nos educan para defender a la patria. Pero yo quiero preguntar, ¿cómo debemos defender a nuestra patria?, ¿se trata apenas de protegerla en su integridad territorial? O, como toda nación, teniendo una comunidad de territorio, de población, de cultura, de lenguaje, ¿no tenemos que defender nuestro pueblo, nuestra cultura, nuestro idioma?””; indudablemente toda esa prédica apuntaba a un objetivo muy claro, al entroncamiento real y definitivo de los miembros de las FF.AA. con su pueblo.
El “General del Pueblo” nunca perdió esa esperanza, por ello desde el ejército, desde el gobierno y desde el exilio forzoso, convocó a todos los sectores interesados en un verdadero cambio, a unificar esfuerzos y consolidar una gran alianza popular de clases explotadas “para conquistar el poder, programar y ejecutar el salto histórico que demanda el pueblo boliviano por una vía no capitalista, y para conformar una nueva sociedad que deseche las alienadas formas y valores de la sociedad de consumo”.

El marco proyecto que Torres planteó para Bolivia durante su gobierno, consistía en un “proceso de liberación como conquista de la soberanía nacional sobre los recursos naturales de carácter esencial, como defensa de mercados seguros y precios justos para nuestros productos y como proceso de creación de las industrias básicas”.


En la persona de Juan José Torres se destacaba una conducta constante, que lo distinguía de otros hombres públicos, me refiero a la conducta consecuente en sus distintas facetas como hijo, esposo, padre, militar, político y luchador.
Torres en el seno de su hogar fue un esposo y padre que formó un núcleo familiar homogéneo, estable y lleno de felicidad aunque no de abundancia material; ante todo, un hombre que supo transmitir a cada uno de los miembros de su familia, sus sueños, sus ideales y su sensibilidad por los problemas sociales de la patria.
El Gral. Torres, en el ámbito político de Bolivia, fue una personalidad que demostró una indisoluble unidad entre la palabra y la acción. Precisamente esa unidad es la que marca la diferencia entre el discurso político de la Torres y el de muchos otros políticos. Torres dejo como patrimonio de la nación oprimida, que tantas veces defendió en sus mensajes, estas medidas concretas convertidas en realidad irrefutable:


  • Intervención física de las instalaciones de la Bolivian Gulf Oil Company y entrega de las mismas a YPFB.

  • Nacionalización de la Mina Matilde.

  • Reposición salarial a los mineros del subsuelo boliviano.

  • Concesión del bono patriótico vitalicio a los ex-combatientes de la patria.

  • Reversión de las concesiones de la empresa petrolera Bolivian Atlantic Corporation.

  • Expulsión del Cuerpo de Paz norteamericano.

  • Respeto ejemplar de las garantías y derechos humanos.

  • Incremento del presupuesto asignado a las universidades bolivianas.

  • Respeto ejemplar de las garantías y derechos humanos, liberación de todos los prisioneros políticos.

  • Apoyo a la formación de la Asamblea Popular.

  • Proyecto de restauración de un estado de derecho con nueva constitución asegurando una amplia participación popular capaz de garantizar la continuidad del proceso de liberación nacional.

  • Reposición de la categoría porcentual y la cobertura de otras obligaciones postergadas a los trabajadores del sector educación.

Todas estas medidas constituyen solo una muestra representativa de lo que pudo el amor de un hombre por su pueblo y de la entrega de un soldado a los intereses de la nación.


Por eso mismo, el pueblo boliviano –los mineros, los campesinos, los trabajadores, los universitarios, los niños- sintió un inmenso reconocimiento, cariño y admiración por el Gral. Torres; entre ambos existió entendimiento, comprensión y respeto que posibilitaron durante su gobierno no solo un verdadero diálogo y un nivel de participación sin precedentes, sino una alianza que se selló con dolor y con sangre el día de su caída.
En el exilio, el Gral. Torres además de encabezar la lucha de resistencia antifascista contra la dictadura de Banzer, aprovechó los años de destierro para profundizar y desarrollar sus proposiciones teóricas y programáticas, sobre la revolución en Bolivia. Como consecuencia de ese esfuerzo, elaboró un conjunto de tesis históricas, políticas y programáticas que conforman su obra titulada “Dinámica Nacional y Liberación”, que constituye una interpretación original y clarificadora de la historia de Bolivia, de sus consecuencias políticas, así como una identificación puntual de las acciones tendientes a la reapertura de un verdadero proceso de liberación nacional.
La publicación del pensamiento político del Gral. Torres, por primera vez en Bolivia, constituye un hecho de suma importancia que contribuye a correr los velos con que se ha pretendido tapar la imagen de algunos de nuestros héroes, reconocidos fuera del país y oficialmente ignorados dentro de la patria. En esta edición se han incluido además algunos de los últimos mensajes y entrevistas del Gral. Torres, realizados poco antes de su cobarde asesinato en la ciudad de Buenos Aires.
El General de los pobres ya muerto retornó a Bolivia por voluntad de su pueblo y hoy cumpliendo un compromiso con esa voluntad inquebrantable capaz de derrocar dictaduras y expulsar intereses foráneos, presentamos al pueblo boliviano una buena parte del pensamiento de su conductor y le invocamos, en esta hora de frustración y desconcierto, a hacer suyas las palabras vitalizantes de Jota Jota Torres: ¡UN PUEBLO UNIDO SIEMPRE VENCE!
Emma Obleas de Torres

La Paz, julio de 1985.


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje