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En el centenario de jorge rojas


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Óscar BARRERO PÉREZ *:
EN EL CENTENARIO DE

JORGE ROJAS 1
Algunos datos biográficos

Nació en Santa Rosa de Viterbo (Colombia) en 1911 y murió en Bogotá, capital del país, en 1995. Es, con Eduardo Carranza, el creador del grupo poético Piedra y cielo. Su primer libro fue La forma de su huida (1939), inspirado en Juan Ramón Jiménez y Pedro Salinas. Siguieron los sonetos de Rosa de agua (1941 en primera edición, 1948 en edición aumentada). Soledades ha conocido tres tomos (1948, 1965 y 1985) en los que se habla del amor, la naturaleza y temas americanos. Con La doncella de agua exploró el género teatral. Fue Miembro Honorario de la A.P.P.


Semblanza poética

El siguiente poema, “Lección del mundo”, puesto al frente de su libro de sonetos Rosa de agua (1941), es una especie de credo entre existencial y poético del colombiano Jorge Rojas: “Este es el cielo de azulada altura / y este el lucero y esta la mañana / y esta la rosa y esta la manzana / y esta la madre para la ternura. // Y esta la abeja para la dulzura y este el cordero de la tibia lana / y estos la nieve, la blancura vana / y el surtidor de líquida hermosura. // Y esta la espiga que nos da la harina / y esta la luz para la mariposa / y esta la tarde donde el ave trina. // Te pongo en posesión de cada cosa / callándote tal vez que está la espina / más cerca del dolor que de la rosa”.


En el texto se contienen algunos de los elementos más característicos de la poesía de Jorge Rojas: el sentimiento de admiración por la naturaleza, una afirmación de fe en la vida que no excluye la conciencia de melancolía anexa a ella y una religiosidad implícita que se deriva de lo anterior y que, al mismo tiempo, se alimenta de ello.
Por razones de contenido pero, sobre todo, estéticas, la poesía de Rojas conecta con el formalismo de la lírica española del 27, en su vertiente más pura, la que representan Jorge Guillén y Pedro Salinas. Un rastreo de las citas que introducen los poemas de Rojas da una idea suficientemente clara acerca del orbe creativo en que se mueve el autor colombiano. Las que en 1978, diecisiete años antes de su muerte, presentaba como sus Obras completas (Madrid, Ediciones Cultura Hispánica del Centro Iberoamericano de Cooperación) venían precedidas por dos citas de quienes podrían ser considerados sus poetas de cabecera: Juan Ramón Jiménez y Pedro Salinas. El maestro del 27 es insistentemente mencionado en su obra poética: “Fragante soledad”, “Tu verdad”, “Solo recuerdo”, “Soneto intemporal”. El segundo es homenajeado en más de una ocasión: “Sangre enamorada”, “Ausencia presente”. No falta, en fin, la cita a Guillén: “Niña”. He aquí, pues, la flor y nata de la llamada poesía pura, con la que, con todas las simplificaciones que se deseen señalar, se identifica el llamado Grupo del 27, el conjunto más brillante de la poesía española del siglo xx. No es preciso que la conexión sea directa. A veces la relación entre Rojas y este conjunto de escritores se establece por vía indirecta, como sucede en la “Elegía y oda a don Luis de Góngora”, una especie de homenaje a esta figura por la que tanto se interesó el 27.

La crítica cita, además, al primer Pablo Neruda, también lema de algún texto de Rojas, como fuente de inspiración de su formalismo. Menos mencionado, sin embargo, es el nombre de Paul Valéry, cuyo “Cementerio marino” tradujo Rojas y que, por cierto, también resultó objeto de la atención de Guillén. Valéry fue explorado bastante a fondo por Rojas en sus poemas-traducciones: “Narcisse parle”, “La hilandera”, “Au bois dormant”, “Baignee”, “La dormeuse”, “Le fausse morte”, Le bois amical”, “Le vin amical”. Sin olvidar alguna cita al frente de poema.


Rojas fue, con Eduardo Carranza, el máximo representante del grupo Piedra y cielo creado en 1939 con la idea de cantar la plenitud de la Creación y la grandeza de la realidad circundante. La naturaleza, el amor, la patria, el paso del tiempo, la dificultad de la palabra para trasmitir los sentimientos… Los grandes temas de siempre en el mundo de la poesía son también los temas de Jorge Rojas.
Óscar Barrero

Un poema de Jorge Rojas

(leído por Pepa de Castañer)

SALMO DE LA TRISTE DESPOSADA


               "Narrabo omnia mirabilia tua" (David, salmo IX-2)
Por la dulzura que hallaste en mi soledad

te alzaré de los hombros con mi voz de colmena abandonada.

Arrancaré de tus dedos todo lo que te encadena,

todo signo que oscurezca tu piel

y no habrá más sortijas que tus venas.

Entonces vendrás a mí tan nueva

como si nunca hubieras sentido peso sobre tus hombros.

Y empujaré tu sangre hacia atrás

para verte de quince años y comiendo cerezas.

Yo soy el que tú de niña,

habías oído navegar entre los caracoles.

El que refería cuentos de azúcar a las naranjas

cuando volvías de jugar al aro.

El que hacía los sueños de lino y ángeles

sobre las sábanas limpias.

El que en el día de tu primer espanto

puso amapolas en tu lecho.

Yo aún no era poeta

Pero los naranjos ya tenían idea del azahar; y pensaba:

“Cuando te encuentre

te seguiré buscando día a día.

Te besaré a distinta hora

para cambiar la llegada de la noche.

Abandonarás tus ropas con olor de mujer sobre los surcos

para que la tierra sepa que ha de florecer.

Cuando sea el tiempo de las orquídeas, las prenderé de tu pelo

y tus orejas pequeñitas confundirán la cosecha.

Comeremos frutas silvestres y andaremos descalzos

para que nos sepan los labios a rocío.

No entraremos a las ciudades ni a los templos

para que no haya hechura de hombre entre la piel y Dios.

Serás el regreso para aquel hijo mío

que está perdido desde el principio del mundo.

Cuando acunes los brazos y te doble el arrullo

el mimbre pensará que sobra en las riberas.

Y tu blancura propiciará la onda

donde el molino sueña la flor de sus harinas

Y cuando haya necesidad de velar por el cocimiento del pan

me llenarás la boca de granizo para apagar los besos.

Escamparás la lluvia dentro de un caracol

y mi mano cogerá tu canción y la alzará a mi oído.

Te arrojarás al fondo de los ríos

para pasar sin caer de una nube a otra.

Hundirás la mano en la tierra llovida

para indicar el sitio de los lirios.

El primer día que cantes talaremos los árboles

porque ese día serán inútiles los nidos.

Y al oír tu voz se verán defraudados los panales

y no creerán más en las abejas”.

Esto te lo digo yo.

Ahora escucha esto que sí te digo yo.

que te duelen los párpados.

Piénsame, hasta que el sueño

te vaya llenando de golondrinas.

Suéñame hasta que la noche

tenga que refugiarse en las campanas.

Quiéreme, hasta que los ojos

se te llenen de lágrimas.

Llora, hasta que las lágrimas

hagan huir los pájaros.

Llámame hasta que crezcan

espinas en mi oído.

Espérame hasta que los peces

se hayan bebido todos los ríos y canten.

Porque un día ha de ser.

* Óscar Barrero Pérez, nacido en Madrid, es Profesor Titular de Literatura Española en la Universidad Autónoma de Madrid,. Autor de La novela exis­tencial espa­ñola de posgue­rra, una Historia de la lite­ratu­ra española contem­poránea (1939-1990), la edición crítica de Aire Nuestro (poesía completa), de Jorge Guillén, y de ediciones de Pepita Jiménez, de Juan Valera, Cartas marruecas, de José Cadalso, Relatos, de Francisco Ayala y El cuento español, 1939-1980.
(FDP261)

[POESÍA COLOMBIANA] [ROJAS, JORGE] [BARRERO, ÓSCAR]


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1 En el acto “Seis poetas ante su centenario”, I Semana Complutense de las Letras, Biblioteca “Marqués de Valdecilla” de la Universidad Central, Madrid, 5.5.2011.



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