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El tesoro escondido


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Sed de espiritualidad:

EL TESORO ESCONDIDO
PRESENTACIÓN

El ser humano, como ser creado por Dios, lleva dentro de sí una permanente necesidad de hallar sentido a la vida. Él carga dentro de sí una sed insaciable de profunda espiritualidad. Cada criatura humana lleva dentro de sí una insaciable sed de espiritualidad profunda. Las criaturas humanas tienen una vocación innata a la trascendencia que da sentido a su vida. En el pasado, las religiones tradicionales fueron capaces de responder a esta necesidad humana. Sin embargo estas respuestas no satisfacen ya a menudo a la gente de hoy en día. El resultado es un profundo vacío en el alma del hombre moderno. Por eso la gente busca sentido en otros ámbitos. A través de los medios, así como por razones de la globalización y del consumismo, se promulgan respuestas fáciles. Entre estas se encuentran una multiplicidad de sectas, el sincretismo, experiencias de esoterismo, fanatismo, ateísmo y materialismo. Todas estas respuestas son superficiales y generan gran insatisfacción, mayormente no incluyen compromiso permanente y tampoco un verdadero proceso de profundización en la experiencia humana de Dios.


La espiritualidad salvatoriana, desde la experiencia de nuestro fundador el Padre Francisco María de la Cruz Jordán, tiene mucho que aportarnos en este sentido y dar significado a nuestra vida. En el Sermón de la Montaña, Cristo dice que donde esté tu tesoro allí estará tu corazón. ¿Dónde tenemos nuestro tesoro? ¿Dónde tenemos nuestros valores fundamentales? Cuando perdemos lo esencial, se pierde también el corazón. Hay tesoros que cuando los encontramos vale la pena sacrificar todo para tenerlos.
En esta reflexión proponemos tres momentos, tomando como inspiración la parábola del “tesoro escondido" (cf. Mt 13, 44-46). Ellos nos ayudarán a encontrar el “el tesoro” de la espiritualidad Salvatoriana. Los tres temas son: La búsqueda del tesoro, El tesoro escondido y El tesoro compartido.
Para cada tema que se dedique un día de meditación, con suficiente tiempo para la reflexión personal y comunitaria.

1 - LA BÚSQUEDA DEL TESORO (VER)

INTRODUCCIÓN:

Cuando uno visita una ciudad como Roma, centro religioso de la Iglesia católica, que está siempre llena de visitantes de todas las partes del mundo, que vienen conocer su historia en las basílicas, monumentos, catacumbas y castillos. Si seguimos a uno de entre tantos grupos de turistas, veremos que todos llevan consigo equipos electrónicos sofisticados. Los grupos visitan la Basílica de San Pedro o aquella de San Paolo afuera de las murallas, pero son pocos son los que miran en totalidad y disfrutan del edificio. Lo que sucede en su mayoría es de encuadrar en la cámara en algún detalle, disparar y seguir su recorrido. Estos visitantes, en su gran mayoría, no disfrutan de toda la espiritualidad que se expresa en estos tesoros centenarios y de la herencia de fe que siempre entraña. Como explica el P. Mamerto Menapace: "En las sociedades tradicionales las personas buscaban a Dios como los camellos sedientos rastrean el agua en el desierto. El agua era para ellos cuestión de vida o muerte. Sin embargo, en las sociedades desarrolladas, habitadas por personas materialmente satisfechas, las fuentes (iglesias, monasterios, liturgia, etc.) han terminado siendo objetos ornamentales, que los turistas - que tienen agua de sobra en cada casa y carecen de verdadera sed - fotografían con la actitud consumista del coleccionista de retratos; no son lugares para saciar una necesidad fundamental". 1


Uno de los signos de nuestro tiempo es esta “búsqueda del tesoro”, el hambre profunda de espiritualidad, de lo esencial de la vida, aquello en que se fundamenta el sentido de la existencia humana. Esta sed de algo más es una experiencia común a todos los mortales. La necesidad de entrar en contacto con el misterio profundo de Dios, pero que muchos no saben cómo hacerlo, dónde encontrarlo. Algunos recurren a la bebida o las drogas. Otros encuentran una seguridad imaginaria en las riquezas. Otros desvían la atención utilizando del sexo, el deporte… en realidad todos estos no pasan de falsos valores o tesoros equivocados.
EL TESORO EQUIVOCADO

Todos ya experimentamos la desilusión al buscar algo primordial y dar con una insuficiente información, con una pista equivocada o alguna cosa que no sabemos interpretar. Somos tomados por un vacío existencial en búsqueda de valores que inspiren profundamente nuestra vida. Pero, si nos fijamos bien, podríamos afirmar que somos aquello que buscamos. Las búsquedas son las que van configurando nuestras vidas, a lo que dedicamos nuestro tiempo y nuestro afán. ¿Cual es en realidad nuestra necesidad más profunda? En el fondo ¿qué estamos buscando?, ¿a qué aspira verdaderamente nuestro corazón?


a. En tiempos de Jesús - Ciertamente las pistas pueden equivocarse. Cuando Jesús pregunta "¿Quién decís que soy yo?"( Lc 9,20). Unos dicen que Él era Juan Bautista, otros que Elías o alguno de los profetas. En Palestina la gente sin embargo tenía el tesoro en su presencia, pero sin reconocerlo como Hijo de Dios, hecho humano por nuestra salvación. Y además creían conocer mucho sobre él: "¿No es este el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?” (Mt. 13,55-56). La gente de su aldea juzga conocer su origen, pero en realidad ignoran y se cierran ante la evidencia. Por supuesto, la conclusión a la que llegan es, que no puede ser el tesoro, pues juzgan imposible que de alguien de origen humilde y sencillo pueda venir algo tan extraordinario. Como habla el evangelista “Al mundo vino… y el mundo no le conoció. Vino a su casa, y los suyos no le recibieron” (Jn 1,9-10). No es fácil acoger a Dios y permitir que se adentre en nuestras vidas. ¿Cómo fue, pues como los discípulos de Jesús encontraron este tesoro?

b. En tiempos de Jordán - En los acontecimientos que ocurrieron en Alemania del siglo XIX la gente, ante las dificultades políticas religiosas y sociales del momento dejaban fácilmente la fe (ignorancia religiosa). Era un mundo que a través las luchas por el patrimonio cultural (Kulturkampf) y la secularización se distanciaba de Dios. En un tiempo que la Iglesia Católica iba perdiendo su rol de educar y evangelizar, como tantas otras personas, Jordán comenzó a hacerse muchas preguntas sobre lo esencial. Una búsqueda concreta desde su fe y su experiencia de Dios, como veremos más adelante.
Para Jordán, los suyos fueron tiempos de oscuridad y de dificultades a la vez que de búsqueda personal. Así como para otras personas de su época (Congresos Católicos), la búsqueda de Jordán fue larga, intensa, llena de cruces y llena de amor a la misión de la Iglesia. El dedica mucho tiempo a la oración, la cercanía a Dios, el discernimiento constante, la búsqueda de la voluntad de Dios, la superación de las dificultades, la prudencia ante las decisiones, la fidelidad en cargar la cruz, la alegría de ser amigo de Dios… en una palabra: "la búsqueda continua ". Como sabemos la Biblia es su vademécum especialmente en su corazón y en su mente. Ante las dificultades no tiembla, sino que confía en Dios y encomienda todo en la oración. Destaca el deseo y anhelo de estar siempre con Dios, la confianza en su Providencia, el deseo de familiaridad con Él.
En sus anotaciones espirituales encontramos algunas citas que expresan su incansable búsqueda del tesoro escondido: "No te desanimes en cuanto a tu empresa, aunque encuentres dificultades y persecución, sospechas, insultos, burla y toda clase de sufrimientos; vive únicamente en estrecha unión con Dios y contempla a menudo los ejemplos de los santos, confía en Dios y dale gloria solo a Él; aún has merecido mayor persecución". (DE I/151*); "Las dificultades solo aumentan el valor, cuando uno está plenamente convencido de que las debe superar a cualquier precio" (DE I/187); "Un alma que ama la oración, será capaz de superar todas las pruebas, cruces, dificultades, e incluso todo el mundo, si fuese necesario. Cuando un alma reza, no hay nada por muy grande y difícil que sea, de lo cual no sea capaz". (DE II/29).
c. En nuestros días - En nuestros días vivimos en una sociedad que tal vez podríamos definir no tanto como increyente, sino más bien indiferente. Por una parte se da la secularización derivada de la crítica racionalista moderna al sistema religioso predominante hasta hace pocos años, particularmente en Europa. Ya no sirven, las respuestas religiosas simples sin contraste con la razón crítica. La Iglesia jerárquica católica ha perdido prestigio y credibilidad. Las personas recurren a movimientos religiosos desde el budismo y el zen hasta las más variadas opciones al estilo “New Age” y toda suerte de magia y esoterismos, tan increíblemente en boga en una cultura racionalista.

La nuestra, es una sociedad individualista y fragmentada, típica del sistema cultural y económico que se ha globalizado. Asistimos al neoliberalismo el cual se caracteriza por la potenciación extrema del consumo, apoyado por los modernos sistemas de comunicación y las nuevas tecnologías. Vivimos bombardeados por muchas imágenes y sensaciones. La vida sucede a mucha velocidad, siempre estamos con prisas, y parece que lo que nos mueve es la ansia de resultados inmediatos, siempre a la búsqueda de algo nuevo que nos haga sentir bien (placer, diversión, éxito…). No hay tiempo ni espacio para las preguntas más profundas, para concentrarnos en lo esencial, en el verdadero tesoro. Somos parte de un presente inmediato, en el que el valor que más se esgrime es el de la libertad entendida como “hacer lo que a uno le da la gana”, sin tener en cuenta para nada el bien común.


Toda esta concepción materialista de la realidad, ciega nuestra capacidad de encontrar el valor transcendente de la vida. En este contexto se hace necesario un discernimiento de cual tesoro poseamos o estemos buscando. Que no sea solamente un espejismo, algo material que no nos llena, solamente un pequeño recorte fotográfico de la realidad verdadera. Nuestro corazón está inquieto, hay una sed profunda en el ser humano, pero el tesoro más valioso está siendo rechazado, llevando a la destrucción de la vida plena.

PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR

  • El Reino de los Cielos es a un tesoro escondido en el campo…” es el símbolo de todo lo que la persona debe hacer para ir más allá de lo superficial. Simboliza una relación que va en profundidad (tesoro). El profeta Jeremías había reprendido al pueblo por haber construido “cisternas agrietadas que no contienen el agua” (Jr 2,13). Dios es la fuente de agua viva (Jr 17,13; Sal 36/37, 8-9) que puede saciar nuestra sed de infinito. ¿Qué es lo que más te llamó atención en esta reflexión sobre esta realidad de la búsqueda del tesoro?




  • Francisco Jordán desde su juventud se preguntaba a luz de su fe: “Padre amantísimo, mira cómo se encuentran en sombras de muerte y no te conocen. Señor, sálvalas, pues para Ti todo es posible. Señor, Padre, Dios y Creador, ¿es que no deben conocer tu bondad y tu misericordia los que caminan en la patética noche del paganismo? ¡Ay, Dios y creador mío, mi alma está sedienta de ti y de las almas!” (DE I/12). En mi día a día, ¿cómo vivo esa sed de espiritualidad? ¿Contribuyo para que las personas con las cuales convivo busquen el verdadero tesoro?




  • Juan Pablo II comenta así el salmo 63 "El Salmo 62 (63) es el Salmo del amor místico, que celebra la adhesión total a Dios, partiendo de un anhelo casi físico hasta alcanzar su plenitud en un abrazo íntimo y perenne. La oración se hace deseo, sed y hambre, pues involucra al alma y al cuerpo. Como escribe santa Teresa de Ávila "sed me parece a mí quiere decir deseo de una cosa que nos hace gran falta, que si del todo nos falta nos mata" (Camino de perfección, c. XIX). ¿Cuál espiritualidad somos llamados a vivir y testimoniar como respuesta a los signos de los tiempos de hoy?


Oración: Salmo 62

En Dios sólo descansa el alma mía, de él espero mi salvación.

Sólo él es mi roca y mi salvador, si es mi fortaleza, no he de vacilar.
¿Hasta cuándo se lanzan todos contra uno, para juntos demolerlo

como se echa abajo un muro, como se derriba una cerca?


Todos sus proyectos son sólo engaños, su placer es mentir;

con lo falso en la boca ellos bendicen, y en su interior maldicen.

Sólo en Dios tendrás tu descanso, alma mía, pues de él me viene mi esperanza.
Sólo él es mi roca y mi salvador, si es mi fortaleza, no he de vacilar.

En Dios están mi salvación y mi gloria, él es mi roca y mi fuerza, en él me abrigo.


Pueblo mío, confíen siempre en él, abran su corazón delante de él,

Dios es nuestro refugio. El vulgo no es más que una pelusa,

y de los de arriba no se puede fiar.
Si en la balanza se pusieran todos, ni un soplo pesarían.

No vayan a contar con la violencia ni se hagan ilusiones con la rapiña;

el corazón no apeguen a las riquezas cuando se acrecientan.
Una vez Dios habló, dos cosas yo entendí:

Que de Dios es la fuerza, y tuya es, oh Señor, también la gracia.

Que eres tú quien retribuye a cada cual según sus obras.

2 - EL TESORO ENCONTRADO (JUZGAR)

INTRODUCCIÓN

Un de los elementos de la parábola del tesoro escondido (Mt 13,44-46) es el estado de alegría y contentamiento de quien encuentra el tesoro. En todos los tiempos ha habido gente que encontró el tesoro escondido y que llenó de significado su vida. Personas como Francisco Jordán que se convirtieron en ejemplo de cómo vivir los valores del Evangelio. En enero de 2011, Andrew Urbanski (Superior General), escribió para todos los miembros de la Familia Salvatoriana: "Tengo la inmensa alegría y el privilegio de enviarles una maravillosa noticia. Hoy el Santo Padre, Benedicto XVI autorizó a la Congregación para las causas de los santos promulgar el decreto sobre la heroicidad de las virtudes de nuestro amado Fundador".


Sentimos una alegría profunda con este reconocimiento oficial de la Iglesia de que Francisco Jordán es un ejemplo de alguien que encontró el “manantial de agua viva”. Así lo describe el Decreto: "Dios dio a su siervo, ya desde su juventud, un gran deseo de unión con Cristo en la Eucaristía. De la Santa Misa y de la adoración al Santísimo Sacramento obtuvo un ferviente celo apostólico durante toda su vida. Sus cohermanos le encontraban siempre inmerso en oración. Encontró gran consuelo en el amor a la Bienaventurada Virgen María, Madre del Salvador y Reina de los Apóstoles y trató de promover su veneración. Amó mucho la pobreza evangélica y vivió una confianza inquebrantable en Dios, y una valiente humildad. Abrazó la cruz. Fue siempre obediente a la fe de la Iglesia y a las directrices de la autoridad eclesiástica, incluso en los momentos más difíciles. Como padre, cuidó de sus hijos e hijas espirituales y llegó a adquirir una creciente prontitud para perdonar. "
LAS VIRTUDES DE FRANCISCO JORDÁN

Las personas de espiritualidad profunda no son personas extraordinarias que realizaran hechos sobre-humanos, sino personas que toman a Dios muy a serio. Estas personas experimentan en su vida la presencia total de Dios en su historia; son personas que encontraron el tesoro de vivir las virtudes evangélicas. Vale la pena conocer lo que dijeron los miembros (9) de la Comisión Teológica de la Congregación sobre la Causa de los Santos, dando su parecer positivo sobre la vida ejemplar de fe y de la experiencia de Dios de Jordán.
Total abandono en Dios - El primer consultor destaca, que los escritos de Francisco Jordán transparentan toda su vitalidad interior repleta de una intensa piedad eucarística y Mariana, de la pobreza vivida en la práctica de la penitencia, de una caridad sin límites comprobada también a través de sus informes respetuosos para con todos, amigos y opositores. Aparece sobre todo su total abandono en Dios, la fidelidad a las reglas del Instituto, la máxima delicadeza y cuidado en las celebraciones litúrgicas, las obras de pura contemplación: y todo dentro del marco de una profunda e íntima alegría.
La eucaristía como núcleo – El segundo consultor dice, que el núcleo generador de su vida era desde su infancia la eucaristía. Varias veces al día él iba al templo para hacer la adoración, casi inmóvil frente al Sacramento. De joven participaba en la misa, con fervor y se comunicaba con estremecimiento. De sacerdote celebraba con edificante recogimiento, con grande atención a la dignidad del rito y con evidente participación. En los últimos años, a causa del nerviosismo, la celebración eucarística le resultaba más difícil, pero igualmente la vivía con fe y alegría.
Visión apostólica - El tercero consultor dice que Jordán era hombre siempre movido por el Espíritu Santo. Él quería abrazar a todo el mundo con su acción apostólica y a pesar de que la acción apostólica y misionera era limitada, él demostró ser un buen sacerdote apostólico y misionero.
Confianza en la Providencia - El cuarto consultor destaca ante todo la confianza total en la Providencia, buscando continuamente la conformidad con la voluntad de Dios. Se evidencia un líder espiritual cuyos puntos esenciales de su espiritualidad son: devoción al santísimo Sacramento a la Cruz y a la madre de Dios. La vida del siervo de Dios ha estado impregnada claramente de una tensión escatológica hacia la patria y la salvación eterna. Su confianza en Dios fue siempre un antídoto, tanto contra la presunción como contra la desesperación.
Fidelidad a la vocación - El quinto consultor destaca, que el hecho del pacto espiritual, muestra de la experiencia interior que siempre le acompañó, consolidó finalmente la vida del padre Jordán, convenciéndolo de su vocación religiosa y que ésto siempre le proporcionó la fuerza de andar adelante hasta el fondo, costare lo que costase; de hecho era un acto heroico y de fe, esperanza y confianza y amor que lo impulsaba a ser siempre constante y fiel en las más diversas circunstancias de su vida histórica concreta.
Fe inquebrantable - El sexto consultor dice que nos encontramos ante un cristiano superior a lo normal, no tanto porque haya fundado a los Salvatorianos y Salvatorianas - una prueba de los buenos frutos del buen árbol, que ha producido tantas ramas frutales - sino sobre todo por su fe. Esto ayudó a salir a los fieles cristianos de su tiempo de la apatía que estaba amenazando a la Iglesia. Su idea, pues, era fuertemente misionera. Tenía dos grandes amores, hacia Jesús en la eucaristía y hacia su madre la Virgen María. Destaca igualmente su humildad siempre dispuesto a recibir abundantes gracias de parte de Dios.
Centralidad de Cristo - El séptimo consultor dice que para Jordán la fe era el fundamento de toda su vida en toda su actividad. El centro de su vida interior era siempre Cristo. Su fundación ha renovado a la Iglesia. Su tendencia fundamental y el programa de su vida era ver en todas las disposiciones la mano de Dios. Es humilde quien desconfía de sí mismo y confía todo a Dios, lo cual hizo de modo eminente el padre Jordán, ya que esperaba todo de la ayuda del Señor, teniendo baja estima de sí mismo. Alimentaba también su humildad considerándose un pecador, y por eso deseando siempre corregirse de sus propios defectos.
Sentido místico - El octavo consultor destacó la experiencia mística de Jordán, desde niño y de su "sentido por el misterio". El principio vital del padre Jordán era: ¡como el buen Dios quiera! Uno de los mensajes actuales del siervo de Dios es la importancia del sentido por el misterio en la fe. Dios es misterio, su amor es misterio, por eso existe el misterio de la vocación, el misterio de la Iglesia, el misterio de sufrimiento, el misterio de la muerte… todos estos misterios no pueden explicarse con medios naturales, pero sí por la fe". Del sentido por el misterio deriva su segundo mensaje: respeto hacia Dios. Hoy en alguna manera se ha perdido el sentido de reverencia en los encuentros con Dios.
Amor a Dios - El noveno consultor dice que Jordán consideró que el mal de la humanidad que era urgente sanar, consistía principalmente en la ignorancia de las verdades de la fe. Toda la vida del siervo de Dios fue una expresión de su amor a Dios. El padre Jordán era siempre consciente de la presencia de Dios y odiaba firmemente el pecado. El amor a Dios, lo mostró varias veces durante sus enfermedades, especialmente durante la última.
EL TESORO ENCONTRADO

Esconder un tesoro en el campo, era en la época de Jesús una práctica corriente. Se ha hecho hasta tiempos recientes como una forma de que no los robaran los ladrones. El evangelio nos habla del tesoro, de la perla de gran valor... Este tesoro de que habla Jesús, es lo que Dios ofrece con la llegada de su Reino, que se expresa en bendiciones de perdón, salvación, paz y alegría plena. Es un tesoro que no está escondido en el cielo, inaccesible e incontrable, sino en el campo, al alcance de todos. Es en medio de su trabajo como el hombre encuentra lo que busca, o quizá más bien Dios lo encuentra a él. El descubrimiento del tesoro viene como una gracia. Dios quiere encontrarse con el ser humano y hacerle encontrar la salvación. Esta es una necesidad insaciable que nos impulsa a buscar a Dios, como dice San Agustín en esta frase: "Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti".


Esta es la buena noticia del Evangelio: existe un tesoro de gran valor y se le puede encontrar. El que busca encuentra. No que las búsquedas humanas lleven a Jesús y aporten la salvación, sino porque la gracia de Dios quiere ser buscada y se deja encontrar. Dios sabe encontrar a los que le buscan como fue la experiencia de Moisés que encuentra Dios en la zarza ardiente (Ex 3,2). Dios no impone su gracia a los que no la quieren. Al mismo tiempo el Evangelio afirma que para adquirir este tesoro hay que vender todo lo que tiene. Porque la salvación es gratuita. Por eso hay que renunciar a todo lo que nos impida de poseerla. En otras palabras, es preciso que el vaso esté vacío para llenarlo. Hay que vaciar el corazón de los falsos tesoros para encontrar el único tesoro que es Jesús, nuestro Salvador.
Francisco Jordán encontró el tesoro de su vida y la perla de gran valor. El “vendió” todo por amor a Cristo: lo deja todo, y lo halla todo. Lo vende todo porque sabía bien el tesoro que había encontrado. Ante este tesoro, todo lo demás carecía de importancia. Este fue también su mensaje de vida: para que el amor de Dios se haga palpable tenemos que lograr la experiencia de Dios como Padre-Madre, sentir su bondad, su compasión, experimentar la confianza total en su misericordia. Porque todo en la vida, vivido hondamente, puede llevar a Dios. En lo más hondo de la realidad hay un misterio ultimo que es la “bondad y el amor de Dios, nuestro Salvador” (Tt. 3,4).
La vida de Jordán consistió en encontrar el tesoro. Es decir: haber experimentado en primer lugar, de verdad - no solo saber intelectual - que Dios nos ama plena e incondicionalmente, conforme a su inspiración de “que te conozcan a Ti, el único Dio Verdadero…” (Jn 17,). Que somos para Él únicos e irrepetibles, que nuestro valor para él es sagrado. Así lo reconoció Jordán en su Pacto Espiritual: “Da siempre gloria a Dios, y agradécele siempre por todos los dones que El te ha regalado a ti la más indigna criatura” (DE II/99).
Esto lleva a que tengamos un estilo de vida verdaderamente de discípulos. Los valores que el Evangelio propone son muy diferentes a los del mundo de hoy. Somos retados a preguntarnos constantemente qué tipo de cultura se nos viene encima, qué ejemplos y modelos se nos propone. Si, por una parte el mundo de hoy nos llena de recursos, al seguir los senderos del Evangelio, debemos vencer la tentación de elegir vías fáciles e ilusorias, para encontrar el camino de la Verdad verdadera y plena. El mundo tiene sed precisamente de estos valores, y es la razón por la que Jordán escribió: “Evita todos los pensamientos e imaginaciones inútiles. ¡Confía todo al Señor! ... ¡Sé un verdadero pregonero del Altísimo!” (DE I/182).
A partir del momento en que visualizamos y encontramos el verdadero tesoro, Jesucristo, y nos hacemos poseedores del mismo, nuestra vida adquiere una dimensión existencial total. Nos sentiremos llenos de esa riqueza que transciende y asume nuestra integridad humana y de hijos de Dios.
Nuestra misión cristiana nos impulsa a vivir y a actuar en el mundo de hoy, fortalecidos por la alegría y por el compromiso ante ese tesoro hallado, que debe ser cultivado y engrandecido más cada día.
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR

  • "Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón"(Mt 6,21). Uno de los secretos de Jordán de hacer todo lo que hizo fue vivir con profundidad las virtudes evangélicas. Una vida de total dedicación al Divino Salvador, el celo apostólico, a vida de oración, los sacrificios e sufrimientos asumidos sin lamentarse, son algunas perlas que él fue recogiendo en el camino de su existencia. ¿Qué es lo que más te llamó atención en esta reflexión sobre el tesoro encontrado?




  • Todos nosotros tenemos algunas palabras o frases (“perlas preciosas”) que son inspiradoras en el ser y hacer nuestro camino. Jordán tenía la costumbre de anotar sus frases, como por ejemplo estas, que hacen referencia a nuestro tema: "¡La oración nocturna es un tesoro!" (DE II/68). "La alegría del corazón es vida para el hombre y un tesoro de santidad de muchos quilates"(DE IV/33). "El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? Dios es mi fundamento, mi refugio y mi libertador". (DE I/207). "¡Sumérgete en el Océano del amor de tu Dios!" (DE I/146). ¿Y para ti, cual es la frase que inspira tu proyecto de vida salvatoriano?




  • Son muchas las personas hoy (que a ejemplo de Jordán) confiesan valores innegociables del Evangelio, valores que dan sentido a sus vidas. Aunque, para muchos, en la defensa de los valores evangélicos hay un precio a pagar de persecución, de cruz y sufrimiento… Pero todo es secundario cuando Jesucristo es el centro de nuestra vida, como la luz verdadera que ilumina a toda criatura que viene a este mundo. ¿Desde tu formación inicial y desde la profundidad en que vives el carisma, cuales son para ti valores salvatorianos innegociables?


Oración: Salmo 22

El Señor es mi pastor: nada me falta;

en verdes pastos él me hace reposar.
A las aguas de descanso me conduce, y reconforta mi alma.

Por el camino del bueno me dirige, por amor de su nombre.


Aunque pase por quebradas oscuras, no temo ningún mal,

porque tú estás conmigo con tu vara y tu bastón,

y al verlas voy sin miedo.
La mesa has preparado para mí frente a mis adversarios,

con aceites perfumas mi cabeza y rellenas mi copa.


Irán conmigo la dicha y tu favor mientras dura mi vida,

mi mansión será la casa del Señora por largos, largos días.



3 - EL TESORO COMPARTIDO (ACTUAR)

INTRODUCCIÓN

Toda persona que sigue a Jesús tiene una historia que contar. Su propia vida es un testimonio del poder transformador de Dios. La biblia enseña que esa buena noticia no debe ser guardada o escondida, sino que debe darse a conocer a toda persona a nuestro alrededor. Dios no nos salvó únicamente para nuestro beneficio personal. Su voluntad es que permitamos ser herramientas en sus manos, a fin de que otros, también conozcan del amor de Dios y su deseo de salvarlos. Jesús deja muy en claro que sus seguidores tienen la tarea de compartir su fe a todo el mundo, cuando les dijo: “Id por todo el mundopredicad el evangelio a toda criatura” (Mc 16,15).


Decíamos anteriormente a luz de la parábola del Evangelio (Mt 13,44-46), que el tesoro descubierto no debe quedarse enterrado. Tenemos algo valioso que ofrecer. Como Salvatorianos tenemos el reto de transmitir no sólo que somos cristianos como todos en humanidad y fragilidad, sino también la particularidad y diferencia de nuestra vocación salvatoriana de proclamar los valores del Evangelio en nuestro tiempo y en nuestro mundo.
En Jordán encontramos el ejemplo de ardor apasionado de una persona que encontró el tesoro escondido. El dio inicio a un movimiento de salvación, una grande Familia con el “objetivo, en el Espíritu de los Apóstoles, ayudar a expandir, defender y fortalecer la fe católica en todos los países de la tierra” (P. Pfeiffer, 84). Jordán no trabajó solo, sino que organizó un gran equipo de evangelizadores para estar en la vanguardia de la misión, para dar a conocer el único y verdadero tesoro: "Jesucristo, único Salvador del mundo" (Tt 3,4-7).
Este grande ideal de nuestro fundador viene descrito en el decreto sobre sus virtudes heroicas: “El padre Francisco pudo reunir en torno a sí muchos hijos e hijas espirituales. La Casa Madre de Roma la entendió él como "escuela de apóstoles", a través de la cual tenían que ser conquistados muchos nuevos apóstoles. El se desgastó con la preocupación por la difícil misión de Assam en la india, y con el gran número de fundaciones de nuevas casas en Europa y América y el esfuerzo por consolidarlas en su espíritu… La figura del siervo de Dios Francisco María de la Cruz Jordán anima hacia una santidad apostólica. Es ejemplo de un hombre verdaderamente apostólico y misionero, lleno de anhelo por llevar a todos hacia Jesucristo, el Salvador del Mundo. Partiendo de una visión universal del apostolado, quiso fomentar la renovación de la fe a la vez que contribuir hacia una primera evangelización y hacia una nueva evangelización. El quiso anunciar a Cristo en todos los campos de la vida y de la cultura, y anunciar el Evangelio "por todas las formas y medios que la caridad de Cristo inspire".
JORDÁN COMPARTIENDO EL TESORO

La llamada del Señor es el acontecimiento más grande que nos puede suceder, como a aquellos discípulos a quienes Jesús llamó a orillas del lago de Genesaret. Sin embargo, seguir a Cristo en una entrega plena, nunca es fácil. Él pide romper con la rutina, con la mediocridad, con la superficialidad cómoda. La vocación siempre exige renuncia y un cambio profundo en la propia conducta. Es necesario dejar las seguridades y arriesgar todo para adquirir el tesoro sin precio, la perla incomparable. Es Jesús el que nos busca: “no me elegisteis vosotros a Mí, sino que Yo os he elegido a vosotros” (Jn 15,16). Y si Él llama, también da las gracias necesarias para seguirle, en los comienzos y a lo largo de toda la vida.


Esta actitud de discípulo, que Jordán experimentó en su vida, del amor profundo de Dios que le da fuerzas y esperanzas no puede más callarse. Él no solo se siente salvado, sino invitado a ser parte de la salvación de otros. Vale la pena escuchar cómo Jordán expresa este compartir del tesoro encontrado, en los escritos de su Diario: “Señor, ojalá lleve a cabo (mi plan) para tu gloria, con el auxilio de tu gracia; ayúdame tú a mí, que soy el más indigno y el más débil. Señor, ¿cuándo fundaré todo por Ti, mi amado?” (DE I/153); “Tu vocación de fundar... es moralmente cierta” (DE I/151*); “El 6 de septiembre de 1880 estuve solo en audiencia privada con S.S. el Papa León XIII, para tratar de la fundación de la Sociedad” (DE I/157*); “Con recta intención decidí fundar y propagar la congrega­ción femenina. También Rota (Obispo en excedencia) quiere que la propague” (DE I/183).

INVOLUCRANDO OTROS EN LA MISIÓN

Como vimos anteriormente el tesoro encontrado de Jordán: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Jn 17,3) no se quedó en algo puramente teórico, sino que supuso una inspiración para crear algo nuevo para una mejor evangelización apostólica. Él tenía la certeza de que esta inspiración era un llamado particular de Dios, lo que le daba fuerza, confianza y disponibilidad de actuar, para implementar este llamado. En marzo de 1880, después de celebrar la misa en el Santo Sepulcro, en Palestina, escribió en su Diario: “¡Y aunque tuvieras que dar la vuelta al globo 50 veces, lleva a cabo tu obra con todas tus energías!...” (DE I/154*). Progresivamente su apostolado se convirtió en un ardiente celo de salvar a todos, invitando a personas de todos estilos de vida, que se tornasen cristianos misioneros, tanto localmente como “ad gentes”. Jordán invitó a muchos para colaborar y desarrollar su carisma y misión. Entre ellos a Buenaventura Lüthen, Otto Hopfenmüller, Amália Streitel, María de los Apóstoles y centenas de cristianos laicos, organizando grupos y diferentes fundaciones y creando revistas...

Hoy la Familia Salvatoriana en su esencia es un don y al mismo tiempo una realidad de gracia. Como miembros de esta grande Familia sentimos la urgencia de involucrar a otros en la misión, en la tarea evangelizadora de la Iglesia, con el acento del carisma apostólico salvatoriano. A todos nos une el ser una “Familia Apostólica” y el deseo de trabajar unidos por el Reino de Dios. Unidos por un mismo ideal tenemos el compromiso de vivir en el mundo los valores del evangelio, como Jesucristo vivió, recreando sus actitudes y repitiendo sus gestos.

Todos nosotros fuimos conquistados e invitados a conocer este tesoro del carisma y vivir la espiritualidad de Jordán, por la manera y ejemplo de actuar de otros Salvatorianos. Como miembros de esta familia procuramos atraer y motivar a los cristianos a profundizar su fe, descubriendo esta vocación, expresando en todas las partes el rostro vivo y activo de la Iglesia participativa y misionera. En diferentes lugares trabajamos proyectos conjuntos en favor de la vida en abundancia, porque es nuestra tarea tener una actitud firme ante la injusticia y la falta de valores. Ciertamente que los ideales de Jordán y de la primera generación salvatoriana continúan presentes hoy, pero necesitan ser traducidos para nuestro tiempo. Esta es una de las tareas más importantes, el recrear este camino de búsqueda, el encontrar y compartir el tesoro de la espiritualidad de un Dios misericordioso y tierno, que quiere a salvar todos.



En el documento de la Declaración Salvatoriana se dice que “Jesucristo, quien vino a dar vida a todos, es la fuente y el centro de nuestra espiritualidad” (DS III, 10). Este es el tesoro que nosotros Salvatorianos llevamos a los demás, pero que antes de todo, lo hemos encontrado y ahora con alegría lo proclamamos. Un testimonio de lo que llevamos adentro, de personas que no simplemente hablan de Dios, sino que además expresan una vida de fe profunda, tal como el religioso de esta anécdota: Había un declamador que se ofreció a decir un poema, pero un religioso que lo escuchaba le propone que declame el salmo 22. Tras una mirada un tanto retadora le dice el declamador: sí, con tal que usted también lo repita después. El trato fue hecho y la declamación del actor fue lo más bello de la noche. Los espectadores aplaudieron a rabiar y le tocó el turno al religioso que repitió exactamente las mismas palabras del actor, como estaba acordado. Pero esta vez no hubo ningún aplauso, sino un sonoro silencio en el que a los pocos momentos surgió más de una lágrima de los espectadores... El actor, muy profesional, reconoció ante todo el público: "señoras y señores, espero se hayan dado cuenta de lo que ha sucedido esta noche: yo conocía el salmo, pero este religioso conoce al Pastor".
PARA REFLEXIONAR Y COMPARTIR

  • Ustedes son la sal de la tierra… ustedes son la luz del mundo” (Mt. 5, 13). Decía el papa Pablo VI: “Todos saben cómo la Iglesia está inmersa en la humanidad, forma parte de ella; de ella proceden sus miembros, de ella extrae preciosos tesoros de cultura, y cómo sufre sus vicisitudes históricas y también contribuye a sus éxitos” (Ecclesiam Suam, 18). En nuestro tiempo nosotros los Salvatorianos debemos contribuir a los logros del mundo compartiendo la gracia y los valores del evangelio. Este es el tiempo de ser portadores de la gracia, que da fuerza y sentido a la humanidad. ¿Qué es lo que más te llama atención en esta reflexión sobre el tesoro compartido?




  • El corazón de Jordán ardía de celo apostólico. El verdadero apóstol no vive una “vida sosegada”, sino que busca ocasiones para dar a conocer a Cristo y para que se le ame, ensayando medios de instruir, confirmar y estimular la fe profunda. “¡Emplead todas las fuerzas en anunciar a Cristo, con la palabra, con los escritos y con el ejemplo! (Palabras y Exhortaciones). Así que toda nuestra vida debe ser un continuo apostolado. Anota una experiencia significativa o algún signo de un autentico testimonio (personal o comunitario) salvatoriano que tu conoces.




  • Los Salvatorianos, nos unimos a todos los discípulos de Jesús y con todos los hombres y mujeres que luchan por construir un mundo más humano y fraterno. Nosotros nos sumamos a esta misión eclesial apuntando el tesoro específico que Dios nos ha regalado a través de Jordán, y que compartimos con nuestra espiritualidad y nuestros apostolados particulares. Con visión de futuro y para ser más auténticos en este camino de misión compartida, ¿qué pasos son necesarios (corto, medio, largo plazo) para crecer en nuestra realidad de Familia Salvatoriana?


ORACIÓN: SALMO 118 (1-17)

¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!

Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor!

Que lo diga la familia de Aarón: ¡es eterno su amor!

Que lo digan los que temen al Señor: ¡es eterno su amor!

En el peligro invoqué al Señor, y él me escuchó dándome un alivio.

El Señor está conmigo: no temeré; ¿qué podrán hacerme los hombres?

El Señor está conmigo y me ayuda: yo veré derrotados a mis adversarios.

Es mejor refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres;

es mejor refugiarse en el Señor que fiarse de los poderosos.

Todos los paganos me rodearon, pero yo los derroté en el nombre del Señor;

me rodearon por todas partes, pero yo los derroté en el nombre del Señor;

me rodearon como avispas, ardían como fuego en las espinas,

pero yo los derroté en el nombre del Señor.

Me empujaron con violencia para derribarme, pero el Señor vino en mi ayuda.

El Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación.

Un grito de alegría y de victoria resuena en las carpas de los justos:

"La mano del Señor hace proezas,

la mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas".

No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor.


S. Rozilde Binotto, sds; Mr. Carlos Alfonso Matiz Bulla, sds;

Ms. Dianir Ciari Mariani, sds; S. Carol L. Thresher, sds;

Fr. Luis Munilla Peña, sds; Fr. Milton Zonta, sds


1 Cf. MENAPACE, M. – “El pozo y los camellos”, Buenos Aires 1977.


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