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El síndrome de down


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6.El Síndrome de Down a lo largo de la vida.



  1. Etapa Infantil, los primeros seis años. Atención Temprana.


Los niños/as con Síndrome de Down deben recibir Atención Temprana desde los primeros meses de vida. Se trata de un programa de intervención integral especializada, adaptado a las necesidades y capacidades de cada niño/a, en el que intervienen fisioterapeutas, especialistas en educación especial, terapeutas ocupacionales y todos aquellos profesionales que se consideren necesarios según las características del niño/a y su familia.

    “Se entiende por Atención Temprana el conjunto de intervenciones, dirigidas a la población infantil de 0-6 años, a la familia y al entorno, que tienen por objetivo dar respuesta lo más pronto posible a las necesidades transitorias o permanentes que presentan los niños con trastornos en su desarrollo o que tienen el riesgo de padecerlos. Estas intervenciones, que deben considerar la globalidad del niño, han de ser planificadas por un equipo de profesionales de orientación interdisciplinar o transdisciplinar.” (Libro Blanco de Atención Temprana)





En primer lugar, los niños/as con Síndrome de Down deben recibir cinesiterapia para corregir la flacidez muscular que les impiden caminar con soltura y coordinar los movimientos. Un educador/a estimulará la curiosidad, que se va incrementando a medida que aprenden a gatear y a caminar.

La logopedia entra en acción a los pocos meses, con el fin de estimular y reforzar el lenguaje expresivo, que presenta mayores déficits que el lenguaje comprensivo. Los terapeutas ocupacionales centrarán su actuación en el adiestramiento de las actividades básicas de la vida diaria, relacionadas con el autocuidado y la autonomía personal, como vestirse, comer, expresarse, jugar, etc.

Las actividades de Atención Temprana no se limitan a las realizadas durante las sesiones de intervención, sino que deben continuar en casa. Los padres y madres deben ser enseñados a estimular al niño/a y llevar a cabo las tareas que les encomiendan.


    En cualquier caso, deben saber que la mejor estimulación consiste en darle el mismo trato que a cualquier otro niño o niña de su edad; lo tienen que llevar al parque, a los cumpleaños, jugar con él / ella, etc.






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  1. El Colegio.


Los niños/as y jóvenes con Síndrome de Down son “alumnos/as con necesidades especiales o específicas”, es decir, que precisan, de manera más o menos permanente ayuda complementaria y especializada, para seguir el currículo escolar y el ritmo de la clase. Al alumno/a se le ofrecen las adaptaciones curriculares o del entorno necesarias para compensar las dificultades que presentan (intelectuales, motoras, sensoriales, etc.). El sistema educativo debe trabajar en colaboración con la familia para estimular el desarrollo de las habilidades precisas para que se puedan integrar en la sociedad y participar plenamente en la misma.

No existe un conjunto de adaptaciones diseñadas específicamente para los alumnos/as con Síndrome de Down, dado que no existen dos niños/as con las mismas dificultades, por lo que se planificarán de manera individualizada. Además, según el grado y tipo de ayuda que precise, podrá acudir a un centro de educación ordinario o a uno de educación especial. La evaluación de estas necesidades le corresponde al equipo psicopedagógico (más información).

De acuerdo con el artículo 36.3 de la Ley de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE), “la atención al alumnado con necesidades educativas especiales se regirá por los principios de normalización y de integración escolar”. Esto significa que todos los alumnos/as deberán pasar por un sistema único que no establezca diferencias de partida para evitar una discriminación que, si empieza en la infancia, es más difícil salir de ella.

La modalidad del centro al que puede acudir un niño/a con Síndrome de Down dependerá de las capacidades y limitaciones evaluadas por el equipo psicopedagógico, y puede ser alguna de las siguientes:


      1. Centros Ordinarios de Integración.


Se trata de centros que imparten alguna/s de las etapas educativas (infantil, primaria y secundaria), dirigida a toda la población escolar y que ofrecen la posibilidad de acudir a los mismos a alumnos/as con necesidades especiales o específicas. El centro deberá reunir una serie de requisitos y contar con una serie de recursos materiales y personales para ser considerados de integración.

      1. Centros de Educación Especial.


Van dirigidos a los alumnos/as menores de 20 años cuyas necesidades educativas no pueden ser atendidas en el régimen de integración de los centros ordinarios. En las poblaciones rurales, pueden habilitarse aulas de educación especial en los centros ordinarios. Los centros de educación especial proporcionan formación para facilitar la transición a la vida adulta. La situación del alumno/a debe ser revisada periódicamente para verificar si sus necesidades han cambiado y favorecer el acceso en régimen ordinario de integración.

    Consejos para profesores/as.



  • Aprenda más sobre el Síndrome de Down. Cuanto más sepa, mejor podrá ayudarse a sí mismo y al niño/a.

  • Trate a su alumno/a como lo haría si fuera un niño/a sin Síndrome de Down.

  • Aprenda de los profesionales (psicólogos, pedagogos, etc.) a satisfacer las necesidades especiales de su alumno/a. Trabaje en equipo, consultando al Equipo de Orientación Educativa y Psicopedagógica, para planificar y poner en marcha el plan educativo y las adaptaciones curriculares más adecuados para el niño/a.

  • No se fíe de las apariencias, ni se guíe por estereotipos e ideas preconcebidas. Concéntrese en ese niño/a concreto, aprenda a conocerlo y a detectar sus necesidades y capacidades.

  • Tenga en cuenta las opiniones y deseos de la madre y del padre. Ellos son los que mejor conocen al niño/a y le podrán informar sobre sus necesidades y capacidades.

  • Aprenda estrategias y estilos de aprendizaje para niños/as con necesidades especiales. En todo caso, sea creativo y pregúntese ¿cómo puedo adaptar la lección para lograr al máximo un aprendizaje activo y práctico?

  • Sea comprensivo cuando, en algunas ocasiones, el alumno/a tenga que salir momentáneamente de la clase para acudir a alguna sesión de tratamiento (rehabilitación, logopedia, etc.).

  • Céntrese en las habilidades y posibilidades del niño/a, más que en sus debilidades y limitaciones.

  • Acepte al niño/a como es y no como quisiera que fuera. Ayúdele a mejorar, pero no intente cambiarlo.

  • Valore sus esfuerzos y sus logros, aunque le parezcan insignificantes, y, sobre todo, hágaselo saber.

  • Sancione negativamente sólo las conductas y respete absolutamente al niño/a sin utilizar calificativos denigrantes.

  • Compare al niño/a sólo consigo mismo, con sus propios logros, nunca con otro niño que sirva de modelo.

  • No hable nunca delante del niño/a de sus fallos y problemas.

  • Huya tanto de la sobreprotección como de las exigencias excesivas; adáptese a las capacidades del niño/a y a su ritmo de aprendizaje.



La mayoría de las personas con Síndrome de Down tienen un retraso mental ligero o moderado, a diferencia de lo que ocurría en épocas anteriores en las que predominaban las que no superaban un nivel intelectual de retraso mental profundo. Esta mejoría ha sido posible gracias a los programas de Atención Temprana y de educación para niños/as y adolescentes con Síndrome de Down, así como al enriquecimiento ambiental, que actúan de manera positiva sobre el desarrollo cerebral.

Un programa de educación deberá considerar las siguientes características y pautas sobre el Síndrome de Down:



Características de las personas con Síndrome de Down

Pautas de Actuación



    • Aprenden a un ritmo más lento.

    • Se fatigan con facilidad, por lo que su atención sólo se mantiene durante períodos breves.

    • Muestran poco interés y curiosidad por el mundo que les rodea.

    • Les cuesta realizar actividades solas.

    • Recuerdan con dificultad lo que han hecho y conocido.

    • No saben extraer conocimientos de la experiencia, aprender de los acontecimientos de la vida diaria.

    • Responden a las órdenes con lentitud.

    • Carecen de iniciativa para inventar o buscar nuevas situaciones.

    • Solucionan con dificultad los problemas nuevos, aunque sean similares a otros resueltos con anterioridad.

    • Si se les pide que realicen muchas tareas en poco tiempo, se confunden y rechazan la situación.






    • Hay que ofrecerles un número mayor de experiencias, que sean variadas y les permitan aprender lo que se les quiere enseñar.

    • En los primeros momentos, las sesiones de aprendizaje serán cortas, para ir prolongarlos poco a poco.

    • Para motivarlas e interesarlas en las actividades, en las sesiones de aprendizaje debe predominar la alegría y ofrecerles estímulos y objetos agradables, atrayentes y variados.

    • Habrá que ayudarlas y guiarlas hasta que puedan realizar sola la tarea.

    • Hay que repetir muchas veces las tareas para que recuerden cómo se hacen y para qué sirven.

    • Es preciso ayudarlas a aprender de los hechos que ocurren a su alrededor y a relacionarlos con los conceptos aprendidos en clase.

    • Habrá que guiarlas para que exploren situaciones nuevas y tengan iniciativas.

    • Es preciso planificar bien las tareas, estudiando el orden en que se tienen que presentar.

    • Se le deben ofrecer oportunidades de éxito y no anticipar la solución ni responder por ellas.

    • Hay que animarlas cada vez que logren un objetivo y decirles lo bien que lo han hecho.

    • Aprenden mejor e incrementan su interés cuando han tenido éxito con anterioridad, si participan activamente en la actividad.

    • Hay que seleccionar las tareas y repartirlas en el tiempo para evitar la fatiga.





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