Página principal

El rentismo amenaza a las autonomias


Descargar 26.53 Kb.
Fecha de conversión18.07.2016
Tamaño26.53 Kb.
EL RENTISMO AMENAZA A LAS AUTONOMIAS

Roberto Laserna


Los recursos naturales, en especial los hidrocarburíferos y los minerales, pertenecen a todos los bolivianos. Este es un principio fundamental en la comunidad política que llamamos Bolivia y ha sido utilizado para respaldar ideológicamente el estatismo. En ese principio se han basado las expropiaciones y la imposición de tasas, patentes, regalías e impuestos.

La experiencia histórica muestra que esa política ha impedido, en los hechos, un adecuado aprovechamiento de las riquezas naturales. Las expropiaciones ahuyentaron inversionistas, las recaudaciones excesivas alentaron una acelerada sobreexplotación de los recursos, el Estado no alcanzó nunca la fortaleza que se esperaba y, lo peor, la mayor parte de los bolivianos no percibió los beneficios de una riqueza que es supuestamente suya.

Si las rentas naturales, en vez de ir a las burocracias estatales, fueran distribuidas directamente entre todos los bolivianos, ¿se debilitaría el Estado? ¿Dejaría de proporcionar servicios públicos? ¿Se pondrían en riesgo las autonomías? ¿Sería más frágil la democracia y se postergaría el desarrollo?

Estas son preocupaciones legítimas con una respuesta común que trataremos de hacer explícita en esta nota. Esa respuesta común es no. La distribución directa de las rentas a los ciudadanos crearía más bien las condiciones para fortalecer los roles del Estado, a nivel central y departamental, y para consolidar una democracia de ciudadanos, dando una base material de sustento a las iniciativas de desarrollo.



RECUPERACIÓN… PARA QUIÉN?

Las estatizaciones, que llamamos nacionalizaciones atendiendo a su justificación de recuperar el control de los recursos naturales para los bolivianos, han entregado recursos a las burocracias pero no han resuelto los problemas sociales y económicos del país.

En el mejor de los casos, esas acciones generaron efímeras bonanzas fiscales, pero ni siquiera en los momentos de expansión del gasto fiscal fue posible superar la exclusión crónica de los más pobres. El gasto fiscal suele beneficiar a los grupos que controlan los gobiernos, a los que tienen influencias y a los que pueden ejercer presión en las calles. No a los pobres del campo. El resultado es este país profundamente desigual y que parece haber condenado a una gran parte de su población a la pobreza.

El estatismo tampoco fortaleció al Estado, que no ofrece protección colectiva, seguridad jurídica o representación internacional, aspectos básicos que justificaron el nacimiento del Estado-Nación.

La historia del desarrollo nos ofrece evidencias empíricas de que un Estado que concentra las riquezas generadas por la explotación de la naturaleza cae presa de su propia ineficiencia, no puede asegurar ni siquiera la estabilidad de quienes lo gobiernan, y termina siendo incapaz de garantizar que las riquezas naturales beneficien a sus verdaderos dueños.
EL ESTADO INDIFERENTE

El problema se presenta cuando el financiamiento del Estado no depende de la riqueza que la gente genera, sino de la que se encuentra en la naturaleza. Cuando el Estado no depende de los impuestos, se desentiende de la suerte económica de los trabajadores y empresarios. Es indiferente a ellos, a sus actividades de producción, inversión y trabajo.

Eso explica la insólita prohibición de exportar aceite, por ejemplo. Como los ingresos fiscales dependen sólo marginalmente de los impuestos que genera la industria del aceite, las autoridades estatales no tomaron en cuenta el impacto que su decisión podría tener en los productores de aceite, soya, sorgo, maíz, algodón o girasol, ni en los empresarios que invirtieron en el rubro, ni en los trabajadores que dependen de él.

Controlar las rentas naturales hace que la economía fiscal se vuelva indiferente a los avatares de la economía nacional, es decir, sea insensible a los problemas de los bolivianos en su calidad de consumidores o productores. En esas condiciones, los agentes económicos no tienen otro camino que actuar en las esferas política o social, donde las autoridades sí son más sensibles.

Así, el carácter rentista del Estado se contagia a la sociedad, induciendo también comportamientos rentistas en la gente, es decir, obligándola a agruparse y presionar para defender su interés económico en la política o en las calles. Desaparecen los incentivos para producir y trabajar y aparecen los incentivos a la lucha política y social, porque ella permite en definitiva capturar una parte de las rentas naturales.

LA OPCIÓN DESCENTRALIZADORA

La descentralización, que implica la creación de unidades de producción y de gestión de bienes públicos más cercanos a la gente, con capacidades más o menos autónomas según el caso, es una necesidad. Si el administrador está cerca de la gente –dice el argumento-, dará mejor y más rápida respuesta a sus necesidades, y le será más difícil corromperse.

Pero lo cierto es que aún cuando se ponga en marcha ese proceso seguiremos enfrentando el problema de fondo: la indiferencia del Estado hacia la economía. Porque esa indiferencia es determinada por el rentismo.

Un anticipo de lo que puede suceder lo tenemos ya en los municipios, pues los ingresos que ellos obtienen no dependen del desempeño de sus economías sino, sobre todo, de su población. La consecuencia de ello es que los gobiernos municipales, en general, no tienen incentivos para preocuparse espontáneamente de la economía local. Que se instalen o se cierren empresas, que aumenten o disminuyan los puestos de trabajo, que tengan o no éxito los productores y comerciantes en el municipio no es motivo de preocupación para los alcaldes o concejales, salvo que hagan un esfuerzo deliberado y vigoroso para considerar el tema, o que reciban presiones de los involucrados. Así, termina ocurriendo en escala local lo que ya sucede con el nivel central.

¿Cómo superar este problema? ¿Cómo evitar que se reproduzca en los futuros gobiernos departamentales autónomos?

LOS RECURSOS SON DE TODOS, LAS RENTAS TAMBIEN

Es necesario considerar la opción de distribuir las rentas generadas por la explotación de los recursos naturales entre todos los ciudadanos bolivianos. A cada individuo mayor de 18 años la parte que le corresponda y con ajustes anuales que acompañen los cambios de producción, precios y exportaciones.

Esto fue lo que propuso el 15 de noviembre de 2007 un grupo diverso y plural de profesionales, académicos y políticos. Quienes hicimos esa propuesta culminábamos con ella cerca de dos años de investigaciones, reflexión y análisis, cuyos resultados, además de condensarse en un manifiesto en el que recogimos la demanda de “Bolivia somos todos”, se encuentran en tres libros y siete documentos de trabajo (ver recuadro).

La distribución directa de las rentas naturales a los ciudadanos permitiría que el principio fundamental de la propiedad común se cumpla plenamente, pues ningún ciudadano sería excluido del derecho de acceder a sus recursos, y nadie se vería obligado a organizarse para presionar a fin de conseguir una parte de ellos. El mecanismo de entrega podría ser tan sencillo como era el bonosol, dando tiempo a los productores y comerciantes a reaccionar al crecimiento de la demanda con nuevas inversiones. Con la individualización de las rentas naturales todos contarían con un capital semilla para invertir.

La expansión del mercado permite prever que la distribución directa dinamizaría la economía hacia tasas de crecimiento elevadas, con avances sustanciales hacia la reducción de la pobreza y hacia una mayor equidad social.

¿Y AL ESTADO…?

En el debate que se ha generado a partir de la propuesta de la distribución directa, sin embargo, estos temas pasaron desapercibidos. Las críticas expresaron más bien al temor de que la aplicación de esta propuesta afectaría negativamente la economía fiscal, reduciendo la capacidad de los organismos públicos para realizar inversiones y expandir los servicios de salud y educación.

Además de que estas objeciones ignoran nuestra propia experiencia como país que siempre confió al aparato estatal la administración de sus recursos sin haber logrado superar los problemas económicos y sociales de la gente, olvidan también tomar en cuenta que la debilidad del Estado no se origina en la falta de recursos sino, sobre todo, como lo planteamos anteriormente, en su desvinculación de la vida económica, productiva y tecnológica de la gente.

En otras palabras, lo que esas críticas pretenden es que sigamos haciendo las mismas cosas, una y otra vez, con la ilusión de que en algún momento dejen de tener las mismas consecuencias. Esto no es razonable. Si realmente queremos efectos diferentes, como más crecimiento y menos pobreza, una democracia fuerte y un Estado responsable hacia la sociedad, tanto en el nivel central como en los departamentos y municipios, tenemos que hacer algo diferente.

Ese algo diferente es la distribución directa, la entrega de un capital semilla a cada ciudadano, en los montos variables que correspondan a las variaciones en la explotación de los recursos que son de todos.

En tanto los gobiernos central, departamentales y municipales no cuenten con otras fuentes de financiamiento, podrían gravarse con impuestos las rentas individualizadas. Esto podría incluso otorgar a los ciudadanos el poder de decidir si quieren aportar más al gobierno central o más a su gobierno departamental. Este hecho cambiaría para bien la relación de los órganos estatales con la gente. Los gobiernos dejarían de ser unidades de gasto y los ciudadanos tendrían una conciencia más clara de su contribución, dejando de ser sujetos subordinados a la bondad circunstancial de los políticos.

Si además se considerara necesario reducir la cantidad de dinero mediante la creación de un fondo de estabilización, como fue planteado en su momento por el Ministro de Planeamiento, sería muy fácil hacerlo con sólo disponer que una parte de la renta individual sea entregada como aporte individual a un fondo de pensiones que financie las jubilaciones, reforzando los aportes de los trabajadores y permitiendo que todos cuenten con un respaldo a su vejez. Los fondos de pensiones ya han demostrado que tienen capacidad para mantener registros individualizados, para informar a sus clientes y para administrar con prudencia los fondos a su cargo.

Los gobiernos, obligados a recaudar tributos, se verían también obligados a ser más eficientes y a rendir cuentas a los ciudadanos, con lo que disminuirían las probabilidades de corrupción y despilfarro.

Deberían bastar estas consecuencias para considerar la distribución directa como una opción viable. Pero, además, debería tomarse en cuenta que la expansión del mercado y la consecuente dinamización de la economía ampliaría la base tributaria, de manera que los ciudadanos tendrían mayor capacidad de acompañar sus demandas de bienes públicos con mayores impuestos. De ocurrir esto, la pérdida de las rentas por el Estado sería rápidamente compensada con más recursos, pero ya no en la actual relación viciada de clientelismo y prebenda, sino en una relación virtuosa de contribuyente y servidor público. El resultado sería un Estado más fuerte pero menos abusivo, y una sociedad más emprendedora y democrática.

Por lo tanto, no es cierto que la distribución directa debilite al Estado o ponga en riesgo las autonomías. Al contrario, su aplicación crearía las condiciones para contar con un gobierno central competente y con gobiernos autónomos fuertes. Con una condición: que la reforma autonómica contemple competencias de recaudación tributaria, incluyendo la capacidad de establecer tasas impositivas diferenciadas dentro de un rango que puede ser nacionalmente determinado. Hay que recordar que sin política fiscal no hay Estado -ni central ni departamental-, y que sin contribuyentes, no hay ciudadanía. Y es la ciudadanía la que construye la democracia, el desarrollo y, por supuesto, el Estado.


RECUADRO
Este artículo se basa en los estudios contenidos en los siguientes textos, en los cuales también se encuentra la bibliografía en que se sustenta esta reflexión.
LIBROS
LA TRAMPA DEL RENTISMO un estudio sobre la forma en que se manifiesta en Bolivia la maldición de los recursos naturales, de Roberto Laserna con José M Gordillo y Jorge Komadina.

LA INVERSION PRUDENTE con artículos y síntesis de estudios sobre el bonosol y sus impactos de Roberto Laserna, Sebastián Martinez, Emmeline Skinner, Guillermo Aponte, Luis Carlos Jemio y Fernando Molina.

LA NACIONALIZACION BAJO LA LUPA Una colección de 6 ensayos sobre la tercera nacionalización escritos por Napoleón Pacheco, Henry Oporto, Guillermo Aponte, Mauricio Medinacelli, Carlos Miranda y el equipo legal de Fundación Milenio.
DOCUMENTOS DE TRABAJO
Bolivia y la renta generada en la explotación de los recursos naturales. Una revisión histórica del papel de las rentas de recursos naturales en la economía boliviana. Napoleón Pacheco. Coloquios Económicos 10, Diciembre 2007.

La maldición de los recursos naturales. Enfoques, teorías y opciones sobre los efectos de la abundancia. Rubén Ferrufino, Coloquios Económicos 7, Noviembre 2007

Gas y desigualdad. Estudio de Lykke Andersen, Robert Faris, Mauricio Medinacelli y Johan Caro que analiza el impacto que tendría el aumento del gasto fiscal. Coloquios Económicos.

Del gas sus digresiones. Estudio sobre la política reciente de hidrocarburos. Carlos Alberto López. Boletín Económico 7, Diciembre 2007

Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH): Origen, maltratos y usos. Mauricio Medinacelli estudia los destinos del IDH en algunas municipalidades, Coloquios Económicos 9, Diciembre 2007.

Riqueza nacional para la ciudadanía” Una opción para la democracia y el desarrollo sostenible. Roberto Laserna. Descripción de la propuesta y sus proyecciones económicas. Boletín Económico 6, Noviembre 2007



Distribución directa a las personas de la renta hidrocarburifera. Impactos macroeconómicos. Análisis de las consecuencias macroeconómicas de una eventual distribución directa de la renta gasífera. Juan Antonio Morales. Coloquios Económicos 8, Noviembre 2007


 Economista. Doctor por la Universidad de California, Berkeley. Presidente de Fundación Milenio.


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje