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El regreso de inanna


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EL REGRESO DE INANNA








V.S. FERGUSON

Este libro fue pasado a formato digital para facilitar la difusión, y con el propósito de que así como usted lo recibió lo pueda hacer llegar a alguien más.






LECTORES EN MOVIMIENTO

-DIFUSIÓN SIN FRONTERAS-

Contraportada
Yo, inanna, regreso para contar cómo, hace 500,000 años, mi familia de las pléyades tomó posesión de la Tierra y alteró el genoma humano con el fin de producir una raza de trabajadores creada para extraer oro destinado a la agotada atmósfera de nibiru, nuestro planeta y hogar.

Como éramos técnicamente muy superiores, esta raza de trabajadores -la especie humana - nos adoraba como a dioses. Nos aprovechamos de ellos para librar guerras en medio de nuestras disputas familiares interminables hasta que, de un modo estúpido, desatamos sobre la tierra la terrible arma gandiva, que envió una onda de radiación destructiva por toda la galaxia. Esto enfureció a la federación intergaláctica. A causa de nuestras propias acciones, nos vimos restringidos por "la pared", una prisión de frecuencia que congeló nuestra evolución.

Regresen conmigo a la antigua sumeria, a babilonia y a egipto. Dentro de mis templos del amor, doy a conocer secretos antiguos de la unión sexual cósmica pleyadense y de mis matrimonios sagrados. A través de mis ojos, contemplen la Torre de Babel, el Gran Diluvio, los Túneles de las Serpientes y los cristales en espiral en la pirámide de Giza.

Viajen conmigo por el tiempo hasta la Atlántida, Cachemira y el Pacífico Noroeste de los EE.UU. A medida que encarno en mis yo multidimensionales para poner a funcionar los códigos genéticos que están latentes dentro de su especie y para liberar a la tierra del control por frecuencias que ejerce mi primo, el tirano marduk.


La sra. V:s. Ferguson vive en seattle, washington con su esposo y su perro.

Es licenciada en artes y pintura y actualmente estudia en la universidad

De la Vida en el planeta Tierra.

El regreso de inanna

Primera Parte: La familia de Anu

Segunda Parte: Melinar y los Yo Multidimensionales

Copyright 1995 por V.S. Ferguson.

Digitalizador:  Nascav

L-01 – 31/07/04



Este libro

está dedicado

a todos aquellos

que anhelan

la libertad

Tabla de Contenido



Este libro fue pasado a formato digital para facilitar la difusión, y con el propósito de que así como usted lo recibió lo pueda hacer llegar a alguien más. 1

Digitalizador:  Nascav 3

L-01 – 31/07/04 3

Tabla de Contenido 3

Reconocimientos 4

Introducción 5

Reparto de Personajes y Locaciones 6

PRIMERA PARTE: La familia de Anu 6

I INANNA HABLA 6

II nibiru 8

III Ninhursag 11

IV Enlil 14

V Enki 16

VI dumuzi 18

VII Ereshkigal 20

VIII Los templos del amor 23

IX marduk y la guerra 26

X el ekur 28

XI gilgamesh 32

XII utu y los tuneles de las serpientes 34

XIII sargon el grande 36

XIV tara 39

XV gandiva 40

XVI interferencia 42

XVII Descenso 44

XVIII para los niños 46

interin 48

SEGUNDA PARTE: Melinar y los Yo Multidimensionales 48

I Los zapatos rojos 48

II los brillantes 49

III olnwynn 50

IV montaña perdida 53

V ElGuardian de los cristales 55

VI El pasado inexistente 57

VII algo de interacción 59

VIII chandhroma 61

IX libros y zapatos 64

X el mundo de las apariencias 66

xi la cortina 68

XII volando en el tibet 69

XIII almuerzo con marduk 71

XIV el hombre ideal 73

XV un helicoptero negro 75

XVI la nave nodriza 77

XVII fusion 79

XVIII polvo cosmico 81

XIX despues 82

Fuentes para El Regreso de Inanna 83




Reconocimientos

Mientras escribía El Regreso de Inanna, comencé a sentir que estaba en un vasto océano a bordo de un botecito y que las personas que me amaban lo suficiente como para leer mi primer bosquejo, se convirtieron en mi brújula y faro sobre ese océano.

Así que le agradezco a mi querida amiga Anne por interesarse en mi primer borrador, por tener el coraje de decirme la verdad y darle textura.

Sin el don de edición que posee Tera Thomas, este libro no habría sido una realidad. La indudable ayuda de Inanna, la sincronicidad y el planeta Júpiter nos unieron, mientras que una gran amistad y amor le dieron forma al libro. Tera, estoy agradecida por tu Marte en Virgo, por tu profundidad espiritual y tu corazón infinito.

Agradezco a mi esposo por su humor, su fotografía, su edición y su ayuda con "mi ciencia". Te amo, Charles.

También le agradezco a Barb Ferguson, mi directora artística por ser lo que ella es así como por su creatividad e inspiración. Y a Pat Welch, por su corrección de pruebas esencial.

Gracias a Quentin, mi graduado favorito de la Academia de la Flota Estelar, por darme ánimos cuando lo necesitaba; a Anthony, por recordarme que tenía que recordar; gracias también a Suzette; y a mi Jenny en Inglaterra por estar junto a mí; y a Debbie y Nicole por leer El Regreso de Inanna con tanto amor. Lo último pero no lo menos importante, les agradezco a mi amado Oso y a mi fiel Rhiannon por mantenerse tan cerca.

El Regreso de Inanna está basado libremente en cuatro fuentes: la epopeya hindú, el Mahabharata, traducido por J.A.B. van Buitenen, las obras de Zecharia Sitchin, especialmente El Duodécimo Planeta y las Guerras de los Dioses, las traducciones sumerias de los himnos e historias de Inanna, Inanna, Queen of Heaven and Earth, por Diane Wolkstein y Samuel Noah Kramer; y un libro intitulado The Greatest Story Never Told, por Lana Corrine Cantrell. Les debo mucho a esas cuatro fuentes así como a otras, especialmente a Doris Lessing por su Instrucciones para un descenso al inferno y su serie de novelas de ciencia ficción, Canopus en Argos Archivos.

El Mahabharata es el libro más maravilloso que he leído. La reciente traducción de J.A.B. van Buitenen está llena de descripciones de naves espaciales, ciudades celestes que vuelan, armas de radiación y seres cuyas aventuras desafían la imaginación. En esta obra se expresa también la idea de "dioses" que encarnan en cuerpos de humanos.

En 1990 leí los tres primeros títulos de la serie de Sitchin. La primera parte de El Regreso de Inanna se origina de mi propia imaginación, pero en general está basada en la erudición que Sitchin despliega en estos libros, por los cuales estoy muy agradecida. Mientras leía Las Guerras de los Dioses, me vi a mí misma transportada en el ser de Inanna, sintiéndome como si yo fuera ella, representando al vivo las escenas de su vida. Recordé a Nibiru, me vi a mí misma de niña allá y sentí que conocía a la familia de Inanna íntimamente. Supe lo que los motivaba y cómo se sentían. Los quise a todos, especialmente a Ninhursag. En mi mente, me paré al lado de la pirámide, golpeándola con mi arma y maldiciendo a Marduk. Pude ver a Sargón y sabía lo que Inanna sentía por él. Hasta me compré un collar de lapislázuli.

Para mí, la vida de Inanna fue como una película larga y emocionante, pero un poco enredada. Realmente nunca he sabido por qué su historia me afectó de un modo tan profundo, pero con el tiempo ella se abrió paso y llegó a ser un libro. Inanna compartió su vida conmigo de un modo que me trajo aventura, emoción, confusión y sabiduría. Espero que El Regreso de Inanna haga lo mismo con ustedes. Sé que ella desea que yo les traiga este regalo para contar su versión de la historia.

Les agradezco a Zecharia Sitchin, J.A.B. Van Buitenen y a todos los otros que inspiraron este libro por su diligente investigación, trabajo arduo e imaginación. Le agradezco a Inanna por su amistad y su amor. Ella es tan adorable.

V.S. Ferguson, 1995

Introducción



por Tera Thomas
Desde hace mucho tiempo conozco las historias de nuestros ancestros pleyadenses, los dioses que manipularon nuestro ADN, nos usaron como obreros y nos ocultaron la verdad en cuanto a quiénes somos realmente para beneficiarse ellos mismos. Había leído sobre ellos, oído hablar de ellos y editado pasajes largos de libros sobre las Pléyades tales como Bringers of the Dawn y Earth. Me parecía que ya conocía bien esas historias. De modo que cuando Susan Ferguson me llamó para preguntarme si estaba interesada en editar El Regreso de Inanna, casi le respondí: "¡Oh, no, no más historias de dioses!" Pero algo dentro de mí, dijo: "No respondas tan rápidamente, hay un regalo para ti en esto". Yo sí escucho mi guía interior; además, me cae muy bien Susan, y estaba lista para otro proyecto, de modo que le dije que me gustaría leer el borrador.

Susan me envió la primera parte de su libro. Fue de una lectura rápida, ingenioso, bien contado y me afectó profundamente. A través de la voz de Inanna, los dioses se presentaron de una manera realista y práctica. Eran egoístas y fastidiosos, se comportaban como personas que he conocido antes y con las que no quería interactuar. A modo de queja le dije a Susan: "Inanna es tan malcriada y obstinada y tan desatenta a las consecuencias de sus acciones. ¡Se supone que es una diosa!" Susan respondió: "¡Exactamente!. Los dioses han sido adolescentes eternos, niños malcriados y egoístas que obtienen lo que quieren o pelean. Es difícil de creer que le hubiéramos entregado nuestro poder a alguien tan ordinario y codicioso y, sin embargo, lo hacemos constantemente una y otra vez".

¿Has tenido ya la sensación de haber oído algo tantas veces que te hace pensar que lo comprendes muy bien, pero viene alguien y te dice una cosita que quizás ya has oído antes, pero por alguna razón la escuchas de un modo muy diferente, y esa cosita ha cambiado toda la perspectiva? Las palabras de Susan me trajeron un gran descubrimiento: estos dioses son gente real que nos manipula para hacernos creer que son dioses. Y como yo había creído que estos personajes eran dioses y ya estaba enfadada porque no se comportaban como yo esperaba que se comportaran los dioses, ¿significaba eso que aún les estaba entregando mi poder, esperando que fueran más sapientes, más compasivos que un humano común y corriente, como yo? ¿Tenía todavía esa enorme brecha en mi conciencia que separa lo divino y lo humano en dos categorías completamente diferentes?

Leí de nuevo la historia, con otros ojos, y esta vez la sentí en el centro de mi ser. Me sumergí en un sentimiento de respeto por Inanna, cuya voz resonaba tan veraz a medida que contaba sus historias. Ella estaba contando su historia exactamente como sucedió; sabía que ella y los miembros de su familia eran ególatras, malcriados, y que les habían hecho mucho daño a los humanos y a la Tierra. Al no disimular o tratar de justificar sus acciones, Inanna estaba aceptando la responsabilidad por lo que ellos habían hecho, y estaba aquí para remediarlo.

De una manera muy sencilla y en un lenguaje fácil de entender, Inanna me presentó a los dioses como personas a las que podía sentir y comprender. Para mí, las historias ya no eran simples mitos; mis recuerdos latentes se estimularon y conocí a la familia de Anu como si fuera mi propia familia. Me di cuenta de que Inanna estaba haciendo exactamente lo que yo había estado haciendo en mi vida: yendo al pasado para sanar las heridas, para evolucionar. De repente se desmitificó y descanonizó a los dioses y los conocí entonces.

Mientras trabajaba en la primera parte, Susan estaba terminando la segunda y me la envió. Estaba muy intrigada en cuanto a cómo continuaría la saga en la segunda parte del libro. Los dioses estaban actualizados, eran personajes del siglo XX que trataban de sanar las heridas que habían causado al encarnar en la forma humana para activar los genes latentes y para devolver el conocimiento que con tanto ahínco habían ocultado. Y era claro que habían hecho un tan buen trabajo para "desconectarnos", que rectificar el pasado no ha sido tarea fácil para ninguno de ellos.

He llegado a conocer a Inanna muy bien y a amarla mucho. A menudo siento su presencia. Confío en la claridad y la verdad que hay dentro de ella, y creo en su deseo sincero de rectificar las acciones irreflexivas y egoístas de su familia. También he llegado a amar mucho a Susan, y le agradezco por haber tenido el coraje de traernos a Inanna para que contara su historia, y por su diligente investigación para corroborar los hechos históricos.

He disfrutado muchísimo el trabajo con este libro. Para mí ha sido una experiencia poderosa. Me percaté de muchos campos donde todavía estaba programada para creer cosas que no me servían. Comprendí y sentí profundamente mi conexión con estos dioses, y exigí mi legado como uno de ellos de un modo que no había intentado antes. En su propio estilo franco, Inanna comparte su sabiduría y agudeza de ingenio para que se cierre la brecha entre los dioses y los seres humanos. Ella recalca una verdad sencilla, una verdad muy importante: nosotros somos los dioses, sí tenemos el conocimiento y el poder; está dentro de nuestro ADN, sólo ha estado inhabilitado y latente dentro de nuestros genes, pero está allá. Solamente tenemos que creer en él para activarlo.

Tera Thomas

Febrero de 1995

Pittsboro, Carolina del Norte

Reparto de Personajes y Locaciones



Nibiru: planeta artificial, hogar de la familia de Inanna.
Anu: bisabuelo de Inanna, gobernante supremo de Nibiru y cabeza de la dinastía familiar.

Antu: esposa/hermana de Anu; bisabuela de Inanna.
Ninhursag: hija de Anu y médico pleyadense. Médico brillante y genetista que creó una raza de trabajadores, los Lulus. Jefe de todos los servicios médicos en la Tierra.
Enki: hijo de Anu e Id (princesa de la Gente del Dragón); padre de Marduk, Nergal, Dumuzi y muchos otros. Ninki: primera esposa de Enki, mas no la única madre de su innumerable prole.
Enlil: hijo de Anu y Antu; heredero legítimo al trono de Nibiru.

Ninlil: esposa de Enlil.
Nannar: padre de Inanna; hijo de Enlil y Ninlil.

Ningal: madre de Inanna; esposa de Nannar.
Utu: el primogénito hermano gemelo de Inanna; hijo de Nannar y Ningal.
Ninurta: hijo de Ninhursag y Enlil.
Ereshkigal: media hermana de Inanna; hija de Nannar.

Nergal: esposo de Ereshkigal; hijo de Enki.
Dumuzi: primer esposo de Inanna; hijo de Enki.

Geshtinanna: hermana de Dumuzi.
Marduk: hijo de Enki.
Ningishzidda: hijo de Enki y Ereshkigal.
Sargon: uno de los maridos favoritos de Inanna.
Gilgamesh: un nieto ilegítimo de Utu que rechaza las propuestas sexuales de Inanna.

Enkidu: amigo de Gilgamesh.
Matali: amigo de Inanna; piloto de Enki

Tara: esposa de Matali, miembro de la Gente de la Serpiente y mejor amiga de Inanna.
El Ekur: la Gran Pirámide de Giza.

PRIMERA PARTE: La familia de Anu

I INANNA HABLA

Yo, Inanna, soy tan amada.

De muchas maneras, sol el amor per se.
Nosotros como pleyadenses siempre hemos sabido que el amor es la esencia de la creación. Todo lo que hemos sido siempre es amor; amor a la aventura, amor al poder y amor a la diversión. Esta es la historia de mi familia, la familia de Anu, quien llegó a su planeta desde las Pléyades hace más de 500,000 años terrestres. Y, como verán, nuestra historia es también su historia, porque en nuestros laboratorios, mi familia creó su especie tal como existe ahora. Nunca fuimos realmente superiores a ustedes, simplemente mucho más experimentados. Mi familia había estado divirtiéndose en el universo mucho tiempo antes de que llegáramos a la Tierra. Ustedes fueron nuestro experimento genético en la periferia de esta galaxia.

Regresemos al comienzo. El tiempo es el campo de juego de los dioses y, ¿cuál tiempo usaremos? ¿El suyo o el nuestro? En realidad el tiempo no existe, pero es útil porque si uno no marca límites, todo se fusiona. El pensamiento es proyectado hacia el espacio a través de las frecuencias infinitas de tiempo que son variables. Existe una multitud de frecuencias de tiempo, y el tiempo terrestre es muy diferente al tiempo que nosotros vivimos. Desde la perspectiva humana, pareciera que nosotros viviéramos para siempre, lo que nos facilita mucho el poder recrearnos con los habitantes de la Tierra.

Como creamos la raza humana en su forma actual sin activar del todo su ADN, nunca se nos ocurrió que podrían ser algo más que nuestros juguetes, o que podrían ejecutar tareas más complicadas que cocinar, limpiar o extraer oro. Teníamos a la Tierra por una operación minera remota. Empezamos a enseñarles a nuestros humanos y los llamamos Lulus. Como disfrutábamos tanto del juego con los Lulus, nos apegamos mucho a ellos y empezamos a cruzarnos con ellos. Nos enamoramos de nuestra propia creación.

Mas no podíamos dejar de pelear entre nosotros mismos. Los Lulus nos adoraban como a dioses, una práctica que fomentábamos, y los enviábamos a la batalla a luchar y morir por nosotros como peones en una partida de ajedrez. Ellos estaban más que dispuestos a enfrentarse a la muerte sólo para complacernos, y los veíamos como una fuente renovable, pues siempre podíamos crear más.

Luego cometimos el error de usar la Gran Arma Radioactiva, la Gandiva. Como resultado, ondas de radiación letal fluyeron hacia el sistema solar, hacia la galaxia, lo que llamó la atención del Consejo de la Federación Intergaláctica. Cuando se dieron cuenta de nuestro comportamiento imprudente, interfirieron. Ellos dirían "intervenir". Mi familia había estado tan ocupada luchando, compitiendo y jugando que se olvidó por completo del latoso Consejo. Después de todo, la Tierra era nuestra.

Los miembros del Consejo argumentaron que la Tierra había sido colonizada antes de que llegáramos nosotros, y que habíamos infringido la Ley del Primer Creador al poner en peligro otros mundos con nuestras maravillosas armas. También nos acusaron de alterar las capacidades genéticas de la especie humana, despojándolos así de la habilidad para evolucionar. Nos acusaron de violar la Ley de No Interferencia. Enredados en medio de nuestros propios problemas, nos pareció que esto no era asunto de ellos. Nuestra familia, la familia de Anu, estaba en guerra, hermano contra hermano.

A nosotros, el Consejo de la Federación Intergaláctica nos importaba un bledo, hasta que nos vimos rodeados de la Pared. No era una pared real, como una de ladrillo; ésta era una pared de frecuencia invisible y, por consiguiente, para nosotros todo empezó a cambiar. La magia desapareció por completo de nuestras vidas; ya no había chispa, no había acción. La vida se volvió demasiado sólida y densa, dejó de circular. La Diosa de la Sabiduría estaba a punto de enseñarnos algo que habíamos olvidado, o que quizás ni siquiera habíamos empezado a aprender todavía.

Al principio el aburrimiento nos confundió, pues no lo habíamos experimentado antes, y no nos gustó. Nos tornamos irascibles, casi humanos, lo que verdaderamente no nos gustaba. Eternamente habíamos estado expandiéndonos y explorando el universo, creando con facilidad, divirtiéndonos. Nuestras vidas habían sido emocionantes con el poder infinito que teníamos disponible, y luego nos sobrevino un estado de anquilosamiento que nos dejó perplejos. Habíamos dejado de evolucionar. Erigida para enseñarnos por medio de la experiencia lo que les habíamos hecho a los Lulus en la Tierra, la Pared era la disciplina que nuestras propias acciones habían magnetizado hacia nuestra existencia.

No podíamos creer que realmente habíamos cesado de evolucionar. Con renuencia, nos dirigimos al Consejo para hacer preguntas diseñadas para hacernos parecer sabios, para disimular el hecho de que no sabíamos qué nos estaba sucediendo. Ellos lo sabían. Quizás son más avanzados que nosotros, pero no nos sentimos a gusto con una idea tan deprimente.

*

¡Cuidadosamente el Consejo nos explicó que tendríamos que otorgarles a los terrícolas los mismos poderes que nosotros poseemos! Nos informaron que éramos responsables de lo que habíamos cimentado, ¡Qué tontería! Nosotros no podíamos aceptarlo. ¿Pueden imaginar qué fastidio sería si sus animales domésticos fueran iguales a ustedes? Podrían empezar a hablar e incluso decirles lo que les gustaría cenar. ¿Dónde terminaría, con una cena de cuatro platos y trufas de chocolate como postre?

Muy molestos volamos a casa y, por su puesto, como era nuestra costumbre, reñimos entre nosotros mismos. Algunos se imaginaron que la Federación estaba conspirando con nuestros enemigos; otros pensaron que el Consejo obviamente se quería quedar con la Tierra. Los sirios eran más antiguos en el Consejo que nosotros los pleyadenses o, ¿lo eran los arcturianos? Algunos de nosotros creímos que era algo personal y empezamos a culparnos los unos a los otros. Somos una familia fracturada en verdad.

Intentamos disolver la Pared por medio de un sacrificio ritual colosal, bello y realmente espeluznante a gusto de los que se consideran entendidos en estos asuntos. Pero nada sucedió; nada cambió, la Pared todavía estaba allí y nos volvimos aún más aburridos, estancados y desorientados. El desespero, anteriormente desconocido para nosotros, clavó sus garras dentro de nuestras mismísimas almas, nuestras almas reptiles, para ser exactos.



*

Entonces yo, Inanna, Reina de los Cielos — me encanta ese título —, regreso para hablar. Regreso a ustedes, mis terrícolas, mis Lulus. Regreso para prepararlos para el cambio venidero en su ADN, para la transformación completa de su planeta Tierra y de sus hermosos cuerpos. Y, naturalmente, ¡espero liberarme a mí misma en el proceso! Supongo que si una madre no nutre a sus hijos debidamente, esto la persigue hasta que encuentra la manera de equilibrar la balanza. Parece que yo también debo equilibrar lo que he creado, y de cierto modo ser como una madre para ustedes.

Lo que me recuerda mi maravillosa niñez en nuestro planeta hogar, Nibiru, y todos aquellos que fueron como madres para mí.

***

II nibiru

Al contar mi historia, no me ocuparé del tiempo lineal como lo conocen. El tiempo terrestre es ineficaz para describir nuestra relación con ustedes. ¡Uno de nuestros años equivale a 3,600 años terrestres! El tiempo pleyadense es elástico, expansible e interdimensional. Algunos de nosotros podemos viajar a cualquier punto del tiempo que escojamos, podemos hasta alterar los acontecimientos de ese tiempo. Tales excursiones tienen su precio, pero una vez conquistado el talento que se requiere, ¿quién se puede resistir? ¡Viajar en el tiempo es algo divertido! Los conceptos fijos sobre el tiempo simplemente no existen, así que no los esperen en este libro.

*

Mi niñez fue una época mágica para mí. Las tabletas de arcilla cuneiformes que se encontraron en Sumeria y Babilonia dicen que yo nací en la Tierra, lo que es cierto. Mi hermano gemelo, Utu, salió primero de la matriz de mi madre, lo que le daba prioridad en los derechos de heredero. Sin embargo, yo no permití que este infortunado accidente de nacimiento me pusiera trabas y, más tarde en la vida, me compensé a mí misma con generosidad por esa pequeña frustración.

Cuando estábamos en condiciones de viajar, a mi hermano y a mí nos enviaron de regreso a nuestro hogar, Nibiru, un planeta artificial que había sido diseñado por la tecnología pleyadense para buscar materia prima en este sistema solar, y que da la vuelta a su sistema solar cada 3,600 años. El planeta Nibiru fue dado a nuestra familia hace muchos eones y Anu, mi bisabuelo, heredó su dominio de su padre. Anu es el padre de Enlil, el cual es el padre de mi padre, Nannar. Mi madre se llama Ningal y es la mujer más adorable que he conocido. La quiero mucho, ¡pero a menudo me pregunto cómo me trajo al mundo!

Mi hermano gemelo Utu y yo fuimos los primeros de la familia real que nacimos en Terra, como llamamos a la Tierra. En esa época, nadie sabía si las frecuencias de Terra afectarían el ADN de los niños pleyadenses. Por esos días eran imposibles de predecir las tormentas radiaoctivas y las fluctuaciones magnéticas de este planeta fronterizo, de modo que nuestros padres y abuelos no querían correr riesgos con nuestros códigos genéticos preciosos.

Nos criaron en el magnífico palacio de mi bisabuelo Anu y su reina hermana Antu. Mis primeros recuerdos reales son de mis correteos y risas por los pisos pulidos de lapislázuli; de brisas suaves que suavemente movían cortinas blancas enormes y que acariciaban los hermosos rizos oscuros de mi cabello. Mi risa llenaba la casa. ¡Mi pequeño cuerpo azul corría por el mero placer de sentir el lapis fresco debajo de mis pequeños pies rechonchos! Todos me amaban y no había quien me controlara, sólo gente que me alababa y me abrazaba. ¡La vida era perfecta!

La mayoría de los miembros de mi familia tiene piel de tonos azules variables, como turquesa y lapislázuli cremoso mezclados, cálidos azules suaves que son consecuencia de la alta cantidad de cobre en nuestra sangre. Este cobre nos protege de la radiación cósmica que bombardea nuestro planeta desde el espacio. Nuestra tendencia continua de hacer la guerra hace tiempo acabó con la protección natural de nuestra atmósfera contra dicha radiación, así que nuestros cuerpos se adaptaron al aumentar el contenido de cobre. Durante eones hemos estado esparciendo oro en nuestra estratosfera para mejorar la atmósfera de nuestro planeta, y necesitamos un suministro constante de ese oro. Esa fue nuestra razón principal para colonizar Terra.

Anu y Antu son las cabezas de mi familia y los gobernantes de Nibiru. Aunque nuestra tendencia es permitir que cada cual haga lo que le plazca, incluso hasta los extremos, eventualmente casi todos los de nuestro grupo pendenciero acataban las órdenes de Anu y Antu.

Extremo es una buena palabra para describir a Anu y Antu. Sé que pueden parecer mimados, indulgentes o inmoderados pero, para mí, así era la vida, la forma en que hacíamos las cosas. Yo adoraba a mis dos bisabuelos y ellos a su vez me adoraban, especialmente Anu. De hecho, mi nombre, Inanna, significa "amada de Anu", y más tarde esto me permitió un poder importante sobre el resto de la familia.

De niña, en todas partes me rodeaban la belleza y el amor. El palacio era un pabellón abierto sin límites y sin paredes. Los arquitectos habían diseñado el interior para que fuera el exterior y viceversa y, como nos protegían reguladores de frecuencia, no necesitábamos paredes o vidrio. Había innumerables jardines paradisíacos de todos los diseños imaginables que exhibían flores exóticas, plantas, aves y mariposas de todos los lugares de las galaxias. Sería imposible describir muchas de las especies puesto que son desconocidas en Terra. Algunos de los jardines eran solamente frecuencias de luz y sonido; a nuestros artistas de Nibiru les encantan esas creaciones. Los jardines predilectos de mi bisabuela Antu estaban hechos de oro y piedras preciosas, las flores a menudo eran de rubí y zafiro con hojas de oro y plata. En Terra recreamos estos jardines en joyas para que nos hicieran recordar nuestro hogar. En los escritos antiguos de Terra hay descripciones veraces de esos lugares.

A Anu y a Antu les encantaban las fiestas. Ellos celebraban todo; un equinoccio, un cometa, los solsticios y, por supuesto, los cumpleaños. Las festividades se prolongaban por semanas, incluso meses. Di por sentado que todo el mundo vivía así. Era mi vida.

Anu, que era bien parecido y generoso, siempre estaba pensando en un presente maravilloso para su querida Antu: una diadema nueva, una nave voladora o un templo. El palacio debía ser enorme sólo para contener los regalos que él le daba. Antu, que era bella y afectuosa, emanaba gozo y placer cabal. Su pasión era preparar fiestas; tenía una gracia para la organización y nunca se le escapaba el mínimo detalle. Ella era el tipo de una de esas anfitrionas consumadas que lo deja a uno preguntándose quién tiene el poder, la esposa o su marido. Todos los de las galaxias deseaban ser invitados al palacio para disfrutar de los manjares de la cocina de Antu. De las tortas se formaban fantásticos palacios mágicos, y la fruta y helados se exhibían apetitosamente mesa tras mesa. Nuestros vinos eran excelentes.

Nuestro amor a la belleza y la creatividad naturalmente se extiende hasta el acto sexual, el cual es respetado con la más alta deferencia por mi gente en Nibiru y a través de todas las Pléyades. Si traen sus conceptos terrestres sobre la sexualidad y la moralidad a mi historia, sería mejor que cerraras el libro ahora mismo. Para nosotros, el sexo tiene que ver con las frecuencias de energía y su dirección. Como nosotros usamos la energía sexual para crear muchas cosas, su punto central y amplificación es una forma artística que todos nosotros aprendemos y disfrutamos. Lo vemos como la fuerza pura de energía que brota del Primer Creador hacia el cuerpo y sus centros receptores. Cuando ya está en el cuerpo, se le cambia la dirección y se transforma según la habilidad y capacidad del individuo. Se podría comparar con un sistema de circuitos electrónicos que modifica y distribuye energía eléctrica.

Fueron Antu y Anu quienes me dieron el conocimiento de la Unión Sagrada. Antu encarna las fuerzas apasionadas de la creación y se le tiene por una gran maestra de dicho conocimiento. Para mí fue un honor que ella me enseñara. El poder de la expresión sexual es venerado y de mucha demanda entre nosotros. Este conocimiento hacía parte de mi linaje genético, y como vengo de la sangre de Anu y Antu, nací para amar y ser amada; por eso era su preferida.

En los Templos del Amor en Nibiru, ellos escogían sacerdotes y sacerdotisas con base en su habilidad para recibir y transmitir las frecuencias más elevadas de la Unión Sagrada. Para nosotros el placer sexual no era nada menos que alivio y recreo. A una escala mayor, la unión sexual es un grandioso generador de néctar para el Primer Creador. La conexión del sexo con la vergüenza y la culpa fue consumada en Terra por otro miembro de mi familia, ciertamente no fui yo, para esclavizar a los Lulus y mantenerlos temerosos. En Nibiru es de conocimiento general el hecho de que el poder sexual es parte de la existencia.

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