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El puente mirador


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EL PUENTE MIRADOR

En diciembre del año 1997, la alcaldesa Barberá manifestó que le había encargado a Santiago Calatrava el diseño de un puente que constituyese un hito urbanístico para culminar la ejecución de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Este puente, sobre el viejo cauce del Turia, une la calle de Serrería con el bulevar Sur y es imprescindible para comunicar esas dos zonas de la ciudad. En un principio, los urbanizadores del PAU de la avenida de Francia se encargaban de su ejecución, siempre que ésta no tuviese un coste económico superior a 700 millones de pesetas.

La alcaldesa haciendo gala de su capacidad comunicadora, manifestó que por dinero no sería y que tenía el compromiso de José Luis Olivas, entonces conseller de Hacienda, de que la Generalitat correría con todos los gastos de ejecución del puente, que excedieran de los 700 millones. Así que el arquitecto valenciano se puso manos a la obra, y desde el año pasado los medios de comunicación comenzaron a difundir los primeros bocetos y su estimación económica. Se apuntó ya que el coste del puente que estaba proyectando no bajaría de 3.000 millones de pesetas. A partir de ese momento Rita Barberá enmudeció, y hasta hace quince días no ha hecho declaraciones. En su reaparición, le perdió de nuevo esa actitud autoritaria que posee y lanzó un ultimátum a Santiago Calatrava: “el proyecto debe ser presentado en una semana y su coste no debe superar los 1.200 millones de pesetas”.

Ya hemos comenzado las rebajas, el proyecto del puente, con torre mirador incluída, es imposible ejecutarlo por ese precio. Las preguntas que nos hacemos son las siguientes: ¿se quiere o no cerrar la Ciudad de las Artes y las Ciencias con un emblema arquitectónico propio? y ¿cuánto nos podemos gastar?

Sin duda, el puente debe tener un coste equilibrado y debe constituir una importante referencia de la ciudad. Por tanto, es cuestión de buscar financiación. ¿Qué pasa ahora para que el presidente Zaplana sólo vaya a poner 500 millones de pesetas?, ¿qué queda de lo hablado en diciembre de 1997? y ¿dónde está el dinero que iba a llegar para ejecutar la obra?. Sencillamente, Rita Barberá no ha sido capaz de conseguir ese dinero, a pesar de la recalificación de terrenos en el ámbito del plan urbanístico de la Ciudad de las Artes y las Ciencias que le ha supuesto a la empresa de la Generalitat, CACSA, una inyección económica superior a los 12.000 millones de pesetas.

Se podrá discutir si no es prioritario atender otras necesidades de la ciudad y construir un puente de acuerdo con un coste de 700 millones de pesetas. Posiblemente quien piensa así pueda tener razón, pero esa obra se puede hacer sin que al Ayuntamiento le cueste un duro. Todo son ganas de trabajar y saber gestionar.

Para acabar una última reflexión, la alcaldesa Barberá empezó en 1993 a proyectar el puente de las Artes (Guillem de Castro-Menéndez Pidal) y cifró en 1.000 millones de pesetas su coste. El puente en cuestión, que por cierto recoge menos tráfico del previsto, se inauguró en 1998 y su precio total ascendió a casi 2.200 millones. ¡No está nada mal el sobrecoste! Desde el punto de vista arquitectónico y paisajístico su única contribución a la ciudad son las cuatro “magníficas torres” que lo presiden. Eso sí, como no podía ser de otra forma, rematadas por unos potentes focos. Por alumbrado, que no sea.

Por tanto, ¿se puede considerar exagerado que la ejecución del puente diseñado por Calatrava cueste 3.000 millones de pesetas? Si se compara con el de las Artes, hasta resultaría barato. Queremos un proyecto para Valencia que la ciudadanía considere emblemático, que su coste sea equilibrado y que lo financie la Generalitat. Ahí señora alcaldesa, nos tendrá a su lado.

4 de julio, 2000

Rafael Rubio Martínez



Concejal Grupo Socialista-Progresista

Rr/Cl 14/00


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