Página principal

El Profesorado Universitario en la década del cincuenta


Descargar 87.92 Kb.
Fecha de conversión22.09.2016
Tamaño87.92 Kb.



CINCUENTA AÑOS DE HISTORIA

CARLOS LÓPEZ TASCÓN

Bogotá, Octubre de 2004


El Profesorado Universitario en la década del cincuenta


No pretendemos en este breve resumen hacer una completa historia documental de la ASOCIACIÓN DE PROFESORES DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL - APUN – durante los cincuenta años de su existencia, que celebramos justamente en el mes de Octubre del presente año. Sin embargo creemos que vale la pena recordar, a la luz de la importancia que a esta efemérides le damos quienes hemos hecho parte de esta organización profesoral, así sea de manera muy ligera, las razones de su existencia y el papel que de alguna manera ha jugado en el devenir del Alma Mater.

Para cualquiera de nosotros es lícito pensar que los problemas del profesorado universitario han sido, ayer y hoy, los mismos que desde siempre han aquejado a no pocos sectores de trabajadores asalariados en cualquier organización empresarial, sea ella estatal o privada. Son los problemas primarios de su subsistencia y la de su familia, los de su desarrollo como persona, los de una permanente mejora de su calidad de vida. Todo lo cual necesariamente debería pasar por la defensa de un salario justo y la defensa de condiciones dignas de trabajo.

Si repasamos la historia de la Universidad Nacional, desde sus orígenes hasta el inicio de los años cincuenta, pocas huellas encontramos de luchas en este sentido. Es más, ni el salario, ni lo que hoy llamamos el “Bienestar Universitario”, que se entendía casi exclusivamente como política para usufructo del estamento estudiantil, hacían parte de las afugias del cuerpo profesoral de la Universidad Nacional; y podemos decir que tampoco del de alguna otra institución universitaria existente en el país por esos años. Sin embargo, esta aparente falta de “conciencia de clase” – como seguramente clasificaría el hecho cualquier aprendiz de marxista – tiene su natural explicación en la estructura universitaria predominante en la época aludida. Digamos simplemente que en su mayoría se trataba de ilustres catedráticos, no pocos de ellos que ofrecían sus cursos “ad honorem” por el gran honor que representaba ser considerado Profesor de la Universidad Nacional de Colombia. Como dato citemos que en 1944 el número de profesores de tiempo completo, según lo reporta el rector en ese entonces, Gerardo Molina, era de 56 (33 según otras informaciones), número que durante su gestión rectoral pasó a ser 105 en 19481, en una universidad que hasta donde conozco no superaba los mil estudiantes matriculados. Para 1954 el número de estudiantes era aproximadamente 4000 y los profesores de tiempo completo creo que no sumaban los 250, dispersos en una gran número de facultades semiautónomas, cada una de ellas identificada casi exclusivamente con un único programa curricular. Recordemos que la costumbre, que prevaleció hasta 1961, era que la creación de un programa curricular por lo general se acompañaba con el nacimiento de una nueva facultad, al punto que en 1964, año de ingreso a la rectoría de José Félix Patiño, había en total 27 facultades semiautónomas en la Universidad Nacional. Un cálculo más o menos conservador nos lleva a estimar que en 1954 no se contaba en promedio con más de 8 a 10 profesores de tiempo completo por facultad. Grupos demasiado pequeños e incomunicados entre sí como para pretender conformar un estamento organizado y activo en los asuntos universitarios. Si a lo anterior agregamos el hecho de que ellos en su mayoría tenían resulto su problema económico mediante la práctica privada de sus profesiones (médicos, odontólogos, veterinarios, ingenieros, químicos, arquitectos o decentes de planteles de secundaria), poca motivación objetiva existía para la conformación de una organización profesoral de carácter gremial.

La situación en las restantes universidades no era diferente. En realidad, no obstante ser un precario número, prácticamente solo en la Universidad Nacional había vinculación de profesores de tiempo completo. De cualquier manera, ello era de esperarse, pues desde su reorganización mediante la Ley 68 de 1935 la creación de la carrera del profesorado fue uno de los objetivos institucionales. En la exposición de motivos que de esta ley hizo el ponente, se lee:

Otro de los grandes males que afectan la vida de la Universidad Nacional es la falta de un profesorado de carrera, idóneo, entusiasta, bien preparado y consagrado por entero a las labores de la enseñanza y de la investigación. Sin un profesorado de tal naturaleza es imposible que la institución marche como debe y logre una completa autonomía espiritual, digna de respeto y apta para darle una orientación clara y precisa a la vida nacional colombiana, y de ejercer sobre ella una profunda redención … Para evitar un mal tan grave (- el representado por profesores catedráticos mal remunerados y nombrados de ternas presentadas por las facultades al ministerio de educación -), honorables Senadores y Representantes, solo existe un remedio que, puesto en práctica, habrá de traer los deseados resultados en el curso de algunos años: establecer, como os pedía antes, los departamentos universitarios, y con ellos el escalafón académico, para poder así hacer del magisterio universitario una verdadera carrera profesional, capaz de atraer a las inteligencias más robustas y brillantes y prometedoras que tenga el país, y de darles la posición social, y económica que merecen y deben tener…”2

Consecuente con el interés que finalmente quedó expreso en la Ley Orgánica, la vinculación de profesores de tiempo completo fue años más tarde fuertemente fomentada, como ya se dijo, no obstante la oposición de sectores políticos conservadores, durante la Rectoría de Gerardo Molina iniciada en 1944. Decía sobre el particular el ilustre exrector:

Convencido que es el profesionalismo uno de los graves defectos de nuestra institución, se ha preocupado el actual gobierno universitario por darles la debida importancia a los otros fines. El de la investigación, por ejemplo, es impostergable, pues una universidad que no atienda a ella, deja de serlo para trocarse en una simple escuela de oficios. Es por eso por lo que este mismo Consejo dictó el Acuerdo número 92 de 1944, reglamentario de las funciones de los profesores de tiempo completo… Y es así como año por año se ha venido aumentando el número de profesores internos, hasta el punto de que hoy tenemos treinta y tres. A mi juicio una de las grandes reformas de la Universidad consiste en incrementar la cantidad de este profesorado, que ve en la enseñanza y en el estudio una verdadera profesión… En aquel núcleo docente, que puede parecer pequeño, se encuentra el comienzo de una seria labor investigativa, que nuestro claustro es el llamado a impulsar…”3

Sin embargo, no obstante el interés del Rector Molina por dar carácter profesional a la labor del “profesor”, lo cierto es que el fomento de políticas en este sentido no siempre hizo parte del interés prioritario de quienes fueron nombrados por los distintos gobiernos para dirigir la Universidad Nacional. Y cierto es también, de acuerdo con lo que hemos anotado, que no existía, al menos hasta 1954, un interés expreso y decidido del profesorado en esta dirección. En consecuencia, el reto era claro para los pocos que deseaban emprender la tarea de organización del profesorado universitario. Se trataba no solamente de mover el interés gremial en torno a este loable objetivo, sino de la estructuración definitiva y la posterior defensa de la carrera académica en la universidad nacional. Era claro que esta estratégica tarea no podía seguir dependiendo del querer de un determinado equipo de dirección. El profesorado debería asumirla como una responsabilidad propia.


La coyuntura política y el nacimiento de la ASOCIACIÓN DE PROFESORES - APUN


En 1954 el país vivía aun las mieles del gobierno de la “paz, justicia y libertad” que en nombre de un supuesto “binomio pueblo – fuerzas armadas” encabezaba el general Gustavo Rojas Pinilla. Al parecer se respiraba un mejor ambiente de libertad que el que había permitido el derrocado gobierno de Laureano Gómez, lo cual daba también la oportunidad de proponer cambios al interior de la Universidad Nacional y eventualmente lograr reivindicaciones para el profesorado universitario, entre ellas, como ya lo hemos hecho notar, la más importante: la estructuración de la “carrera académica”, gracias a la cual se daría sentido a la labor de ese grupo de individuos que sacrificando sus personales intereses profesionales, cada vez en mayor número se habrían de dedicar a la construcción de la academia abrazando la hasta ese momento desconocida profesión de “Profesor Universitario”.

Pero logros en esta dirección sólo serían posibles llevando a la dirección universitaria propuestas con el respaldo organizado de quienes de hecho se encontraban dedicados a la labor académica. Se requería de la creación de una organización gremial unitaria y fuerte para tales fines. Es así como el 18 de mayo de 1954 en una reunión de profesores se creó una comisión preparatoria que redactara un proyecto de estatutos constitutivos de una organización de los Profesores de la Universidad Nacional. El 15 de octubre del mismo año, hace ya cincuenta años, un grupo inicial de 25 docentes de diferentes facultades, reunido en Asamblea General en la Facultad de Ingeniería, presidida por Rafael Torres Pinzón y Humberto Chica Pinzón, tras escuchar el informe de la comisión y aprobar en primer debate los estatutos propuestos, creó la ASOCIACIÓN DE PROFESORES DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIAAPUN, y nombró como su primer presidente al Profesor de la Facultad de Ciencias Leopoldo Guerra Portocarrero.

Posteriormente, el 22 de octubre, un grupo mayor de profesores fue convocado a una segunda Asamblea General con el fin de dar segundo debate y aprobar los estatutos. Adicionalmente fueron elegidos los siguientes dignatarios, que con el Presidente, conformaron el primer Comité Ejecutivo de la naciente asociación:

Vicepresidente: Luis Montoya Valenzuela Ciencias

Secretario: Humberto Chica Pinzón Arquitectura

Tesorero: Luis Enrique Gaviria Farmacia

Vocales: Rafael Torres Pinzón Odontología

Santiago Triana Cortes Medicina

Revisor Fiscal: Manuel Ramírez Montufar Ingeniería

A su vez los profesores Carlos Rojas Maldonado (Veterinaria) y Mario Ospina Melo (Química) fueron designados suplentes del secretario y del tesorero respectivamente.

El carácter multidisciplinario del Comité Ejecutivo nombrado deja ver claramente el interés de los asociados de dar a la APUN una imagen global de la Universidad Nacional y mantener en su órgano permanente de dirección una amplia representación que permitiese, a partir de los intereses e inquietudes particulares de los docentes en las diferentes facultades, construir unos objetivos propios del gremio como un todo y diseñar políticas que redundaran en el beneficio común de todo el profesorado universitario, sin distingo de su área de formación, de su procedencia geográfica o de su particular ideología política.

Por Resolución # 696 del 23 de Mayo de 1955 del Ministerio de Justicia se reconoció Personería Jurídica a la Asociación de Profesores de la Universidad Nacional de Colombia. Finalmente la APUN obtenía su credencial como institución legalmente establecida, que si bien siempre ha sido consciente de que es solamente representativa de sus propios asociados, siempre ha actuado teniendo como mira de sus propuestas y políticas a todo el conjunto profesores que hacen parte de la Comunidad Académica de la Universidad Nacional.

Los objetivos y metas de la organización


Sin embargo, aparte del loable objetivo antes mencionado, vale la pena resaltar el interés que los asociados siempre pusieron en el robustecimiento de la Universidad Nacional como institución académica y científica, lo cual quedó plasmado en los estatutos que empezaron a regir desde su aprobación en la citada reunión del 22 de octubre de 1954. Para evitar especulaciones sobre el particular, simplemente transcribamos lo que se estableció en el Capítulo II referente a los “Objetivos” de la APUN.

ARTÍCULO 2º : Son objetivos de la Asociación:



(a) Laborar en toda forma por el progreso y engrandecimiento de la Universidad, interesándose en las iniciativas relacionadas con la investigación y estudio de los problemas de orden científico y técnico que estén dentro del campo de acción de cada una de sus Facultades, Escuelas e Institutos.

(b) Propender por todos los medios a elevar el nivel cultural y científico de los miembros del cuerpo docente prestando ayuda mutua en el desarrollo de sus respectivas actividades y estableciendo lazos de confraternidad que vinculen a sus miembros, tanto espiritual como materialmente.

(c) Velar asiduamente por enaltecer y defender la dignidad del profesorado, manteniendo su decoro y respeto y sosteniendo sus fueros como corresponde a un elemento de vital importancia dentro de la universidad.

(d) Propiciar todo género de agrupaciones que tengan como objeto primordial la ayuda económica a los profesores y demás personal de la Universidad”4.

No faltaron quienes al cabo de algún tiempo consideraron que los objetivos planteados eran, por su carácter altruista, ingenuos e inapropiados como objetivos de una organización que luchara por las reivindicaciones laborales del profesorado universitario. La respuesta de APUN a esta crítica, por lo demás infundada, siempre ha sido la misma. Las reivindicaciones inherentes al profesorado no son exclusivamente de carácter laboral; la Universidad no es para el Cuerpo de Profesores de carrera simplemente un patrón, bueno o malo. La Universidad como institución, no puede ser vista como una empresa y al profesor simplemente como un asalariado. Nos negamos a aceptar que nuestro vínculo con la Universidad es simplemente de carácter laboral, como seguramente lo han entendido no pocos sectores interesados en su privatización. Para el profesorado esta institución es parte de nuestro haber como intelectuales; ella no existe, no puede existir, sin su profesorado, y éste no existe si la institución desaparece. Nadie es “profesor universitario” sin una universidad que como tal lo acoja, como tampoco una Universidad puede preciarse de serlo cuando carece de un cuerpo estable de Profesores de Carrera. Este es el legado que recibimos de los fundadores de la Universidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia en 1867 y de los reformadores de 1936; y con este legado hemos comprometido nuestra lealtad. El tiempo, por su parte, se ha encargado de dar la razón a nuestros objetivos. Lo cierto del caso es que la institución ha encontrado en su Asociación de Profesores una organización siempre dispuesta a defender sus más loables intereses académicos, por lo general con el beneplácito de las directivas universitarias de turno. Aun cuando en otras oportunidades, lamentablemente, esta Asociación de Profesores haya tenido también que enfrentar la incomprensión, cuando no incluso la persecución abierta, de efímeros e intolerantes equipos rectorales, desconocedores por lo general de esta institución y de su historia, temerosos de la crítica constructiva y del disentimiento. Equipos cerrados de personas que por alguna razón en algún momento fueron designados para administrar la universidad, pero que tristemente se olvidaron de que esa designación también los comprometía con darle una acertada dirección.


Las relaciones entre la APUN y la Universidad Nacional


Una constante muy importante de la política de APUN a lo largo de su historia, a pesar de la incomprensión de parte de algunos pocos equipos rectorales a los cuales hicimos referencia, ha sido el interés por mantener relaciones cordiales con la dirección universitaria, pero cuidando siempre de mantener una sana independencia critica en relación con las propuestas académicas o administrativas. Nunca se ha promovido o practicado por parte de APUN el “antidirectivismo”, ni como principio ideológico, menos aun como táctica proselitista. Desde un comienzo se creó la costumbre de invitar al Rector a la instalación de la Asambleas Ordinarias de la Asociación. Ha sido nuestra política el respeto a la autoridad universitaria independientemente de las personas que la ejercen, conscientes también de que la labor de administración y dirección académica es una de las funciones propias del profesorado de carrera de la Universidad. Ha sido por tanto también esta línea de conducta la que nos ha permitido criticar las acciones de nuestros colegas cuando en el sentir de los asociados su comportamiento en los cargos directivos de cualquier nivel no se compadece con el respeto que la comunidad académica y la Institución merecen.

Estamos seguros que quienes han ejercido la rectoría de la Universidad Nacional durante los cincuenta años de existencia de APUN, podrán dar fe de nuestra lealtad para con la Universidad Nacional y nuestra disposición a cerrar filas en torno a su defensa cuando ésta es injusta y alevemente atacada por grupos, personas o políticas oficiales que directa o veladamente pretenden su desprestigio, cuando no incluso su aniquilamiento. Pero de igual manera, tampoco podrán decir que por defender intereses particulares, hayamos callado nuestra voz crítica cuando desde la dirección universitaria se han promovido políticas y propuestas de reforma que en opinión de la Asociación no favorecen el engrandecimiento académico y moral de la Universidad Nacional. Crítica que por lo general, cuando ello es posible y necesario, ha siempre estado acompañada de propuestas alternativas sustentadas en la experiencia participativa del estamento profesoral.


La lucha por un Estatuto del Profesorado


En este orden de ideas, a efectos de comentar la propuesta sobre reforma estatutaria que recientemente ha presentado la Rectoría a la Comunidad Universitaria, personalmente, en reciente artículo, hacía referencia a lo que ha sido la participación de APUN en la búsqueda de un adecuado régimen estatutario para la Universidad, muy particularmente en lo que se refiere al Estatuto Docente, o Estatuto de Personal Académico como actualmente se le conoce5. No se trata de momento de volver sobre lo allí escrito, pero vale la pena resaltar que desde las primeras sesiones del Comité Ejecutivo nombrado durante la Asamblea de Fundación, el tema estatutario estuvo siempre en la agenda de la APUN. Este asunto tomó importancia a raíz de la discusión sobre la “Ley Orgánica”, cuyo primer proyecto fue elaborado por la Universidad en 1958 bajo la rectoría del abogado Guillermo Anaya Ramírez, para cuya elaboración, según se lee en el Acta # 6 del Comité Ejecutivo (marzo 6 de 1958) solicitó la participación de la Asociación de Profesores. Entiendo que la idea era presentar el proyecto una vez la Junta Militar de Gobierno entregara el poder a Alberto Lleras Camargo en agosto de 1958. La idea de un Estatuto Docente fue presentada por la APUN a raíz del debate suscitado en torno a la referida “Ley Orgánica” de la Universidad. El primer Estatuto del Profesorado fue dictado mediante el Acuerdo # 57 de noviembre de 1960, recién posesionado en la rectoría Luis Montoya Valenzuela, asociado fundador de la APUN. Lo interesante, por decir lo menos, es que en dicho estatuto se contemplaban solamente las dedicaciones de Tiempo Parcial y Dedicación Exclusiva, dejando como vía de excepción la vinculación en medio tiempo o tiempo completo. Qué curioso que una medida en tal sentido hoy algunos la presentan como fruto de la más fina originalidad, mientras otros la ven como una medida diabólica en contra de los más puros intereses del profesorado.

Finalmente, no sin una fuerte presión por parte profesores y estudiantes, el Parlamento expidió la “Ley Orgánica de la Universidad Nacional de Colombia”, Ley 65 de 1963, en donde se estableció como función propia del Consejo Superior Universitario la expedición del Estatuto del Profesorado. De acuerdo con esta legislación se expidió, bajo la rectoría de José Félix Patiño, el Acuerdo 107 de 1965, el cual retoma los principios fundamentales ya contemplados en el precitado acuerdo 57 de 1960. La vigencia de este estatuto se prolongó hasta 1976, cuando fue expedido un nuevo “Estatuto Docente”, el cual incorporó por primera vez en la Universidad Pública (en la privada aun no ha sido incorporado) el ingreso por concurso público y abierto a la carrera docente. Una Comisión de Profesores, de la cual hizo parte la APUN, propuso posteriormente una revisión del Estatuto, llegando así a la versión que contempla el Acuerdo 72 de 1978 (julio 18)6, expedido bajo la rectoría de Ramses Hakim M., asociado activo de la APUN. Lo que sigue es historia conocida y recientemente recordada; no es el momento de volver sobre ella.


La política gremial de la APUN en el contexto de la Universidad Nacional


No es ningún secreto que una universidad acostumbrada al pago a destajo a sus profesores, cuando no a recibir de éstos gratuitamente su trabajo por el noble orgullo de ser considerados profesores de tan insigne claustro, no solamente carecía de un apropiado escalafón para su cuerpo docente, sino también de una adecuada política salarial para quienes deseaban dedicarse de lleno a la labor académica. Era claro para la dirección de la Asociación de Profesores que si bien los esfuerzos por una Ley Orgánica y por una adecuado estatuto docente eran metas a mediano plazo, la lucha por la estabilidad laboral y por una adecuada remuneración del profesorado de carrera era una necesidad apremiante. Mientras una política de la universidad en este sentido no estuviera claramente definida, no tendría mucho sentido contar con un estatuto pues no habría incentivos apropiados para vincular a la tarea académica a las más preclaras inteligencias del país.

Desde un comienzo, naturalmente sin descuidar, como ya lo hemos hecho notar, las reivindicaciones académicas, la Junta Directiva se trazó como meta la mejora salarial del profesorado, así como también el diseño de políticas de bienestar profesoral en las cuales la Universidad pudiese comprometerse. En las primeras actas de la Juta Directiva y del Comité ejecutivo es frecuente encontrar referencias a la constitución de una cooperativa (inicialmente se estudió la posibilidad de vincular masivamente a los profesores a la cooperativa de trabajadores ya existente; en 1955, diez de los 189 socios de dicha cooperativa eran profesores – Acta # 3, 1955); a la obtención por parte de la Universidad de un lote para la construcción de vivienda profesoral (Actas 11, 12, 13 Junta Directiva, 1963), así como también al establecimiento de contactos con el Banco Central Hipotecario para la adquisición de viviendas para profesores en el barrio Polo Club (Acta # 5 Comité Ejecutivo, 1958), creación de un Club de Profesores (Acta # 7) y a programas de crédito para la adquisición de automóvil (un programa en este sentido permitió, por ejemplo, que un buen grupo de docentes adquirir automóviles Skoda, programa que al parecer tuvo posteriormente graves tropiezos).


El Congreso de Profesores


El cúmulo de problemas que se venían presentando en relación con la situación del profesorado universitario, profesionales ahora en un área que la sociedad colombiana y el estado no conocían ni comprendían plenamente en sus responsabilidades, alcances y posibilidades, así como también los problemas propios de una institución que, habiendo cambiado radicalmente su estructura desde 1965, no encontraba el apoyo necesario en el sector estatal, obligaban a la comunidad académica a buscar nuevas formas de comunicación, discusión interna y de presentación de sus problemas ante las instancias de poder. En este orden de ideas APUN, liderada en su momento por el Profesor Guillermo Lozano Bautista, se dio a la tarea de preparar y organizar un primer “CONGRESO DE PROFESORES”, que no solamente estudiara esta problemática, sino que diera luces en relación con la política a seguir en el futuro, no solo por parte de la institución sino, principalmente, en sus relaciones con las instancias de poder, relaciones fuertemente resentidas a raíz de las consecuencias derivadas de la reforma administrativa de 1968, aprobada por el Congreso Nacional a instancias del gobierno presidido por Carlos Lleras Restrepo7. Fue justamente el presidente Lleras quien, como invitado a dicho congreso, pudo explicar ante los participantes en el evento las razones por las cuales la referida reforma de 1968 quitó al Consejo Superior Universitario la facultad de nombrar rector y la entregó al presidente de la república. Sobra decir que en el referido evento el Presidente se comprometió a respetar, en el nombramiento que él hiciere de rector, la voluntad del Consejo Superior, así como también a proponer una nueva ley que devolviera formalmente esta facultad a la propia universidad. Lamentablemente el Dr. Lleras no pudo honrar su palabra, por cuanto unos meses más tarde tomó posesión de la presidencia Misael Pastrana Borrero quien, en lo que se refiere al buen trato prometido para con la universidad por el saliente mandatario, hizo todo lo contrario.

Es posible que una falla en la política de APUN haya sido no haber continuado con la organización de los referidos congresos, eventos que demandaban una gran logística que parece ser copaba por muy largo tiempo la actividad de cualquier organización que lo intentara de manera independiente. Posteriormente se han realizado eventos similares, entre los cuales vale la pena citar el realizado en 1983 con el apoyo directo de la rectoría de Fernando Sánchez Torres y la participación del denominado Comité Amplio de Profesores, ASPU y los Representantes Profesorales en los Consejos Directivos8, así como también el realizado en Bogotá en mayo de 1999, coordinado por la Profesora Guiomar Dueñas Vargas con el decidido apoyo de la rectoría del profesor Víctor Manuel Moncayo.


El nacimiento de ASPU


Por los años 1963 y 1964 la situación salarial del profesorado era bastante precaria y poca o nula era la respuesta que la dirección universitaria, en particular el Consejo Superior, prestaba a las respetuosas solicitudes de APUN, no obstante la postura por lo general en favor de las propuestas de parte del Rector. Contrariamente, obligada por ley, la Universidad debía conformar “comisiones negociadoras” de los pliegos de peticiones que presentaban los trabajadores sindicalizados, cuyos acuerdos eran respetados por el Honorable Consejo Superior. Como una actitud de respuesta a la presunta negligencia con la cual se estaban tratando nuestras solicitudes de mejora salarial, un grupo de profesores liderados por el presidente de la APUN, Profesor Jaime González Santos, constituyó la Asociación Sindical de Profesores Universitarios – ASPU. No es de extrañar en consecuencia que haya sido justamente el Profesor Gonzáles Santos el primer presidente de ASPU, como tampoco que prácticamente el Comité Ejecutivo de la APUN haya figurado como la primera Junta Directiva de la referida asociación sindical. Ciertamente la creación del sindicato de profesores obedecía, no a una concepción política o ideológica respecto de la organización profesoral, cuanto a la creación de un instrumento de presión laboral mediante el cual se pretendía forzar a la universidad a atender sin dilación las solicitudes de mejora salarial del profesorado. Se trataba en esencia de crear un instrumento que permitiera mantener el valor real de los salarios de los docentes universitarios, eventualmente vinculando a este propósito a docentes de otras universidades públicas o privadas.

En junio de 1965 asumió la rectoría el profesor José Félix Patiño, quien inició una profunda reestructuración académica de la Universidad Nacional; entre los fundamentos de esta reforma estaba el fomento a la vinculación de docentes en dedicación exclusiva. Gracias a una política de comunicación y diálogo permanente de la rectoría con los estamentos académicos, profesores y estudiantes, no solamente fue posible adelantar gran parte de las reformas propuestas, sino también lograr considerables mejoras en la remuneración salarial del profesorado de carrera. Tal vez por esta razón, ASPU no tuvo durante los primeros años de su existencia una fuerza real dentro del profesorado de la Universidad Nacional, y su dirección durante este tiempo siempre coordinó sus actividades con la APUN. De esta época vale la pena resaltar la mancomunada labor en la promoción de los denominados “Claustros de Profesores” que operaban como organización de base en las diferentes unidades académicas pero con relativa autonomía respecto de la dirigencia de APUN y de ASPU. Gracias a la activa participación del profesorado en los “Claustros” fue posible gestar la más amplia movilización del estamento docente de la Universidad Nacional de la cual se tenga conocimiento, con metas muy claras de carácter académico, pero también con una decidida posición de defensa de la Universidad Nacional y de exigencia de respeto a su esencia democrática, puesta en tela de juicio por el carácter poco amistoso y represivo del gobierno de Misael Pastrana. De este movimiento, dentro del cual, como lo mencionamos participaron activamente APUN y ASPU, surgió una propuesta de Proyecto de Ley “Por la cual se crea la Universidad del Estado y se organiza la educación superior”, proyecto ambicioso de reforma de la educación superior pública, que en mi personal opinión ha sido una de las más importantes propuestas que sobre el tema se hayan llevado al parlamento9. Sobra decir que la discusión y aprobación de este proyecto de ley por parte de la Asamblea General de los Claustros de Profesores y por las Juntas Directivas de APUN y ASPU motivó la presentación azarosa de una contra propuesta por parte del gobierno nacional en cabeza del Ministro de Educación, Luis Carlos Galán Sarmiento10. Esta reforma, de todas maneras, naufragó en el parlamento; cumplió, sin embargo, su fatal objetivo: impedir que allí se discutiera la propuesta del estamento profesoral de la Universidad Nacional.


La creación y promoción de Empresas Solidarias


Con excepción de las propuestas de mejora salarial que año tras año se presentaban a consideración de la dirección de la Universidad, las cuales en algunas oportunidades dieron su fruto, hay que decir que los demás programas propuestos no siempre tuvieron éxito, no al menos en el corto o mediano plazo. La Universidad Nacional, presuntamente por ser muy celosa de su patrimonio, ha sido siempre demasiado austera cuando se ha tratado de desarrollar políticas de bienestar profesoral. Con muy pocas excepciones los equipos de dirección siempre han asumido que el “Bienestar Universitario” se entiende solamente para estudiantes y trabajadores, olvidando casi por completo al estamento docente. Por esta razón la APUN orientó su política de bienestar profesoral principalmente hacia la promoción y organización de empresas asociativas, que eventualmente podrían obtener apoyo de la institución; sin embargo, si ello no era posible tales empresas asociativas seguirían funcionando de manera independiente de la política de la universidad sobre el particular. Por esta razón, han existido y existen hoy en día en la Universidad Nacional organizaciones de economía solidaria en las distintas sedes, en cuya creación, bien de manera directa, mediante la participación independiente de sus asociados o simplemente por su ejemplo, siempre estuvo APUN como promotora. Así por ejemplo, APUN – Medellín (Asociación Antioqueña de Profesores de la Universidad Nacional) no solamente creó una cooperativa, sino que la propia asociación asumió su administración. De similar manera en Manizales la Asociación Caldense de Profesores de la Universidad Nacional ACPUNAL, así como también APUN – Manizales, fueron, hasta donde personalmente he podido constatar, los iniciadores del Fondo de Profesores que funciona den dicha Sede, y algo similar puede decirse de la labor de APUN – Palmira en relación con la cooperativa de profesores que allí opera.

En el caso particular de Bogotá, creo que sin excepción, los 36 socios fundadores de la Cooperativa de Profesores, creada el 7 de noviembre de 1978, eran asociados a APUN, liderada en ese entonces por el Profesor de la Facultad de Economía Jaime González Santos. La primera Junta Directiva Provisional de la cooperativa la conformaron los Profesores José Enrique Corrales como Gerente con suplencia de Jaime Rodríguez, Carlos Rincón como tesorero con suplencia de Helena de Reyes, y Alfredo Ferro como auditor con la suplencia de Wilma Correa de Laverde. Sobra decir que todos eran asociados a APUN.

De igual manera, la idea inicial de creación de un Club de Profesores, a la cual hicimos referencia anteriormente, gracias especialmente al impulso y dinamismo que a su fundación le dieran posteriormente los profesores Gerardo Aristizábal y Augusto Gutiérrez, en septiembre de 1970 se concretó felizmente. Desde su inicio al Club los Búhos se asoció un apreciable número de docentes, gracias en parte a la promoción que para su vinculación hiciera la APUN entre sus afiliados, en particular utilizando el mecanismo de comunicación que se había creado: los Claustros de Profesores.

Hacia finales de la década del ochenta se dio la posibilidad de que los fondos de empleados de las empresas estatales pudiesen hacer uso de las cesantías de los empleados para adelantar programas de vivienda. Lo que en últimas esta posibilidad representaba era poder sacar las cesantías del Fondo Nacional de Ahorro, garantizando además que estos ahorros de los trabajadores no perdieran su valor real, como de hecho sucedía en el referido Fondo Nacional, pues en uno de empleados, además de poder fijar tasas de interés mayores, era factible que las instituciones cooperaran con los ahorradores mediante auxilios patronales. Era apenas natural que entre el profesorado surgiesen propuestas en el sentido de crear un Fondo de Profesores, el cual, para los fines de que se trataba, requería del apoyo institucional. La APUN discutió en varias oportunidades esta posibilidad, y de hecho se la hizo saber al Profesor Ricardo Mosquera Meza desde el momento en que éste asumió la Rectoría en julio de 1988 y asistió como invitado a una de las reuniones de la Junta Directiva. El Profesor Mosquera prometió la creación de una dependencia que exclusivamente se ocupara de programas de bienestar profesoral, en particular que estudiara la eventual creación del referido fondo y las posibilidades de patrocinio institucional. En cumplimiento de su ofrecimiento, efectivamente fue creada la referida oficina, al frente de la cual se nombró al Profesor Ricardo Velásquez, entusiasta por excelencia de la creación del “fondo de vivienda” y promotor de la propuesta de realizar un proyecto habitacional para docentes en un lote de propiedad de la Universidad ubicado enfrente de la actual hemeroteca, al costado sur de la calle 26. Por fortuna para el profesorado de la universidad, y gracias también a la diligente labor del vicerrector general de ese entonces, el Profesor Jorge Mario Gómez, el día miércoles 28 de marzo de 1990, aproximadamente a la una y treinta de la tarde, en la APUN recibimos una llamada de la secretaria del Rector, invitándonos a reunirnos en Asamblea de Constitución del Fondo de Empleados Docentes de la Universidad Nacional – FODUN. Nos solicitaba la Rectoría reunir el mayor número posible de profesores interesados en su creación. Por fortuna estaba en ese momento reunida la Mesa Ejecutiva, y de inmediato nos dimos a la tarea de convocar para las tres de la tarde a los miembros de la Junta Directiva y a cuantos ellos pudiesen invitar para tal efecto, invitando también a ASPU a que hiciera lo mismo con sus asociados. El FODUN finalmente fue creado, la Universidad ofreció un aporte inicial en salarios mínimos que, si mal no recuerdo, sumaba del orden de 30 millones de pesos de esa época, así como también la donación del citado lote de la calle 26 para que fuese utilizado en los programas de vivienda que en el futuro debería adelantar FODUN.

La primera Junta Directiva de fondo quedó conformada de la siguiente manera:

PRINCIPALES SUPLENTES



Presidente: Ricardo Mosquera Meza (Rector) Jorge Mario Gómez Marín (Vicerr.)

Director: Carlos López Tascón Víctor Hugo Montes Campuzano

Subdirector: Ramón Fayad Gloria Ampara Acero

Secretario: Javier Barona C. Carlos Ortiz

Vocal I: Ricardo Cepeda O. Jorge Enrique Bossa S.

Tesorero: Stella Miranda de Cuellar Rubén Restrepo Mejía

Sobran comentarios acerca de la participación de APUN en esta primera Junta Directiva. Sin embargo, hay que hacer notar, en honor a la verdad, que la doble participación de la mayoría de los nombrados en la dirección simultánea de la Asociación y del recién creado FODUN despertó algunos infundados celos de liderazgo que lamentablemente retrasaron el ingreso al fondo de profesores de algunas facultades en Bogotá y, si mal no recuerdo, también en la sede de Medellín. Esta situación, de cualquier manera, no impidió que FODUN iniciara un proceso de acelerado desarrollo que hoy, después de sus casi quince años de existencia y sin contar con auxilio “patronal” alguno diferente al que recibió al momento de su nacimiento, le permite presentarse como una de las más prestigiosas empresas del sector solidario, no solamente por su solidez financiera sino, lo más importante, por la calidad de los servicios que presta.


De la Caja de Previsión Social de la U. N. a UNISALUD


La creación de la Caja de Previsión Social de la Universidad Nacional es anterior a la creación de APUN, pero su robustecimiento y mantenimiento como una dependencia de la Universidad, así como también la mejora permanente de los servicios para sus afiliados, ha estado siempre entre las preocupaciones de la dirección de APUN a lo largo de sus cincuenta años de historia. Es grato reconocer, sin embargo, que en esta empresa nunca hemos estado solos. Otras organizaciones gremiales del profesorado, como es el caso de ACPUNAL, APUN en Manizales, Palmira y Medellín y ASPU, así como también el Sindicato de Trabajadores, la Asociación de Empleados Administrativos, la Asociación de Pensionados Administrativos y muy particularmente la Asociación de Pensionados Docentes de la Universidad Nacional – ASDOPUN, han estado siempre atentas a lograr por parte de la Caja de Previsión Social de la Universidad una óptima prestación de servicios de salud al personal docente, administrativo, a los trabajadores oficiales y al grupo de pensionados de la Universidad Nacional.

Como es de todos sabido, la interpretación de algunos artículos e incisos de la Ley 100 de 1993 presuntamente llevaba la necesidad de acabar con la prestación de servicios de salud por parte de la Universidad Nacional, y en consecuencia la implícita exigencia de asimilar nuestra Caja de Previsión Social a una EPS. Esta situación hizo que todas las organizaciones gremiales de la Universidad, por fortuna también con el apoyo institucional en cabeza del rector, Profesor Víctor Manuel Moncayo, se propusieran la defensa de la “Caja de Previsión”. La separación de los servicios de liquidación y pago de pensiones de los correspondientes a la prestación de servicios de salud, dio origen a la creación de UNISALUD mediante el Acuerdo 69 de septiembre de 1997. Sin embargo, esto no alejaba el peligro de su desaparecimiento, que eventualmente podía suceder vía su extinción económica si, por una parte, como lo planteaba la Superintendencia Nacional de Salud, se le obligaba a ceder periódicamente parte de sus recursos al Sistema Nacional de Seguridad Social, de otra, se le constreñía su crecimiento al impedirle la afiliación de nuevos cotizantes. Posteriormente, gracias a la expedición de la Ley 647 de 2001, que fundamenta la posibilidad de creación de un sistema de seguridad social en salud en las universidades del estado en la autonomía que les confiere la Ley 30 de 1992, UNISALUD pudo seguir existiendo y vincular nuevos afiliados.

La ley 647 exigía una adecuación de UNISALUD, razón por la cual se conformó una comisión por parte de ASDOPUN para elaborar una propuesta de reforma del ya mencionado Acuerdo 69/97, propuesta que con el apoyo de las organizaciones gremiales, APUN entre ellas, efectivamente se presentó a consideración de la Junta Directiva de UNISLUD y del Consejo Superior en junio de 2001. Probablemente el miedo de algunos altos directivos a perder protagonismo y poder dentro de la organización de UNISALUD, hizo que poca atención se prestara a nuestra propuesta. Posteriormente fue expedido el Acuerdo 13 de abril de 2002, acuerdo que prácticamente reproduce el referido Acuerdo 69, con sus virtudes y falencias.

En noviembre de 2003 APUN y ASDOPUN presentaron una nueva propuesta modificatoria del Acuerdo 13, conservando lo esencial de la original antes presentada e incorporando sugerencias e inquietudes provenientes de distintos sectores del profesorado. Esta nueva propuesta, de conocimiento oportuno por parte de la dirección de la universidad, de los representantes profesorales en los distintos consejos, del sindicato de trabajadores y de la asociación de pensionados administrativos, ha venido siendo estudiada conjuntamente con las actuales directivas de UNISALUD. Estamos convencidos no solamente de que la defensa de UNISALUD es posible, sino que es posible una mejora sustancial de los servicios que presta, en beneficio de todos los afiliados y sus beneficiarios.


La Defensa de los Derechos individuales de los Profesores


Para la APUN ha sido claro que los profesores, en cuanto que humanos, podemos cometer errores, que eventualmente, con o sin intención, pueden llevar a afectar los derechos de otros colegas. En la academia son recurrentes las violaciones a los derechos de algún profesor por parte de quienes ocasionalmente ocupan cargos de dirección. También es posible que cualquiera de nosotros al momento de reclamar el respeto a nuestros derechos, o reclamar respecto de asuntos que alguien pueda considerar son sus derechos sin que en realidad lo sean, si pretenderlo estemos violando los derechos de terceros o los de la propia institución. En este sentido, al momento de atender quejas que llegan a la Asociación, antes de actuar siempre se ha tenido el cuidado de averiguar lo más objetivamente posible el hecho de que se trata. En este orden de ideas, los principios sobre los cuales APUN ha sustentado su política de defensa individual de los docentes son los siguientes:

  • Cada Profesor es responsable de sus propios actos. En consecuencia, no corresponde a la APUN juzgarlos, menos aun condenarlos o absolverlos. Si a un docente, sea o no afiliado, por alguna razón la Universidad lo somete a un proceso de investigación, nuestra labor ha sido en esencia la defensa de sus derechos durante el proceso, y la denuncia de quienes, utilizando el poder que eventualmente otorga un cargo de dirección, aprovechan los procesos académicos para perseguir a quienes, por alguna razón, opinan, piensan o actúan diferente.

  • La reclamación de los derechos de los distintos estamentos y grupos que componen la comunidad universitaria, no puede hacerse violando los derechos de los estamentos académicos no directamente implicados en el conflicto. El carácter pluralista de la Universidad Nacional ciertamente permite las manifestaciones de solidaridad con los movimientos y angustias de estudiantes y trabajadores; pero esta solidaridad tiene un carácter en esencia personal; no puede darse sobre la premisa de la obligatoriedad, menos aun cuando ésta se fuerza mediante acciones que violan los derechos de quienes no comparten las causas de tales movimientos, a quienes también, valga la pena decirlo, cobija el derecho a disentir.

  • Es responsabilidad de la APUN, como guardiana que pretende ser de los derechos académicos de los profesores y de la universidad como un todo, tener presente que como institución pública que es no puede cohonestar con la defensa de privilegios que favorezcan a sus estamentos por encima de los derechos de toda la ciudadanía. En este sentido, por ejemplo, ha sido siempre muy clara la APUN en defender la transparencia y universalidad de los exámenes de admisión de estudiantes de pregrado y de postgrado, así como también la de los concursos docentes. Si hemos de ser sinceros, en este segundo aspecto es mucho lo que habría que revisar y debatir, pues resulta cuando menos extraña la poca respuesta de aspirantes a algunas convocatorias. Algo está pasando, y hay voces de protesta en el sentido de que algunos “concursos” llevan nombre propio. Y si así es, es preciso poner los correctivos necesarios. Recordemos lo ya anteriormente comentado en el sentido de que los Concursos Docentes existen como una conquista del profesorado de la Universidad Nacional. Este solo hecho nos compromete a todos, pero principalmente a la APUN, con velar por su pulcritud.

La historia de APUN está llena de situaciones en las cuales se ha visto obligada a intervenir de diferente manera en su lucha por la defensa de los derechos de la comunidad académica. Por lo general, siempre que se ha apersonado de la defensa de algún colega, ha obtenido resultados favorables y en justicia en beneficio de los profesores implicados.

Pero, por otra parte, hay que reconocer que existen en el seno de los estamentos universitarios pequeños sectores que brillan por su intolerancia y fanatismo, que en no pocas oportunidades con sus acciones violentas, de palabra y obra, no solamente violan los derechos elementales de los restantes miembros de la comunidad universitaria, sino que ponen en peligro la estabilidad institucional, haciendo el juego a intereses oscuros no propiamente de defensa de la universidad pública. Es claro que estos sectores, que no siempre actúan de mala fe pero si imbuidos de un nada conveniente fanatismo, no están en capacidad de entender las posiciones de una Asociación de Profesores fundamentada en el pluralismo ideológico y en la libertad de pensamiento. Sin embargo, nuestra experiencia nos ha confirmado en la idea de que mantener posiciones firmes de defensa de la Universidad y de sus estamentos, no es incompatible con una franca política de diálogo sincero y abierto con los sectores en conflicto. Esta política siempre ha sido fructífera en la búsqueda de soluciones a los conflictos que naturalmente se presentan, a la vez que ha permitido el aislamiento de los violentos a ultranza, para quienes “encontrar soluciones a los problemas es una actitud reaccionaria por cuanto supuestamente aburguesa y desmoviliza las masas”.


La APUN y la defensa de la Universidad Pública


La Universidad Nacional de Colombia no es la única que existe, no es tampoco la única universidad pública que ha logrado un apreciable desarrollo académico y científico, así como tampoco es la única acosada por gran cantidad de problemas y crisis de diferente índole. De alguna manera, los problemas y crisis de la Universidad Nacional son, con particulares matices, los mismos de las restantes universidades públicas. En este sentido, hemos sido conscientes de la importancia de la solidaridad institucional y gremial con el resto de instituciones estatales de educación superior y sus organizaciones profesorales. Esta solidaridad, sin embargo, la hemos siempre entendido bajo la premisa del respeto a la autonomía de dichas instituciones y de las organizaciones profesorales en ellas constituidas. Autonomía que, sin embargo, nunca hemos entendido como consigna de un falso igualitarismo, tampoco como pretexto para callar ante situaciones y hechos graves que, al igual que en nuestra Universidad, en dichas instituciones puedan presentarse.

Tras la expedición de la reforma constitucional de 1991 se abría para la universidad pública la posibilidad de redefinirla en el contexto de entidades del estado como un único sistema integrado fundamentado en una nueva concepción del principio de AUTONOMÍA UNIVERSITARIA, que superara el esquema de autonomía de cada institución por separado, que aun cuando aplicable a las instituciones de carácter privado, en el criterio de muchos de quienes participamos en las “Mesas de Trabajo” y sesiones de la “Preconstituyente”, no era aplicable a la universidad pública en su conjunto. A partir de esta posibilidad, de importancia en nuestro concepto no solamente para el profesorado universitario sino, principalmente, para el desarrollo mancomunado de las universidades del estado, la APUN fue abanderada y apoyó decididamente la constitución de la Federación Nacional de Profesores Universitarios, la cual, de acuerdo con lo que había sido su propia experiencia como asociación civil de profesores, debería ser constituida como entidad de carácter esencialmente gremial, no sindical. Y así fue creada; sus estatutos fueron aprobados el 29 de junio de 1991 en el Congreso Nacional de Profesores Universitarios celebrado en Bogotá.

Con la recién creada Federación participamos en la discusión y redacción del Decreto 1444 reglamentario de la Ley 4 de 1991, y en la elaboración del proyecto de ley sobre la reestructuración del sistema de educación superior, cuyo debate finalmente condujo a la expedición de la Ley 30 de 1992. En esta ley quedó, aun cuando de manera muy recortada, la idea sobre integración de las universidades del estado en un único “Sistema Universitario Estatal” - SUE. En mi particular opinión, el SUE sigue siendo, a pesar de las limitaciones que la ley le impone, un instrumento en beneficio de la universidad estatal y de su desarrollo académico, lamentable e inexplicablemente poco o nada explorado por la dirección de la Federación de Profesores. En mi particular opinión, sin embargo, la Federación parece estar cada vez más dedicada a defender, o cuando menos a cohonestar, el parroquialismo de las instituciones e intereses particulares de las asociaciones que la constituyen, pero poco se le escucha al momento de proponer una sólida integración académica entre las universidades, o la nivelación e integración de los programas que desarrollan.

La APUN en el presente


Periódicamente la APUN ha introducido cambios en sus estatutos y consecuentemente en su estructura organizativa, acorde con los cambios que se han venido dando en la estructura académico-administrativa de la universidad, pero manteniendo inalterados sus principios fundamentales y su carácter gremial.

La Junta Directiva, bajo la presidencia del Profesor César Martínez Virgüez, introdujo en septiembre de 2002 una estructura organizativa sustentada en tres “Unidades de Apoyo”, cada una con un coordinador, con responsabilidades bastante definidas y con relativa independencia entre ellas en cuanto la elaboración de programas y proyectos que deben presentar a la Junta Directiva para su aprobación. Estas tres Unidades de Apoyo son: Unidad de capacitación, Unidad de publicaciones y Unidad de eventos socioculturales. Gracias a la labor de estas unidades se han explorado nuevas formas de comunicación con los profesores y con los estudiantes. Así por ejemplo, se ha asesorado a docentes para la edición de trabajos académicos (Ecología Tropical del profesor Miguel Ángel Mejía Acevedo; En defensa de la Universidad del Estado – Cronología de un testimonio personal” del profesor Carlos López Tascón; Representaciones Corporales, de las profesoras Martha Torres Baquero y Dora Inés Munar); se han organizado concursos fotográficos como apoyo a la Semana Cultural universitaria (2002, 2003), y se han programado algunos eventos deportivos internos (campeonatos de bolos).

En diciembre de 2002 la Junta Directiva presentó a la Universidad y a sus asociados la nueva imagen gráfica institucional de la Asociación. El trabajo sobre el particular fue realizado por el profesor Jorge Peña Ramos, diseñador gráfico egresado de la Facultad de Artes. Paralelamente, con una nueva presentación acorde con los diseños de esta nueva imagen, se ha dado continuidad a la publicación APUNTES UNIVERSITARIOS a partir del número 19; el último número aparecido corresponde al 25. Recordemos que en esta publicación en formato de revista, no solamente se dan a conocer a los afiliados, y al profesorado en general, informaciones referentes a la Asociación, sino también comentarios y opiniones de profesores afiliados sobre distintos temas de interés académico y de política universitaria. Más reciente ha sido la puesta en servicio de la página electrónica de la APUN: http://www.apun.org, lugar en el cual los asociados encontrarán toda las informaciones referentes a su asociación. Se espera que este sitio virtual se constituya en un medio iterativo de comunicación, discusión y debate académico entre los afiliados y entre éstos y la dirección de la organización. Por otra parte, para el presente año se espera retomar también la publicación de la serie Pensamiento Universitario, suspendida por diferentes razones que no vienen al caso, desde 1999.

Son muchos y muy meritorios los esfuerzos de la Junta Directiva, bajo la dirección del Profesor César Martínez V., por modernizar y actualizar toda la estructura operativa de la Asociación. Todos esperamos que estos esfuerzos permitan en el inmediato futuro un robustecimiento de nuestra organización, para bien de la Universidad Nacional y particularmente de su profesorado.


La importancia de la organización profesoral y el futuro de la APUN


No sé qué tan completa pueda parecer a nuestros asociados la breve reseña histórica que hemos pretendido hacer de estos cincuenta años de existencia de la Asociación de Profesores de la Universidad Nacional - APUN. Creo sin embargo que lo que sí se puede colegir del análisis de lo que ha sido su actividad durante este medio siglo de existencia, es su innegable aporte a la estabilidad institucional del Alma Mater y al bienestar de su profesorado, bienestar que si bien es cierto no se ha traducido en condiciones salariales ampliamente satisfactorias, sí al menos en la defensa de una justa estabilidad del profesorado, de su carrera y del establecimiento de democráticos mecanismos de evaluación, mediante los cuales no solamente es posible acceder a la Carrera Académica, sino permanecer en ella y ascender con base en la calidad de su producción intelectual.

Somos conscientes de que todos los procesos relacionados con el profesorado son susceptibles de ser mejorados día a día de acuerdo con el natural desarrollo de la institución y de la necesidad de dar respuesta adecuada a los nuevos retos que la sociedad le demanda en los campos de las ciencias, la tecnología, las letras y las artes. Si queremos que el profesorado, como estamento, esto es, fundamentando su acción con base en el natural pluralismo que exige construir una universidad estatal no confesional, responda adecuadamente a los citados retos de la posmodernidad, la APUN deberá en el inmediato futuro, sin descuidar la defensa de los logros alcanzados, estar atenta a proponer oportunamente los cambios que sea necesario realizar en la estructura académica o administrativa de la institución. Y para hacerlo requiere necesariamente fortalecerse como entidad representativa del profesorado como un todo y de su pluralidad ideológica y política, enfatizando y perfeccionando el carácter democrático de su estructura y comprometiendo cada vez más a amplios sectores profesorales en la construcción y apoyo de sus propuestas. No hacerlo es, simplemente, permitir que las reformas que haya que hacer nos las impongan desde fuera, o las improvisen quienes solamente consideran importante la universidad al momento en que son designados pare ejercer alguno de los altos cargos de dirección, para que tengamos que posteriormente conformarnos con promover entre el profesorado actitudes meramente contestatarias.

En sus cincuenta años de historia APUN ha hecho escuela en lo que se relaciona con el pensamiento universitario. Continuar haciéndola es su reto y hacerla conocer del profesorado, que en una gran parte se ha renovado recientemente, debe ser, en mi modesto concepto, una política necesaria a seguir.
CARLOS LÓPEZ TASCÓN

Octubre 10 de 2004.



1 Varios Autores: Gerardo Molina y la Universidad Nacional de Colombia, Universidad Nacional, UNIBIBLOS, 2001, pp 86, 103.

2 Carlos GARCÍA Prada: Proyecto de Ley Orgánica de la Universidad Nacional y Exposición de Motivos, en “Alfonso López Pumarejo y la Universidad Nacional de Colombia”, UNIBIBLOS, Universidad Nacional, Bogotá, 2000, p 82. El texto original se toma de “Anales de la Cámara de Representantes” 88, 1146-1156, nov 4 de 1935.

3 Gerardo MOLINA: La reforma universitaria en Colombia (1946), tomado de “Gerardo Molina y la Universidad Nacional de Colombia”, op. cit. pp 102,103. El texto original es tomado de “Revista de la Universidad Nacional de Colombia” 6, 365-374 (1946).

4 Apuntes Universitarios 4, 5 (1986).

5 C. LÓPEZ T.: ¿Reformar por Reformar?, Apuntes Universitarios (APUN) 25, 3 (2004)

6 VICERRECTORÍA GENERAL, U. N.: Estatuto y Legislación de Personal Docente, Vicerrectoría General, Universidad Nacional de Colombia, 1979, Introducción.

7 APUN: Anales del Primer Congreso de Profesores de la Universidad Nacional, APUN, mímeo, 1970.

8 Las ponencias en el II Congreso de Profesores de la Universidad Nacional de Colombia se hallan recopilados en la publicación “Por la Universidad que Colombia reclama”, ICFES, Serie Memorias de eventos científicos colombianos, T 11, Bogotá, 1984.

9 CLAUSTROS DE PROFESORES, APUN, ASPU: “Por un Universidad del Estado científica y crítica – Exposición de motivos, proyecto de ley del Profesorado de la U. N. y comentarios al proyecto de ley del gobierno”, Mimeo, Universidad Nacional, 1971.

10 Una trascripción del referido Proyecto de Ley de los Claustros de Profesores, así como también comentarios acerca del proyecto de del Ministro Luis Carlos Galán pueden consultarse en: C. LÓPEZ T.: En Defensa de la Universidad del Estado – Cronología de un Testimonio Personal, 1ª parte – De la Ley 65 de 1963 a la Constitución de 1991”, UNIBIBLOS, Bogotá, 2003.



La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje