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El oro azul la crisis mundial del agua y la reificación de los recursos hídricos del planeta


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EL ORO AZUL

La crisis mundial del agua y la reificación de los recursos hídricos del planeta

 

Edición revisada



Primavera 2001

Autora: Maude Barlow

Presidenta nacional del Council of Canadians (Consejo de los Canadienses)

Presidenta del Comité sobre mundialización del agua del IFG

 

 



"Las guerras del siglo que viene serán provocadas por la falta de agua."

Ismail Serageldin,

Vicepresidente del Banco Mundial

 

Introducción

 

Nos agradaría pensar que el agua del planeta es inagotable. Pero este planteamiento es tragícamente erróneo. El caudal de agua dulce no alcanza ni la mitad de un uno por ciento de toda el agua de la tierra. Lo demás es agua salada, o forma parte de los hielos polares. El agua dulce únicamente se renueva por la lluvia, que cae a un ritmo de 40.000 a 50.000 kilometros cúbicos al año. Pero debido a la congestión de las grandes urbes, a la deforestación, al desvío de las aguas por necesidades de irrigación agrícola, hasta esta ínfima parte de agua dulce está desapareciendo a la par que se va secando la superficie de la tierra; a este ritmo, el agua de todas las cuencas de los ríos de todos los continentes irá agotándose de manera ininterrumpida.



 

El consumo mundial del agua dobla cada veinte años, es decir a un ritmo dos veces mayor que el del crecimiento de la población humana. Según las Naciones Unidas, el agua potable ya escasea para mil millones de personas. De seguir así, de aquí al año 2025, la demanda de agua dulce llegará a superar la disponible hoy día en un 56 por ciento.

 

A medida que se va intensificando la crisis del agua, los gobiernos del mundo entero - presionados por las grandes multinacionales - están abogando por una solución radical: la privatización, la reificación y el desvío masivo de las aguas. Los partidarios de este sistema opinan que esta sería la única manerar de poder abastecer a los lugares del mundo donde se padece sed. Empero, sabemos por experiencia que la venta del agua en un mercado abierto no sirve para colmar las necesidades de los pobres y sedientos. Muy al contrario, el agua privatizada termina en manos de quiénes pueden pagar por ella, tales como las personas y ciudades pudientes, y las industrias que hacen un uso intensivo del agua, entre las que cabe mencionar la agricultura y la alta tecnología. "El agua fluye río arriba, hacia el dinero", como comenta un residente en pleno desierto de Nuevo México, cuando el agua de su localidad fue desvíada para uso y beneficio de una industria de alta tecnología."



 

El impulso hacia la reificación del agua surge en un momento en que el impacto social, político y económico de la escasez del agua va convirtiéndose rápidamente en una fuerza desestabilizadora, que hace brotar conflictos relacionados con el agua en muchas partes del mundo. Tomemos el ejemplo de Malasia, que suministra aproximadamente la mitad del agua de Singapur, y que amenazó con cortar el suministro en 1997, cuando este último país lanzó ciertas críticas sobre las políticas del gobierno malasio. En África, las relaciones entre Botswana y Namibia se han deteriorado gravemente debido a los planes namibios de construir un conducto para desviar hacia el este de su país el agua del río Okavango que linda con ambos países.

 

Por su parte, el Alcalde de la Ciudad de México predice que el Valle de México no tardará en verse sumido en una guerra si no se resuelve cuanto antes la crisis del agua en la ciudad. Se ha escrito muchísimo sobre el riesgo de guerras por el agua en el Oriente Medio, donde cada gota de los recursos hídricos está contada. El recientemente fallecido Rey Hussein de Jordania dijo una vez que el único motivo por el que iría a la guerra contra Israel sería por el agua, ya que el caudal del río Jordán se encuentra bajo control israelí.



 

Mientras tanto, el futuro de uno de los recursos más esenciales a la vida está siendo determinado por personas que se lucran de su explotación y uso excesivo. Con el respaldo del Banco Mundial, un puñado de multinacionales se dedican a acaparar el control de los servicios públicos de abastecimiento de agua en los países en desarrollo, disparando los precios en detrimento de los habitantes y sacando partido de la desesperación con la cual el tercer mundo busca resolver sus problemas de escasez. Las intenciones son clarísimas: el agua debe de ser tratada como cualquier otra mercancía, y su uso debe ir conformado por los

principios que rigen el mercado.

 

Al mismo tiempo, los gobiernos están renunciando al control de las aguas que les compete administrar mediante su participación en acuerdos comerciales como puedan ser el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), sucedido por el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y la Organización Mundial del Comercio (OMC). Lo que hacen estas instituciones mundiales en realidad es darle a las grandes multinacionales un acceso sin precedentes al agua de los países signatarios.



 

Algunas empresas ya han empezado a demandar a los gobiernos con objeto de tener acceso a los recursos hídricos nacionales. Por ejemplo, la empresa californiana Sun Belt, ha entablado un juicio contra el gobierno de Canadá acogiéndose al TLCAN, por motivo de la prohibición impuesta por la provincia de Columbia Británica sobre las exportaciones de agua hace algunos años. La empresa aduce que la ley de dicha provincia infringe sobre varios derechos que el TLCAN concede al inversionista y reclama por lo tanto 10 mil millones de $ USA, en concepto de indemnización por la pérdida de beneficios.

 

Gracias al respaldo de estos acuerdos comerciales internacionales, las empresas tienen la mirada puesta en el transporte del agua a granel, mediante canales de desvío y grandes barcos petroleros. Varias empresas se encuentran desarrollando tecnologías para cargar grandes cantidades de agua potable en enormes sacos sellados que pretenden remolcar por vía marítima para su venta. La venta del agua al mejor postor no hará sino agravar los peores impactos de la crisis mundial del agua.



 

Importantes organizaciones dedicadas a la investigación y al medio ambiente, tales como el Worldwatch Institute, el World Resources Institute y el programa de Naciones Unidas sobre medio ambiente llevan más de diez años dando el grito de alarma : si el consumo de agua sigue incrementándose al ritmo actual, los resultados serán devastadores para la tierra y sus habitantes. Grupos tales como International Rivers Network, Greenpeace, Clean Waters Network, Sierra Club y Friends of the Earth International, junto con miles de grupos comunitarios del mundo entero, están luchando contra la construcción de nuevas presas, y buscando rehabilitar los ríos y pantanos en deterioro, enfrentándose a la industria por la contaminación de las aguas y protegiendo las ballenas y otras especies acuáticas de la caza y de la sobrepesca. En algunos países, los especialistas han logrado encontrar nuevas y alentadoras soluciones a estos problemas.

 

Aunque la labor que realizan sea de lo más fundamental, sus esfuerzos han de ser coordinados y percibidos en el contexto más extenso de la mundialización económica y del papel de este último en lo que se rfeiere al fomento de la privatización y de la reificación.



 

¿A quién le pertenece el agua? ¿Acaso debe pertenecer a alguién? ¿Debería ser privatizada? ¿Qué derecho tienen las grandes multinacionales a adquirir los sistemas hidrológicos? ¿Acaso debe el agua ser intercambiado en un mercado abierto como una mercancía cualquiera? ¿Qué leyes son necesarias para proteger el agua? ¿En qué consiste el papel del gobierno? ¿Cómo pueden los países ricos en recursos hídricos compartir el agua con los países menos afortunados? ¿Quién es el guardián de la sangre que le da vida a la naturaleza? ¿Cómo puede el ciudadano de a pie involucrarse en el proceso?

 

El análisis y las recomendaciones del presente informe se basan en el principio que el agua es parte del patrimonio de la tierra y que como tal debe preservarse en el dominio público por todos los tiempos y protegerse mediante rigurosas leyes locales, nacionales e internacionales. Lo que está en juego es la noción de los bienes comunes, es decir la idea que a través de nuestras instituciones públicas reconocemos la existencia de un patrimonio humano y natural común que ha de ser preservado para las generaciones venideras. Cada localidad debe de actuar como el perro guardián de nuestras aguas y establecer principios para controlar el uso de tan preciado recurso.



 

Creemos que este recurso vital no debe convertirse en una mercancía que se pretende vender al mejor postor, y que el acceso al agua potable para cubrir nuestras primeras necesidades constituye un derecho humano fundamental. Cada generación debe cerciorarse que sus actividades no empobrezcan la abundancia y la calidad del agua. No se puede escatimar esfuerzos para restablecer la salud de los ecosistemas acuáticos que ya están deteriorados, ni para proteger a los que aún no han sufrido daños.

 

Ante todo es menester proceder a una reestructuración radical de nuestras sociedades y estilos de vida, con el fin de impedir



que la superficie de la tierra quede deshidratada, y aprender a convivir con los ecosistemas creados para alimentar la vida en

derredor del agua. Y debemos renunciar a la comodísima noción de que podemos usar y abusar impunemente de los preciados

recursos acuáticos del mundo, ya que de alguna manera la tecnología terminará por aportar soluciones. No hay "arreglo" posible

para un planeta en el que se ha agotado el agua.

 

La Crisis

 

Un Recurso Que No Es Inagotable



 

Se suele pensar que el caudal del agua es tan magno como infinito. Este razonamiento es falso. El agua dulce disponible no alcanza ni el 0,5 por ciento de la totalidad del agua existente. El resto es agua salada o forma parte de hielos inaccesibles, de aguas subterráneas y de la tierra misma. Lo más importante es recordar que se trata de una fuente limitada.

 

Tal como lo puso Allerd Stikker de la Ecological Management Foundation, con sede en Amsterdam: "Sencillamente hablando, la cuestión hoy en día es que mientras la única fuente renovable de agua dulce reside en la lluvia (que genera un caudal mundial más o menos constante de 40 a 45.000 km cúbicos al año), la población mundial sigue incrementándose al ritmo de unos 85 millones de



habitantes al año. Por lo tanto, el agua disponible per capita dismimuye a pasos agigantados."

 

Lo más preocupante es que nos dedicamos a desviar, contaminar y agotar esa fuente limitada de agua potable a una velocidad vertiginosa.



 

A nivel mundial, el consumo del agua se duplica cada 20 años, a un ritmo más de dos veces mayor al crecimiento de la población humana, con las correspondientes exigencias sobre nuestros ecosistemas acuáticos. Por ejemplo se preveé que el consumo de agua para usos industriales se duplicará de aquí al 2025 si seguimos creciendo como en la actualidad. Según las Naciones Unidas, hoy día 31 países padecen escasez y más de mil millones de personas carecen de agua potable. De aquí al año 2025, hasta dos terceras partes de la población mundial - que para entonces se habrá incrementado en otros 2,6 mil millones de habitantes -

padecerán graves probemas de escasez. La tercera parte restante se verá casi totalmente privada de agua.

 

World Resources, publicación conjunta del programa de las Naciones Unidas sobre medio ambiente, del Banco Mundial y del World Resources Institute, lanza una advertencia estremecedora: "La sed mundial tiende a convertirse en una de las cuestiones más acuciantes del siglo XXI…En algunos casos, la explotación del agua es tan intensa en relación con los recursos de que disponemos, que las aguas superficiales están evaporándose y las reservas subterráneas se están agotando a un ritmo más acelerado que el de la cantidad recibida por las precipitaciones."



 

La explotación abusiva de las aguas subterráneas y el agotamiento de las capas acuíferas se han convertido en graves problemas para las regiones mayormente agrícolas del mundo. En los EE.UU. la capa acuífera de los altos llanos de Ogallala, que se extiende sobre 1300 kilómetros desde la faja angosta de Téxas hasta Dakota del Sur, se está vaciando ocho veces más deprisa de lo que la naturaleza pueda tardar en volver a llenarla. Y la superficie de saturación del valle californiano de San Joaquín ha caído de unos diez metros en algunos lugares en los últimos cincuenta años. Veintiún por ciento de la irrigación en EE.UU se hace bombeando el agua subterránea a un ritmo superior al de su capacidad de regeneración.

 

En la península de Arabia, el consumo de agua subterránea es casi tres veces mayor al volumen de realimentación y, si se sigue extrayendo de esta manera, el agua de Arabia Saudí terminará agotándose por completo dentro de cincuenta años; la extracción en Israel sobrepasa el ritmo de realimentación en 2,5 mil millones de metros cúbicos en 25 años y 13 por ciento de las reservas del litoral están contaminadas por el agua marina y los residuos de los abonos; el ritmo de agotamiento de las capas acuíferas no recargables del Africa se calcula en 10.000 millones de metros cúbicos al año; las superficies de saturación están bajando en toda la India; la tierra debajo de la ciudad de Bangkok se ha hundido debido al bombeo masivo y abusivo del



agua; ocho regiones del norte de China están tirando de sus últimos recursos acuáticos y la superficie de saturación debajo de Beijing ha caído de 37 metros en los últimos cuarenta años. La crisis del agua es tan grave en esa ciudad que los expertos se están planteando el traslado del gobierno chino a otro lugar.

 

En la ciudad de México el bombeo sobrepasa la realimentación natural en 50 a 80 por ciento cada año y los especialistas están diciendo que la ciudad podría quedarse sin una gota de agua en el próximo decenio. En las áreas de libre comercio de las maquiladoras a lo largo de la frontera entre México y los EE.UU., el agua es una mercancía preciada, que se suministra cada semana en muchas localidades en camiones o carretas. A principios del año 2001, la Comisión Nacional del Agua hizo constar que la zona fronteriza, que es un verdadero vertedero de desechos industriales y humanos, únicamente consigue depurar una tercera parte de las aguas de desecho y del alcantarillado. Ciudad Juárez, que crece a razón de 50.000 habitantes al año, se



está quedando sin agua; el agua subterránea de la que depende la ciudad ha ido bajando unos cinco pies al año. A este ritmo, ya no quedará agua utilizable dentro de veinte años.

 

Como explica Stikker, si comparamos el agua con una inversión financiera, lo que estamos haciendo es disminuir irreversiblemente el capital del que disponemos en lugar de sacar provecho de sus ingresos. Y no tardaremos en quebrar.



Sandra Postel del proyecto mundial de política de las aguas, puntualiza que, además de agotar el caudal, la explotación minera de las aguas subterráneas hace que el agua salada invada y destruya las reservas de agua dulce. En algunos casos, este tipo de actividad reduce para siempre la capacidad de la tierra a acumular el agua. En California, el uso y abuso de las reservas subterráneas en el Valle Central han resultado en la pérdida de más de un 40 por ciento de la capacidad de almacenaje de todos los embalses artificiales del estado. En 1998, el Ministerio Californiano de recursos hídricos anunció que a menos de encontrar

nuevas reservas, el estado tendría que hacer frente de aquí al 2020, a una escasez de agua prácticamente equiparable al volumen de lo que sus pueblos y ciudades están consumiendo hoy día.

 

Además, la expansión mundial de las actividades de minería y de fabricación está amenazando con contaminar aún más estas reservas subterráneas. (En la mayoría de los países asiáticos, por ejemplo, estas reservas suministran más de un 50 por ciento del agua del país.) World Resources señala que la industrialización acelerada de los países en desarrollo va generando los metales pesados, los ácidos y agentes contaminantes orgánicos persistentes que terminarán corrumpiendo las capas acuíferas.



 

Al mismo tiempo la explotación abusiva de los principales sistemas fluviales del planeta, está amenazando otra fuente limitada de agua. "El Nilo en Egipto, el Gánges en Asia del Sur, el Río Amarillo en China y el Río Colorado en América cuentan entre los principales ríos tan masivamente explotados (presas y desvíos por doquier, consumo excesivo), que hay determinadas épocas en las que el agua potable ni llega a su destino final o de hacerlo, su cantidad es ínfima", escribe Sandra Postel. El Río Colorado tiene tantísimos consumidores a lo largo de su recorrido por siete estados de los EE.UU., que no queda prácticamente agua en

su desembocadura hacia el mar. Los caudales del Río Grande y de la parte superior del Río Colorado están en peligro de verse reducidos en un 75 y un 40 por ciento, respectivamente, en el siglo que viene.

 

Pero quizás el análisis más devastador de la crisis mundial del agua es el que proviene del ingeniero hidrológico Michal Kravèík y de su equipo de científicos de la ONG Gente y Agua de la República Eslovaca. Kravèík, que ha proseguido una brillante carrera en la Academia de Ciencias de la República, se ha dedicado a estudiar el efecto de la urbanización, de la industria agrícola, de la deforestación, de la construcción de presas, y de las infraestructuras y pavimentos construídos por encima de los sistemas hidrológicos en su país y en los países vecinos, y ha llegado a una conclusión alarmante. La destrucción del habitat natural del agua no sólo genera una crisis de abastecimiento que afecta a las personas y a los animales, sino que disminuye gravemente la cantidad de agua potable de la que dispone el planeta.



 

Kravèík describe el ciclo hidrológico de una gota de agua. Para empezar se evapora de una planta, de la superficie terrestre, de un pantano, de un río, de un lago o del mar para acabar volviendo a la tierra en forma de precipitación. Si la gota de agua vuelve a caer en un bosque, lago, hierba, prado o campo, puede cooperar con la naturaleza para iniciar un nuevo ciclo hidrológico. "El derecho de domicilio de una gota forma parte de los derechos fundamentales, y es un derecho infinitamente más importante que los derechos humanos", afirma Kravèík.

 

Sin embargo, si la superficie de la tierra se pavimenta por entero, si es desnudada de sus bosques y praderas, y si se drenan sus torrentes y arroyos naturales, la gota no llegará a formar parte de la cuenca de un río o de las capas acuíferas de tierra firme, dónde es tan necesaria para la gente y los animales, sino que caerá en el mar donde se limitará a ser almacenada. Es como la lluvia que cae en un enorme tejado o un gigantesco paraguas; todo lo que está debajo queda seco y el agua fluye hacia su perímetro. Como consecuencia, la disminución del agua de las capas acuíferas en tierra firme contribuye a reducir la evaporación del agua de la superficie terrestre y se convierte en una pérdida neta, mientras que los mares van subiendo. En Eslovaquia, los científicos hallaron que por cada uno por ciento de los tejados, pavimentos, estacionamientos y autopistas que se construyen, el volumen del abastecimiento del agua pierde más de 100.000 millones de metros cúbicos al año.



 

Kravèík lanza una inquietante advertencia sobre el número en aumento de lo que él denomina "manchas calientes" - es decir los lugares en los que ya no queda ni una sola gota de agua. A medida que la tierra se irá secando, asistiremos al calentamiento masivo del planeta y a los correspondientes extremos climáticos: sequía, mayor vulnerabilidad a la atmósfera, aumento de la radiación solar, menor biodiversidad, derretimiento de las capas de hielo polares, inundación de territorios enteros, desertización masiva y, a un momento dado, "el caos mundial."

 

A Falta de Agua, Falta de Comida



 

Aparte de crear graves problemas ecológicos, la explotación abusiva de las aguas subterráneas y fluviales, está recrudeciendo otra temible crisis - la de garantizar el alimento del mundo. La irrigación destinada a las cosechas es responsable del consumo del 65 por ciento de toda el agua que utilizamos los humanos, en comparación con un 25 por ciento achacable a la industria y un 10 por ciento a los hogares y municipalidades. El crecimiento demográfico anual quiere decir que cada vez se necesitará más agua para la producción de cereales (destinados al consumo humano y animal), ya que se trata de una actividad que exige muchísimo riego. Pero cada año, las ciudades e industrias que hormiguean por el mundo están exigiendo y acaparando una parte cada vez mayor del agua destinada a la

agricultura. Por citar un ejemplo, California preveé un auténtico declive en las tierras irrigadas debido a su imponente explosión demográfica.

 

Tarde o temprano, algunas regiones estériles ya no podrán satisfacer la demanda de los agricultores a la vez que la de las ciudades que crecen a un ritmo vertiginoso. Si estas regiones han de satisfacer las necesidades cotidianas de agua, tendrán que acabar importando con carácter permanente la totalidad o gran parte de sus alimentos, con lo cual se plantea la dependencia crónica de determinados países que tendrán que seguir recurriendo a otros o a la ayuda de nuestra aldea planetaria para poder abastecerse.



 

En todas las regiones rurales de Latinoamérica y de Asia, la industrialización masiva está causando un desequilibrio entre el ser humano y la naturaleza. Las industrias agropecuarias destinadas a la exportación tiran cada vez más de los recursos hídricos que antes sólo consumían los pequeños agricultores para autoabastecerse en alimentos. Otro gran foco de agotamiento de las reservas de agua se encuentra en los más de 800 áreas de libre comercio del tercer mundo, tales como los de Latinoamérica, dónde se producen alimentos en cadena para la élite de los consumidores mundiales. En las regiones maquiladoras de México por ejemplo, el agua potable resulta tan escasa que los niños y hasta los infantes toman Coca? Cola y Pepsi en lugar de agua.


Durante una dura temporada de sequía en el norte de México en 1995, el gobierno cortó el suministro de agua a los agricultores locales para asegurar, con carácter urgente, el de las industrias de la región cuya mayoría están bajo dominio extranjero.

 

Pero lo que ocurre en China es quizás aún más estremecedor. El Worldwatch Institute advierte que un súbito e inesperado declive en el abastecimiento de agua de los agricultores chinos, podría amenazar la seguridad alimentaria del mundo. China se enfrenta a graves penurias de grano en el futuro próximo debido a la pérdida de agua por el desvío de recursos ya limitados de los campos hacia la industria y las ciudades. Como resultado, la demanda de cereales en China pudiera sobrepasar las cantidades exportables que existen en el mundo. Si bién China podrá sobrevivir durante una temporada por su economía en plena expansión y sus tremendos excedentes comerciales, el aumento de los precios de los granos que resultará de la situación creará un levantamiento social y político en la mayoría de las ciudades del tercer mundo, poniendo en vilo la seguridad



alimentaria en el mundo.

 

El hemisferio occidental de la China está mayormente compuesto por desiertos y montañas; la gran masa de 1.200 millones de ciudadanos viven gracias a varios grandes ríos cuyos sistemas no bastan para satisfacer la demanda. Por ejemplo, en 1972 el Río Amarillo no llegó a desembocar en el mar por primera vez en su historia. Esto ocurrió durante quince días aquel año y el número de días va en aumento cada año desde entonces. En 1997 quedó seco durante 226 días. La historia se repite en todos los ríos chinos así como en sus capas acuíferas que se van vacíando debajo del gran llano del norte de la China. A medida que se van construyendo enormes pozos industriales para tener acceso a la poca agua que queda, millones de agricultores chinos se encuentran con que sus pozos se van secando. Cuatrocientas de las 600 ciudades del norte de China ya padecen de una grave escasez de agua, y esto representa más de la mitad de la población del país.



 

Esta escasez ocurre en un momento en que la explosión demográfica china conocerá en los próximos 30 años un aumento superior al equivalente de la población de los EE.UU, y las predicciones más conservadoras anuncian que el consumo industrial anual del agua en China podría pasar de 52.000 millones a 269.000 millones de toneladas a lo largo de dichos años. Esto coincide con un aumento en los ingresos de sus ciudadanos que permite a millones de ellos instalar cañerías con duchas e inodoros en sus casas. El Worldwatch Institute predice que China será el primer país en el mundo que tendrá que reestructurar

su economía prácticamente por entero para hacer frente a la escasez de agua.

 

Especies en Peligro de Extinción



 

En todo el mundo, la respuesta ante la mayor demanda de agua consiste en construir más presas y en desviar más ríos. Llevamos mucho tiempo manipulando el agua. Incluso las más antiguas civilizaciones, desde los Romanos a los Mayas

construyeron acueductos y canales de irrigación. Pero ahora nuestras manipulaciones han alcanzado una escala totalmente insostenible.

 

El número de grandes presas en el mundo ha pasado de apenas un poco más de 5.000 en 1950 a 38.000 hoy día y el número de cursos desvíados para la navegación ha aumentado de ni tan siquiera 9.000 en 1900 a unos 500.000. En el hemisferio norte, hemos canalizado y domado tres cuartas partes del caudal de los grandes ríos del mundo para la alimentación hidroeléctrica de nuestras ciudades. Si bién es cierto que los avances de la técnica moderna han permitido a los gobiernos abastecer el agua a las granjas y ciudades, estas prácticas han hecho mucho daño a la naturaleza.



 

Las vías navegables del mundo también tienen que hacerle frente a toda la gama de problemas causados por la contaminación tóxica de nuestras modernas industrias. Noventa por ciento de las aguas inmundas de los países en desarrollo siguen siendo vertidas sin previa depuración en los ríos y arroyos.

 

En los EE.UU., tan sólo un 2 por ciento de los ríos y arroyos del país siguen su curso en su estado natural original; la zona de tierra firme ha perdido más de la mitad de sus pantanos, pérdida que se cifra en un 95 por ciento en el estado de California. La población de aves migratorias y acuáticas ha retrocedido de 60 millones en 1950 a apenas 3 millones hoy día. Los cauces más diversos desde el punto de vista biológico también son los que más se han deteriorado con el subsiguiente enorme peligro para



las especies y la naturaleza.

 

"Los EE.UU. son el epicentro mundial de la biodiversidad del agua dulce", afirma Larry Masters de Nature Conservancy. Treinta y siete por ciento de sus peces están en peligro de extinción, así como 51 por ciento de sus crustáceos y 40 por ciento de sus anfíbios, y 67 por ciento de los moluscos de agua dulce ya han desaparecido o están en vías de extinción.



 

Según la revista National Geographic, en EE.UU. se gastan mil millones de libras de insecticidas y herbicidas cada año, la mayor parte de los cuales van a parar a los sistemas hidrológicos del país. El Consejo de Defensa de los Recursos Naturales afirma que 53 millones de americanos beben agua de grifo contaminada por plomo, bacterias fecales y otros contaminantes nocivos. Casi 40 por ciento de los ríos y arroyos estadounidenses son demasiado peligrosos para la pesca, la natación o su consumo. "Nuestros ecosistemas se están desmoronando en todos y cada uno de nuestros cauces en el Oeste," explica Steve Glazer del grupo de trabajo de Sierra Club encargado de estudiar el Río Colorado.

 

En Canadá, Jamie Linton ha recabado información sobre una inquietante historia de uso y abuso de un sistema hidrográfico en nombre de la Federación Canadiense de la Fauna y de la Flora. La pérdida de pantanos se extiende a 65 por ciento en el litoral Atlántico, 70 por ciento en el Sur de Ontario, 71 por ciento en las Praderas y 80 por ciento en el delta del Río Fraser en la provincia canadiense de Columbia Británica. La lluvia ácida ha causado un declive de 40 por ciento en las especies de peces en algunos lagos canadienses. Se han construído presas a lo largo de la mayoría de los sistemas hidrológicos del país y es de lejos el país donde más se ha procedido a desviar las aguas de los ríos de sus cauces originales. Más de un siglo de minería, forestería y de industria a gran escala ha afectado hasta la última capa acuática en Canadá y se encuentran residuos químicos tóxicos en hasta los lugares más remotos del Artico.



 

En los Grandes Lagos de EE.UU., que constituyen el mayor sistema de agua dulce del mundo, el resultado ha sido una "pérdida catastrófica de diversidad biológica", según explica Linton. Janet Abramovitz del Worldwatch Institute añade que los Grandes Lagos han perdido dos terceras partes de sus otrora extensas marismas y que menos de un 3 por ciento de las costas lacustres se prestan a la natación, no son potables y la vida acuática no puede sobrevivir en ella.

 

El organismo Nature Conservancy ha identificado un centenar de especies y 31 comunidades ecológicas que peligran en el sistema de los Grandes Lagos y señala que la mitad de ellas no existen en ningún otro lugar. Hace doscientos años, en cada unos de los cinco Grandes Lagos florecía una vida acuática que les era propia. En 1900, 82 por ciento de las capturas eran de peces indígenas. Ya en 1966, las especies indígenas alcanzaban tan sólo el 0,2 por ciento de la pesca; el 99,8 por ciento restante correspondía a especies exóticas, la mayoría de las cuales tenían efectos devastadores sobre las indígenas.



 

La historia se repite en el mundo entero. Los 33 grandes ríos de Inglaterra, salvo uno, están padeciendo; algunos ya han bajado de nivel hasta alcanzar menos de una tercera parte de su profundidad media. El Támesis se expone a secarse y los grandes buques ya deben esperar la marea alta para poder navegar. El desarrollo industrial ha separado el Río Rin en Europa del 90 por ciento de las tierras que irrigaba originalmente y el salmón indígena que normalmente lo remontaba casi ha desaparecido por completo. En los 25 últimos años, las concentraciones de fosfato y de nitrato del Danubio se han multiplicado por seis y por cuatro respectivamente, causando daños incalculables al turismo y a la pesca de la región.

 

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), 80 por ciento de los grandes ríos de China están tan deteriorados que los peces ya no pueden vivir en ellos. La construcción de la presa de Asuán en Egipto en 1970 generó la pérdida de los dos tercios del pescado que se recogía para fines comerciales.



 

El World Resource Institute informa que trás construirse la presa Pak Mun en Tailandia, las 150 especies de peces que vivían en el río Mun desaparecieron casi totalmente. La introducción de especies no indígenas en el Lago Victoria en Africa ha logrado poco menos que destruir la población de especies indígenas, que ya peligraban por los millones de litros de aguas inmundas sin depurar y de desechos industriales que en él se vertían de las ciudades de los vecinos países de Kenya, Tanzania y Uganda. Las tres cuartas partes de los ríos de Polonia también han sido contaminados por productos químicos, aguas inmundas y desechos agrícolas, de manera que su agua ni tan siquiera sirve para uso industrial. Prácticamente la mitad de los sistemas de depuración del agua y del alcantarillado en Moscú no son eficaces o no funcionan y, de acuerdo con el Consejo de Seguridad Ruso, no es potable 75 por ciento del agua de los lagos y de los ríos de la República.

 

La cuenca del mar de Aral por la que se extienden Afganistán, Irán y cinco países de la ex Unión Soviética fue una vez el cuarto lago de mayores dimensiones del mundo. Los desvíos excesivos han resultado en la pérdida de la mitad de la región que cubría y de tres cuartos de su caudal, mientras que los pantanos circundantes han encogido en un 85 por ciento. Postel lo llama una de las mayores tragedias ecológicas del planeta y hace constar que casi todas las especies de peces y de aves acuáticas han sido totalmente aniquiladas y no queda nada por pescar. Cada año, el viento va recogiendo de 40 a 150 millones de toneladas de una mezcla de sales tóxicas procedentes del lecho del mar desecado y la va esparciendo por las granjas del lugar. Millones de "refugiados ecológicos" han abandonado la región.



 

No se puede insistir lo bastante sobre la crisis del agua que conoce nuestro planeta hoy día. Las pequeñas soluciones a plazos no conseguirán impedir el desmoronamiento de poblaciones y ecosistemas enteros. Es acuciante y aún posible volver a replantearse de manera radical nuestros valores, prioridades y sistemas políticos. Sin embargo, como veremos en el capítulo siguiente, hay fuerzas en movimiento en el mundo de hoy que, a menos que nos enfrentemos a ellas, terminarán llevando casi inexorablemente al mundo hacia un futuro en el que el agua vendrá a faltar.

 

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