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El misterio de dios


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EL MISTERIO DE DIOS
Misterio es aquello que resulta inaccesible a la explicación racional. Los seres humanos intentamos descubrir los misterios de la ciencia, del cosmos, pero ¿intentamos acercarnos al “misterio de Dios”? Hoy celebramos este misterio, la Santísima Trinidad, un Dios en tres personas que se ha revelado y está presente en medio de nosotros, o en palabras de Michel Fédou: “misteriosa comunión de tres que no son sino uno, como la raíz que produce el árbol y el fruto, la fuente de la que procede el arroyo y el río, el sol del que procede el rayo y la luz que sale del rayo...”.

El pensamiento laicista afirma que Dios no existe, porque es un misterio; y si existe no cuenta -es inútil-, o es un impedimento al progreso de la sociedad y un estorbo a la conciencia. Cuando miramos las vidrieras de una catedral desde fuera vemos sólo una superficie gris, pero si las contemplamos desde dentro son una sinfonía de colores. Lo mismo sucede con el misterio de la Trinidad: nos podemos quedar en el lado gris y no entrar dentro para descubrir los colores del misterio de Dios en la creación y en el interior de cada persona. Cierto que a Dios no le vamos a entender o no le podremos explicar, pero sí le podemos sentir, experimentar y gozar, como sucede cada día con el amor. Necesitamos urgentemente la interioridad, la contemplación, la intimidad.

La Iglesia celebra hoy el “Día pro-orantibus”, y nos invita a tener presente en la oración a los/las -permítaseme- “profesionales de la interioridad”, a los religiosos/as de Vida Contemplativa. No ocupan muchas páginas en los medios de comunicación. Se trata de una “vida escondida, sin sentido para muchos, sencilla, pero una vida que sabe mucho de auténtica Vida, de Esperanza, de Caridad, de Misericordia”. Ellos viven un anticipo del cielo, y hacen presente que lo que verdaderamente hace feliz al hombre no se ve con los ojos de la carne -está en lo profundo del ser-, y que la lucha de cada día por ser más feliz y realizarnos es tantas veces infructuosa por vacía y desenfocada en su meta final.

¡Qué sorpresa experimentan los jóvenes cuando se les pone en contacto con esta vida! A esto les invitaba Juan Pablo II cuando, en el mensaje para la XIX Jornada Mundial de la Juventud en 2004, decía: “Haced silencio en vuestro interior; dejad que emerja desde lo profundo de vuestro corazón el ardiente deseo de ver a Dios… y experimentaréis la maravilla del encuentro con Él... Sólo el encuentro con Jesús podrá dar pleno sentido a vuestras vidas. ‘Nos has hecho para Ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que repose en Ti’, decía San Agustín”.



El problema no es Dios. El problema es el propio ser humano. La clave está en entrar en su misterio y dejar que se nos revele, “darle cancha” a Dios en nuestra vida, dejarle espacio y desear conocerlo… El resto lo hará Él. Y Él -en nosotros- será fuerza de salvación para bien del mundo.
Luis Emilio Pascual Molina

Capellán de la UCAM



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