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El ladrón de historias


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ALEJANDRO ALMAZÁN, "EL LADRÓN DE HISTORIAS", EN EL CENTRO UNIVERSITARIO DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES DENUNCIA LA CENSURA EN LA PRENSA MEXICANA
Guadalajara, Jal., 26 de enero de 2006

Texto: Mauricio Ferrer

Fotografía: Francisco Quirarte

Edición de noticias: LCC Lupita Cárdenas Cuevas


El periodista mexicano Alejandro Almazán se autocalificó como un “ladrón de historias” en su conferencia “Crónica, la otra visión”, misma que dictó ante un público reunido este miércoles por la noche en el auditorio Adalberto Navarro Sánchez, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH).
Comenzó: “Quiero hablarles de mí, de la crónica, de lo que hablo. Y decidí traerlo escrito porque, como buen reportero, soy un desparpajo, y si no lo pongo esquemáticamente, voy a empezar a hablar de muchas cosas”.
La participación de Almazán forma parte del Circuito de Seminarios Excelencia Periodística, que recorre diversas entidades de la República y es organizado por el Consejo Ciudadano del Premio Nacional de Periodismo, y del cual es presidente el Rector de la Universidad de Guadalajara, José Trinidad Padilla López.
De 34 años, Almazán es un apasionado del fútbol americano y el rock. Le gusta charlar de los acereros de Pittsburg o de la banda U2. Ha ganado en dos ocasiones el Premio nacional de periodismo (PNP), en la categoría de crónica, por los trabajos Cinco días secuestrada, cinco días de infierno, en 2004, y por Lino Portillo: asesino a sueldo, en 2003.
En 1984, en la preparatoria, Almazán hizo su primera crónica. “No fue escrita, sino hablada, vegetando en el sol. Les conté a mis compañeros de clase sobre mi barrio, sus personajes de ficción que terminaron asesinados, recluidos en grotescas clínicas para convertirlos a golpes en abstemios o llevados a las mazmorras”.
El doble ganador del Premio Nacional de Periodismo destacó la poca importancia que dan los medios al género. “Resulta que los editores de prensa escrita han decidido dar la pelea a la radio y la televisión, de manera que asemejan a la radio y la televisión, es decir, con dueños y directores que no saben de este oficio. Los editores tienen el control y han sacrificado lo más bello que posee el periodismo: la escritura por notas cortas que parecen telegramas, por diseños coquetos, pero tontos, y por un millar de clasificados que solo provocan que haya periódicos gordos y pesados”.
Almazán aprovechó el foro para invitar a leer Emeequis, un proyecto editorial en el que él y otros colegas participan, luego de su salida de La revista de El Universal, hace unos meses, porque “no podíamos hablar de Fox y de Martita”.


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