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El dios del misterio y la oracióN


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EL DIOS DEL MISTERIO Y LA ORACIÓN
Kallistos Ware
Kallistos Ware, sacerdote ortodoxo, nos ofrece no sólo el resultado de sus estudios teológicos sino, lo que es aún más interesante, su reflexión sobre nuestra relación con Dios, un Dios que es misterio, porque es creador, hombre y espíritu, y un Dios que es oración y eternidad.
En las páginas rebosantes de alegría de este libro, encontraremos textos de los Padres de la Iglesia Oriental. Apotogemas de los padres del desierto, oraciones de la liturgia, testimonios de santos y autores contemporáneos, etc., en los que podremos saborear la rica espiritualidad de nuestros hermanos ortodoxos y rezar a este Dios misterioso que nos une en la oración.

NARCEA, S. A. DE EDICIONES

Queda rigurosamente prohibida sin la autorización escrita de los titulares del Copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproduc­ción total a parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos.

© NARCEA, S. A., DE EDICIONES, 1997 Dr. Federico Rubio y Galí, 9. 28039 Madrid. © CASELL PLC. Londres.


Título original: The Orthodox Way Traducción: Alfredo Casais I.S.B.N.: 84-277-1210-3 Depósito legal: M - 18.831-1997 Fotocomposición e impresión: EFCA; S. A. 28850 Torrejón de Ardoz (Madrid)
ÍNDICE


Prólogo a la edición española.

7







Prefacio de Olivier Clément.

9







Signos en el camino.

15







Un Dios que es misterio.

23

Alteridad y proximidad del Eterno.


25

Un Dios que es miste­rio.

27

La fe en el Dios personal.

30

Tres puntos de referen­cia.

33

Esencias y energías.

38







Un Dios que es trinidad.

45

Un poco de amor puro.

47

Tres personas en una sola esen­cia.

50


50

Características personales.

53

Las dos manos de Dios.

57

Orar a la Trinidad.

60

Vivir la Trinidad.

62







Un Dios que es creador.

67

Mirad los cielos.

69

El puente de diamante.

70

El hombre, cuerpo, alma y espíritu.

75

Microcosmos y mediador.

77

Ima­gen y semejanza

79

Sacerdote y rey.

83

El reino interior.

85

El mal, el sufrimiento y la caída del hombre.

87

Consecuencias de la caída

91

Nadie cae solo.

95

¿Un Dios que sufre?

96







Un Dios que es hombre.

103

Nuestro compañero de camino.

105

Señor Jesús, ten piedad.

106

Doble pero único.

110

La salvación como compartir.

113

6 - Kallistos Ware – El Dios del misterio y la oración




¿Por qué un nacimiento virginal?

116

Obediente hasta la muer­te.

119

La muerte, esta victoria.

112

Cristo ha resucita­do.

126







Un Dios que es espíritu.

135

¿Puños cerrados o manos abiertas?


137

El viento y el fuego.

138

El Espíritu y el Hijo.


141

El don de Pentecostés.

144

Padres en el Espíritu y locos en Cristo.


145

Conviértete en lo que eres.


151







Un Dios que es oración

157

Las tres etapas de la vida.


159

Tres presupuestos.

162

El reino de los cielos sufre violencia.

167

Cambiar de espíritu.


169

El creador a través de la creación.


174

Palabras en silencio.

179

La unión con Dios.


183

Tinieblas y luz.


186







Un Dios que es eternidad.


195

Se aproxima el final.

197

La primavera futura.


199

Viaje en el infinito.


202

8 - Kallistos Ware – El Dios del misterio y la oración

PRÓLOGO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA
A1 presentar al público esta aproximación a Dios se­gún la tradición de la Iglesia Ortodoxa, queremos ofre­cerle un medio para conocer la rica religiosidad de nuestros hermanos ortodoxos y un material de ora­ción lleno de piedad y belleza. El autor es un gran co­nocedor de los autores espirituales de los primeros tiempos del cristianismo; por eso, no es de extrañar la cantidad de citas de las Padres, testimonios de ermita­ños y místicos que salpican las páginas de su libro. Y no sólo, autores clásicos o antiguas, también podemos ver citas de contemporáneos, sobre todo orientales.

Se encontrarán en este libro los temas fundamenta­les de la teología dogmática, vistos desde la Iglesia Or­todoxa: el misterio de la Trinidad, la creación; Dios hecho hombre, el Espíritu Santo, la oración, la escato­logía. Ante esta enumeración, cualquiera podría pen­sar que tiene en sus manos un material tedioso, de es­tudio, impropio para hacer oración. Sin embargo, no es así: El Dios del misterio y la oración es un libro pro­fundo que produce alegría, que da paz, que muestra el rostro amable de un Dios que es sobre todo amor.

En estos momentos en que el movimiento ecuméni­co vive uno de sus mejores momentos, queremos que este libro sea un motivo de conocimiento y de acerca­miento a estos cristianos que han sabido mantener tan viva la tradición.

9 - Kallistos Ware – El Dios del misterio y la oración

PREFACIO
Aunque desconocido en España, el padre Kallistos Ware no lo es, para el vecino público francés, que ha po­dido leer algunos de sus libros traducidos del inglés. Sin embargo, mientras continúe siendo impenetrable la frontera cultural entre el mundo anglosajón y el mundo latino, será necesario presentar de un modo más directo la personalidad de este espiritual, de este teólogo que se cuenta entre los más importantes de hoy.

Si quisiera definir con brevedad la vocación del padre Kallistos, diría que podría ser la de un Newman orto­doxo (convendrá recordar que Palmer, uno de los compa­ñeros de Newman, había deseado convertirse a la Orto­doxia). Newman pasó directamente del anglicanismo al catolicismo, sin rechazar nada del patrimonio espiritual que lo había alimentado ni romper con sus amigos angli­canos. Por esta razón, su pensamiento constituye hoy una especie de puente entre las dos Iglesias que esboza lo que podría ser un catolicismo que asumiera las de­mandas fundamentales de la Reforma anglicana. El padre Kallistos ha pasado a la Ortodoxia, preservando en una síntesis constructiva, la tradición espiritual de su país y manteniendo estrechos vínculos con los teólogos anglica­nos que no dejan de cultivar su propio terruño espiritual para volver a encontrar en él el filón de la Iglesia indivi-

10 - Kallistos Ware – El Dios del misterio y la oración
sa. El padre Kallistos es un miembro activo de Fellows­hip de Saint Alban y de Saint Serge, en el que colabo­ran anglicanos y ortodoxos. Fue uno de los responsables de la Eastern Churches Review, desde donde ha llevado a cabo el reencuentro en profundidad del Occidente y el Oriente cristianos (en 1979, se fusionó con la del Fe­llowship, Sobornost). A1 leer este libro se observan fre­cuentes referencias a escritores como Lewis, Traherme o el anónimo autor del siglo XIV que redactó La nube del no-saber. El padre Kallistos no trata de polemizar ni de descalificar. Intenta expresar en el lenguaje cultural del Occidente contemporáneo y, de modo más específi­co, de Inglaterra, todo lo positivo de la tradición ortodo­xa. A1 hacerlo, acude a un poema de Kathleen Raine, lo mismo que a un himno de la liturgia bizantina... Si bien hay que decir, hablando con rigor, que marca una dife­rencia propiamente teológica, lo hace sin agresividad y con verdadero conocimiento de las posiciones del otro, destacando, por ejemplo que, para un ortodoxo, el dog­ma de la Inmaculada Concepción de María no es que sea falso sino redundante, aun explicándose por medio de la concepción agustiniana del pecado original. El hombre es, por lo tanto, un testigo tanto más creíble, cuanto que sabe a quién se dirige y lo llama a las raíces comunes: a estos «Padres», cuyo conocimiento no ha ce­sado de renovarse.

Timothy Ware nació en Inglaterra en 1934. Cursó estudios de letras clásicas en Oxford y luego en la uni­versidad americana de Princeton. En 1958 fue admitido en la Ortodoxia y en 1966 se convirtió en sacerdote y monje, adoptando el nombre de Kallistos. Ese mismo año, tomaba en la universidad de Oxford el relevo de Ni­colás Zernov para enseñar teología y, de un modo más amplio, la historia y la vida de la Iglesia Ortodoxa, la «vía ortodoxa», como a él le gusta decir. A1 mismo tiempo, sirve, también en Oxford, en la parroquia ortodoxa de la

11 - Kallistos Ware – El Dios del misterio y la oración
Santa Trinidad. Es miembro de la diócesis griega de Gran Bretaña.

Este enseñante, cuyos cursos claros y vivos gozan de particular aprecio, es también un verdadero monje, que habla por experiencia cuando evoca la ascesis ortodoxa y el sentido de la vida monástica (como lo ha hecho en importantes artículos publicados en Francia en las revis­tas Contacts y Tychique). Su monasterio es el de San Juan Evangelista en la isla de Patmos: doble referencia -al evangelio más sacramental y más espiritual, y al apocalipsis como revelación- última- que se impondrá, sin duda, cada vez más a los cristianos en este indeciso amanecer del siglo XXI. Cada año, el padre Kallistos va durante un tiempo a su monasterio y cada tres o cuatro años se establece en él durante varios meses. Compro­metido con el reencuentro espiritual del Occidente y el Oriente cristianos, se esfuerza en desarrollar la colabora­ción entre ortodoxos de jurisdicciones diferentes. Así, es uno de los fundadores y de los principales animadores de la Fraternidad ortodoxa de San Juan Bautista que intenta conducir a los ortodoxos a una mejor conciencia de su fe y por lo tanto de su servicio, y organiza con otros, todos los años, una semana de oración y de estu­dios que resulta especialmente fructífera.

Con muchos otros occidentales, el padre Kallistos co­noció la Ortodoxia por testimonio de la emigración rusa; en su caso, de la más tradicionalista. Muy pronto, no obstante, se incorporó al Patriarcado de Constantinopla, primado de honor de la Iglesia Ortodoxa que tiene a su cargo preservar su unidad y universalidad. Aunque mar­cado por la espiritualidad rusa, se abrió a la modernidad antimoderna de un Dostoievski, sintiendo la necesidad de enraizarse en la tradición del helenismo cristiano. Su tesis, publicada en 1964, está consagrada a Eustratios Argenti y constituye «un estudio de la Iglesia griega bajo la dominación turca», época casi ignorada en la que los

12 - Kallistos Ware – El Dios del misterio y la oración

ortodoxos griegos vivían «bajo la cruz», en una extrema kenosis histórica, época de los «neomártires». Después, publicó una presentación de conjunto de la Iglesia Orto­doxa, colaboró en la traducción inglesa de la Fi l oca l ia y redactó gran número de artículos en los que esbozó la teología y la espiritualidad de un monacato, tradicional y renovador, asexuado y tendente a agrupar a los cristia­nos, humilde, profético y fermento en el corazón de la Iglesia y del mundo. Monacato en el que él ve, al igual que en el matrimonio, el «sacramento del amor», como dijo en el congreso de Avignon en noviembre de 1980. El padre Kallistos se orienta ahora hacia la elaboración de una amplia síntesis teológica y espiritual del que es un adelanto este libro; al leerlo comprenderemos que para un ortodoxo la realidad de la Iglesia no se evoca en tér­minos de institución, sino de misterio: la Iglesia, en su profundidad, no es otra cosa que el «Misterio» del Resu­citado que nos resucita; constituye el fundamento divino-­humano de la comunión de los hombres, el ser resurrec­cional de la creación.

Debo confesar -aunque esta confesión se derive de una expansividad latina un poco molesta para la reserva británica (y monástica)- que hace ya algunos años que no había leído un libro que me hubiera causado tanta alegría. Es un libro extraordinariamente límpido, en su profundidad, y de una extrema justeza espiritual. Se oye en él la voz de la Tradición: todos sus pensamientos van precedidos y seguidos por citas de todas las épocas, so­bre todo litúrgicas y patrísticas (lo cual tratándose de la liturgia bizantina, es realmente la misma cosa). Pero esta Tradición está viva, es creadora, juvenescens, como de­cía Ireneo de Lyon, capaz de inventar «palabras nuevas», como afirmaban los Padres Capadocios. En este libro se encontrarán los temas fundamentales de la teología dog­mática -el misterio, la Trinidad, la creación, el Dios he­cho hombre, el Espíritu Santo, la oración (incluyendo la

13 - Kallistos Ware – El Dios del misterio y la oración
oración de Jesús), la escatología- expuestos como para cambiar nuestra vida y para cambiarla ahora, en las con­diciones que hoy son las nuestras. La sociedad cristiana está muerta, el cristianismo ya no es la «ideología domi­nante» de una cristiandad; los cristianos, como en los primeros siglos, están llamados a convertirse en una mi­noría abierta, resplandeciente, ejemplar, «situada apar­te», no para encerrarse en un ghetto, sino para obrar, en primer lugar, por medio de la oración y la acción de la presencia, para la salvación de la humanidad y la transfi­guración del universo. Tal vez ha llegado el momento de estar atentos a la voz de la Ortodoxia, una voz discreta, casi secreta, pero proclamada en nuestro propio siglo, por la intercesión de millares de mártires. Esta es la voz que nos hace oír el padre Kallistos. El Dios del que él nos habla no es la clave de la bóveda del orden social, sino el Dios crucificado por su locura de amor. Hay que meditar sus páginas sobre el Dios sufriente y sobre la agonía de Cristo en Getsemaní, agonía de la que la «teo­logía moral» rusa de principios de este siglo ha hablado tan proféticamente, como él nos recuerda.

Aproximación mística capaz de iluminar toda nuestra existencia, pero no irracional. El padre Kallistos recupe­ra la concepción patrística de la transformación de la in­teligencia humana por medio de la fe y de una ascesis vivificante; lo que escribe, por ejemplo, sobre la fecundi­dad del dogma trinitario en nuestra vida cotidiana o so­bre la «comprehensión» que podemos tener de la con­cepción y del nacimiento virginal de Cristo, muestra la fe que «no busca la inteligencia», sino que la ilumina. Lo mismo se podría decir de la Encarnación, la Cruz y la Pascua como el cumplimiento del eterno designio de Dios que vuelve a abrir al hombre la vía de las «síntesis cristológicas» en expresión de Máximo el Confesor.

En la vida cristiana como vida en Cristo, toda culmina en el Espíritu Santo. El padre Kallistos no ignora el mo-
14 - Kallistos Ware – El Dios del misterio y la oración

vimiento carismático pero piensa que la gracia se expre­sa más bien por medio de las lágrimas espirituales que por el don de lenguas. En la ascesis, el padre Kallistos realza la etapa, algo olvidada en Occidente, de la con­templación de la gloria de Dios a través de los seres y de las cosas; el sabor místico de la más humilde realidad, de la situación aparentemente más trivial, si sabemos desci­frarlas a la luz de la Cruz y de la Resurrección...

En el momento en el que tantos cristianos dudan de su identidad y de su vocación, este libro les recuerda que el cristianismo no es una moral más o menos humanita­ria, sino una ascesis, una mística, una vida crucificada y resucitada, un impulso que no se apoya en la nada, sino que se despliega en el «viaje al infinito»*.
OLIVIER CLEMENT

* El padre Kallistos fue nombrado obispo auxiliar de la diócesis griega de Gran Bretaña en Pentecostés del año 1981.

15 - Kallistos Ware – El Dios del misterio y la oración

SIGNOS EN EL CAMINO


«Yo soy el camino, la verdad y la vida.»

(Jn 14,6)

«La Iglesia no nos da un sistema; nos proporciona una llave. No nos da el plano de la ciudad de Dios; nos facilita los medios para penetrar en ella. Podre­mos perdernos por falta de un plano, pero, al menos, lo que veamos lo veremos sin intermediarios. Directa­mente. Realmente. Quien estudia rigurosamente el plano corre el peligro de quedarse en el exterior, sin encontrar realmente nada.»
Padre Jorge Florovski

17 - Kallistos Ware - El Dios del misterio y la oración - Signos en el camino.

San Serapión el Sindonita, célebre Padre del desierto de Egipto del siglo IV se dirigió en peregrinación a Roma. Había oído hablar de una reclusa que vivía en una pequeña habitación de la que no salía jamás. Él, que erraba siempre por montes y por valles, se mostraba re­ticente con respecto a ese género de vida. Decidió ir a entrevistarse con ella y la preguntó: «¿Qué haces ahí sentada?». Ella le respondió: «No estoy sentada; estoy en camino».

No estoy sentada; estoy en camino, palabras que todo cristiano podría hacer suyas. Ser cristiano es; preci­samente, estar en camino. Los Padres Griegos nos re­cuerdan que somos como los israelitas en el desierto del Sinaí. Vivimos en tiendas y no en casas, pues espiritual­mente estamos siempre en camino. ¡Fuera el reloj! ¡Fue­ra el calendario! Un viaje fuera del tiempo... Un viaje en la eternidad.

Uno de los términos más antiguos de que nos hemos servido para designar el cristianismo es el de «Camino». «Por aquel tiempo», nos dicen los Hechos de los Apósto­les, «se produjo un tumulto bastante grave a propósito del Camino» (Hch 19,23). Félix, gobernador romano de Cesarea, estaba «muy informado sobre lo que concierne al Camino» (Hch 24,22). El Camino es un término que hace relación al carácter práctico de la fe cristiana; el cristianismo es totalmente distinto de una teoría sobre el universo y completamente distinto de una enseñanza es-

18 - Kallistos Ware - El Dios del misterio y la oración - Signos en el camino.
crita. Es el camino que seguimos, el «camino» en toda la plenitud del término: el Camino de la Vida.

La única forma de descubrir la verdadera naturaleza del cristianismo es comprometernos con este camino, decidir seguir esta ruta que conduce a la Vida. Entonces empezaremos a ver por nosotros mismos, puesto que mientras nos mantengamos aparte, no podremos com­prender del todo; necesitamos directrices antes de po­nernos en ruta, saber qué señales indicadoras debere­mos seguir; necesitamos también compañeros de viaje. Es prácticamente imposible emprender un viaje seme­jante sin la ayuda de los otros, aunque no nos den más que una idea muy vaga de lo que es el camino, porque nada puede sustituir a la experiencia personal y directa. Cada uno debemos comprobar lo que hemos aprendido y revivir la Tradición que hemos recibido. «El Credo, de­cía el metropolita Filarete de Moscú, solamente te per­tenece si lo has vivido». Nadie puede hacer un viaje se­mejante arrellanado en su sillón. Nadie puede ser un cristiano de segunda mano. Dios tiene hijos, no nietos.

Como cristiano de la Iglesia Ortodoxa, deseo subrayar esta necesidad de experiencia viva. Para muchos occi­dentales del siglo XX, la Iglesia Ortodoxa tiene un carác­ter antiguo y conservador. El mensaje de los ortodoxos a sus hermanos occidentales parece ser: «Somos vuestro pasado». Para los ortodoxos, sin embargo, el respeto a la Tradición no significa en primer lugar y ante todo, la aceptación de fórmulas o de costumbres anticuadas he­redadas de las generaciones anteriores: La fidelidad a la Tradición es esta experiencia siempre nueva, personal, directa, del Espíritu Santo en el presente. Aquí. Ahora.

Describiendo su visita a una iglesia del campo griego, John Betjeman insiste en este aspecto «antiguo».


Su cúpula devora el día.

Aquí, encender un cirio es rezar,

19 - Kallistos Ware - El Dios del misterio y la oración - Signos en el camino.



y la llama de los cirios muestra los ojos almendrados de los santos del lugar que miran, sin la menor sorpresa, a sus mártires pintados en las paredes que acaricia la luz tamizada del día.

La llama hace resaltar esta pintura agrietada, estos turquesas, estos rojos, estos oros, bajo los que aflora !a textura de la madera de iconos tan frecuentemente venerados, que datan, se dice, del siglo catorce...

He aquí lo que hace crecer el viejo árbol, tan robusto, podado por las persecuciones, regado con su sangre, y cuyas raíces toman la savia del limo de los tiempos precristianos. No tiene necesidad de protección burocrática.

Es su propia resurrección, su perpetua resurrección.
Betjeman atrae la atención sobre algo que tiene gran interés para el ortodoxo: el valor de los gestos simbóli­cos, como encender un cirio, o el papel de los iconos que transforman la pequeña iglesia en un rincón «de cielo en la tierra». Tampoco olvida el lugar preeminente del mar­tirio en la experiencia ortodoxa, ya sea bajo los turcos desde 1453 o bajo los regímenes comunistas desde 1917. La Ortodoxia parece hoy un «viejo árbol». Olvidemos su edad... ¿No sentimos vibrar esta «perpetua resurrec­ción»? Después de todo, ¿no es esto lo que cuenta? No es un simple vestigio, porque Cristo no dijo: «Yo soy la costumbre» sino «Yo soy la Vida».

Esta obra se propone revelar las fuentes de esta «per­petua resurrección». Quiere poner de manifiesto algunas de estas señales indicadoras o algunos de estos mojones que jalonan el camino espiritual. No ha sido concebido para relatar la historia pasada o la condición contempo­ránea del mundo ortodoxo: el lector deseoso de docu­mentarse a este respecto puede ver mi obra precedente The Orthodox Church, Penguin Books. En la medida

20 - Kallistos Ware - El Dios del misterio y la oración - Signos en el camino.
de lo posible, he evitado repetir aquí lo que en ella había escrito.

El objeto de este libro es ofrecer una idea de las ense­ñanzas fundamentales de la Iglesia Ortodoxa, presentan­do la fe como un modo de vida y de oración. Tolstoi titu­ló una de sus novelas Lo que hace vivir a los hombres y este libro bien podría haberse titulado: Lo que hace vi­vir a los cristianos ortodoxos. En otros tiempos, cuan­do todo era más formal, habría revestido, sin duda, la forma de un catecismo para adultos, con preguntas y respuestas. No he querido conferir a esta obra un carác­ter exhaustivo. Trata de la Iglesia y de su carácter «conci­liar», de la comunión de los santos, de los sacramentos, del sentido del culto litúrgico de forma breve. Cuando me refiero de vez en cuando a otras confesiones cristia­nas, no intento ninguna comparación sistemática. Mi única preocupación consiste en presentar, de manera positiva, la fe que me hace vivir como ortodoxo y no evocar las zonas de concordia o de disentimiento con el catolicismo romano o con el protestantismo.

Deseando hacer oír la voz de otros testigos que tie­nen más peso que yo, he incluido numerosas citas, so­bre todo al principio y al final de los capítulos: Estos pa­sajes provienen en su mayor parte de manuales de oración ortodoxa de los que nos servimos todos los días o de los Padres, cuyos escritos se remontan a los ocho primeros siglos de la historia del cristianismo aunque a veces son más recientes: ¿Por qué no podría, en nues­tros días, un autor ser llamado también «Padre, »? Estas ci­tas son las «palabras» que me han ayudado más personal­mente, los jalones de mis propias exploraciones a lo largo del camino. Hay muchos otros autores cuyos nom­bres no cito y de los cuales he bebido igualmente:

«Salvador nuestro, tú que caminaste hasta Emaús en compañía de Lucas y de Cleofás, acompaña a tus servi-

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dores que se preparan para partir y guárdalos de todo mal» (Oración antes de comenzar un viaje).
En la fiesta del santo apóstol y evangelista Juan el Teólogo, 26 de septiembre.
ARCHIMANDITA KALLISTOS

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UN DIOS QUE ES MISTERIO



«Desconocido y, sin embargo, bien conocido.»

(2 Cor 6,9)



«Dios no puede ser captado por el espíritu. Si pudiera ser captado, ya no sería Dios.» Evagrio Póntico

«Un día, unos hermanos fueron a entrevistarse con el abba Antonio; entre ellos estaba el abba José. De­seoso de ponerlos a prueba, e! anciano citó un texto de la Escritura y les preguntó, empezando por el más joven, cuál era su significado. Cada uno lo explicó lo mejor que pudo, pero a cada uno el anciano le replicó: "Todavía no has encontrado la respuesta". Se volvió, finalmente, al abba José y le preguntó: "¿Y tú qué piensas que quiere decir este viejo texto?". El le res­pondió. "No lo sé". Entonces el abba Antonio dijo: "Verdaderamente el abba José ha encontrado el cami­no puesto que ha dicho: No lo sé".»

Apotegmas de los Padres del Desierto



«Como un amigo conversando con un amigo, está cerca de Dios, confiando en la presencia de aquél que habita en la luz inaccesible.»

San Simeón el Nuevo Teólogo

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