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El convoy de los 927


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EL ESPÍRITU DE LA MEMORIA HISTÓRICA
La familia Ramos está indignada por la puesta en escena de la obra de teatro “El convoy de los 927” porque pretende contar nuestra historia y contribuye a desfigurar un episodio trágico. Estamos molestos con las autoridades políticas y con los partidos que apoyaron y subvencionaron el proyecto, con los ayuntamientos que proporcionaron fondos y recursos para pagar los sueldos de investigadores, escritores, actores y directores de teatro, que se tomaron tantas molestias para poner en escena el peor simulacro bufo de una tragedia humana, cuyas víctimas, aun hoy, reclaman al gobierno de España responsabilidades. El Convoy de los 927, es el título de un serial radiofónico escrito por Laila Ripoll, basado en otro libro que recoge los testimonios de los sobrevivientes de un dantesco viaje. En 1940, en Angouleme Francia, varias decenas de familias de exiliados españoles son metidas violentamente en un tren de ganado, por la tropas alemanas de ocupación. Van hacia un destino desconocido y fatal, el campo de extermino nazi de Mathaussen en Polonia. Eran 927 víctimas de la persecución franquista, de las cuáles sólo regresaron 442. De aquellos sobrevivientes, hoy sólo unos pocos pueden contarlo. Dos de ellos Luís y María Luisa Ramos son miembros de la familia avilesina, que supuestamente inspira esta farsa, que pretender pasar por un documental de la Memoria Histórica. Los Ramos en su día dieron su testimonio a la periodista Montse Armengou y Ricard Belis para su libro El convoy de los 927, que prologó nuestro presidente José Luís Rodríguez Zapatero. También se hizo un documental que se pasó en varios canales de televisión autonómicos, nacionales e internacionales.

Con estas mimbres y unas subvenciones proporcionadas por dos partidos de “izquierdas”, el director teatral Boni Ortiz Cabello, monta una obra que estrena semanas atrás en el teatro de La Laboral de Gijón, sin que la familia Ramos fuera consultada o entrevistada para elaborar el guión, tampoco se nos pidió permiso, a pesar de que nunca nos negamos, ni pusimos condiciones a nadie, testigo de ellos son Montse Armengou y Clara Obligado. Los Ramos siempre hemos luchado por reivindicar la memoria de nuestro abuelo Belarmino, pacifista, camillero en la contienda, obrero de la Junta de Obras del Puerto de Avilés y miembro activo del PSOE. A Belarmino Ramos lo mataron en las canteras del campo de exterminio de Gussen a sus 47 años, reventado con trabajos forzados, que realizaba a la intemperie semidesnudo en invierno, calzando unas botas de madera que le dejaron los pies en carne viva y con llagas por todo el cuerpo, ante la mirada impotente de sus hijos mayores Manuel y Galo Ramos prisioneros también de aquel centro de la muerte y horror, abandonados de su patría. Mientras al resto de su familia: su mujer Anselma, la Candina, su hijo menor, Luís el Chino, sus dos hijas María Luisa, Mari la de Omar, y Eloina, la Pocha, son devueltos a Francia, no por la piedad de los nazis, sino porque Mathaussen está lleno y caben más. Llevados como animales durante 19 días y 19 noches, encerradas en un vagón de ganado bajo el bombardeo de la aviación aliada, sin alimentos, enfermos, haciendo sus necesidades unos frente de otros, ateridos por los vientos helados que se colaban por las rendijas de los vagones, los sobrevivientes llegan a Irún el 1 de septiembre de 1940. La piedad es esa cualidad moral que los exiliados españoles, familias inocentes y civiles, jamás merecieron de los nazis, ni del gobierno franquista, ni de la derecha española actual. De los 490 españoles que entraron en Mathaussen sólo salieron 73, hoy apenas quedan vivos una docena. Cuando mis tíos Galo y Manuel, salieron del Campo de Mathaussen ya liberado, habían sido torturados y destrozados psicológicamente, estaban devastados por la inanición, apenas pesaban cuarenta kilos y habían perdido su juventud, su educación y su inocencia. Ahora eran huérfanos y se pusieron a buscar a su familia, o lo que quedaba de ella. El abuelo paterno y sus cuatro tíos habían logrado escapar de los nazis en el barco Winnipeg, que partió de Burdeos en 1939, gracias a las gestiones de Pablo Neruda. Uno de ellos murió enfermo en el Passe de Calais y a los demás exiliados en Chile jamás jamás volvieron a verlos con vida, la familia quedó rota para siempre. Estos son los episodios que forman parte de nuestra historia familiar, un patrimonio intangible que atesoramos en nuestra cabeza y en nuestro corazón. Cuando nos escuchan lo contamos, cuando nos pidieron testimonio lo dimos y jamás hemos cobrado o pedido subvenciones por ello. Aquella familia rota tuvo varios narradores, el primero fue mi tío Galo Ramos, que contó su dolorosa experiencia en primera persona en “Sobrevivir el infierno”. El libro hizo su labor al denunciar un hecho que la amnesia española tenía arrumbado. Hace unos cinco años recibimos la llamada de la periodista catalana Montse Armengou solicitando permiso para hacerle unas preguntas a mi madre María Luisa y al tío Luís, semanas después se presentó en Asturias con un equipo de la televisión catalana y grabó sus testimonios. Desde entonces nadie nos ha vuelto a llamar, hasta hace unos meses que pasó por nuestra casa la escritora Clara Obligado, quien publicará una entrevista con María Luisa en el periódico El Clarín de Argentina. Pero aún no se ha hecho justicia. Belarmino Ramos, Anselma Barril, Eloina, María Luisa, Luís, Galo y Manuel son seres inocentes, que nunca cometieron más delito que el de tener convicciones políticas y ser hijos de un socialista español, son las víctimas de un crimen de lexa humanidad, como bien sostiene el juez Baltasar Garzón, pese a quien pese. No hay indulto que valga para estos crímenes, porque no son delitos de guerra, son el resultado de un plan de exterminio institucional, orquestado entre Franco y Hitler, gestionado por el cuñado del dictador y Ministro de Exteriores Ramón Serrano Suñer, para acabar con miles de familias enteras de exiliados españoles, como los Ramos.

Esta obra que se representó en el teatro Palacio Valdés hace unos días, sobre nuestra familia es una vergüenza y un camelo. Según declaraciones a los medios del director Boni Ortiz, que la define como una pieza de “teatro documental”, y agrega: “hay un singular paralelismo con la historia real de la familia avilesina de los Ramos, aunque para evitar el dolor y la obscenidad de lo sufrido hemos optado por cambiarles el nombre, evitando así la sombra del oportunismo”. Justificación no pedida, culpabilidad manifiesta. Tan a rajatabla llevó este señor la evitación del dolor, que no se entrevistó nunca con nosotros, ni solicitó permisos a la familia para contar, tergiversar y comercializar nuestra intimidad. Tanto evitó la obscenidad que no invitó a mi madre, ni al tío Luís al estreno en La Laboral, ni tampoco lo hizo en el teatro Palacio Valdés. Se retratan todos los responsables de esta puesta en escena al lado del Concejal de Cultura de Avilés, Román Álvarez, que conoce bien a los Ramos. Todos sentados en el foillé del Ayuntamiento de Avilés, pero sólo los mensajeros, los actores del simulacro, las víctimas, la familia Ramos no. Imagino que para “para evitarnos el dolor y la obscenidad”, y evidentemente apartar la “sombra del oportunismo”. Según el programa de mano de la obra que edita la Concejalía de Cultura “se parece como dos gotas de agua a la tragedia familiar vivida por una familia asturiana de Avilés, compuesta por Anselma, Belarmino, etc...”.



Algunos creen que la Ley de la Memoria Histórica es una patente de corso, para que los mensajeros y los oportunistas diseñen simulacros sobre estos episodios, sin el más mínimo respeto, ni reconocimiento para las víctimas. Creen que la memoria histórica es un tema monográfico. Se equivocan y para José Luís Rodríguez Zapatero, cuyo abuelo fue asesinado por defender su patria, que es uno de los principales impulsores y defensores de este proyecto de ley ante el Congreso de Diputados, el espíritu es otro bien diferente. Y es fácil de entender cuál es la idea del Presidente del Gobierno, sólo hay que leer el texto que hoy está en boca de políticos, periodistas, juristas y dramaturgas. La Ley de la Memoria Histórica sólo pretende reconocer y ampliar derechos y establecer medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura. Este matiz sobre “quienes sufrieron” estos señores lo pasan por alto, para nosotros los Ramos es importante, porque las victimas son el principal objetivo de la ley. No se hizo esta ley para proteger las conferencias, la edición de libros y las investigaciones sobre la guerra civil y la dictadura, sino para devolver la dignidad arrebatada, para proteger a los despojados, dar memoria a los olvidados y dignidad a sus restos. Por ello no entiendo como Laila Ripoll y Boni Ortiz se atrevieron a decir en su obra que nuestro abuelo Belarmino Ramos no murió en el campo de extermino nazi de Gussen, sino ahogado en una playa francesa cuando nadaba en el mar. Mi madre que vio esto llegó destrozada del teatro, y la familia Ramos no les perdonamos el dolor que le infringieron, no les perdamos su oportunismos, su avaricia, su desdén por las víctimas, su falta de rigor histórico, no disculpamos a las autoridades políticas por su afán de protagonismo, por su falta de control y supervisión en las subvenciones que otorgan, ni por su falta de ética. Sólo esperamos y confiamos en que estos hechos los conozca nuestro presidente, él sabe hacer valer el verdadero espíritu de la Ley de Memoria Histórica. Estos oportunistas cobraron subvenciones, sacaron partido e hicieron negocio. Los civiles masacrados, encarcelados, violadas y torturadas, si no eran suboficiales no tuvieron derecho a paga alguna. ¡Qué cruel ironía! Subvencionan obras de teatro sobre nuestra tragedia, se financian cómic y libros, que desnudan nuestra dolorosa intimidad y a las víctimas las excluyen. Hay dinero, producción y trabajo para esta tropa de mensajeros y simuladores de la Memoria Histórica, pero las víctimas de aquella barbarie, como Luís y como María Luisa, no tienen derecho a paga o indemnización alguna del gobierno español, porque su padre no era suboficial, y claro además murió nadando en la playa.

Omar Ramos


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