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El coleccionismo en Buenos Aires


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El coleccionismo en Buenos Aires
Es interesante hacer la historia del coleccionismo en Buenos Aires en relación con los espacios de exhibición e institucionalización de las artes, con los lugares de venta y con la formación del sistema plástico, incluso para períodos y colecciones que se formaron con ejemplares del arte europeo.

La figura del coleccionista aparece en la escena local a mediados del siglo XIX con la vuelta al país del comerciante y estanciero Don Manuel José de Guerrico (1800-1876). Guerrico, que se había exiliado en 1839 en París, regresó al país en 1848 en un barco cargado con sus muebles, sus plantas, y su incipiente colección de arte europeo.

Durante más de medio siglo la colección de los Guerrico estuvo abierta a los visitantes argentinos y a los extranjeros que estaban de paso por Buenos Aires y no tenían donde ver obras de arte. No había galerías públicas de pinturas y esculturas. Recordemos que el Museo Nacional de Bellas Artes recién fue inaugurado en la Navidad de 1896.

A mediados del siglo XIX comienzan a formarse las primeras colecciones que son muy eclécticas, con ejemplares aportados por disciplinas tan variadas como las ciencias naturales, la numismática, la historia y las artes plásticas.

A partir de la década de 1870 hay una importación masiva de pinturas, esculturas, muebles, bronces y alfombras . Un caso particular es el de los hermanos Varela que importan y exhiben muebles, cuadros, esculturas y curiosidades. Sus remates incluían desde pájaros embalsamados hasta objetos egipcios, romanos u orientales. Para dejar lugar a nuevos embarques se remataban estos materiales que se diseminaban en las casas de Buenos Aires y en el interior del país, y que fueron la base de alguna galería pública como el Museo de Bellas Artes de la ciudad de La Plata.

A partir de 1880 se incrementan las firmas que importan cientos de obras para la burguesía argentina. Para algunas familias ya se ha hecho habitual el viaje a Europa y el posterior regreso al país con preciosos cargamentos.

La mayor parte de los materiales que llegan son europeos, no necesariamente originales, y de calidad diversa. Hay una ausencia total de firmas de primera línea. Los coleccionistas argentinos no compran tampoco pintura de los jóvenes compatriotas que fueron a estudiar a Europa y que regresan a ejercer la profesión en su tierra .

En 1888 la Cámara de Comercio Española exhibe una colección de pinturas y esculturas ibéricas, con la intención de buscar nuevos mercados para los artistas que tenían sus talleres en Madrid, Sevilla y Roma, descontando que el patriotismo llevaría a muchos españoles residentes en Buenos Aires a adquirir obras.

Llegan sobre todo paisajes, cuadros de género y esculturas de Enrique Serra, de Baldomero Galofre, de José Villegas, de José y Mariano Benlliure, de Ricardo Madrazo, del marinista catalán Meifrén que tendrá gran éxito dos décadas después, etc. Hubo pocos compradores, pero la Cámara insistió con otra exposición al año siguiente.

También en 1888 hizo su aparición la pintura francesa en Buenos Aires. Un marchante de origen francés mostró un conjunto de 850 obras de pintores como Roll, Cormon, Mazerolle y Gervex entre otros. No hubo ventas, y algunas de esas obras que quedaron en Buenos Aires, ingresaron posteriormente al recién inaugurado Museo Nacional de Bellas Artes, a través de donaciones.

Sin dejarse amedrentar por estos fracasos comerciales que habían comenzado en 1829 con la exposición del marchante austríaco Mauroner , el marchante catalán José Artal, Presidente de la Cámara Oficial Española de Comercio, Industria y Navegación de Buenos Aires, instituyó lo que se dio en llamar Los Salones Artal que se sucedieron entre 1897 y 1913, en la Casa Witcomb, la primera de las galerías argentinas. Pero esta vez sí hubo compradores. No olvidemos que en ese momento en la Argentina vivían un millón de españoles..

Nos preguntaremos ahora qué tipo de pintura importaba Artal , y por consiguiente qué cuadros quedaron en las colecciones argentinas.

Artal promocionaba un estilo de pintura brillante, efectista, muy “a lo Fortuny”, y sobre todo de rápida salida; esa pintura que triunfaba en los salones europeos desde la década de 1860 y 1870 : José Jiménez Aranda, Raimundo de Madrazo, Francisco Domingo Marqués, Pradilla, Sánchez Barbudo, y Sorolla.

A comienzos del siglo XX Ferruccio Stefani traía “obras modernas de artistas de varias naciones europeas”, el pintor Pinelo importaba pintura española, y Georges Bernheim pintura francesa del siglo XIX.

Podemos afirmar que a comienzos del siglo XX comienza a esbozarse un incipiente mercado de arte y un sistema plástico que funciona con un museo de bellas artes, marchantes, coleccionistas, exposiciones y galerías.

Hacia 1915 ya han comenzado sus colecciones, entre otros, Antonio Santamarina, Diego Lézica Alvear, María Unzué de Alvear, Adela Napp de Lumb, los Artayeta Cobo, Jaime Llavallol, Ernesto Quesada, Victoria Aguirre, los Ortiz Basualdo, los Peña, Isaac Fernández Blanco, Alberto del Solar, Carlos Ocampo.



Los primeros tiempos del coleccionismo fueron de gran acumulación. En la década de 1980, sobre todo en los años finales de ella, salieron del país en forma ilegal buena parte de esas antigüedades, objetos artísticos y pinturas italianas, francesas, españolas e inglesas que habían ingresado a fines del siglo XIX y comienzos del XX.
Ana María Telesca


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