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El cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán


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Autobiografía de Jesucristo




El cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán”



Con estas palabras del Hijo de Dios, que son permanentes más allá del tiempo, se vuelve a actualizar el Evangelio, concordado y escrito en forma autobiográfica, es decir, relatado por el mismo Cristo. En la palabra y la vida de Jesucristo se contiene todo lo que Dios ha querido decir a cada mujer y a cada hombre. El mismo Jesús dirá de su palabra que es Espíritu y Vida, dirá que su palabra es la del Padre que le ha enviado. El Verbo ha bajado del cielo para dejar en este mundo la Palabra de su Padre Dios, como se deja una semilla que lleva vida en sí misma, en terreno propicio que genera un nuevo nacimiento, para vivir una nueva existencia, única y verdadera que ha de entenderse en clave de espíritu y eternidad, porque este es el último destino del hombre: la vida eterna. La Fe hay que suplicarla a quien la puede dar. Dios siempre la ha dado y la dará, con plenitud, a la mujer y al hombre que con inteligencia de adulto y corazón de niño, hambriento de Verdad, con buena voluntad, la requiere con toda su alma. El Hijo de Dios sale a nuestro encuentro cuando, a solas, en los íntimos aposentos de nuestro espíritu, nos hace conocer quien es El y por qué ha venido a este mundo. A continuación, en esta Autobiografía, se descubre una infinita deuda de gratitud que compromete al bien nacido. Amor con amor se paga. Cuanto más se conoce más se ama, por esto precisamente, se justifica este libro, porque pretendo conseguir que el Amor sea conocido y muy amado.


Querida lectora o lector:

Ya han pasado más de treinta años desde que inicié la concordancia evangélica que a continuación puede contemplar. Cronológicamente se ordenaron los hechos que describen San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan para dar lugar a un solo relato que se presentó en estilo autobiográfico.

En el año 1.980 se publica la 1ª edición en un formato, digamos, que rústico y sencillo con muy pocos ejemplares y sin ningún comentario por parte del autor. Este libro dispone del “nihil obstat” certificado por el que fue Cardenal de Sevilla Exc. Sr. Bueno Monreal. Ahora, a treinta años vista, el Ingeniero que suscribe, vuelve a presentar este trabajo como libro electrónico al alcance, gratuitamente, de quien lo quiera leer, pero añadiendo los comentarios, según mi leal saber y entender, producto de las reflexiones que a un hombre normal, ya metido en años, le sugieren los hechos y palabras que se relatan. Son comentarios de un católico con profundo respeto al Magisterio de la Iglesia Católica. Son comentarios consecuentes con la práctica del ejercicio de la razón y el sentido común en el normal desarrollo de mi actividad como persona y profesional, la de Ingeniero Técnico, dejando constancia de que he empleado el mismo sentido deductivo para interpretar los hechos de mi vivir entre los hombres y los hechos que a continuación se describen.








Rafael García Ramos

Ingeniero Técnico



21-sep-16

MURCIA


ESPAÑA

www.hijodedios.org



INTRODUCCIÓN

¿Cuándo?

“…cuando vino la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, hecho hijo de mujer…”(Gál 4,4)

Esta “plenitud de los tiempos” coincide, aproximadamente, con los finales del año 749 de la fundación de Roma.

¿Dónde?

En el extremo occidental de Asia. En una tierra, limitada al Norte por la Fenicia y la Siria, al Este por la Arabia desierta, al Sur por la Idumea y al Oeste por el Mediterráneo. Una tierra que se llama Palestina, cuya extensión, 25.124 Km2, es algo menor que la región de Murcia-España.



¿Por qué?

Porque así amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo Unigénito, a fin de que todo el que crea en El no perezca, sino que alcance la vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El.” (Jn 3,16-17)


La palabra “Evangelio” define la historia de la vida, doctrina y milagros de Jesucristo, contenida en los cuatro relatos que llevan el nombre de los cuatro evangelistas y que componen el primer libro canónico del Nuevo Testamento. Los cuatro evangelistas son:

San Mateo

San Marcos Sinópticos

San Lucas

San Juan

Ordenando cronológicamente los relatos anteriores se da lugar a la “Concordancia


Evangélica”, que viene a ser un único relato de unos hechos consumados en tiempo y lugar determinados. Relatar esta Concordancia en primera Persona, la convierte en Autobiografía, palabra con la que se define la vida de un hombre ó una mujer contada por sí mismo. Si además el Protagonista de esta Autobiografía singulariza al lector, entonces nos encontramos con una interpelación personal del quien escribe al quien le lee, un requerimiento íntimo de Alguien que parece conocerte profundamente. Este trabajo, realizado por un Ingeniero Técnico, pretende dar a conocer a Jesucristo según las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia Católica, por tanto, como se puede apreciar en el fichero “ANTECEDENTES”, dispone del “nihil obstat” certificado el 16 de Junio de 1.981 por el Excmo. Sr. D. José Bueno Monreal, Cardenal de Sevilla.

El texto canónico se ha mantenido rigurosamente, solo se han añadido unas pocas palabras que lo convierten en estilo autobiográfico. Los personales comentarios son consecuentes con mi leal saber y entender, fundamentados con la misma lógica y sentido común con el que un técnico razona en el ejercicio de su profesión. El Ingeniero que suscribe expone, al lector, con la máxima objetividad posible, lo que gradualmente, va interpretando según se avanza en la narración. Al principio, uno se siente mero espectador de los hechos que describe el Protagonista, Jesucristo, pero a las pocas páginas leídas, te metes dentro del relato porque te sientes comprometido y acabas “tocado”.






PROLOGO

En el principio Yo ya era, era la Palabra de mi Padre Dios, en El estaba, en El era Dios y en El existía en el principio.

Todas las cosas fueron hechas por mí, y sin mí nada se hizo de cuanto ha sido hecho.

En mí había vida, y la vida era la luz de los hombres, y la luz, en las tinieblas brilla, y las tinieblas no me acogieron.

Apareció un hombre, enviado de parte de mi Padre: su nombre era Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la Luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la Luz, sino quien había de dar testimonio de mí que soy la Luz.

Existía Yo, Luz verdadera, la que ilumina a todo hombre viniendo a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por mí, y el mundo no me conoció.

Vine a lo que era mío y los míos no me recibieron. Mas a cuantos me recibieron, a los que creen en mi Nombre, les di potestad de ser hijos de Dios; los cuales no de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios nacieron.

Y Yo, Palabra de mi Padre, me hice carne en el seno purísimo de una Virgen, María, la Madre mía y tuya, y habité entre los hombres; y éstos contemplaron mi gloria, gloria cual del Unigénito procedente del Padre: lleno de gracia y de verdad.1

Juan da testimonio de mí y clama diciendo: Este era el que dije: “El que viene detrás de mí ha sido puesto delante de mí, porque era primero que yo”.

Pues de mi plenitud vosotros todos recibís gracia sobre gracia. Porque la Ley por mano de Moisés fue transmitida, la gracia y la verdad por mano mía fueron hechas.

A Dios nadie le ha visto jamás: Yo, el Unigénito Hijo, el que está en el regazo del Padre mirándole cara a cara, es quien os lo da a conocer.

CAPITULO I EL EVANGELIO DE MI INFANCIA

1.01 Anuncio del nacimiento de Juan Bautista.

Hubo en tiempo de Herodes, rey de Judea, un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una mujer descendiente de Aarón, hermano de Moisés, llamada Isabel. Eran ambos justos a los ojos de mi Padre Dios, caminando sin falta en todos sus mandamientos y preceptos. No tenían hijos porque Isabel era estéril y ambos avanzados en edad.

Ejerciendo Zacarías su ministerio sacerdotal, cúpole en suerte entrar en el Santuario del Templo para ofrecer el incienso. La muchedumbre del pueblo estaba fuera orando. Apareciósele un ángel puesto de pie a la derecha del altar del incienso. Se turbó Zacarías al verle y le sobrecogió el temor. Mas el ángel le dijo:

No temas, Zacarías, pues ha sido escuchada tu oración; y tu mujer Isabel te dará un hijo, a quien pondrás por nombre Juan. El será para ti gozo y alegría, y muchos se gozarán en su nacimiento; porque será grande a los ojos del Señor; no beberá vino ni licor que embriague; será lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre y convertirá a muchos de los hijos de Israel al Señor, su Dios. El mismo le precederá con el espíritu y poder de Elías, para retornar los corazones de los padres hacia los hijos y los rebeldes a la prudencia de los justos, a fin de preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.”

Dijo Zacarías al ángel:

¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad.”2

El ángel respondió diciendo:

Yo soy Gabriel que asisto en la presencia de Dios y he sido enviado para hablarte y darte esta buena nueva. Y he aquí que estarás mudo y sin poder hablar hasta el día en que esto se cumpla, por cuanto no diste fe a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.”

Estaba el pueblo esperando a Zacarías y se maravillaban de que tardase tanto tiempo. Y cuando salió no podía hablarles y entendieron que había tenido una visión en el Templo. Les hablaba por señas, pues como el ángel le dijo, quedó mudo.

Cumplidos los días de su ministerio, Zacarías marchó a su casa.

Días después concibió Isabel, su mujer, y ella lo ocultó cinco meses, diciendo para sí:

Así lo ha hecho el Señor conmigo el día en que se ha dignado quitar mi vergüenza3 entre los hombres.”



1.02 Anuncio de Gabriel a mi Madre.

Pasados seis meses, envió de nuevo mi Padre al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una doncella desposada con un varón llamado José, de la casa de David, cuyo nombre es María. Entró donde ella estaba y le dijo:

Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo, bendita tú entre las mujeres.”

María, mi Madre, al oír estas palabras, se turbó, y discurría en sí que podría ser este saludo. Y le dijo Gabriel:



No temas María, pues hallaste gracia a los ojos de Dios. He aquí que concebirás en tu seno y darás a luz un Hijo, a quien darás por nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo, y le dará el Señor Dios el trono de David su padre, y reinará sobre la casa de Jacob eternamente y su reinado no tendrá fin.”

Dijo mi Madre al ángel:

¿Cómo será eso, pues no conozco varón?”

Y Gabriel le dijo:

El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cobijará con su sombra; por lo cual también lo que nacerá será llamado Santo, Hijo de Dios. Y he aquí que Isabel, tu parienta, también ella ha concebido en su vejez, y este es el sexto mes para ella la que llamaban estéril; porque nada es imposible para Dios.”4

Y dijo mi Madre:

He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.”

Y retiróse Gabriel de delante de mi Madre.



1.03 Visitación de mi Madre a su prima Isabel.

Por aquellos días, mi Madre se puso en camino, se dirigió presurosa a la montaña, a una ciudad de Judá, y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel el saludo de mi Madre dio saltos de gozo el niño que en su seno llevaba y en ese instante quedó llena del Espíritu Santo y con fuerte voz exclamó:

¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Y de dónde a mí esta gracia, que venga la Madre de mi Señor a visitarme? Porque así que sonó tu voz en mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú que has creído tendrán cumplimiento las cosas que te han sido dichas de parte del Señor.”

Y dijo mi Madre:

¡Engrandece mi alma al Señor, y se regocija mi espíritu en Dios mi Salvador; porque puso sus ojos en la bajeza de su esclava. Pues he aquí que desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones; porque hizo en mi favor grandes cosas el Poderoso, y cuyo Nombre es Santo; y su misericordia por generaciones y generaciones, para con aquellos que le temen. Hizo ostentación de poder con su brazo: desbarató a los soberbios en los proyectos de su corazón; derrocó de su trono a los potentados, y enalteció a los humildes; llenó de bienes a los hambrientos y despidió vacíos a los ricos. Tomó bajo su amparo a Israel, su siervo, para acordarse de su misericordia, como lo había anunciado a nuestros padres, a favor de Abraham y a su linaje para siempre!”

Mi Madre permaneció con Isabel como tres meses y volvió a su casa.

A Isabel se le cumplió el tiempo de su parto y dio a luz un hijo. Y al enterarse sus vecinos y parientes de que el Señor había usado con ella de gran misericordia, le daban el parabién. Al octavo día vinieron a circuncidar al niño y querían llamarle con el nombre de su padre, Zacarías. Intervino Isabel su madre, diciendo:

No, sino que se llamará Juan.”

Dijéronle:

Nadie hay en tu familia que se llame con ese nombre.”

Entonces preguntaron por señas a su padre cómo quería que se llamase. El pidiendo una tablilla, escribió en éstos términos:

Juan es su nombre.”

Todos quedaron maravillados. Y se abrió de improviso su boca, y se desató su lengua, y habló bendiciendo a Dios. Y se espantaron todos los que vivían en su vecindad, y en toda la montaña de Judea se divulgaban todas estas cosas, y todos los que la oían las guardaron en su corazón diciendo:

¿Qué será, pues, este niño?”

Y es que la mano de mi Padre estaba sobre este niño.

Zacarías, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo:

¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque visitó y rescató a su pueblo. Ha suscitado un poderoso Salvador para nosotros en la casa de David, su siervo, según le había anunciado desde antiguo por boca de sus santos profetas; salud que nos liberase de nuestros enemigos y de manos de todos los que nos odian; para hacer misericordia con nuestros padres y acordarse de su alianza santa; para cumplir su juramento, que juró a Abraham nuestro padre; de darnos que, libres de temor, liberados de manos de nuestros enemigos, le sirviéramos en santidad y justicia en su presencia, todos nuestros días. Y tú, ¡Oh niño!, profeta del Altísimo serás llamado, por cuanto irás delante del Señor para aparejar sus caminos, para dar a su pueblo el conocimiento de la salvación en la remisión de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, por las cuales nos visitará un Sol Levante desde lo alto, para iluminar a los que están sentados en tinieblas y sombras de muerte, para enderezar nuestros pies por el camino de la paz!”

Juan crecía y se robustecía en el espíritu y vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.



1.04 Zozobras en el corazón de mi padre, José.5

En mi Madre, esposa de José, se evidenciaba su embarazo y el corazón de mi padre, que siempre permaneció virgen, sufría las zozobras del no saber que hacer ante este acontecimiento inesperado. En el seno de su bendita mujer el Hijo de Dios tomaba la carne de su Madre para hacerse hombre, un Hijo de su esposa en el que nada tuvo que ver. Mi padre, bien conocía a su María. Mi padre, oyó a Isabel que reconoció a su prima como la Madre de su Señor, ¿qué hacer? Decide iniciar en secreto el acta de repudio y en su caso apartarse de la mujer de la que no se consideraba digno.

Estando él con éstos pensamientos, un ángel de mi Padre se le apareció en sueños y le dijo:

José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer, pues lo que se engendró en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un Hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de sus pecados.”

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que por boca del profeta dijo mi Padre:

He aquí que una Virgen concebirá y dará a luz un Hijo y llamarán su nombre Emmanuel, que quiere decir Dios con nosotros.”

Despertado José mi padre, del sueño, hizo como lo ordenó el ángel y tomó consigo a María, mi Madre, su mujer, la cual sin que él la conociese me dio a luz y púsome por nombre Jesús.

1.05 Nacimiento en Belén. Portal de Belén.

Aconteció que por aquellos días salió un edicto de César Augusto para que se hiciese el censo de todo el Imperio. Este empadronamiento, el primero, se efectuó siendo Quirino gobernador de la Siria. Y se pusieron todos en viaje para inscribirse cada cual en su ciudad. Subió también mi padre José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a la Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, por ser él del linaje y familia de David, para inscribirse en el censo juntamente con María, su esposa y Madre mía, que estaba en cinta. Y sucedió que estando ellos allí, se le cumplieron a mi Madre los días del parto y me dio a luz y envolviéndome en pañales, me recostó en un pesebre, pues no había para nosotros lugar en el mesón.



1.06 Genealogía.6

Soy hijo de David, hijo de Abraham.

Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob, Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engendró a Farés y a Zará de Tamar, Farés engendró a Esrom,

Esrom engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró a Booz de Rahab, Booz engendró a Jobed de Rut, Jobed engendró a Jesé, Jesé engendró a David el rey.

David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías. Salomón engendró a Roboam, Roboam engendró a Abías, Abías engendró a Asá, Asá engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram, Joram engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatam, Joatam engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón engendró a Josías, Josías engendró a Joaquím, Joaquím engendró a Jeconías y sus hermanos al tiempo de la deportación a Babilonia.

Después de la deportación de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliacim, Eliacim engendró a Azor, Azor engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Aquim, Aquim



engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar, Eleazar engendró a Matán, Matán engendró a Jacob, Jacob engendró a José el marido de mi Madre de la cual nací.

Todas las generaciones, pues, desde Abraham hasta David son catorce, desde David hasta la deportación también son catorce y desde la deportación hasta mí igualmente catorce.

Según se creía, soy hijo de José, que lo era de Helí, el de Matat, el de Leví, el de Melquí, el de Jannái, el de José, el de Matatías, el de Amós, el de Nahum, el de Eslí, el de Naggái, el de Maat, el de Matatías, el de Semeín, el de Josec, el de Jodá, el de Joanán, el de Resá, el de Zorobabel, el de Salatiel, el de Nerí, el de Melquí, el de Addí, el de Cosam, el de Elmadam, el de Er, el de Jesús, el de Eliezar, el de Jorim, el de Matat, el de Leví, el de Simeón, el de Judá, el de José, el de Jonam, el de Eliacim, el de Meleá, el de Mená, el de Matatá, el de Natán, el de David, el de Jesé, el de Jobed, el de Booz, el de Sala, el de Naasón, el de Aminadab, el de Admín, el de Arní, el de Esrón, el de Fares, el de Judá, el de Jacob, el de Isaac, el de Abraham, el de Tara, el de Nacor, el de Seruc, el de Ragán, el de Fálec, el de Eber, el de Sala, el de Cainam, el de Arfaxad, el de Sem, el de Noé, el de Lámec, el de Matusalá, el de Enoc, el de Járet, el de Maleleel, el de Cainán, el de Enós, el de Set, el de Adán, el de Dios.





1.07 Anuncio de los ángeles a los pastores.

En aquella misma comarca de los alrededores de Belén se hallaban unos pastores que pernoctaban al raso de la noche y velaban por turno para guardar su ganado, y he aquí que un ángel de la gloria de mi Padre se presentó ante ellos y ésta los envolvió en sus fulgores quedando sobrecogidos de temor. Pero el ángel les dijo:

No temáis, pues he aquí que os traigo una buena nueva, que será de grande alegría para todo el pueblo: que os ha nacido hoy en la ciudad de David un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto os servirá de señal: hallaréis al Niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre.”

Y al instante se juntó con el ángel una gran muchedumbre del ejército celestial que alabando a su Creador decían:

¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!”

Así como los ángeles se fueron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros:

¡Ea!, vayamos a Belén, y veamos esto que el Señor nos ha manifestado.”

Fueron a toda prisa, y me hallaron recostado en un pesebre junto a mis padres, María y José. Y al verme dieron a conocer la declaración que se les había hecho acerca de mí. Y todos los que los oyeron se maravillaban de las cosas que les habían dicho los pastores. Mi Madre guardaba todas estas palabras, meditándolas en su Corazón. Y se volvieron los pastores glorificando y alabando a mi Padre Dios por todas las cosas que oyeron y vieron, conforme les habían sido anunciadas.



1.08 Circuncisión y purificación.

Al cumplirse los ocho días me circuncidaron poniéndome el nombre de Jesús como ya había sido llamado por el ángel antes de que fuese concebido en el seno de mi Madre. Y subimos a Jerusalén para cumplir con la Ley de Moisés por la cual mi Madre se sometió a la purificación y Yo era presentado a mi Padre. Dicha Ley dice:

Todo primogénito varón será consagrado al Señor.”

Mis padres ofrecieron como sacrificio un par de tórtolas.

Y he aquí que había un hombre en Jerusalén por nombre Simeón, justo y temeroso de mi Padre Dios, que aguardaba la consolación de Israel y el Espíritu Santo estaba sobre él, habiéndole sido revelado que no vería la muerte antes de verme. Vino al Templo impulsado por el Espíritu Santo y cuando mis padres me introducían en el Templo, se acercó a nosotros y recibiéndome en sus brazos bendijo a mi Padre Dios diciendo:

Ahora dejas ir a tu siervo, Señor, según tu palabra, en paz; pues ya vieron mis ojos tu Salud, que preparaste a la faz de todos los pueblos: luz para iluminación de los gentiles y gloria de tu pueblo Israel.”

Mis padres estaban maravillados de las cosas que se decían de mí. Simeón nos bendijo y dijo a mi Madre:

He aquí que Este está puesto para caída y resurgimiento de muchos en Israel, y como una señal a quien se hace contradicción- y a ti misma te traspasará el alma una espada-, para que salgan a la luz los pensamientos del fondo de muchos corazones.”

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada, habiendo vivido con su marido siete años desde que se casó, y quedando viuda, había llegado hasta los ochenta y cuatro años. No salía del Templo, sirviendo a mi Padre Dios en ayunos y oraciones noche y día. Acercándose en aquel momento, alababa también a mi Padre Dios, y hablaba de mí a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

1.09 Epifanía y huida a Egipto. Magos

Por aquellos días llegaron a Jerusalén unos Magos venidos de las regiones orientales y decían:

¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y venimos a adorarle.”

Al oír esto, el rey Herodes se turbó y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los jefes de los sacerdotes y los escribas del pueblo, se informó de ellos sobre dónde había de nacer el Mesías. Y ellos le dijeron:

En Belén de Judá, pues así está escrito por el profeta: Y tú Belén, tierra de Judá, de ningún modo eres la menor entre las principales ciudades de Judá; porque de ti saldrá un Jefe que pastoreará a mi pueblo Israel.”

Entonces Herodes, habiendo llamado secretamente a los Magos, se informó exactamente de ellos acerca del tiempo en que había aparecido la estrella; y enviándolos a Belén dijo:

Id y tomad exacta información acerca del Niño; y cuando le hubiereis hallado, dadme aviso, para que yo también vaya y le adore.”

Después de oír al rey, se pusieron en camino y de repente la estrella que vieron en el Oriente, iba delante de ellos, hasta que llegando hasta donde Yo me encontraba se paró encima. Al ver la estrella, sintieron grandísimo gozo. Y entrando en la casa, me vieron con María, mi Madre; y postrándose en tierra me adoraron; y abriendo sus tesoros me ofrecieron presentes, oro, incienso y mirra.

Avisados en sueños que no volvieran a Herodes, se tornaron a su tierra por otro camino.

Así que los Magos hubieron partido, he aquí que un ángel se apareció en sueños a mi padre, José, diciéndole:

Levántate, José, toma contigo al Niño y a su Madre y huye a Egipto, y estate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al Niño para matarlo.”



Él, levantándose de noche, nos tomó a mi Madre y a mí y se refugió en Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que había dicho mi Padre por boca del profeta:

De Egipto llamé a mi Hijo.”

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