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El barroco españOL


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EL BARROCO ESPAÑOL
1 INTRODUCCIÓN HISTÓRICA AL BARROCO ESPAÑOL
2 LA ARQUITECTURA BARROCA EN ESPAÑA
2.1 Características generales de la arquitectura barroca en España

2.2 El siglo XVII

2.3 El siglo XVIII

a) Corriente nacional o churrigueresca

b) Corriente cortesana o palaciega
3 LA ESCULTURA BARROCA EN ESPAÑA
3.1 Características generales de la escultura barroca en España

3.2 Escultura barroca española en el siglo XVII



  1. Escuela castellana

  2. Escuela andaluza

  3. Escultura en la Corte

3.3 Escultura barroca española en el siglo XVIII
4 LA PINTURA BARROCA ESPAÑOLA
4.1 Características Generales de la pintura Barroca española

4.2 Escuela valenciana

4.3 Escuela andaluza:

4.4 Escuela madrileña



4.5 Velázquez




1 INTRODUCCIÓN HISTÓRICA AL BARROCO ESPAÑOL
El Barroco español es un arte profundamente religioso, ya que España se convierte en uno de los defensores de la Contrarreforma, impulsada por el Concilio de Trento para hacer frente a la escisión protestante. De esta forma, el arte español va a seguir las directrices contrarreformistas, convirtiéndose en un medio que utilizará la Iglesia para adoctrinar a los fieles.
Va a ser un arte cargado de realidad, ya que la Iglesia pretenderá acercar la liturgia y los santos a la sensibilidad de los creyentes, por lo que se dirigirá antes a la sensación que a la razón (tratando de estimular la religiosidad de los fieles mediante imágenes patéticas o desgarradoramente dramáticas). También va a fomentar aquellos aspectos del dogma católico que habían sido negados por los protestantes, tales como el culto a la Virgen y a los Santos (los encontraremos en abundancia de representaciones escultóricas y pictóricas) y la eucaristía (que será el tema central de retablos, custodias y transparentes).
Otro aspecto histórico a tener en cuenta es la fuerte crisis económica, prácticamente de quiebra, en que se desenvuelve la monarquía hispánica durante el siglo XVII. Esto corre paralelo a la decadencia de la hegemonía española en Europa con unos Austrias cada vez más débiles. Sin embargo, es también el Siglo de Oro de la cultura española (Cervantes, Quevedo, Góngora, Calderón...). Esta crisis se va a reflejar en el arte, con unos materiales más pobres, aunque va a tratar de disimularse llevando a cabo construcciones de iglesias y grandes palacios en los que una imaginativa ornamentación va tratar de enmascarar esa pérdida de peso en el contexto económico-político de Europa. De la misma forma, en escultura se utilizará la madera y en pintura el óleo (mucho más asequibles que el mármol y las grandes composiciones al fresco)
Los impulsores del arte serán la realeza y la Iglesia, toda vez que la nobleza se había empobrecido considerablemente. No son palacios nobiliarios, sino iglesias, conventos y mansiones monárquicas las que se levantan.
A esta evidente decadencia habría que añadir que, el final del siglo XVII y el comienzo del XVIII harían de España un campo de batalla, al morir Carlos II sin descendencia y pugnar todas las potencias europeas por “colocar” un rey en España acorde con sus intereses. Esta guerra, llamada de Sucesión (1700-1714), se resolvería finalmente con el ascenso al poder del Borbón Felipe de Anjou (Felipe V) y, por tanto, el final de la dinastía Habsburgo en la Corona española. Así, en el siglo XVIII se produce el cambio de dinastía con la llegada de los Borbones a partir de 1701. Estos van a patrocinar un arte clasicista de clara inspiración francesa que ha de convivir con un arte popular más propenso a la decoración, que conformará la corriente nacional.

2 LA ARQUITECTURA BARROCA EN ESPAÑA
España se fue incorporando con reticencias al nuevo estilo Barroco, pues su arquitectura se encontraba cautiva de las formas anteriores, en concreto del gran peso que El Escorial ejerció sobre el panorama edificatorio español.

2.1 CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA ARQUITECTURA BARROCA EN ESPAÑA
Partiendo de las características generales que hemos apuntado para la arquitectura barroca europea, en el caso español podemos establecer una serie de peculiaridades.

El SIGLO XVII se caracteriza por el mal gobierno de los monarcas españoles (ya hemos señalado la crisis económica y política), que dejaron el poder en manos de sus validos (Duque de Lerma, Conde-Duque de Olivares).Este mal gobierno repercutirá negativamente en el arte, con una víctima clara que será la arquitectura, pues al ser ésta la más costosa es también la que con más dificultad resiste las penurias económicas:



  1. se construye poco, lentamente y con muchas interrupciones.

  2. se realizan obras modestas, la mayor parte religiosas, de poca envergadura y pobres materiales: yeso, ladrillo, mampostería.

  3. como mucho se cuidaban la apariencias, a través de la decoración exuberante, utilizando piedra en las fachadas, revistiendo los materiales pobres del resto de los muros para dar mayor vistosidad, o combinando materiales de distintos colores (así, las bóvedas son ordinariamente de yeso, compensándose su pobreza constructiva con la brillantez del ornamento).

  4. no hay movimiento ni en planta ni en alzado durante este siglo, predominando las líneas rectas (frene a la dislocación que vimos, por ejemplo, en las plantas italianas, las españolas se mantendrán dentro de los esquemas más clásicos).

  5. predomina la iglesia de nave única con capillas entre contrafuertes, tipo desarrollado en especial por los jesuitas.

Podemos establecer dos fases en este siglo:

1º) En los dos primeros tercios las directrices de la Contrarreforma siguen marcando la pauta cultural en España, por lo que en arquitectura se siguen los prototipos herrerianos, severos y austeros, conforme al modelo de El Escorial.

2º) Mientras que en el último tercio se multiplica la ornamentación y las líneas curvas, de tal forma que sólo los templos alemanes compiten con los españoles en pujanza decorativa.


Con el cambio de siglo, al entrar en el SIGLO XVIII, se produce un acontecimiento histórico fundamental: tras la muerte de Carlos II finaliza el dominio de los Austrias en España, llegando los Borbones. Ajenos al sentimiento cultural hispánico, se rodearán de artistas extranjeros. Esto provocará que en la arquitectura española del XVIII convivan dos tendencias:



  1. la corriente nacional, netamente hispánica, que adopta soluciones plenamente barrocas, desarrollando la tendencia ornamental heredada del último tercio del XVII.

  2. la corriente cortesana o palaciega, de influencia francesa, clasicista, más equilibrada, elegante, ordenada y clara. Tendrá sus máximos exponentes arquitectónicos en los Palacios Reales.

La recuperación de la estabilidad económica, política y social permite el desarrollo de la arquitectura, que será ahora más abundante, rica y variada.



2.2 ARQUITECTURA BARROCA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVII
JUAN GÓMEZ DE MORA
Es el arquitecto más destacado de la primera tendencia que encontramos en este siglo: arquitecto muy influido por la arquitectura herreriana, sus obras se van a caracterizar por la simplicidad geométrica y con escasa importancia de la decoración. Introduce las techumbres inclinadas y los chapiteles de pizarra, propios del norte de Europa, que se van a convertir en característicos del barroco madrileño. También emplea la bicromía ladrillo-granito. Donde mejor sigue el autor las directrices escurialenses es en su repertorio de obras civiles ejecutadas en Madrid.
FACHADA DEL CONVENTO DE LA ENCARNACIÓN de Madrid. Obra hoy asignada a Fray Alberto de la Madre de Dios, aunque Juan Gómez de Mora intervino en parte de su construcción. Obra inicial del barroco madrileño, aún impregnada del sentido clásico derivado de El Escorial. Interesante juego de luces y sombras, de macizos y vanos. La fachada está enmarcada por dos pilastras de orden colosal. En la parte inferior, pórtico con triple arquería; en el segundo cuerpo, dos ventanas rectangulares y un relieve central; y, en el tercer cuerpo, ventana en el centro y dos escudos a los lados. Frontón con hondos efectos de claroscuro en las cornisas, acentuado por un óculo central circular y remate con una cruz, en el centro, y dos bolas escurialenses en los extremos.
PALACIO DE SANTA CRUZ: utiliza elementos clásicos, aunque con un cierto dinamismo y claroscuro creados por sus columnas dispuestas en distintos planos. Es la obra que sigue estrictamente la traza de El Escorial. Posee torres que flanquean la fachada principal, cubiertas con chapiteles de pizarra como sus tejados, abuhardillados. Su planta es rectangular con doble patio interior. El aspecto del edificio es adusto, realizado en su mayor parte con ladrillo salvo los esquinamientos y la portada, donde se concentra la decoración. Se reduce ésta a dos pisos divididos en tres calles y rematados por frontón.
PLAZA MAYOR DE MADRID, de principios del XVII, obra, fundamentalmente, de Gómez de Mora. Tras la breve estancia de Felipe II en Valladolid, se lleva a Madrid la nostalgia de su plaza mayor, y prontamente barrunta la idea de construir otra en Madrid, según el modelo de la vallisoletana. La proyecta Gómez de Mora en 1617, según una proporción rectangular casi cuadrada. Sobre un amplio soportal adintelado que rodea el recinto, se levantan tres pisos con ventanas, rematando la fachada un tejado de ladrillo con buhardillas (Gómez de Mora levantó más pisos, pero tras el incendio de 1790 Juan de Villanueva los redujo a tres). Domina en el conjunto el sentido arquitectónico confor­me a la tradición de los seguidores de Juan de Herrera, esto es, con muy escasos elementos decorativos. La plaza Mayor se concebía como plaza comercial permanente (con tiendas bajo los soportales) y como centro oficial de la vida ciudadana, donde se celebraban actos solemnes, como los Autos de Fe, o representaciones festivas, por lo que en ella hay un sector reservado a los reyes.

LA CLERECÍA DE SALAMANCA: el gran colegio de la Compañía de Jesús, es iniciado por Gómez de Mora y continuado por García de Quiñones. De planta jesuítica, a la fachada le resta sobriedad la incorporación de dos pisos de columnas corintias adosadas, sujetando entablamentos, que rompen la superficialidad del muro, así como los frontones partidos y los escudos recortados. En estos aspectos nos está adelantando la tendencia ornamental del último tercio del siglo.

ALONSO CANO

Este polifacético artista (fue también escultor y pintor) refleja ya en su arquitectura la evolución del último tercio del siglo XVII hacia una mayor ornamentación. Se van sustituyendo las antiguas y rigurosas formas por un lenguaje más decorativista que incorpora elementos plásticos en los muros, como motivos vegetales, volutas, molduras o escudos recortados, procediendo, por otro lado, a la ruptura de la superficie de las fachadas con el fin de crear un juego de luces y de sombras.


FACHADA DE LA CATEDRAL DE GRANADA: dispuesta a manera de arco de triunfo de tres calles, cubiertas con arcos de medio punto. Utiliza elementos muy salientes que provocan claroscuros con gran fuerza expresiva y anunciadores del gran período ornamental que se avecina.
Otros interesantes monumentos barrocos de este momento son la SACRISTÍA DEL MONASTERIO DE GUADALUPE, de autor desconocido, el PANTEÓN DE LOS REYES EN EL ESCORIAL de CRESCENCI, y la culminación de las obras de la BASÍLICA DEL ESCORIAL por VENTURA RODRÍQUEZ.

2.3 ARQUITECTURA BARROCA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVIII

A) CORRIENTE NACIONAL O CHURRIGUERESCA

En esta corriente el Barroco abandonó totalmente las antiguas influencias para lanzarse a la gestación de un estilo movido, conectado con lo rococó y caracterizado por el empleo de la columna salomónica, los frontones curvos y partidos, molduras salientes, decoración naturalista, textiles, escudos recortados, etc. Los expertos coinciden en señalar dos importantes focos constructivos: Madrid y Salamanca.



JOSÉ BENITO DE CHURRIGUERA

Con este autor triunfan propiamente las formas barrocas. Hermano de Joaquín y Alberto, la familia Churriguera hace triunfar la tendencia ornamental del barroco dieciochesco, desarrollando lo que se había realizado ya en los últimos años del XVII. Tan extensa familia produjo un sinfín de obras, hasta el punto de haberse llamado churrigueresca (de forma despectiva) a esta modalidad que se caracteriza por el fervor decorativo, aunque bien es cierto que donde más muestran estas formas ricas y movidas es en sus retablos, ya que en sus obras arquitectónicas son más conservadores. Va a elaborar una arquitectura muy expresiva, con exuberante decoración y alteración de los elementos clásicos.


RETABLO DE LA IGLESIA DE SAN ESTEBAN EN SALAMANCA: retablo característico del barroco, concebido arquitectónicamente, con gigantescos órdenes salomónicos, recubiertos de pámpanos (hojas de vid) y coronados por entablamentos partidos. Las cornisas separan los dos cuerpos del conjunto. Los miembros constructivos adquieren un violento resalte, de suerte que el retablo toma perspectiva pictórica, de fachada barroca, movida. El ornamento casi desplaza enteramente a las figuras.
Otras obras suyas son el PALACIO E IGLESIA DE NUEVO BAZTÁN y LA IGLESIA DE LOECHES.
ALBERTO DE CHURRIGUERA

Es el más joven de los hermanos y autor de la más preciada obra del barroco salmantino:



PLAZA MAYOR DE SALAMANCA: se inspira en la madrileña. Es cerrada, porticada en todo su ámbito, formando grandes arcadas sobre la desembocadura de las calles. Es cuadrada, y no rectangular como las anteriores. La decoración y la monocromía la diferencian de la plaza madrileña. El AYUNTAMIENTO es obra de GARCÍA DE QUIÑONES, que dispone columnas de orden colosal superpuestas en altura, y que se prolongan en las esculturas que rematan en cuerpo superior.


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