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El análisis lingüístico en la recolección e interpretación de materiales ­cualitativos


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­­El análisis lingüístico en la recolección e interpretación de materiales ­cualitativos

Irene Vasilachis de Gialdino


INTRODUCCIÓN


Este trabajo continúa la línea trazada al plantear los proble­mas teórico-epistemológicos de los métodos cualitativos (Vasi­lachis de Gialdino, 1992a)), por esta razón no volveremos so­bre aspectos tratados en esa oportunidad.
Lo que aquí intentaremos, es abordar el espacio en el que con­ver­gen los métodos cualitativos y el análisis lingüístico de tex­tos orales o escritos, de acuerdo con la hipótesis de que ambas estra­tegias comparten, predominantemente, lo que hemos definido como supuestos del para­digma interpretativo.
Dentro de esta concepción, a los cuatro supuestos de ese para­digma corresponden otras tantas tesis referidas al espacio

de confluencia entre ambas estrategias. De este modo tenemos:


Supuesto 1: La resistencia a la "naturalización" del mun­do so­cial

Tesis 1: El lenguaje es, a la vez, un recurso y una creación, una forma de reproducción y de producción del mundo social.


Supuesto 2: La relevancia del concepto de mundo de la vida

Tesis 2: El contexto - comunicativo y social- en el que el habla se produce determi­na el significado y alcance de la emi­siones, la producción de éstas y el contenido de las interpre­taciones.


Supuesto 3: De la observación a la comprensión: del punto de vista externo al punto de vista interno.

Tesis 3: El análisis lingüístico de textos orales y escritos puede coadyuvar a la comprensión del sentido de la acción de los participantes en la interacción comunicativa.


Supuesto 4:La doble hermenéutica

Tesis 4: El intérprete lejos de superponer su interpretación a la de los participantes en la interacción debe asumir la pers­pectiva de éstos y reconocer los significados que ellos acuer­dan a su acción y a la de los otros dentro de un determinado contexto.


A lo largo de esta exposición desarrollaremos estas tesis para luego ver como las mismas -que suponen un espacio de conver­gencia, de los métodos cualitativos y del análisis lingüísti­co, ubicádondose ese espacio en el marco del paradigma in­ter­pre­ta­ti­vo- se rea­lizan a través del ejemplo de dos de nues­tras in­ves­tigacio­nes.
Estas investigaciones han sido realizadas desde una perspecti­va interdisciplinaria en la que convergen la sociología, el derecho y la lingüística, de allí que la descripción de las mis­mas no pueda realizarse sin una previa aclaración de los diversos supuestos en los que se fundaron. En ambas investiga­ciones el lenguaje y el análisis lingüístico ocupan un lugar preferencial. Como en nuestro medio este tipo de indagaciones no es frecuente, nos vemos obligados a efectuar apreciaciones de caracter teórico tanto para acercar esta nueva perspectiva al quehacer de las ciencias sociales, como para justificar los resultados obtenidos; con la aspiración de aumentar la obje­tividad del conoci­mien­to a través del incremento de su inter­subjetividad.
Como el análisis lingüístico puede ser considerado, por un lado, como estrategia de análisis de materiales cualitativos y, por el otro, como un tipo de investigación cualitativa, en este trabajo debemos fundamentar y responder a estas dos al­ternativas, debiendo, de esta suerte, detenernos en desarro­llos que, en otros supuestos, quedarían excluídos de una obra dedicada a la práctica de la investigación científica.
De este modo, nos acuparemos de los que, según nuestro crite­rio, pueden traducirse en aportes para los procesos de reco­lección, análisis y presentación de datos cualitativos, con es­pecial énfasis en lo que se relaciona con el carácter media­dor del lenguaje verbal y no verbal en los procesos de inte­racción social.
Con este objetivo, aludiremos: a las teorías sociológicas ac­tua­les que le otorgan al lenguaje un lugar central en la pro­duc­ción y reproducción del mundo social; al análisis de la interacción conversacional; a los actos de habla; a los repa­ros que puede ofrecer la centralidad del lenguaje; a la rele­vancia del contexto; al análisis lingüístico; a la función del intérprete y a las características de la interpretación.
Sin embargo, antes de comenzar esta presentación es necesario poner de resalto determinados aspectos. En primer lugar, nues­tra búsqueda del lugar de confluencia de las metodologías cua­litativas con el análisis lingüístico no desconoce, de ningu­na manera, que algu­nas de las concepciones a las que apuntare­mos constituyen co­rrientes diversas a nivel teórico y metodo­lógico dentro de una disciplina, como, por ejemplo, dentro de la lin­güística o de la sociología. Lo que intenta­mos es, pues, deli­mi­tar un campo en el que se ubique el queha­cer interdiscipli­na­rio para fijar los aportes recíprocos entre tan diversas dis­ciplinas como la sociología, la antropología, la lingüísti­ca, el derecho, las ciencias po­líticas, entre o­tras.
En segundo lugar, la afirmación de que el espacio de con­fluen­cia de los métodos cualitativos y del análisis lingüísti­co se da, por lo general, dentro del universo del paradig­ma inter­pretativo no desconoce nuestra tesis relativa a la coexisten­cia de paradigmas. De hecho, algunas de las tesi­tu­ras a las que nos referiremos suponen al paradigma materia­lista históri­co, otras al positivista y otras a ambos conjun­tamente con el interpretativo.
Tesis 1: El lenguaje es, a la vez, un recurso y una creación,

una forma de reproducción y de producción del mundo social.
Iniciaremos el desarrollo de esta tesis aludiendo a dos teo­rías sociológicas que hemos ubicado en el paradigma interpre­tativo y que le conceden al lenguaje un lugar preferencial estas teorías son: 1. La de la estructuración de A. Giddens y 2. La de la acción comunicativa de J. Habermas.

1.1. - La teoría de la estructuración de A. Giddens

1.1.1- Los temas de la teoría social contemporánea

En la actualidad, para Giddens (1987 b)), las tradiciones in­ter­pretati­vas ya existentes hace varios años en el pensamiento so­cial vuelven a la escena de la teoría social al mismo tiempo que la fenomenología y que otros estilos de pen­sa­miento como la "filosofía del lenguaje ordinario".


No obstante, a pesar de la existencia de diversas perspectivas teóricas concurrentes es posible, conforme esta posición, dis­cernir temas concurrentes en la teoría social actual: a) la mayoría de las teorías, sal­vo aquellas excepciones notorias como el estructu­ralismo y el post-estructuralismo, insisten en el carácter activo y reflexivo de las conductas humanas y re­chazan el su­puesto de que esa conducta resulta de fuerzas que los actores no pueden ni controlar ni comprender; b) esas perspectivas - y comprendidos ahora el estructuralismo y el post-estructuralis­mo- le otorgan un lugar fundamental al len­guaje y a las facul­tades cognitivas en la explicación de la vida social: el len­guaje se ubica en las actividades concretas de la vida coti­diana de una determinada forma y es, en parte, constitutivo de esas actividades y c) las mencionadas concep­ciones reconocen la declinación tanto de las filosofías empi­ristas de las ciencias de la naturaleza como de sus profundas reper­cusiones sobre las cien­cias sociales.
La teoría de la estructuración de Giddens se orienta en el mismo sentido que el marcado por los temas de las nuevas teo­rías, y también se ocupa de fenómenos tales como el lenguaje y la interpretación de significados.

1.1.2.- Los tres aspectos de la producción y reproducción del lenguaje


Para el autor que venimos considerando el lenguaje como forma social en sí, ejemplifica sólo algunos aspectos de la vida social en su conjunto. El lenguaje puede ser estudiado esti­mando por lo menos, tres aspectos de su pro­duc­ción y re­produc­ción, cada uno de los cuales es, para Gid­dens (1987 a)), ca­rac­terístico de la producción y reproduc­ción de la sociedad en forma más general. El lenguaje es, en­tonces:
1) Bajo el aspecto de su producción en cuanto serie de actos de locución de un hablante individual: a) una destreza o con­junto de detrezas que posee una persona que "conoce" el len­gua­je; b) un arte creativo del sujeto activo utilizado para "conferir sentido" y c) algo que es hecho, realizado por el hablante, pero no con pleno conocimiento de cómo lo hace.
2) En cuanto medio de comunicación en la interacción el len­guaje implica el uso de "esquemas interpretativos" para enten­der no sólo lo que otros dicen , sino también lo que se propo­nen expresar. La constitución del " sentido" es una realiza­ción intersubjetiva de entendimiento mutuo en un intercambio continuo y el uso de indicaciones contextuales es parte inte­gral de la constitución y comprensión del significado.
3) Considerado como una estructura el lenguaje no es "poseído" por ningún hablante particular, y sólo puede ser conceptuali­zado como una característica de una comunidad de hablantes; puede concebírselo como un conjunto abstracto de reglas que no se aplican mecánicamente, sino que son empleadas de un modo generativo por los hablantes miembros de la comunidad de len­guaje.
De esta manera, de acuerdo con la concepción de Giddens (1991), conocer un lenguaje supone, ciertamente, conocer sus reglas sintácticas pero, además, supone la adquisición de una serie de instrumentos metodológicos que se aplican tanto a la construcción de frases como a la constitución y reconstitución de la vida social en los contextos cotidianos de la actividad social.

1.2.- La teoría de la acción comunicativa de J.Habermas


1.2.1.- Uso y funciones del lenguaje
Cuando se emplea el lenguaje con el objeto de entenderse con alguien se dan, según la concepción Habermas (1985),conjunta­mente, tres distintas relaciones por cuanto el hablante expre­sa algo de su opinión, y se comunica con otro miembro de la co­munidad lingüística sobre algo en el mundo. La epistemología se ocupa de esta última relación entre el lenguaje y la reali­dad, mientras que la hermenéutica se ocupa, al mismo tiempo, de la triple relación de una emisión que sirve : a)como expre­sión de las intenciones de un hablante, b) como expresión para el establecimiento de una relación interpersonal entre el ha­blan­te y el oyente y c) como expresión sobre algo que hay en el mundo.
La hermenéutica considera, entonces, a la lengua en funciona­miento, esto es, en la forma en que es empleada por los parti­cipantes con el objetivo de llegar a la comprensión conjunta de una cosa o a una opinión común. Cuando el hablante dice algo dentro de un contexto cotidiano no solamente se refiere a algo en el mundo objetivo (como el conjunto de lo que es o podría llegar a ser), sino también a algo en el mundo social (como el conjunto de relaciones interpersonales legítimamente reguladas) y a algo en el mundo propio y subjetivo del mismo hablante (como el conjunto de vivencias manifestables a las cuales tiene un acceso privilegiado).
De acuerdo con esta orientación, la lengua realiza tres fun­ciones: a) la reproducción cultural o actualización de las tradiciones, b) la integración social o coordinación de planes de diversos actores en la interacción social - desde esta pers­pectiva Ha­bermas elabora su teoría de la acción comunicativa - y c) la socialización o la interpretación cultural de necesi­dades.

1.2.2. La acción comunicativa


Con su modelo de la acción comunicativa, Habermas se propone eliminar las debilidades complementarias del modelo de acción intencional - que veía al lenguaje como medio de transmisión de vivencias intencionales- y del modelo de la acción regulada por normas - que consideraba al lenguaje como forma de partici­pación en una misma cultura -. El modelo de la acción comunica­tiva aspira a hacer justicia a la importancia determinante que posee la comunicación lingüística teniendo como concepto bási­co a la interpretación. A través de este concepto, se acentúan las operaciones constructivas de los participantes en la inte­racción, pero sin retornar a una posición subjetivista: los sujetos que actúan intencionalmente no entablan sólo a poste­riori relaciones comunicativas para extraer de sí un mundo in­tersubjetivo.
Antes bien, para Habermas (1989 b), la acción comunicativa pre­supone la realidad normativa de la sociedad como una reali­da­d objetivable y la subjetividad del agente mismo, pues toda in­terpretación esta referida a un contexto en el que se entre­tejen normas y valores, objetos y estados de cosas, y viven­cias intencionales. Sólo el concepto de acción comunicativa presu­po­ne al lenguaje como un medio de entendimiento en que hablan­tes y oyentes se refieren desde el horizonte preinter­pretado que su mundo de la vida representa, simultáneamente a algo en el mundo objetivo, en el mundo social y en el mundo subjeti­vo, pa­ra ne­gociar definiciones de la situación que pue­dan ser com­partidas por todos.
Hablantes y oyentes manejan, así, un sistema de mundos coori­ginarios y se presentan unos frente a otros con pretensiones de validez que pueden ser reconocidas o puestas en cuestión (Habermas, 1987). Las pretensiones de va­lidez son la verdad para el mundo objetivo, la rectitud para el social y la vera­cidad para el subjetivo y estas pretensio­nes se entrelazan dentro de un horizonte mundano concreto y lingüísticamente alumbrado.
Hablante y oyente, al entenderse frontalmente entre sí sobre algo en el mundo, se están moviendo dentro del horizonte de su mundo de la vida común; este permanece a espaldas de los im­pli­cados como un trasfondo holístico, intuitivamente conscien­te, aproblemático. A la situación de habla la constituye, en cada caso, el fragmento de mundo de la vida delimitado en re­la­ción­ con un determinado tema. Ese mundo de la vida constitu­ye un contexto para los procesos de entendimiento y también propor­ciona a los participantes los recursos necesarios para realizar ese proceso. El mundo de la vida constitu­ye un hori­zonte y ofrece a la vez una provisión de autoeviden­cias cultu­rales de las que los participantes en la interacción to­man para sus tareas interpretativas patrones de interpretación a los que asiste el consenso de todos (Habermas, 1989 a)).
De tal forma, entre el mundo de la vida como recurso del que se nutre la acción comunicativa y el mundo de la vida como pro­ducto de esa acción se establece un proceso circular, la acción comunicativa se alimenta de esos recursos y constituye, a la vez, un medio a través del cual se reproducen las formas de vida concretas.

Hemos considerado sólo dos teorías sociológicas que aprecian la centralidad del lenguaje en relación con la vida social con el objeto de mostrar cuales son y como se plantean los proble­mas ligados a esta perspectiva. Sin embargo, deberíamos hacer también referencia a teorías ligadas - no exclusivamente- al para­digma interpretativo tales como las de Bourdieu, Fou­cault, Ricoeur, entre otras, que otorgan, desde diferentes perspecti­vas, al lengua­je un lugar preferencial. Las concep­cio­nes de estos autores serán tratadas, de todos modos, a lo largo del desarrollo de esta ex­posición y vinculadas con las materias que ésta abordará.


Tal como expresáramos, este trabajo se ubica en el lugar de convergencia de los métodos cualitativos y del análisis lin­güístico, de allí que, seguidamente, nos ocuparemos de algunas corrientes de investigación que han efectuado im­portantes a­portes al análisis del discurso, intentando respon­der al inte­rrogante acerca de la forma en qué los actores uti­lizan el lenguaje en una situación determinada, y, entre otros, acerca del carácter que asume la práctica verbal, especialmen­te, a nivel de la inte­rac­ción social.
El examen de estas corrientes es altamente relevante tanto para el análisis de datos cuali­tativos como para la recolec­ción de éstos en virtud de que, por ejemplo, las entre­vistas en profundidad, así como las his­torias de vida son fuentes de datos cualitativos a las que se accede, justamente, por medio de interac­ción­ conver­sacional.

1.3.- Lenguaje y comunicación

El interés por el análisis de la interacción cotidiana y por las interpretaciones y significados compartidos en ella y la búsqueda de una explicación del razonamiento lógico y práctico que subyace en la interacción conversacional, tiene sus oríge­nes en Goffman, Cicourel y Garfinkel y se continúa con Sacks, Schegloff, Atkinson y Heritage, entre otros, y, desde otra perspectiva, también con Gumperz. A algunos de estos aportes aludiremos seguidamente.

1.3.1.- Los precursores

El estudio de la interacción cara a cara tiene como objeto, para Goffman (1970), la clase de sucesos que se producen du­ran­te la copresencia y en virtud de ella. Los mate­riales de con­ducta básicos son las miradas, los gestos, las posturas y las afir­ma­ciones verbales que las personas introdu­cen conti­nua­mente en la situación, con intención o sin ella; son los sig­nos ex­te­riores de orientación y de compromiso, estados de la mente y el cuerpo que, por lo general, no se examinan en rela­ción con la organización social.

El estudio sistemático y cualitativo de estas "pequeñas con­duc­tas", de estos datos, tiene por finalidad : a) describir las unida­des naturales de interacción que se construyen con ellos, a partir de la más pequeña de esas unidades como, por ejemplo, un fugaz movimiento facial realizado en el juego y b) descu­brir el orden normativo, de conducta, que predomina en y entre dichas unida­des, al igual que en todas las situaciones socia­les. Ambas finalidades se logran, de acuerdo con Goffman, i­dentificando las incontables pautas y secuencias naturales de conducta que se dan cuando las personas se encuentran en la presencia inmediata de otras.


Como puede observarse, lo que se intenta es dirigir la inves­tigación hacia la interacción natural y no contaminada por la intervención del investigador. El objetivo central del análi­sis de la conversación, es descubrir las competencias sociales que subyacen a la interacción social, es decir, los procedi­mientos y expectativas mediante los que se produce y entiende la inte­racción. Este fin presupone dos hipótesis: 1) la inte­racción se organiza por referencia a procedimientos institu­cionalizados y 2) las participaciones en la interacción están configuradas por el contexto - sólo pueden comprenderse con referencia a éste- y, a la vez, renuevan el contexto por medio de definiciones de la situación con respecto a las cuales se o­rientará la conversación siguiente (Heritage, 1991).
El punto de partida de este análisis de la conversación es la propuesta de Garfinkel (1984) según la cual la producción y el reconocimiento de acciones están configurados por un conjunto común de métodos o procedimientos. Las actividades mediante las que los miembros de una sociedad producen y ordenan situa­ciones cotidianas organizadas son, para este autor, las mismas en virtud de la cuales hacen explicables esas situaciones. El enfoque que hace Garfinkel del análisis de la acción y de sus razones se basa, precisamente, en la explicabilidad pública de la acción considerada como intervención "en" y comentario "sobre" el contexto en el que se produce.

Dentro de la perspectiva de Cicourel (1974), a través de seña­les verbales y no verbales, los participantes en la interac­ción: a) comprenden muchas cosas, aún las no mencionadas ex­plí­citamente, b) imputan significados a lo que esta siendo des­cripto o explicado, y mediante el uso de procesos interpre­tativos - esquemas de interpretación común- completan el signi­fi­cado cuando éste no es claro y c) no ponen, por lo general, en duda las afir­maciones de los otros participantes en la in­teracción. Los pro­cesos interpretativos activan la información acumulada -el conocimiento socialmente distribuido- y le per­miten al actor articular las normas generales de acción con las situaciones de interacción inmediatas. La relación de esos procesos inter­pretativos con el conjunto de normas sociales generales posibilita al investigador vincular la interacción con la es­truc­tura so­cial.


De este modo, para Cicourel, el mundo cotidiano es la fuente básica de asignación de significado a los objetos y aconteci­mientos. El conjunto de conocimientos compartidos y los proce­sos interpretativos, proveen las bases para el desarrollo de un agregado de condiciones para la comprensión de cómo los ha­blantes y oyentes asignan significado a su entorno.

1.3.2.- Los continuadores


Sacks (1984) se ubica en un campo de investigación, el del análisis de la conversación, que procura des­cribir los métodos que utilizan las personas en la realiza­ción de la vida social. Sus investiga­ciones tratan de detallar las formas en las que, real y natu­ralmente, ocurren las acti­vi­dades sociales, con base en la no­ción de que esas activi­dades -­ o las secuencias reales y singulares de ellas- son ocu­rren­cias metó­dicas, por lo que su descripción consiste en la des­crip­ción de los proce­di­mien­tos formales que las personas em­plean en dichas activi­da­des. Semejantes hallazgos conducen a Sacks a afirmar que la so­cio­logía podría ser una ciencia ob­servacional y que la ob­ser­va­ción es­tá en la base de la teo­ría.
Al estudiar los turnos del habla Sacks, Schegloff y Jefferson (1974) definen a la conversación como vehículo de la interac­ción entre sujetos y concluyen que dichos turnos están local­mente manejados, admi­nis­trados por las partes e interaccional­mente con­trolados. El examen que compara diversas formas de intervención en la conversación, con el que concluyen el tra­bajo citado, ha motivado múltiples investigaciones que indaga­ron acer­ca de la interacción institucional, tales, por ejem­plo, como las de Atkinson y Drew (1979) sobre la interacción en los tri­bunales o los de Dore y McDermott (1982) acerca de la inte­rac­ción en las escuelas.
El objeto del análisis de la conversación es, para Heritage y Atkinson (1984), la descripción y explicación de las competen­cias con las que los hablantes cuentan y de aquellas que usan cuan­do par­tici­pan en interacciones inteligibles y socialmente or­gani­za­das. De lo que se trata, pues, es de describir los pro­cesos a través de los cuales esos participantes producen su propio comportamiento y comprenden el y tratan con el com­por­tamiento de los otros. Estos autores aceptan el pre­su­puesto de que la interac­ción conversacional ocupa un lugar fundamental en relación con otras formas institucionalizadas de conducta interpersonal, y que el lenguaje es la matriz más importante de las prácticas y procesos comunicativos so­cialmente or­gani­za­dos.
Si vinculamos lo que hasta aquí hemos intentado resumir en relación con el análisis de la conversación con los caracte­rís­ticas que asumen los métodos cualitativos (Vasilachis de Gial­dino, 1992 a)) no es difícil diseñar el espacio de conver­gen­cia de éstos y del análisis lingüístico del discurso -co­rrien­te en la se ubican los autores considerados-. En este senti­do, son de gran inte­rés la investi­ga­cio­nes que dan cuenta del ca­rácter reflexivo de determina­das for­mula­ciones que se dan en la conversación, por medio de las cuales los partici­pantes describen la actividad que desa­rro­llan (He­ritage y Wat­son­, 1980).
Otras investigaciones cuyos resultados deberían ser profundi­zados son aquellas que critican el "naturalismo", la "autenti­cidad" y la "originalidad" del análisis conversacional y esta­blecen una distinción entre la realidad de la propia conver­sación y aquélla de los sucesos sobre los que ésta trata (Em­mison, 1989).
Parte de los postulados del análisis conver­sacional expuestos hasta aquí y, en especial la posibilidad del investigador de captar los procesos inter­pretativos a los que hace referencia Cicourel, son criticados por Gumperz (1984). Este autor en­tiende que entre los hablantes hay dife­rencias en lo que res­pecta a sus conocimientos básicos, y que el investigador nece­sita saber como los hablantes usan sus habilidades verbales para crear condiciones contextuales que reflejen situaciones cul­turalmente diferentes. Para esta postura, en las sociedades modernas urbanas esas diferencias en los conocimientos básicos de los hablantes li­mita la participación en las situacio­nes públicas que quedan reservadas a los que com­parten determi­na­das habilidades lin­güísticas.
Entre las propiedades del intercambio conversacional Gumperz menciona los siguientes aspectos: a) las interpre­taciones son negociadas conjuntamente por los hablantes, b) los juicios pueden ser confirmados o modificados de acuerdo con las reac­ciones que provocan y c) las conversaciones con­tienen eviden­cias inter­nas acerca de su resultado. Uno de los principales argumentos en los que este autor centra su concepción radica en que el proble­ma de los investigadores no es simplemente comprender el sentido de un trozo recortado de texto. La crea­ción llevada a cabo por los actores en la in­teracción es ante­rior a la inter­preta­ción y estos ac­tores pueden buscar, poste­riormente, otros com­pro­misos con­versa­ciona­les.
Esta perspectiva que venimos examinando y que tiene como eje a la interacción es criticada por autores como, por ejemplo, Bourdieu (1982) que entienden que en cualquier interacción esta presente toda la estructura social, y que cada grupo se define en relación con la posesión de un tipo de competencia. Para esta orientación, el valor del dis­curso depende de la re­lación de fuerzas que se establece con­cretamente entre la com­petencia lingüística del locutor y la capacidad que tienen los sujetos comprendidos en el intercam­bio de imponer sus crite­rios de apreciación.
A continuación nos ocuparemos, esquemáticamente, de otra co­rriente sumamente relevante para nuestra búsqueda del lugar de confluencia entre los métodos cualitativos y el análisis lin­güístico. Dentro de esta orientación el lenguaje no es consi­derado sólo como vehículo de la interacción y la comu­nica­ción sino, fundamentalmente, como una acción.

1.4.- Lenguaje y acción


En este parágrafo esbozaremos sucintamente el contenido de las principales teorías que vinculan al lenguaje con la ac­ción. En especial, nos referiremos a los aspectos que en ellas se ligan al análisis lingüístico de materiales cualitativos, no entra­remos, por tanto, en las discusiones internas que se han dado entre ellas ni en el detalle de los aspectos en las que unas repre­sentan superaciones respecto de las otras.

1.4.1.- La teoría de los Actos de Habla de J.L. Austin


Austin (1982) centra su análisis en las expresiones lingüísti­cas que denomina realizativas, que son aquellas que no consis­ten o no consisten meramente en decir algo sino en hacer algo. Estas expresiones realizativas: a) no "describen" o "regis­tran" nada y no son "verdaderas o falsas" -aunque pueden ser desafortunadas, no exitosas- y b) el acto de expresar la ora­ción es realizar una acción o parte de ella, acción que, a su vez, no sería normalmente descripta como consistente en decir algo. Las acciones sólo pueden ser realizadas por personas y, por tanto, el que emite la expresión es quien realiza la ac­ción.
Austin, por ende, considera los casos y sentidos en los que
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