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El Adventismo y Walter Martin


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Segunda parte: 1963-1979
EL CONTACTO DIRECTO entre Walter Martin y la iglesia Adventista del Séptimo Día no era continuo. Seguido por la publicación de la obra The Truth About Seventh-day Adventism en el año 1960, hubo casi dos décadas de silencio que sólo fue interrumpido brevemente en el año 1965 con la publicación del libro del Sr. Martin titulado The Kingdom of the Cults. En este segundo libro él se refirió al adventismo no como una "secta" sino como cristianos muy mal entendidos y calumniados. El Sr. Martín admitió que los adventistas eran tal vez un poco inmaduros en su teología y que se aferraban a conceptos y enseñanzas absurdas. Sin embargo, él se esmeró en declarar que los líderes de la denominación habían testificado que estaban básicamente en armonía con el mundo evangélico en lo que él consideraba puntos importantes de la fe cristiana, y por lo tanto los adventistas deberían ser considerados como hermanos en Cristo.

Aunque nuestro interés mayor es la relación que existía entre el Sr. Martín y la iglesia adventista, sería un gran error ignorar los acontecimientos de veinte años para dedicarnos solamente a los eventos que corresponden a nuestra historia. La verdad del asunto es que lo sucedido durante las décadas de 1960 y de 1970 hubiera sido inconcebible a no ser por la influencia previa de Walter Martin. Con esto en mente, daremos un rápido vistazo a los eventos y acontecimientos en los que el Sr. Martin, según nuestro conoci­miento, no se hallaba envuelto.19

En la década de 1960, la iglesia se encontraba bien confundida debido al "movimiento de Brinsmead", mejor conocido como el Movimiento Despertar (Sanctuary Awakening Fellowship). Frustrado con las explicaciones inciertas y superficiales acerca de la debida preparación de los santos para poder estar delante de Dios sin un mediador, Roben Brinsmead desarrolló (9) la creencia de que la perfección de carácter no se puede alcanzar en este tiempo (debido en parte a la influencia del “pecado original” – tema del que hablaremos más tarde) pero que tal perfección es un requisito para el tiempo de traslación.

Según Brinsmead esta perfección habría de ser suplida, por la gracia de Dios, al final del ministerio de Cristo como nuestro Sumo Sacerdote.

Este movimiento atrajo a muchos miembros de 1a iglesia y confundió a muchos otros. La mayor contribución a esta confusión fueron los esfuerzos contradictorios de aquellos que buscaban desacreditar las enseñanzas de Brinsmead. Algunos argumentaban que Brinsmead posponía la perfección de carácter hasta que ya era demasiado tarde, mientras que otros argumenta­ban que Brinsmead hablaba de perfección cuando todavía era imposible. Algunos enseñaban que si la perfección no se había alcanzado para el tiempo de la expiación final, ya no habría remedio. Otros decían que la perfección del carácter era imposible antes de la traslación. Aun aquellos que se encuentran fuera del adventismo se sorprenden al ver cómo la iglesia sobrevivió puntos de vistas tan divergentes.20

Una vez calmado el conflicto, parecía que la posición oficial de la iglesia era que no es posible para el cristiano alcanzar un estado de impecabilidad antes de la segunda venida de Cristo. Enseñada primeramente por Edward Happenstall a fines de la década de 1960, esta posición llegó a ser la creencia de hombres como Raymond Cottrel, Harry Lowe, E.W. Vick, L.C. Naden, Norval E Pease, Hans K. LaRondelle, Taylor G. Bunch, Ralph S. Watts y Desmond Ford.21

Sería demasiado simple decir que estos hombres favorecían la desobe­diencia, mientras que el Movimiento Despertar favorecía la obediencia. Lo que ninguno de ellos sabía era que todos estaban luchando con un pensamiento que se estaba introduciendo en la Iglesia Adventista. Traído a la atención de la iglesia primero por Robert Brinsmead, y luego adoptado y adaptado por los enemigos del Movimiento Despertar el concepto teológico del pecado original ya se estaba haciendo sentir.

Quizás la ironía mayor de ese periodo fue que tanto la Asociación General como Robert Brinsmead abandonaron las posiciones que ellos defendían sobre de la perfeccionen los años 1960 (el Comité de Defensa Literaria de la Asociación General y muchos autores representantes de ese período creían que la perfección de carácter se podía obtener antes del cierre del tiempo de gracia; Brinsmead abrigaba la idea de la perfección después del cierre de este tiempo). Los conceptos empelados por Heppensatall para combatir el Movimiento Despertar eran tan persuasivos que Brinsmead y la mayoría de sus seguidores cedieron a sus ideas a principios de los años 1970.


Eligiendo retener sus conceptos del pecado original y desenlazarse de la influencia dominante de la Asociación General, Brinsmead finalmente llevó sus recién encontradas teorias a su más lógica conclusión, descartando así su creencia en la victoria sobre el pecado, la perfección de la última generación, y, como resultado de la obra Questions on Doctrine, abandonó también la creencia de que Jesús tenía la naturaleza caída de Adán. Sería solamente un asunto de pocos años para que Brinsmead abandonara la doctrina de la expiación y el santuario.22 La enseñanza de la observancia del sábado también llegó a ser criticada para el año 1981.23

Durante los años cuando, como un relámpago, Brinsmead se abría paso a través del horizonte adventista, otros escogieron proseguir con un estilo menos espectacular. Como ha sido dicho, la creencia que prevalecía en la iglesia para fines de los años 1960 estaba establecida en la idea de que la perfección es imposible antes de la glorificación. Este punto de vista estaba lógicamente establecido en el concepto presentado en el libro Questions on Doctrine que afirma que Cristo tenía la naturaleza no caída de Adán. Este concepto, combinado con la enseñanza evangélica tradicional de una expiación terminada, logró hacer que el panorama teológico de nuestra iglesia resultara aceptable para aquellos que nos observaban.

Uno podría sospechar que de no haberse realizado cambios inmediatos, las enseñanzas ambiguas que surgieron como resultado de las batallas de Brinsmead hubieran llegado a ser la posición aceptada universalmente. Pero no resultó así. En lo que ha sido interpretado como un esfuerzo para solidificar las posiciones tomadas del libro Questions on Doctrine, L.E. Froom publicó el libro titulado Movement of Destiny (Movimiento del Destino) en el ano 197Í. Esta obra generó más inquietud que la generada por Questions on Doctrine, y por una simple razón - sus páginas contenían lo que fácilmente, podría ser clasificado como algunas de las "investigaciones" más superficiales y deshonestas que jamás se hayan encontrado en la casa publicadora de las adventistas del séptimo día.

Quizás el ejemplo más notorio que se pueda citar se encuentra en la página 497. Bajo el título, "Tomó la Naturaleza No Pecaminosa de Adán antes de la Caída", el Dr. Froom organizó 19 declaraciones que contenían la evidencia que supuestamente lo apoyaban. Cada declaración contenía citas de los escritos de Elena G. de White. Ninguna de estas citas apoyaba su posición, cuando son analizadas dentro del contexto, muchas de ellas contradicen explícitamente aquello que están supuestas a apoyar.

La sexta, séptima y octava de las 19 citas de Elena de White son extraídas de la misma fuente, y ahora pueden encontrarse en el libio Mensajes Selectos, tomo 1, páginas 295-299. Es con sumo asombro que encontramos que el pasaje de donde estas citas fueron extraídas declaran con claridad que Cristo tomó “sobre sí la naturaleza del hombre en su condición caída”.24 Cómo es que tales evidencias pueden ser presentadas bajo el título "Tomó la Naturaleza No Pecaminosa de Adán antes de la Caída" ha desafiado la imaginación de todos los que han estado conscientes de este asunto.

Tal vez fue este nuevo libro lo que provocó a la acción a las dormidas voces de protesta que se hallaban dentro la iglesia. En todo caso, el principio de los años 1970 marcó un notable cambio en este aspecto.25 Dos de los editores de la revista Review and Herald iniciaron el rumbo. Thomas A. Davis escribió el libro Romans for the Everyday Man . Trayendo el lema a colación mientras discutía a Romanos 8:3 "(Dios, enviando a su hijo en semejanza de carne de pecado)", el simplemente discutió con aprobación la clara declaración de Elena de White que dice: "Como cualquier hijo de Adán, él (Cristo) aceptó los efectos de la gran ley de la herencia." 26

La voz de Herbert E. Douglas fue la segunda en oírse. Escribiendo en la columna editorial de la revista Review, él declaró que Cristo "tomó sobre sí la causa del hombre, y con las mismas facultades que el hombre puede obtener, soportó las tentaciones de Satanás al igual que el hombre debe soportarlas." 27

Por tres semanas sucesivas al final del año 1971 y a principios del año 1972, Douglas expresó su idea haciéndola cada vez más clara y potente al emplear un número mayor de citas y selecciones más precisas del espíritu de profecía. Por tres años, Douglas, durante la temporada navideña, continuó haciendo énfasis en la realidad de la naturaleza de Cristo. Cuando le preguntaron qué lo motivaba a hacer tal cosa, Douglas escribió: "Simple­mente he deseado dar apoyo a una doctrina que había sido de mucha importancia en la historia de nuestra iglesia y que todavía era de gran interés en las vidas y pensamientos de muchos hermanos con quienes yo solía fraternizar día tras día en la Asociación General" 28

El tema de la naturaleza de Cristo está estrechamente vinculado con el tema de la perfección del carácter. La razón es simple: si Cristo vino con una naturaleza caída y sin ninguna ventaja sobre el hombre, es lógico aceptar, sin ningún reparo, que la Biblia nos invita a vivir una vida santificada. Por otra parte, si él disfrutó la ventaja de una naturaleza no caída, entonces es difícil, o más bien completamente irrazonable, esperar que el hombre caído obtenga el triunfo sobre el pecado tal como lo hizo Cristo. Cuando, al principio de los 1970, el tema de la naturaleza de Cristo se convirtió una vez más en el foco de nitores, era de esperar que también surgieran discusiones acerca de los temas de la santificación y la perfección del carácter. Esto fue exacta­mente In que los editores de la revista Review and Herald se propusieron hacer cuando dedicaron el número del 16 de mayo de 1971 al tema de la santificación por la fe.

Autores como C. Mervyn Maxwell, Don Neufeld, George Vandeman, Herbert Douglas, y Kenneth Wood estaban de acuerdo en que santifica­ción por la fe significa, en resumidas cuentas, victoria sobre el pecado en esta vida. Como nos podemos imaginar, algunos fueron alarmados con la difusión de este punto de vista. Aquellos que apoyaban las enseñanzas de los libros Questions on Doctrines y Movement of Destinv naturalmente se encontraban ahora en una posición difícil tratando de armonizar las enseñan­zas de estos dos libros con las ideas presentadas en la revista R&H (Review and Herald) a principios de los años 1970. Parecería que, una vez más, había ocurrido un gran cambio teológico. Sin embargo, todo estaba en calma. Pronto esta situación también cambiaría.

En el año 1975 Gilliam de Ford publicó un escrito titulado "The Soteriological Implications of the Human Nature of Christ. Aunque publicado bajo su nombre, era obvio para lodos que los puntos de vistas presentados por ella idénticos a los de su esposo, Desmond Ford. Tres temas principales fueron discutidos y puntos de vistas personales fueron expuestos: la doctrina de que Jesús tomó la naturaleza caída de Adán fue totalmente repudiada; la justificación por la fe fue definida como "la justificación imputada solamente"(significando que la santificación no tiene, absoluta­mente, nada que ver con la salvación), y el concepto de la perfección del carácter en esta vida terrenal fue declarado definitivamente como herejía. Más que nada, el escrito de la Sra. Ford hizo claro que se estaba desarrollando un conflicto.

A principios de febrero de 1976, las enseñanzas del Dr. Ford fueron examinadas por un gran grupo de líderes de la iglesia en Australia. J.W. Kent y F. A. Basham fueron los primeros en expresar sus inquietudes acerca de la posición en que el Dr. Ford se había colocado a sí mismo al presentar ideas tan irreconciliablemente opuestas a las enseñanzas de la iglesia. Esta acusación no pareció sorprender a Ford. Aparentemente la reunión no resolvió ningún problema, y se acordó que en abril de 1976 se reunirían en Palmdale, California para considerar este asunto por segunda vez. La reunión en Palmdale produjo un informe que supuestamente aclararía los problemas. Lo cierto es que no clarificó nada. Lo que es más, Ford regresó a su tierra anunciando a todos que era "maravilloso" cómo el informe de la reunión apoyaba su creencia que la justificación por la fe no es oitra cosa que justificación imputada solamente.

Sin embargo, muchos percibían el informe de otra manera. Kenneth Wood, editor de la Review and Herald, y Robert H- Pierson, presidente de la Asociación General, utilizaron las páginas de la Review and Herald para proveer a los miembros de la iglesia un reporte de lo ocurrido en la reunión de Palmdale. Cuando, en lugar de la errada versión reportada en Australia, las verdaderas palabras del informe de Palmdale fueron divulgadas, se hizo claro que estas no proveían a Ford el apoyo incondicional que él deseaba. En lugar de resolver el problema, esto sólo agravó la confusión que ya existía.

La reunión de Palmdale también hizo muy poco por aclarar el asunto de la naturaleza de Cristo. Después de describir tanto la posición de la naturaleza "caída" como la "no caída", el reporte de la conferencia en las páginas de la Review indicó que "no importa cuál sea la creencia del cristiano acerca de la naturaleza humana de Cristo, nosotros creemos que lo importan­te es reconocer a Jesús como el Salvador de toda la humanidad, y que a través de su victoria en la carne humana, él provee el eslabón entre lo divino v lo humano".29 (13)


Esa declaración sin duda demostraba que este puntó de la verdad era considerado como un asunto sin importancia. Los miembros de iglesias estaban en libertad de escoger entre dos creencias divergentes que los llevarían a conclusiones completamente opuestas (esto no era claramente reconocido por todos en aquel tiempo) y aún así podían mantenerse en buena calidad de miembros. Mientras que siempre debemos tener en cuenta que todos los hombres del mundo deben estar en libertad de tomar decisiones en asuntos espirituales, es una desgracia que la posición histórica de la iglesia adventista—y particularmente la posición del espíritu de profecía—acerca de este tópico fuera tan mal entendida y tan poco estimada. Solamente podemos imaginarnos cuál hubiese sido el resultado si el estudio detallado de Ralph Larson acerca de la Cristología adventista, titulado, The Word was Made Flesh (Y el Verbo se hizo Carne) hubiese sido publicado diez años más temprano, ejerciendo así su influencia en el tiempo cuando más se necesitaba.

Durante el segundo trimestre del año 1977 (en los meses de abril a junio) una serie de lecciones de escuela sabática escrita por Herbert Douglas salió a relucir. Bajo el título "Jesús Nuestro Modelo", esta serie de lecciones trataba tópicos tales como la naturaleza de Cristo, Cristo como nuestro Ejemplo en la victoria sobre el pecado y la perfección de la última generación. Algunos pueden ignorar artículos que expresan puntos de vistas contrarios a sus ideas cuando estos son publicados esporádicamente, pero trece semanas de lecciones diarias presentando ideas contrarias es difícil de tolerar. Pronto se escuchó una fuerte oposición hacia del uso del material preparado para la escuela sabática. Uno de los que protestaba escribió que entre los pastores de la iglesia "existe muchísima oposición hacia estas enseñanzas, y parece ser que la oposición continuará aumentando si los líderes en Washington no admiten que han cometido un error".30

En agosto, una nueva publicación entró en el campo de discusiones. Por extraño que parezca, el autor fue un tal Geoffrey J. Paxlon, ministro de la iglesia anglicana que profesaba gran interés en el futuro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Bajo el título El Zarandeo del Adventismo (The Shaking of Advenüsm), este libro pretendía evaluar amigablemente el aserto de que nuestra iglesia es una continuación de la Reforma. Sin embargo Paxton fue víctima de la tendencia casi universal a venerar conceptos humanos. En lugar de ver en nuestra iglesia una continuación del progreso incesante de la Reforma, el analizó el asunto de acuerdo con su concepto de "una reforma ya concluida. Obviamente, cualquier idea que fuera más allá de conocimientos de Lutero o algunos hombres clasificados por Paxton como eruditos en la Reforma, sería considerado como una confusión o una herejía.

Sus ideas preconcebidas eran muy notorias, sin embargo, esto no le impidió atraer grandes multitudes de adventistas durante sus viajes a través Estados Unidos haciendo llamados al liderato conservativo de la denominación a que se arrepintieran de su teología católica-romana a y que

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ensalzaran las creencias de Desmond Ford y Roben Brinsmead. Es intere­sante notar que aunque Paxton no apreciaba en lo absoluto la doctrina adventista del santuario, escrupulosamente evitó este tema en sus disertacio­nes. A pesar de su amistad con el Dr Ford, uno tan sólo puede conjeturar que Paxton tuvo la consideración de no proclamar las ideas de Ford prematuramente.



El sábado 27 de octubre de 1979, el Dr. Ford por fin pudo colocar su última pieza en el rompecabezas de Questions on Doctrine. Por razones conocidas solamente por él, escogió ese día para admitir públicamente que él no había creído la doctrina adventista del santuario por más de treinta años. De igual manera, el concepto de Elena de White como profetisa inspirada por Dios fue puesto en duda. Él estaba dispuesto a aceptar y defender las implicaciones a tales declaraciones. De todos modos, era un hombre de lógica. Habiendo aceptado premisas falsas, el era capaz de llevarlas a su lógica conclusión.

Ese día fue decisivo para muchos. Algunos aplaudieron jubilosos las declaraciones de Ford. Otros quedaron sorprendidos y pasmados. Y otros se entristecieron al descubrir que sus sospechas acerca del talentoso predicador estaban bien fundadas. Para todos fue un día de decisiones. ¿Qué decidirían?

Fue dentro de estas circunstancias que Walter Martin reanudó sus relaciones con la iglesia Adventista del Séptimo Día.
Tercera parte: 1980-1989
ERA ENERO de 198O. La noticia de que el Dr. Ford había negado súbita e inesperadamente la doctrina adventista se había extendido hacia el norte cruzando la frontera internacional por el paralelo cuarenta y nueve. Esta noticia reposaba ahora en la mente y el corazón de un profesor de Biblia en la Academia Adventista Okanagan, localizada en Kelowna, Columbia Británica, Canadá. Remontándose a las raíces del problema, decidió apren­der las creencias de la iglesia y de sus líderes, y creyó de suma importancia entender lo que sucedió en las conferencias veinte y cinco años atrás.

Escribiéndole a Walter Martin dijo: "A veces se hace difícil determinar donde estamos parados como denominación. ¿Estamos divididos? Aprecia­ría cualquier cosa que tenga en su archivo que pueda ayudarme a aclarar en mi mente este asunto de una vez por todas."31

Pasó casi un año antes de que recibiera una respuesta. Pidiendo disculpas por su tardanza a causa de su "horrendo" itinerario, el Sr. Martin criticó severamente a aquellos adventistas que se estaban apartando del libro Questions on Doctrine. Es obvio que él había estado observando el rumbo del adventismo. Añadió que la actitud de algunos que ocupaban posiciones de responsabilidad era tal. que favorecería la ahora creciente división dento de la Iglesia Adventista del Séptimo Día".

En cuanto a las posiciones doctrinales adventistas él fue bien claro cuando dijo: "No se puede estar en misa y repicando. O los adventistas del séptimo día apoyaron el libro Questions on Doctrine, o lo publicaron bajo falsas pretensiones. Yo no acepto la última, y toda la evidencia está en favor la primera. Usted puede, si así lo desea, consultar al Dr. Roy Allan Anderson. Él es un hombre honrado que posee una buena memoria; y si tenemos que profundizar hasta llegar al área de los hechos, aquellos que (16) estaban buscando moderar la posición del libro Questions on Doctrine "no tendrán éxito en defender esta doble plática".32

Se debe tener en mente que para esta época Walter Martin era considera­do una autoridad mayor de lo que fue durante los años 1950. Como fundador y presidente del Instituto Cristiano de Investigaciones, además de ser el orador principal del programa radial "La Biblia contesta al hombre", Walter Marlin era muy respetado en los círculos teológicos. Lo que escribía, lo que decía cada día por la radio, a una audiencia de dos o tres millones de personas, tenia gran influencia.

A principios de la década de los años 1980 se escuchaban rumores de que el Sr. Martin regresaría a tomar parte en la riña que había dentro de las filas del adventismo, sin embargo, se le vio muy poco. Es posible que su influencia aumentara más por haberse mantenido retirado. Para abril de 1985, salió a la luz publícala trigésima sexta edición de la clásica obra del Sr. Martin titulada: Kingdom of the Cultss (El Reino de las Sectas). La misma había sido revisada y expandida. Este volumen contenía 544 páginas y poseía un apéndice dedicado exclusivamente al adventismo del séptimo día. Dicho apéndice de 92 páginas era casi una sexta parte del libro; tenía cuatro páginas más que la segunda sección más larga—dedicada a los testigos de Jehová. Había en la obra un aire de amenaza y advertencia, sin embargo, el Sr. Martin todavía se refería a los adventistas como cristianos en vez de sectas.

“Debo, por la presente, permanecer tras mí evaluación original sobre los adventistas del séptimo día, tal como fue presentada en mi primer libro sobre este tópico y más tarde en este volumen. Únicamente los eventos que todavía no se han desarrollado, pero que son conocidos por el Señor mismo, determinarán si mi evaluación necesitará ser revisada en el futuro. Es mi oración que las corrientes desviadas dentro del adventismo contemporáneo no prevalezcan y que el adventismo continúe siendo cristiano y evangelio, aunque único como una denominación cristiana.” 33

Una vez más vemos que el Sr. Martin no había perdido su interés en seguir de cerca los eventos ocurridos dentro de nuestra Iglesia:

"Durante los últimos diez años (comenzando en los años 1970) la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha visto más turbulencia, tanto administrativa como doctrinal, que en cualquier otro tiempo en la historia de la organiza­ción. Administrativamente hablando, ha habido un número de líderes y pastores que han sido removidos de sus puestos a causa de sus supuestas o probada actividades financieras inapropiadas, incluyendo la apropiación de fondos. A nivel del gobierno de los Estados Unidos, la IRS, SEC, FBI y el Departamento de Justicia, todos han iniciado investigaciones y algunos administradores de la asociación de los adventistas del séptimo día inclusive podrían enfrentar juicios por fraude. Doctrinalmente hablando, la iglesia ha desarrollado una gran división entre aquellos miembros y líderes que están (17) sólidamente dentro del campo evangélico cristiano y aquellos miembros y líderes que a causa de su énfasis en la justicia por las obras, legalismo y la posición profética otorgada a la fundadora Elena G. de White, muy bien pueden con el tiempo mover la denominación fuera del campo cristiano evangélico y quizás llevarla a ser verdaderamente una secta." 34

El Sr. Martin escribió a la Asociación General en febrero de 1983 con el propósito de obtener una declaración pública y oficial que reafirmase o negase la autoridad del libro adventista Questions on Doctrine. El 29 de abril de 1983, W Richard Lesher, vicepresidente de la Asociación General, respondió en una carta personal. Parte de su contestación leyó así: "Usted primeramente pregunta si los adventistas del séptimo día todavía apoyan las respuestas dadas a sus preguntas en Questions on Doctrine, tal como lo hicieron en el año 1957. La respuesta es sí. Usted había señalado en su curta que algunos se habían opuesto a las respuestas del libro en aquel entonces, y en cierta medida la misma situación existe hoy. Pero ciertamente la gran mayoría de los adventistas del séptimo día están de acuerdo con los puntos de vista expresados en Questions on Doctrine. 35

Basándose en esta afirmación, Walter Martin proclamó una vez más al mundo que los adventistas eran, al menos por el presente, cristianos.

En el transcurso de su larga discusión sobre el adventismo, el Sr. Martin encontró otra oportunidad para tratar el lema de la expiación. Descartando la acusación de la teoría de una expiación incompleta, aseveró que los adventistas del séptimo día creían que la expiación había sido completada en la cruz e informó que el concepto que los adventistas habían enseñado por más de un siglo sobre la obra que se está llevando a cabo ahora en el santuario celestial “había sido repudiada por la denominación de los adventistas del séptimo día” 36

De hecho, él aseguró que éste concepto se podía demostrar a través de los escritos que "la gran adventista Elena G. de White escribió en la Review and Herald el 21 de septiembre de 1901." Entonces citó lo siguiente: “Cristo plantó la cruz entre el cielo y la tierra, y cuando el Padre contempló el sacrificio de su Hijo, se inclinó ante éste en reconocimiento a su perfección.

Es suficiente,' dijo Dios, 'La expiación está completada." 37 Sin embargo, debe señalarse, que esta cita se encuentra en dicha revista, pero el 24 de septiembre de 1901, y que, en el original, la última palabra se traduce "completa" en lugar de completada" como citara el Sr. Martin. Poco después de que la última edición del libro del Sr. Martin saliera de las prensas, lo encontramos presentándose en el" John Ankerberg Show", un programa evangélico de televisión muy popular.

El otro invitado al programa no era otro que William Johnsson, director de la Revista adventista Review and Herald.

Aunque la entrevista (algunos lo llamarían débale) fue emitida en una serie de cinco partes, fue filmada de una sola vez. Willian Johnsson y Walter Martin estaban sentados en una plataforma mientras que el anfitrión John (18) Ankerberg caminaba entre la audiencia con su micrófono, haciendo comentarios ocasionalmente y dirigiendo el diálogo.

Ankenberg comenzó con la discusión sobre el libro Questions on Doctrine, e hizo referencia al hecho de que había surgido alguna oposición contra el volumen. Johnsson reconoció que M. L. Andreasen había objetado las posiciones del libro en cuanto a la naturaleza de Cristo y la expiación pero sin duda alguna él aseveraba que el liderato de la Iglesia Adventista del Séptimo Día no había repudiado e! libro Questions on Doctrine. Para corroborar su aseveración, indicó que el libro había sido publicado en ocho ocasiones y que había al presente 150, 000 copias impresas.38

La mayor parte de la discusión se centró en el papel que Elena G. de White desempeñaba: ¿Se le consideraba a ella como una intérprete infalible de las Escrituras? o ¿estaban los adventistas en libertad para descartar cualquier porción de sus consejos que ellos eligieran? Para complicar aún más las cosas, Walter Martin reclamó que Elena G. de White, en el comienzo de su ministerio negó la deidad completa de Cristo —sólo para contradecirse más larde. Johnsson protestó diciendo que nunca había oído tal declaración, pero el escenario ya estaba preparado.39

El Sr. Martin había fabricado un dilema tergiversado. Johnsson se encontraba en un aprieto, pero tomando la iniciativa dijo: "Yo le daré mi respuesta. Ella no es una intérprete infalible de las Escrituras."

Fue un viejo truco que se usa en los debates y que a menudo funciona muy bien. Primeramente se hace una pregunta tergiversada y luego se insiste en una respuesta categórica. Cuando una respuesta no se dirige al aspecto débil de una pregunta desde el principio, inevitablemente la respuesta que se dé compartirá esa misma debilidad.

La atención se dirigía ocasionalmente a la doctrina del santuario. El Sr. Martin, como se podía esperar, encontró fallas en la manera como el adventismo comprendía el capítulo nueve de hebreos y el juicio investiga­dor. Al hablar Johnsson en defensa de estas verdades, el Sr. Martin rápidamente se interpuso con la aseveración de que cualquier cosa que este juicio pudiera ser no afectaría de ninguna manera la salvación del creyente. John Ankerberg se unió diciendo que el juicio sería solamente para "recompensar". Naturalmente, tal idea inmediatamente deshace la importan­cia del Juicio. "Puede tener algo que ver con cuántas estrellas usted tendrá en su corona o cuántas habitaciones tendrá en su mansión, pero de todas maneras va a llegar al cielo, ¿que diferencia hace?"

Al estar bajo presión en este punto, tanto del anfitrión como del otro invitado, el Pastor Johnsson los calmó al decir. "Bueno, yo no creo que el Juicio es para nuestra salvación, en absoluto." Al ser extraída tal declaración, la discusión se movió hacia otros puntos. Pronto los Srs. Ankenberg y Martin se unieron para expresar su preocupación de que el Pastor Johnsson fuese relevado de su trabajo por haber hablado en contra (19) de Elena G. de White. Razonaban que si Desmond Ford había sido despedido, él también podría serlo.

Un breve segmento fue dedicado a preguntas de la audiencia. De interés particular fue la siguiente pregunta de uno que se identificó como ministro adventista:

“Me pregunto si el Dr. Johnsson podría decirnos ¿que aplicación cristiana práctica hay para nosotros en el mensaje de 1844? Nos trae vergüenza y malentendidos con mundo cristiano y con los cristianos evangélicos. ¿Por qué no desistimos del asunto? ¿Qué valor tiene? Como ministro nunca he podido encontrarle a esa doctrina algún valor cristiano.” 40

Naturalmente, tal ataque impactó muy bien a la tele audiencia. Pero también puede servir para desafiarnos como pueblo en el hecho de que sólo un pequeño porcentaje de nuestros miembros tienen poco más que conceptos vagos sobre el santuario y su significado. Este tema ha sido grandemente ignorado desde los días en que Robert Brinsmead nos instó a estudiarlo. A la luz de la importancia que esta doctrina tendrá en las escenas finales del gran conflicto (al ignorancia o negligencia son inexcusables. Esta rama de la verdad necesita más atención, no menos.

Al cerrar el programa el Sr. Ankenberg le preguntó al Sr. Martin si el adventismo estaba por convenirse en una "secta". La respuesta aunque discreta, podía anticiparse: "Todavía no, pero se está acercando a ese punto." La serie de cinco programas llegó a su fin mientras los evangélicos les aseguraban a los adventistas que los amaban y se preocupaban por ellos.

En el verano de 1988, un poco más de tres años después, el Instituto de Investigación Cristiana, dirigido por el Sr. Martin, publicó un artículo de seis páginas que apareció en su revista oficial Christian Research Journal. Dicho artículo llevaba por título "De la Controversia a la Crisis: Una Evaluación Actualizada del Adventismo del Séptimo Día”. Aunque estaba escrito por Ken Samples, este artículo era claramente una continuación del proceso de evaluación comenzado por Walter Martin más de 30 años atras. Samples trató la historia del diálogo evangélico-adventista desde el año 1955 en adelante. Incluía la historia exacta de las conferencias y de la publicación de Questíons on Doctrine, excepto por los prejuicios que aparecían en ocasiones en contra de las posiciones doctrinales del adventismo histórico. Moviéndose a través del tiempo, Samples construyó sus argumentos en el hecho de que actualmente existen dos clases de adventismo y citó: "Mientras que Quiestions on Doctrine es considerado el origen del adventismo evangélico, éste también encendió el fuego de aquellos que apoyan el adventismo tradicional. Luego de esta publicación, M.L Andreasen, un respetado erudito adventista, criticó severamente la obra Questions on Doctrine, declarando que en su opinión, esta había sido desleal al adventismo. Varios años más tarde, bajo la administración de Robert Pierson, dos eruditos prominentes, Kennetn Wood y Herbert Douglass declararon que la publicación de Questions on Doctrine había sido un eran error." 41

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Es innecesario decir que los Srs. Samples y Martin se sentían mucho más cómodos con el adventismo "evangélico" que con el "tradicional". De especial desagrado para ellos fue el hecho de que Desmond Ford, a quien ellos consideraban como un erudito prolífico, fuera destituido de sus credenciales ministeriales. El artículo expresaba preocupación sobre las señales confusas que provenían de la denominación y llegaba a la obvia conclusión (que todavía muchos adventistas niegan) de que "mientras las decisiones de la Asociación General aparentan apoyar el adventismo "tradicional", la denominación ha negado que esté activamente buscando eliminar todas las influencias evangélicas [a través del despido o renuncia forzada de obreros denominacionales ]. Muchos que anteriormente fueron pastores y maestros bíblicos responderían enérgicamente a esta declaración. Aparentemente hay un gran número de adventistas que son de la creencia evangelica, pero que ciertamente no lo expresan luego de Glacíer View (la conferencia en donde se negó las alegaciones de Dcsmond Ford)." 42

Como una nota de cierre se aseguró que "con respecto a la acusación de que el adventismo tradicional es una secta no cristiana ... por lo menos aparenta ser una doctrina extraviada, confusa, y que compromete la verdad bíblica (por ejemplo: su punto de vista de la justificación, la naturaleza de Cristo, y el crédito dado a una autoridad no bíblica). También debería señalarse que si el grupo tradicional continúa alejándose de la obra Questions on Doctrine, y promoviendo a Elena G. de While como una íntérprete infalible de la Iglesia, entonces, algún día podría merecer el título de "secta" tal como lo reconocen algunos adventistas. 43

Después de la publicación de este artículo, solo quedaba una oportunidad significativa para el diálogo entre Walter Martín y los adventistas. El 26 de enero de 1989, se llevaron a cabo dos reuniones en la iglesia de Campus Hill en Loma Linda que nos dieron la última oportunidad. Sin duda alguna, fue esta la ocasión, que más información nos brindó. (21)

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