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El Adventismo y Walter Martin


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El Adventismo y Walter Martin.


La Historia sorprendente de la influencia de un hombre
Por Dave Fiedler.
* Las fotografías no forman parte de la obra original. Han sido tomadas de: The Seventh Day Adventists Evangelical Conferences of 1955-1956 por T.E. Unruh
Este folleto está compuesto de varios artículos publicados en la revista Nuestro Firme Funamento (Edición Inglesa).

Copyright© 1991 – Derechos Reservados Dave Fiedler.


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Eatonville, WA 98328, United States of America.


Primera parte: 1955-1962


LA OPORTUNIDAD tocó a las puertas de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en la primavera de 1955. Walter Martin, mientras servía de director de secta y apologética en la Casa de Publicaciones Zondervan, había escrito un libro titulado The Rise of the Cults (El Surgimiento de las Sectas), en el cual declaró que los adventistas pertenecían a la despreciable categoría de *sectas no cristianas. Sin embargo, ahora él deseaba aprender más de esta denominación.
Él había sido comisionado a investigar el adventismo más plenamente en favor de la revista Eternity. Se sobreentendía que su investigación llevaría a una conclusión desfavorable; no obstante, él expresó su deseo de conducir una evaluación completa y razonable. Para lograr esto, se requeriría acceso tanto a las fuentes históricas como humanas de la iglesia Adventista del Séptimo Día. Su requerimiento era simple: "Por favor, cooperen."

En retrospección, muchos han, sugerido que ceder a esta investigación fue un error. Pero sería bueno que consideráramos que hubiéramos hecho si el pedido hubiese sido dirigido directamente a nosotros. Y además, difícil­mente podríamos imaginarnos a Pablo rehusando hablar de los misterios del Evangelio, aun a una audiencia potencialmente hostil. Poniendo todas las perspectivas a un lado, el pedido fue concedido y en marzo del mismo año. Walter Martin acompañado por George E. Cannon, un profesor de griego en la facultad del Colegio Misionero en Nyack., Nueva York, viajó hacia Washington, DC, para su primera entrevista.


*Secta= “Conjunto de seguidores de una doctrina o religión convencionalmente consideradas erróneas.” Diccionario Enciclopédico Brijalbo. Éste es el término usado por Walter Martin para referirse a aquellos grupos religiosos que según su criterio, sostienen puntos de vista diferentes al del mundo evangélico y al cristianismo en sí. (1)
En breve, se hizo claro que el Sr. Martin estaba bien documentado con preguntas complejas que requerirían contestaciones detalladas. Además, las preguntas y las respuestas tenían que ser sometidas por escrito para que así todos los grupos pudieran tener un registro definido de lo que se había hablado. Hasta ese momento, la delegación adventista (el erudito y autor, L E Froom; W. E. Read, secretario de la Asociación General y T E. Unruh, presidente de la Asociación del Este de Pennsylvania) suplió al Sr. Martin con libros y periódicos que apoyaban las posiciones que ellos habían definido como las creencias doctrinales de la iglesia.

La siguiente noche, se encontraban muy ocupados; L. E. Froom redactó una respuesta inicial de veinte páginas a las preguntas formuladas, mientras el Sr. Martin leía la literatura adventista hasta las 2:00 a.m. Cuando los dos grupos se reunieron el siguiente día, los adventistas se sintieron satisfechos al escuchar al examinador declararlos dignos de ser llamados cristianos, esto es, siempre y cuando que el material que ellos suplieron haya sido una representación correcta de la denominación como entidad.

Al estudiar las declaraciones de las creencias fundamentales de 1931, el Sr. Martin sólo quedaba parcialmente convencido. Él sostuvo haber encon­trado declaraciones no ortodoxas en los libros, panfletos y periódicos, y deseaba conocer el porqué. Cuando expuso los ejemplos que él consideraba como "herejías inequívocas" "los eruditos adventistas se encontraron sor­prendidos y pasmados".1 Ellos meramente pudieron replicar: "se ha iniciado una enmienda".2

Mientras esta serie de conferencias continuaban, este asunto salió a la superficie repetidas veces. Claramente se veía que estas reuniones no iban a ser de corta duración ni tampoco una proposición simple. Al principio del mes de agosto, el Sr. Froom urgió que la delegación adventista fuera expandida. R. A, Anderson, el secretario de la Asociación Ministerial de la Asociación General y editor fundador de la revista Ministry; había estado envuelto informalmente desde abril; ahora se le estaba pidiendo que prestara sus talentos para esta obra permanentemente.




Para el 25 de agosto, las reuniones habían entrado a una nueva fase. Viajando a Doylestown, Pennsylvania, los representantes adventistas se reunieron por dos días, no solamente con Walter Martin y George Cannon, sino también con Donald Grey Barnhouse, el editor de la revista Eternity. Barchdale la espaciosa casa del Dr. y Sra, Barnhouse, proveyó el lugar para esas reuniones. Fue en éste lugar donde el Dr. Barnhouse fue desafiado por su propio hijo a que dejara saber públicamente al mundo entero que él había encontrado que los adventistas del séptimo día, son realmente un pueblo cristiano.

Pero todavía, se había levantado una dificultad en la denuncia de las enseñanzas no ortodoxas: ¿qué se podría hacer y qué se debería hacer?

Se estaba acusando a la iglesia de enseñar "arrianismo (la enseñanza de que Cristo fue un ser creado), la naturaleza pecaminosa de Cristo, la teoría de una expiación incompleta, el galacianismo (salvación por medio de la ley) y un sectarismo extremo".3 Los evangélicos señalaron la falta de un credo formal en la Iglesia Adventista del Séptimo Día como la raíz del problema. ¿Cómo podría una denominación mantener su integridad doctrinal sin un resumen de sus principios para definir los límites de lo que debía de ser considerado como aceptable?

Por su parte, los adventistas aseguraban que estas áreas de dificulta­des señaladas no representaban las enseñanzas principales del adven­tismo, y que la Asociación General investigaría los puntos mencionados. Si los adventistas habrían de distanciarse de estos puntos, sería necesario demostrarles a los evangélicos que verdaderamente existía un consenso general dentro de la denominación que no aprobaba tales enseñanzas.
Se presentaron dos caminos para el logro de esta tarea. Se organizó un itinerario de viajes para que Walter Martin pudiera ver el adventismo en una variedad de ambientes, desde la costa del este hasta la costa del oeste de los Estados Unidos y luego hacia las misiones del extranjero. Como segunda línea de acción, se hicieron planes para formular las contes­taciones adventistas a las preguntas del Sr. Martin, para luego hacer que estas se publicaran en un libro después de haber sido inspeccionado minuciosamente por los líderes adventistas alrededor del mundo. Este libro llegó a ser conocido como Seventh Day Adventists Answers Questions on Doctrine. (Los Adventistas del Séptimo Día Responden Preguntas sobre Doctrina ó QOD) Este último objetivo fue entregado en las manos de un comité de catorce miembros compuesto por los siguientes participantes: R. R. Figuhr, (Presidente tanto del comité como también dé la Asociación General); A. V. Olson, W. B. Ochs, L. K. Dickson, H. L. Rudy, J. L. Robison, W. R. Beach, C. L. Torrey, F. D. Nichol, T. E. Unruh, R. A. Anderson, L. E. Froom, y W. E. Read. 4

Después de haber pasado rápidamente sobre otro año de reuniones, podemos concluir que los esfuerzos de los representantes adventistas eran convincentes. Las discusiones formales entre los adventistas y los evangélicos llegaron a un fin natural. Questions on Doctrines fue publicado por la Review and Herald al final del año 1957. Atrasos plagaron la obra de Walter Martin, pero el libro The Truth About Seventh-Day Adventist (La Verdad acerca de los Adventistas del Séptimo Día) fue finalmente publicado por Zondervan en el año l960. Una obra trascendental había sido completada; pero sobre la Iglesia Adventista del Séptimo Día habrían de venir décadas de inesperados conflictos que aún no han sido resueltos.

En el año 1955 los hermanos adventistas habían asegurado a los evangélicos que los puntos de doctrinas "no ortodoxos" estaban "siendo corregidos”. Quizás esta respuesta fue simplemente un impulso del momen­to, una contestación general en lo tocante a lo que la denominación trató de hacer con todas las enseñanzas heréticas. Por otro lado, quizás fue más que esto. Existen evidencias para apoyar la opinión que algunos dentro de la denominación ya estaban tomando pasos activos para eliminar de la mente (-3-) colectiva del adventismo ciertas doctrinas que no estaban de acuerdo con las doctrinas ortodoxas del mundo evangélico.

Quizás muy pocos lectores extremadamente receptivos notaron una revisión en la edición inglesa de Bible Readings for the Home Circle (Las Hermosas Enseñanzas de la Biblia) reimpreso en el ano 1946.

Ciertamente, en aquel tiempo no se mencionó mucho sobre la revisión del libro. Pero una simple comparación de esta edición con las anteriores, mostrará rápidamente que la sección mulada: "Una Vida Sin Pecado ha sido redactada de nuevo. Este libro ya no refleja la posición sostenida por la denominación en los últimos 94 años. Este fue el paso que encabezó el esfuerzo por amortiguar la posición de la Iglesia Adventista del Séptimo Día que hasta ahora había sido aceptada unánimemente: que Cristo tomó la naturaleza pecaminosa del hombre a quien el vino a salvar y no la perfecta naturaleza de Adán antes de pecar.

Seis años pasaron antes de que se oyera el primer eco de esta nueva línea de pensamiento. Las ediciones del 10 y 17 de julio de 1952 de la revista Review and Herald salieron con un editorial en dos partes donde resonaba la nueva posición: "Los adventistas creen que Cristo, 'el segundo Adán', poseía en su parte humana, una naturaleza semejante a la del primer hombre Adán, una naturaleza libre de toda mancha."

Aquí, encajada en un marco de confusión que sólo podía llevar al lector a sospechar de los propósitos del autor, se hallaba, totalmente aislada, una declaración de cristología ajena al adventismo. Tal vez podamos comprender mejor el asunto si le echamos un vistazo a la conclusión de los comentarios del muy respetado jefe de redacción:

"Para concluir, creo que es necesario que algunos de nuestros escritores y oradores adventistas escuchen algunas palabras de consejo... Cuando nosotros hablamos de la mancha de pecado, los gérmenes del pecado, debemos tener en cuenta que estamos usando un lenguaje metafórico. Los críticos, especialmente aquellos que ven las Escrituras a través de la creencia calvinista, leen dentro del término 'carne pecaminosa' algo que la teología adventista no requiere. Por tanto, si usamos el termino 'carne pecaminosa' refiriéndonos así a la naturaleza humana de Cristo, como lo han hecho varios de nuestros escritores, estamos dando lugar a un mal entendimiento."

Tal parece que para el año 1952 la crítica de los no adventistas y, especialmente, la de los calvinistas, había llegado a ser de tal importancia para nosotros como para atraer nuestra atención. También parece, y esto a manera de especulación, que para el año 1952 había sido olvidado que el primer autor que aplicó el término "carne pecaminosa" a la naturaleza humana de Cristo fue nada menos que Elena G. de White.

Quizás el mayor y único paso hacia el desarrollo de la nueva doctrina adventista no fue el dado por los adventistas. Donald Grey Barnhouse finalmente hizo frente al desafío de su hijo cuando en la edición de la revista El Adventismo y Walter Martin Eternity del año l956 publicó su artículo titulado "¿Son los Adventistas Cristianos?'" causando la pérdida temporal de casi un cuarta parte de los suscriptores de la revista. Este artículo escandalizó gran parte del mundo evangélico. Ciertos puntos del artículo lograron escandalizar aun a miembros de la denominación [adventista] que Barnhouse deseaba recomendar.

En su artículo e Dr. Barnhouse hablaba del impacto que le causó a sus "nuevos hermanos" cuando durante una de las primeras reuniones el presentó evidencias de que las nuevas enseñanzas que los adventistas ahora defendían eran contrarias a las enseñanzas pasadas. Estas son las palabras de Barnhouse; "El (Walter Martin) les señaló que en su propia librería adyacente al edificio donde se estaban llevando a cabo esas reuniones, se encontraba cierto libro, publicado por los adventistas y escrito por uno de sus ministros, que categórica­mente declaraba lo contrario a las enseñanzas que ahora ellos sostenían. Los líderes enviaron por el libro, y descubrieron que el Sr. Martin tenía razón e inmediatamente trajeron este hecho a la atención de los oficiales de la Asociación General para que ésta situación fuera remediada y que tales publicaciones fueran corregidas." Barnhouse continuó diciendo: "Este mismo procedimiento fue repetido acerca de la naturaleza humana de Cristo, la cual la mayoría en la denominación adventista siempre ha sostenido que era santa, perfecta y sin pecado a pesar de que ciertos escritores adventistas ocasionalmen­te han logrado imprimir puntos de vistas completamente contrarios y repugnan­tes a los de la iglesia en general. Además ellos explicaron al Sr. Martin que en su feligresía había algunos que eran fanáticos y extremistas, como igualmente existen en toda denominación conservadora.5

Un pequeño número de adventistas se preocupó al leer las críticas que Barnhouse hiciera acerca de la iglesia adventista. Parecía que el estaba en lo correcto cuando dijo que "en algunos casos, la posición de los adventistas nos parece ser una nueva posición". No todos parecían satisfechos al ver que la iglesia estaba adoptando nuevas posiciones precipitadamente. Y cuando el artículo habló de "la mayoría de líderes sensatos que habían determinado frenar a cualquier miembro que apoyara ideas divergentes a las de los líderes de la denominación" ellos se preocuparon aún más.

El Dr. Barnhouse fue riguroso en su evaluación de la doctrina del juicio investigador y la doctrina del ministerio de Cristo en el lugar santísimo comenzando en el año de 1844. "A mi parecer estas son invenciones humanas para cubrir un chasco. También debemos reconocer que algunos adventistas ignorantes tomaron esta idea y la llevaron a fantásticos extremos literales. El Sr. Martin y yo escuchamos a líderes adventistas afirmar rotundamente que ellos repudiaban tales extremos. Ellos declararon esto con mucha segundad. Es más, estos líderes no creen en la enseñanza de los pioneros que declara que la obra expiatoria de Cristo no fue terminada en la cruz sino que era continuada en el segundo ministerio iniciado en el año 1844. Esta idea también fue totalmente repudiadas por ellos." (5)
En resumen el Dr. Barnhouse hizo claro que "nosotros personalmente no creemos que existe aún un versículo en las Escrituras que pueda sostener una posición tan peculiar (como el juicio investigador), y además nosotros creemos que cualquier esfuerzo que se haga para establecer esta posición viene a ser insípido, anticuado e infructuoso.” 7

Después de haber anunciado públicamente los resultados de estas reuniones, el paso lento de cambios fue acelerado. En los números de la Revista Ministry y publicados en septiembre de 1956 y también en febrero y abril de 1957 encontrarnos el establecimiento de un nuevo fundamento La primera de estas fuentes proclamaba osadamente que Cristo "tomó en su encarnación (la) naturaleza sin pecado de Adán antes de la caída. 8 La segunda fuente proclamó una posición doctrinal nunca antes propuesta oficialmente por el adventismo, y esta era que "el acto del sacrificio en la cruz (fue) una expiación completa, perfecta y final por los pecados del hombre".

Perplejamente, el mismo artículo habló primero de "la muerte y sacrificio de Cristo en la cruz", y luego "del ministerio de nuestro Sumo Sacerdote en el santuario celestial en el día antitípico de la expiación", y finalmente concluye que cada aspecto es "incompleto sin el otro, y que cada uno es un complemento indispensable del otro". Aparentemente el autor del artículo no vio ninguna contradicción en todo esto.9

En el tercer número histórico de la revista Ministry, fue anunciado que "cuando el Dios encarnado pasó a la historia humana y se convirtió uno con la raza, es nuestro entendimiento que él poseía la naturaleza impecable con la cual Adán fue creado en el Edén".

Este progreso causaba inquietud y preocupación en un respetable y anciano obrero de la iglesia. M.L. Andreasen, quien por largo tiempo sirvió como administrador, educador y autor, era considerado universalmente una autoridad en la doctrina del santuario. Inmediatamente después de la segunda revista publicada en febrero de 1957, se sintió constreñido a levantar un clamor de alarma.10 Comenzando con una sola carta personal dirigida a un individuo en la Asociación General en Washington, D.C., el clamor de alarma del Pastor Andreasen se propagó hasta ser oído por todo Norteamérica y se extendió en un grado menor a través del campo mundial. 11

Aunque originalmente su preocupación se fundaba solamente en las enseñanzas declaradas oficialmente en la revista Ministry y en el libro Questions on Doctrine, el Pastor Andreasen pronto encontró causa para una agonía mayor. A principios del verano del año 1957 fue colocada en sus manos una copia de las actas de reuniones que la junta de Fideicomisarios -de las Publicaciones de E.G. de White tuvo durante el mes de mayo. Esto fue considerado por Andreasen como una intervención divina pues rara vez personas fuera de dicha junta tienen acceso a documentos tan confidenciales.

De estas actas él aprendió que el día primero de mayo dos hombres (a quienes Andreasen llamó Pastores "R" y "A") le sugirieron a los miembros (6) de la junta que ciertas declaraciones del espíritu de profecía fueran "clarificadas" añadiendo notas al pie do la página. Parece que estos dos caballeros y otros de "su grupo" llegaron a estar "bien enterados de aquellas declaraciones de Elena de White que indican que la obra expiatoria de Cristo en el santuario celestial está ahora en progreso".12

En vista de esta preocupación fue "sugerido a los fideicomisarios que en algunos libros de Elena de White se podían insertar notas suplementarias o al pie de la página para aclarar los escritos acerca de la obra expiatoria de Cristo".

"Los hermanos que participaron en estas discusiones percibieron que este asunto ocuparía un lugar prominente en el futuro, y sugirieron seguir adelante con la preparación de las notas que habrían de ser incluidas en las futuras publicaciones de los libros de E.G. de White."13
La decisión final fue pospuesta por algún tiempo, pero eventualmente se llegó a la conclusión que tal plan no era sabio Mientras tanto, Andreasen llamó la atención de muchos obreros de la iglesia a los planes que se estaban desarrollando en Washington. De este modo llegó a estar en una posición controversial con los líderes de la denominación, quienes le advirtieron en una cana fechada el 15 de diciembre de 1957, que si él continuaba publicando el asunto, esto, "indudablemente, afectaría su relación con la iglesia". 14

Mes y medio más tarde le "preguntaron porqué nunca había pedido una audiencia en la Asociación General. Esta idea fue algo nuevo para él. Después que mantuvo una extensa correspondencia con la Asociación General y siendo que repetidas veces los representantes de esta han declarado el caso cerrado, Andreasen no creyó necesario pedir una audiencia. Pero si eso era lodo lo que se necesitaba, entonces él solicitaría una audiencia.

De hecho, él estaba más que deseoso por tener una audiencia. Su único pedido era "que la audiencia fuera pública, o que por lo menos un estenógrafo estuviera presente y que me entregaran una copia de las actas".

La respuesta de los líderes fue que "la forma más práctica de hacer esto sería grabando la discusión". Sin embargo, cuando Andreasen notó que la carta no afirmaba que él recibiría una copia de la grabación, el escribió otra carta fechada el 21 de febrero pidiendo confirmación explicita a su pedido. La contestación fue que "los hermanos tienen en mente grabar las actas de la reunión, Esto proveerá un registro completo de lo dicho y hecho. Suponemos que usted estará de acuerdo con tal registro".

La caria parecía decir que Andreasen recibiría una copia, pero las palabras usadas no eran categóricas. ¿Sería descortés preguntar una vez más? El no tenía otra alternativa, la situación lo demandaba—el tenía que estar seguro. El doce de marzo escribió otra vez: "Todavía estoy esperando una contestación definitiva, no sólo que la audiencia será grabada sino que yo recibiré una copia de la grabación."

En la respuesta le informaron que "al discutir esto con los oficiales, se nos ocurrió hacer lo siguiente lo cual parece ser razonable para todos los (7) participantes: un miembro del grupo será designado como secretario para que apunte las conclusiones tomadas en la reunión. Estos apuntes serán aprobados por todos los miembros del grupo, y luego cada uno recibirá una copia Hermano Andreasen, creemos que esta sugerencia será de su agrado".

No es de sorprender que esta sugerencia no agradara a Andreasen. "No habría un estenógrafo, ni grabación y no habría actas, sino que uno de los hombres anotaría las conclusiones acordadas en la reunión. ¡Y ellos esperaban que esto fuera de mi agrado' Por supuesto que no. Era un abuso de confianza. Era como sustituir a Lea por Raquel."15

El problema continuaba. Los líderes en Washington pensaban que Andreasen estaba fuera de la línea al compartir sus inquietudes con los miembros de la iglesia. De su parte, Andreasen quedaba más y más convencido de que algo estaba mal, realmente mal, con los líderes de la iglesia que él amaba. En su desesperación él publicó y circuló una serie de seis cartas conocida como "Letters to the Churches" [Cartas a las Iglesias] que ahora se encuentra impresa en forma de libro bajo ese mismo título.

Pronto la salud del viejo veterano comenzó a decaer. Ya no se encontraba capacitado para seguir adelante con la vigorosa tarea de sus días pasados, y su influencia disminuyó. Rumores increíbles empezaron a surgir. En una carta privada de junio de 1959 él intentó aclarar lodos los puntos: "Déjeme asegurarte que tengo buena salud—no estoy loco, ni senil, ni tampoco estoy muerto como muchos han dicho." Y ¿qué acerca de la doctrina? No, no me he retractado." Pero esta carta fue de poco resallado. Ocho meses más tarde la historia de que él se había retractado, todavía circulaba. 16

El 6 de abril de 1961, los representantes de la denominación que se reunieron en una asamblea de primavera, declararon su descontento con la conducta de Andreasen. Las credenciales ministeriales que por tantos años había poseído le fueron suspendidas. Dos razones fueron dadas: 1) por traer discordia y confusión en la iglesia por medio de la voz y la pluma, y 2) por rehusar responder favorablemente al pedido que le hiciera la Asociación General de declarar sus diferencias excepto bajo sus condiciones."

No habiendo sido informado de esta acción hasta después del hecho, sin duda alguna, Andreasen se encontró con uno de los momentos más penosos de su vida. Poco tiempo después Andreasen pasó al descanso, tal vez por misericordia divina. El 19 de febrero de 1962 Andreasen dio su último suspiro. Luego, el primero de marzo del mismo año el comité de la Conferencia General voto para revocar la decisión de suspender las credenciales del Pastor Andreasen, y su nombre fue registrado una vez más el anuario de la denominación. (8)

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