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Educación sexual


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DE LA “EDUCACIÓN SEXUAL” A LA EDUCACIÓN PARA EL AMOR
¿Es igual hablar de educación sexual que de educación para el amor?
La “educación sexual” como ha sido preconizada por los grupos ideológicos que la defienden, radica mucho más en el propósito de dar información que de educar. Los que detentan el estatus de expertos en estos temas se identifican como “sexólogos”.
La información que se pretende presentar a los jóvenes y niños como la más adecuada para su “educación sexual” es de tipo biológico e ideológico, tratando de generar un cambio en la visión, valores y actitudes acerca de la sexualidad que son etiquetados y descalificados como tradicionales o prejuiciosos. Al mismo tiempo los criterios que propugnan se autoproclaman como verdaderamente científicos.
Desde el enfoque de la “educación sexual” se ve al ser humano solamente como un ente biológico, si acaso psicológico y relacional, que solamente debe regir su vida por los criterios de la ciencia, entendida ésta solamente como la ciencia experimental.
Las tesis que se manejan en la “educación sexual” son formuladas presuntamente desde la “investigación”, muy escogida, biológica, médica, psicológica y sociológica que se reúnen en el campo de la “sexología”.
La tesis básica de la sexología es que no existe naturaleza humana, es decir, que el ser humano no es objeto de ninguna definición que lo delimite y menos en un “deber ser”, pues el ser humano es tan plástico, tan modificable por su entorno cultural que es más un producto de éste.
En consecuencia se entiende que se distinga entre sexo y género. Sexo se refiere únicamente al dato físico y género a todos los elementos culturales que determinan el comportamiento de una persona como hombre o como mujer en una época y en una sociedad determinada. Por tanto no hay en la naturaleza humana, pues no hay, ni en la biología, algo que establezca lo que es ser hombre o ser mujer, todo es un producto cultural. Así también cada individuo está en la posibilidad incluso de elegir con cuál género se identifica más, con cual orientación sexual se siente más a gusto: hombre, mujer, homosexual, lesbiana, bisexual, transgénero.
Como no existe un “deber ser”, pues no hay naturaleza humana en qué basarse, entonces la única guía para juzgar qué se puede hacer y qué no en materia sexual es por una parte el principio del placer, lo que te agrade hazlo lo que te desagrade no lo hagas; el principio de la salud, lo que sea saludable corporal o psicológicamente o por lo menos no te dañe hazlo, lo que te dañe no lo hagas; el principio del consenso, si tu “pareja” está de acuerdo hazlo, si no está de acuerdo no lo hagas; el principio del respeto a la integridad del otro, si dañas a tu pareja no lo hagas; el principio sociológico, si es una práctica estadísticamente generalizada, es algo “normal” y se puede hacer.
La razón de ser de la “educación sexual” es lograr que la persona sea capaz de disfrutar plena y libremente su sexualidad evitando todo lo que pueda ser un obstáculo para ello, normas morales, mitos y prejuicios; embarazos no deseados; enfermedades de transmisión sexual; abuso sexual; el sida; frustración o insatisfacción sexual.
De tal manera que para el enfoque de la “educación sexual” son válidas muchas prácticas sexuales que no son admitidas desde criterios éticos y religiosos como: la masturbación, la práctica del sexo sólo por placer, los encuentros sexuales ocasionales, la homosexualidad, la bisexualidad, el sexo antes del matrimonio, la convivencia sexual sin matrimonio, la anticoncepción, el aborto provocado, la pedofilia (a partir de cierta edad y con el consentimiento del menor) el intercambio de parejas, el sexo en grupo y hasta las parafilias (bestialidad, gerontofilia, necrofilia, etc.). Todo sin más límites que los ya mencionados que no te dañe, que te guste, que lo acepte la otra persona, que no le dañe.
Puede parecer muy exagerado el hablar de estos extremos, pero la aceptación que tienen sobre tan escabrosas prácticas a las que ven como algo normal que depende del gusto de la persona la sustentan en que en otras épocas y en otras culturas estas prácticas eran aceptadas por la sociedad como normales.
Y todo comienza cuando se abre la puerta a la “educación sexual” porque, se dice, es necesaria para evitar embarazos no deseados, embarazos de adolescentes, la difusión de enfermedades de transmisión sexual, el sida y los abortos. Se argumenta que esto sucede por falta de información de los jóvenes y que la solución está en la información, la eliminación de mitos y prejuicios, en la orientación sobre el uso del condón, de los anticonceptivos, de la píldora de emergencia, etc.
La “educación sexual” con esta visión materialista del hombre se abrió paso tiempo atrás por una corriente de reacción contra el puritanismo, contra el silencio acerca del sexo que se ejemplifica muy bien con la época victoriana en Inglaterra. Pero tomo fuerza en Estados Unidos con las corrientes que quisieron hacer del estudio de la sexualidad un objeto de la indagación médica, biológica y psicológica; con la interpretación pseudofreudiana de la sexualidad; con los estudios como la encuesta kinsey ("El comportamiento sexual en el hombre" 1948, ); con la interpretación marxista de las relaciones entre los sexos de Engels (El Origen de la Familia, la Propiedad y el Estado“ 1884) y Wihelm Reich (“De la regulación moral a la regulación por la economía sexual”) y de feministas radicales como Shulamith Firestone (“The Dialectic of Sex” 1970); y con los trabajos de Michael Foucald (“El Sexo como Moral”, “Historia de la Sexualidad”), Bertand Rusell (“El Cristianismo y el Sexo” y “Nuestra Ética Sexual), Margaret Mead (“La adolescencia considerada a la luz de la experiencia samoana”).
¿En qué consiste la “educación sexual” que se quiere dar a los niños y a los jóvenes a través de la escuela?
Fundamentalmente se trata de proporcionar información biológica sobre el funcionamiento de los aparatos sexuales masculino y femenino; información sobre cómo se realiza el coito sexual, la contracepción, el aborto, “el sexo seguro”, las enfermedades de transmisión sexual, y presentar como normales toda una serie de prácticas aberrantes bajo el argumento de que son mitos, prejuicios o ignorancia lo que se ha tachado de cosas malas y que impiden el ejercicio pleno de su sexualidad a las personas, como la masturbación, el sexo fuera del matrimonio, la homosexualidad y las parafilias.
En un documento de la Dirección General de Salud Reproductiva de la Secretaría de Salud del gobierno de México, cuando fue su titular el Dr. Juan ramón de la Fuente, durante la presidencia del Dr. Ernesto Zedillo, se lee:
“Los programas dirigidos a adolescentes deberán proporcionar información y orientación tendiente a modificar los modelos estereotipados de mujer, de varón, de sexualidad y del amor…” y continua en otra parte “Además se requiere eliminar valores y mitos como el que sostiene que la mujer pierde valor por haber tenido relaciones sexuales.. “ “De igual manera, se requiere modificar muchos de los mitos respecto a la sexualidad elas mujeres. Aún en sectores más avanzados es difícil que las adolescentes reconozcan el derecho al placer y el ejercicio pleno de su sexualidad sin culpas ni restricciones…”1
Más adelante se explica los servicios que se deben prestar bajo el enfoque de género:
“En este plano, los derechos reproductivos y sexuales implican entre otros factores:


  • Las personas desde temprana edad tengan acceso a una educación de la sexualidad que incluya información veraz, objetiva y científica…

  • Las personas sean respetadas en cuanto a su preferencia sexual y puedan disfrutar de relaciones amorosas sin riesgo para su salud.

  • Las mujeres y los varones puedan asumir la capacidad de reproducirse como una opción y no como una obligación...

  • La apropiación del cuerpo, por parte de mujeres y varones (conocerlo, quererlo, respetarlo, reconocerlo como fuente de placer)…

  • Cuando ocurra un embarazo no deseado en las condiciones que la ley establece, la opción de abortar ha de estar ligada al acceso de servicios médicos que hagan posible la interrupción de esta gestación sin riesgos para la salud física y psíquica de la madre, además de acceder a servicios de anticoncepción acompañados de la información y orientación pertinentes”. 2

Esta enseñanza se da en la escuela independientemente de las creencias o forma de pensar de los padres, a los cuales se les juzga como incapaces de proporcionarla y como transmisores de la continuidad de los mitos y prejuicios moralistas y religiosos. La educación sexual señala como fin de la sexualidad el placer de la persona, su propia satisfacción. La procreación es una finalidad solamente optativa. En ella los conceptos de amor, entrega, matrimonio, familia, maternidad, paternidad, simplemente están ausentes.


Finalmente los supuestos motivos con que se impulsa este tipo de educación sexual entre los niños, adolescentes y jóvenes no resuelven los problemas que tendrían que resolver, sino mas bien los incrementan: embarazos adolescentes, abortos provocados, enfermedades de transmisión sexual, SIDA.
Así lo confirma un reporte publicado por el Journal of Health Economics en 2002, el cual afirma “la educación sexual impartida en el país no reduce los embarazos en adolescentes, peor aún, los aumenta... El investigador Dr. David Paton, del Nottingham University Business School, explicó en declaraciones a la cadena BBC que "mientras se incrementa el acceso a los servicios de planificación familiar los promedios de embarazos en adolescentes no cambian e incluso hay evidencia de que aumentan”. 3
En México a pesar de ser ya más de 20 años de educación sexual en las escuelas y la difusión del uso del condón, las enfermedades de transmisión sexual y el SIDA no disminuyen, como lo señalaba ya en 2005 Paz Fernández Cueto en un artículo del periódico Reforma: “Son preocupantes las cifras registradas ... por la Dirección General de Epidemiología referentes al contagio de enfermedades de transmisión sexual, detectando mil 450 personas contagiadas cada día. El número de casos de sida diagnosticados por el sector salud se incrementó en un 56 por ciento, de manera que este año, entre el 1o. de enero y el 10 de julio, se diagnosticaron en el país mil 490 nuevos casos de pacientes con sida siendo que en el 2004 el número de detectados fue de 952, en su mayoría de sexo masculino. De acuerdo al Centro Nacional para la Prevención y Control del Sida, existen en México alrededor de 160 mil personas viviendo con el Virus de Inmunodeficiencia Humana, VIH, sin manifestar aún síntomas de la enfermedad. Pese la evidencia que demuestra que de cada 100 casos acumulados de VIH, 92 se han originado por transmisión sexual, seis por vía sanguínea, y dos por vía perinatal, los distintos sectores de salud insisten en el condón y su uso adecuado, como óptima solución al problema, promoviendo con esto, no una conducta de abstinencia sexual entre los jóvenes hasta llegar al matrimonio o en su defecto a una relación estable, sino la difusión de una conducta promiscua que fomenta relaciones de riesgo”. 4
El mismo tipo de datos se presentan en España como en Estados Unidos, en Holanda, o en Suecia, corroborando el fracaso de la “educación sexual” con el enfoque que se ha descrito aquí.
HACIA LA EDUCACIÓN PARA EL AMOR
La sexualidad es algo que toca a todo el ser humano desde el instante de su concepción. En el momento que comienza la primera célula, el cigoto, ya tiene un código genético que la identifica como hombre o como mujer si es xy o xx, esto implica a todo el desarrollo físico y psíquico de toda persona y también implica que todo acto humano es un acto sexuado; se hable, se camine, se piense, todo se hace como hombre o como mujer. Como todo en el ser humano necesita educarse, la educación sexual es necesaria, pero también es necesario que todos los que tienen responsabilidad en la formación de niños y de jóvenes y especialmente los padres, sepan qué clase de educación sexual pueden recibir sus hijos y estén al tanto para que les llegue con la debida prudencia.
Lo que tenemos que tener claro es que la sexualidad es una inclinación al don de sí y por consiguiente es toda la persona la que se entrega y en esta entrega se consideran los elementos biológicos, psicológicos, sociales y espirituales en orden a conseguir una vocación, sólo así la sexualidad será enriquecedora y gratificante porque implica el darse al otro y no por uno mismo por placer egoísta.
Educar para el amor, es educar para la castidad, pues la castidad consiste en el dominio de sí, en la capacidad de dirigir el instinto sexual hacia el amor y encuadrarlo en el desarrollo de la persona.
Es ese precisamente el punto de partida y punto final de toda educación, incluyendo naturalmente la educación sexual: la clara concepción de lo que el ser humano es como persona, su origen y destino trascendente, su valor y dignidad. La educación para el amor si concibe al ser humano como poseedor de una naturaleza por la cual está llamado a la realización plena de sus facultades, a la felicidad (la que no puede confundirse con el placer).
Por todo lo anterior la educación sexual es parte de la educación para el amor y se enmarca dentro de ella, está subordinada a ella.
La educación para el amor toma en cuenta que el ser humano es un ser inteligente y con voluntad, lo cual lo hace un ser libre, dueño de si mismo, es un ser responsable, que no puede pertenecer a otro, que es capaz de un proyecto de vida, que es capaz de comprometerse, de darse a sí mismo. Un ser cuya naturaleza y dignidad no merece ser utilizada como una cosa, sino respeto y amor.
La educación para el amor implica la educación de la libertad, la educación de la voluntad. Por eso constituye la esencia fundamental de la educación de la persona. No puede consistir solamente en información, es primordialmente formación. Formación del carácter y de una personalidad. Se realiza entonces, desde el vientre materno, con cada detalle en el trato diario con los padres y con los hermanos. Se hace a través del cultivo de las virtudes humanas y de los valores esenciales del hombre, los valores éticos.
Pero es también formación de la inteligencia, para abrirse a la verdad, para conocer el bien, para tener una conciencia moral y hacer adecuados juicios morales. La inteligencia le indica el camino a la voluntad para encontrar el bien.
La educación para el amor, es también educación de la afectividad, lo que hoy se le llama inteligencia emocional, saber guiarse y emplear los sentimientos y emociones, buscando que predominen los buenos sentimientos, los que vibran con los valores más elevados y el apasionamiento por lo bueno, porque no hay en este mundo nada bien hecho que no se haya hecho con pasión.
La educación para el amor por medio de la educación de la libertad lleva a la persona a hacerse dueña de si misma, de su capacidad para tomar decisiones, para acometer empresas arduas, para soportar la frustración y las dificultades cuando esto vale la pena, a practicar el bien aunque esto cueste, a evitar el mal aunque sea el camino más placentero. Es controlar aptitudes, cualidades y defectos, aprovechando unos y combatiendo otros. Siendo dueño de sí, entonces se es capaz de entregarse a los demás, en la familia, en la comunidad, en la amistad, en la vocación, en el matrimonio.
La educación para el amor ubica al acto sexual como una forma de comunicación, la más íntima, entre hombre y mujer, en la que se expresa el amor entre ellos y se dirige al don, a la entrega recíproca de todo el ser. No es una entrega solamente de cuerpos, sino del ser completo para unir un “yo” y un “tú” en un “nosotros” abierto a la fecundidad, a la procreación. La sexualidad y el acto sexual dentro de ella son para el amor conyugal, para la unión de una con uno y para siempre que funda a una familia al engendrar los hijos. La paternidad y la maternidad son valores que ennoblecen a la persona en una entrega generosa y desinteresada.
Bajo la concepción real e integral de lo que es el hombre y su sexualidad se reconoce la existencia del bien y el mal moral, se reconoce que el hombre y la mujer son distintos, iguales en dignidad, pero complementarios. La tendencia natural es la tendencia entre hombre y mujer ordenada a la procreación. Esta tendencia busca ser completa, total y para toda la vida cuando se nutre del amor. Eso es lo que experimenta quien ama, quiere vivir un amor exclusivo y para toda la vida. Y ese amor quiere ser fecundo, quiere amar al amado a través del hijo.
La educación sexual dentro de la educación para el amor debe ser proporcionada por los padres, no se da en grupo, sino en forma personalizada, individual, ya que cada persona es diferente y en un tema tan delicado no se debe prestar la comunicación pedagógica para ninguna mala interpretación, el contenido debe adaptarse a las necesidades e inquietudes del educando receptor, a su nivel de madurez, a su personalidad.
La escuela solamente puede hacer una función supletoria en casos extraordinarios en que sea imposible que los padres estén en condición de proporcionarla, sin embargo, siempre debe corresponder a los principios que los padres quieren formar en sus hijos, pues ellos solamente tienen el derecho a determinar el tipo de formación que quieren para sus hijos, y la escuela solamente tiene un papel auxiliar y complementario.
Los contenidos de la educación sexual comprenden por una parte los conocimientos necesarios sobre la sexualidad, información adecuada y oportuna a niños, adolescentes y jóvenes. Pues si hubo épocas en que la información sobre el tema se ocultaba y negaba, hoy es urgente que se proporcione de forma debida. “Se necesita entonces, para educar a los hijos en la sexualidad, de un DON. <<D>>: delicadeza; <<O>>: oportunidad –más vale un año antes que un segundo después- ; y <<N>>: naturalidad –no naturalismo, ni desfachatez-. Apoyándose siempre en la verdad”. 5
Esta es una parte de los contenidos, pero la otra es el desarrollo de hábitos adecuados, de virtudes, que se adquieren con el esfuerzo personal y que van dirigidos a la ordenación de la tendencia sexual dentro de las exigencias de la dignidad humana, virtudes como la fortaleza y la templanza.
También se trata de desarrollar actitudes positivas y adecuadas, frente a las personas del sexo complementario.
En esta parte de la educación de la sexualidad antes que impartir conocimientos teóricos, deben los adultos mismos de ser un buen ejemplo con su comportamiento ante sus hijos. Los valores si se viven en el ambiente familiar, se transmiten más fácilmente. ¿Cuáles valores? El respeto a la vida y el respeto a la persona especialmente, y en general, el respeto a los valores fundamentales de la existencia.
Para esta época en que vivimos un exacerbamiento del sexo como genitalidad a través de los medios de comunicación, la influencia ideológica de la sexología y la influencia del grupo de pares, los jóvenes tienen que enfrentarse a un ambiente muy agresivo, por lo que deben estar preparados para salir airosos de sus embates. Un aspecto de esta preparación es una muy buena autoestima y una actitud asertiva para mantenerse firme en sus principios.
La educación de la sexualidad bajo el marco de la educación para el amor, no confunde el placer con la felicidad, por ello sabe que el manual de operación para la vida es el apego a una conducta ética, la cual se constituye en la mejor garantía para alcanzar la felicidad personal, pues la ética indica el deber ser del hombre conforme a su naturaleza y su último fin. La conducta sexual por estar sometida al actuar libre del hombre, está normada por la ética como todos los actos humanos.
El error de la “educación sexual” es rebajar el destino del hombre a una dimensión puramente material sustituyendo la felicidad humana por la dicha de los cerdos, por el puro y solo placer. Por lo mismo la única guía del hombre en el mundo es la palabra de la ciencia, y la ciencia factica, supliendo la norma del deber ser por el registro de hechos en donde la norma se refiere a lo que estadísticamente es la conducta corriente entre las masas de individuos, lo “normal” es lo que hacen todos, aunque esto vaya contra la naturaleza.
La educación para el amor corresponde al concepto completo y real del hombre, por ello es la única capaz de verdaderamente formar a la persona en lo que ella necesita para ser feliz, encausando correctamente su sexualidad a través del amor.
La “educación sexual” corroe el espíritu del hombre, lo lleva por el camino del egoísmo y de la búsqueda obsesiva del mayor placer sin freno alguno. Su mérito ha sido, si acaso, llamar la atención sobre una serie de problemas que habían sido ignorados como la importancia de la sexualidad en la relación de las parejas, del estudio de algunos aspectos desconocidos sobre ella

Bibliografía


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Casas Martínez, Luz María y Varela Guerrero, Gabriela Adriana, FORMACIÓN DE LA SEXUALIDAD EN EL ADOLESCENTE Manual de Dinámicas para Maestros y Padres., Serie Escuela para Padres, Coordinación En la Comunidad Encuentro A.C., Trillas, México, 1998.
Casas Martínez, Luz María e Ituarte, Ma. De los Angeles. HABLEMOS CON LOS JÓVENES. Guía práctica de educación de la sexualidad para padres y maestros. Trillas, México, 1999.
López Ortega Müller, José Antonio. LA EDUCACIÓN DE LA SEXUALIDAD, Loma Editiorial, 2ª. edición, México, 1993.
López Ortega Müller, José Antonio. LA EDUCACIÓN PARA EL AMOR, Loma Editorial, México, 1994.
Medialdea, Concepción; Otte, Ana y Perez Adán, José. CURSO DE EDUCACIÓN DE LA SEXUALIDAD PARA ADOLESCENTES. Ediciones Internacionales, Madrid, 2001.
Secretaría de Salud, LA PERSPECTIVA DE GÉNERO EN LA SALUD REPRODUCTIVA, México, páginas 14-15, México 1995.
Otte, Ana. COMO HABLAR A LOS JÓVENES DE SEXUALIDAD, AMOR Y PROCREACIÓN, 136 respuestas a sus preguntas. 2a. Ed., Ediciones Internacionales Universitarias, Madrid, 2000.
Pick, Susan y otros. PLANEANDO TU VIDA, Programa de Educación Sexual y para la vida dirigido a los adolescentes. Manual para el Instructor. 7ª. Ed., Grupo Editorial Planeta, México, 1995.
Unión Nacional de padres de Familia A.C., LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO, México, s.a.e.
Yepes Store, Ricardo. FUNDAMENTOS DE ANTROPOLOGÍA, EUNSA, Navarra, 1996.


1 Secretaría de Salud, LA PERSPECTIVA DE GÉNERO EN LA SALUD REPRODUCTIVA, México, páginas 14-15, México 1995.

2 Idem. página 22

3 http://www.aciprensa.com/notic2002/marzo/notic1496.htm

4 Cueto Fernández, Paz. REFORMA, 5 de agosto del 2005 http://busquedas.gruporeforma.com/utilerias/imdservicios3W.DLL?JSearchformatS&file=MEX/REFORM01/00635/00635647.htm&palabra=Paz%20Fernández%20Cueto&sitereforma

5 López Ortega Müller, José Antonio. LA EDUCACIÓN DE LA SEXUALIDAD, P.153





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