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E ingenieríA L euro fernando sáenz ridruejo


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E
INGENIERÍA

l euro


FERNANDO

SÁENZ RIDRUEJO
Me han preguntado qué efectos va a tener la entrada en vigor del euro sobre nuestras empresas constructoras y de ingeniería y, aunque sospechaba la respuesta, he preferido trasladar la pregunta a varios técnicos del sector. Las contestaciones han sido casi unánimes. El día 1 de enero de 2002 no va a suponer ningún sobresalto, ningún cambio importante, para bien o para mal, en esas empresas. Tengo para mí, incluso, que si la unanimidad no ha sido absoluta es porque alguno de los interesados, más por cortesía que por otra cosa, ha dejado un mínimo resquicio a la duda. Quien da una contestación absoluta deja en mal lugar al encuestador, pues prácticamente niega la existencia de la cuestión.
Juan Herrera, presidente de Euroestudios y de la entidad que agrupa las más importantes empresas del sector de la ingeniería civil, ha sido muy explícito al respecto: “No nos va a afectar nada porque hace ya dos años que estamos trabajando en euros”. Hasta ahora se trataba de euros virtuales, que servían para firmar contratos, para saldar cuentas y para transferir fondos, que luego se transformaban en francos, en marcos o, para los españoles, en pesetas. Tampoco la introducción del euro creó hace dos años grandes dificultades a unas empresas acostumbradas a contratar en dólares, en rublos o en rupias. Si acaso, una ligera simplificación al desaparecer del horizonte las dracmas, las liras o los florines. (Hay que aclarar que Euroestudios no es ningún gabinete de estudios sobre el euro, es una empresa de ingeniería que nació hace treinta años —como el Eurobuilding, como Europistas, como Euroconsult— con la fiebre europeista que originó, con su ventajoso Acuerdo Preferencial, el desaparecido Alberto Ullastres).
El panorama de las empresas constructoras es similar. Fernando Gutiérrez de Vera, director financiero de Dragados, me manifiesta que su grupo hace ya más de un año que adaptó al euro todas las aplicaciones informáticas y se congratula de haberlo hecho con tiempo para facilitar así la conversión de las de sus suministradores y subcontratistas. Ve la entrada del euro con absoluta tranquilidad y la considera muy ventajosa para acceder al mercado de capitales, aparte de la ventaja evidente de eliminar los cambios de moneda en los cada vez más frecuentes viajes e intercambios comerciales con el resto de Europa. De todos modos, la mayor parte de la actividad exterior de este grupo, igual que ocurre con las restantes empresas del sector, se sigue desarrollando en el área del dólar.
Hay fenómenos inesperados que a todos cogen desprevenidos y a todos perturban. Los acontecimientos programados son asumidos de antemano por la gente bien informada. Cuando llega el momento, sólo a unos pocos sorprenden y los trastornos que a esos causan son, más que otra cosa, de índole psicológica. Por decirlo en términos bolsísticos, cuando se corta el cupón el mercado ya lo había descontado del precio de la acción.
P

odemos decir que los beneficios del euro, en buena parte, ya los hemos disfrutado. Son los beneficios derivados del largo período de disciplina económica que se aplicó para cumplir las exigentes condiciones de la moneda única. La larga marcha hacia el euro ha tenido saludables consecuencias sobre nuestro cuerpo económico, de la misma manera que las penalidades del Camino de Santiago preparan el alma del peregrino para ganar el jubileo compostelano.


Calvo-Sotelo, ingeniero
En un reciente boletín profesional, encuentro una imagen poco habitual de Leopoldo Calvo-Sotelo. El ex-presidente, en mangas de camisa, rodeado de antiguos alumnos de la Escuela de Caminos, lee unas cuartillas en conmemoración de los cincuenta años de su salida de aquel centro. Calvo-Sotelo, que fue empresario antes de entrar en política y cuya vida política giró casi siempre en torno al servicio exterior, no ha dejado nunca de definirse como ingeniero. Parece adecuado, en un número dedicado al euro, dedicar dos palabras a uno de los hombres que más hizo por incorporarnos a Europa. Quiero glosar ahora un libro que no alcanzó demasiado eco en el momento de su publicación, hace ya dos años y medio, Papeles de un cesante, en que con el subtítulo La política desde la barrera, recoge artículos, prólogos e intervenciones orales en ocasiones varias, posteriores, todas ellas, a su salida de la política activa. Todos los textos tienen en común, además de una excelente calidad literaria, la preocupación por España y por la situación de España y la cultura española en el mundo.
A lo largo de sus páginas he espigado hasta una treintena de citas que o hacen alusión directa —las más de las veces sin venir demasiado a cuento— a la condición de ingeniero de su autor, o evocan sus estudios de matemáticas y sus años de formación y sacan a colación a diversos ingenieros. Casi todos ellos son tendedores de puentes, hombres fronterizos entre la ciencia y la empresa o entre la técnica y las humanidades: Francisco Bustelo, Ricardo Urgoiti, Rodríguez Bachiller...
La lectura de los textos de Calvo-Sotelo nos trae a la memoria a otros dos ingenieros y escritores que dedicaron como él lo mejor de sus esfuerzos a la diplomacia, Salvador de Madariaga y José María de Areilza. A todos ellos une una excelente “calidad de página”. La diferencia está en que ni en la obra de Madariaga ni en la de Areilza asoma una condición de ingenieros que habían abandonado hacía ya muchos años.
Un artículo de Areilza tiene el ritmo y la ligereza de un brindis diplomático . Un prólogo o una intervención parlamentaria de Calvo-Sotelo poseen la elegancia y el rigor de una demostración matemática. E, igual que de los teoremas se desprenden escolios y corolarios, en los textos de Calvo-Sotelo hay frases subordinadas que aprovechan para dejar sentadas algunas ideas o para poner a algunas personas en su sitio.
Calvo-Sotelo es el epígono de una larga cadena de políticos intelectuales que se remonta a Campomanes, Martínez de la Rosa, Ángel Saavedra, Cánovas, Silvela y Azaña. Casi todos ocuparon sillones en la Real Academia Española y alguno, como Antonio Maura, trabajó con eficacia para bien de la institución. Desde aquí solicitamos para Calvo-Sotelo un puesto en la Academia, a la que, además, habría de ser muy útil. La incesante creación de lenguaje técnico y científico de origen anglosajón obliga a las autoridades académicas a una labor constante, que no siempre se traduce en la consagración de las palabras adecuadas. La Academia necesita incorporar a personas con sensibilidad científica que criben y depuren ese aluvión de neologismos.
JAFO
C
INGENIERÍA

on este título, que es acróstico del nombre de José Antonio Fernández Ordóñez, se acaba de editar un libro en homenaje al gran ingeniero desaparecido a principios de 2000. A lo largo de sus más de quinientas páginas, se reúnen trabajos de muchos de sus amigos y admiradores que dan testimonio de la fuerte personalidad del homenajeado y de la huella profunda que dejó en las numerosas instituciones de la técnica y de las artes en que estuvo presente, desde la revista El Ciervo allá por los años sesenta, hasta la Real Academia de Bellas Artes o el Patronato del Museo del Prado.


El libro, de cuya portada se ha encargado Eduardo Chillida, se enriquece con las aportaciones gráficas de numerosos artistas y con fotos de algunas de las estructuras más importantes proyectadas por Fernández Ordóñez. Ante la imposibilidad de mencionar a las más de setenta personalidades que han colaborado, citaremos la breve, pero muy sentida, aportación de Pedro Laín Entralgo, fallecido posteriormente, en lo que tal vez sea su último escrito.




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