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gencia FIDES – 10 de enero de 2009
DOSSIER FIDES

El Pontificio Consejo para la Familia


Introducción
Estructura, fines y objetivos del Pontificio Consejo para la Familia
El Motu Proprio “Familia a Deo Instituta”
De Valencia a Ciudad de México
El programa del VI Encuentro Mundial de las Familias
ENTREVISTA al Cardenal Ennio Antonelli,

Presidente del Pontificio Consejo para la Familia

Este Dossier está disponible también en la web de la Agencia Fides: www.fides.org

Introducción
Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – “Quien tiene una fe viva en Jesucristo no puede no ser misionero. Las familias unidas en el nombre de Jesús, que rezan juntas y escuchan su Palabra, sienten la exigencia de compartir su experiencia cristiana ya sea hacia el interior que al exterior. Discípulos y misioneros, evangelizados y evangelizadores: esta el la dinámica propuesta por el Episcopado Latino Americano reunido en Aparecida (Brasil) para la gran misión continental permanente. Este será también un objetivo fundamental del próximo Encuentro Mundial de las Familias. De hecho ya existen muchas familias misioneras en las parroquias, en la pastoral diocesana, en las Asociaciones y en los Movimientos. Hay familias misioneras no sólo en el propio ambiente, sino incluso en países extranjeros y lejanos”.

Estas palabras de Su Eminencia el Cardenal Ennio Antonelli, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, que concedió a Agencia Fides, ilustran bien el sentido de este dossier dedicado al Dicasterio Vaticano que se ocupa de la familia y del inminente VI Encuentro Mundial de las Familias que tendrá lugar en Ciudad de México del 13 al 18 de enero de 2009. Un encuentro importante porque, como explicó el Cardenal Antonelli, servirá para recordar a todas las familias del mundo la vocación misionera que la Iglesia les confía. El siglo XXI, en resumidas cuentas, es más que nunca el tiempo de las familias misioneras, primeras testigos del Evangelio de Cristo. Familias misioneras existen ya muchas, pero muchas otras pueden serlo gracias a la oración y al sostenimiento de la comunidad eclesial y de toda la Iglesia. Con este dossier intentamos recordar también la naturaleza misionera de la vocación familiar, como dijo Juan Pablo II en la Encíclica “Redemptoris Missio” n.80: “Las familias y, sobretodo, los padres sean conscientes del deber de aportar una particular contribución a la causa misionera de la Iglesia, cultivando las vocaciones misioneras entre sus hijos. Una vida de intensa oración, un sentido real del servicio al prójimo y una generosa participación en las actividades eclesiales ofrecen las condiciones favorables para la vocación de los jóvenes… A los jóvenes les pido que escuchen la palabra de Cristo que les dice, como a Simón Pedro y a Andrés a la orilla del lago: Venid conmigo y os haré pescadores de hombres (Cf. Mt 4,19)”.



Estructura, objetivos y fines del Pontificio Consejo para la Familia
El Pontificio Consejo para la Familia fue instituido por Juan Pablo II con el Motu Proprio “Familia a Deo Instituta” de 1981, sustituyendo el Comité para la Familia que fue creado por Pablo VI en 1973.
El Consejo es responsable de la promoción del ministerio pastoral y el apostolado de la familia, en aplicación de las enseñanzas y orientaciones del Magisterio eclesiástico, en modo que las familias cristianas sean ayudadas a cumplir la misión educativa y apostólica a la que son llamadas.

Al Dicasterio corresponde la tarea de promover y coordinar los esfuerzos pastorales en orden a la procreación responsable y de animar, sostener y coordinar las iniciativas en defensa de la vida humana en toda su existencia, desde la concepción hasta la muerte natural.

Junto a la pastoral familiar y a la defensa de la vida humana, los siguientes temas entran en la esfera de competencia del Consejo: la teología y la catequesis de la familia; la espiritualidad conyugal y familiar; los derechos de la familia y del niño; la formación de los laicos comprometidos en la pastoral familiar; y los cursos de preparación al matrimonio.

El Dicasterio de ocupa además de otras cuestiones como la educación sexual, la demografía, la contracepción y el aborto, la esterilización, las cuestiones éticas y pastorales referentes al SIDA y otros problemas de bioética; la legislación relativa al matrimonio y la familia, a las políticas familiares y a la tutela de la vida humana.


Su Eminencia el Cardenal Ennio Antonelli es el actual Presidente del Pontificio Consejo para la familia. El Comité de Presidencia está compuesto por 15 Cardenales y 12 Arzobispos y Obispos; además 19 parejas de esposos, provenientes de todo el mundo, son también miembros del Pontificio Consejo. El Dicasterio se sirve además de la colaboración de 43 consultores y del trabajo ordinario de 10 oficiales.

Desde 1994, tras requerimiento de diversas Conferencias Episcopales, el Consejo ofrece cursos de actualización para obispos y operadores pastorales sobre: “Familia, vida y cuestiones éticas”.

A partir de 1994, Año de la Familia, el Dicasterio es responsable de la organización de los Encuentros Mundiales de las Familias desarrollador hasta ahora en Roma 1994; Río de Janeiro 1997; Roma 2000 en el contexto del Jubileo de las Familias; Manila 2003. El V Encuentro Mundial de las Familias ha tenido lugar en Valencia (España) en 2006, mientras que el VI se llevará a cabo en Ciudad de México, del 13 al 18 de enero de 2009.

En 1996 el Pontificio Consejo para la Familia ha preparado la publicación de la revista cuatrimestral, “Familia y Vida”, que contiene artículos de expertos y pastores (en las lenguas originales con resúmenes en cinco lenguas) sobre temas relacionados con el área de competencia del Dicasterio. El Consejo ha realizado muchas publicaciones, disponibles en diversas lenguas, sobre temas concernientes a la familia y a la vida humana.



El Motu Proprio “Familia a Deo Instituta”
El 9 de mayo de 1981, tercer año de su pontificado, Juan Pablo II instituyó el Pontificio Consejo para la Familia. La familia, instituida por Dios para que fuese la primera y vital célula de la sociedad humana – escribió entonces el Santo Padre -, fue tan honrada por Cristo redentor, Él mismo se dignó nacer en la familia de Nazaret, que el matrimonio, íntima comunidad de amor conyugal y de vida, por la cual la familia tiene su origen, fue por Él elevado a la dignidad de sacramento para significar así eficazmente la mística unión de amor entre Cristo y la Iglesia (GS 48).

Por tanto, el Concilio Ecuménico Vaticano II ha calificado la familia como “Iglesia doméstica” (LG 11; AA 11), mostrando con tal enseñanza el peculiar papel que la familia está llamada a desarrollar dentro del plan de salvación, y el comprometido deber que obliga a los miembros de la familia a cooperar, cada uno según su propia misión, a la triple función profética, sacerdotal y real, que Cristo ha confiado a la Iglesia.

No debe sorprender que la Iglesia, siempre solícita de la familia y de sus problemas a lo largo de los siglos, habiendo hoy disminuido los medios para promover la familia y aumentado los peligros de todo género que la amenazan, vuelva a esta los ojos con mayor premura.

Testimonio significativo de tal solicitud apostólica es el paso dado por mi gran predecesor de venerada memoria, el Papa Pablo VI, el cual el 11 de enero de 1973 decidió constituir un especial “Comité para la familia” con el encargo de estudiar los problemas espirituales, morales y sociales de la familia, desde una visión pastoral. Dicho comité fue concebido como un organismo de estudios y de investigaciones pastorales al servicio de la misión de la Iglesia y en particular de la Santa Sede. Con el motu proprio “Apostolatus peragendi” fue dispuesto que el “Comité para la familia”, aun conservando su propia estructura y composición pasase a pertenecer al “Pontificio consejo para los laicos”.

Una atenta reflexión sobre la experiencia de estos años, pero sobretodo el deseo de dar una respuesta siempre más adecuada a las esperanzas del pueblo cristiano, recogidas por el episcopado de todo el mundo y manifestadas por el reciente sínodo de obispos dedicado a la familia, han inducido a dar al Comité para la familia una nueva fisonomía y una exclusiva estructura organizativa de modo que pueda afrontar la problemática específica de la realidad familiar en orden al cuidado pastoral y a la actividad apostólica relativa a este neurálgico sector de la vida humana.

Por eso, todo bien ponderado y después de haber pedido consejo a los eminentísimos cardenales, en la reunión extraordinaria de noviembre de 1979 del Sínodo de obispos, y oído el parecer de expertos, se dispone cuanto sigue:

I. Es constituido el “Pontificio Consejo para la Familia” que sucede, sustituyéndolo, al Comité para la familia, el cual queda por tanto suprimido.

II. Este Consejo es presidido por un Cardenal, asistido por un “Comité de presidencia” compuesto por obispos de los diversos continentes y del secretario de dicho Pontificio Consejo para la Familia, además del Vicepresidente del Pontificio Consejo para los laicos. El Cardenal presidente es ayudado por un Secretario y un Subsecretario.

Un oportuno número de oficiales elegidos de los diversos países entre los que tienen competencia y experiencia pastoral específica en esta materia, asegura el trabajo en las oficinas.

III. Miembros del Pontificio Consejo son también personas, en su mayoría laicos casados: hombres y mujeres, llamados de todas las partes del mundo y de las distintas áreas culturales. Los miembros son nominados por el Santo Padre y se reúnen en plenaria al menos una vez al año.

IV. El Pontificio Consejo se sirve de la colaboración de consultores expertos de distintas disciplinas con particular referencia a la problemática de la familia. Para formar parte de los consultores, pueden ser llamados también sacerdotes y religiosos. Los consultores componen la consulta, que tiene la misión de expresar consejos y pareceres a cerca de las cuestiones propuestas por el presidente y por los miembros. Ellos podrán ser oídos singularmente o colectivamente en encuentros periódicos.

V. Competencia: Corresponde al Pontificio Consejo para la Familia la promoción del cuidado pastoral de las familias y del apostolado específico en el campo familiar, en aplicación de las enseñanzas y de las orientaciones expresadas por las competentes instancias del Magisterio Eclesiástico, en modo que las familias cristianas puedan cumplir las misiones educativa, evangelizadora y apostólica, a las que son llamadas.

En particular:

a) en espíritu de servicio y de colaboración, y respetando su propia acción, desarrolla relaciones de información, de intercambio de experiencias y de orientaciones inspiradoras de la pastoral familiar, con los obispos, las conferencias episcopales y sus organismos, dirigidas a la pastoral familiar:

b) cuida la difusión de la doctrina de la Iglesia sobre los problemas familiares de tal modo que ésta pueda ser integralmente conocida y correctamente propuesta al pueblo cristiano ya sea en la catequesis o en el conocimiento científico;

c) promueve y coordina los esfuerzos pastorales de cara al problema de la procreación responsable según las enseñanzas de la Iglesia;

d) estimula la elaboración de estudios relativos a la espiritualidad matrimonial y familiar;

e) anima, sostiene y coordina los esfuerzos en defensa de la vida humana en toda su existencia, desde la concepción;

f) promueve, también a través de la obra de institutos científicos especializados (teológicos y pastorales), los estudios encaminados a integrar las ciencias teológicas y las ciencias humanas, en los temas de la familia, para que toda la doctrina de la Iglesia sea cada vez mejor comprendida por los hombres de buena voluntad;

g) cuida las relaciones con los movimientos inspirados por diversas confesiones religiosas ( o concepciones ideológicas), respetuosos de la ley natural y de un sano humanismo;

h) respetando la competencia propia del Pontificio Consejo para los Laicos y en colaboración con él, cuida la preparación específica de los laicos comprometidos en el apostolado familiar desarrollado como individuos o como asociaciones; inspira, sostiene y regula la actividad de las organizaciones internacionales católicas familiares, ya sea nacionales o internacionales, y de los distintos grupos del apostolado laical con referencia específica a los problemas de la familia. Para tal fin mantiene especiales relaciones con el mismo Pontificio Consejo para los Laicos, con un intercambio periódico de información en vistas a reflexiones y programas comunes;

i) presta su colaboración a los dicasterios y a los organismos de la curia romana, en materias de su competencia, que tienen alguna relación con la vida y la pastoral de las familias – recibiendo a su vez colaboración – especialmente en lo referente a la catequesis sobre la familia, la formación teológica de los jóvenes sobre los problemas familiares en seminarios y universidades católicas, la formación teológico-pastoral en el campo familiar de los futuros misioneros y religiosos, y en la acción de la Santa Sede en el seno de las instancias competentes internacionales y ante los estados para que los derechos de la familia sean cada vez más reconocidos y tutelados;

j) promueve la recogida, a través de las representaciones pontificias, de noticias sobre la situación humana, social y pastoral de las familias en los distintos países.

VI. Un “reglamento” experimental, redactado en aplicación del presente motu proprio y observando cuanto está establecido en la “Regimini ecclesiae universae” y en el “Reglamento general de la Curia Romana”, dará las oportunas disposiciones sobre la vida interna del Pontificio Consejo.



De Valencia a Ciudad de México
El gran Encuentro Mundial de las Familias en Valencia, en julio de 2006, lanzó el tema de la transmisión de la fe en la familia. En aquella ocasión Benedicto XVI, en la memorable Vigilia del sábado por la tarde como en la Eucaristía dominical conclusiva, apeló a los padres a su responsabilidad de educadores en la fe de sus hijos, insistiendo sobretodo en el hecho de que la familia tiene en sí misma, en el amor de los padres hacia los hijos, una gran fuerza persuasiva para comunicar los grandes valores de la fe y acompañar a los hijos en la aventura de la vida.
Casi un año después el Santo Padre retomó el tema en el discurso de apertura del Convenio eclesial de la diócesis de Roma (11 de junio de 2007) y lo colocó dentro del vasto contexto de la educación: “La experiencia cotidiana nos dice que educar en la fe hoy no es un empresa fácil. Hoy, en realidad, cada obra de educación parece hacerse cada vez más ardua y precaria. Se habla, por eso, de una gran urgencia educativa, de la creciente dificultad que se encuentra en transmitir a las nuevas generaciones los valores-base de la existencia y de un recto comportamiento, dificultad que afecta tanto a la escuela como a la familia y se puede decir que a todo organismo que persiga metas educativas”.
El Santo Padre en estos dos años ha retomado más veces el tema de la familia y de su responsabilidad y capacidad educativa, lanzando el gran reto de la “urgencia educativa” que quizá encuentra su principal sustento precisamente en la desconfianza que muchos padres tienen en sí mismos y en las propias capacidades educativas: “Ya sea los padres o los maestros, continúa el Papa en la misma ocasión, son fácilmente tentados a abdicar de sus propios deberes educativos y de no comprender ni siquiera cual sea su papel, o mejor, la misión a ellos confiada”.
El primer problema entonces es restituir a la familia la confianza en sí misma y en las propias posibilidades de dejar una huella eficaz en la vida de sus hijos. La exhortación del Papa Juan Pablo II “¡Familia, cree en lo que erres!” (Discurso del 20 de octubre de 2001) no sirve sólo por la riqueza antropológica y teológica que la familia conlleva en sí misma como bien supremo de la persona y de la sociedad; sirve también por el potencial educativo que la familia contiene por su naturaleza, generado por la relación afectiva que todo papá y mamá tienes hacia sus propios hijos.
Sobre el “deber urgente de la educación”, el Santo Padre volvió en la carta, de 21 de enero de 2008 dirigida a la diócesis de Roma. También el Papa está preocupado por la desconfianza de padres y educadores ante su gran tarea y exhortó con vigor: “Querría deciros una palabra muy sencilla: ¡No temáis! Todas estas dificultades, de hecho, no son insuperables. Son más bien, por así decir, el reverso de la medalla de aquel don grande y precioso que es nuestra libertad, con la responsabilidad que justamente la acompaña”.
En este recorrido guiado por el Papa Benedicto XVI sobre el tema de la educación, se inserta muy oportunamente el VI Encuentro Mundial de las Familias, que tendrá lugar en Ciudad de México sobre el tema “La familia, formadora en los valores humanos y cristianos”.
El Cardenal Ennio Antonelli, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, viajó el pasado noviembre a México para seguir de cerca los intensos preparativos para el VI Encuentro Mundial de las Familias. Durante su visita puso de relieve la importancia de esta cita, que reunirá en la capital mexicana numerosas familias de todo el mundo. Desde la megalópolis mexicana, el Cardenal apeló a toda la Iglesia, y en particular a los pueblos del Continente de la Esperanza, una invitación a participar en el evento que quiere marcar el futuro camino de los pueblos de América. Este encuentro constituye un acontecimiento muy importante, porque se refiere a la familia, célula fundamental de la Iglesia y de la sociedad civil, y porque participan cardenales, obispos y delegaciones de familias provenientes de todo el mundo: Canadá, Estados Unidos, América Latina, Europa, Asia, África y Oceanía.
En la misma circunstancia el Cardenal afirmó que “Benedicto XVI, si bien no estará físicamente presente en México, participará de todos modos con algunas intervenciones televisivas, durante todo el evento. En particular, el Santo Padre enviará un video-mensaje e intervendrá en directo durante la Misa de clausura del 18 de enero”. El Presidente del Pontificio Consejo para la Familia recordó que el Papa enviará al Encuentro Mundial de las Familias a su Secretario de Estado, el Cardenal Tarcisio Bertone, en calidad de Legado pontificio.
Aunque el Papa no podrá presidir la celebración, está asegurada su cercanía y su entusiasmo por este Encuentro. Recordando la beatificación llevada a cabo en Lisieux (Francia) de los padres de Santa Teresita del Niño Jesús, Louis Martin y Zélie Guérin, el Papa confesó que en sus intenciones para la oración hay una que ocupa un lugar particular: la familia. Su papel, afirmó, es “fundamental en la educación de los hijos, dirigida a alcanzar un espíritu universal, abierto y responsable hacia el mundo y sus problemas, como también en la formación de las vocaciones a la vida misionera”.

El programa del VI Encuentro Mundial de las Familias
El VI Encuentro Mundial de las Familias comenzará con el Congreso teológico pastoral, que será celebrado los días 14, 15 y 16 de enero de 2009. Intervenciones, mesas redondas y comunicaciones versarán sobre tres argumentos: “Las relaciones y los valores familiares”; “Familia y sexualidad”; “La vocación educadora de la familia”. A estas tres temáticas de fondo seguirán profundizaciones, contribuciones e investigaciones. Algunos de los temas que vendrán debatidos en el transcurso de las jornadas del congreso son: ¿Cuáles son los valores a descubrir y a redescubrir?; relación entre familia y valor de la vida humana; los organismos que ayudan a la familia en la formación de los valores (parroquia, movimientos, asociaciones familiares, escuela); familia y medios de comunicación; la familia de los emigrantes; la política y la legislación.
El Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe será el escenario de las celebraciones litúrgicas: sábado 17 de enero rezo del Rosario y testimonios de familias provenientes de África, Asia, América, Europa y Oceanía; y domingo 18 de enero la solemne celebración eucarística conclusiva presidida por el Legado Pontificio, el Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado.
La preparación de los fieles para el evento ha contado con la ayuda de 10 “Catequesis preparatorias” sobre el tema del Encuentro, emanadas del Pontificio Consejo para la Familia; además han sido preparados subsidios pastorales para fundamentar el papel educativo en el contexto de las virtudes y de los valores de la familia. Ha sido preparado el “Mosaico de las Familias”: una colección de fotografías de familias con el fin de componer, como en un mosaico, la imagen del Papa Benedicto XVI. Tal iniciativa ha tenido amplia resonancia en el mundo, y son añadidas miles de fotografías de todas partes del planeta.
Otra iniciativa muy recomendada es el “Bosque de las Familias”, consistente en la reforestación de algunas zonas por parte de las familias. Constituirá un fruto de este Encuentro Mundial y un medio para incrementar la conciencia ecológica calurosamente promovida también por Benedicto XVI. Ha sido instituido un “Concurso internacional de fotografía” sobre el tema “Familia y Emigrantes”, promovido por los organizadores del VI Encuentro Mundial de las Familias. La comisión central de coordinación del VI Encuentro Mundial de las Familias ha convocado también un concurso nacional con el título: “Una carta a mi hijo”. Participan ya sea madres casadas, ya sea madres solteras residentes en la República Mexicana, que desean dirigir una carta a sus hijos y a sus familias. Las mejores cartas serán recogidas en un libro conmemorativo que será entregado a Benedicto XVI como testimonio del profundo valor y dignidad de las madres mexicanas.
Para el Congreso teológico-pastoral se prevén de 6.000 a 10.000 personas, mientras que para el evento en general, comprendiendo el Congreso, la celebración festiva de testimonios y la solemne celebración eucarística conclusiva, se espera la participación de más de un millón de personas. Son 98 los países representados; 200 los obispos que estarán presentes; 30 los cardenales; 318 los periodistas acreditados de los cuales 258 mexicanos.

ENTREVISTA al Cardenal Ennio Antonelli, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia
Eminencia, estamos ya llegando al VI Encuentro Mundial de las Familias. ¿Por qué ha nacido esta cita, y cuáles son los retos actuales?
El próximo Encuentro Mundial de las Familias en Ciudad de México llega tras los de Roma, Río de Janeiro, otra vez Roma, Manila y Valencia, con una periodicidad trienal. Nació de la caridad pastoral de Juan Pablo II, al igual que la Jornada Mundial de la Juventud. Este gran Papa percibía con lucidez que los jóvenes y la familia constituyen caminos privilegiados para la misión de la Iglesia. En cuanto a la familia, están a la vista de todos los cambios y los retos culturales, sociales y políticos que tienden a disgregarla cada vez más y de ahí la urgencia de un fuerte compromiso eclesial y civil.
¿Cómo se ha preparado el evento?
La sede de Encuentro, Ciudad de México, fue anunciada por Benedicto XVI en Valencia 2006. Posteriormente el Papa también fijó la fecha del 13 al 18 de enero de 2009 y estableció el tema: “La familia formadora en valores humanos y cristianos”. El Cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo de Ciudad de México, constituyó un Comité organizativo, formado por sacerdotes y laicos, y presidido por el obispo auxiliar, Su Excelencia Mons. Jonás Guerrero Corona. Un sacerdote de la archidiócesis, el Rev. José Guillermo Gutiérrez Fernández, fue nombrado ante el Pontificio Consejo para la Familia, para asegurar la relación continua con Roma y la colaboración en la preparación y en la celebración de Encuentro en sus tres momentos: Congreso teológico pastoral, Fiesta de las familias y Misa solemne de conclusión.

Las principales iniciativas preparatorias fueron: la propuesta de 10 Catequesis acogida por varios países, la peregrinación del icono de la Sagrada Familia por numerosas diócesis, el “Bosque de las Familias” plantado en Ciudad de México con el fin de educar ambientalmente, y el mural de las familias, gran mosaico de fotografías que componen la imagen del Papa. En el evento participarán delegaciones y relatores provenientes de todas partes del mundo.


El Papa Benedicto XVI ha insistido muchas veces sobre el valor de la familia en la sociedad. ¿Cómo se puede ayudar a la sociedad a reconocer cada vez más este valor?
Para influir eficazmente en la sociedad es indispensable estimular a las familias a adherirse en masa a las asociaciones que se comprometen en el plano cultural y político a promover la identidad y los derechos de la familia. Las asociaciones después deben coordinarse entre ellas, como sucede ya con el Foro de las Asociaciones Familiares en Italia, Red Familia en México o la Alianza Latino Americana para las Familias. Es preciso colaborar también con los distintos Movimientos de matriz no cristiana, que surgen en la sociedad civil en defensa de la familia, atacada por la perspectiva individualista y relativista del “gender”, y que trabajan también a nivel internacional.
¿Qué papel pueden tener hoy las familias en la misión de la Iglesia en el mundo? ¿Pueden ser misioneras las familias?
Quien tiene una fe viva en Jesucristo no puede no ser misionero. Las familias unidas en el nombre de Jesús, que rezan juntas y escuchan su Palabra, sienten la exigencia de compartir su experiencia cristiana hacia el exterior. Discípulos y misioneros, evangelizados y evangelizadores: es ésta la dinámica propuesta por el Episcopado Latino Americano reunido en Aparecida, Brasil, para la gran Misión Continental permanente. Éste será también un objetivo fundamental del próximo Encuentro Mundial de las Familias. De hecho ya existen muchas familias misioneras en las parroquias, en la pastoral diocesana, en las Asociaciones y en los Movimientos. Hay familias misioneras no sólo en su propio ambiente, sino también en países extranjeros y lejanos.
Usted está desde hace pocos meses dirigiendo el Pontificio Consejo Para la Familia, ¿qué urgencias le ha pedido afrontar el Santo Padre? ¿Cuáles son los puntos centrales de su trabajo?
El Santo Padre me ha pedido ante todo llevar adelante la fase conclusiva de la preparación del Encuentro Mundial ya próximo; cosa que he intentado hacer intensificando los encuentros necesarios y desplazándome personalmente a México para hacer alguna verificación personal y animar calurosamente a los organizadores, a la gente y a la Conferencia Episcopal.

En cuanto a mi trabajo, se desarrolla fundamentalmente en dos vertientes: la promoción pastoral en la Iglesia y la propuesta cultural en la sociedad civil. Ambos ámbitos exigen ante todo la escucha y la consulta para individuar las oportunidades y los desafíos, para conocer las experiencias y las necesidades concretas, para discernir las prioridades y calibrar bien nuestras actividades. En esta lógica se sitúan los encuentros con los obispos, en visita “ad limina”; los contactos con los miembros, los consultores y los institutos científicos; las relaciones con múltiples sujetos eclesiales y con las instituciones públicas en un horizonte internacional.

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Dossier bajo la dirección de P.L.R. - Agencia Fides 10/1/2009; Director Luca de Mata

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