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Dossier Fides 22 octubre 2006 80 jornada misionera mundial


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genzia FIDES - 22 ottobre 2006

Dossier Fides

22 octubre 2006



80^ JORNADA MISIONERA MUNDIAL

“El amor que Dios tiene por cada persona

constituye el centro de la experiencia y del anuncio del Evangelio,

y los que lo acogen se convierten a su vez en testigos”


(Papa Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Misionera 2006)

Este Dossier está disponible en nuestro sitio sito internet: www.fides.org.

Indice

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

PARA LA JORNADA MISIONERA MUNDIAL 2006

La caridad, alma de la misión”


Para que la celebración de la Jornada Mundial de las Misiones aumente por doquier

el espíritu de animación y cooperación misioneras"

Comentario a la intención Misionera indicada por el Santo Padre a cargo de Su Eminencia

el Card. Iván Dias, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos
80 años de llamamientos y Mensajes en la Jornada Misionera Mundial

ESTADISITICAS DE LA IGLESIA CATOLICA
Entrevista a Sua Exc. Mons. Robert Sarah

Secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos
LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS

PARA LA ANIMACIÓN Y LA COOPERACIÓN MISIONERA
Entrevista a Su Exc.. Mons. Henryk Hoser, SAC, Presidente de las Obras Misionales Pontificias

Ayudas distribuidas por las OMP en el año 2005

Historia, carisma y objetivos de las OMP – Fundadores de las OMP – Fiestas de las OMP
PANORAMA DE LOS CONTINENTES
LA MISIÓN EN AFRICA

Focus: Sudan, República Democrática del Congo

LA MISIÓN EN ASIA Y OCEANIA

Focus: Corea

LA MISIÓN EN AMERICA LATINA

Focus: La Teología Y la Pastoral indÍgena a la luz de la Declaración Dominus Iesus

TESTIMONIOS DE LA MISIÓN

Institutos religiosos, misioneros y misioneras en el mundo

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES
"La caridad, alma de la misión"

Queridos hermanos y hermanas:


1. La Jornada mundial de las misiones, que celebraremos el domingo 22 de octubre, ofrece la oportunidad de reflexionar este año sobre el tema: "La caridad, alma de la misión". La misión, si no está orientada por la caridad, es decir, si no brota de un profundo acto de amor divino, corre el riesgo de reducirse a mera actividad filantrópica y social. En efecto, el amor que Dios tiene por cada persona constituye el centro de la experiencia y del anuncio del Evangelio, y los que lo acogen se convierten a su vez en testigos. El amor de Dios que da vida al mundo es el amor que nos ha sido dado en Jesús, Palabra de salvación, imagen perfecta de la misericordia del Padre celestial.

Así pues, el mensaje salvífico podría sintetizarse con las palabras del evangelista san Juan: "En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene; en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él" (1 Jn 4, 9). Después de su resurrección, Jesús encomendó a los Apóstoles el mandato de difundir el anuncio de este amor; y los Apóstoles, transformados interiormente el día de Pentecostés por la fuerza del Espíritu Santo, comenzaron a dar testimonio del Señor muerto y resucitado. Desde entonces, la Iglesia prosigue esa misma misión, que constituye para todos los creyentes un compromiso irrenunciable y permanente.


2. Por consiguiente, toda comunidad cristiana está llamada a dar a conocer a Dios, que es Amor. Sobre este misterio fundamental de nuestra fe quise reflexionar en la encíclica Deus caritas est. Dios penetra con su amor toda la creación y la historia humana. El hombre, en su origen, salió de las manos del Creador como fruto de una iniciativa de amor. El pecado ofuscó después en él la impronta divina. Nuestros primeros padres, Adán y Eva, engañados por el maligno, abandonaron la relación de confianza con su Señor, cediendo a la tentación del maligno, que infundió en ellos la sospecha de que él era un rival y quería limitar su libertad. De este modo, en lugar del amor gratuito divino, se prefirieron a sí mismos, convencidos de que así afirmaban su libre albedrío. Como consecuencia acabaron perdiendo la felicidad original y experimentaron la amargura de la tristeza del pecado y de la muerte.

Dios, sin embargo, no los abandonó y les prometió a ellos y a su descendencia la salvación, anunciando el envío de su Hijo unigénito, Jesús, que en la plenitud de los tiempos revelaría su amor de Padre, un amor capaz de rescatar a toda criatura humana de la esclavitud del mal y de la muerte. Así pues, en Cristo hemos recibido la vida inmortal, la misma vida de la Trinidad. Gracias a Cristo, buen Pastor, que no abandona a la oveja perdida, los hombres de todos los tiempos tienen la posibilidad de entrar en la comunión con Dios, Padre misericordioso, dispuesto a volver a acoger en su casa al hijo pródigo.

La cruz es signo sorprendente de este amor. En la muerte de Cristo en la cruz —como escribí en la encíclica Deus caritas est— "se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma más radical (...). Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar" (n. 12).
3. En la víspera de su pasión, Jesús dejó como testamento a los discípulos, reunidos en el Cenáculo para celebrar la Pascua, el "mandamiento nuevo del amor", "mandatum novum": "Lo que os mando es que os améis los unos a los otros" (Jn 15, 17). El amor fraterno que el Señor pide a sus "amigos" tiene su manantial en el amor paterno de Dios. Dice el apóstol san Juan: "Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios" (1 Jn 4, 7). Por tanto, para amar según Dios es necesario vivir en él y de él: Dios es la primera "casa" del hombre y sólo quien habita en él arde con un fuego de caridad divina capaz de "incendiar" al mundo.

¿No es esta la misión de la Iglesia en todos los tiempos? Entonces no es difícil comprender que el auténtico celo misionero, compromiso primario de la comunidad eclesial, va unido a la fidelidad al amor divino, y esto vale para todo cristiano, para toda comunidad local, para las Iglesias particulares y para todo el pueblo de Dios.

Precisamente de la conciencia de esta misión común toma su fuerza la generosa disponibilidad de los discípulos de Cristo para realizar obras de promoción humana y espiritual que testimonian, como escribía el amado Juan Pablo II en la encíclica Redemptoris missio, "el alma de toda la actividad misionera: el amor, que es y sigue siendo la fuerza de la misión, y es también el único criterio según el cual todo debe hacerse o no hacerse, cambiarse o no cambiarse. Es el principio que debe dirigir toda acción y el fin al que debe tender. Actuando con caridad o inspirados por la caridad, nada es disconforme y todo es bueno" (n. 60).

Así pues, ser misioneros significa amar a Dios con todo nuestro ser, hasta dar, si es necesario, incluso la vida por él. ¡Cuántos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, también en nuestros días, han dado el supremo testimonio de amor con el martirio! Ser misioneros es atender, como el buen Samaritano, las necesidades de todos, especialmente de los más pobres y necesitados, porque quien ama con el corazón de Cristo no busca su propio interés, sino únicamente la gloria del Padre y el bien del prójimo. Aquí reside el secreto de la fecundidad apostólica de la acción misionera, que supera las fronteras y las culturas, llega a los pueblos y se difunde hasta los extremos confines del mundo.


4. Queridos hermanos y hermanas, la Jornada mundial de las misiones ha de ser una ocasión útil para comprender cada vez mejor que el testimonio del amor, alma de la misión, concierne a todos, pues servir al Evangelio no debe considerarse como una aventura en solitario, sino como un compromiso compartido de toda comunidad. Junto a los que están en primera línea en las fronteras de la evangelización —pienso aquí con gratitud en los misioneros y las misioneras—, muchos otros, niños, jóvenes y adultos, contribuyen de diversos modos, con la oración y su cooperación, a la difusión del reino de Dios en la tierra.

Es de desear que esta participación aumente cada vez más gracias a la contribución de todos. Aprovecho de buen grado esta ocasión para manifestar mi gratitud a la Congregación para la evangelización de los pueblos y a las Obras misionales pontificias, que con gran empeño coordinan los esfuerzos realizados en todo el mundo para apoyar la acción de los que se encuentran en primera fila en las fronteras de la misión.

La Virgen María, que con su presencia junto a la cruz y con su oración en el Cenáculo colaboró activamente en los inicios de la misión eclesial, sostenga su acción y ayude a los creyentes en Cristo a ser cada vez más capaces de auténtico amor, para que en un mundo espiritualmente sediento se conviertan en manantial de agua viva. Este es el deseo que formulo de corazón, mientras envío a todos mi bendición.
Vaticano, 29 de abril de 2006 BENEDICTUS PP. XVI

(Agencia Fides 21/10/2006)



INTENCIÓN MISIONERA

"Para que la celebración de la Jornada Mundial de las Misiones

aumente por doquier el espíritu de animación y cooperación misioneras"

Comentario a la intención Misionera indicada por el Santo Padre

a cargo de Su Eminencia el Card. Iván Dias,

Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - En este mes de octubre del 2006 se celebra el 80° aniversario de la institución de la Jornada Misionera Mundial. En efecto, el 14 de abril de 1926 el Santo Padre Pío XI dio su aprobación a la petición formulada por el Consejo superior general de la Pontificia Obra de la Propagación de la Fe que, reunida para la asamblea plenaria, pidió al Sumo Pontífice poder establecer "un día de oración y propaganda de las misiones que se celebrara en un mismo día en todas las diócesis, parroquias e institutos del mundo católico". Los motivos que llevaron a esta petición estaban bien definidos: "Ella haría comprender la grandiosidad del problema misionero, excitaría el celo del clero y del pueblo; daría ocasión propicia para dar a mejor conocer cada vez más la Obra de la Propagación de la fe, promover las inscripciones y pedir el óbolo para las misiones; pero sobre todo, a modo de santa cruzada, haría dulce violencia al Corazón Sacratísimo de Jesús para conseguir que se apresurase al reconocimiento universal de su divina majestad" (cfr. Rescrito de la Sagrada Congregación de Ritos, 14 de abril de 1926).

En estos ochenta años la humanidad ha caminado con paso rápido, acelerándose cada vez más en los últimos tiempos. Ha vivido acontecimientos sobrecogedores como dos guerras mundiales, el holocausto, los conflictos que surgen en todas las partes del planeta, pero también ha progresado en el campo de la ciencia, de la tecnología, de la medicina; se ha lanzado a la conquista del espacio, se ha dotado con instrumentos de comunicación sofisticados, ha proclamado solemnemente los derechos inviolables de todo hombre, ha visto profundos cambios sociales y políticos como la caída del muro de Berlín.

Sin embargo, cuántas veces, también en estas últimas décadas, el hombre ha intentado borrar a Dios de la historia, de alejarlo de la propia vida, de cortar toda unión vital con Él, proclamándose el dueño del universo, de la humanidad, de la creación. Entonces el hombre se ha lanzado contra el propio hombre, la humanidad se ha precipitado en el abismo de la violencia y la brutalidad. La pretendida voluntad de renegar de Dios no ha procurado ciertamente la felicidad y el bienestar, antes bien, ha provocado dolor, infelicidad, inseguridad… "Los grandes éxitos de la técnica y la ciencia, que han mejorado notablemente la condición de la humanidad, dejan sin solución las preguntas más profundas del ser humano. Sólo la apertura al misterio de Dios, que es Amor, puede llenar la sed de verdad y felicidad de nuestro corazón" (Papa Benedicto XVI, audiencia general, 16 de agosto de 2006).

Después de 80 años ¿continua siendo actual la petición del Consejo superior general de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe? ¿Continua siendo necesario incrementar la animación y la cooperación misionera? "También la comunidad cristiana en esta nuestra época se siente enviada a los hombres y mujeres del tercer milenio, para hacer que conozcan la verdad del mensaje evangélico y abrirles de este modo el camino de la salvación. Y esto no constituye algo facultativo sino que es la vocación propia del Pueblo de Dios, un deber que le incumbe por mandato del mismo Señor Jesucristo" recordó el Santo Padre Benedicto XVI a los participantes en el Congreso promovido por la Congregación para la evangelización de los Pueblos, en el 40° Aniversario del Decreto Conciliar "Ad Gentes" (audiencia 11 de marzo de 2006).

Por tanto, la humanidad del tercer milenio tiene más que nunca necesidad de Cristo, de conocer el amor del Padre y la fuerza de su Espíritu. Continua siendo necesario, hoy, hacerse misioneros ante esta humanidad tan atormentada e inquieta, para que los que no han oído todavía hablar de Jesucristo puedan conocerlo y quienes los han rechazado con su comportamiento, puedan volver al camino correcto. La misión confiada por Jesucristo a su Iglesia es más actual que nunca, "está todavía en sus comienzos", como dijo Santo Padre Juan Pablo II en la "Redemptoris Missio", (n.1). Pero para que se realice la Misión es necesario que haya alguien que se encargue de ello, es necesario que cada bautizado cargue sobre sus hombros esta misión.

La intención misionera propuesta por el Santo Padre Benedicto XVI para este mes nos invita a rezar para que "la celebración de la Jornada Mundial incremente por todas partes el espíritu de animación y cooperación". Siguiendo el llamamiento del Papa, pedimos para que en la próxima Jornada Misionera no sólo se hable de la Misión" sino que sobre todo se rece por la Misión, para ejercer de este modo una "dulce violencia sobre el Corazón sacratísimo de Jesús para obtener de El que se apresura en el reconocimiento universal de su divina majestad". Que cada uno asuma de forma consciente que está llamado, en cuánto bautizado, a anunciar al mensaje de Jesucristo, Salvador y Redentor. Según la bella expresión del Concilio Vaticano II, esta Jornada es la ocasión de reconocernos todos como Pueblo de Dios "en misión" y no sólo una parte del mismo - Papa, Obispos, sacerdotes y religiosas - sino todos, cada día de nuestra vida, en todos los ámbitos en que los hechos y las elecciones de nuestra historia personal nos llevan, con todos los que entramos en contacto y el Señor pone en nuestro camino. Sólo así crecerá “el espíritu de animación y cooperación" y la Misión no será tan sólo una cita de pocas horas al año sino el latido del reloj que marca nuestra vida espiritual día tras día, mes tras mes, año tras año. La oración será la que cargará el reloj de la vida misionera, porque "el cristiano que reza no pretende cambiar los planes de Dios o corregir lo que Dios ha previsto. Busca más bien el encuentro con el Padre de Jesucristo, pidiendo que esté presente, con el consuelo de su Espíritu, en él y en su trabajo" (Deus Caritas Est, n.37).

Confiémonos a Maria Santísima, que invocamos en el mes de octubre de modo particular con el rezo del Santo Rosario, para que interceda para conseguirnos el mismo ardor de los Apóstoles, que reunidos con Ella en el Cenáculo, no se desanimaron después de la Ascensión del Señor, sino que perseveraron confiados en la oración. Y cuando el Espíritu los colmó con sus dones, no dudaron en abandonar el lugar dónde se encontraban para anunciar a todos la maravillosa realidad de Jesucristo, muerto y resucitado. ¡Transformemos nuestras comunidades, nuestras familias, nuestros grupos misioneros y de apostolado, en igualmente "cenáculos" donde se pida con perseverancia y sin cansarse, el don del Espíritu, para estar preparados a salir al encuentro del mundo, ya que "el anuncio y el testimonio del Evangelio son el primer servicio que los cristianos pueden hacer a cada persona y a todo el género humano, llamados como están a comunicar a todos el amor de Dios, que se ha manifestado en plenitud en el único Redentor del mundo, Jesucristo", (Papa Benedicto XVI, audiencia del 11 de marzo de 2006). ¡Maria, Reina de los Apóstoles y Reina de las Misiones, ruega por nosotros! Card. Iván Dias. (Agencia Fides 25/9/2006; Líneas: 82 Palabras: 1240)

Card. Ivan Dias

(Agenzia Fides 21/10/2006)

80 AÑOS DE LLAMAMIENTOS Y MENSAJES

EN LA JORNADA MISIONERA MUNDIAL

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Lleva la fecha del 14 de abril de 1926 y la firma del Card. A. Vico, Obispo del Puerto de Santa Rufina, Prefecto, la aprobación dada por el Santo Padre Pío XI a la solicitud formulado por el Consejo superior general de la Obra Pontificia de Propagación de la Fe que, reunida en la Asamblea plenaria, pidió al Sumo Pontífice establecer "un día de oración y propaganda de las misiones para celebrarse en un mismo día en todas las diócesis, parroquias e institutos del mundo católico."

Los motivos estaban bien especificados en la petición: "Ello haría comprender la grandiosidad del problema misionero, excitaría el celo del clero y del pueblo; daría ocasión propicia para conocer cada vez más la Obra de Propagación de la Fe, para promover inscripciones y solicitar la limosna para las misiones; pero sobre todo, a modo de santa cruzada, haría dulce violencia sobre el Corazón Sacratísimo de Jesús para conseguir que se apresure el reconocimiento universal de su divina majestad."

En concreto, el Consejo superior general pidió: fijar un domingo, "preferiblemente el penúltimo de octubre como Día de oración y propaganda misionera en todo el mundo católico"; que en dicho domingo se sumara la oración "Pro propagatione fidei"; "que la predicación de tal domingo fuese de carácter misionero, con particular reflejo sobre la obra de Propagación de la fe"; "que se conceda la indulgencia plenaria… a cuantos en dicho domingo comulgaran y rezaran por la conversión de los infieles". (cfr. Rescritto de la Sagrada Congregación de Ritos, el 14 de abril de 1926)

El primer Llamamiento del que se conserva memoria es el de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide para la Jornada Misionera del 19 de octubre de 1930, y está firmado por el Secretario de la Congregación y el Presidente del Consejo Superior general de la obra de la Propagación de la fe, el Card. Carlo Salotti. Para la Jornada Misionera de 1931 al llamamiento de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide del 20 de agosto de 1931, enviado a todos los Directores nacionales de la Pontificia Obra de la Propagación de la fe, también se unió un Radiomensaje del Card. Carlo Salotti, difundido la víspera de la Jornada Misionero, el 17 de octubre de 1931.

También en 1932 Propaganda Fide difundió un llamamiento, el 15 de agosto de 1932 y un Radiomensaje, el 22 de octubre de 1932. El mismo para la Jornada Misionera del 1934. En cambio en 1935 hubo un llamamiento de la Congregación el 1° de agosto y un Mensaje del Cardenal Prefecto, Pietro Fumasoni Biondi, para la Jornada Misionero, el 20 de octubre. En los años siguientes no faltaron llamamientos y radiomensajes de la Congregación y del Cardenal Prefecto con ocasión de la Jornada Misionero.

El primer Pontífice que lanzó un Radiomensaje con ocasión de la Jornada Misionera Mundial fue Papa Pablo VI: el 19 de octubre de 1963, la víspera del Día Misionero (que se celebraba el domingo 20 de octubre), y al inicio de su Pontificado (fue elegido el 30 de junio), se dirigió a todos con estas palabras: "Desde las primeras horas en que, con humilde y confiada obediencia a los adorables designios de Dios, hemos asumido el honor y el peso del supremo ministerio apostólico, espontáneo fue el impulso del ánimo de declarar ante el mundo entero Nuestro esencial y más urgente deber, que es promover con toda prontitud y cuidado la dilatación del Reino de Dios. Y nos gustó saludar, en nuestro primer mensaje, como “la pupila de nuestros ojos", a los misioneros, que representan el continuado testimonio, elocuente y seguro, que la voluntad del divino Fundador de difundir la luz y los beneficios del evangelio a todas las gentes, está siempre presente y eficiente en su Iglesia."

Para la Jornada Misionero de 1964 Propaganda Fide difundió nuevamente un llamamiento, mientras que en 1965 fue el Papa Pablo VI quien envió un nuevo Mensaje, el 23 de octubre, al cierre del Concilio Vaticano II, "para añadir una vez más nuestra férvida contribución a la ilustración del carácter misionero, esencial de la santa Iglesia de Cristo, presentado con suma eficacia en estos días por el Concilio Ecuménico… ".

También Pablo VI pronuncio el Radiomensaje para la Jornada Misionero del 23 de octubre de 1966, y desde 1967 a 1978, todos los años el Santo Padre envía su Mensaje de apoyo y estímulo para las misiones. Desde 1968 el Mensaje es publicado habitualmente con ocasión de la Solemnidad de Pentecostés.

El primer Mensaje del Papa Juan Pablo II lleva la fecha del 14 de junio de 1979, Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo. El Papa recuerda que inició su ministerio petrino el domingo el 22 de octubre de 1978, Jornada Misionero Mundial, y recuerda de nuevo, desarrollándola en el Mensaje, una afirmación contenida en su primera encíclica, "Redemptor hominis": "la misión no es nunca una destrucción, sino es una reasunción de valores y una nueva construcción" (RH, 12). El Papa Juan Pablo II ha enviado en total durante su Pontificado, 27 Mensajes para la Jornada Misionera, desde 1979 al 2005.

El Papa Benedicto XVI ha enviado el primer Mensaje con ocasión de la Jornada Misionera de domingo el 22 de octubre de 2006 sobre el tema de su primera Encíclica, "Deus Caritas est": “La caridad alma de la Misión". (S.L) (Agencia Fides 21/10/2006)



LAS ESTADISTICAS DE LA IGLESIA CATOLICA
Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Con ocasión de la Jornada Misionera Mundial, como es usual, la Agencia Fides presenta algunas estadísticas para poder ofrecer un cuadro panorámico de la Iglesia en el mundo. Las tablas están sacadas del último "Anuario Estadístico de la Iglesia" publicado, (actualizado a 31 de diciembre de 2004), y conciernen a los miembros de la Iglesia, sus estructuras pastorales, actividades en el campo sanitario, asistencial y educativo. Entre paréntesis viene indicada la variación, aumento (+) o disminución (-) con respecto del año anterior.

A 31 de diciembre de 2004 la población mundial era de 6.388.500.000 personas, con un aumento de 87.123.000 unidades respecto al año anterior. El aumento global concierne a todos los continentes a excepción de Europa, que disminuye: África +26.162.000; América +14.114.000; Asia +48.583.000; Europa -2.125.000; Oceanía +389.000.

A la misma fecha el número de católicos era equivalente a 1.098.366.000 con un aumento total de 12.809.000 unidades con respecto al año anterior. También aquí la única disminución concierne a Europa: África +5.158.000; América +7.739.000; Asia +821.000; Europa -965.000; Oceanía +56.000.

El porcentaje de católicos ha disminuido globalmente del 0,04% certificando al 17,19%. Respecto a los continentes se han registrado las siguientes variaciones: aumento tan sólo en África +0,08; disminuciones en América -0,12; Asia -0,02; Europa -0,02 y Oceanía -0,14.

El número de habitantes por sacerdote ha aumentado en el mundo en 184 unidades, alcanzando la cifra de 12.448. El reparto por continentes es el siguiente: aumento en todos los continentes a excepción de Asia: África (+86); América (+108), Europa (+22) y Oceanía (+ 189); disminución en Asia (- 726).

El número de católicos por sacerdote ha aumentado en conjunto en 29 unidades, alcanzando el número de 2.706. También aquí se registran aumentos en todos los continentes a excepción de Asia: África (+38), América (+59), Europa (+8), Oceanía (+40); Asia (-54).

Las circunscripciones eclesiásticas son 10 más respecto del año anterior, llegando a 2.903, con aumentos en África, América y Asia, disminuciones en Europa y situación igual en Oceanía. Las estaciones misioneras con sacerdote residente son en total 1.600 (101 menos respecto al año anterior) y han aumentado en África, Asia y Europa. Una disminución significativa se ha verificado en América, (-215) y una muy leve en Oceanía (-1). También las estaciones misioneras sin sacerdote residente han aumentadas en total en 3.066 unidades, alcanzando el número de 115.181. Se registran aumentos en África (+936), América (+428), Asia, +1.926 y Europa (+39), mientras la disminución sólo afecta a Oceanía (-263).

El número de Obispos en el mundo ha aumentado en 42 unidades, alcanzando el número de 4.784. El incremento afecta a todos los continentes y el más sensible se registra en América (+32). En total los Obispos diocesanos aumentan y disminuyen los religiosos. Los Obispos diocesanos son 3.616, (1.019 más con respecto del año anterior) mientras que los Obispos religiosos son 1.168, con una disminución de 977 unidades. El aumento de Obispos diocesanos afecta a todos los continentes: África (+8), América (+283), Asia (+67), Europa (+652) y Oceanía (+9). Para los Obispos religiosos se registran disminuciones en todos los continentes, sobre todo en Europa (-641) y América (-252)

El número total de sacerdotes en el mundo ha aumentado en 441 unidades, alcanzando la cuota de 405.891. Los aumentos más consistentes son en Asia (+1.422), África (+840) y América (+ 133) mientras las disminuciones afectan en medida consistente a Europa (-1876) y en medida más leve a Oceanía (-78). Los sacerdotes diocesanos en el mundo han aumentados globalmente en 792 unidades, con aumentos en todos los continentes y disminución sólo en Europa (-1.209) y Oceanía (-14). Los sacerdotes religiosos han disminuido en 351 unidades. Ha habido aumento en Asia (+762) y África (+41).

Los diáconos permanentes en total han aumentado en 800 unidades, alcanzando el número de 32.324. El aumento más consistente ha sido en Europa (+420) y América (+341). La única disminución concierne a Oceanía (-1). Los diáconos permanentes diocesanos son en el mundo 31.809, con aumentos registrados en todos los continentes, en total de 809 unidades. Los diáconos permanentes religiosos son 515, menguados en 9 unidades. El único continente que registra un aumento (+9) es África, mientras en todo el resto se registran disminuciones.

Los religiosos no sacerdotes han aumentados globalmente en 410 unidades llegando a 55.030. Se registran aumentos en África (+421), Asia (+553), América (+22) y Oceanía (+66). La única sensible disminución está en Europa (-652). La disminución global de religiosas (-8.810) que son en total 767.459 está repartido del siguiente modo: aumento en Asia (+2.511) y en África (+1.066); disminuciones en Europa (-8.790), América (-3.369) y Oceanía (-228).

Los miembros de los Institutos seculares masculinos son en total 672 con una disminución global de 19 unidades con respecto al año anterior, con un único aumento registrado en África. También los miembros de los Institutos seculares femeninos han disminuidos en total en 646 unidades por un total de 28.270 miembros. Una disminución consistente concierne a Europa (- 793) y en forma más ligera a Oceanía (-2).

El número de Misioneros laicos en el mundo es igual a 186.467 unidades, con un aumento global de 14.136 unidades y aumentos en todos los continentes a excepción de Europa (-110). En su inmensa mayoría los misioneros laicos se encuentran en América (167.836) que es también el continente que registra el aumento más llamativo (+11.375).

Los Catequistas en el mundo han aumentados en total en 92.125 unidades alcanzando la cuota 2.940.798. Aumentos en todos los continentes, particularmente sensibles en América (+ 53.524); la única disminución está en Oceanía (-73).

El número de seminaristas mayores, diocesanos y religiosos, ha aumentado globalmente en 671 unidades, alcanzando el número de 113.044. Los aumentos se registran en Asia (+1.289) y Oceanía (+882); mientras que los otros continentes señalan disminuciones. Los seminaristas mayores diocesanos son 71.841 (-425) y los religiosos 41.203 (+1.96). Sea para los seminaristas diocesanos que para los religiosos los aumentos se registran en África y Asia, mientras que América y Europa registran disminuciones; en Oceanía los seminaristas religiosos crecen y crecen los diocesanos.

El número de seminaristas menores, diocesanos y religiosos, ha crecido globalmente en 3.213 unidades, alcanzando el número de 101.585. Los aumentos totales se registran en África (+2.230), Asia, (+1.687) y Oceanía (+2). Los seminaristas menores diocesanos son 77.133, +1.571 y los religiosos 24.452 (+1.642). Sea para los seminaristas diocesanos que para los religiosos los aumentos afectan a África y Asia; las disminuciones de ambos se registran en América; en Europa y en Oceanía disminuyen los diocesanos y crecen los religiosos.

En el campo de la instrucción y la educación la Iglesia administra 63.073 escuelas maternas, con una disminución de 1.234 institutos con respecto al año anterior, frecuentadas por 6.312.115 alumnos; 91.090 escuelas primarias (disminución de 1.371 unidades) para 27.975.541 alumnos; 38.277 institutos secundarios (-1.127) para 15.868.173 alumnos. Además sigue a 1.830.149 jóvenes de las escuelas superiores y 2.399.022 universitarios. Este sector de la actividad pastoral de la Iglesia registra una disminución con respecto al año anterior en las escuelas maternas, primarias y secundarias.

Los institutos de beneficencia y asistencia administradas por la Iglesia registran un aumento del número de estructuras en todos los sectores, a excepción de una leve disminución de las leproserías: 5.246 hospitales (+10 con respecto del año anterior), 17.224 dispensarios (+545), 648 leproserías (-8), 14.927 institutos para ancianos y minusválido (+133), 10.163 orfanatos (+167), 10.932 jardines de infancia (+298), 13.866 consultores matrimoniales (+1.062), 10.516 institutos de otro tipo (+703). El continente con mayor número de estructuras es América, seguido por Europa, Asia, África y Oceanía. (S.L) (Agencia Fides 22/10/2006)



TABLAS ESTADISTICAS
Datos del último "Anuario Estadístico de la Iglesia" elaborados por la Agencia Fides

Entre paréntesis viene indicada la variación, aumento (+) o disminución (-),

con respecto del año anterior.


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