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Docencia en las universidades


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CIDUA

INFORME SOBRE INNOVACIÓN DE LA
DOCENCIA EN LAS UNIVERSIDADES
ANDALUZAS


Abril de 2005

Miembros de la Comisión
Manuel Barbancho Medina, Universidad de Córdoba

Alejandro Carballar Rincón, Universidad de Sevilla

José Manuel Domínguez Martínez, Universidad de Málaga y Unicaja

Luis Fernando Martínez García, Cetecom, S.A.

Rosario Ortega Ruiz, Universidad de Córdoba

José María Peinado Herreros, Universidad de Granada

Antonio José Redondo García, Federación de Antiguos Alumnos

Luis Rico Romero, Universidad de Granada

Agustín Riscos Fernández, Universidad de Sevilla

Guillermo Vázquez Mata, Fundación Iavante


Miguel Sola Fernández, Secretario de la Comisión, Universidad de Málaga

Ángel I. Pérez Gómez, Coordinador de la Comisión, Universidad de Málaga



ÍNDICE



I. Primera Parte. Hacia una nueva concepción 5

I.1. SENTIDO Y FINALIDAD DE LA INNOVACIÓN DE LAS 5

ENSEÑANZAS EN LAS UNIVERSIDADES ANDALUZAS EN EL MARCO DEL EEES 5

I.1.1. INTRODUCCIÓN 5

I.1.2. INFORMACIÓN Y FORMACIÓN EN UN MUNDO EN RED 6

I.1.3. UNA UNIVERSIDAD DE CALIDAD: FINALIDADES Y NECESIDADES DE CAMBIO 7



I.2. DIAGNÓSTICO SOBRE LOS PROCESOS DE ENSEÑANZA- 9

APRENDIZAJE EN LAS UNIVERSIDADES ANDALUZAS 9

I.2.1. INTRODUCCIÓN 9

I.2.2. PLANES Y PROGRAMAS DE FORMACIÓN 9

I.2.3. PROCESOS DE ENSEÑANZA-APRENDIZAJE 11

I.2.3.1. Acerca de la labor del profesorado 11

I.2.3.2. Acerca del trabajo del alumnado 11

I.2.3.3. Metodología docente y función tutorial 11

I.2.3.4. Evaluación de los aprendizajes 12

I.2.3.5. Resultados académicos 13

I.2.4. INFRAESTRUCTURAS y SERVICIOS 15

I.2.5. RELACIÓN ENTRE LAS ACTIVIDADES DE INVESTIGACIÓN Y LAS DE DOCENCIA 15

I.2.6. EVALUACIÓN DEL PROFESORADO 16

I.2.7. RELACIONES EXTERNAS 17

I.2.8. CONCLUSIONES 17



I.3. HACIA UNA NUEVA PERSPECTIVA. MODELO MARCO DE 18

ENSEÑANZA-APRENDIZAJE CORRESPONDIENTE AL EEES 18

I.3.1. LOS DESAFÍOS DE LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO A LA DOCENCIA UNIVERSITARIA 18

I.3.2.PROPÓSITOS Y PRINCIPIOS QUE ORIENTAN EL MODELO 20

I.3.2.1.PROPÓSITOS 22

I.3.2.2.PRINCIPIOS DE ENSEÑANZA 22

I.3.3. CONCRECIÓN ORGANIZATIVA DEL MODELO MARCO. DOS EJEMPLOS. 25



II. Segunda parte: Requisitos y Estrategias 31

II.1. RECURSOS HUMANOS y PROFESORADO 31

II.1.1. INTRODUCCIÓN 31

II.1.2. ESTRUCTURA ACTUAL DEL PROFESORADO Y SITUACIÓN DE LA DOCENCIA 32

II.1.3.NUEVAS NECESIDADES Y NUEVOS RECURSOS 33



II.2. FORMACIÓN DEL PROFESORADO UNIVERSITARIO PARA LA CONVERGENCIA EUROPEA 34

II.2.1. PRINCIPIOS PARA ORIENTAR LA FORMACIÓN DEL PROFESORADO 35

II.2.2. MODELO DE FORMACIÓN 35

II.2.3. FORMACIÓN INICIAL 36

II.2.4. PERFECCIONAMIENTO, ACTUALIZACIÓN Y DESARROLLO PROFESIONAL 37

II.2.5. MODALIDADES, ESTRATEGIAS Y TÉCNICAS 38



II.3. EVALUACIÓN 39

II.4. MEDIDAS Y PROPUESTAS PRIORITARIAS, 41

II.4.1. MEDIDAS COMPLEMENTARIAS 43



II.5. SIMULACIÓN DEL MODELO MARCO. VIABILIDAD Y PREVISIBLES CONSECUENCIAS. 44

II.5.1. SIMULACIÓN DEL MODELO MARCO EN LA TITULACIÓN DE LA LICENCIATURA EN ECONOMÍA DE LA UNIVERSIDAD DE MÁLAGA 44



III. SÍNTESIS 48

REFERENCIAS: 53




I. Primera Parte. Hacia una nueva concepción




I.1. SENTIDO Y FINALIDAD DE LA INNOVACIÓN DE LAS

ENSEÑANZAS EN LAS UNIVERSIDADES ANDALUZAS EN EL MARCO DEL EEES




I.1.1. INTRODUCCIÓN


La educación superior se genera y se despliega en el contexto de la sociedad y es parte básica de la cultura y el progreso de los pueblos. Como todo dispositivo cultural y científico debe estar en continuo proceso de transformación porque también lo está la sociedad de la que toma sus elementos y a la que vierten sus resultados. Pero, al mismo tiempo, los cambios requieren un cuidadoso proceso de reflexión, análisis crítico y prudencia política. Porque no se improvisa una universidad y menos aún un sistema de formación superior, donde se recrea, reproduce y comparte la cultura y la ciencia más elaborada de la comunidad social. Actuar como si fuera posible cambiarlo todo sólo sería indicador de temeridad.

La Universidad es un sistema social que contiene en su interior claves imprescindibles para el desarrollo porque es el escenario del pensamiento crítico, la ciencia y la cultura que, acumuladas a lo largo de años y generaciones, están disponibles para convertirse en motor de progreso, bienestar y justicia social.

Es pues necesario que nos aproximemos al cambio en el sistema universitario, sin perder la dirección que marca el sentido de progreso que representa el saber científico y cultural que la universidad alberga.

Hoy, como afirma Castells (2000), una buena parte de la sociedad, no toda, vive en la era de la tecnología de la información y la comunicación que resalta el valor del conocimiento, como resultado, o quizás como proceso paralelo, al de la economía globalizada, cuyas coordenadas económicas, sociales y culturales no sólo no son homogéneas sino que su heterogeneidad es probable que esté generando injustos desequilibrios en el reparto de los grandes bienes de la humanidad, entre los cuales el saber, y el poder que otorga el conocimiento, es uno de los principales. Ello plantea un importante reto a las instituciones que acumulan y distribuyen los bienes científicos y culturales, y muy especialmente a la universidad.

En ese sentido, autores como Held y McGrew (2000) y Castells (2000) encuentran, en el cambio estructural que estamos viviendo, ciertas oportunidades para profundizar en la mejora de las condiciones de las personas en el mundo y, de paso, construir un mundo mejor.

Es necesario tener presente que el progreso nace de la actividad humana y sus beneficios deben volver hacia el desarrollo y el bienestar de los individuos y los pueblos. Es la formación de los individuos y las comunidades y el despliegue permanente de su competencia y dominio de los instrumentos tecnológicos, científicos y culturales la verdadera fuente de progreso, necesariamente acompañada del incremento y sostenibilidad de la riqueza, siempre que ésta esté bien administrada y distribuida. Ni la economía se puede desentender de la educación, ni la educación obviar la necesidad de fluidez en la dinámica de relaciones con el sistema económico. Podemos afirmar, con Spring (2001), que los riesgos de que el sistema económico no piense e invierta en educación, terminan convirtiéndose en un problema de Derechos Humanos. Porque una sociedad que no prepara a sus individuos para entender el mundo y entenderse a sí mismo/a, termina siendo una sociedad injusta. Si nos fijamos en la educación superior, podemos decir, además, que una sociedad que no cuida su universidad es una sociedad que no avanza. Del mismo modo cabe afirmar que una universidad desligada de los problemas sociales y de las necesidades económicas es una entelequia que gira en el vacío.




I.1.2. INFORMACIÓN Y FORMACIÓN EN UN MUNDO EN RED


Para Castells (1997, Vol. l), el problema del efecto social de la mundialización es que las personas tienen mucho más control que nunca sobre su entorno inmediato, pero, al mismo tiempo, procesos que pueden estar definiendo y marcando su proyecto vital son ajenos a su control porque suceden fuera de su entorno y para entenderlos se necesita un nivel alto de conocimiento y dominio operativo de los sistemas de información y las nuevas tecnologías de la comunicación. A ello, como a la profundización en la experiencia personal, emocional y afectiva, se accede mediante una educación de calidad, que requiere unas instituciones de enseñanza del más alto nivel. Una universidad de calidad.

La información madura, veraz y eficaz, organizada en sistemas de conocimiento, adquiere un valor incalculable como instrumento para la transformación de la mente y los hábitos de las personas. Es en un conocimiento científico bien elaborado y mostrado donde reside el motor del cambio cultural. Pero el avance tecnológico será, o quizás ya está siendo, un instrumento más de alienación para los nuevos analfabetos; es decir, los que no acceden a la información y el conocimiento y no participan en la comunicación, o hacen un uso pervertido de ella, intentando controlarla, adulterarla o simplemente negando a los ciudadanos y ciudadanas el acceso a las fuentes del saber. En este sentido, afirma nuestro sociólogo:

.... "lo esencial será la capacidad de adaptarse a un mundo en cambio constante, tanto tecnológico como personal. Lo esencial es ya saber qué buscamos, qué procesamos y qué hacer con ello”…”Hace falta inteligencia y capacidad de aprendizaje porque siempre estaremos aprendiendo, siempre, pero sólo si nos han enseñado cómo aprender. O sea, a escuchar, a pensar, a tener curiosidad. Y no a ser sólo cerebros, sino manitas". (Castells, entrevista en El País semanal, 27 de febrero de 2000. pág. 14)

El futuro requerirá, como afirma Castells, educar al individuo para construirse una inteligencia curiosa capaz de manejar instrumentos y lenguajes cambiantes, pero también una identidad fuerte, flexible y segura para adaptarse a los cambios permanentes que constituirán, a partir de ahora, sus ecosistemas de actividad y de relaciones interpersonales.


I.1.3. UNA UNIVERSIDAD DE CALIDAD: FINALIDADES Y NECESIDADES DE CAMBIO


La necesidad de innovación universitaria está en el debate tanto de la propia comunidad universitaria como de las administraciones públicas nacionales y de los organismos supranacionales. Según afirma Bricall (2004), la Universidad, a nivel mundial, asiste a uno de los más significativos cambios de su historia, y de esta transformación están siendo conscientes, en mayor o menor medida, sus protagonistas: los universitarios y las universitarias. De los estudios previos realizados al respecto se deduce que las universidades europeas desempeñan, en la sociedad de la economía y el conocimiento, un papel de la máxima relevancia, ya que en ellas reside el 80% de la investigación; el 34% de sus investigadores; más del 20% de los europeos profesionalmente activos tienen estudios universitarios y más del 60% de los jóvenes actuales reciben, o recibirán en los próximos años, formación en ellas.

Es necesario que en la transformación que se proponga se estudie detenidamente la relación empresa-universidad, porque ésta debe ser fluida y positiva, sin que ello signifique dependencia o sometimiento a modelos de actividad y valores no siempre idóneos o justos. La universidad debe mantener su autonomía tanto frente a los poderes económico-industriales, como respecto de los político-administrativos, porque ésta se debe a la sociedad en general y no sólo a uno de los sectores de la misma.

La función formativa de la universidad ya no debe dirigirse únicamente a la preparación de jóvenes para el ingreso en el mundo laboral, ni a la formación sólo de las elites, sino a toda persona que desee o necesite readaptar su desempeño profesional con nuevos aprendizajes que le ayuden a no estancarse ni laboral ni personalmente, en un mundo en cambio. En este mismo sentido, para la Universidad española es un reto urgente establecer mecanismos que posibiliten la adquisición y domino de una segunda lengua, tanto por lo que respecta a las posibilidades de movilidad laboral, como por lo que tiene que ver con las de expresión, comunicación y colaboración con las personas y los pueblos.

Por otra parte, debe tenerse presente que la Universidad es un servicio que se presta a la sociedad y que tiene encomendadas también otras funciones distintas de las estrictamente relacionadas con el mundo laboral, e igualmente necesarias. La Educación Superior es el espacio también de la formación humanística, en el que se aprende el método científico, se adquieren y perfeccionan competencias humanas en general y se desarrollan valores, con la mirada puesta en la capacitación de las personas para intervenir activa y críticamente en la compleja vida social, política y económica.

Todo lo anterior plantea grandes retos económico-financieros a las universidades, pero también retos de transformación de sus estructuras y dinámicas, a todos los niveles, desde el gobierno hasta la actividad cotidiana de sus miembros nucleares: docentes, investigadores y estudiantes. Todo ello reclama de la Universidad actual la necesidad de innovación en el sentido de hacer, a esta vieja institución, cada vez más libre, abierta, flexible y comprometida con el progreso de las personas y las comunidades. De esta manera se refuerza, igualmente, nuestra posición respecto del proyecto de construcción de un Espacio Europeo de Educación Superior, que debe realizarse con principios de independencia crítica, reflexividad y oportunidad para optimizar lo bueno que ya existe, eliminar lo obsoleto e incorporar lo necesario.

El profesor Michavilla (2004, págs. 182-186) resume en un “decálogo de la buena universidad” ciertos principios y condiciones exigibles. Inspirándonos en dicho catálogo, enunciaremos el horizonte de deseabilidad que queremos que dé sentido y finalidad a la innovación de las enseñanzas en nuestras universidades:



1. Una buena universidad requiere estructuras flexibles y diversificadas, tanto humanas como tecnológicas y de funcionamiento, siempre preparadas para su permanente optimización. Estructuras que permitan la interdisciplinariedad y la complementariedad, distinguiendo las funciones de gobierno y gestión de las estrictamente académico-científicas, y ordenando sus actividades de acuerdo a los principios y valores que la constituyen. Debe, en este sentido, colocar la docencia y la investigación como los objetivos generales de la institución, y los valores de la paz, la educación para la ciudadanía y el progreso social, en los niveles más altos de una escala que debe incluir, en lo concreto, el respeto a las personas y a sus derechos como aspectos ejemplares de la convivencia en su interior.

2. Una buena universidad debe ser parte, y percibirse como tal, de un entorno cultural local, regional, nacional e internacional, del cual se alimenta y al cual contribuye con sus funciones y actividades, proporcionando una oferta pública de conocimiento actualizado, tanto teórico como práctico. Un conocimiento basado en la producción científica propia y ajena que brinde a usuarios de su entorno inmediato (presencial) así como de su entorno lejano (virtual) un conocimiento relevante. En nuestro caso, es importante pensar en las personas y comunidades con las que nos unen lazos históricos, lingüísticos y culturales, con los que tenemos una deuda histórica de ayuda y cooperación para el desarrollo. Oferta de conocimiento, competencia y dominio profesional focalizada tanto a la formación superior de jóvenes para su ingreso en el especializado mundo laboral, como a cualquier ciudadano y ciudadana en cualquier estadio de su ciclo vital que desee seguir aprendiendo.

3. Una buena universidad, adecuadamente financiada por las administraciones públicas, debe disponer de dispositivos de evaluación permanente de la calidad de sus procesos y de sus resultados esperados, así como de instrumentos funcionales de control externo para que la sociedad, a la que sirve, ejerza de forma saludable y optimizadora la supervisión que todo servicio público requiere. Supervisión que debe dirigirse a ir adecuando sus funciones y sus actividades a las demandas de la ciudadanía, con la que debe compartir los valores universales de la paz, el progreso, la justicia y la democracia. El compromiso de las universidades con la sociedad exige de aquéllas el establecimiento de dos condiciones claves: la existencia de procedimientos rigurosos y democráticos de rendición de cuentas y la transparencia.

4. Una buena universidad tiene que ocuparse -e invertir en ello buena parte de sus recursos humanos y económicos- de la formación previa e inicial de su profesorado; destinando a ello los trabajos, el conocimiento, y los procesos necesarios, con una perspectiva temporal idónea para no fracturar el proceso de creación, depósito y transmisión de sus saberes y competencias. Pero también debe poner en valor la importancia y la calidad de sus equipos docentes e investigadores (formación permanente), vigilando y optimizando las condiciones en las que se produce su actividad, los modelos de enseñanza-aprendizaje y el progreso y la adecuación de éstos a sus fines y funciones, incorporando, al máximo nivel, los recursos tecnológicos. De éstos, y en lo que se refiere a la enseñanza, se trata de incorporar plenamente las llamadas TIC, por lo que tienen de recurso para la optimización de las condiciones de intercambio y recreación del conocimiento y de instrumentos imprescindibles para el desempeño de las competencias profesionales de los futuros egresados y egresadas.

5. Una buena universidad debe tener una relevante y decisiva participación en la selección tanto de su profesorado como de sus titulaciones y perfiles de especialización para atraer al alumnado y, a través de ello, ir definiendo su propia identidad de institución superior de educación, innovación y desarrollo. Ello permitirá, igualmente, ir construyendo su específica y original oferta pública de conocimiento, tecnología y cultura en relación con las demandas de su entorno y con los objetivos estratégicos que se proponga. Para ello es imprescindible que ejerza un riguroso control y una revisión periódica de los contenidos de los programas, los modelos de enseñanza-aprendizaje y la adecuación permanente entre ambos, activando los dispositivos, instrumentos y recursos necesarios, con el máximo respeto a la actividad y dignidad académica de sus docentes pero sin cortapisas ni convenciones obsoletas.


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