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¿Disidentes o mercenarios? Hernando Calvo Ospina Gracias por su apoyo y cariño


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¿Disidentes O Mercenarios?
Hernando Calvo Ospina


Gracias por su apoyo y cariño:
Nabor Calvo, Elvia Ospina, Tijl Declercq, Paula Andrea Calvo, Sara, Menno y Jana Steel, Koen Steel, Karine Álvarez, Annemie Verbruggen, Pedro y Odile, Manuel y Alina, Antonio y Anita.

A Rosita, la abuela más linda de La Habana.

A Alfi, por su afecto en Miami.

NOTA A LA EDICIÓN CUBANA


Cuando con gran alegría comentamos a varias amistades que una editorial cubana estaba interesada en publicar este trabajo, luego de felicitarnos nos soltaron un .pero.. No podemos negar que nos hicieron sentir la espinita de la duda al preguntarnos: .pero, ¿están seguros que no les van a pedir sacar algunos apartes? ¿Qué no entrará la cuchilla de la censura?.

Y no podríamos decir que no le censuraron ni una coma. Pues algunos de estos signos nos fueron propuestos para que desaparecieran del texto original, caprichos de la editora, y fueron negociados. Pero fue todo. A pesar de que en buena parte de las entrevistas que se encuentran en el interior existen ataques muy fuertes y hasta vulgares contra el pueblo cubano, la dirigencia y su Revolución, primó la ética profesional.

No nos sucedió como, por ejemplo, con una importante editora francesa quien nos propuso una interesante cantidad de dinero como derechos de autor, pero con un .pero. de por medio. Para ayudar a las ventas, debíamos incluir al menos cuatro páginas que criticaran, principalmente, a Fidel Castro. La prensa basaría la promoción en esos párrafos. Agradecimos el almuerzo a que nos invitaron y salimos de ahí para entregarle los originales a una modesta editora en Bélgica.

Claro, entendemos la propuesta hecha por esa editora, porque son los medios de comunicación masiva quienes mueven el mercado. Y para el noventa y ocho por ciento de la prensa en el mundo decir algo que mínimamente favorezca o le dé la razón a la Revolución cubana, es un pecado que llegan a sentir como traición a la conciencia.

Cuba es rentable por sus pecados, sean reales o no. Se puede comprobar fácilmente que el periodista preferido de los jefes de redacción, en esos grandes medios de información mundial, es aquél que logra montar circos con Cuba. Para ser objetivo es obligatorio que en una cuartilla, como mínimo, exista alguna crítica. Y a veces leyendo el texto, se nota que es forzada o fuera de contexto.

Y también es comprensible la actitud de ese tipo de periodistas que se prestan, o se regalan, a esas prácticas: ellos tienen que comer.

Y no es que creamos que la Revolución cubana no tenga fallas. De pronto le tenemos más críticas que una buena cantidad de colegas en el mundo. Pero la miramos con respeto: no morboseamos con ella ni queremos ganarnos un plato de lentejas a costa de sus problemas.

Sabemos que criticar es muy fácil y construir es bien difícil. Y aquí, aunque con dificultad, se lucha por construir una sociedad que tenga al ser humano como centro del proyecto.

Este libro ha recibido una gran censura en los medios informativos europeos. Esto nos ha enorgullecido porque quiere decir que no mentimos con la información y/o la documentación presentada, ni tergiversamos las palabras de nuestros entrevistados: porque ni éstos han podido decir algo en contra. La mayoría de ellos, acostumbrados como están, tan solo se han atrevido a amenazar con demandas judiciales. Ellos saben que casi toda la bibliografía proviene de las propias organizaciones contrarrevolucionarias, así como de instituciones del gobierno de Estados Unidos.

Vale la pena anotar que esta edición contiene alguna informaci ón adicional, al igual que las versiones en inglés e italiano, aunque no difiere mucho de la publicada en España. Tampoco es una actualizaci ón porque si seguimos incluyendo lo que día a día se trama contra Cuba dentro de la temática abordada, terminaríamos haciendo una enciclopedia. Y la esencia de .El complot. (como se titula en lengua neerlandesa) está ahí, latente, viva y coleando.

Por último, a los lectores cubanos queremos pedirles disculpas por el extravío del anexo fotográfico, y ser nosotros, extranjeros, quienes toquemos un tema tan sensible. Mas no por ello nos consideramos

.especialistas. en Cuba, menos .cubanólogos.. Tan sólo quisimos repasar un aspecto de la estrategia que Estados Unidos implementa en su agresión contra la soberanía de Cuba. Estrategia que se enmarca dentro de un plan global, que ese poderoso imperio desarrolla para lacerar los procesos populares y liberadores en el mundo.


Los Autores

UN POCO DE HISTORIA: 1959-1979

Antes del amanecer del primero de enero de 1959, el dictador Fulgencio Batista salió huyendo de Cuba. Ya nadie lo quería, ni la gran burguesía, ni la mafia, ni los estadounidenses:1 ya no servía. La noticia tomó de sorpresa a buena parte de los cubanos. En La Habana, el pueblo empezó a destrozar los parquímetros por ser símbolo tributario de la dictadura, pero los .Barbudos. guerrilleros empezaron a poner orden. Cuba se volvió un jolgorio. Aunque la minoría privilegiada por la riqueza miraba con recelo ese frenesí. No era para menos: el joven Fidel Castro, a quien el pueblo reconocía como máximo líder, había prometido cambiar muchas cosas. Y con el respaldo y participación de las mayorías empezaron a transformarse, rápidamente, las esenciales.

Es indiscutible que al triunfo de la Revolución, las estadísticas mostraban un ingreso per cápita muy alto. Pero una cosa era el ingreso y otra si cada cubano recibía su parte. Como se había ofrecido al pueblo, las primeras leyes que se dictaron apuntaban a que el per cápita pasara del papel a la realidad. Y que ese nuevo gobierno empezara a dar alimentación, educación y salud, a partes iguales, se consideró como una manipulación, pues se .jugaba hábilmente con los sentimientos de las masas., han dicho muchos enemigos de la Revolución.2 Los revolucionarios habían advertido tempranamente: la distribución de riquezas y el significado de soberan ía van a cambiar. La aristocracia cubana, urbana y rural, no lo creyó. En Washington apenas se sospechó. Entonces sucedió lo que debía suceder. .Para junio de 1959, el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), había intervenido cuatrocientas fincas privadas, y para diciembre del mismo año se habían establecido cuatrocientas .tiendas del pueblo. y cuatrocientas ochenta y cinco cooperativas..3 Y un año después se habían nacionalizado trescientas ochenta industrias y corporaciones estadounidenses y del gran capital cubano.

Un país subdesarrollado no podía tomarse ese derecho. Menos, perteneciendo al patio estadounidense. Peor cuando los designios del imperio habían decidido, desde siempre, que Cuba era una extensión natural de su territorio. Se estaba atentando contra intereses sagrados como, simple muestra, los de William Pawley, dueño de la Compañía de Gas de La Habana, además de asesor del presidente Dwight Eisenhower para los asuntos cubanos;

del coronel J.C. King, jefe de la División del Hemisferio Occidental de la Agencia Central de Inteligencia (Central Intelligence Agency, CIA, siglas en inglés), asociado de Pawley y con bastantes inversiones en la Isla. Sin olvidar los inmensos negocios que poseía la mafia ítalo-estadounidense, conocida como Cosa Nostra, encabezada por Meyer Lansky y Santos Trafficante.

Entonces había que actuar urgentemente. Y eso se estaba haciendo.

El 10 de marzo de 1959, la agenda secreta del Consejo de Seguridad Nacional (National Security Council, NSC, siglas en inglés), tenía incluido como uno de sus puntos principales llevar al poder a otro gobierno en Cuba. Hasta la revista Time, del 6 de abril de 1959, se sintió ultrajada debido a la actitud independiente asumida por los gobernantes de ese trozo de territorio caribeño:

.El neutralismo de Castro es un desafío a EE.UU... Es entendible:

no suena bien un No, cuando la rutina ha sido .Yes, Sir..

Cuba debía volver a su cauce normal, sin importar los medios. Y éste era un anhelo compartido por aquellos cubanos que siempre habían soñado ver a la que llamaban .patria., como otra estrella de la bandera estadounidense.
No se había instalado totalmente el gobierno revolucionario, y ya se maquinaba en su contra. Desde la isla vecina, Dominicana, bajo el auspicio del dictador Leónidas Trujillo, con la bendición de Washington, se organizó la .Legión Anticomunista del Caribe.. Eran como ochocientos mercenarios: cubanos, franceses, españoles, belgas, y de otras nacionalidades, que se preparaban a invadir Cuba. Para desgracia de la .Conspiración Trujillista., la primera avanzada conformada por cubanos, lógicamente, fue capturada. Eran los meses finales de

1959 y el complot se fue a tierra, pero por la misma fecha ya se preparaba la Operación 40, primer plan integral que la CIA organizó para acabar con la germinal Revolución. Integral, porque se complementaban las operaciones militares y terroristas, con la guerra ideoló-

gica y psicológica; la presión diplomática con la económica.

Pero a pesar de contar con todos los recursos inimaginables, se falló. Y principalmente porque Estados Unidos nunca logró organizar grupos contrarrevolucionarios consistentes en el interior de Cuba. Por prepotencia se menospreció lo esencial: era la mayor ía del pueblo quien quería esa Revolución, y apoyaba a su dirigencia. Además, el nuevo gobierno sabía a quien estaba enfrentando, y sin tardanza organizó un escudo. Así nacieron, en

1960, los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), que son asociaciones de vecinos para la vigilancia: .Apoyaban a la Seguridad del Estado proveyéndola con información constante sobre toda actividad sospechosa a nivel de cuadra..4 Poco a poco, pero decididamente, la asonada fue siendo aislada y aniquilada, al negársele los recursos para que se nutriera. Los cabecillas caían uno tras otro. Todos esos reveses se han justificado de varias maneras. La más triste dice así: .Desde el comienzo los conspiradores tuvieron mala suerte..5

Y ante la imposibilidad de lograr un mínimo apoyo social, la contrarrevolución decidió incrementar los ataques terroristas.

El 4 de marzo de 1960, el barco francés La Coubre, que conducía armas desde Bélgica, hizo explosión en la Bahía de La Habana. Murieron setenta y cinco personas y doscientas quedaron heridas. Avionetas procedentes de la Florida lanzaban bombas incendiarias, que estallaban contra ingenios, plantaciones y empresas. Desde lanchas rápidas ametrallaban pueblos de la costa, hundían embarcaciones y secuestraban pescadores. No había ningún respeto por la población civil. Algunos, como Carlos Alberto Montaner y Armando Valladares, que hoy se pasean con aureola, camuflaban entre paquetes de cigarrillos el explosivo plástico, entregado por la CIA, que hacía arder almacenes de la capital.
Todos los informes le confirmaban al presidente Eisenhower que, día a día, perdía estratégicamente el control sobre la Isla. El mandatario, como primera medida, ordenó que se aumentara el apoyo a los grupos contrarrevolucionarios. Y dio luz verde, en marzo de

1960, para que la CIA preparara un asalto militar a gran escala.

Disposición ratificada por su sucesor, John F. Kennedy. Pero Estados Unidos no quería figurar de nuevo como invasor. Si para imponer sus intereses se había visto .forzado. a enviar .marines. a Nicaragua, República Dominicana, Guatemala, etc., en este caso no lo creía necesario, para eso contaba con algunos miles de cubanos mercenarios. Lo único necesario, como formalismo, era que estos conformaran una especie de estructura política unitaria en el exilio que, llegado el momento, fuera reconocida internacionalmente como gobierno transitorio. Pero con todas las ambiciones grupistas y personales en juego, a la CIA no le resultó fácil lograrlo. Aunque al Consejo Revolucionario Cubano lo conformaron sólo cinco grupos, Allen Foster Dulles, director de la CIA, le informó al presidente Kennedy que sería una tarea bien difícil .establecer un gobierno cubano en el exilio que unificara a 184 organizaciones anticastristas

..6 Era que también las dádivas hacían que tres o cuatro personas crearan su grupo, dentro y fuera de la Isla, aunque semejando un fantasma: aparecían y desaparecían.

Al fin, el engendro de unidad tuvo su parto. Desde la presentación en público, el Consejo contó con un exagerado espacio en la gran prensa. Los medios informativos no podían actuar diferente ante lo que se erigía como alternativa al insolente gobierno de La Habana.

Qué importaba si uno u otro de esos grupos apenas tenía una mínima base social en el interior de Cuba: como máximo unas personas y una sigla. Al fin y al cabo el Consejo era sólo una vitrina para vender al exterior. Qué importaba si ninguno de los líderes del Consejo tuviera voz ni voto en lo que preparaba el imperio contra su patria. Si cuando se retomara el poder, de Washington recibirían un pedazo de pastel gubernamental. Qué importaba si los dirigentes del Consejo no se soportaban entre sí: .Nosotros nos desconfiá-

bamos los unos de los otros, pero teníamos una gran confianza en los americanos..7 Ciertamente. No era un simple caso de dependencia militar o política. No: servilismo moral y psicológico.

Así se estableció en Miami una de las oficinas más grandes que ha tenido la CIA en toda su historia, con la misión central de reclutar y pagar, naturalmente, a los cubanos que quisieran ir a invadir su propio país. Según lo demostraron investigaciones posteriores, un joven oficial de la CIA, futuro presidente de la nación, George Bush, sería uno de los enganchadores.8 Cada mercenario recibía un número de matrícula.

La lista comenzaba en el 2 500 para dar la idea de una gran fuerza numérica. Para la preparación militar se establecieron campamentos en la Florida y Centroamérica. Durante un entrenamiento la brigada tuvo su primer muerto, el 2506, y en su memoria llevó ese nombre. Inicialmente se destinaron trece millones de dólares para financiar la operaci ón invasora, parte de ellos procedentes del tráfico de opio que la CIA tenía establecido a partir del Triángulo de Oro.9

Cuando el 3 de enero de 1961 Washington, unilateralmente, rompe relaciones diplomáticas con Cuba, y el 17 prohíbe a sus ciudadanos visitar la Isla, es de imaginar que los enemigos de la Revolución se sintieron extasiados. Pero el 16 de abril en Wa- shington, Miami, Europa, y quién sabe donde más, la saliva debió de haber bajado con dificultad por las gargantas de esos. Fidel Castro, al momento que daba el último adiós a varios soldados muertos por bombardeos de la aviación estadounidense, proclamaba el carácter socialista de la Revolución.

Pocas horas faltaban para que barcos y aviones, transportando unos mil quinientos mercenarios, estuvieran rumbo a Playa Girón.

Los estadounidenses, de Kennedy hacia abajo, estaban seguros que los invasores contarían con el respaldo mayoritario del pueblo cubano. Por intermedio del Consejo Revolucionario Cubano hab ían enviado tantos dólares para comprar almas en la Isla, que no se podía fallar. El objetivo era que la brigada mercenaria se hiciera fuerte en las zonas próximas al desembarco, desarrollando una guerra de desgaste. Al empezar el levantamiento general, se proclamar ía el gobierno provisional, el cual sería reconocido internacionalmente sin ningún problema. Pero lo que encontraron fue un ejército, apoyado por las milicias, que en pocas horas tuvo la fuerza invasora a las puertas del infierno. Estaban tan confiados, todos, que ni siquiera calcularon un plan de evacuación en caso de ser derrotados. Ni sirvió que, al desembarcar, el primer hombre que tocara playa no fuera precisamente un mercenario cubano, sino un veterano oficial estadounidense, William Rip Robertson.

.La suerte estaba echada. Al amanecer del día 19, las últimas unidades de la Brigada se desmoronaron ante la superioridad enemiga

[...] Casi un centenar de brigadistas había muerto en la invasión, otro centenar fue herido y más de un millar capturado..10 Los invasores nada pudieron hacer contra el valor de un pueblo que defend ía, gratis, su soberanía recién conquistada.

Cuando los mercenarios cubanos comprendieron que los estadounidenses no se arriesgarían a ir más lejos, olvidándose que venían a .liberar. la patria, .se les quitaron en ese momento, las ganas de combatir..11 Pero eran tan sólo parte de la humillación militar más grande recibida por el imperio hasta ese momento en el continente.

Mientras tanto, Fidel Castro y sus .Barbudos. adquirían la imagen del David que había golpeado a Goliat. .Un Castro super-macho, audaz y rebelde, que podía derrotar a un imperio en su propia frontera.


Días después, el 24 de abril, Kennedy reconoce la responsabilidad de la agresión mercenaria. Pero al día siguiente da inicio a la verdadera agresión, esa misma que persiste hasta hoy: el embargo comercial total.

13 Aunque desde octubre de 1960 se venía produciendo. El 7 de septiembre, el Congreso de Estados Unidos aprueba una medida que privaría de ayuda a cualquier país que asistiera a Cuba, a menos que el presidente determinara que dicha asistencia servía a sus intereses. Así el gobierno estadounidense empezaba a inmiscuir a las naciones del mundo en .su guerra. contra Cuba sin encontrar mayor resistencia.

¿Y los mercenarios? Cuando se creían en camino al paredón por ser

.parte de una invasión militar organizada y respaldada por una potencia extranjera.,14 son liberados. Mejor, intercambiados por medicinas, alimentos, y equipos agrícolas. Volvieron a casa, a Miami, en la navidad de 1962. El 29 de diciembre se celebró un acto para homenajearlos.

En él estuvo presente el presidente Kennedy y su esposa Jacqueline.

Ésta se refirió a los mercenarios como .los hombres más valientes que existen en el mundo.. Luego, cuando los jefes entregaron al mandatario la bandera de la brigada, éste prometió devolverla .en una Habana libre.. Los contrarrevolucionarios ovacionaron al presidente. Quince años más tarde, la asociación de ex brigadistas pidió al Museo Kennedy que le fuera reintegrada, pues la palabra no había sido cumplida.

Se la devolvieron por correo.

Luego de analizar el informe sobre el fracaso de la invasión mercenaria y contrarrevolucionaria, el presidente Kennedy crea un Comité Especial en el seno del Consejo de Seguridad Nacional. El orgullo de la nación estaba herido, y las principales instancias debían sanarlo. A tal punto, que el propio Fiscal general, Robert Kennedy, participó del Comité. Según documentos desclasificados, en la reuni ón del 4 de noviembre de 1961, el hermano del presidente anotó lo siguiente: .la idea mía es resolver las cosas mediante espionaje, sabotajes, desorden general, operados y dirigidos por los propios cubanos de todos los grupos, excepto batistianos y comunistas.....

Excepto batistianos, dada la mala imagen internacional, pero los contrarrevolucionarios deberían seguir poniendo la cara, aunque todos supieran que tan sólo eran un medio dentro de la estrategia global estadounidense.

En este Comité fue aprobada la Operación Mongoose (Mangosta)

encaminada, según anuncio del presidente el 30 de noviembre, a .utilizar los medios disponibles [para] ayudar al pueblo de Cuba a derrocar al régimen comunista, desde dentro del país, e instaurar un nuevo gobierno con el cual EE.UU. pueda vivir en paz..

Posiblemente era la primera vez que, en la naciente guerra contra el gobierno cubano, Estados Unidos ponía el acento .desde dentro del país., lo que pasaría a convertirse en una constante hasta nuestros días. Lo más importante ahora estaba en lograr un .desorden general

., que desembocara en el levantamiento popular interno. Cuando esto sucediera, los grupos de la contrarrevolución pedirían ayuda internacional, con el pretexto de proteger a la población de una masacre por parte del gobierno comunista. Ante ese clamor, acudir ían Estados Unidos y otras naciones del continente, pero bajo la bandera de la Organización de Estados Americanos (OEA). Se iba inventando lo que hoy se conoce como intervención humanitaria.

El inesperado desafío presentado por Cuba .más los brotes insurgentes en varios países del continente. supuso para los estrategas militares estadounidenses una inmediata revisión de la guerra ideológica. .Hemos gastado millones de dólares preparándonos para la guerra de las armas, pero muy poco en la guerra de las ideas., se lamentaba John Foster, Secretario de Estado del presidente Kennedy. Pero ya el director de la Agencia de Informaci ón de Estados Unidos (United States Information Agency, USIA, siglas en inglés), uno de los aparatos de propaganda ideológica más poderoso de Estados Unidos,15 tenía en camino la solución: .La simple introducción de la duda, dentro del cerebro de las personas, ya significa un gran éxito..16 Y en la Operación Mangosta se tuvo muy en cuenta este aspecto como parte del conflicto. Citemos apartes de lo que logró ser público:


Primero, crear un clima patético y motivar a las fuerzas para la liberación de Cuba; segundo [no legible en el texto desclasificado]; tercero, demostrar la preocupación por la situación de los refugiados [cubanos], particularmente los niños huérfanos; cuarto, demostrar el fracaso del régimen cubano para cumplir las promesas realizadas [...]; quinto, poner de realce las condiciones intolerables en Cuba, y la situación de los cubanos en la Isla; sexto [no legible]; séptimo, publicar que los ciudadanos comunes y no sólo los ricos, han huido de Cuba [...] [Para ello] se deberán utilizar todos los medios de comunicación masiva [...]. Retomar el ideario de Martí [...] Popularizar canciones mediante comerciales que aludan a estas consignas [...]17

Cambiando algunas palabras, esto podría ser un plan actual.

Pero la Operación Mangosta también incluía riegos químicos contra las plantas de caña, y otros productos agrícolas. Atentados contra el Comandante Fidel Castro, que iban desde el asesinato, hasta la caída de su barba, a la cual se achacaba su atracción hacia el pueblo. Para estas y otras acciones terroristas, la CIA se apoyó en el mundo del crimen, destacándose los poderosos mafiosos John Rosselli, Santos Trafficante y Momo Salvatore Giancana.

A fines de enero de 1962 Cuba fue expulsada de la OEA. Seguido, Estados Unidos pide a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que tome en cuenta la decisión de la OEA, para que sus integrantes presionen al gobierno revolucionario. Igualmente, pide a sus aliados que prohíban el comercio voluntario de materiales estrat égicos con Cuba y reduzcan el comercio en general con ese país.

Casi todos los gobiernos del mundo aceptaron de buena gana la petición.

Mientras tanto, la CIA infiltraba en Cuba varios equipos de agentes para unificar y entrenar, en tácticas de sabotaje y sistemas de comunicación, a los focos contrarrevolucionarios.

Acababan de ser derrotados los últimos reductos de la fuerza mercenaria, cuando Kennedy daba respuesta a una nota de advertencia soviética, en el sentido de que otra agresión militar a Cuba podría poner en peligro la paz mundial. El presidente negar ía, nuevamente, que Estados Unidos tuviera la intención de invadir a Cuba. Pero dejó claro que: .aunque se abstiene de una intervención militar directa, el pueblo de EE.UU. no oculta su admiración por los patriotas cubanos..

En los comienzos de 1962, como parte de la Operación Mangosta, se inicia un reclutamiento masivo para conformar .Unidades cubanas. del Ejército estadounidense. Como reconocimiento al favor prestado, a los vencidos de la Brigada 2506 se les ofrecía ingresar con el grado de oficiales.

El gobierno revolucionario comprendió que se aproximaba una nueva tentativa de invasión. Si Estados Unidos utilizaba de verdad su poderío militar, sería difícil mantener viva la soberan ía. Pero por lo menos debería recibir contundentes golpes antes de que se volviera a apropiar de la Isla. Se debía, entonces, encontrar armamento pesado. Y la Unión Soviética lo facilitó.

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