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Discurso de recepcion al académico don jorge hidalgo lehuede pronunciado por el academico don carlos aldunate del solar, en la junta publica de la academia chilena de la historia celebrada el martes 11 de noviembre de 2008


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DISCURSO DE RECEPCION AL ACADÉMICO DON JORGE HIDALGO LEHUEDE PRONUNCIADO POR EL ACADEMICO DON CARLOS ALDUNATE DEL SOLAR, EN LA JUNTA PUBLICA DE LA ACADEMIA CHILENA DE LA HISTORIA CELEBRADA EL MARTES 11 DE NOVIEMBRE DE 2008.

 

    Es para mí un honor y un verdadero agrado recibir en esta institución al destacado investigador Jorge Hidalgo Lehuedé, quién además es un gran amigo con el que hemos compartido intereses, aventuras y largas conversaciones profesionales y personales a través de varias décadas.



 

    Hace casi 120 años, don José Toribio Medina publicaba “Aborígenes de Chile”, obra sin precedentes que tal como decía su autor: “recorre este camino sin más auxilio que su propio criterio”. Es extraordinario como Medina tan tempranamente estaba al día en las investigaciones geológicas, y geográficas europeas, que en ese entonces estaban formando la base de la arqueología científica. Incluso mantenía correspondencia con Lubbock, Usher y Lyell, los primeros en enunciar el principio de la estratigrafía. Suma datos zoológicos y paleontológicos, haciendo de su prehistoria un estudio interdisciplinario. Enuncia principios que se utilizan hasta hoy en los estudios antropológicos, como la observación participante y el punto de vista émico, al señalar que hay que “recuperar los objetos de procedencia de las antiguas civilizaciones para apreciarlos a la luz de los dictados de nuestra edad, tratando de vivir, si es posible, en medio de aquellos pueblos primitivos para darnos cuenta cabal de sus adelantos y necesidades”. Es ésta la obra seminal de los posteriores trabajos arqueológicos y antropológicos que se harían en Chile.

 

    La arqueología científica que surgió desde los inicios del S XX en Chile, no usaba datos documentales ni históricos en la interpretación de los restos materiales. Cómo esta disciplina nace de un estrecho contacto con las ciencias naturales, consideraba que los datos había que interpretarlos sólo con respecto a sus contextos, con métodos científicos propios de las ciencias duras. Se  limitaba la excepcional utilización de datos históricos y etnográficos sólo para los últimos momentos de la época prehispánica. El resultado de este proceso fue un mosaico de diferentes culturas y periodificaciones, sin hilación histórica, usando  un lenguaje poco amable para las ciencias sociales y que poco contribuyó a la divulgación de la prehistoria de Chile.



 

    Y es que el estudio del pasado de los pueblos amerindios a través de documentos reviste complejidades que en ese entonces limitaban su uso, pero que hoy ha solucionado la Etnohistoria. En general, estas sociedades no dejaron testimonios escritos de su existencia y comprenden su origen y desarrollo de manera diferente a cómo lo hace la historia occidental. Los documentos coloniales que tratan de indígenas están sesgados por los intereses de la corona o de los encomenderos, que en general sirven a sus intereses, por lo que necesitan una crítica rigurosa, utilizando las ciencias y métodos antropológicos. Este proceso difícil de hacer la historia de los vencidos a partir de documentos de los vencedores, no sólo ocurrió en América, sino en otros lugares como en África, cuando sus pueblos trataron de encontrar su propia historia, al recuperar su independencia de las estructuras coloniales europeas.

 

    Es sólo a partir de inicios de la década de 1970 cuando se inauguran en Chile los estudios de Etnohistoria, precisamente con los primeros trabajos de Jorge Hidalgo acerca de las “Poblaciones Protohistóricas del Norte de Chile”. En estos últimos 40 años, con sus investigaciones y la búsqueda incesante de fuentes, Hidalgo ha logrado demostrar que los pueblos indígenas no sólo fueron víctimas y sujetos de la conquista y colonización de América, sino que también reaccionaron contra la sociedad colonial, transformaron sus instituciones políticas y sociales a las nuevas condiciones y, en definitiva fueron sujetos de su propia historia.



 

    La perspectiva antropológica obliga al etnohistoriador a someter sus  fuentes documentales a una minuciosa labor de enorme rigor. Ello  les exige estudiar unidades reducidas y casos concretos que, si bien los limita en una visión general, los acerca a la realidad y los provee de materiales mucho más ricos en profundidad. Bajo estas condiciones metodológicas, Hidalgo ha restringido sus estudios a las sociedades del norte desértico de Chile, un territorio marginal a los intereses de la Corona y de los encomenderos y que se suponía escaso de documentos para estudiar los pueblos que allí habitaban.

 

    Como afirma su discípulo, C. Santoro (2004), Jorge Hidalgo ha logrado “poblar” este “desierto documental” a través de una búsqueda incesante de documentos en archivos de Chile, Perú, Bolivia, Argentina, España, Inglaterra y Estados Unidos de Norteamérica.



 

    Su obra ilustra diferentes ámbitos de la sociedad colonial indígena, como la demografía, organización social y política de estos pueblos, el tema de las lenguas aborígenes, las reacciones indígenas a la dominación española y las reacciones de las autoridades coloniales a eventos de resistencia indígena.

 

    Entre los aportes de Hidalgo al conocimiento de estos pueblos, me permitiré relevar algunos que considero especialmente destacables:



 

-         Hidalgo es el primer autor que propone la existencia de una organización dual para las sociedades del Norte Chico. Este sistema político y social que se encuentra representado en diversos grupos humanos, da origen a una singular división de la sociedad en mitades, cada una de ellas con jefaturas distintas, vinculadas entre sí por un sistema de tensiones y complementaridades que la mantiene estable y controlada.   Hidalgo descubre en las referencias de tempranas crónicas españolas menciones de parcialidades y señores de arriba y abajo de los valles y  vincula a esta forma de organización social con aquellas de los Andes Centrales, donde existía un sistema similar. Una hipótesis válida para incluir a aquellos pueblos dentro del amplio abanico de las sociedades andinas.

 

-         Otro aporte importante son los estudios demográficos, que inicia a partir de crónicas y complementa con el ulterior estudio de visitas y revisitas coloniales. Estos trabajos hacen una crítica a otros de este género, introduciendo criterios, a veces antropológicos, como los sistemas de asentamiento indígenas que se basaban en que una comunidad ocupaba diferentes territorios y otros, como cambios de criterios censales.  Comprueban estos trabajos que los indígenas no sólo disminuyeron por lo que se ha llamado el “trauma de la conquista”, por enfermedades, pestes y traslados de encomiendas, sino también por otros mecanismos, como reacciones ante abusos de encomenderos que hacían que éstos huyeran y se instalaran como forasteros en otros pueblos o como yanaconas en haciendas.



 

-         Un tema relevante en la obra de Hidalgo son las rebeliones indígenas en el norte de Chile, que otra vez vinculan a las sociedades de esta zona con los grandes procesos de resistencia, ocurridos en los Andes Centrales y el Altiplano Andino, liderados por los héroes indígenas, Tupac Amaru y Tomás Catari. En varios trabajos el autor demuestra cómo estos movimientos pan andinos, productos de las mayores presiones establecidas por las Reformas Borbónicas, llegaron a Atacama y se extendieron a Tarapacá y Arica. Se rescata la figura del líder local, don Tomás Paniri, principal de Ayquina, quién recibe el mensaje rebelde y lo esparce por un extenso territorio. Paniri, un analfabeto que hablaba varias lenguas indígenas y dominaba el castellano, fue capturado, hecho prisionero y ejecutado por las autoridades hispanas en Iquique. Estudia el autor los aspectos milenaristas y mesiánicos de este proceso de rebeliones que cunde por todos los Andes, vinculando a Atacama, Tarapacá y Arica con Cusco, Chayanta y La Paz.

 

-         Diferentes estudios de cacicazgos ponen de relieve a esta institución colonial-indígena expuesta a fuertes presiones de las autoridades de la Corona, que producían tensiones internas dentro de las comunidades que estos líderes representaban. Se estudian las repercusiones de las reacciones indígenas a estas presiones.



 

-         Las investigaciones acerca de la evolución de las lenguas indígenas en Atacama, demuestran el uso tardío del cunza, la lengua local, junto a lenguas generales como quichua, aymara y otras lenguas andinas; el conflicto que se produce con el castellano, los esfuerzos de las autoridades borbónicas por imponer esta última lengua, que culminan con el establecimiento de una escuela laica castellanizante, un elemento básico en la ulterior desaparición de las lenguas vernáculas.

 

-         Hidalgo también rescata figuras de importantes autoridades del XVIII como el corregidor Argumaniz de Atacama, que funda el pueblo de Toconao y urbaniza el de San Pedro. También estudia la obra del primer corregidor de Tarapacá, Antonio O´Brien, hábil cartógrafo, ingeniero y metalurgista que hace innovadores proyectos de regadío de tierras desérticas y estudios en el mineral de plata de Huantajaya, explotado ya desde épocas incaicas.



 

    En suma, los trabajos de nuestro autor vinculan a las sociedades que habitaban el norte de Chile con la Historia Andina, que abarca desde el sur de Ecuador hasta el Norte de Chile, incluyendo el noroeste argentino y el altiplano perú-boliviano. En ellos, se rescatan las reacciones indígenas  ante las presiones del sistema colonial, la presencia y actuación de sus líderes.

 

    Algunos trabajos de investigación de Hidalgo han tenido repercusiones en la vida de las actuales comunidades andinas del norte árido. Por ejemplo, la publicación de una revisita del valle de Codpa, cerca de Arica, permitió a la comunidad de Ticnamar reclamar para sí tierras en ese valle cuyos títulos les eran desconocidos. Honda satisfacción para un investigador social que no siempre alcanza a ver la repercusión que sus trabajos tienen en mejorar la situación y los derechos de los pueblos que investiga.



 

    La obra de Hidalgo ha sido especialmente generosa al publicar no sólo sus aportes al conocimiento de las sociedades indígenas, sino además, las transcripciones paleografiadas de los documentos que ha encontrado después de largas estadías en repositorios de muchos países, poniendo estos documentos a disposición de la comunidad académica que se interese en utilizarlos para otros objetivos.

 

    El reconocimiento científico internacional de la obra de Jorge Hidalgo, le ha valido participar en esfuerzos editoriales de significación continental e internacional, entre otros,  la Historia de América Latina de la Universidad de Cambridge, la Historia General de América Latina de UNESCO y la Guía de Fuentes Documentales para los Estudios Andinos de Dumbarton Oaks, Universidad de Harvard, además ha rcibido invitaciones a participar como profesor en diversas universidades latinoamericanas, la Universidad de Connecticut, Brown University y la Ecole Practique des Hautes Etudes, entre otros centros académicos.



 

    Uno de los aportes editoriales que más valoramos de Hidalgo en el ámbito de las ciencias antropológicas, es su temprano impulso para que diversos especialistas en estas disciplinas escribieran obras colectivas que pusieran al día el estado del arte en esos campos del saber, que antes estaba diseminado en un enjambre de pequeños opúsculos inencontrables. Bajo su experimentada dirección nació la obra Culturas de Chile, en dos volúmenes, dedicados respectivamente a la Prehistoria y a la Etnografía.  Estas publicaciones, que ya tienen más de 20 años, han sido reiteradamente editadas y probablemente deberán ser pronto renovadas, debido al vertiginoso avance que estas disciplinas han experimentado en este plazo.

 

    Entre sus actividades académicas, Hidalgo ha tenido una permanente labor docente y formativa de alumnos de pre y postgrado. Inició muy tempranamente estas actividades como Ayudante de la Cátedra de Historia de Chile; posteriormente asume la primera cátedra de Etnohistoria del país, dictada por la Universidad de Concepción; después en el departamento de Sociología de la Universidad de Chile, en la Universidad del Norte, Sede Arica. Es nombrado Profesor Titular en la Universidad de Chile y Director de Postgrados de esa misma casa de estudios, donde hoy ejerce como Decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades.



 

    En este ámbito quisiera resaltar sus aportes en la antigua Universidad del Norte, Sede Arica, hoy Universidad de Tarapacá. Llegado en los conflictivos años 70, en medio de una tremenda crisis política que desarma sus estamentos académicos, Hidalgo se propone formar una nueva generación de jóvenes investigadores que después asumirán la dirección de lo que hoy es el exitoso Departamento de Arqueología y Antropología y el Centro de Investigaciones del Hombre en el Desierto de esa universidad. Estas unidades académicas se encuentran calificadas entre las más prestigiosas de los Andes y sus antiguos discípulos siguen a su cargo. Al asumir la dirección de Chungara, en sus orígenes, una revista de la Universidad del Norte, sede Arica, Jorge Hidalgo le imprime las características que hoy la han convertido en la revista científica de corte antropológico más importante de Chile y una de las primeras del Area Andina en estar indexada en ISI (International Standard Index).

 

    Otra labor destacada de Jorge Hidalgo ha sido y es la formación de investigadores jóvenes en los programas de postgrado que ha dirigido en diversas universidades chilenas. Además, ha tenido la generosidad de incorporar a estos nuevos profesionales dentro de sus proyectos de investigación y darles autoría en las publicaciones que ellos han generado. Sus discípulos hoy forman una nueva generación de etnohistoriadores que pronostican un buen futuro para la etnohistoria chilena. Entre ellos cabe destacar a Alan Durston y María Marsilli, hoy profesores de distinguidas universidades de los Estados Unidos; Walter Delrio en la U. de Buenos Aires, Viviana Manríquez, Nelson Castro y muchos otros.



 

    El año 2002 se le encomienda a Jorge Hidalgo la delicada y compleja tarea de asumir la Vicepresidencia Ejecutiva y Coordinación Académica del 51° Congreso Internacional de Americanistas, realizado en Santiago de Chile en el año 2003, bajo el patrocinio de la Universidad de Chile.

 

    Un cargo administrativo que Hidalgo ejerce con especial dedicación y éxito es asumir el cargo de Conservador del Archivo Nacional y durante su período se crea el Archivo del S XX.



 

    Por sus aportes al conocimiento de la historia chilena, su labor académica, pedagógica y su preocupación por el patrimonio documental, Jorge Hidalgo ha recibido muchos premios, entre los que cabe destacar el Premio Nacional de Historia en el año 2004.

  

    Todo investigador es producto de la generosidad de profesores y académicos mayores que lo han formado. Jorge Hidalgo reconoce en Rolando Mellafe y Arnold Bauer el primer impulso que recibe para adentrarse en el apasionante camino de los archivos. Bajo su experimentada dirección aprende a extraer de aquellos complejos documentos, los escondidos datos que lo enriquecerán en el conocimiento de los pueblos indígenas. Sergio Villalobos confía tempranamente en sus capacidades, lo inicia en su carrera académica y lo anima a publicar su primer trabajo. Desde su primer encuentro en 1965, admira la elocuencia y erudición de John Murra de la Universidad de Cornell, gran etnólogo norteamericano y uno de los investigadores a quién más debe la Historia Andina. Murra, gran formador de discípulos, ve en Jorge Hidalgo un continuador de su línea de trabajos en los Andes del Sur y lo invita a talleres y seminarios que se desarrollaron en México, Perú, Estados Unidos y Chile, donde reunía a jóvenes investigadores de América para compartir los nuevos conocimientos, métodos y teorías históricas y sociales, fuente de sus futuros desarrollos profesionales. En fin, John Lynch, de la Universidad de Londres, uno de los más importantes americanistas de Europa, lo apadrina en su doctorado, proporcionándole un amplio marco histórico, de nivel continental para ubicar sus investigaciones.



 

 

    Recibiendo a Jorge Hidalgo Lehuedé, la Academia Chilena de la Historia se renueva y se ensancha, dando cabida a la Etnohistoria, que ya estuvo representada en su seno por el recordado Rolando Mellafe. Esta disciplina aún novedosa en Chile, que vincula aún más estrechamente la Historia con las demás ciencias sociales, es tan importante en países como los nuestros, que descansan sobre la base de un importante mestizaje.



Concluyo estas palabras con una observación de carácter muy personal. Arriesgándome a entrar en lo privado, me gustaría compartirles que junto a su esposa Marichen, que lo ha acompañado en todas sus aventuras, Jorge Hidalgo tiene una hermosa familia con dos hijos ya grandes e independientes. Sus dotes artísticas, a las que trata de dar satisfacción en escasos momentos de ocio y su búsqueda incesante de trascendencia, hacen de él un aporte humano, más allá de lo profesional, a nuestra institución.

 

 



                                                                                                    Carlos Aldunate


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