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Discurso 50 AÑos egreso curso águilas de oro


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DISCURSO 50 AÑOS EGRESO CURSO ÁGUILAS DE ORO

(GDA César Topali Frávega)


Hace exactamente 50 años ,7 meses y 21 días,  cruzamos  por primera vez esta puerta histórica y, hace algunos  minutos,   hemos vuelto a ingresar por el mismo lugar.

Pulcramente vestidos, 62 jóvenes quinceañeros, íbamos  traspasando este  pórtico, con la mente llena de sueños e ilusiones, prestos a enfrentar los desafíos que nos deparaba el futuro, tratando de entender este llamado de vocación que, a tan temprana edad, se había convertido en nuestro proyecto de vida.

Permítanme que la máquina del tiempo nos transporte a ese 19 de febrero de 1964.

Paso a paso fuimos ingresando y recorriendo estos jardines de la Escuela de Aviación, la gran mayoría acompañados de familiares y amigos. A medida que íbamos llegando al punto de encuentro, junto a oficiales, brigadieres e instructores militares, una suerte de corriente nos invadía el cuerpo y la voz se apagaba; era la sensación de que algo  nuevo y desconocido debíamos enfrentar.

Separados de nuestros acompañantes, comenzamos a escuchar las primeras voces de mando y luego de un breve pero intenso  tiempo de instrucción militar, éramos  capaces de formar, hacer giros militares y marchar al compás de la banda.

Se nos acababa el estilo propio y nos convertíamos en cadetes reclutas.

En marcial formación militar, aun vestidos de civil, nos presentamos ante el Sr Director de la Escuela de Aviación, Coronel de Aviación   Joaquín García Suárez, frente a una tribuna colmada de familiares que aplaudían incesantemente la presencia de sus hijos que ese día entregaban a la Fuerza Aérea.

Terminado el discurso de bienvenida del  Director, vino una rápida despedida de las personas que nos acompañaban, y de ahí directamente al corte de pelo - que algunos pedían algo más largo - y posteriormente se producía la entrega de bolsos  con vestuario militar.


Ya vestidos de uniforme, nada quedaba al azar, todo obedecía al reglamento de régimen interno, que no conocíamos, pero que intuíamos se debía cumplir.

Vendrían largas y extenuantes jornadas de instrucción militar, educación física, conocimiento de grados  y reglamentos y, por supuesto, algo de aporreo. Terminábamos cada día  agotados, deseando únicamente descansar y dormir.

Las horas de almuerzo, comida y posterior casino eran las más deseadas, momentos donde socializábamos compartiendo largas conversaciones y conocimiento de nuestras vidas anteriores.

Luego de varias semanas, y ya con un sello militar en cada uno de nosotros, pudimos reencontrarnos con nuestros familiares, amigos y algunas pololas; era la primera visita. No hubo persona que no se sorprendiera de nuestra actitud, de nuestra disciplina y respeto, y hasta del estirón que nos habíamos pegado.

Semana a semana las visitas eran esperadas como el más preciado regalo que nos podían hacer; cortas, pero muy emocionantes, al poder abrazar  y besar a nuestros seres queridos, para demostrar ese cariño y amor que, cuando uno está cerca de los suyos, no demuestra muy a menudo.
Llegando de vuelta de vacaciones los cadetes antiguos alteraron nuestra convivencia, imponiendo su condición de “más antiguos” en todo momento.

El 21 de marzo, aniversario de la Fuerza Aérea, llegó rápidamente, presentándonos como verdaderos soldados ante las máximas autoridades del país y de la Institución. La mayoría como fusileros y algunos en la banda de guerra. Al término de ese día, vendría la primera salida, aún de civil, situación que cambiaría radicalmente después de la revista de recluta, en donde nos presentamos al mundo civil orgullosamente vestidos de impecable uniforme.

Nuestro primer año de cadetes pasó raudo, asimilando día a día la formación militar, con la certeza de convertirnos paulatinamente en un mejor aviador.
Dos paradas militares tendríamos ese año 1964: el 19 de septiembre por las Glorias del Ejército y luego,  el 4 de noviembre, al asumir un nuevo Presidente de la República.

Con el término del año, vendrían las primeras bajas en el curso, principalmente por falta de adaptación a la vida militar.

Al inicio del año 1965, se incorporó al curso un grupo de 24 cadetes reclutas, que pasaron a aumentar la dotación del curso. Ser cadetes antiguos era lo máximo, nos sentíamos casi pilotos y con mando de reclutas.

Nuevamente el sinnúmero de actividades formativas, propias de un instituto militar, hizo que los meses volaran rápidamente, participando en una nueva parada militar  y el 2 de octubre, en la ciudad de Rancagua,  una formación especial para rendirle honores al Presidente de Francia, Charles de Gaulle.

Ya en tercer año de escuela, en 1966, ingresó una nueva camada de 13 cadetes reclutas al curso, que al terminar su periodo de instrucción militar, se integraron rápidamente a las actividades del resto de la escuadrilla.

Al igual que los años anteriores, pasaron los meses  con intensa actividad académica; formaciones militares y competencias deportivas inter- escuelas matrices, destacando algunos integrantes del curso en las disciplinas de esgrima, natación, atletismo y tiro al blanco militar.

Finalizado el año, la dotación del curso sufriría una fuerte atrición, producto de que terminábamos la enseñanza secundaria y varios decidieron retirarse y continuar sus estudios profesionales en la universidad. La completa preparación académica recibida durante su permanencia en la Escuela de Aviación, les permitió,  a la mayoría, ingresar  sin mayor dificultad a estudiar una carrera universitaria.

Una nueva etapa en nuestra preparación profesional se iniciaría el año 1967, al pasar al curso de Subalférez, condición que implicaría responsabilidad de mando al ser nombrados brigadieres de los cursos inferiores y la separación de clases según la especialidad definida entre las ramas del aire, ingenieros y técnicos.


Ese año, por última vez, ingresarían a completar la dotación del curso de Subalférez, 20 cadetes reclutas, con la enseñanza secundaria finalizada.

Para todos sería un año diferente, con mayores exigencias académicas, ya que  se iniciaba una preparación 100 % profesional y ,para  los pilotos, el inicio del vuelo en material Mentor T-34. En esta nueva etapa, junto a los  vuelos solos vendrían los bautizos en que participaba gran parte del curso, con un baño de aceite quemado y otras cosas para el recuerdo.

Terminado el año 1967, el curso fue promovido al último año de escuela, como Alféreces. Muchos desafíos quedaban aún por enfrentar, pero la motivación de estar próximo al egreso como oficiales, permitió cumplir con cada una de las nuevas exigencias que imponía  el proceso de formación integral y la conducción del cuerpo de cadetes, desde los diferentes grados jerárquicos y servicios que se debían desempeñar.

Las ramas terrestres continuaron con su intensa preparación académica,  orientada  a sus futuras especialidades, y los de la rama del aire, pasaron a una etapa nueva e histórica en la institución. Por primera vez, alumnos de la Escuela de Aviación, harían curso de Jet  T-37 y la habilitación de vuelo por instrumentos para, de esta forma, egresar como Pilotos de Guerra.

En diciembre de 1968, egresaban 26 Subtenientes, de los cuales 12 eran Pilotos y 14 formaron parte del escalafón terrestre.

Con el egreso vino la separación profesional del curso Águilas de Oro, continuando su preparación en la APA los Oficiales de las ramas terrestres y los pilotos de guerra distribuidos entre Antofagasta, Puerto Montt y Punta Arenas.

Esta etapa que iniciábamos como Oficiales en diferentes unidades y separadas geográficamente, no fue motivo de división del curso; al contrario, se continuó muy unidos e integrando a quienes optaron por continuar sus estudios superiores en la vida civil, a través de reuniones anuales cada 11 de octubre ininterrumpidamente, hasta el día de hoy.

Con el transcurrir del tiempo fuimos  destinados a diferentes unidades de la Fach a lo largo de todo Chile e incluso fuera del país, dejando una imborrable huella profesional en las diferentes áreas del quehacer institucional.

Formamos familias, tuvimos hijos y hoy somos felices abuelos.

Muestra de ello la constituyen los integrantes del curso que participaron en la radarización  del norte del país; otros, en el mejoramiento de las comunicaciones tácticas y estratégicas y en la actualización de los centros de operaciones aéreas. Los Ingenieros fueron parte de la modernización de aviones de combate, del armado y puesta en vuelo del avión Casa 101 y de la fabricación del avión de instrucción T-35 “Pillán”, todos aún en el inventario de diferentes unidades. Por su parte, varios pilotos serían los primeros en hacer cursos  y volar material aéreo de última generación, como helicópteros SA 330 Puma, aviones de combate M-50 y F-5; transporte pesado Boeing 727 y 767.

Al curso también pertenecen personas que en el ámbito civil  han entregado toda una vida al engrandecimiento de este país: importantes empresarios, destacados profesionales, altos ejecutivos, calificados empleados, pilotos comerciales con una vasta experiencia y muchos más, que han contribuido a hacer de Chile un país mejor.

Medio siglo ha transcurrido desde nuestro ingreso a esta prestigiosa Institución de la República,  periodo en el cual han ocurrido grandes acontecimientos para la humanidad, con un desarrollo científico y tecnológico nunca antes visto y conflictos de naturaleza extrema.

Hechos como la llegada del primer hombre a la luna en 1969, siendo el alunizaje transmitido en directo y cuyo comandante de la misión señalara como vaticinio: “Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad”.

Muchos adelantos vendrían posteriormente: la telefonía móvil, computadores portátiles, sistema de navegación GPS, internet, automóviles eléctricos, y tantos otros adelantos por señalar algunos, que para el ciudadano común son hoy parte del diario vivir.


Pero las nuevas generaciones verán desarrollos científicos y tecnológicos que en nuestra juventud ni siquiera soñábamos. Vendrá  la llegada del hombre al planeta  Marte, se construirán sofisticadas máquinas voladoras y se experimentará con motores de gas de xenón, acelerado por campos eléctricos, que permitirán alcanzar velocidades muy próximas a la de la luz.

Pero… tal como ha acontecido en la historia de la humanidad, no todo ha sido desarrollo y bienestar, también conocimos de crisis a nivel mundial en lo económico, extremismo destructor y enfrentamiento entre países.

Con el paso a retiro el año 2003 del último integrante del curso como General de Aviación y Jefe del Estado Mayor institucional, se dio término a nuestro paso activo por la Fuerza Aérea  de Chile.

Aterrizo la máquina del tiempo en esta Base Aérea del Bosque, y los quiero traer al aquí y al ahora.

Queridos Águilas de Oro, frente a este monumento de los mártires de la Fuerza Aérea, recordando a nuestros 18 camaradas que hoy integran la bandada de los Cóndores Lejanos, como así  también, a los Oficiales y Brigadieres que nos enseñaron  los primeros pasos como cadetes, puedo señalarles  con legítimo y total orgullo , que cumplimos nuestros sueños y alcanzamos las metas que en algún momento de nuestra juventud nos propusimos: " ser profesionales en las diferentes áreas del conocimiento, hombres de bien y útiles a la sociedad. Los familiares que hoy nos acompañan, son testigos de ello.

Las palabras, Honor, Lealtad y Patria, marcaron a fuego  nuestras vidas y fuimos fieles al compromiso de camaradas en la vida y en la muerte.

Mis queridos cadetes que hoy nos acompañan en marcial formación, ustedes están en la etapa inicial de la carrera de aviadores militares, cumpliendo un sueño que nosotros ya vivimos en la juventud.


De la sapiencia  que nos han dejado estos 50 años transcurridos, toda una vida unidos a la Fuerza Aérea,  y con la experiencia de haber sido  Oficiales de planta de esta Escuela, quisiera transmitirles algunas enseñanzas que espero les sirvan en el futuro:


  • Sean perseverantes y no desesperen en el camino, no piensen sólo en las metas, disfruten cada momento de su recorrido.

 

  • Recuerden que la educación es el gran motor del desarrollo personal y de todo un país. No desperdicien esta oportunidad que les entrega la Escuela de Aviación, cuyo plantel de Instructores y Profesores son del más alto nivel académico y militar.




  •  Actúen siempre sin egoísmo, con rectitud, con hombría, con integridad y honradez. Al final del camino lograrán alcanzar el lema de este instituto: ser dueños de sí mismo: COMPOS SUI.




  • No olviden que aquella sociedad en la que sus integrantes  pretenden que se les entregue todo  y se les dé todo, está destinada al fracaso.




  • En un par de meses, una nueva promoción egresará como Oficiales y, entre ustedes,   probablemente, un futuro Comandante en Jefe. Por lo tanto, no olviden que a la Fuerza Aérea se va a servir y no a buscar honores, ni mucho menos beneficios personales.

 Camaradas todos, nuestra vocación fue ampliamente compensada  y como señalé, los objetivos fueron alcanzados uno a uno. Debemos sentirnos bendecidos por Dios.


Me permitiré parafrasear al gran poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán Johann Wolfgang Goethe, quien expresó:

Es muy común recordar que alguien nos debe agradecimiento, pero es más común no pensar en aquellos a quienes le debemos nuestra propia gratitud".

 Mirando retrospectivamente el camino recorrido por cada uno de nosotros, es el momento de decir, muchas gracias a la Escuela de Aviación, por todo el esfuerzo de oficiales, profesores, instructores, personal del cuadro permanente y empleados civiles, que dando el máximo de ellos, nos guiaron y entregaron los conocimientos que necesitábamos; nos dieron una fuerte formación valórica y nos enseñaron con su compromiso y ejemplo de  disciplina,  la orientación militar y la apropiada actitud para aprender a caminar por la senda de la vida en la Fuerza Aérea.

Estimado Coronel Rodríguez: con esta solemne ceremonia hemos cumplido un anhelo que esperábamos con impaciencia: revivir esos años mozos.

No olvidaremos este momento en que usted ha permitido que se concrete el hecho de revivir, en mente y cuerpo, una fecha que nos ha acompañado toda una vida.

Con especial afecto, en nombre del Curso Águilas de Oro, le expreso  nuestro profundo agradecimiento por su presencia y  por permitir que este día  se haga realidad. Le pido transmita al Sr  Comandante  en Jefe, General del Aire Jorge Rojas Ávila, un especial saludo y nuestro compromiso y lealtad permanente con la Institución y que su gestión  como Director de esta alma mater, tenga sólo  éxitos.

Nuestro paso por la Escuela de Aviación fue de trascendental importancia y decisivo para el futuro de cada uno de los integrantes de esta promoción de aviadores.

Por esta razón y como una manera de agradecer esa tremenda cuota de ADN que nos heredaron nuestros formadores, es que deseamos,  Sr Director, dejar un testimonio representado por dos firmes robles nativos, cuya entrega haremos en algunos momentos más, para que con su crecimiento acompañen a las  futuras  generaciones de cadetes, como símbolo de la grandeza y robustez que algún día alcanzarán, por ser un árbol  grandioso, con recias ramas que se elevan al cielo con fuerza y que no se deja doblegar ante cualquier obstáculo.


Estoy seguro de que en este momento de sincera emoción, se han apretado nuestros corazones al volver a abrir ese cofre de oro viejo, que contiene el recuerdo de la madre y de la amada, haciendo brotar de nuestros ojos la expresión más humana que pueda existir: ¡LLORAR!

                                                                                       Muchas gracias.

 

 

 



AUTORIDADES DE LA ESUELA DE AVIACIÓN:
1.- DIRECTOR

CORONEL DE AVIACIÓN

HUGO RODRÍGUEZ GONZÁLEZ
2.- SUBDIRECTOR

COMANDANTE DE GRUPO

RODRIGO FUENTES NIEDBALSKI
3.- CDTE. DEL GRUPO ESCUELA

COMANDANTE DE GRUPO

CLAUDIO ALCÁZAR SICHEL
4.- CAPELLAN

COMANDANTE DE ESCUADRILLA

PADRE ELEODORO GÓMEZ ARENAS
5.- CDTE. DEL GRUPO DE OPERACIONES AÉREAS

COMANDANTE DE ESCUADRILLA

GABRIEL FIGUEROA PONCE
6.- CDTE. DE LA ESCDLLA. DE INSTRUCCIÓN ACADÉMICA DEL GRUPO ESCUELA

COMANDANTE DE ESCUADRILLA

CHRISTIAN TAGLE SEPÚLVEDA
7.- CDTE. DE LA ESCDLLA. DE CADETES

COMANDANTE DE ESCUADRILLA

FELIPE ORTEGA BECERRA
8.- JEFE DEL DPTO. ACADÉMICO

COMANDANTE DE ESCUADRILLA



ALEJANDRO GUAZZINI SAAVEDRA


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