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Didactica del teatro II una Didáctica del Teatro para el Nivel Polimodal


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6.Canto folclórico, danza y lenguaje: gato, pericón y payada

En la representación escénica de la obra, realizada en el circo, reaparecían ingredientes regionales. La música, el canto, la danza y el lenguaje de la tierra pampeana adquirían relevancia en estas creaciones dramáticas de carácter gauchesco. Los números de canto atraían a toda clase de público, las escenas de éxito seguro ofrecían décimas sentimentales, payadas de contrapunto o conciertos de guitarra. Se bailaba el gato y el pericón, en los que los Podestá demostraban sus habilidades en la danza. Con el paso del tiempo al texto primitivo se le fueron incorporando, en las sucesivas representaciones, diferentes danzas, música, versos, personajes secundarios nuevos como el de Cocoliche en un continuo trabajo de creación folklórica, adaptada a las tradiciones del criollismo popular de carácter ingenuo y no sofisticado todavía en sus primeros pasos. Veamos como se introducen la música y la danza:


“UN PAISANO Vamos a bailar un gato

TODOS ¡A bailar! (Se baila un gato; a la mitad del baile el negro Agapito dice:)

AGAPITO Muy bien, amigo Moreira; déjeme un barato con esa güena moza.

MOREIRA Cuándo no habaís de ser vos; güeno, vení. (Dirigiéndose a la mujer.) Vea, prenda, la va a acompañar este mozo que baila mejor que yo; está un poco quemao del sol pero eso no quiere decir que sea mal compañero. (Bailan; al concluir todos piden que cante Moreira, éste toma la guitarra y canta una décima.)”

En el ambiente rural, la intervención del canto responde a estructuras y músicas criollas. Lo gauchesco está presente en las sentidas palabras de las décimas y en las payadas de contrapunto.

El discurso directo respeta el lenguaje coloquial gauchesco manifestado en los siguientes vocablos: “canejo”, “güena lay”, “bolada”, “so zonzo”, “ruempa”, “priendo juego”, “güelva”, “naides”, “maula”, “so flojo de porra”, “soldaos”, “güella”, “jue pucha”, “pá”, “jusil”, “re depente”, “ande julepiao”. Se advierten además, abundantes dichos y refranes como: “han creído que soy vaca que se ordeña sin manear”; “pero hoy la vaca se ha vuelto toro”, “pero no por mucho madrugar amanece más temprano”; “¡A cada santo le llega su día!”.


7. Razones del éxito

Augusto Cortazar en su obra Folklore literario y literatura folklórica, distingue distintos tipos de gauchos. De Moreira, nos dice: “No sólo define un tipo gauchesco característico, sino que ha dado lugar a la configuración de una modalidad psicológica, el "moreirismo" que algunos endilgan como tara del típico temperamento criollo. El cambio de época, lejos de extinguirlo, lo adapta a las exigencias de cada momento y de cada medio”. (1959:231). A pesar de las críticas de Luis Berisso en La Nación que lo presentaba como el prototipo de peleador y asesino “Moreira se transformó en un personaje mítico considerado por el público como un valiente y no como un bandido”. Se produjo un fenómeno sociológico de influencia en la que grupos de muchachos imitaron su voz y sus modales en improvisadas farándulas (Podestá: 1930,52).

Si averiguamos la razón del éxito obtenido, en tan diversas poblaciones, podemos responder que la obra llega al hombre del campo, porque lo retrata. A los porteños hijos de extranjeros, residentes en el centro de la ciudad, les permite conocer las costumbres rurales del país. Los guapos, habitantes del suburbio, hermanastros del gaucho, poseen los mismos valores y lo ven como un arquetipo real por su valentía y culto al coraje.
En los descendientes de inmigrantes, ubicados en la ciudad, se genera una idealización y admiración de lo gauchesco como gesto de protesta por la vida sacrificada de los conventillos. Para ellos, el gaucho o el guapo representan la posibilidad de una existencia aventurera y romántica. Osvaldo Pellettieri (1990: 18) amplía el fenómeno de circulación y recepción de la obra, al afirmar que:

“En el pasaje de los del circo de los Podestá por los pueblos de la provincia el suburbio de la capital, La Plata y Rosario, el público fue imponiendo y quitando personajes, alargando escenas y dejando de lado otras. Estos cambios mostraban el interés por no alterar la función de espejos de sus vidas que han visto en Moreira, pero dejaban ver sus deseos de intensificar sus rasgos secundarios lo trágico sentimental se coloreó con elementos de comicidad de personajes caricaturescos y se reemplazó el gato por el pericón en el fin de fiesta”.


En la realidad social, como en la ficción, la familia campesina tradicional, el gaucho inadaptado y todo lo criollo a la antigua, sucumben rápidamente bajo el alud inmigratorio y la nueva modalidad jurídica, económica, política y técnica imperantes en la Nación (Casadeval, 1965: 31).

IV. CULTO A LA AMISTAD, PICARDÍA, ARTIMAÑAS Y AMOPR POR LA MUJER EN LA IMAGEN DEL PAISANO TRABAJADOR EN LA REGIÓN ENTRERRIANA

“Y la vaca encerrada fundó la estancia. Y la estancia será domesticación, aquerenciamiento, castración, estaqueada, recogida, marcada, brete, señuelo, retajo, alambrado. Y la estancia será el país”.


Fernando Lorenzo y Alberto Rodríguez (h). Los establos de su majestad.


1. El peón de estancia

La nueva tipología de “peón de estancia” supone la derrota de lo gaucho. Sobre él pesa una sentencia de muerte; pero el condenado se niega a morir; se aferra a la vida y renace en La vuelta de Martín Fierro. José Hernández regresa con Martín Fierro porque se ha dado cuenta de la fuerte impronta causada en todos los gauchos que lo escuchan. La influencia modificatoria que provoca el poema es palpable. El llamado a la concordia y a la búsqueda del bien común, despierta sentimientos diferentes en los habitantes del campo y modifica sus hábitos. Por su parte, en pocos años, la élite se convencería de que la población criolla debía ser, como postulara Mitre, el vínculo de cohesión nacional, y cambiaría su actitud aniquiladora del gaucho. Se da cuenta de que debe ir más allá de su protesta contra la cruel oligarquía. Si el destinatario del primer Martín Fierro es la oligarquía paternalista que lo está matando, ahora, en 1879, su propósito es dirigirse a sus iguales, que se resisten a morir. Su intención y la de Martiniano Leguizamón, en 1896, consiste en educar al gaucho para que sobreviva. Pérez Amuchástegui lo expresa diciendo:


“Era menester proveerlo de los elementos culturales indispensables para enfrentar el cambio de la vida rural y sobrevivir a la hecatombe; y había que darle tales elementos en forma tal que para él fueran inteligibles, valiéndose de su propio idioma y aprovechando al máximo la entrañable riqueza del refranero popular”. (259)
El gaucho debía aprender lo que sabía el pueblero, para amoldarse a un nuevo ambiente, permanecer incólume y no morir violentamente.

Estos autores le proporcionaron los consejos para que adecuara su comportamiento a las nuevas formas de vida impuestas. Su intencionalidad fue eminentemente didáctica. Pretendieron contribuir práctica y eficientemente a la alfabetización del paisanaje. Pensaron que el progreso pampeano no se lograría, como lo deseaba la élite europeizante, eliminando brutalmente al gaucho, sino educándolo adecuadamente. El gaucho era útil, necesario, y hasta imprescindible para el desenvolvimiento nacional. Como vemos, advierten que con esos métodos, no se logrará nada en la población adulta de nuestros campos. En definitiva, los paisanos tienen en sus manos la promisoria realidad de la ganadería, fuente principal de la riqueza agraria. A ese paisanaje inculto, que debía en ese momento enfrentar los cambios, destina Hernández y Leguizamón su obra y Leguizamón lo expresa en la literatura dramática.


El gaucho peón de estancia no desapareció por trocarse de recolector de alimentos en jornalero. Lo que sí disminuyó -aunque tampoco desapareció- a fines de ese siglo, fue el gaucho matrero, y sobre todo el matón.
Durante cuarenta años, entre 1852 y 1892, predominó la confusión entre los términos gaucho y matrero. La élite pretendió universalizar el carácter despectivo de esta confusión. Pero aquel gaucho, que fue desde siempre peón de estancia o paisano, mal que les pesara, no desapareció.

Estos paisanos debieron acostumbrarse a una obligada convivencia con el gringo. Aprendieron que cada uno era bueno en lo suyo y, hacia 1916, el resentimiento se había mitigado.

La apoteosis del gaucho comienza recién en 1912. Dicha apoteosis apuntó al aspecto heroico del gaucho, destacando su contribución de valor y sangre en las gestas gloriosas del siglo anterior, porque ése era el aspecto que convenía para la sustentación del vínculo de nacionalidad. De allí que se insistiera en la desaparición del gaucho. Con la apoteosis surgió también la apología.
En 1930, el gaucho subsiste al margen de la apología y el menoscabo. Subsiste en tanto pervive la mentalidad gaucha, la forma de vida, los modos de actuación (378).

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