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Diario espiritual y apuntes espirituales de d. José maría garcia lahiguera


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(DIARIO ESPIRITUAL Y APUNTES ESPIRITUALES DE D. JOSÉ MARÍA GARCIA LAHIGUERA)
INTRODUCCION
PREAMBULO
Los escritos autobiográficos de Don José María García Lahiguera abarcan un espacio de tiempo importante, aunque relativamente breve: del 19 de julio de 1972, al 8 de diciembre de 1979 (para el "Diario Espiritual") y del 25 de marzo de 1980, al 29 de mayo de 1983 (para los "Apuntes Espirituales"). Un total de casi once años. El Diario lo comenzó a redactar cuando tenía setenta años.
Los escritos inician cuando ya llevaba tres años de arzobispo de Valencia, y terminan cuando ya tenía casi cinco años de obispo dimisionario. Todavía viviría seis años más, de los que no disponemos de escritos autobiográficos.
Se puede afirmar, sin lugar a dudas, que en estos escritos encontramos un resumen de todas sus principales vivencias, desde su infancia (nació en 1903) hasta su fallecimiento en 1989. Y es que las fechas más importantes de toda su vida, a partir de su niñez, se convierten en otros tantos aniversarios que él celebraba anualmente, y de los que nos ofrece abundantes detalles. Respecto a los años de "silencio" en cuanto escritor, los últimos años de su vida terrena, se puede vislumbrar que son una evolución armónica y lógica de una vida interior, que se traduce en un "sí" (un "fiat"), pronunciado y vivido con todo su corazón, en la experiencia de un "silencio" lleno de "Alguien" que es siempre más allá de todo escrito y vivencia terrena.
Claro está que estos escritos autobiográficos se podrían completar ampliamente con sus numerosas intervenciones orales, en homilías y conferencias, algunas de las cuales han quedado grabadas. Además, los años descritos en el "Diario Espiritual" (que abarcan casi todo el arco de su actuación episcopal en Valencia), se podrían estudiar analizando los documentos oficiales, como son las visitas y cartas pastorales, las celebraciones especiales, las homilías, etc.1
Es importante ceñirse a este tesoro espiritual que es ya la herencia que él ha dejado para toda la Iglesia y, de modo particular, para sus Oblatas y para todos los sacerdotes y almas sacerdotales, en calidad de "Sacerdote de los Sacerdotes", según su misma expresión.
Para entrar en la lectura de estos escritos, hay que "descalzarse" como Moisés, ante una experiencia profunda de la cercanía y del amor de Dios. Nos encontramos ante alguien que vivió en comunión con Cristo Sacerdote y Víctima, plasmando esta experiencia de fe en una vida gastada en beneficio de la santidad sacerdotal y de toda la Iglesia, también por medio de su "Obra", la Congregación de Oblatas de Cristo Sacerdote.
En el "Diario" y en los "Apuntes" se refleja nítidamente toda su vida interior, siempre en relación con fechas concretas y con acontecimientos. Frecuentemente nos resume las meditaciones personales de sus numerosos retiros y Ejercicios, especialmente los celebrados en su querida cartuja de "Porta Coeli". Como ya hemos indicado, en el decurso de esas fechas, entre 1972 y 1983, aparecen, como recuerdos explícitos, los datos más importantes de su vida pasada, desde su primera infancia.
En cada línea aparece un corazón que se abre, para dejar entrever el eco de los latidos del Corazón de Cristo. Don José María afirma que no habla de sí mismo, sino de Jesús, porque quiso insistentemente llegar a identificarse con Él, ser "COMO El".

¿POR QUÉ UN "DIARIO" Y UNOS "APUNTES"?


El mismo se lo plantea con cierta frecuencia. Nos recuerda incluso un diario escrito anteriormente y que abarcaba algunos años, pero que acabó en el brasero: "Lo empecé, escribiendo todos los días, allá en mi tercero de teología y lo continué durante algunos años de Sacerdote. Pero después lo quemé todo. ¿Qué hacer? o mejor dicho ¿qué querrá el Señor?" (cfr. 20 julio 1972).
Cuando inició el nuevo "Diario", el que ahora providencialmente poseemos, se dejó guiar por "un impulso interior". Eran notas íntimas y les puso un título: "Diario Espiritual". El mismo nos da la explicación: "He leído los apuntes escritos en las páginas anteriores. Si quemé mi Diario Espiritual y desaparecieron cientos y cientos de páginas, que sobre mi espíritu fueron escritas, hoy siento la necesidad de escribir mi Diario Espiritual, no en sentido estricto de cada día, sino en los días en que mi espíritu sienta moción para hacerlo... No sé por qué escribo esto, ni sé para qué este Diario: pero siento un impulso interior, que crea hasta una verdadera necesidad" (cfr. 7 octubre 1972).
Reconoce que no sabe expresarse. Lo mejor que podría escribir parece ser aquello que no ha sabido redactar. Todos sabemos que un buen escrito vale especialmente por aquello que deja entrever sin poder expresarlo. Pero oigamos su explicación: "Insisto una y muchas veces que muchas páginas de «Mi Diario Espiritual» no serán leídas en la tierra. Unas porque no han sido escritas. Otras, las más, porque no sé cómo escribirlas, lo cual ocurre con las gracias íntimas que el alma vive, pero no encuentra en el lenguaje humano palabra con que expresarlas" (cfr. 21 julio 1973).
Desde el comienzo del "Diario", se deja entender un "silencio" hacia el cual se encamina todo el escrito. Es un silencio que se plasmará, al final de los "Apuntes Espirituales", de este modo: "Secretum meum. Con estas dos sencillas palabras, que tanto dicen en silencio al alma escondida con Cristo en Dios, termino mis «Apuntes Espirituales». Madre Sacerdotal, tu Alter Christus" (cfr. 29 mayo 1983).
Tal vez en este "silencio" encontramos el por qué quemó tantos papeles, antes y después de la redacción del "Diario" y de los "Apuntes". ¿Para qué hablar si el silencio es mucho más elocuente? Al lector le recuerda el silencio sapiencial de Santo Tomás de Aquino, quien consideraba "paja" todo lo que había escrito, incluida la Summa, y ya no quiso escribir más. Se trata de la experiencia contemplativa, porque Dios es siempre más allá de sus luces y de sus dones.
El camino que D. José María describe en su "Diario" y en sus "Apuntes" es camino de consagración total, que ya no puede expresarse con palabras. Pero necesitaba escribir: "Necesito escribir. Pero aún no puedo hacerlo con facilidad. Fiat! El Señor dirá" (cfr. 1 noviembre 1974). "¡Cuánto escribiría! Pero ni sé ni puedo. Pero creo que lo necesito. Dios dirá" (cfr. 17 mayo 1975).
La pregunta sobre por qué escribe, aflora continuamente (cfr. 25 septiembre 1975). Pero sigue escribiendo sus reflexiones y, a veces, resume todo en una sola palabra, casi como profetizando un silencio posterior definitivo: "Como resumen de todo este año, quiero escribir la última palabra en este Diario Espiritual, que sintetiza todo lo vivido, reflejado pobremente (no lo sé hacer mejor) en estas páginas. Señor, Tú lo sabes todo. Madre, Tú lo entiendes todo. Corazón" (cfr. 31 diciembre 1976). El silencio llegaría a ser su "mejor palabra": "El silencio es no sólo mi mejor palabra, sino mi más exacto escrito. ¡Silencio siempre y en todo! Ni sé hablar ni escribir. ¡Mi secreto para mi Dios!" (cfr. 25 mayo 1978).
A veces, le surge una especie de reparo sobre lo ya escrito. ¿Será un laberinto para quien lo lea? El mismo nos da la respuesta: "Cualquiera que lea este «Mi Diario Espiritual»... creerá que mi vida espiritual es un laberinto de votos, consagraciones, ofrecimientos etc. etc., verdadero mosaico, sin duda alguna peso insoportable, que ahoga el espíritu, fuente de escrúpulos e inquietudes de conciencia. Todo lo contrario. La paz, la tranquilidad y la acción de gracias, son las características de mi interior" (cfr. 9 abril 1977). "Madre, el tiempo pasa y la vida se acaba. Yo me acerco al fin. De aquí, el ir simplificando todo. Cualquiera que leyese este Diario creerá que mi vida espiritual es complicada. Todo lo contrario. Pues a pesar de ser vida sencilla - Amar - siento cada día la necesidad de sintetizar" (cfr. 13 mayo 1979).
Las dudas le surgen también al pensar que quien lea sus apuntes pueda llegar a tenerle mejor de lo que es: "Cualquiera que lea estas páginas creerá que mi alma está en séptimas moradas. Nada de nada. Pero ¡adelante!" (cfr. 1 junio 1979). Y de este modo ya casi nos anuncia la quema de sus papeles: "¿No sería mejor callarlo? Nadie lo ha de leer antes de mi muerte. ¿Y después? Veremos qué se hace con estos escritos, si es que no desaparecen antes de mi muerte" (cfr. 26 octubre 1978, Ejercicios en Casa Madre).
Muchas cosas, las mejores, quedaron sin ser escritas porque él prefería guardarlas y comentarlas en intimidad con la Santísima Virgen, como solía hacer al terminar el mes de mayo: "En verdad, cuántas páginas de mi alma quedarán sin leer en la tierra, porque no podrán ser escritas" (cfr. 31 mayo 1973).

DATOS DE SU VIDA, DESDE SU INFANCIA, EN LOS ESCRITOS AUTOBIOGRÁFICOS


En el "Diario" y en los "Apuntes" van apareciendo datos interesantes sobre su vida antes de 1972 (cuando inicia el "Diario"). Anualmente recordaba estos datos, a veces para celebrar su aniversario, como una ayuda para dar gracias a Dios y proseguir con generosidad su camino espiritual y apostólico.
El día de su bautismo lo recordaba todos los años. Nació el 9 de marzo y fue bautizado el día 12 del mismo mes. Así escribía el 12 de marzo de 1972: "¡Setenta años hijo de Dios! ¿Setenta años templo de la Santísima Trinidad". El año 1976, al celebrar este aniversario, anota que la Madre Fundadora de las Oblatas (M. Mª del Carmen Hidalgo) le regaló "una preciosa fotografía de la Santísima Virgen de la Barda, Patrona de mi pueblo, Fitero (Navarra)" (cfr. 12 marzo 1976).
Deja también constancia de que el día de su bautismo enfermó de pulmonitis y de que curó gracias a la intercesión de San José: "Según dicen, el día de mi bautismo enfermé de pulmonía. Tan grave llegué a estar, que me daban por muerto ¡Angelito al Cielo! Eran otros los planes del Señor. Como la pulmonía hace crisis en bien o en mal, a los siete o nueve días, en mí se resolvió alrededor de la fecha 19, San José" (cfr. 19 marzo 1997). En 1978 celebró las "bodas de diamante bautismales" (cfr. 1 enero 1978).
De su infancia conserva muchos recuerdos, casi siempre en relación con su primera comunión y con su devoción mariana. Su primer recuerdo explícito remonta a sus cuatro años: "Mi primer recuerdo de niño, ¿cuatro años?, es a los pies de la Virgen, al imponerme el escapulario del Carmen. Tengo fama, ¡ojalá sea bien ganada!, de que soy un verdadero amante de la Virgen" (cfr. 7 septiembre 1975; ver también: 16 julio 1977). También afirma: "Los primeros recuerdos de niño, de tres o cuatro años, están relacionados con la Virgen" (cfr. 28 octubre 1978).
De sus seis o siete años recuerda tener la costumbre de rezar el Ave María a la Virgen de su pueblo, al salir de la iglesia, así como también recuerda la cruz de la atalaya colocada en 1909 (cfr. 12 marzo 1976). Invocaba a la Virgen desde muy niño. De ocho años, oyó hablar de la Virgen de Lourdes (cfr. 24 mayo 1976). Sus deseos de ser mártir ya afloran en su infancia (cfr. 23 julio 1972 y 19 mayo 1980).
Recuerda también a su "santa madre" (cfr. 21 julio 1977) y su padre "fervoroso adorador" (cfr. 14 enero 1976). Su amor de niño a la Eucaristía se concretó, a los ocho años, siendo "Tarsicio abanderado" (cfr. 14 enero 19767 y 31 octubre 1977). Reconoce que desde niño caminó "por la senda del amor" (cfr. 24 octubre 1978).
Reserva un recuerdo especial para su primera comunión y confesión, a sus ocho años, el 11 de abril de 1911, y quiere dejar constancia de su gratitud por la decisión de San Pío X respecto a la comunión de los niños. Lo recuerda con frecuencia, manifestando su alegría al releer en su recordatorio la línea de su espiritualidad: "La perfección consiste en el amor" (cfr. 26 mayo 1976 y 24 octubre 1978).
Nos describe también el primer momento en que expresó su decisión de ser sacerdote. Esta decisión, manifestada a sus nueve años, la matiza con estas palabras: "Siempre quise ser sacerdote" (cfr. 4 septiembre 1975; ver también: 19 mayo 1980).
A veces recuerda detalles de su vida de seminarista latino en el Seminario Menor de Tudela (desde el curso 1913-1914), del que guarda un profundo afecto, y donde hizo su voto de castidad, ante el cuadro de María, cuando tenía diez u once años (cfr. 25 marzo 1976). Recuerda que, todavía seminarista latino, pero ya en Madrid (desde el curso 1915-1916), respondió a la pregunta del superior sobre el objetivo de su vocación: "por cumplir la voluntad de Dios" (cfr. 6 septiembre 1975 y 25 mayo 1976). De seminarista mayor en Madrid, recuerda su primer sermón que versó sobre la santidad (cfr. 6 septiembre 1975), la superación de una duda sobre la vocación (cfr. 25 mayo 1976), su afición por la música y poesía (cfr. 25 marzo 1977) y su saludo diario a María al despertarse por la mañana (cfr. 6 enero 1978).
La ordenación de subdiácono, en 1925, la recuerda por haber emitido "gozosamente ante la faz de la Iglesia mi voto de castidad... Nunca me he arrepentido y jamás se me ha hecho insoportable" (cfr. 28 marzo 1975). El recuerdo de su ordenación sacerdotal y de su primera Misa, a sus 23 años, en 1926, se lleva la palma respecto a los datos de que deja constancia en sus escritos. Ambos sucesos tuvieron lugar en la capilla del Seminario conciliar de Madrid, los días 29 y 30 de mayo de 1926. El domingo día 30 era la fiesta de la Santísima Trinidad, Hay que dejarle hablar a él: "En la acción de gracias de esa Misa me ofrecí Víctima de Holocausto al Amor Misericordioso con la fórmula de Santa Teresita del Niño Jesús aplicada a mi alma. Hoy, en la Santa Misa, he renovado dicho ofrecimiento con sentimiento íntimo, que no sé explicar, pero que me llena plenamente" (cfr. 17 junio 1973; ver también otros detalles: 2 septiembre 1975; 27 de mayo 1976; 21 julio 1977; 30 mayo 1979. De ahí deriva su ideal de ser "el Sacerdote de los Sacerdotes" (cfr. 29 octubre 1975).
En los primeros momentos de su vida sacerdotal, según dice él mismo, cuando llevaba tres años de ordenado, entre los años 1926-1929, "andaba entre ser cartujo o misionero a lo Avila" (cfr. 26 mayo 1976). El discernimiento lo inició en la cartuja de "Aula Dei" (Zaragoza) (cfr. 25 mayo 1976), pero el camino a tomar lo decidió el obispo y, por este medio, encontró la voluntad de Dios: sería formador en el Seminario (cfr. 26 mayo 1976). Fue nombrado formador del Seminario de Madrid y, posteriormente, en 1936, Director Espiritual (cfr. 21 julio 1977). De estos años como formador, anota: "A los pocos días de estancia en el Seminario encontré «mi vocación específica» ¡seminaristas y sacerdotes!" (cfr. 4 septiembre 1975). Su voto de víctima "pro eis", emitido el 8 de diciembre de 1935, lo irá recordando anualmente.
Y así empezó su labor sacerdotal "a lo Avila", dentro y fuera del Seminario: "Terminada la guerra, normalizada la vida, yo Director Espiritual del Seminario Mayor de Madrid (fui nombrado horas antes de comenzar la guerra y actué como tal en el retiro espiritual que tuvimos en el Seminario el 18 de julio de 1936), comencé a trabajar con toda mi ilusión. Seminario, Sacerdotes, retiros, ejercicios en Madrid y otras Diócesis. El D. José Mª, como así me llamaban, era, y así se dijo: El Sacerdote de los Sacerdotes. Ya estaba claro que mi vocación específica se convertía en mi misión, pero a su vez aparecería «mi misión específica», dada la Fundación de la Congregación de Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote" (cfr. 5 octubre 1975).
A su estilo sacerdotal, como San Juan de Avila, hará referencia repetidas veces (cfr. 25 y 26 mayo 1976; 24 octubre 1978), precisamente para ser "sacerdote de lo sacerdotes", "insistiendo en mi vida espiritual" (cfr. 29 mayo 1979). Ya jubilado, volverá al tema de ser "cartujo" sin olvidar la orientación anterior: "Ya llevo un año jubilado, y estos ejercicios también los enfoco a esta vida nueva, después de un año de gozosa experiencia. Hasta ahora he vivido mi vocación especial, dentro del marco de puestos y trabajos que la obediencia me ha señalado, a lo Juan de Avila. Ahora la viviré a lo cartujo. Vivo en apartamento adosado al Convento Casa Madre - Generalicia. Encantador. Es mi Tebaida. Se llama: «Casita de la Virgen». Se ha cumplido el fruto de ejercicios de Zaragoza" (cfr. 31 mayo 1979).2
En los años primerizos de su sacerdocio, y ya en plena civil y en zona roja, tiene lugar el inicio de la Congregación de las Oblatas. Mª del Carmen Hidalgo, su dirigida espiritualmente, sería el instrumento providencial para la fundación. La fecha clave, el 25 de abril de 1938, la irá recordando anualmente como un evento de gracia: "Hace treinta y cinco años (25 de Abril de 1938) el Señor puso en mis manos de Director Espiritual el alma de la que había escogido para ser mi Madre Fundadora de la amadísima Congregación de Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote, manifestándome con ello mi misión de Cofundador" (cfr. 25 abril 1973). Aunque él era el Fundador (o como dice en el texto citado, "Cofundador"), lo importante era cooperar a una gracia especial de Dios. "Yo sabía que era lo mismo que yo tenía como en oscuridad" (cfr. 25 abril 1976). El 16 de julio de 1943 aceptó ser llamado Fundador (cfr. 16 julio 1979). En 1950, la Institución sería reconocida como "Pía Unión de Cristo Sacerdote". Así, por medio de la fundación, podría él continuar, después de su muerte, siendo "Sacerdote de los Sacerdotes" (cfr. 21 junio 1977), para perpetuar su entrega "pro eis" (cfr. 29 mayo 1979).3
Su nombramiento y consagración episcopal, respectivamente el 13 de mayo y el 29 de octubre de 1950, como obispo auxiliar de Madrid, lo recordará anualmente, para agradecer al Señor la "plenitud del sacerdocio" (cfr. 29 octubre 1973). Aquel año de 1950 había sido proclamado el dogma de la Asunción. Sus bodas de plata episcopales (1975) y de oro sacerdotales (1976), serán también un momento especial de gracia y el inicio de una nueva etapa de su vida, a modo de "epilogo".4
Su vocación y misión sacerdotal continuó siendo la misma: "Los sacerdotes y seminaristas siguen siendo mi vocación específica y la misión de mi sacerdocio. No confesor, pues no debo meterme en el foro interno, pero sí retiros, ejercicios sin cesar a unos y a otros" (cfr. 6 octubre 1975)5. En este contexto aparece la idea de escribir un libro, "Como El", que explicara la santidad sacerdotal: "En mí, pues, ser santo era ser como Él. Y mis ejercicios a Sacerdotes y Seminaristas llevaban (y llevan) siempre esta orientación: ser como Él. Recuerdo que hace más de treinta años, unos Sacerdotes ejercitantes me dijeron: «¿Por qué no publica un libro de ejercicios titulado Como Él?». Él, siempre Él, cada vez más completo y yo... cada vez más como Él. Y con motivo de mi vocación y misión específicas, a la figura de Él como Sacerdote se unió Él como Víctima, la única que se ofrece en el altar. Como Él, Sacerdote-Víctima" (cfr. 5 septiembre 1975).
Al leer el "Diario" y los "Apuntes", van aflorando muchos otros detalles autobiográficos del pasado, que para él eran siempre momentos de gracia para ser recordados y agradecidos continuamente. Recuerda también algunas circunstancias del fallecimiento de Franco (cfr. 23 noviembre 1975).
El 31 de mayo de 1969 redactó su testamento ológrafo, con ocasión de profesar sus "votos perpetuos de Oblato de Cristo Sacerdote" (cfr. 23 julio 1972). Firmó con su propia sangre su consagración como sacerdote y víctima (cfr. 4 octubre 1975).
Respecto a sus años de episcopado, varias veces anota sintéticamente algunos datos cronológicos, como obispo auxiliar de Madrid-Alcalá (de 1950 a 1964), obispo de Huelva (de 1964 a 1969) y arzobispo de Valencia (de 1969 a 1978). También hace un resumen muy breve de su vida, con datos muy concisos, los años 1977, 1979 y 1980. Fue obispo dimisionario, retirado en la Casa Madre de las Oblatas, desde 1978.
Respecto a su participación en el concilio Vaticano II, anota su esfuerzo por pedir se celebrara la fiesta litúrgica de Cristo Sacerdote y la inclusión en el n.18 de "Presbyterorum Ordinis", del título mariano "Madre de Cristo Sacerdote" (cfr. 24 mayo 1976; 2 junio 1979; 22 agosto 1973). El recuerdo de la aprobación de la fiesta para España y otras naciones que lo pidan, se encuentra en muchas páginas del "Diario".
En el momento oportuno, va apareciendo el recuerdo de los Papas con quienes se relacionó como obispo: Pío XII, Juan XXIII, Juan Pablo I, Juan Pablo II. Desde 1972, esto entra dentro de la redacción de "Diario" (1972-1979) y de los "Apuntes" (1980-1983). El lector lo podrá encontrar fácilmente en estos escritos autobiográficos. El entusiasmo por cada Papa es patente, así como también su filial amor y adhesión a la Iglesia. Su entusiasmo crece de punto al recordar la carta sacerdotal del Jueves Santo (1979) y el abrazo y beso de Juan Pablo II en la ordenación sacerdotal de Valencia, el 8 de noviembre de 1982.6
Conviene tener en cuenta las lecturas de autores espirituales, a que hace referencia en sus escritos autobiográficos. Entre otros: Teresa de Avila, Juan de la Cruz, Teresa de Lisieux, Juan de Avila, Chautard, Philippon, Olier, Dagnino, Arintero, Neubert, Llull, Monfort, Eugenio del Niño Jesús, Isabel de la Trinidad... "El Señor me ha regalado... un alma contemplativa. Eso explica mi afán por la lectura y el estudio de la Teología mística y escritos sobre estas materias, sobre todo los grandes maestros. Y lamento no haberlo hecho con más amplitud y mayor dedicación o por culpa mía o por el trabajo de esta vida, a la que el Señor ciertamente me ha llamado, vida activísima en apostolado constante e incansable" (cfr. 3 septiembre 1973).
En el "Diario" y en los "Apuntes" van apareciendo los temas principales de la vida espiritual y ministerial. Vamos a ceñirnos a tres pinceladas: Su oración contemplativa, una vida hecha oblación sacerdotal, líneas de su espiritualidad.

SU ORACIÓN CONTEMPLATIVA


El "Diario" y los "Apuntes" se desarrollan en sentido relacional de profunda intimidad con Dios. Se puede afirmar que reflejan, como agua cristalina, la actitud de oración y contemplación de quien los escribe. Son un diálogo continuo con el Señor y con la Santísima Virgen, para agradecer el pasado, vivir gozosamente le presente y mirar con confianza filial el futuro. Los momentos de retiros y Ejercicios quedan anotados cuidadosamente.
La oración y contemplación de D. José María, como afirma él mismo, no son complicadas (cfr. 9 abril 1977 y 13 mayo 1979). Al leer sus escritos, uno se siente invitado a seguir, en lo fundamental, ese mismo camino de sencillez, sin sentirse condicionado a imitar los detalles concretos que son más personales e irrepetibles. Su oración está enraizada en el misterio de Dios y en la historia humana concreta. Nunca es una evasión o una actitud sujetivista, sino siempre un compromiso más profundo de asumir la propia existencia concreta y orientarla hacia el Absoluto.
D. José María vive de y en la presencia de Dios: "Estoy casi en perenne presencia amorosa del Señor. Constituye una obsesión. Estoy pensando en Él o sintiéndolo vivamente aun sin pensar. Me hago presente al pensar en Él; se me hace presente al hacérseme sentir. Y esto de una u otra forma sin interrupción" (cfr. 7 octubre 1972).
Ya no importa tanto la sequedad o el fervor, sino sólo la presencia amorosa del Señor: "En la oración me llena el «estar». Para mí esa palabra encierra un mundo de misterio de amor. Adoptar esa postura es sentir que el Señor va haciendo, va llenando. Quizás por eso sienta tanto el vacío. «Estar». Estar ante el Señor. Estar con el Señor. Estar en el Señor. Estar el Señor en mí y conmigo dentro de mí. Estar. Ni fervoroso ni seco, ni emotivo ni árido. Simplemente estoy y siento que Él está" (cfr. 7 octubre 1972).
A veces da una definición de oración que a él le sirve para poder expresarse, aunque sea imperfectamente: "En la oración de la mañana he completado mi definición de oración, o más exacto, la definición de mi oración: «Tratar de amor estando a solas con solo el Amado»". Es el trasfondo de la oración según Santa Teresa. Pero él la matiza así: "Creo que, dado mi ser (amor) y mi vida (amar) y teniendo en cuenta la trayectoria de lo que podría llamar «Historia de mi corazón», la oración, que es trato con Dios, tiene que ser para mí «tratar de amor», Este trato requiere soledad pues necesita tratar «a solas» con Dios, a quien el amor llama siempre Amado. Y aplicada esa soledad a Él, la oración, mi oración, es con «solo» Él, el Amado. Y eso en un «estar», con todo cuanto encierra esa (para mí llena de vida y amor), palabra «estar»" (ibídem).7
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