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Detrás de la fatalidad, la depuración social: El arte de ignorar a los pobres cc. Daniel


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Comuneros – Ln

Ecuador
Detrás de la fatalidad, la depuración social:

El arte de ignorar a los pobres

CC. Daniel


Cada catástrofe “natural” revela, si fuera necesidad, la extrema fragilidad de las clases populares, de que la vida como la” sobrevida” se encuentran devaluadas. Peor, la compasión hacia los pobres, voceada una vez tras otra, enmascara mal que en toda época pensadores intentaron justificar la miseria – culpabilizando si necesario sus víctimas- y rechazar toda política sería para erradicarla.
John Kenneth Galbraith1
Quisiera aquí entregar algunas ideas a propósito de uno de los más antiguos ejercicios humanos: el proceso por el cual, a lo largo de los años, e incluso al correr de los siglos, hemos emprendido: ahorrarnos cualquier mala consciencia en lo que concierne los pobres. Pobres y ricos siempre vivieron como vecinos, siempre incómodamente, a veces de forma peligrosa. Plutarco que afirmaba que “el desequilibrio entre ricos y pobres es la más antigua y la más fatal de las enfermedades de las repúblicas”. Los problemas resultando de esta coexistencia y particularmente el de la justificación de loa buena fortuna de algunos frente a la mala fortuna de los demás, son una preocupación intelectual de todos los tiempos. Siguen siéndolo hoy.
Hay que empezar por la solución propuesta por la Biblia: los pobres sufren en este bajo mundo pero serán magníficamente gratificados en el otro. Esta solución admirable permite a los ricos disfrutar de su riqueza envidiando a los pobres por su felicidad en el más allá.
Mucho más tarde, en 1776, de las “Investigaciones sobre la especie y la causa de la riqueza de las naciones” –en el albor de la revolución industrial en Inglaterra-, el problema y su solución empezaron a tomar su forma moderna. Un quasi coetáneo de Adam Smith, Jeremy Bentham (1748 – 1832), inventó una fórmula que tuvo una influencia extraordinaria sobre el pensamiento británico y también, en una cierta medida, sobre el pensamiento americano durante cincuenta años: el utilitarismo “Por principio de utilidad, escribió Bentham en 1789, hay que comprender el principio que aprueba o desaprueba algún acto que sea en función de su tendencia a aumentar o disminuir la felicidad de la parte de que el interés está en juego”.

El problema social de la coexistencia de un pequeño número de ricos y de un gran número de pobres era arreglado a partir del momento cuando se lo graba “al más grande bien para el más grande número”. La sociedad hacía lo mejor para el máximo de personas y habrá que aceptar que el resultado sea desgraciadamente muy poco grato hacia los, muy numerosos, para los cuales la felicidad no era en la cita.


En 1830, una nueva fórmula, siempre actual, fue propuesta para evacuar la pobreza de la conciencia pública. Es asociada con los apellidos del hacendista David Ricardo (1772 – 1823) y del pastor anglicano Tomazo Roberto Malthus (1776 – 1834): si son pobres son pobres, es su culpa- esto viene de su fecundidad excesiva. Su intemperancia sexual les llevó a proliferar hasta los límites de los recursos disponibles. Según el malthusianismo, la pobreza teniendo su origen en la cama, los ricos no son responsables de su creación o de su disminución.
En el medio del siglo XIX, otra forma de negativa apareció con gran éxito, particularmente en los Estados Unidos: el “darwinismo social”, asociado con el apellido de Herbert Spencer (1820 – 1903). Según este último, en la vida económica, como en el desarrollo biológico, la pauta suprema era la sobrevida de los más aptos, expresión que se presta equivocadamente a Carlos Darwin (1809 – 1882). La eliminación de los pobres es el modo usado por la naturaleza para mejorar la raza. La calidad de la familia humana reforzada por la desaparición de los débiles y de los desheredados.
Uno de los más notables voceros americanos del darwinismo social fue John D. Rockefeller, el primero de la dinastía, que declaró en un discurso famoso: «La especie de rosa “American Beauty” solo puede ser producida en el esplendor y la fragancia que entusiasman el que la contempla sacrificando los primeros capullos creciendo en su alrededor. Va igual en la vida económica. Es únicamente la aplicación de una ley de la naturaleza y de una ley de Dios».
En el transcurso del siglo XX, el darwinismo social fue hasta ser considerado como un tanto cruel; su popularidad decayó y cuando se hizo referencia a él, fue generalmente para condenarlo. Le sucedió una negativa más amorfa de la pobreza asociada a los presidentes Calvin Coolidge (1923 – 1929) y Herbert Hoover (1929 – 1933). Según ellos, toda ayuda pública a los pobres hacía obstáculo al funcionamiento eficaz de la economía. Esta idea que es económicamente perjudicial ayudar a los pobres queda vigente. Y en el transcurso de estos últimos años, la búsqueda del mejor modo de evacuar toda mala consciencia a propósito de los pobres se ha hecho una preocupación filosófica, literaria y retórica de primera importancia. Es también una empresa no desprovista de interés económico.
Del análisis teórico de la pobreza, se revela una absoluta verdad: aceptar que un complejo de fuerzas del pueblo se considere explotado, dominado y esclavizado por el orden del sistema neocolonial y el capital monopolista internacional y nacional, imposibilitando que tales fuerzas tengan interés común suficiente para fincar en ellos una acción política sistemática mas o menos coherente. Sin duda, este constituyese el reto de la posibilidad comunera entender que la militancia de humildes campesinos, montubios, indígenas, negros, modestos albañiles, hasta pequeños propietarios agrícolas, empresarios honestos y comerciantes pequeños y medianos, se manifiesten en la diversidad conciliable de la liberación social, económica y política.
Naturalmente, se exige la necesidad de superar algunas dificultades subjetivas en la formación de conciencia y en la consolidación de un movimiento revolucionario cohesionado en torno a las verdaderas tareas de liberación nacional hoy en día planteadas.
Solo el pobre sabe lo que sufre el pobre;

únicamente él ha aprendido la

manera mejor de favorecerle

Lessing, Nothan el Sabio
Comuneros Ln

Ecuador


2006


1 Economista. Autor del “Nuevo Estado industrial” y de las “Mentiras de la Economía”.


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