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Desigualdades regionales del turismo internacional en el escenario de la globalizacion: logicas dominantes y alternativas del turismo responsable


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DESIGUALDADES REGIONALES DEL TURISMO INTERNACIONAL EN EL ESCENARIO DE LA GLOBALIZACION: LOGICAS DOMINANTES Y ALTERNATIVAS DEL TURISMO RESPONSABLE

Manuel Rivera Mateos

Departamento de Geografía y Ciencias del Territorio. Universidad de Córdoba

Plaza del Cardenal Salazar, s/n. 14001-Córdoba (España)



manuel.rivera@uco.es

Resumen

Se pretenden caracterizar en esta ponencia las desigualdades regionales generadas por el desarrollo reciente del turismo internacional, que están teniendo su reflejo en un sistema turístico mundial organizado en “destinos ganadores y perdedores” en el contexto del proceso de globalización y liberalización de mercados y servicios. A tenor de esta realidad, se introduce una reflexión sobre la necesidad de determinar el papel actual del turismo en los países pobres y en vías de desarrollo (en adelante PPVD) como factor real de desarrollo, planteando conceptualmente el análisis de sus efectos colaterales positivos y negativos, tanto a nivel “macro” como “micro”, así como sus contradicciones e implicaciones territoriales derivadas de los actuales modelos dominantes de desarrollo turístico. Adoptando una actitud crítica y superadora de la visión tradicional, idílica y sin fisuras, que se ha venido asumiendo en los discursos tradicionales sobre el turismo, y aún asumiendo las limitaciones impuestas por la globalización, se concluye que el turismo podría ser más efectivo en la lucha contra la pobreza y las desigualdades en los países receptores, siempre y cuando se asuman principios básicos de responsabilidad por parte de los distintos actores que interactúan en los destinos turísticos. Y, en línea con esta reflexión, se pretende dar a conocer, asimismo, las potencialidades y fundamentos de las nuevas formas de turismo responsable (en adelante TR) y turismo rural comunitario (TRC) como ejemplos posibles de turismo sostenible e instrumentos de una estrategia más amplia de diversificación productiva e incremento de ingresos para las economías de los PPVD.



1. Introducción general y antecedentes1.

Se inscribe este trabajo dentro de las nuevas líneas de investigación de geografía del turismo tendentes a una mejor comprensión de este fenómeno en su integridad y en sus diferentes aspectos, adoptando para ello una actitud crítica y superadora de la visión tradicional un tanto cargada de espejismos y de señuelos, que no ha hecho sino esconder una realidad actual mucho más cruda sobre la que es necesario reflexionar como es el caso de los importantes riesgos del desarrollo turístico a gran escala y de la inversión turístico-residencial en los PPVD o las enormes desigualdades regionales Norte-Sur en la distribución de los beneficios aportados por el turismo. La actividad turística es, sin duda, uno de los pilares más poderosos de la globalización y un factor importante en la evolución de la economía internacional, la recuperación actual de la crisis económica en muchos países del Mundo y las propias relaciones Norte-Sur. Pero, a su vez, y como se confirma por la situación real de muchos destinos y los numerosos estudios de casos realizados hasta la fecha, el desarrollo de esta actividad está reflejando fielmente las desigualdades socioeconómicas y de niveles de desarrollo del planeta, no induciendo siempre efectos reales de desarrollo sostenible sino generando impactos negativos, nuevos desequilibrios, problemas y contradicciones, así como niveles de dependencia indeseables para muchos PPVD que no están sabiendo planificar y organizar sus procesos de crecimiento turístico. Y por ello hemos de cuestionar no sólo la capacidad de incidencia de los modelos turísticos dominantes y masivos para mitigar el reparto desigual de beneficios entre países emisores de turistas y destinos anfitriones, sino también su propio impacto real en los entornos económicos, sociales, culturales y medioambientales locales, de la misma manera que es necesario analizar las relaciones de fuerza que orientan estos modelos, así como las desigualdades regionales internas (centros y periferias a dos velocidades) que se generan en el seno de los países empobrecidos y particularmente entre las zonas costeras y las zonas rurales y los espacios naturales del interior. El actual marco de crisis económica internacional no puede ser más oportuno y recurrente para acelerar el interés también por el debate sobre cómo afrontar interrogantes tales como la incidencia de la deslocalización en el turismo, los cambios recientes de los perfiles y roles de los turistas, la caracterización y definición de los destinos sostenibles, la conveniencia de implantar determinados proyectos turísticos en un destino o el papel de la cooperación público-privada en la gestión y control del desarrollo turístico local y regional.



Además de la revisión crítica de los estudios de casos y experiencias en todo el mundo, se han analizado para esta comunicación diversos indicadores estadísticos y territoriales que van más allá de las estadísticas frías y generales y los análisis macroeconómicos y meramente cuantitativos del turismo internacional manejadas por organismos internacionales y algunas administraciones públicas que se limitan a resaltar el crecimiento y la generación de riqueza de la actividad desde visiones excesivamente optimistas y sesgadas. Por ello, hemos manejado nuevas fuentes de información de organismos oficiales y no gubernamentales (ONGD) como el Indice de Competitividad en Viajes y Turismo del Foro Económico Mundial y los estudios de casos y experiencias concretas en PPVD que permitan acercarnos a una comprensión más realista y completa del fenómeno turístico como factor e instrumento de desarrollo y como elemento generador de nuevos desequilibrios o de agravamiento de otros preexistentes. Asimismo, se ha partido también, a la hora de obtener conclusiones, de una revisión y estudio de la bibliografía y la literatura gris más recientes sobre el tema, así como del análisis de algunos planes estratégicos de turismo y proyectos de TR en los países referidos, tanto públicos como privados y de ONGD.

  1. Un turismo internacional de ganadores y perdedores en el escenario de la globalización y las desigualdades Norte-Sur.

Aunque sorprendentemente se trate de uno de los objetos de estudio menos analizados por la comunidad científica, la idiosincrasia del turismo encaja perfectamente en el proceso de globalización e internacionalización de la economía al implicar este fenómeno fundamentalmente movilidad y libertad de movimiento. Estos factores junto con las mejoras tecnológicas han acercado mercados a destinos turísticos, pero lejos de reproducirse un patrón de distribución homogénea sobre el territorio, éste sigue siendo muy desigual en función de las preferencias de la demanda y la influencia de los grandes operadores turísticos y los sistemas informatizados de reserva (Global Distribution Systems), que reafirman su control sobre los procesos de comercialización al tiempo que dan lugar a espacios o áreas turísticas concretas2. A pesar que desde el punto de vista técnico los desplazamientos pueden efectuarse a grandes distancias, gran parte de dichos flujos estructuran relaciones de proximidad geográfica, dando lugar a desplazamientos fundamentalmente de ámbito regional (en torno al 80% de los internacionales) y dentro de cada país el 78% del total de movimientos turísticos). Cabe preguntarse, por otro lado, si el intenso proceso de crecimiento que presenta la actividad turística va camino de convertirla en un fenómeno global y si dispone de límites ese crecimiento y puede evitar la generación de nuevas desigualdades e impactos de alto coste para las comunidades anfitrionas. Por otra parte, a medida que se multiplica el potencial de movilidad, se plantean disyuntivas acerca de cuál es la capacidad de carga de dicha movilidad expresada, por ejemplo, en indicadores como la huella ecológica de los turistas.

Las principales pautas de generación de flujos turísticos responden a patrones espaciales y socioeconómicos y a un modelo de push and pull (Boniface&Cooper, 2004), existiendo regiones con superávit de atracciones y recursos y otras con déficit de dichos recursos pero con excedentes de demanda. Pero esto no explicaría tan claramente los flujos turísticos generados en regiones que se distinguen por ser tanto emisoras como receptoras, por lo que el análisis de los flujos parece obedecer a multitud de factores combinados entre sí y de cierta complejidad: unos que empujan a hacer turismo desde regiones emisoras (grado de desarrollo, movilidad, renta, días de vacaciones disponibles, estilo de vida...); otros que atraen los flujos hacia las áreas receptoras (accesibilidad, existencia de atractivos y equipamiento turístico, presencia de grandes operadores turísticos con muchas facilidades de implantación, coste de vida, políticas de promoción y marketing, seguridad y estabilidad política...) y factores tan diversos como la distancia geográfica, los vínculos culturales, lingüísticos, históricos o económicos, el papel de los inversores de capital o las políticas de los turoperadores e intermediarios turísticos. Es de reseñar, en este sentido, que en estos inicios de siglo, sobre todo en los países desarrollados, nos encontramos con dos generaciones de turistas que frecuentan lugares y prácticas turísticas múltiples y, en ocasiones, superpuestas. Una primera generación se abre al turismo y acepta con facilidad formatos, modalidades y espacios turísticos maduros, paquetizados y estandarizados, mientras que una segunda, más experimentada, con conocimientos adquiridos y aprendidos, está predispuesta a consumir singularidad, creando así nuevos nichos de mercado y oportunidades de desarrollo de segmentos menos convencionales que pueden englobarse dentro de los principios del TR. Ambas generaciones coinciden en el tiempo y, en ocasiones, en el espacio, por lo que el estudio del turismo y de los espacios turísticos ha de abordarse ya como un fenómeno heterogéneo y complejo (Antón, S. y González, F., 2008; Ateljevic y Otros, 2007).

Las llegadas de turistas a nivel mundial no han dejado, en cualquier caso, de incrementarse desde el año 1950 con excepción de momentos puntuales como los de los atentados terroristas de 2001, la guerra de Irak, el brote de SARS y la desaceleración económica de 2003 o la crisis económica internacional de 2008-2010 Si en 1950 se contabilizaron 25 millones de turistas internacionales, en 1970 fueron 455 y en 2010 se alcanzaron los 940 millones3, sin contar los viajes domésticos, estimándose que para el 2020 podrían alcanzarse los 1.500 millones. La recuperación económica en diferentes ámbitos regionales iniciada con la actividad turística, la reformulación y el éxito creciente de algunas modalidades como el turismo de reuniones y negocios y el de cruceros, el auge y expansión de las compañías aéreas de bajo coste o la ampliación de las capas sociales que pueden disfrutar del turismo, están suponiendo un paso importante hacia la democratización universal de la práctica turística. El barómetro turístico de la OMT para 2010 refleja una recuperación mayor de la esperada como síntoma de la fortaleza del turismo en un año donde aún no se habían superado los efectos de la crisis económica internacional: se creció un 6,6% más que en 2009 en llegadas internacionales y la mayoría de los destinos presentaron crecimientos positivos superando parcialmente las pérdidas de años anteriores, si bien esta recuperación se produjo a dos velocidades: mucho más rápida en las economías emergentes (+8%), más lenta en las avanzadas (+5%) y en países pobres con fuerte especialización turística de América Central y el Caribe (+3-4%) y con un escaso crecimiento de ingresos en términos reales, por debajo de la media mundial, en Africa (+3%), América del Sur y el Caribe (+1-2%) e incluso con pérdidas sensibles en Oceanía (-0,6%). Los flujos turísticos parecen tener, en fin, una vida propia funcionando como “cuerpos líquidos” y “vasos comunicantes”: cuando uno se “atasca”, otra vía se abre para los viajes internacionales (nuevos destinos de moda o “destinos refugio”), permitiendo un crecimiento relativamente sostenido a nivel mundial.

Pero pese a las constantes históricas positivas del turismo mundial y la capacidad de reacción demostrada por esta actividad hasta la fecha, nadie puede asegurar que vaya a seguir siendo así para siempre, pues existen factores sociales, políticos y naturales que pueden modificar los pronósticos optimistas ya sea de forma esporádica o recurrente y, en este sentido, hemos de referirnos al vivo debate de la sostenibilidad de los destinos a medio y largo plazo. Por otra parte, la democratización de su práctica no significa universalización, puesto que las desigualdades de acceso al viaje turístico son todavía patentes, según los motivos que prevalezcan y los niveles de renta de los grupos sociales. De hecho, los viajes de ocio son relativamente accesibles en los países occidentales para al menos un 60% de la población, mientras que en los PPVD es inaccesible para un 80-99% de la población, según los casos, lo que constituye todo un reflejo de las desigualdades socioeconómicas a nivel mundial. Y si seguimos descendiendo del análisis global a la escala regional y subregional, las desigualdades siguen siendo obvias como reflejo de una “globalización asimétrica” caracterizada por la existencia de diferentes velocidades y por la concentración de los mercados en pocas manos. A escala regional se acentúa todavía más la concentración de los flujos de capital y de personas, ya que la distribución de los espacios turísticos en el mundo dista de ser uniforme y se caracteriza por la fuerte concentración territorial, a escala regional y local, de las llegadas e ingresos turísticos. La población de los principales países emisores europeos, los Estados Unidos y Japón tienen menos del 40% de la población mundial pero 2/3 partes del PIB mundial, por lo que se convierten en los principales lugares emisores. Cerca del 90% de los turistas pertenecen a países desarrollados mientras que del 10% restante se trata mayoritariamente de élites o capas sociales pudientes de países en vías de desarrollo. A escala nacional, las costas, las grandes metrópolis y las ciudades histórico-patrimoniales más importantes de los países desarrollados y destinos más tradicionales –y, en menor medida algunos paisajes sobresalientes de montaña- concentran las emisiones de los flujos turísticos, cuya distribución dibuja una organización en tres grandes cuencas regionales: la europea-mediterránea, la de Asia Oriental-Pacífico en el entorno de las costas del mar de China y la de América del Norte-El Caribe. Y en medio de las mismas, las discontinuidades se suceden entre unas periferias poco estables, unas extensiones muy selectivas, otros destinos olvidados o excluidos y auténticos ángulos muertos desde el punto de vista turístico (Dehoorne y Otros, 2008).

Si analizamos, además de limitarnos a contabilizar los flujos turísticos y sus ingresos, las estadísticas del Foro Económico Mundial sobre indicadores por países en el ámbito de la competitividad de los destinos turísticos, su integración de los mercados y su nivel de sostenibilidad y eficiencia, podemos detectar otras casuísticas de interés: algunos países con destinos maduros de sol y playa y problemas de obsolescencia como España, pese a la caída en competitividad en el ránking internacional, siguen manteniendo unos índices muy altos con respecto a los países emergentes directamente competidores (Croacia, Bulgaria, Egipto, Marruecos, Túnez y Turquía) pese a la notable desventaja del factor precios, ya que mantiene aún factores competitivos importantes como la calidad y variedad del alojamiento, la oferta de ocio, los servicios públicos, los equipamientos y las infraestructuras, la accesibilidad y movilidad, etc., de manera que se coloca nítidamente por encima de estos destinos en competitividad global y, de hecho, tan sólo Turquía se acerca más a las cifras españolas (Blanke y Chiesa, 2011). Es sintomático también como algunos países de gran especialización turística (1/3 del PIB) y a la cabeza en el ranking de llegadas internacionales en América (sexto puesto) como la República Dominicana descienden significativamente en competitividad real (al puesto 14), evidenciando problemas estructurales en el desarrollo del sector y una limitada eficacia en la lucha contra la pobreza.

En términos generales, en las pautas de crecimiento turístico se vienen reproduciendo algunos aspectos básicos de la internacionalización del comercio o del flujo de bienes y servicios financieros, como es el caso de la exclusión de Africa y la pujanza de Asia y el Pacífico, reflejándose, asimismo, numerosas desigualdades en todos los ámbitos. En Africa la inestabilidad política y social, la ausencia de infraestructuras de transporte básicas o una oferta turística limitada, están haciendo que sólo crezca moderadamente, con poco volumen total y muchas desigualdades regionales. Paradójicamente la democratización y el acceso al turismo no han contribuido en algunas regiones como ésta a disminuir el nivel de pobreza y abandono, mientras que en áreas más desarrolladas el turismo ha contribuido notablemente al desarrollo económico pero a costa del deterioro de determinados ecosistemas o del medio ambiente. A las dos cuencas regionales que históricamente han atraído la mayor parte de los flujos internacionales (el Mediterráneo europeo y California-Golfo de México-Caribe), se ha sumado la región de Asia-Oriental-Pacífico en torno a las costas del mar de China, como cambio más importante registrado desde los años 90 hasta nuestros días gracias sobre todo al fuerte desarrollo de la demanda intraregional. A pesar de las debilidades económicas de Japón el crecimiento ha sido imparable y la emergencia de nuevos mercados, antes herméticos, como China, Hong Kong, Singapur, la República de Corea y Taiwán está tomando el testigo como impulsores del turismo en la región, donde se combinan eficientemente exotismo, apertura de espacios naturales, dinamismo de áreas urbanas, desarrollo del turismo de sol y playa y turismo de negocios. Mientras tanto Oriente Medio crece todavía a un ritmo intenso que la media mundial, pero con un volumen de turistas mucho menor y más inestable por su crisis geopolítica, y América se estanca incluso o decrece en los últimos años en cuanto al volumen total. En cualquier caso, la extensión del espacio turístico no ha supuesto un trastorno importante del ranking mundial de destinos, a excepción de la progresión de China y otros mercados asiáticos, pues Europa sigue siendo con diferencia la principal región turística mundial (Figura 1 y Cuadro 1), aunque con una lenta tendencia a perder peso (en 1985 representaba el 64,8% de los flujos y en 2010 un 50,7%), sin que ello implique una disminución del total de llegadas. De hecho, unos 11 países europeos (sin contar Turquía) figuran entre los 25 primeros países con más llegadas internacionales. Y, por su parte, en los últimos quince años sí es de destacar el crecimiento en llegadas e ingresos de algunos destinos emergentes como, además de la ya citada China, Tailandia, Turquía, Sudáfrica, Rusia, India y Brasil.




Regiones

1950

2005

2010

2020

AFRICA

2

4,3

5,3

5,0

AMERICA DEL NORTE Y DEL SUR

29,6

16,3

15,9

18,1

ASIA ORIENTAL Y PACIFICO

0,8

19,2

20,5

25,4

EUROPA

66,4

54,5

50,7

45,9

ORIENTE MEDIO

0,8

4,6

6,4

4,4

ASIA MERIDIONAL

0,4

1,1

1,2

1,2

Cuadro 1. Cuota de mercado turístico de las grandes regiones hasta 2020 (en %)

Fuente: OMT, junio 2011. Elaboración propia.

Figura Nº 1. Distribución de las llegadas internacionales por turismo según regiones

Fuente: Organización Mundial del Turismo (OMT), 2010. Elaboración propia.

Todo esto está modificando parcialmente la geografía del turismo internacional y redefiniendo la distribución de los mercados turísticos mundiales, tal y como ya ha ocurrido a nivel global en el campo financiero y productivo, pero la tendencia de liderazgo turístico mantiene un perfil continuista caracterizado por destinos maduros europeos de sol y playa como primera modalidad pero con abundante oferta complementaria y con ciudades histórico-patrimoniales y turísticas importantes. En esta región existen numerosos países relativamente pequeños que generan abundantes flujos turísticos de proximidad, cuenta con una industria turística de mucha experiencia, un know how adquirido durante décadas e importantes empresas multinacionales que controlan buena parte de los mercados mundiales del turismo y promueven iniciativas de integración de mercados y flujos de personas fuera y dentro del espacio europeo. Si acaso merece la pena reflexionar sobre los cimientos del futuro éxito de la región de Asia Oriental y el Pacífico gracias a su mejor nivel de desarrollo económico y su gran volumen de población, la emergencia de nuevas clases medias que generarán viajes turísticos internacionales en el interior de la propia región y la emergencia de algunas ciudades metropolitanas con aeropuertos bien gestionados y compañías aéreas regionales de calidad, a lo que se suman sus atractivos turísticos patrimoniales y sus elementos exóticos, los precios competitivos, las relaciones de cambio monetario favorable y la actitud positiva de sus sociedades hacia el turismo.

Las desigualdades y los contrastes regionales y locales son un hecho también incuestionable en lo que se refiere a los ingresos por turismo (Figura Nº 2), de manera que sólo los cinco países con mayores ingresos en 2010 disponen de más del 35% del total mundial y entre los primeros diez puestos del ranking sólo aparecen dos países de economías emergentes y ninguno de países pobres (China y Turquía). El fenómeno de la globalización ha alterado en gran medida las condiciones de la oferta y la demanda turística y ha extendido de una manera considerable el mercado, al aplicarse en los últimos años políticas tendentes a potenciar el librecambio comercial entre países por parte de instituciones internacionales y las principales potencias económicas. Se invita, de hecho, a los PPVD a buscar su “ventaja competitiva” y a entrar en los mercados internacionales con actividades que generan poco valor añadido en las que tengan posibilidad de especialización. Asimismo, los destinos emergentes están teniendo la opción de aprender de las experiencias negativas que les ofrece el análisis de la evolución de los territorios receptivos tradicionales en los países del Norte, considerados maduros y actualmente con síntomas de agotamiento. Y en este entorno internacional, presentan también la ventaja de sus bajos costes de producción y sus instalaciones modernas a precios más reducidos para competir con los destinos clásicos. Pese a la extensión geográfica del impacto económico del turismo hacia destinos emergentes, los países desarrollados siguen acaparando la mayor parte de los ingresos por turismo internacional, de manera que Europa concentra el 44,2% de la cuota mundial y América del Norte otro 19,8%, a lo que se suma el hecho de que numerosas empresas consolidadas y radicadas en estas regiones han visto la oportunidad para internacionalizarse y deslocalizar sus actividades en los países del Sur, teniendo una enorme capacidad para desviar clientes hacia destinos con costes de producción más reducidos, acabando éstos por depender excesivamente de los canales de distribución convencionales y por soportar importantes fugas de ingresos y valor añadido hacia los países del Norte.

Figura 2. Mapa distorsionado de distribución de ingresos del turismo internacional por países



Fuente: Worldmapper, 2010. Elaboración propia.

Los flujos de información internacional están influyendo, sin duda, en la localización de actividades, como se desprende de las inversiones en cadenas hoteleras internacionales o en atracciones que estimulan los flujos turísticos globales (Shaw&Williams, 2004). Del mismo modo, el turismo crea y re-crea la distribución de imágenes sobre destinos por todo el mundo mediante los recuerdos turísticos, las fotos y videos, los folletos promocionales o los souvenirs permitiendo dar una nueva dimensión global a los destinos y afianzar su posicionamiento y promoción (Figura Nº 3). Y algunos procesos turísticos como las visitas repetidas a destinos, las segundas residencias o las visitas a familiares y amigos permiten intensificar las conexiones e incrementar las transacciones financieras y de crédito electrónico que acompañan a los turistas. Por último, el turismo contribuye a crear nuevas estructuras o nodos donde se organizan flujos hacia nuevos destinos más lejanos, caso de los grandes aeropuertos internacionales y compañías aéreas y, al mismo tiempo, en el marco de la globalización, se ha consolidado un proceso de estandarización y uniformización de productos y servicios turísticos a nivel mundial, sobre todo en el segmento de sol y playa, de manera que los turoperadores y cadenas hoteleras han hecho que en destinos turísticos muy alejados entre sí, física y culturalmente, se puedan vivir experiencias muy parecidas. Pero si este proceso ha mejorado la calidad de vida de muchos ciudadanos, generando empleo, ingresos, construcción de infraestructuras y facilitando formación, lo cierto es que la reproducción y deslocalización de los modelos de turismo masivo de los países desarrollados en los PPVD, al amparo de grandes marcas multinacionales del sector, está acabando por despersonalizar la identidad de estos destinos con una manifiesta despreocupación por su realidad social, cultural y medioambiental, condicionando la voluntad de los viajeros a través del factor precio a los intereses comerciales de los grandes operadores. La filosofía de la exportación o deslocalización de los resorts turísticos de elevada calidad representa muy bien este planteamiento: complejos hoteleros o turístico-residenciales donde el turista se encierra durante unos días en un “oasis” artificial cercano a la playa con instalaciones de ocio diseñadas para su disfrute y con total libertad para consumir sin límite a un coste relativamente ajustado, pero totalmente ajeno a la población local y la realidad del entorno (lo que desincentiva la visita al destino). Además, se trata de complejos que aportan beneficios escasos a la población del entorno y resultan ser poco accesibles para ella. En muchos casos, los propios gobiernos occidentales en épocas de crisis como la actual alientan a sus empresas a invertir en el exterior, como ha ocurrido también con el sector de la construcción reproduciendo modelos caducos en Occidente en los PPVD, atendiendo a criterios de rentabilidad empresarial y obviando los relativos al desarrollo, libertad e igualdad (Román, 2008)4. En no pocos casos se alienta esta internacionalización de modelos descartados a través de ayudas públicas para el desarrollo de proyectos de ONG que trabajan con comunidades locales, lo que parece pretender olvidar la mala conciencia por mantener relaciones diplomáticas fluidas con países donde es difícil superar los niveles de desigualdad, pobreza y falta de libertad por estar sometidos a regímenes con grados de democratización muy endebles.

Figura 3. Mapa de intensidad en la atracción turística por países según densidad

de imágenes colgadas en Internet por turistas

Fuente: Comunidad Virtual Panoramio.com, 2010. Google Maps/Google Hearth.

En amarillo de densidad alta, en rojo media y azul baja. En gris sin imágenes.

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