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Desenlace, frutos y lecciones


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1 8 8 8: DESENLACE, FRUTOS Y LECCIONES
¿Fue la sesión de 1888 buena o mala para la Iglesia? ¿Cómo podéis beneficiaros de las reacciones y consejos de Elena G. de White? La sesión de la Asociación General realizada en Mineápolis, Minnesota, en 1888, se transformó en el mayor punto decisivo de la historia de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Nuestra mudanza de rumbo se efectuó lentamente durante los tres años que se siguieron a la conferencia. Durante ese tiempo, los persistentes esfuerzos de Elena G. de White, A. T. Jones y E. J. Waggoner ayudaron a llevar la Iglesia del espíritu de debate y de legalismo de años precedentes, para un realce sobre la justificación por la fe en la justicia de Jesús Cristo.

Esa mudanza de dirección, sin embargo, no fue resultado de la conferencia de Minnesota. En muchos sentidos, el encuentro de Mineápolis fue un desastre. La Iglesia fue a lo más hondo, espiritualmente, en aquella sesión. Elena G. de White la consideró "la más triste experiencia de mi vida" (1) y "la más dolorosa prueba de mi vida" (2). Es la única sesión de la Asociación General, en la historia adventista, que fue señalada por rebelión abierta contra Elena G. de White por parte de un gran número de nuestros ministros. Ella llegó al punto de preguntarse a sí misma si Dios no iría a llamar aun otro movimiento. Con respecto a muchos de los delegados, declaró ella: "Como reformadores ellos habían salido de las iglesias denominacionales, pero ahora desempeñaban un papel semejante al que las iglesias desempeñaron. Esperábamos que no hubiese necesidad de otra salida." (3)

En que pese, sin embargo, a su profunda angustia por el espíritu de incredulidad manifestado por muchos, Elena G. de White previno con confianza que de algún modo el Señor vencería, y muchos beneficios vendrían como resultado. En 4 de noviembre, en el último Día de la conferencia, ella escribió a su nuera: "Ya hablé aproximadamente unas veinte veces con mucha franqueza, y creo que estas reuniones resultarán en grande bien. No conocemos el futuro, pero sentimos que Jesús está al timón y no naufragaremos." (4)

Había otros que veían tanto el lado positivo como el negativo de la sesión. Tres semanas después del término de esta, W. C. White escribió al recién electo presidente de la Asociación General, que aun estaba en Europa: "Los delegados que quedaron hasta el fin de la reunión llevaron impresiones bastante diversas. Muchos encontraron que fue una de las reuniones más provechosas a que ya habían asistido; otros, que ella fue la conferencia más infeliz ya realizada." (5)

Sin duda, aquella sesión llevó a reacciones diversas. Algunos encontraban que la sesión fue mala, muy mala. Otros, que fue buena, muy buena. ¿Qué hizo la reunión tan mala? ¿Y qué la hizo tan buena?
El Lado Negativo.-
Durante varios años, antes del inicio de la sesión, se desenvolvieron entre dos grupos de líderes de la Iglesia, diferencias personales y animosidades. Los hermanos de Battle Creek eran liderados por George I. Butler, presidente de la Asociación General, y Urías Smith, editor de la Review and Herald. Al lado de esos hombres estaban varios presidentes de asociación, en particular los Pastores R. M. Kilgore de Illinois, J. H. Morrison de Iowa, R. A. Underwood de Ohio y I. D. Van Horn de Michigan, así como cierto número de luces menores.

El otro grupo era dirigido por E. J. Waggoner y A. T. Jones, que servían no solo como co-editores de la Signs of the Times, sino también como profesores de Bíblia en el Healdsburg College. Entre sus amigos estaban W. C. White, S. N. Haskell y C. H. Jones.

Inicialmente, las divergencias entre estos dos grupos giraban en torno de la interpretación de dos pasajes de las Escrituras. Los hermanos del Este creían que los Hunos fuesen uno de los diez reinos de Daniel 7, y que la ley "ordenada" de Gálatas 3:19-25 era el sistema ceremonial judaico. Los hermanos del Oeste, por otro lado, eran favorables a los Alemanni en lugar de los Hunos, y afirmaban que la ley ordenada en Gálatas era la ley moral.

El hecho de que Waggoner y Jones eran comparativamente jóvenes - en la faja de los treinta - mientras Butler y Smith estaban en la casa de los cincuenta, sirvió para exacerbar la situación. Butler hallaba imposible creer que aquellos dos "jóvenes inexpertos", que habían acabado de sentarse en la silla editorial, pudiesen entender mejor la Bíblia que él. (6)

La indisposición entre los dos lados comenzó cuando Waggoner publicó su punto de vista sobre Gálatas 3, en Signs of the Times de 11 de septiembre de 1884. Su explicación de que la ley ordenada era el código moral, contrariaba frontalmente la interpretación acepta por Butler y Smith, así como por la mayoría de los adventistas de aquel tiempo. Acontece que el padre de E. J. Waggoner, el señor J. H. Waggoner, había tomado posición semejante 30 años antes. El Pastor Waggoner defendía en 1845 que "ni una sola declaración" de Gálatas "se refería a la ley ceremonial o ley levítica". La epístola, escribió él, "trata solamente de la ley moral". (7)

Aparentemente, Elena G. de White puso fin a la primera controversia, al afirmar que la interpretación de Waggoner estaba errada.(8) Durante las próximas tres décadas la cuestión de la ley en Gálatas no recibió mucha atención; al menos el asunto no provocó nueva polémica. Smith, Butler y los demás estaban seguros de que Gálatas 3:19 se refería al sistema ceremonial. Creían también que Elena G. de White defendía este punto de vista, una vez que ella había rechazado la posición de J. H. Waggoner. (9)

Ahora el Waggoner más jóven, en cierto sentido había tirado el guante y deliberadamente revivió la controversia. El esbozó su posición en una serie de nueve artículos publicados en la revista Signs de 8 de julio a 2 de septiembre de 1886. Butler se sintió provocado. El consideró los artículos como una afronta a su liderazgo. Resolvió poner fin a la cuestión de una vez en la sesión de la Asociación General de 1886. De prisa, produjo un panfleto de 85 páginas, que distribuyó a los delegados, cuando estos se reunieron en Battle Creek para la sesión de la Asociación General, en noviembre de aquel año. En ese opúsculo, Butler escribió: "El escritor admite considerable sorpresa que durante el último año, o talvez dos años, el asunto (de la ley en Gálatas) se haya tornado bien saliente, en las instrucciones dadas a los que se están preparando en el Healdsburg College para trabajar en la Causa; también en las lecciones impresas en el Instructor, destinadas a nuestras Escuelas Sabáticas fuera del país, y en innumerables otros artículos argumentativos en la Signs of the Times, nuestra revista misionera pionera, llevando así estos puntos de vista ampliamente al público lector que no está familiarizado con nuestra fe. De esa manera, grandes y repetidos esfuerzos han sido hechos en el sentido de afirmar que la ley moral es el asunto de que trata el apóstol en los textos más salientes de su argumento en la carta a los Gálatas...

"Protestamos resueltamente contra la presentación de puntos de vista controvertidos de la manera indicada, concernientes a asuntos sobre los cuales nuestro pueblo no está de acuerdo." (10)

En la Conferencia General de 1886, una comisión teológica de nueve miembros fue indicada para estudiar el punto en discusión, lo que ellos hicieron inmediatamente. Alguna cosa de la tensión producida entre los dos grupos y líderes de la Iglesia puede ser percibida por la carta de Butler a Elena G. de White, escrita luego después del encerramiento de la reunión. "El hermano E. J. Waggoner continuaba... alimentando el conflicto", escribió él. "Fue organizada la comisión teológica... Cuatro quedaron a favor del Signs: Haskell, Whitney, Wilcox y Waggoner; y cinco contra: Smith, Canright, Covert, J. H. Morrison y yo. Tuvimos un debate de varias horas, pero ninguno de los lados quedó convencido. La cuestión era si deberíamos llevar esto a la Conferencia y envolver en la lucha a un gran público o no. No pude recomendarlo, pues encontré que sería más desastroso y resultaría apenas en acaloramiento y debate." (11)

La confrontación pública no pudo ser totalmente evitada en aquella reunión; se pasó una resolución dirigida a Waggoner, mientras otra fue anulada. La conferencia votó pedir a los editores adventistas "que no permitiesen que puntos de vista no defendidos por una expresiva mayoría de nuestro pueblo... fuesen publicados en nuestras revistas denominacionales, como si fuesen las doctrinas aceptadas por este pueblo, antes que fuesen examinados y aprobados por los hermanos experimentados del liderazgo."(12)

A pesar de todo, la resolución de Butler, que apelaba para que hubiese una censura de la Signs por el hecho de haber publicado los nueve artículos sobre Gálatas en el comienzo de aquel año, fue rechazada. Butler lamentó: "Por justa razón, creo que ella debía haber sido aprobada. Pero sería muy desagradable para el hermano Haskell y algunos otros, que fuese dicha aunque una sola palabra, diciendo que la Signs había cometido un error."(13)

En un esfuerzo para conseguir unidad y un poco de paz, Elena G. de White, que estaba en Europa, escribió a los contendores, tanto de un lado como del otro y les apuntó las fallas. Ella llevó a Waggoner y Jones a procurar desenvolver sus ideas delante de los alumnos del Healdsburg College y a publicarlas para el mundo. (14) Después de seis semanas, luego de leer las primeras páginas del panfleto de Butler sobre Gálatas, Elena G. de White lo amonestó: "Creo que usted fue muy contundente." (15)

Como deferencia a Elena G. de White, la sesión de la Asociación General de 1887 fue realizada en Oakland, California, apenas a unos diez kilómetros de su casa en Healdsburg. Se evitó la discusión pública sobre la cuestión de Gálatas, pero, de acuerdo con el Pastor Butler, hubo algunas discusiones particulares serias sobre el asunto. El informó más tarde a Elena G. de White: "En la Conferencia General de Oakland en el último año, él (Waggoner) se reunió en particular con algunos de nuestros ministros para hablar sobre este asunto y les leyó un largo análisis que preparara, basada en mi panfleto, y procuró por todos los medios ingeniosos que pudo, introducir su punto de vista sobre el asunto ... No tengo ninguna evidencia de que el Pastor E. J. Waggoner o aquellos que lo siguen tengan a idea de desistir, pero pienso que ellos aun se proponen a luchar por eso hasta un final amargo." (16)

La discusión pública de la cuestión de Gálatas y otros puntos controvertsiales ya no podía ahora ser evitada. En verdad, en el inicio de 1887 Elena G. de White ya la había reconocido como inevitable. Ella dijo a Butler en aquella ocasión: "La cuestión ahora ya fue expuesta de manera tan plena delante del pueblo, por vosotros mismos y también por el Dr. Waggoner, que debe ser enfrentada amplia y directamente en discusión abierta ... Distribuisteis vuestro panfleto; es natural que el Dr. Waggoner tenga también una oportunidad, de la misma forma que tuvisteis. Creo que no todo es ordenado por Dios. Pero hermanos, no debemos cometer ninguna injusticia." (17)

En julio de 1888, en la preparación para la reunión en Mineápolis, Waggoner, Jones, W. C. White y más algunos ministros de California, se reunieron por varios días en un retiro en la montaña. W. C. White escribe: "Pasamos dos días examinando la historia de los diversos reinos que desempeñaron una parte en el desmembramiento de Roma; y un Día, en el examen de la Ley en Gálatas del Pastor Butler, y otros tópicos que tratan de esa cuestión, al término de los cuales el Pastor Waggoner leyó algunos manuscritos que él preparara en respuesta al panfleto del Pastor Butler ... Al final de nuestro estudio, el Pastor Waggoner nos preguntó si sería correcto que él publicase sus manuscritos, y en la próxima Conferencia General los colocase en las manos de los delegados, como lo hizo el Pastor Butler con los suyos. Hallamos que sería correcto, y lo animamos a mandar a imprimir 500 ejemplares." (18)

Con el apoyo de sus hermanos, Waggoner publicó su libro The Gospel in the book of Galatians (El Evangelio en el libro de Gálatas), y llevó consigo un buen número cuando fue para Mineápolis.

Ocho semanas antes de iniciarse la conferencia, Elena G. de White instó con sus hermanos para que se acordasen de su cristianismo en la próxima reunión. A los "hermanos que se reunirán en la Asociación General", escribió ella: "Que cada alma se despoje ahora de la envidia, de los celos, de la mala sospecha, y mantenga el corazón en íntima comunión con Dios. Si todos hicieren eso, tendrán a arderles en el altar del corazón aquel amor del cual Cristo les habló. Todos los grupos tendrán la bondad y la ternura cristianas. No habrá ninguna contienda; pues los siervos de Dios no deben contender... La correcta interpretación de las Escrituras no es todo lo que Dios requiere. El no se complace apenas en que conozcamos la verdad, más... debemos poner en práctica, en el trato con nuestros semejantes, el Espíritu de aquel que nos dio la verdad." (19)

De cualquier manera, se formó un concepto errado en cuanto a los temas a ser presentados en la reunión que precedería la Conferencia General. De acuerdo con W. C. White, Butler le escribió una carta en la cual "daba una lista de los asuntos que él hallaba que deberían ser tomados en consideración. Entre estos, mencionaba especialmente los diez reinos y la ley en Gálatas... Al Pastor Butler se le olvidó, y no admite que haya escrito tal carta en alguna ocasión." (20)

Waggoner y Jones vinieron bien preparados con su munición teológica e histórica, pero, por alguna razón, Urías Smith y sus compañeros no hicieron ninguno preparativo especial. Trajeron, sin embargo, varias centenas de copias del panfleto de Butler sobre Gálatas, las cuales distribuyeron entre los delegados. (21)

Desgraciadamente, la apelación de Elena G. de White en favor de la bondad y compasión fue grandemente ignorada, cuando la comisión ministerial se reunió el miércoles 10 de octubre, una semana antes de la sesión de apertura de la Asociación General. Las exposiciones de Jones sobre los diez reinos, presentadas en el segundo Día de la reunión, resultaron en discusiones que a veces se volvían violentas. Serena, la hermana White confiaba en que un buen espíritu prevalecería al final. El sábado en la noche, 13 de octubre, ella predicó sobre el amor de Dios y después hizo una apelación para testimonios. "Muchos dieron testimonios", escribió ella, "de que aquel fue el Día más feliz de su vida... Aquella fue una ocasión de refrigerio para muchas almas, pero no continuó en algunos." (22)

Elena G. de White culpó tanto al Pastor Butler como al Pastor Smith por obstruir el camino, de manera que la verdad y la luz fuesen tratadas como huéspedes indeseables. A las 2:30 hrs. de la mañana del 15 de octubre, ella escribió a Butler: "No me siento ni un poco constreñida en decir que fue traído para esta reunión, no un espíritu de esfuerzo para obtener luz, sino de obstrucción del camino, para que no penetre un rayo en los corazones y mentes del pueblo, mediante algún otro conducto que no sea aquel que decidisteis ser el conducto apropiado." (23)

Cuando la comisión ministerial fue absorbida en la sesión de la Asociación General, las presentaciones incluyeron mensajes más poderosos de parte de Waggoner sobre la justificación por la fe en Cristo; estas, sin embargo, fueron vistas con desconfianza por el grupo de Butler y Smith.

Smith ciertamente expresó los sentimientos de muchos cuando declaró: "Podríamos concordar con los seis temas preliminares del hermano Waggoner sobre justificación; yo mismo habría sido el primero en exultar con ellos, si no hubiese sabido hace mucho tiempo que él deseaba pavimentar el camino para sus posiciones sobre Gálatas." (24)

Las discusiones sobre la ley en Gálatas llevaron los hermanos del este y del oeste a alejarse más que nunca. Los agravios existentes se volvieron aun peores, cuando los dos lados se confrontaron con sus puntos de vista opuestos. Una de las consecuencias más lamentables del espíritu acrimonioso revelado por Butler, Smith y otros para con Waggoner y Jones fue que aquellas animosidades fueron también dirigidas contra Elena G. de White. A esa altura, estaba en juego una cuestión más importante que los diez reinos o la ley en el libro de Gálatas: la aceptación o rechazo de Elena G. de White como mensajera del Señor.

En verdad, los hombres de Butler-Smith ya desconfiaban de la Sra. White aun antes de comenzar la sesión, por causa de la conocida amistad que sabían existía entre su hijo y Waggoner y Jones. Ellos estaban seguros de que ella era parte de la "conspiración" de California. Esas desconfianzas se les confirmaron en la mente cuando ella apoyó fuertemente a Waggoner en sus mensajes sobre justificación por la fe. Fue responsabilizada por la asociación. A respecto de ese cambio de actitud para con ella, escribió Elena G. de White: "Era evidente que nuestros hermanos estaban desilusionados. Ellos habían perdido la confianza en la hermana White, no porque la hermana White hubiese cambiado, sino porque otro espíritu se apoderara de ellos y los controlaba." (25)

La hermana White caracterizó la actitud del grupo Butler-Smith como una rebelión. Ella declaró: "La posición y la obra que Dios me confió en esta conferencia fueron menospreciadas por casi todos. La rebelión fue general. Su curso fue un insulto al Espíritu de Dios." (26)

"Los hermanos han hecho morisquetas, han criticado, comentado, desmerecido, retenido y escogido poco y rehusado mucho, hasta que los testimonios no significasen nada más para ellos." (27)

El rechazo de Elena G. de White fue seguido por el rechazo de todo lo que ella defendía, incluyendo las presentaciones de Waggoner sobre justificación por la fe. A Butler, escribió ella: "De un modo general, el espíritu de los ministros que vinieron a esta reunión es de rechazo a la luz." (28)

Parece que la mayoría de los 96 delegados fue influenciada por ese espíritu de cinismo e incredulidad. Notad las palabras citadas en la ocasión: "Casi todos" habían rechazado la autoridad de la profetisa; "de modo general los ministros" se oponían a la nueva luz. Lamentablemente, la profetisa fue obligada a escribir estas declaraciones casi increíbles: "En Mineápolis, Dios dio preciosas gemas de la verdad a Su pueblo en un nuevo engaste. Esta luz del Cielo fue rechazada por algunos con toda la obstinación que los judíos manifestaron al rechazar a Cristo." (29)
Las implicaciones de esas actitudes pecaminosas son aturdidoras, cuando consideradas seriamente. Elena G. de White calificó nuestros padres espirituales como responsables, por lo menos hasta cierto punto, por la prolongación de nuestra larga noche de sufrimiento. Declaró ella: "Satanás... los impidió de obtener aquella eficiencia que podría pertenecerles al llevar la verdad al mundo, como los apóstoles la proclamaron después del Día de Pentecostés. La luz que debía iluminar toda la Tierra con su gloria fue resistida, y en gran parte por causa de la acción de nuestros propios hermanos, se retiró del mundo." (31)
Los sermones de Waggoner sobre salvación por medio de la fe en la justicia de Cristo, dieron una nota que hace mucho tiempo estuvo ausente de los sermones de los pastores adventistas. La mayoría de los conversos adventistas vino de otras iglesias cristianas, y su aceptación de Cristo fue tenida como cierta. Los pastores adventistas predicaban mucho más sobre la ley y el sábado que sobre Cristo. Ellos se tornaron contendores capaces, que se enorgullecían de su habilidad de superar en una discusión sus opositores que guardaban el domingo. Los sermones de Waggoner eran diferentes. El se concentraba en Cristo - Su divinidad, Su humanidad y Su justicia, que El nos ofrece como un don. En este nuevo realce, Waggoner tenía el total apoyo de Elena G. de White. Ella le dijo a los delegados: "Veo la belleza de la verdad en la presentación de la justicia de Cristo en relación con la ley, conforme el doctor nos ha expuesto... Lo que ha sido presentado armoniza perfectamente con la luz que Dios halló por bien darme durante todos los años de mi experiencia." (32)

"En Mineápolis", dijo ella más tarde, "Dios otorgó preciosas gemas de la verdad a Su pueblo en un nuevo engaste." (33) "En Su gran misericordia, el Señor envió a Su pueblo un mensaje más precioso por medio de los Pastores Waggoner y Jones." (34)

Los mensajes fueron como aguas vivas a las muchas almas sedientas que se hallaban presentes.

W. C. White consideró los sermones de Waggoner el punto decisivo de su vida. (35) Siete años después de la conferencia A. O. Tait aun estaba sintiendo el fulgor. "Positivamente, hay aun en Battle Creek un cierto número de hombres que no ve la luz en la bendita verdad en cuanto a la justicia de Cristo, que nos ha sido enviada como lluvia de bendiciones desde la Asociación General de Mineápolis. Encontré aquella doctrina precisamente el alimento de que mi pobre alma necesitaba aquí en Mineápolis, y me convertí en aquella reunión; y, desde entonces, me he regocijado en la luz." (36)

Cerca de medio siglo después, C. C. McReynolds aun miraba retrospectivamente para la sesión de Mineápolis como una experiencia verdaderamente memorable y bendecida. El se acordaba: "En el final de la cuarta o quinta lección del Pastor Waggoner, yo era un pecador vencido y arrepentido. Sentía que solo podía vencer con el Señor. Me retiré para un bosque; no quise comer; pasé la tarde arrodillado y sobre mi rostro delante del Señor con mi Bíblia. Llegué al punto de creer en la promesa hecha por Dios en Su Palabra, de perdón para mis pecados, y de que esto decía respecto tanto a mí como a cualquier pecador. Su promesa en I Juan 1:9; Isa. 1:18; Gál. 1:4 y muchas de las promesas fueron examinadas. Yo Lo vi ahí como mi Salvador personal y allí me convertí de nuevo. Todas las dudas de que mis pecados estaban realmente perdonados fueron alejadas, y desde entonces jamás dudé de mi aceptación como un perdonado hijo de Dios." (37)

Esta especie de encuentro divino debe haber sido experimentada por más que unos pocos apenas, pues Elena G. de White declaró: "Constantemente el Espíritu del Señor venía a la reunión con poder convincente, a despecho de la incredulidad manifestada por algunos de los presentes." (38)

A fin de que no se perdiesen los beneficios de ese nuevo realce sobre Cristo y Su justicia, Elena G. de White, Jones y Waggoner pasaron los próximos tres años dirigiendo reavivamientos en reuniones campestres y en nuestras iglesias mayores en todo el país. Había aun mucha oposición, especialmente en Battle Creek, pero hubo muchas victorias. Con referencia a dos de estos reavivamientos Elena G. de White se acordaba: "Trabajamos - y algunos saben cuán arduamente - creo que una semana entera, yendo por la mañana y en la tarde a Chicago, a fin de poder introducir aquellas ideas en la mente de los hermanos...

"Ellos creen que deben confiar en su propia justicia y en las propias obras y mirar para si mismos, y no apropiarse de la justicia de Cristo e introducirla en la vida y en el carácter... Se pasó una semana antes que hubiese una oportunidad y el poder de Dios viniese sobre aquella congregación como una marea subiendo. Os digo, él debía tornar libres los hombres; debía apuntarles al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

"Y allá en South Lancaster hubo el poderoso toque del Espíritu de Dios. Hay allí algunos que estuvieron en aquella reunión. Dios reveló Su gloria; y cada alumno del colegio fue traído a la puerta allí en confesión, y hubo el toque del Espíritu de Dios. Y la misma cosa aconteció de lugar en lugar; por todas partes donde estuvimos, vimos el toque del Espíritu de Dios." (39)

Con el pasar del tiempo, muchos - talvez la mayoría - de los que habían pecado tan pertinazmente en Mineápolis, confesaron su culpa y pidieron perdón al Señor. Esto incluye no solo los Pastores Butler y Smith, como también los líderes que los apoyaban. La actitud expresada por el Pastor I. D. Van Horn, al escribir a Elena G. de White en 1893, es típica: "Estoy realmente avergonzado de la parte que desempeñé en la 'morisqueta', en la 'sátira', en el 'sarcasmo' y en el 'chiste', en los cuales fuimos tan indulgentes yo mismo y otros del mismo cuarto en aquella reunión en Mineápolis. Fue muy errado - todo errado - y debe haber sido ofensivo al Señor que testimonió todo. Me gustaría que todo fuese apagado de mi memoria." (40)



Fuera de esos reavivamientos, fueron realizados por nuestros ministros en Battle Creek, entre 1889 y 1891, tres reuniones o clases bíblicas, totalizando 46 semanas. Esas reuniones dieron también realce especial al asunto de la justificación por la fe. A. T. Jones y E. J. Waggoner se encontraban entre los instructores de esas clases, y ellos fueron también los oradores principales en la mayoría de las sesiones de la Asociación General durante toda la década de 1890. Los libros Camino a Cristo, El Discurso Maestro de Jesucristo, El Deseado de Todas las Gentes, y Palabras de Vida del Gran Maestro, de Elena G. de White, con su enfoque sobre el ministerio de Cristo, Sus enseñanzas y Su carácter, fueron publicados entre 1892 y 1900. Podemos agradecer a Dios porque, comenzando con la conferencia de Mineápolis, el asunto de la justificación por la fe en la justicia de Cristo vino a ocupar un lugar más amplio en la mente y en la experiencia de los Adventistas del Séptimo Día.
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