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Desafíos de la Inculturación Reflexiones Teológicas y Pistas Pastorales


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Desafíos de la Inculturación Reflexiones Teológicas y Pistas Pastorales




Pablo Suess

La razón fundamental de la evangelización es la participación de todos en la VIDA. La inculturación es un camino que apunta hacia esa participación. Los cristianos imaginan y realizan el encuentro con la vida en el seguimiento de Jesús y en el anuncio del Dios de la Vida. Buscan "la brisa suave" de la vida, sobre todo, en las grietas de la vida mutilada de los pobres y de los olvidados. La inculturación mira a asumir a los últimos como próximos y primeros. Su vida es el lugar preferencial de la epifanía del Señor.

Nuestro acercamiento a los Otros en nombre del Evangelio de la vida encuentra su matriz en la cercanía de Dios. La inculturación, cuya meta es la liberación para que la vida de todos sea completa, solamente vale la pena si nuestra vida está marcada por el Dios-Con-Nosotros, su apertura, gratuidad, libertad y solidaridad. La inculturación, en cuanto inserción en la cultura de Otro, es un aprendizaje siempre precario que intenta revertir prácticas de una evangelización colonizadora. Si el punto de partida de la inculturación es la presencia en medio de la vida fragmentada, el punto de llegada es la participación en la vida integral. Vida fragmentada y vida integral son articuladas por una propuesta, el Evangelio, y por un camino a recorrer, la misión.

Es difícil hablar de inculturación, sin antes hacer algunas opciones antropológicas. En el campo de las culturas, en los escritos de los científicos sociales no se habla del pueblo, es un campo con poca precisión. Cada uno entiende algo diferente cuando habla de "cultura". Por eso, el texto que sigue, delimita, en un primer paso, el campo de la cultura y permite aclarar la relación entre Evangelio y culturas (I), para después explicar la normatividad de la evangelización inculturada (II). Por fin, siguen algunas pistas pastorales (III).


I. Culturas y Evangelio

1. Herencia histórica y tarea política


Las culturas son construcciones históricas en proceso; son herencias sociales que desafían a cada generación para discernir entre la necesidad de asumir esa herencia y transformar las partes caducas de ella. Somos herederos y constructores de cultura.

A través de la cultura, inventamos y desvelamos el mundo. Los grupos humanos miran siempre al mundo con ojos culturales y tratan al mundo con instrumentos culturales. "Cultura" significa "lectura del mundo" y "proyecto de vida".

Las culturas son construcciones heredadas. Las personas humanas son autores y productos de sus culturas. Todos somos herederos y agentes históricos de nuestras culturas. La cultura es una herencia social, no una herencia biológica. Ella nos califica como persona humana y nos distingue del reino biológico de los animales (libertad).

Cada pueblo construye su cultura en el transcurrir de miles de años. La relación del animal con el mundo es una relación inmediata, dirigida por programaciones biológicas, como los instintos y los impulsos. La relación de los grupos humanos con el mundo es una relación mediada por instrumentos y herramientas, como mitos, lenguas, arte, tecnologías, religión, filosofías, conceptos y conocimientos científicos.

En cuanto seres humanos, somos biológicamente mucho más frágiles. Sin nuestra cultura no conseguiríamos sobrevivir. Las culturas son las muletas que los grupos sociales inventan para vivir y compensar su precariedad biológica. Las culturas son aprendidas; no están en la sangre. Por eso podemos aprender otras culturas.

2. Datos sobre la aproximación cultural


La aproximación cultural tiene varios niveles y objetivos. La enculturación o socialización cultural, la aculturación, la integración y la inculturación. La inculturación es el intento de asumir las expresiones culturales de otro grupo social, a fin de comunicar el Evangelio.

La primera aproximación cultural sucede cuando aprendemos nuestra propia cultura en la casa, en la calle y en la escuela. A tal aprendizaje llamamos enculturación, enculturación o socialización cultural. Hay una gran diferencia, si aprendemos nuestra cultura (enculturación), desde la infancia, o si aprendemos, ya adultos, una segunda cultura (inculturación). Como no todos tenemos la misma facilidad para aprender una segunda lengua, también para un segundo aprendizaje cultural no todos tenemos la misma habilidad.

La aculturación es la aproximación y el intercambio entre dos culturas diferentes de las que puede nacer una tercera cultura. La aculturación no es un encuentro cultural inocente, porque tal aproximación no sucede en condiciones simétricas (de igualdad). En el campo cultural se reproducen las asimetrías (desigualdades) sociales y políticas de la sociedad. En realidad, lo que sucede en la aculturación es que la cultura de los dominantes políticamente se impone a los demás haciendo concesiones periféricas o folklóricas en campos secundarios (comida, ropa, danzas, adornos). Una Misa con adornos de culturas indígenas, afroamericanas o populares ahora no es una Misa inculturada. Es una Misa, culturalmente folklórica.

La aculturación, de hecho, sucede por todas partes. Pero, no es una meta para la evangelización inculturada. No tiene fundamento bíblico, ni teológico. Dios no se aculturó en el mundo. Se encarnó en este mundo por medio de Jesús de Nazaret. Jesús no vino para un encuentro a medio camino. No descendió un poco para levantar a la humanidad un poco por encima. El no se adornó con la cultura de su pueblo. Dios descendió y se encarnó en la condición más vil de la humanidad, en el pesebre y en la cruz, un sin casa y un sin tierra.

Otro modo de aproximación cultura en América fue la integración colonial. Los conquistadores intentaran colocar a los conquistados en el interior y, al mismo tiempo, en la periferia de su cultura. Tanto la integración del otro en mi universo cultural, como la identificación de la mía con la cultura del Otro, son destructivas frente a la alteridad el otro. Por consiguiente, la aproximación cultural en forma de inculturación no mira a identificarse con el Otro en su cultura, sino a descolonizar las prácticas pastorales y a la solidaridad. La Gaudium et Spes dedica un párrafo a esa afinidad entre inculturación y solidaridad: "El Verbo Encarando y la Solidaridad Humana" (GS 32).

3. Proyectos históricos y segundo medio ambiente


La cultura es un proyecto histórico de vida, codificado en la economía de un pueblo, en sus prácticas socio políticas en su cosmovisión. La cultura es un segundo medio ambiente, históricamente construido.

Pero ¿qué significa "proyecto histórico? Proyecto histórico significa proyecto de vida. Todos los grupos sociales quieren vivir y viven gracias a sus culturas. Los moradores de la calle, los emigrantes los recogedores de papel: todos quieren vivir. Por eso todos son sujetos de culturas.

¿Cuál es la cultura para una verdadera inculturación? No es muy difícil detectar esa cultura. Ellos se alimentan, duermen, viven.

De una u otra amanera "se miran", se relacionan con otras personas y grupos sociales. Crían hijos, se aman, emocionan, intentan hacer las paces; pasan por momentos de alegría y de tristeza, cargan consigo una firme esperanza en un mundo mejor, creen en Dios y tienen una ética cultural, como todo el mundo. La vida tiene sentido. Con eso tenemos los elementos esenciales para la inculturación.

Para el concepto de "culturas" es importante pensar a partir de los diversos modos de vida y de sujetos que llevan esa vida. Cuando se habla de "cultura de la paz", por ejemplo, no se trata de una cultura propiamente dicha. No tiene sujetos que puedan ser identificados, ni un territorio, donde esté siendo realizada. Al hablar de "cultura de la paz", "cultura de la solidaridad" o "cultura del trabajo" hablamos analógicamente de cultura. Es preciso distinguir entre cultura propiamente dicha y cultura entre comillas. Esas culturas entre comillas no tienen pueblo, ni territorio. No podemos inculturarnos en ellas.

Como ya percibimos, existen varias maneras de entender el concepto de cultura. Aquí entendemos cultura como un segundo medio ambiente que los grupos sociales construyen. El primer medio ambiente es la naturaleza. Sobre este primer medio ambiente construimos un segundo medio ambiente que es nuestra cultura. Ella nos provee de instrumentos, relaciones organizadas y de sentido de la vida. Sin ese segundo medio ambiente, no conseguiríamos vivir. Y esa es nuestra diferencia con los animales. Ellos viven biológicamente, dirigidos por el instinto. Antes de la hora del peligro, las ratas abandonan el barco.

¿Son todas adivinas? Nuestra prevención del peligro funciona por medio de la meteorología, mediante aparejos técnicos y experiencias. Cultura es un ecosistema históricamente construido. En la cultura, guardamos codificadas nuestras experiencias históricas antiguas y nuestro proyecto político para el mañana.

Es útil distinguir entre civilización y cultura. La civilización es algo más amplio. La civilización no nos provee de identidad. Uno tiene identidad junto a su grupo social. No somos ciudadanos de la modernidad, somos ciudadanos de nuestro barrio, de nuestra comunidad, de nuestra familia. Por eso distinguimos entre inculturación en una determinada micro estructura, y apropiación civilizadora. La civilización es una caja común a la cual todos los pueblos contribuyen. Después podemos apropiarnos los proyectos de plata (referencia a los israelitas cuando salieron de Egipto llevando los objetos de plata) de esa civilización y dejar su utilidad en el interior de nuestras culturas. Las personas no se inculturan en la modernidad; se apropian de los elementos de la modernidad que son importantes. Las conquistas de la civilización bien ayudan, o bien perturban el estilo de vida de los pueblos. El camino que entra en la aldea indígena no necesita destruirla. Una emisora de radio, en manos de los sin tierra, pude ser políticamente muy importante. No es la civilización quien destruye las culturas, sino la barbarie que nace de la desaprobación política.


4. Proyectos de vida y "estructuras de pecado"


Las culturas no pueden ser valoradas "superiores" o "inferiores", "primitivas" o "adelantadas". Ninguna cultura es perfecta o pura. Todas las culturas están atravesadas por "estructuras de pecado". Todas las culturas son luchas por la vida y luchas contra los "poderes de muerte". La vida es don y, como tal, es herencia del pasado y tarea a ser realizada; es don gratuito y tarea responsable. El don se abre en la gratuidad del rito y de la celebración, donde los pueblos conmemoran el pasado, festejan el presente y anticipan la utopía de "la tierra sin males". La vida como tarea confiere responsabilidad. Es la dimensión de lucha y resistencia contra las fuerzas que atentan contra la vida, ya sean enemigos personales, fuerzas consideradas naturales o sobrenaturales o la propia miseria. Ambas, herencia y tarea, tienen una dimensión de contemplación y de lucha.

Los diferentes pueblos supieron adaptar sus culturas, sus instrumentos materiales, su organización social y política y su universo religioso a nuevas circunstancias históricas. Gracias a sus culturas, viven y sobreviven, resisten contra la muerte y festejan la vida. En el interior de cada cultura, surgirán formas específicas de invocar la protección de seres sobrenaturales y de convivir en paz con ellos. Con sus "instrumentos" culturales se liberan del miedo a la naturaleza y de la angustia de seres superiores. La cultura es como un laboratorio colectivo donde cada pueblo produce su identidad y los medios y comportamientos necesarios para su vida. En el interior de cada cultura, los pueblos construirán y reconstruirán su cosmovisión, sus signos y significados, su origen y su destino. En fin, producirán su religión, su visión del cosmos y del mundo. Como cada pueblo, que habita crece de un río construye un determinado tipo de canoa para atravesar el río, así también "construirán "su religión para atravesar el río del tiempo y de la historia y para viajar allá o acá. Religión y cultura están inseparablemente ligadas.

Todas las culturas son históricas y, por tanto, atravesadas por momentos de dificultad frente a la vida y a la muerte. La cultura nunca es perfecta. La "cultura perfecta" sería el fin de la historia. A causa de esa relatividad histórica, la cultura de un pueblo nunca es normativa (superior) para otro pueblo. En todas las culturas se encuentran "primitivos" y sabios". Nuestra cultura es normativa para nosotros. Ninguna cultura, por lo mismo, puede reivindicar su normatividad frente a otras culturas. El equilibrio entre la estima de lo propio y el reconocimiento del extraño, a veces, es difícil. Todos los grupos sociales están tentados por el orgullo, el etnocentrismo y el racismo. Las culturas, en cuanto proyectos de vida, son luchas codificadas contra la muerte. Por eso, no tiene sentido hablar de "cultura de vida" ni de "cultura de muerte". "Cultura de vida" es un círculo redondo; es una redundancia. Si "cultura de vida" es obvia, la "cultura de muerte" es absurda. Cada grupo social se junta para vivir y no para matar a los Otros y para matarse a sí mismo. Solamente así representaría una "cultura de muerte" (Santo Domingo 13 y 243").

5. La historia de la salvación en la historia de los pobres


La historia de cada pueblo y grupo social es historia de salvación. La hermenéutica de la historia de salvación no obliga a los pueblos a desconsiderar su cultura o a olvidar su historia, sino que nos invita a leer ambas-cultura e historia- bajo un nuevo ángulo.

Cuando los israelitas trabajaban como esclavos en la construcción de pirámides en Egipto, más o menos hacia el 1200 a. C., en la misma época, grupos indígenas trabajaban en la construcción de pirámides en Guatemala y en México. La liberación de Egipto hizo parte de la historia de la salvación. Y ¿el trabajo esclavo de los indios’ ¿No había también en su historia un libertador escogido por Dios? La historia y la cultura de los pueblos indígenas nunca fueron consideradas relevantes para la evangelización. Los evangelizadores procuraron pasar una esponja sobre el pasado indígena. Pensar la historia de la salvación a partir de una humanidad creada por Dios, no solamente a partir de un pueblo escogido por Dios. Hasta hoy no conseguimos "encajar" la historia de los diferentes pueblos y grupos sociales en una historia de salvación compuesta por muchas historias salvíficamente relevantes. Las historias de salvación prohibidas y las religiones perseguidas cayeron en la clandestinidad, donde continúan hasta hoy.


6. El primer testamento de los pueblos


La religión de cada pueblo es el camino ordinario de su salvación. Cada pueblo y grupo social encuentra en su cultura su Primer Testamento. La presencia de Dios en la historia humana, desde la creación del mundo, precede a la Encarnación de Jesús de Nazaret.

Dios es un Dios de cercanía, que abre caminos donde la vida estaba bloqueada. En la historia de salvación, la proximidad entre Dios y la humanidad estaba siempre amenazada por la cerrazón del fundamentalismo legalista, por un lado, y por la dispersión, por otro lado. En el Verbo Encarnado, Dios revela otra vez su proximidad para con la humanidad.

Ahora, pueblo de Dios no significa exclusivamente hijos de Abraham. Pueblo de Dios son los pobres. El Espíritu de Dios ungió a Jesús de Nazaret y lo envió para anunciar la Buena Nueva a los pobres (Lc 4,18). Es el año de gracia. Se acabó la herencia, el privilegio. Jesús dice que no importa ser hijo de Abraham, pues hasta las piedras pueden ser transformadas en hijos de Abraham. Hay una ruptura con la legitimidad genealógica. Jesús no es hijo de José, por tanto, no es hijo de Abraham. Toda la historia es redimida. No hay historia que no fuera tocada por la creación y por la Encarnación. Toda la historia es historia de salvación.

En culturas secularizadas, la religión puede diversificarse en diferente denominaciones o filosofías de vida. Entre muchos grupos sociales en Brasil, convive una religión étnico-cultural (religión indígena, candomblé, catolicismo pulular) con diferentes denominaciones religiosas (cristianas) oficiales y externas. Jesucristo vino a unirnos en torno al Padre. El Dios de la vida quiere unir a toda la humanidad, más allá y a través de las particularidades religiosas de cada pueblo. Al Dios de la creación y de la Vida, le tenemos en común con todas las religiones.


7. Verificación del evangelio en todas las culturas


El Evangelio no tiene cultura propia. La pluralidad e historicidad de las culturas impide reivindicar una cultura cristiana o evangélica. El Evangelio de la Vida puede ser vivido en todas las culturas.

La Evangelio Nuntiandi (n.20) aclara el equívoco de "cultura cristiana" cuando declara: "El Evangelio, y consecuentemente la evangelización, no se identifican por cierto con ninguna cultura, y son independientes con relación a todas las culturas. Y mientras, (...) la edificación del Reino no puede dejar de servirse de elementos de la cultura y de las culturas humanas. El Evangelio y la evangelización independientes en relación con las culturas, no son necesariamente incompatibles con ellas, sino susceptibles de impregnarlas a todas sin esclavizarse a ninguna de ellas".

Las culturas no necesitan del Evangelio o del cristianismo que, históricamente, son fenómenos tardíos. El Evangelio, a pesar de eso, necesita del soporte cultural, porque se expresa en diferentes lenguas, utiliza conceptos filosóficos, imágenes y parábolas disponibles. Para expresar los misterios de Dios, la evangelización inculturada no precisa de sofisticadas obras técnicas o de eruditos conceptos filosóficos. Frente a los misterios de Dios, todas las culturas son precarias, Jesús no recurrió a la cultura de Grecia, considerada superior por muchos contemporáneos suyos. La historia de salvación no pasó por Atenas, sino por Jerusalén. La cultura de Israel era suficiente.

8. El engaño cultural del evangelio


El evangelizador no tiene acceso al Evangelio "puro", sino a un Evangelio culturalmente situado. La llamada "evangelización de las culturas" es siempre una evangelización a partir de un Evangelio embutido en una cultura.

No existe una cultura modelo, cultura pura para la evangelización. Cuando queremos construir una cultura pura, nos volvemos destructores de culturas. Evangelizamos siempre a partir de determinada cultura que, a su vez, también es atravesada por estructuras de pecado. Generalmente, evangelizamos a partir de un Evangelio embutido en una cultura hegemónica. Hasta ahora, la regla fue, que el llamado "primer mundo" evangelizase al "tercer mundo". Hoy, la América Latina evangeliza a Amerindia. Detrás de eso existe una cuestión de hegemonía político cultural.

Partiendo del Evangelio, podemos llegar a un discernimiento frente a las estructuras de pecado que atraviesan las culturas. No evangelizamos las culturas, evangelizamos las personas. No evangelizamos a la fábrica, sino a los obreros de la fábrica. La estructura, muchas veces, depende solamente del aprovechamiento político que se le hace. La cultura es un sistema muy complejo. No evangelizamos sistemas, sino grupos sociales. Intentamos transformar estructuras y sistemas, a partir de nuestra inspiración en el Evangelio. Pero no conviene llamar a la transformación estructural "evangelización". La transformación de las estructuras es ansiada por muchos grupos sociales que no aceptan ser encuadrados en "una acción evangelizadora" propiamente dicha.

II. Evangelización inculturada

1. Analogía entre inculturación y encarnación


El paradigma de inculturación se inspira en la analogía entre Encarnación del Verbo y la inserción pastoral en un determinado contexto histórico. Jesús, según su naturaleza humana, nació en Belén y fue criado en Nazaret, donde se enculturó y socializó con su propia cultura. Hasta aquí, no hubo inculturación en una cultura extraña. El aprendió desde la infancia su propia cultura como todos nosotros. Como persona divina, por lo mismo, podemos analógicamente decir, que El vino "de otro continente", salió de su "patria divina" y se incultura en una "patria extraña, la "patria humana".

La Encarnación, por tanto, tiene algo específico y no puede, sin más ni menos, ser identificada con la inculturación. Necesitamos siempre distinguir esos dos momentos. Dios despojándose, San Pablo habla de kénosis, de su divinidad entra en esa cultura de Nazaret(inculturación). Pero ese Dios también nació como persona humana y se enculturó aprendiendo como los nazarenos. El Vaticano II habla acertadamente de "una analogía no mediocre" (Lumen Gentium 8) entre Encarnación del Verbo y la inserción evangelizadora.


2. Evangelizar con lo culturalmente disponible


Para explicar la voluntad de Dios, Jesús de Nazaret se sirvió de lo culturalmente disponible. Con todo, no hizo imprescindible "su cultura para vivir la experiencia de Dios, e intervino críticamente en ella, cuando se trataba de estructuras de pecado".

Jesús no hizo préstamos o importaciones culturales para explicar los misterios de Dios. A pesar de la precariedad de su cultura, explicaba los misterios de Dios en un lenguaje disponible en su tierra y comprensible para todo el mundo. Jesús no mandó buscar bebida fermentada de Egipto para celebrar la última Cena con sus apóstoles. Tampoco hizo, en medio de su pueblo, lo que los etnólogos llaman de "héroe civilizador" o "innovador cultural".

En la evangelización de América, los misioneros poco se sirvieron de lo culturalmente disponible. Cuando Bartolomé de las Casas celebró su primera misa en Cuba, en 1510, él escribe que "no se bebió en toda ella una gota de vino, porque no se halló en toda la isla, por hacer días que no habían venido navíos de Castilla". Una vez que el vino no había llegado de España, se celebró una "misa seca", antes del Concilio de Trento (1545-1563) estaba permitido.

Jesús no se pronunció sobre la cuestión de género, ya que no era sentida una discriminación radical de la mujer. Para declarar algo pecado, en su cultura, tenía que existir una conciencia posible de pecado. La posibilidad de incluir mujeres en el colegio de los 12, en la época de Jesús, era culturalmente no correcto, no posible. En el transcurso de la historia, en muchas cuestiones la Iglesia se ha servido de lo culturalmente disponible para estructurar su organización y para comunicar el Evangelio. No siempre, por eso, se deben trabajar los signos de los tiempos como desafíos para una evangelización inculturada.


3. Normatividad de la inculturación


La inculturación del Evangelio no es una opción, sino una norma. La evangelización inculturada es un imperativo del seguimiento de Jesús (cf. Santo Domingo 13).

Inculturar significa:


a. Descolonizar el proceso de evangelización (desvincular la evangelización de una supuesta cultura modelo; trabajar con lo culturalmente disponible).

b. Socializar el Evangelio y su proyecto de vida en la cultura del respectivo grupo social (alfabetización evangelizadora en lengua materna).

En Santo domingo quedó claro que la inculturación no es una opción, sino una obligación (DSD 13) que emana del imperativo del seguimiento de Jesús. La inculturación es una reparación frente a una evangelización colonizadora.

La mundialización de los mercados y la globalización informática y tecnológica amenazan la identidad de los grupos sociales. La identidad es siempre local, regional y "tribal". Pertenecemos a determinados grupos étnicos, a veces, coinciden con determinadas nacionalidades. El mundo-mercado sin fronteras es un mundo sin raíces y sin lealtades. ¿Cómo podemos en ese mundo impersonal, mantener nuestro "nombre propio”? ¿Cómo ser completo y adulto? ¿Cómo ser reconocido, andar con la cabeza alta, tener raíz y proyecto de vida?

América Latina registra en este siglo tres opciones de identidad: la identidad como identificación con Europa; la identidad de laboratorio racial y de mestizaje y la identidad específica que emerge de la lucha de los diferentes sectores sociales. Hoy estamos en esta fase difícil de búsqueda del proyecto propio en un mundo globalizado. Nuevos protagonistas, hasta hace poco tiempo considerados irrelevantes para las transformaciones sociales del mundo, emergen en el horizonte de la historia y nos obligan a repensar la acción social y la práctica eclesial. A partir de esos protagonistas, emergen nuevas teologías- teología de la tierra, teología feminista, teología india-, nuevas liturgias, nuevos movimientos y una nueva evangelización como indicadores de una época definitivamente postcolonial.

Es difícil hacer una declaración de amor en una lengua mal hablada. Es difícil aprender algo íntimo en una lengua extranjera. Es imposible evangelizar a partir de una cultura no comprendida. Los lingüistas advierten que la alfabetización debe ser hecha en la lengua materna y nunca en "una segunda lengua", en el caso de los pueblos indígenas, por ejemplo, en portugués. A partir de esa advertencia, el CIMI (Consejo Indigenista Misionero), por ejemplo, insistió e invirtió la alfabetización a la lengua materna del respectivo pueblo indígena. El resultado fue sorprendente. Los indios, después de ser alfabetizados en su propia lengua, muy rápido aprendieron a leer y a escribir también en portugués, lo que antes nunca había pasado.

Esta experiencia pudo ser aplicada a la evangelización. Si su socialización religiosa es hecha en una lengua extraña, en una cultura extraña, usted nunca entiende el sentido profundo, usted nunca "se entusiasma". El aprendizaje permanece como algo exterior. Me parece un buen argumento para la evangelización inculturada. La evangelización debe ser hecha en "lengua materna", en la cultura propia del respectivo grupo social. Es difícil hacer - tal vez no es totalmente imposible – ya que para Dios nada hay imposible – la experiencia de Dios en la cultura del colonizador. La evangelización no se trata de inculcar contenidos doctrinales, sino de vibrar con la experiencia de Dios.

4. Discernimiento entre contenidos normativos, enseñanzas paradigmáticas y expresiones culturales del evangelio


En el proceso de evangelización inculturada necesitamos distinguir tres niveles: aquello que el Evangelio presenta como contenido normativo, o lo que tiene valor paradigmático y aquello que es opción convencional.

Normativo, en el Evangelio, por ejemplo, es la Encarnación del Verbo en Jesús de Nazaret. La normatividad del Evangelio nos remite a otra cuestión: la identidad del Evangelio. ¿Qué debe ser vivido en todos las culturas? El vino, como materia eucarística ¿es normativo o paradigmático? La inculturación actúa no en el ámbito paradigmático y convencional, es decir, en aquello que representa apenas un ejemplo de una cultura y que puede cambiarse por otro ejemplo en otra cultura. Evidentemente, la inculturación no puede tocar el núcleo normativo del Evangelio.

Pero ¿qué es normativo en el Evangelio? Con la Encarnación, Jesús de Nazaret no dogmatizó su cultura. Dio un ejemplo para la "encarnación" del Evangelio en todas las culturas. Las parábolas del Reino, es claro, son paradigmáticas, por tanto, culturales. Se puede inventar en otras culturas otras parábolas. La elección de los doce, por Jesús, ciertamente era paradigmática. Cuando no fue posible administrar la Iglesia con 12 ministros apostólicos, la Iglesia aumentó el número. Hoy tenemos en la Iglesia Católica, según el anuario Pontificio de 1994, más de cuatro mil sucesores apostólicos. Por tanto, a pesar de tener el número 12 un valor simbólico importante para Jesús, la necesidad pastoral tiene más peso en la historia de la Iglesia que el valor simbólico de las 12 tribus de Yahvé. La "necesidad de las almas" es la ley suprema de la pastoral. Desde esta perspectiva podemos cuestionar la estructura ministerial de hoy, que obliga a muchas comunidades en el interior del país –en la amazonía por ejemplo– a un ayuno eucarístico prolongado. Si la Iglesia cambió el valor simbólico de algo que tenía significado teológico muy profundo, ¿por qué no podría cambiar el valor cultural que envuelve la cuestión del género? Si miramos, por ejemplo, las prohibiciones frente a la modernidad contenidas en la Encíclica quanta cura e no Sílabo (1864), de Pío IX, comprenderíamos que la apertura frente a muchas cuestiones discutidas es también una cuestión de tiempo. Es cuestión de tiempo y también es una cuestión cultural.

Está claro que la comunidad eclesial tiene necesidad de establecer ciertas normas y "reglas de juego" que no están explícitas en el Evangelio, pero que deben ser concebidas dentro del espíritu del Evangelio. Tales opciones "convencionales" las encontramos, por ejemplo, en la ley canónica, en las prescripciones litúrgicas, en la ley del celibato. Su cambio no envuelve la legitimidad del Evangelio. Por eso, en cualquier época- en el interior de un consenso universal y profético de la Iglesia– pueden ser discutidas y modificadas.


5. Precariedad de la inculturación


La inculturación del Evangelio siempre es precaria frente a los misterios de Dios. La realidad de Dios no cabe en los lenguajes humanos.

Cuando Jesús habló de la realidad del Reino, contó parábolas. El Reino de Dios es más o menos como esta o aquella parábola. Cuando hablamos de la realidad de Dios, siempre necesitamos recurrir a parábolas, metáforas, lenguajes poéticos. Las definiciones de los misterios de Dios en lenguajes humanos, siempre son también "falsificaciones". Se distinguen tanto por la no-semejanza como por la semejanza. La inculturación del cristianismo en el mundo helenístico hizo silenciar páginas genuinas del Evangelio. Ninguna inculturación, ninguna definición llega cerca del misterio de Dios. Alguna parte del Logos, alguna razón divina, está en todas las culturas. Pero, ninguna cultura dispone del Logos por completo. El Logos se revela en todas las culturas; a pesas de eso, se revela parcialmente. Por eso, ninguna inculturación es normativa y la aproximación pluricultural representa la mejor aproximación posible a los misterios divinos.

La inculturación es un proceso permanente. Más allá del proceso, debemos respetar diferentes etapas. La primera etapa es el momento de aproximación. Una persona o un grupo entra en un ambiente cultural extraño; se aproxima, escucha, aprende, comienza a comunicarse. Por la segunda etapa responde el respectivo pueblo. El coloca el Evangelio dentro de su cultura. Como ninguno consigue colocar el mensaje evangélico plenamente dentro de su cultura queda siempre un imperativo para una inculturación más adecuada. La inculturación no tiene un punto final.

6. Inculturación y articulación


La diversidad de los ministerios en la Iglesia obliga a distinguir entre ministerios cuyo énfasis está en la inculturación micro estructural de ministerios que dan prioridad, por su estructura funcional, a una articulación más amplia.

La distinción entre el ministerio de inculturación y el ministerio de articulación es importante. Los dos ministerios son complementarios. Es claro, sin presencia de base, sin inculturación, no hay necesidad de articuladores. Por eso, la presencia inculturada en la base necesita siempre de articulación con otras experiencias para no caer en el peligro de parroquialismo y para no perder de vista el objetivo de la inculturación que es la liberación macro estructural. El ministerio de la coordinación y articulación de la unidad de las luchas emancipatorias son ministerios políticamente muy importantes.

Nosotros, que pasamos por las estructuras de la Iglesia y vivimos culturalmente cerca de la clase media, tenemos enormes dificultades para convivir con grupo que viven debajo de los viaductos o con moradores de colmenas, a veces, cuando no conseguimos la inculturación en la favela, gastamos muchas energías para legitimar nuestra no-inculturación. Unos dicen: "¿para que inculturarse en la miseria, no es nuestra tarea acabar con ella? O los que agitan banderas de "interculturalidad" del Evangelio, dicen: "El Evangelio no puede inculturarse, porque tiene una identidad histórica incuestionable". Pero, el otro pueblo también tiene una identidad histórica no negociable. ¿Podemos evangelizar sin hegemonía cultural? Detrás de muchas disculpas está simplemente la imposibilidad psicológica de la clase media para abrir la mano de sus privilegios y, con eso, la imposibilidad de inculturarse en un determinado ambiente social.

El Evangelio debe ser anunciado en todos los grupos sociales. Si no conseguimos la inculturación en determinados ambientes, tal vez consigamos descubrir los evangelizadores que ya están en el respectivo grupo, donde no conseguimos poner el pie.

Porque Aquel que después de su resurrección precedió a sus discípulos a Galilea de los paganos, precede también hoy a sus evangelizadores en todas las Galileas del mundo. El primer evangelizador, que es el Espíritu Santo, padre de los pobres. Y protagonista de la evangelización, ya está entre ellos. Dios suscita en todos los grupos sociales evangelizadores. Falta descubrirlos, acogerlos, confirmarlos.

7. La inculturación y la liberación


El paradigma de la inculturación no sustituye al paradigma de la liberación, sino que lo profundiza. La meta de la inculturación es la liberación y el camino de la liberación pasa por la inculturación. La liberación macro-estructural exige la proximidad micro-estructural.

El siglo XXI nos enfrentará a grandes desafíos. La explosión demográfica, por ejemplo. En el año 2050, vamos a tener en el planeta tierra diez billones de habitantes. Esos diez billones no van a poder vivir como vivimos hoy. Tenemos que enfrentar el problema ecológico, la disparidad social, el desempleo, las migraciones, las drogas, la violencia, la falta de adaptación del estado nacional, las políticas neoliberales. Frente a todos esos grandes problemas, la inculturación parece una fuga de la macroperplejidad y de las grandes estructuras. Ya que todas esas cosas grandes no tienen orden, vamos a dedicarnos a nuestro "pueblito". ¿Será el campo culturas como una huida del campo social? El documento "Rumbo al Nuevo Milenio", de la Conferencia Episcopal Brasileña Responde concretamente a esta cuestión, cuando afirma: "Debe dejarse claro que para nosotros la inculturación no sustituye a la liberación, sino que la profundiza" (n.84) La evangelización inculturada no disminuye la opción por los pobres. La pobreza también es inculturada. La inculturación no nos desvincula de los grandes problemas de la humanidad, sino que recorre los lugares, donde tales cuestiones dejan sus secuelas y señalan su presencia entre los grupos más perjudicados.

Si no comenzamos a repensar el problema de la ética, de la justicia, de la solidaridad, del machismo, del racismo, junto a los diferentes grupos sociales si no conseguimos invertir las racionalidades locales, no vamos a poder contribuir en la solución de los grandes problemas. Trabajar los grandes desafíos de una época en la micro estructura de los grupos sociales, en el interior de sus culturas, lenguajes y visiones del mundo, es un desafío de la inculturación. El cuerpo a cuerpo de la evangelización inculturada "se realiza en el proyecto de cada pueblo, fortaleciendo su identidad y liberándolo de los poderes de muerte"(DSD13).

III. Pistas pastorales

1. Límites de la inculturación frente a la alteridad irreductible


En determinados contextos históricos no existe la posibilidad de inculturación del Evangelio, a no ser con el riesgo de la destrucción cultural. El diálogo interreligioso siempre es posible.

El ejemplo de "José de Anchieta/sociedad tupinambá" nos enfrenta con dos propuestas excluyentes para recorrer el camino de la salvación, la propuesta del cristianismo y la propuesta tupinambá. La sociedad tupinambá es ante todo una sociedad de guerreros. El guerrero es un vengador y el vengador es el hombre culturalmente completo. El guerrero es el "santo", ya que la venganza del enemigo permite el acceso al paraíso. Las mujeres no aceptan a los "cobardes". Cada niño es hijo o hija de un asesino. Un hombre nace como futuro vengador. Los que nunca se vengan, los cobardes, quedan con Anhángua-diablo, que los atormenta sin cesar. La venganza es una necesidad de la historia y del más allá.

Y esa venganza no es expresión de odio personal, ni de deseo vengativo o punitivo. Entre la captura del prisionero y su muerte pasa un tiempo variable entre algunos meses hasta varios años. Durante ese tiempo el prisionero es tratado bien. La palabra "enemigo" significa también "cuñado" (tovajá). El captor y futuro asesino no sólo le abastece de comida, sino también de sus hijas. En la plaza de la aldea es abatido de una única lanzada. La muerte es honrosa también para los cautivos. Estos no encontrarían en la aldea de sus parientes quienes recibieran a un "cobarde" "huido", el cual les privaría de las posibilidades de la venganza.

Donde el eje de la cultura del otro es la venganza de los enemigos y donde la memoria de la venganza hace parte del futuro feliz del individuo y de la sociedad, existen pocas posibilidades para la socialización gratuita y coherente del mensaje de Cristo. En rigor, la alteridad es siempre irreductible. La "reducción" es un cañón apuntado contra el otro. Entre la práctica de la venganza como núcleo centra de la sociedad tupinambá y el perdón y la gratuidad, como novedad real del Evangelio, evangelización significa o el diálogo interreligioso o la destrucción de un polo de la alteridad. La segunda alternativa establece combate ente los propios principios y los propósitos evangélicos. Este fue, muchas veces el precio de la evangelización en el interior del sistema colonial. El convertido Anchieta es un ex indio. Por un lado, los misioneros y las misioneras del siglo XVI encontraron un mundo con signos semejantes a los suyos, pero, con significados totalmente diferentes; por otro lado, no encontraron signos correspondientes a los suyos. Anchieta, por ejemplo, no encontró la palabra pecado. Sin pecado no hay necesidad de salvación. En la comparación de lenguas diferentes siempre "faltan" y "sobran" palabras. En cada lengua solamente existen las palabras necesarias. En estos casos a la falta de palabras correspondientes, Anchieta introduce nuevas palabras y establece equivalencias. El establecimiento de equivalencias es la negación de la diferencia.


2. Intervención misionera


No solamente la evangelización es colonizadora, sino también la evangelización inculturada representa una intervención cultural. La intervención responsable se limita al testimonio de la experiencia de Dios y a la comunicación de esa experiencia (anuncio) micro estructuralmente relevante y macro estructuralmente articulada. Vivir y convivir significa también interferir. Nuestra intervención depende de nuestro estatuto social. En las condiciones históricas concretas, necesitamos estar atentos para evaluar críticamente esa intervención. Nuestra presencia debe ser evaluada por el espacio que sepa crear para el reconocimiento y para el protagonismo de los Otros. El Evangelio no responde a todas las preguntas. El Verbo encarando continua, aparentemente, abandonado por Dios en los pobres crucificados y en el sufrimiento de los pequeños inocentes. " De madrugada, el asesino se levanta para matar al pobre y al indigente", se lamenta Job (Job 24,14). Hasta que veamos a Dios cara a cara, Dios permanece en el misterio. Y mediante este misterio hacemos elecciones y opciones. El Vaticano II advierte que existe en la Iglesia una "jerarquía de verdades" (UR 11) y valores (GS 37) y una diversidad legítima de prácticas(cf. Gs 92).

El Evangelio nos hace cautivo de los Otros, también nos impulsa a la ternura del amor mayor, a cautivar a otros pobres en medio de nosotros y en los confines del mundo. Universalismo salvífico no es prepotencia; no significa incorporación de todo el mundo a una única versión del cristianismo. Universalismo significa: ningún excluido. El universalismo ha de ser pensado en término de no-exclusión. Todos hacen parte de la historia de salvación. Los proyectos históricos de todos los pueblos están relacionados con el proyecto de Dios que es el Reino. Su realización es una lucha micro y macro estructuralmente articulada.

La verdad del Evangelio de la Vida, es en primer lugar, relacional, no doctrinal. El Evangelio transforma las relaciones verticales, asimétricas, excluyente, indiferentes o meramente pragmáticas entre las personas. Las relaciones del pueblo de la Nueva Alianza son relaciones simétricas de fraternidad. Lo "original" del Evangelio pasa por el testimonio de las nuevas relaciones entre las personas, entre Dios y la humanidad y la creación. Las relaciones simétricas de fraternidad apuntan hacia la gratuidad de la opción por los pobres, para el compartir y el servicio. A la globalización respondemos mediante una contextualidad universalmente articulada; a la exclusión respondemos no por la simple inclusión, sino por una nueva responsabilidad.

3. La unidad presupone la identidad


A partir del Evangelio inculturado comprendemos la unidad como diversidad de núcleos de vida articulados, relacionados u conectados en la construcción de un proyecto de vida que incluya a todos. La misión relativiza la cultura del evangelizador y fortalece la identidad cultural-histórica de los Otros.

La articulación mundial presupone la identidad local. En Iglesia Católica, muchas veces, queremos construir la unidad antes que la identidad. ¿Por qué surgió de la Iglesia bautista un Martín Luther King? ¿Por qué de la Iglesia anglicano un Desmond Tutu? ¿Por qué de la Iglesia metodista un Nelson Mándela? ¿Y por qué nosotros los católicos, con tantos negros en Bahía, estamos sin un líder político eclesial entre los negros? ¿Dónde están los obispos indígenas de América Latina? El problema parece estar en la eclesiología. La eclesiología bautista es una eclesiología descentralizada. Una capilla para los hacendados puede coexistir con una capilla de los negros. En la Iglesia católica no admitimos separar negros y blancos. Es racismo; es contra la unidad. Blancos y negros deben quedar juntos ¿Qué pasa entonces? En una capilla del interior, por ejemplo, el Padre va para las visitas habituales. La comunidad se reúne, 98 negros y dos blancos; uno de los blancos es el comerciante local y el otro el hacendado. A la hora de construir una estructura administrativa de la comunidad, de escoger al presidente, o dirigente de la capilla, todos votan al "blanco". Para el cargo de tesorero, está claro, también votan a un blanco. El blanco, dicen los negros, sabe administrar el dinero. Entonces, ese "ecumenismo" precoz no da tiempo para un aprendizaje, ni para las posibilidades de un fortalecimiento de la propia identidad, sería mucho mejor, que los dos blancos se organizasen fuera, y dejasen a los negros juntos. La primera fase de la construcción de la identidad es la separación. Una comunidad de negros, puede descubrir que ellos tienen mucha gente para ser tesoreros de la comunidad. ¿Y si huyen con el dinero? ¿Es que los blancos no roban? Exageré un poco para decir que querer la unidad antes de la identidad y así se disipan las dos cosas. Con los indios sucede lo mismo. En la historia de la humanidad, todos los pueblos mostraron capacidad para administrar su comunidad y su religión.

La evangelización inculturada fortalece la cultura del Otro. Pero cuando este Otro se vuelve cristiano, y por los mismo, misionero o misionera, relativiza su cultura. ¿Cómo podría aquel que promete dar su vida por el Otro, no darla también por su cultura? Ser comunidad misionera significa estar bien con la vida, vivir atento al discernimiento, inagotable en la gratuidad; significa, sobre todo, vivir abiertos al misterio de Dios y del prójimo en la contextualidad sin fronteras que nos hace siempre comenzar de nuevo, nos hace repartir el camino, el pan y el horizonte.

Tomado de: Dirección Electrónica: http://www.sedos.org/





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