Página principal

De los fuertes por los débiles


Descargar 63.93 Kb.
Fecha de conversión18.07.2016
Tamaño63.93 Kb.
Falsificaciones de Marco Denevi (selección)
POLIFEMO & CIA.

En todas las historias de amor que conocemos figura un personaje que, porque es feo, no es amado. Ignoramos una historia anterior en la que ese mismo personaje, porque no fue amado, se volvió feo.



DE LOS FUERTES POR LOS DÉBILES

Hasta el fin de sus días Perseo vivió en la creencia de que era un héroe porque había matado a la Gorgona, a aquella mujer terrible cuya mirada, si se cruzaba con la de un mortal, convertía a éste en una estatua de piedra. Pobre tonto. Lo que ocurrió fue que Medusa, en cuanto lo vio de lejos, se enamoró de él. Nunca le había sucedido antes. Todos los que, atraídos por su belleza, se habían acercado y la habían mirado en los ojos, quedaron petrificados. Pero ahora Medusa, enamorada a su vez, decidió salvar a Perseo de la petrificación. Lo quería vivo, ardiente y frágil, aún al precio de no poder mirarlo. Bajó, pues, los párpados. Funesto error el de esta Gorgona de ojos cerrados: Perseo se aproximará y le cortará la cabeza.


EL MAESTRO TRAICIONADO

Se celebraba la última cena.

–¡Todos te aman, oh Maestro! –dijo uno de los discípulos.

–Todos no –respondió gravemente el Maestro–. Conozco a alguien que me tiene envidia y que en la primera oportunidad que se le presente me venderá por treinta dineros.

–Ya sé quién es –exclamó el discípulo–. También a mí me habló mal de ti.

–Y a mí –añadió otro discípulo.

–Y a mí, y a mí dijeron todos los demás. Todos, menos uno que permanecía silencioso.

–Pero es el único –prosiguió el que había hablado primero–. Y para probártelo diremos a coro su nombre sin habernos puesto previamente, de acuerdo.

Los discípulos, todos, menos aquel que se mantenía mudo, se miraron, contaron hasta tres y gritaron el nombre del traidor.

Las murallas de la ciudad vacilaron con el estrépito, porque los discípulos eran muchos y cada uno había gritado un nombre distinto.

Entonces el que no había hablado salió a la calle, y libre de remordimientos, consumó su traición.


ANTÍGONA, O LA CARIDAD


¡Cuidado! Edipo acaba de morir. Y sobre ese cadáver tibio y cubierto de andrajos Antígona llora lastimeramente. Pero cuidado, digo. Porque Antígona está pensando para sus adentros:

"¿Y ahora? ¿Qué será de mí? He pasado mis mejores años dedicada a cuidar de mi padre viejo y ciego. Pero mientras él vivía y yo, su hija predilecta, lo guiaba por los caminos, las gentes salían a mi encuentro, me bendecían me hacían entrar en sus casas, me daban de comer, llegaron a ofrecerme regalos. Yo era respetada, admirada, agasajada. Creo que he sido más famosa que mi padre. Tenía el porvenir seguro. Me sentía feliz. ¿Y ahora? Anciano egoísta, después de exprimirme como a un limón te mueres y me dejas abandonada. Sola ¿a qué puerta llamaré? Madura y fea ¿quién se interesará por mí? ¿Este es el premio de mis sacrificios? ¿Así se me despide, como a una sirvienta inválida? Luego de tantos años de ejercer mi profesión de hija caritativa no estoy en condiciones de aprender una nueva. No sé hacer otra cosa que extender la mano y, componiendo un semblante patético, excitar la piedad ajena. Pero necesito la compañía de un desdichado. De lo contrario una solterona no excita la piedad, sólo provoca la indiferencia o el desprecio. Repito: ¿qué será de mí?

Ved cómo cesa de llorar, cómo levanta la cabeza y hace girar los ojos ávidos. Escondamos a nuestros tiernos hijos: Antígona no vacilaría en volverlos huérfanos. Ocultemos a nuestros padres: Antígona sería capaz de convertirlos en nuevos Edipos ciegos. Nadie es más temible que una Antígona sin ocupación.

DULCINEA DEL TOBOSO


Vivía en El Toboso una moza llamada Aldonza Lorenzo, hija de Lorenzo Corchuelo y de Francisca Nogales. Como hubiese leído novelas de caballería, porque era muy alfabeta, acabó perdiendo la razón. Se hacía llamar Dulcinea del Toboso, mandaba que en su presencia las gentes se arrodillasen y le besaran la mano, se creía joven y hermosa pero tenía treinta años y pozos de viruelas en la cara. Se inventó un galán a quien dio el nombre de don Quijote de la Mancha. Decía que don Quijote había partido hacia lejanos reinos en busca de lances y aventuras, al modo de Amadís de Gaula y de Tirante el Blanco, para hacer méritos antes de casarse con ella. Se pasaba todo el día asomada a la ventana aguardando el regreso de su enamorado. Un hidalgo de los alrededores, un tal Alonso Quijano, que a pesar de las viruelas estaba prendado de Aldonza, ideó hacerse pasar por don Quijote. Vistió una vieja armadura, montó en su rocín y salió a los caminos a repetir las hazañas del imaginario don Quijote. Cuando, confiando en su ardid, fue al Toboso y se presentó delante de Dulcinea, Aldonza Lorenzo había muerto.

LA MUJER IDEAL NO EXISTE


Sancho Panza repitió, palabra por palabra, la descripción que el difunto don Quijote le había hecho de Dulcinea. Verde de envidia, Dulcinea masculló:

–Conozco a todas las mujeres del Toboso. Y le puedo asegurar que no hay ninguna que se parezca ni remotamente a esa que usted dice.


JONÁS Y LA BALLENA


Jonás hostiga a la Ballena, la insulta, la provoca, le dice que se aprovecha de los peces pequeños pero que es incapaz de devorar a un hombre, la llama arenque, mojarrita y otros epítetos injuriosos. Al fin la Ballena, harta de verse así vilipendiada o acaso para hacer callar a ese energúmeno, se traga a Jonás sin hacerle el menor daño. Una vez dentro del vientre de la Ballena, Jonás empieza a correr de aquí para allá. Profiere ladridos, da puñetazos y puntapiés en las paredes del estómago de la Ballena. Al cabo de unas horas la Ballena, enferma de náuseas, vomita a Jonás sobre la playa. Jonás cuenta a todo el mundo que permaneció un año en el interior de la Ballena, inventa aventuras heroicas, afirma que la Ballena le tuvo miedo. Moraleja: si eres grande y poderoso como una ballena y algún Jonás te desafía no lo devores, porque lo vomitarás transformado en héroe.

ASÍ HABLA EL NUEVO ZARATUSTRA


Que nuestras técnicas para la toma del poder sean la calumnia, la extorsión, el robo y el asesinato. Una vez en el poder, nuestra moral quedará automáticamente restaurada.

Romeo frente al cadáver de Julieta

Cripta del mausoleo de los Capuletos, en Verona. Al levantarse el telón, la cripta, en penumbras, deja ver un túmulo, y, sobre éste, el cadáver de Julieta.
Entra ROMEO con una antorcha encendida. Se acerca al túmulo. Contempla en silencio los despojos de su amada. Luego se vuelve hacia los espectadores.
ROMEO.-¡Era, pues, verdad! ¡Julieta se ha suicidado! Veloces mensajeros, oculto el rostro chismoso tras la máscara de un falso dolor, corrieron a Mantua a darme la noticia. Pero, junto con la noticia, hacían tintinear en el aire la intimación de que volviese, la amenaza de que, en caso contrario, me trerían por la fuerza. Todos se despedían de mí con el mismo adiós: "Romeo, ahora sabrás cúal es tu deber". He comprendido. He vuelto. Aquí estoy. No he encontrado a nadie en el camino. Nadie me estorbó el paso para que llegase a este lúgubre sitio y me enfrentase a solas con el cadáver de Julieta. Excesivas casualidades, demasiada benevolencia del destino, sospechoso azar. Alcahuetería de la noche, ¿Cúal es tu precio? Los que te han sobornado ahora me espían, huéspedes de tu sombra. Aguardan que les entregues lo que les prometiste. ¿Y qué les prometiste, noche rufiana? ¡Mi suicidio! Así podrán dar por concluida esta historia que tanto los irrita y que, en el fondo, los compromete de una manera fastidiosa. Julieta ya ha escrito la mitad del epílogo. Ahora yo debo añadirle la otra mitad para que el telón descienda entre lágrimas y aplausos, y ellos puedan levantarse de sus asientos, saludarse unos a otros, reconciliarse los que estaban enemistados, tú, Montesco, con vos, Capuleto, y luego volverse a sus casas a comer, a dormir, a fornicar y a seguir viviendo. Y si no lo hago por las buenas, me obligarán a hacerlo por las malas. Me llamarán Romeo de pacotilla, amante castrado, vil cobarde. Me cerrarán todas las puertas. Seré tratado como el peor de los delincuentes. Terminarán por acusarme de ser el asesino de Julieta y alguien se creerá con derecho a vengar ese crimen. O escribo yo la conclusión o la escribirán ellos, pero siempre con la misma tinta: mi sangre. De lo contrario la muerte de Julieta los haría sentirse culpables. Suicidándonos, Julieta y yo intercambiamos responsabilidades y ellos quedan libres. (A Julieta.) ¿Te das cuenta, atolondrada? ¿Te das cuenta de lo que has hecho? ¿Tenías necesidad de obligarme a tanto? ¿Era necesario recurrir a estas exageraciones? Nos amábamos, está bien, nos amábamos. Pero de ahí no había que pasar. Amarse tiene sentido mientras se vive. Después, ¿qué importa? Ahora me enredaste en este juego siniestro y yo, lo quiera o no, debo seguir jugándolo. Me has colocado entre la espada y la pared. Sin mi previo consentimiento, aclaro. Nací amante, no héroe. Soy un hombre normal, no un maniático suicida. Pero tú, con tu famosa muerte, te encaramaste de golpe a una altura sobrehumana hasta la que ahora debo empinarme para no ser menos que tú, para ser digo de tu amor, para no dejar de ser Romeo. ¡Funesta paradoja! Para no dejar de ser Romeo debo dejar de ser Romeo. (Al público.) Esto me pasa por enamorarme de adolescentes. Lo toman todo a la tremenda. Su amor es una constante extorsión. O el tálamo o la tumba. Nada de paños tibios, de concesiones, de moratorias, de acuerdos mutuos. Y así favorecen los egoístas designios de los mayores, que aprovechan esa rigidez para quebrarles la voluntad como leña seca. (Otro tono.) Ah, pero yo me niego. Me niego a repetir su error. Todo esto es una emboscada tendida con el único propósito de capturarme. Señores, miladis, rehúso poner mi pie en el cepo. Amo a Julieta. La amaré mientra viva. La lloraré hasta que se me acaben las lágrimas. Pero no esperéis más de mí. No me exijáis más. La vida justifica nuestros amores, en tanto que ningún amor es suficiente justificación para la muerte. Buenas noches.
(Arroja la antorcha en un rincón, donde se apaga; se emboza la capa y sale.
La escena queda sola unos instantes. Luego entran dos PAJES conduciendo el cadáver de ROMEO con una daga clavada en el pecho. Lo depositan a los pies del túmulo. Uno de los PAJES coloca una mano de ROMEO en la empuñadura de la daga. Se retiran.
Entra FRAY LORENZO. Cae de hinojos. Alza los brazos.)
FRAY LORENZO.- ¡Oh amantes perfectos!

Telón

Falsificaciones – Marco Denevi

7Hay libros que pasan desapercibidos, sin pena ni gloria, por las librerías; por desconocimiento, por falta de promoción, porque la editorial es pequeña y cuasi-desconocida. No va uno a caer en el sinsentido de afirmar que todo libro de este jaez es, por definición, bueno; ni mucho, ni poco, ni todo lo contrario. Pero el caso es que “Falsificaciones” es uno de esos libros: y es muy, pero que muy recomendable.

Publicado por Thule, escrito por Marco Denevi, “Falsificaciones” es una recopilación de relatos muy breves, que tienen en común -aparte de otros detalles- su ambientación histórico-literaria. Me explico: todos los cuentos están protagonizados por personajes históricos (Isabel I, Napoleón, Nerón) o entresacados de obras de la literatura universal (Shylock, Melibea, Dulcinea). Pequeñas ensoñaciones narrativas que pervierten, en el mejor de los sentidos, las leyendas, historias y tradiciones que todos conocemos y las dotan de lecturas distintas, a veces más críticas, a veces más terribles, en casi todas las ocasiones añadiendo un toque de humor fresco e inteligente.

Denevi juega con el lector, le coge de la mano para que le acompañe en estos viajes seductores. Como si de una representación teatral se tratara, se camufla bajo el aspecto de protagonistas literarios o de mesías divinos y lanza sus mensajes, sus opiniones; eso sí, confiando en que aquel que lea esté a la altura que se le exige, puesto que las referencias culturales son constantes.

Quizá, como nota negativa, se le pueda achacar el abuso de la sorpresa que siempre está presente en los textos, esa vuelta de tuerca que el escritor utiliza para provocar al lector, pero que, tras unos cuantos relatos, resulta extremadamente obvia. No por ello, sin embargo, carecen los cuentos de fineza y de una sutil atmósfera de misterio.

Porque lo interesante de estas piezas es su capacidad de provocación, la tensión que suscitan usando personajes y situaciones ya conocidos. El autor sabe sacar provecho de los puntos de vista, de la mirada del otro, del monólogo interior, de cualquier recurso que lleve al extrañamiento del lector, con el fin último de mostrarle algo que siempre había estado ahí, pero que nadie había sabido ver. Así, podemos ser testigos de lo que pensaba Judas en la última cena, la afrenta que las sirenas sufrieron por parte de Ulises y sus compañeros, lo que ocurrió con Ariadna después de ayudar a Teseo o lo que sentía Desdémona hacia Otelo.

Pequeñas obras de ingeniería literaria que dan mucho más de lo que parece a simple vista, porque Denevi (desconocido antes de este libro para mí) es un escritor sabio, preocupado por la intensidad de lo que narra y por el sentimiento que provocará en el lector; por ello, la sorpresa, la sonrisa y la reflexión se dan en todas estas historias. Ya contadas antes, sí, pero quizá nunca contadas de esta manera.


http://www.solodelibros.es/30/06/2006/falsificaciones-marco-denevi/
La oveja negra y demás fábulas de Augusto Monterroso (selección)

Epígrafe a la obra:


Los animales se parecen tanto al

hombre que a veces es imposible

distinguirlos de éste.

K’NYO MOBUTU

EL CONEJO Y EL LEÓN

Un célebre Psicoanalista se encontró cierto día en medio de la Selva, semiperdido.

Con la fuerza que dan el instinto y el afán de investigación logró fácilmente subirse a un altísimo árbol, desde el cual pudo observar a su antojo no sólo la lenta puesta del sol sino además la vida y costumbres de algunos animales, que comparó una y otra vez con la de los humanos.

Al caer la tarde vio aparecer, por un lado, al Conejo; por otro, al León.

En un principio no sucedió nada digno de mencionarse, pero poco después ambos animales sintieron sus respectivas presencias y cuando toparon el uno con el otro, cada cual reaccionó como lo había venido haciendo desde que el hombre era hombre.

El León estremeció la Selva con sus rugidos, sacudió la melena majestuosamente como era su costumbre y hendió al aire con sus garras enormes; por su parte, el Conejo respiró con mayor celeridad,

vio un instante a los ojos del León, dio media vuelta y se alejó corriendo.

De regreso a la ciudad el célebre Psicoanalista publicó cum laude su famoso tratado en que demuestra que el León es el animal másinfantil y cobarde de la Selva y el Conejo el más valiente y maduro: el León ruge y hace gestos y amenaza al universo movido por el miedo; el Conejo advierte esto, conoce su propia fuerza, y se retira antes de perder la paciencia y acabar con aquel ser extravagante y fuera de sí, al que comprende y que después de todo no le ha hecho nada.

EL CAMALEÓN QUE FINALMENTE

NO SABÍA DE QUÉ COLOR PONERSE

En un país muy remoto, en plena Selva, se presentó hace muchos años un tiempo malo en que el Camaleón, a quien le había dado por la política, entró en un estado de total desconcierto, pues los otros animales, asesorados por la Zorra, se habían enterado de sus artimañas y empezaron a contrarrestarlas llevando día y noche en los bolsillos juegos de diversos vidrios de colores para combatir su ambigüedad e hipocresía, de manera que cuando él estaba morado y por cualquier circunstancia del momento necesitaba volverse, digamos, azul, sacaban rápidamente un cristal rojo a través del cual lo veían, y para ellos continuaba siendo el mismo Camaleón morado, aunque se condujera como Camaleón azul; y cuando estaba rojo y por motivaciones especiales se volvía anaranjado, usaban el cristal correspondiente y lo seguían viendo tal cual.

Esto sólo en cuanto a los colores primarios, pues el método se generalizó tanto que con el tiempo no había ya quien no llevara consigo un equipo completo de cristales para aquellos casos en que el mañoso se tornaba simplemente grisáceo, o verdeazul, o de cualquier color más o menos indefinido, para dar el [38] cual eran necesarias tres, cuatro o cinco superposiciones de cristales.

Pero lo bueno fue que el Camaleón, considerando que todos eran de su condición, adoptó también el sistema.

Entonces, era cosa de verlos a todos en las calles sacando y alternando cristales a medida que cambiaban de colores, según el clima político o las opiniones políticas prevalecientes ese día de la semana o esa hora del día o de la noche.

Como es fácil comprender, esto se convirtió en una especie de peligrosa confusión de las lenguas; pero pronto los más listos se dieron cuenta de que aquello sería la ruina general si no se reglamentaba de alguna manera, a menos que todos estuvieran dispuestos a ser cegados y perdidos definitivamente por los dioses, y restablecieron el orden.

Además de lo estatuido por el Reglamento que se redactó con ese fin, el derecho consuetudinario fijó por su parte reglas de refinada urbanidad, según las cuales, si alguno carecía de un vidrio de determinado color urgente para disfrazarse o para descubrir el verdadero color de alguien, podía recurrir inclusive a sus propios enemigos para que se lo prestaran, de acuerdo con su necesidad del momento, como sucedía entre las naciones más civilizadas.

Sólo el León que por entonces era el Presiente de la Selva se reía de unos y otros, aunque a veces socarronamente jugaba también un poco lo suyo, por divertirse.

De esa época viene el dicho de que todo Camaleón es según el color del cristal con que se mira.


EL GRILLO MAESTRO

Allá en tiempos muy remotos, un día de los más calurosos del invierno el Director de la Escuela entró sorpresivamente al aula en que el Grillo daba a los Grillitos su clase sobre el arte de cantar, precisamente en el momento de la exposición en que les explicaba que la voz del Grillo era la mejor y la más bella entre todas las voces, pues se producía mediante el adecuado frotamiento de las alas contra los costados, en tanto que los Pájaros cantaban tan mal porque se empeñaban en hacerlo con la garganta, evidentemente el órgano del cuerpo humano menos indicado para emitir sonidos dulces y armoniosos.

Al escuchar aquello, el Director, que era un Grillo muy viejo y muy sabio, asintió varias veces con la cabeza y se retiró, satisfecho de que en la Escuela todo siguiera como en sus tiempos.

LA PARTE DEL LEÓN

La Vaca, la Cabra y la paciente Oveja se asociaron un día con el León para gozar alguna vez de una vida tranquila, pues las depredaciones del monstruo (como lo llamaban a sus espaldas) las mantenían en una atmósfera de angustia y zozobra de la que difícilmente podían escapar como no fuera por las buenas.

Con la conocida habilidad cinegética de los cuatro, cierta tarde cazaron un ágil Ciervo (cuya carne por supuesto repugnaba a la Vaca, a la Cabra y a la Oveja, acostumbradas como estaban a alimentarse con las hierbas que cogían) y de acuerdo con el convenio dividieron el vasto cuerpo en partes iguales.

Aquí, profiriendo al unísono toda clase de quejas y aduciendo su indefensión y extrema debilidad, las tres se pusieron a vociferar acaloradamente, confabuladas de antemano para quedarse también con la parte del León, pues, como enseñaba la Hormiga, querían guardar algo para los días duros del invierno.

Pero esta vez el León ni siquiera se tomó el trabajo de enumerar las sabidas razones por las cuales el Ciervo le pertenecía a él solo, sino que se las comió allí mismo de una sentada, en medio de los largos gritos de ellas en que se escuchaban expresiones como contrato social, Constitución, derechos humanos y otras igualmente fuertes y decisivas.

LA BUENA CONCIENCIA

En el centro de la Selva existió hace mucho una extravagante familia de plantas carnívoras que, con el paso del tiempo, llegaron a adquirir conciencia de su extraña costumbre, principalmente por las constantes murmuraciones que el buen Céfiro les traía de todos los rumbos de la ciudad.

Sensibles a la crítica, poco a poco fueron cobrando repugnancia a la carne, hasta que llegó el momento en que no sólo la repudiaron en el sentido figurado, o sea el sexual, sino que por último se negaron a comerla, asqueadas a tal grado que su simple vista les producía náuseas.

Entonces decidieron volverse vegetarianas.

A partir de ese día se comen únicamente unas a otras y viven tranquilas, olvidadas de su infame pasado.

LOS CUERVOS BIEN CRIADOS

Cerca del Bosque de Chapultepec vivió hace tiempo un hombre que se enriqueció y se hizo famoso criando Cuervos para los mejores parques zoológicos del país y del mundo y los cuales resultaron tan excelentes que a la vuelta de algunas generaciones y a fuerza de buena voluntad y perseverancia ya no intentaban sacar los ojos a su criador sino que por lo contrario se especializaron en sacárselos a los mirones que sin falta y dando muestras del peor gusto repetían delante de ellos la vulgaridad de que no había que criar Cuervos porque le sacaban a uno los ojos.

EL FABULISTA Y SUS CRÍTICOS

En la Selva, vivía hace mucho tiempo un Fabulista cuyos criticados se reunieron un día y lo visitaron para quejarse de él (fingiendo alegremente que no hablaban por ellos sino por otros), sobre la base de que sus críticas no nacían de la buena intención sino del odio.

Como él estuvo de acuerdo, ellos se retiraron corridos, como la vez que la Cigarra se decidió y dijo a la Hormiga todo lo que tenía que decirle.

Augusto Monterroso o la tristeza del humor. Por Francisca Noguerol Jiménez
Titular de Literatura Hispanoamericana (Universidad de Salamanca)

Si hay un aspecto de la narrativa monterroseana destacado constantemente en los estudios sobre su obra, éste ha sido el del humor. Inserto en la tradición de la risa restringida que arranca del último tercio del siglo XIX y que cuenta entre sus exponentes con más autores británicos que hispánicos, Augusto Monterroso se remonta sin embargo a la figura de Miguel de Cervantes y al Quijote como hito básico en su concepto de humor, ingrediente fundamental de su literatura vinculado constantemente a la ironía, caracterizado por su carácter indirecto y, sobre todo, porque sirve primordialmente al autor para mostrarse comprensivo con los defectos que descubre en la humanidad.

Desde este punto de vista, podemos hablar de la tristeza de su humor, que él define de acuerdo con la expresión que aparece bajo el término humorismo en el Diccionario la Real Academia Española: «el estilo literario en que se hermanan la gracia con la ironía y lo alegre con lo triste».

A veces, la sonrisa es el arma de defensa de los que han perdido toda esperanza de mejorar el mundo. Su proclamado escepticismo le hace reconocer la inutilidad del principio castigare ridendo mores. De ahí que la sátira que permea toda su obra sea de nuevo cuño. A través de ella descubre el lado ridículo de la vida pero no pretende solucionar nada. Como ha señalado en más de una ocasión, no es necesario confundir literatura con política, porque el artista no puede ser un reformador.

La capacidad de apreciar la vis cómica de cualquier situación, condición innata a sus observaciones, lo lleva a considerarse a sí mismo como un autor realista. De ahí que defina al humorismo en Movimiento perpetuo como «el realismo llevado a sus últimas consecuencias» (pág. 113) y que, en su opinión y salvando las diferencias, su caso se parezca al de Kafka, pero al revés: nadie supo ver el excelente humorista que era el checo, y en muchos casos no se aprecia debidamente el trasfondo amargo de los textos monterroseanos. «Siempre he rechazado la idea de que soy un humorista, y de que lo que escribo pretende hacer reír. Sostengo que simplemente soy realista», confiesa en Viaje al centro de la fábula (pág. 94), y en el mismo libro comenta a José Miguel Oviedo: «Encuentro que la mayor parte de lo poco que he publicado es más bien triste o, por lo menos, carece de intención humorística. Íntimamente, yo no me considero un humorista y hasta en ocasiones me molesta que lo pueda ser sin darme cuenta» (págs. 36 y 37).

A lo largo de su trayectoria literaria, el humor de Monterroso ha ido cambiando: desde el comprometido con circunstancias políticas y sociales concretas de Obras completas y otros cuentos (1959) y La oveja negra y demás fábulas (1969) al cada vez más alegórico, indirecto y relacionado con la condición humana que comienza a darse en Movimiento perpetuo (1972) y que hace del mundillo literario uno de sus principales blancos en Lo demás es silencio (1978), La palabra mágica (1983), La letra e (1987) y La vaca (1998). De este modo el humor, «la actitud más cierta ante la efimeridad de la vida que nos lo devuelve todo macerado, confuso, patas arriba» según Ramón Gómez de la Serna, funciona como mecanismo de defensa en los textos de Monterroso para no sucumbir ante un mundo irracional y deshumanizado, en el que la noción de verdad ha perdido su valor absoluto.


Bibliografía

Movimiento perpetuo, México, Joaquín Mortiz, 1972.

Viaje al centro de la fábula, México, UNAM, 1981

Fuente: http://cvc.cervantes.es/actcult/monterroso/acerca/noguerol.htm





La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje