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De las vicisitudes de la filosofía platónica en España Discurso leído en la Universidad Central


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{37} Me valgo de la edición de París, 1560, y de la de Witemberg, 1594.

Léanse, ademas, para apreciar totalmente el pensamiento filosófico de Fox Morcillo, su opúsculo De ratione studii philosophici, que sólo he visto en la reimpresión de Amberes, de 1621, unido al libro De Studio Philosophico, de Pedro Juan Núñez; los dos importantísimos tratados De demonstratione ejusque necessitate ac vi, y De usu et exercitatione Dialecticae (Basilea, 1556); los comentarios al Timeo, al Phedon y a la República, impresos en Basilea, 1554 y 1556, y, finalmente, su Éthica (Ethices philosophiae compendium, 1553). No me dilato más en el juicio de este filósofo, a pesar de su grande importancia, porque creo difícil añadir nada al magistral estudio que le dedicó un amigo mío muy querido, a quien debo mi primera afición a estas investigaciones. (Véase el Discurso inaugural de la Universidad de Santiago, en el curso académico de 1884-85, por el Dr. D. Gumersindo Laverde y Ruiz.) [Y el excelente libro sobre Fox Morcillo, por D. Urbano González de la Calle, premiado por la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. (A. B)]

{38} Véase especialmente el cap. VI del lib. I: «PIato formam illam sive ideam quam affert, a rerum corporearum concretione sejungit, et in Dei mente veluti exemplar cujusque effectionis collocat. Aristoteles eam rebus conjugit, tanquam alteram corporeae substantiae partem. Itaque Plato in Timaeo, Phedone, Parmenide, locisque aliis... Sed hoc tamen discrimen inter ejusmodi ideam menti divinae insitam et cogitationem nostram ponit Plato quod illa divina, aeterna, efficiendi vi praedita, corporeaque omnis cogitationis sit expers, atque adeo ipsamet Dei mens, haec autem nostra corporea, nihilque per se efficere valens.

Hanc porro ideam ille unam esse, infinitam, aeternam ac singularum rerum. Ideas unitate quadam in se comprehendentem, in Parmenide inquit, itemque Plotinus in libro De Idaeis et earum multitudine. Ab hac una Plato singularum formas tanquam e sigillo exprimi ait. At vero Aristoteles... formam rebus insitam principium constitutionis esse vult. Nihilominus in secundo Physicorum divinam quandam formam statuit, a qua caeterae formae omnes oriantur, quas eadem ipsa complectitur. Qua in re mihi ille videtur cum Platone sentire aut in pugnantem sententiam pene inscius prolabi. Si enim formam aliquam primam ac divinam esse putat, ad quam veluti ad finem aliae referantur omnes... tanquam universale quiddam separatum ante re ipsa sejunctum faciat, necesse est.»

{39} Véanse especialmente los capítulos III y IV del tratado De Demonstratione ejusque necessitate et vi: «Debere autem aliquid esse in mente nostra certum ac firmum, quo tanquam instrumento et exemplo intelligentiae ipsius multa sciantur, id est, formas notionesque rerum a natura nobis impressas... Quoniam enim ad omnia intelligenda et agenda, veluti semina quaedam habemus a natura, ut et si duo triaque nunquam viderimus, eadem si conjungantur, esse quinque fateamur, et si quid boni aut mali objiciatur, alterum sponte sequamur, alterum vitemus, et si quale sit alterutrum non judicetur, ut denique ad omnia capienda mens quasi apta et proclivis per se sit atque aliquid in se simile iis videat, quasi alias illa vidisset aut didicisset: necesse profecto est, aliquas mentibus nostris impressas esse a natura rerum formas putare, non facultate tantum, ut putat Aristoteles, sed actu... eo modo ut nec sensus sine iisdem notionibus satis ad scientiam pariendam sint, nec sine sensibus ipsae notiones.» Todavía es más importante el capítulo V, en que explica el modo de la intelección.

{40} Por ejemplo, el cardenal García de Loaysa, en el brillante prefacio que puso al frente de los Comentarios De Coelo et Mundo, del peripatético clásico Martínez de Brea (Alcalá, 1561), presenta un verdadero plan de concordia, aunque menos extenso y desarrollado que el de Fox Morcillo, y no se harta de encarecer a la juventud de las escuelas que mire con la mayor reverencia las palabras de Platón y no le sacrifique a la autoridad de su discípulo, como era frecuente hacerlo: «Haec obiter a me dicta de Platone sint, ut juvenes interim admoneam magna cum reverentia de Platone ejusque conditione esse agendum, et quidquid Platonicum inciderit, altiore esse mente reputandum.»

El cronista Ambrosio de Morales, en el segundo de los quince discursos que añadió a las Obras de su tío Hernán Pérez de Oliva (Córdoba, 1586), discurre sobre la diferencia grande que hay entre Platón y Aristóteles en la manera de enseñar: «Muchas de las cosas que ambos enseñan son todas unas mismas, mas la manera de enseñarlas es tan diferente, que las hace parecer diversas.»

El importante y rarísimo libro del médico Luis de Lemos (Paradoxorum Dialecticorum, libri duo, Salamanca, 1558), puede considerarse como perteneciente a la escuela platónica mucho más que al ramismo. La tesis principal del autor es demostrar, contra Núñez y demás peripatéticos, que el nombre de Dialéctica debe reservarse para la Metafísica o primera filosofía, y no aplicarse de ningún modo a la Lógica formal de los aristotélicos.

Es luliana, todavía más que platónica, la aspiración unitaria y sintética del arquitecto Juan de Herrera en su inédito Discurso sobre la figura cubica: «Sabe cualquier entendimiento que nunca halla reposo hasta que topa con la armonía y orden sin falta ni sobra, en la cual armonía reposa, porque halló allí la verdad que buscaba con gran ansia.» Todo el razonamiento de Herrera está fundado en lo que él llama «la armonía de los socorros y comunicaciones de unas naturalezas con las otras y unos principios con otros.»

{41} Sin duda por las relaciones íntimas que tiene con el pesimismo de Schopenhauer, hemos asistido en nuestros días a una singular resurrección de la doctrina de Molinos, especialmente en Inglaterra. El representante y corifeo de esta doctrina allí es J. Henry Shorthouse, hombre de mucho talento literario. Véase su célebre novela quietista «John Inglesant» (ed. Tauchniz, 1882), y su traducción abreviada de la Guía espiritual. (Golden thoughts from the Spiritual Guide of Miguel Molinos the quietist, Glasgow, 1883.) {42} En su Spiraculum vitae (1652). Véanse, además, sus Problemata XXX de creatione mundi (1685).

{43} «La Academia (decía Rebolledo) parece que tomó esta doctrina de la Escritura, para restituirla a San Hierotheo y a San Dionisio, pues la pone Platón en boca de la docta Diótima.»

{44} Academica sive de judicio erga verum ex ipsis primis fontibus. Opera Petri Valentiae Zafrensis in Extrema Baetica (Amberes, 1596).

{45} Puede mencionarse como curiosidad no ajena de nuestro asunto, el libro que otro luliano, el P. Luis de Flandes, publicó con el título de El Académico Antiguo contra el Scéptico Moderno: Defensa de las Ciencias y especialmente de la Physica Pitagórica (1742), exponiendo un plan de filosofía sincrética, en que entran como elementos, además del pitagorismo (que con extraordinaria sorpresa vemos renacer aquí), la lógica aristotélica, la metafísica platónica y el arte luliana, dando trabazón y enlace a todo ello el principio de que las universales máximas abrazan las opuestas inferiores.

{46} Por ejemplo, en las escuelas antiguas se conocía con el nombre de realismo lo que ahora llamamos idealismo, y se decía nominalismo lo que hoy empirismo y positivismo. El realismo de algunas escuelas alemanas modernas es ciertamente antítesis del idealismo, pero no quiere ni debe contundirse con el positivismo.

{47} Véase el principio del Phedro.

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