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Datos para la historia


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DATOS PARA LA HISTORIA
Gonzalo Romero Yáñez-Barnuevo

Antonio Cruz González



En esta acumulación de libros sobre la Guerra Civil que llega a nuestras manos, revisamos con mucho cuidado algunas ediciones y nos encontramos con algunas sorpresas. Es cierto que la Historia se sirve de datos y también de apreciaciones. Es muy difícil encontrar una Historia objetiva. La Historia la escriben, la escribimos, los sujetos. La subjetividad aflora, pero cabe destacar que también aflora la improvisación, la tergiversación y la falta de comprobación, amén de algunas erratas, que incansablemente trascurren por las cloacas de las imprentas, hoy diríamos, entre las teclas de los ordenadores.
Con toda esta introducción vamos a comentar la reedición de “Un año con Queipo de Llano” de Antonio Bahamonde, realizada por Ediciones Espuela de Plata, en la nueva Colección España en Armas. Se acompaña con dos obritas más: “Noches de Sevilla” de Jean Alloucherie y “El infierno azul” de Edmundo Barbero. Testimonios todos ellos de los episodios del golpe de Estado franquista en Sevilla, Málaga y alguna alusión a Córdoba, Extremadura, Lisboa (Portugal) y otras pequeñas ciudades.
Pretende esta editorial sevillana rescatar memoria histórica, editada en los años de la guerra o posguerra, que por motivos evidentes, es decir su crítica antifranquista, su postura legítima republicana, no pudieron publicarse en su día y circular con libertad, siquiera.
La obra viene precedida por un prólogo de Alfonso Lazo, que desde nuestro punto de vista no es muy afortunado, pues no aclara lo que pretende aclarar y deja sin aclarar lo que debiera aclararse, que es lo que nosotros vamos a intentar hacer. Por sus lagunas, sus imprecisiones y también por sus numerosas erratas, no es el prólogo que merecía esta edición.
Dicho esto vamos a entrar en materia, y aunque nuestras apreciaciones pudieran ser tan subjetivas como sus contrarias, al menos queremos dejar reflejados los datos legítimos y que cada cual haga su balance a posteriori.
Prólogo.-
Encontramos en el prólogo que las noticias sobre la destrucción de Málaga dadas por Mercedes Formica, hay que ponerlas en tela de juicio, pues la falangista sevillana nunca se caracterizó por su veracidad. Afirmaba, por ejemplo haber visto a Indalecio Prieto encarcelado en Madrid después de la revolución de Asturias, en 1934. Prieto nunca estuvo en la cárcel y en esta ocasión se hallaba exilado en París. (página 21).
Alfonso Lazo habla (pag. 35, pie de página) de “los trabajadores urbanos que se estaban afiliando a una organización de FE, la Central Obrera Nacional Sindicalista…y presumiendo por las calles de sus insignias”. Entendemos que esa teórica “presunción” era dejar constancia de que no eran “rojos”, por las repercusiones obvias del terror fascista. Digamos que el que no se mostraba, era que se ocultaba, y uno de los hechos que se trata en el prólogo y luego en el libro de Bahamonde, es la tesis de que los obreros se afiliaron más a Falange que a otras organizaciones, o dicho, sensu contrario, que Falange admitía con más facilidad a obreros (incluidos los provenientes de antiguas organizaciones marxistas o anarquistas) que el resto de partidos y asociaciones (requetés, milicias nacionales, etc.). Estimamos, pues, que utilizar la palabra presumir es exagerada, porque no era voluntaria, sino obligada.
Pero Alfonso Lazo cae en contradicción en la siguiente página (pag. 36), al afirmar que “las masas jornaleras habrían sido atraídas hacia FE por una búsqueda de seguridad”. ¿En qué quedamos, era por presumir o por seguridad?. Estamos seguros de que era por la segunda causa.
Con este tema sigue diciendo: “Si sólo FE les atrae (a los obreros), es porque sólo el discurso (sic) de FE responde a la idea fascista de la integración…”. Creo que Castilla del Pino en sus Memorias (“Pretérito Imperfecto” y “Casa del Olivo”) dá alguna clave. La FE era bastante más represora que los demás. Por tanto hacerse de FE era “más” búsqueda de seguridad, ya que estando dentro se evitaban las “listas negras” que poseían en FE. Hay que hacer constar que lo primero que hacían en FE con los recién adscritos era que participara en algún fusilamiento o alguna detención, para, siguiendo la ley de la mafia, implicar a los nuevos en los delitos y que no se pudieran volver atrás. Por eso cuenta Carlos Castilla del Pino, que en su pueblo, San Roque (Cádiz), él se aproximó al requeté y no quiso saber nada de Falange Española.
Más tarde Lazo dice: “En fin, sea como sea; una organización (Falange Española) que por su enorme crecimiento llegó a ser sospechosa a los ojos de sus socios reaccionarios.” Ese “sea como sea” demuestra poca convicción en sus tesis. No creemos, por lo tanto, que la nueva afiliación de obreros en filas falangistas, fuera ni por presunción, ni por su discurso, ni mucho menos por convicción; simplemente el terrible miedo al fascismo, y que no estar afiliado era igual a ser perseguido, en muchos casos hasta la muerte, incluidos familiares y amigos.
En pag. 37 habla Lazo de “una leyenda negra de la FE, consistente en presentar a la Falange como emboscada en la retaguardia, sin otra cosa que hacer salvo desfiles diarios bien alejados de las trincheras.” Bueno, cuando a una leyenda se aportan hechos, fusilamientos, torturas y desfiles, ésta deja de serlo para ser Historia. ¿O es qué no funcionaron los fusilamientos, alejados de las trincheras?. Todas las noches en las vallas de los cementerios. ¿Y quién realizaba las sacas de las cárceles, sin documentos, sin constancia en ninguna parte?. También hubo falangistas en el frente, pero en todo caso la represión mayoritaria de la retaguardia fue obra de Falange, a veces en contradicción con los requetés y los propios militares. Eso no es una leyenda. Argumenta Lazo que las bajas en FE fueron muy superiores al Requeté o las Milicias Nacionales. En Matemáticas no valen los números absolutos, valen también los porcentajes. A más número, más bajas, ya que el porcentaje de falangistas era mayor que otras organizaciones. Lo mismo con los fusilados. Mayor número de fusilados por FE que por otros. Tampoco aquí hay leyenda, sólo hay que buscar un buen manejo de los datos, con más objetividad.
Estas contradicciones de leyendas y bulos, la remata Lazo reconociendo que (pag. 38) “el partido (Falange) -único hasta el 19 de abril de 1937- creó un aparato fijo, muy activo en los pueblos, que mantuvo hasta bastante después de la guerra un espionaje permanente sobre los vecinos; sobre la vida pública y la vida privada de cada uno de ellos.” Entonces, ante este reconocimiento, ¿dónde está el bulo?. Falange Española fue el brazo represor del franquismo en la retaguardia, encargado de practicar ese “Terror” que Mola recomendó para implantar su poder sobre el legítimo de la República. Luego con la desaparición de Mola, fue Franco el sucesor responsable.
Cuenta Lazo (pag. 42) que Falange visita negocios y “A la persona visitada se le decía: “tiene usted que dar tal cantidad para la Falange; con el marxismo todo lo hubiera perdido. Si no fuera por Falange, a estas horas no tendría usted nada. Lo menos que puede hacer, es contribuir con la cantidd pedida…”. En esta ocasión vaya nuestra admiración por citar Lazo estas fuentes. Simplemente era el anticipo del “impuesto revolucionario” de ETA. Lo más curioso es que los herederos de esos falangistas son los que más se escandalizan con el terrorismo. ¡Cuando fueron ellos, la FE, los que lo enseñaron!.
Un año con Queipo, de Antonio Bahamonde.-
Tenemos que hacer algunas aclaraciones:
En la pág. 76, línea 13, debe haber un error. Se refiere el autor al coronel jefe de ingenieros que se negó a secundar el movimiento. Creemos que debe referirse al Coronel Jefe del Regimiento de Caballería, Santiago Mateo, que permaneció fiel al Gobierno de la República y fue fusilado. Era compañero de promoción y amigo de Queipo.
Queipo era de segundo apellido Sierra, no Trassierra. (pág. 91, línea 18).
Bahamonde cita una señora catequista. Se trata de Pepita Tello, la señorita “Cero”. (pag. 110, línea 1).

Noches de Sevilla, de Jean Alloucherie.-
Encontramos :
Pone Begbeder, debe decir Beigbeder. (pag. 276, líneas 18 y 20).

El infierno azul, de Edmundo Barbero.-
El gobernador de Córdoba era el periodista sevillano Antonio Rodríguez de León, que traicionó a la República. Fingió, de acuerdo con los rebeldes, resistir unas horas para entregar seguidamente el gobierno. (pag. 336, línea 16).
El sobrino de Azaña, fiscal de la Audiencia, se llamaba Gregorio Azaña Cuevas. (pag. 338, línea 16).
La suegra del “Algabeño” se llamaba Araceli Vázquez. (pag. 367, línea 7).
El Hotel Madrid estaba, en Sevilla, en la calle Méndez Núñez, esquina San Pablo.(pag. 371, línea 1).
El capitán de Asalto que se cita fue Daniel Lindo Ramirez, único oficial del cuerpo que se sumó a la rebeldía. Los cuatro capitanes restantes, junto con el comandante jefe, fueron fusilados. (pag. 372, línea 15).
Dr. José Manuel Puelles, no Pueye. Dr. Emilio Piqueras, no Pigueras. (pag. 373, línea 11).
El médico asesinado junto a su mujer fue el Dr. José Ariza Camacho. (Línea 12).
El “Niño Sabio” no fue el Dr. Alvarez Gómez, también asesinado, sino el Dr. José María Romero Martínez, de gran prestigio profesional e intelectual. (línea 13).
El Dr. José González Fernández de Labandera, no era ya alcalde el 18 de julio de 1936. Ostentaba el cargo Horacio Hermoso Araujo, también asesinado. (Línea 15).
El “tal Firpo” no es ningún jurisconsulto, sino Manuel Muñoz Filpo, Jefe de Policía y Delegado de Información Provincial de Falange. (pag. 384, línea 9).
Encontramos en pág. 403, línea 14, Berolegui, es una errata, se trata de Beorlegui.
Rebollo era sargento. (pag. 417, línea 6).
Se escribe Halfter, no Halffster. (pag. 441, línea 26).
Habla de un tal Sangaró, mulato, debe decir Sangareaux. (pag. 444. línea 23).
Sobre la destitución de Díaz Criado.- (pág. 446)
Al parecer, el verdadero motivo de la destitución de Díaz Criado fue el siguiente:
“El 9 de noviembre de 1936, el general Queipo de Llano comunicó al Cónsul de Portugal en Sevilla, Antonio de Cértima, que existían serias sospechas de espionaje sobre su vicecónsul Alberto Magno Rodrigues. Cuando éste fue informado por el Cónsul de lo que se venía encima, se plantó ante Queipo con sus pruebas y exigió explicaciones y disculpas. El general, percibiendo la magnitud del error cometido, le aseguró que: “a aquel a quién atribuía la responsabilidad de este lamentable incidente y de otros también gravísimos, que le estaban causando situaciones difíciles y delicadas, no tardaría en cesarlo (se trataba de Díaz Criado) en el desempeño de su cargo y terminó por pedirme que nuevamente le visitara dentro de dos o tres días”.
Cuando el 12 de noviembre Rodrigues se presentó de nuevo ante Queipo, se encontró además en el despacho con Nicolás Franco Bahamonde, en funciones de secretario de su hermano, ante el cual el general pidió disculpas al vicecónsul.
“Me informa que ha habido una lamentable confusión y me pidió disculpas de la liviandad de este deplorable incidente y cómo había sido tratado por sus subordinados”.
Al día siguiente fue Cuesta Monereo en representación del Estado Mayo, el que se sumó a las disculpas, asegurándole que podía entrar en el aeródromo de Tablada – origen de todo el problema- cuantas veces deseara. Se somunicó al vicecónsul que el causante de todo el problema, el capitán Manuel Díaz Criado, había sido destituido ese mismo día.
Según parece, Alberto Magno Rodrigues realizaba ciertos servicios para Nicolás Franco. Las frecuentes visitas a Tablada desde el mes de agosto y los constantes viajes de Rodrigues por el triángulo Sevilla-Lisboa-Gibraltar, levantaron las sospechas de Díaz Criado, quién ignorante de que tras el asunto se hallaba el hermano de Franco, creyó encontrarse ante un peligroso espía.
Esta fue la historia que costó el puesto a Díaz Criado, cuya destitución fue ordenada por el propio general Franco.
Esta revisión de los hechos que nos da Espinosa Maestre (ver “La Justicia de Queipo”) nos parece la más ajustada a la realidad.
La caída de Díaz Criado fue presentada, sin embargo, como una rectificación, como un reconocimiento incriminatorio de los excesos represivos.
La endeblez de esta explicación la encontramos en el nombramiento del sustituto de Díaz Criado, el comandante de la Guardia Civil, Santiago Garrigós, quién se encargó de asesinar a los que se habían salvado del anterior verdugo.
Veáse para este apartado:

Manuel Burgos Madroñero. “Crónicas portuguesas de la guerra civil. 1936”. Los informes consulares de Andalucía y Extremadura. En Rev. De Estudios Políticos. Málaga 1985-86. Nº 15/16.

Iva Delgado. “Portugal en la Guerra Civil de Espanha”. Publicaçoes Europa-América. Lisboa 1980.

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Estimamos que esta investigación debe llegar lo más lejos posible y desearíamos que en nuevas ediciones se recogiesen la nueva información y la rectificación de errores y erratas, para mayor gloria de los interesados en la Historia.

Madrid, 20 Mayo 2005.


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