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Cultura a dedo


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Cultura a dedo
Tenía pensado escribir de un tema no de tanta rabiosa actualidad, y de hecho ya lo había empezado a redactar, pero he decidido cambiar de asunto. No he podido evitar reflexionar, es verdad que un poco a vuela pluma, sobre una noticia aparecida ayer en Alerta. Pudimos leer la noticia de que “el PP acusa a Marcano de crear una “administración subordinada” al PRC” (este era el titular, pág. 5). En internet puede ampliarse la noticia por otras fuentes e incluso ver el video en el que el diputado José Antonio Cagigas cuenta de viva voz la postura del PP. Es decir, que puede ampliarse la noticia a golpe de ratón. En definitiva, esa “administración subordinada” estaría compuesta por cuarenta personas contratadas para cumplir las funciones de adjunto y auxiliar sin ninguna prueba objetiva, con el único criterio de una sospechosa proximidad al consejero de Cultura, Turismo y Deporte. No es el caso de los técnicos de archivo y de biblioteca, que además, según la noticia, bastante tienen con encargarse de la formación de estas personas contratadas sin ninguna preparación específica en la gestión de archivos y bibliotecas. Cagigas utiliza las palabras “nepotismo” y “clientelismo” y emplea en refuerzo de su denuncia, aparte del evidente atentado ético que esto supone, un hecho ante el que todo el mundo es sensible: la vergüenza de que se utilice el dinero de todos, con la que está cayendo, para contratar personal inadecuado para realizar un servicio público. Habla además Cagigas de la existencia de un “coordinador de la biblioteca y del archivo” que, según el diputado del PP, haría las funciones, en realidad, de “comisario político” del consejero.

Ante estas informaciones, vaya por delante lo siguiente: que todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Cada cual tendrá su grado de responsabilidad en los hechos que puedan imputársele. Si las palabras de José Antonio Cagigas están sustentadas en nombres y hechos demostrados, creo que habrá que dar una explicación, de una vez por todas, de la política de contratación de personal laboral del Archivo y la Biblioteca, incluso aunque sólo estuviera manchada por la sombra de la sospecha. Cabe recordar que, según el último informe de la ONG Transparency International, la transparencia administrativa del Gobierno de Cantabria sólo saca un aprobado (un resultado de 56 sobre 100) y se coloca como la comunidad autónoma que menos gala hace de la transparencia informativa hacia sus ciudadanos. Creo que en este caso el gobernante tiene la oportunidad de impedir que esto vaya a más y que el pueblo sepa si se han hecho mal las cosas o si ha habido alguna desviación en la provisión de plazas de empleo público. Unas instalaciones como las que ahora tiene la Biblioteca Central y un personal cualificado que la ha dirigido y gestionado desde hace años no pueden permitirse contar con un personal inadecuado o contratado por procedimientos poco claros. Esto con respecto a la denuncia concreta vertida por el señor Cagigas, cuya clarificación merece la ciudadanía.



Pero otro aspecto quisiera destacar al hilo de la noticia. Se trata de una cuestión que en otras ocasiones he tenido ocasión de criticar en esta misma columna de Alerta y es la excesiva influencia de la política en la gestión de la cultura. Entiendo que los centros culturales tengan un control (del presupuesto o del cumplimiento de sus funciones por parte del personal), pero este control no puede significar que el gobernante político, sea quien sea, haga lo que crea conveniente con un tema, el de la cultura, que no le pertenece a nadie en concreto. Al fin y al cabo los políticos están puestos por los ciudadanos (esto debo decirlo, aunque no me lo creo mucho: véanse las listas cerradas electorales). Los subterfugios gestores no son más que otra muesca en el desprecio que a menudo se tiene por la cultura, como lugar donde cabe cualquiera, para oprobio de quienes, por cierto, en esta misma Comunidad Autónoma, se han licenciado y especializado en las tareas de gestión de archivos y bibliotecas. Cuando se implanta cualquier tipo de “cultura a dedo” hay que considerar la posibilidad de que por cada persona sin preparación que entra a trabajar sin mérito, hay otra preparada y válida que se queda en el paro o pendiente de una beca o de una triste sustitución. Y esto va para cualquier tipo de administración, nacional, autonómica o local. Pero a lo mejor esto no le importa a nadie; al fin y al cabo, se trata sólo de cultura.


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