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Cuento de Navidad La Coral del Hospital Sant Joan de Déu, formada por médicos, dedica el concierto de Navidad a los niños internos


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Cuento de Navidad

La Coral del Hospital Sant Joan de Déu, formada por médicos, dedica el concierto de Navidad a los niños internos
El hospital de Sant Joan de Déu, en Esplugues de LLobregat, es el Palacio de los Niños. Es la casa con más ositos de peluche por metro cuadrado de la provincia de Barcelona.

El 21 de diciembre, a las 20.30 horas, la capilla del hospital es un lugar en el que apenas caben las velas y las ponsetias. Cien personas, muchas con los pies mojados como consecuencia de un día de perros, esperan el concierto de Navidad de quienes, esa misma mañana, han estado cambiando vendajes.

El concierto de Navidad de 2007 está dedicado a la chiquillería enferma. El del año pasado fue en beneficio del hospital Saint John of God Catholic, de Sierra Leona.

Puntual, la Coral de Sant Joan de Déu (http://coral.hsjdbcn.org) sale al escenario de la capilla, limpia de mirada.

Con el traje negro de los Viet Cong, el Director, José Manuel Soler (Pamplona, 1950) es la viva imagen de un sufrido santo.

“Este año hemos querido venir al corazón del hospital para que nuestra voz llegue a las habitaciones.”

La Coral abre con góspel: I’m gonna sing.
Agustín Giménez (Alloza, Teruel, 1944) calienta la voz.
El Bajo que Canta y Canta Mal

El hospital tiene 10 plantas con olor a Nenuco. En la séptima residen una pareja de jilgueros y los “curas que curan”. Son una docena de religiosos de la Orden de Sant Joan de Déu. El “hermano” Agustín Giménez es el frailecillo-fisioterapeuta-respiratorio. “El niño más pequeñito que he tenido en la mano pesaba 526 gramos, y vive”.

El suyo es un trabajo horrendo y admirable: “Si va bien, gozas; pero si va mal, no te acostumbras. Yo he visto llorar a enfermeras porque el niño se les iba…”.

Agustín es un superviviente del cuarteto fundador de la Coral de Sant Joan de Déu, formada, en su origen (1998), por el cirujano cardiólogo Miquel Rovirosa y los fallecidos Miquel Pesarrodona, capellán, y Felipe Aláez, secretario de gerencia.

Los de Sant Joan de Déu han actuado en el Palau de la Música Catalana y en la Basílica de San Pedro de Roma. Y en el Teatre Nacional de Catalunya, con motivo del 75 aniversario de la proclamación de la Segunda República: “Yo, que soy fraile, tuve que aprender el Himno de Riego”.

Agustín Giménez es el Bajo que Canta y Canta Mal, como él mismo se define. Por eso tiene suerte de que en la coral no se haga selección de voces profesional: “Quien quiere cantar, canta”.


Después del góspel, el ortodoxo Tebe poem, de Dobri Hristov. La soprano Inma Luquín (Tarragona, 1959) sostiene la partitura, sobre la que se posa la suave cadencia de su canto.
La Soprano Pianista

En la cuarta planta duermen los recién nacidos, tan pequeños como un botón. En la UCI de neonatos, siete niños intubados se debaten entre la vida o la muerte. En el interior de una incubadora, las enfermeras han montado un belén.

No está vacío el silencio porque el silencio es el pitido de una alarma: un piii intermitente, seco y perturbador.

D. parió a V. el 3 de diciembre, a las 2.30 de la madrugada. La primera semana de su vida, la pasó conectada a un carro de ecmo (oxigenación por membrana extracorpórea). La ecmo es una técnica muy compleja que se usa en los niños en situación de extrema gravedad. En la ecmo, el pulmón de V. era una especie de extintor; su corazón, del tamaño de una nuez, una bomba como un disco de platino, y su riñón, una espoleta con el nombre de hemofiltro.

La primera semana de su existencia, V. la pasó con las enfermeras de bata azul Neus e Inma, quienes no se separaron de ella ni para ir al lavabo.

Inma tararea los Nocturnos de Mozart a V., que se restablece. Inma Luquín, de tez moruna, es una de las sopranos de la Coral. “Me gusta cantar”, reafirma con lisura. No es de extrañar, ya que “de jovencita” estudió piano en el conservatorio Por las mañanas temprano, canta en la ducha la Muñeca de trapo de La Oreja de Van Gogh.

Sus hijos imitan al Rey, y son crueles: “¿Por qué no te callas, mama?”.
José María Martín (Teruel, Urrea de Gaén, 1944) imposta la voz. Lascia, de Händel.
El Tenor de Gato Pérez

En el ala norte de la cuarta planta, en la otra punta de la UCI de neonatos, se encuentra la UCI de pediatría, la Tierra Media de El Señor de los Anillos.

Son dos salas pintadas de azul, abarrotadas de ositos Winnie The Poo y personal que va y viene como en un estreno de Broadway.

El jefe de paliativos, José María Martín, se endereza con un aplomo que no esconde su propio dolor insoportable. “Me preguntan si estoy acostumbrado a la muerte. Ni mucho menos, cada muerte es un drama.” La tasa de mortalidad es de unos 40 niños por año.

De las pocas veces que José María se relaja, y deja la mente en blanco para que se lleve los dramas, y la negrura de los algodones se lleve, es cuando canta en la Coral.

José María Martín no sólo es el único tenor médico jefe de paliativos en España, sino que es el único tenor al que no le gusta la ópera. “A mí lo que me gusta de verdad es la batería de Gato Pérez”.


Con absoluto dominio de los intervalos, la contralto Isabel Carrasco (Lugo, 1955) se atreve con La sardana de les monges.
La Contralto Lorito

Isabel Carrasco es una mujer con un sexto sentido para la risa, el arnés que se ciñe cada mañana. “Trabajo en atención y cuidados”, recalca. Desde 1991 es la secretaria y recepcionista del servicio de psiquiatría y psicología del hospital.

Para evitar que las meigas emponzoñen las flechas del amor, Isabel Carrasco recomienda cantar. A ella le gustan Joan Manuel Serrat y Shakira.

Habla con la voz reposada y el tono justo para no hacer ruido. Por eso es contralto. Se horroriza al escucharse, y asegura que canta como los loritos, de memoria.

“No sé si cantamos muy bien, pero nos reímos mucho.”
La saudade gallega de A caracola; los Cantares de Machado y el villancico “Hacia Belén va una burra, rin, rin…”. Tras una hora de concierto, un minuto ininterrumpido de aplausos. El Director, José Manuel Soler, se despide: “Que el próximo año estén bien de salud”.
DESPIECE

El Director de Yo quiero tinto con limón

Si no supiéramos a ciencia cierta que es psicólogo, juraríamos que José Manuel Soler es, por contra, físico. Einstein y él han frecuentado el mismo peluquero.

José Manuel es profesor universitario de Psicología en la Universitat de Barcelona.

Conocedor de los misterios del solfeo y la clave de Sol, es el director de la coral del hospital Sant Joan de Déu, formada, en su mayoría, por una cincuentena de profesionales de la medicina.

“La finalidad era crear un espacio de germanor. Que el compañero que ha tenido que comunicar la muerte de una criatura a sus padres no se guarde eso dentro”, expone.

José Manuel escoge los temas: tango, piezas burlescas, música clásica…, o arreglos propios como Yo quiero tinto con limón, cuyos derechos aún no ha registrado.








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